El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.

Capítulo 21

Bienvenido a la manada

Las clases volvieron a apaciguarse después de que Harry habló con su tío Sev para explicarle que Remus sólo había intentado hacer que Neville se sintiera cómodo, y que, honestamente, era su propia culpa que Neville le tuviera tanto miedo.

—No espero que entiendas el sutil arte de intimidar a los alumnos para que no exploten mi salón de clases —dijo Severus con una mueca.

Harry sonrió; sabía que además de que era para mantener las apariencias, Severus lo hacía porque trabajaba con materiales peligrosos y explosivos. Si los estudiantes le temían cometerían menos errores para evitar un castigo. Lo importante era que a partir de ese momento Remus podría beber su jugo sin problemas de nuevo.

Pronto septiembre dio paso a octubre, lo que significó que Harry comenzaría a jugar Quidditch. Oliver Wood estaba más apasionado y desesperado que antes, pues era su última oportunidad de ganar la copa de Quidditch antes de graduarse. Estaba entrenando al equipo aún más y sus discursos se habían vuelto más emocionales.

Con el final de octubre llegó el primer fin de semana de Hogsmeade y la primera lección del entrenamiento de animago de Harry. Se despidió de sus amigos y les dio una lista de los dulces que quería y algo de dinero; después bajó a las mazmorras con la capa de invisibilidad para encontrarse con Severus en su laboratorio privado, donde comenzarían a elaborar la poción Animagus Ostendo.

Sirius había decidido unirse a ellos por alguna misteriosa razón que Harry descubrió tan pronto como empezaron a trabajar.

—Entonces, Sev, ¿cuál es tu forma? —preguntó Sirius inocentemente desde el banco donde estaba sentado y meciendo sus piernas.

Severus miró a Harry entrecerrando los ojos por encima del caldero que estaban usando.

—¡No dije nada! —chilló Harry alzando los brazos.

—No, no lo hizo —Sirius sonrió y dio un salto para ponerse de pie. Se acercó a Severus e hizo un puchero.

—¡Vamos! ¡Dime!

—La poción Animagus Ostendo es una poción muy delicada que tardará un mes en estar lista… —comenzó a decir Severus, ignorando a Sirius—. Es muy compleja y dado que necesita prepararse con la magia de la persona que la beberá, nadie puede hacerla por ti. Lo que explica por qué Lupin nunca intentó convertirse en animago —dijo burlándose. Al parecer el incidente del Boggart no estaba tan olvidado como Harry creía—. Tendrás que venir en determinadas ocasiones para agregar los ingredientes. Nunca olvides tu capa —agregó con firmeza y Harry asintió.

—¿Un conejo? Un lindo y esponjoso conejo —dijo Sirius adivinando.

—La poción te llevará a un estado meditativo que te mostrará tu forma.

—Lo descubriré de todas formas —musitó Sirius.

—Oh, ¿enserio? Por favor, dime cómo —contestó Severus sonriendo.

—¿Albus no te lo dijo? —Sirius sonrió apoyándose en los talones y llevando sus manos a su espalda—. Quiere que completes tu transformación junto con Harry. Cree que te ayudará si estás en una situación peligrosa.

Harry podía jurar que la temperatura descendía mientras la intensidad de la mirada de Severus aumentaba.

—¡Bien, pues no lo haré! —gruñó cruzándose de brazos.

—Oh, estoy seguro de que lo harás —dijo Sirius sin dejar de sonreír.

—No lo haré.

—¿Y quién le dirá eso a Albus? Porque yo no.

Severus gruñó y miró el caldero. Comenzó a recitar instrucciones que Harry siguió sin comentar nada para evitar que su tío quisiera lanzarlo al caldero.

—Es una buena ventaja, Severus —dijo Sirius seriamente, sin una pizca de humor en su tono—. Especialmente si nadie lo sabe. Estás en una posición peligrosa, tienes que usar cada ventaja que puedas conseguir. No entiendo por qué te niegas tanto.

—Cualquiera pensaría que te preocupa mi bienestar —bufó Severus.

—Entonces estarían en lo cierto —respondió Sirius con rostro serio. Severus lo miró con sorpresa—. No me importa si no quieres hacerlo, lo harás. ¡Ya perdí a muchos miembros de mi familia y no perderé a otro por un capricho! — chilló Sirius y salió de la habitación asegurándose de azotar la puerta.

—¿Acaba de decir que soy su familia? —preguntó Severus a punto de desmayarse.

Harry sonrió y le dio un codazo.

—¡Te dije que eras parte de la manada!


El resto del día fue tranquilo después de la gran salida de Sirius. Harry pasó gran parte de él preparando ingredientes y añadiéndolos a la poción según las instrucciones de Severus. Tomaron un descanso para comer lo que Kreacher les había llevado, de tal forma que no tenían que salir del laboratorio ni levantar sospechas. Harry había agregado el último ingrediente del día y aplicado un hechizo de estasis a la poción cuando se oyó un golpeteo en la puerta. Severus la abrió y un sonriente Remus Lupin entró.

—Vine por mi poción —dijo con amabilidad.

Severus dio algunas zancadas hacia otro caldero que estaba cerca del de Harry; llenó una copa y se la dio a Remus mientras fruncía el ceño. Con una sonrisa, Remus bebió el contenido y se estremeció.

—Horrible como siempre —dijo amablemente mientras devolvía la copa—. Entonces, ¿les gustaría decirme porque tuve que lidiar con un adolescente molesto de treinta y tres años?

—Porque no tienes buen gusto para elegir a tus amigos —bufó Severus.

—Papá se enojó con tío Sev —dijo Harry riendo.

—Oh, sí. Lo sé, escuché todo sobre el tema. Estoy aquí para escuchar la otra parte de la historia. ¿Quieres decirme por qué te niegas a convertirte en animago? Las lombrices son animales muy incomprendidos.

—No soy una lombriz —chilló Severus.

—¿Entonces qué? —preguntó Remus con calma, en aquél tono que Harry conocía muy bien de las ocasiones en que se había portado mal y Remus lo hacía confesar. Severus se revolvió en su lugar mientras Remus sólo lo miró con calma, como si no tuviera que estar en otro lugar. Harry debía admitir que los métodos de su tío eran muy eficientes, pues hacían que se sintiera culpable y revelara sus más oscuros secretos. Una vez, cuando Harry tenía ocho años, había confesado haber comido parte de las reservas de chocolate de Remus antes de cenar, cuando Remus lo había estado interrogando acerca de globos de agua sobre la puerta de la sala de profesores. ¡Remus ni siquiera sabía sobre el chocolate!

Harry amortiguó una risa con su puño mientras Severus murmuraba algo.

—No escuché eso —dijo Remus.

—Soy un maldito lobo… —Respondió Severus arrastrando las palabras.

—¿Ves? No fue tan difícil, no dolió —dijo Remus contento—. Ahora, deja de ser infantil, actúa conforme a tu edad y comienza con el resto del entrenamiento.

Severus musitó algo y se retorció de nuevo. Harry sólo volvió a reír, pero sabía que su tío (a regañadientes) había aceptado convertirse en animago y estaba muy feliz por eso. Justo como su papá había dicho, Severus debía usar todas las ventajas que tuviera al alcance de la mano.

—Oh, y Severus, bienvenido a la manada —Remus rió al salir del laboratorio mientras se alejaba hacia una zona segura.


Por primera vez, Harry estaba teniendo un magnífico Halloween. Su tiempo en el laboratorio había hecho que él y Severus olvidaran la fecha y sabía que Sirius y Remus tampoco habían tenido mucho tiempo para pensar en la fecha debido al altercado con Severus.

Estaba caminando hacia la torre de Gryffindor, donde Ron, Neville y Hermione seguro estarían esperándolo con muchos dulces e historias de Hogsmeade.

Honestamente, debió haberlo esperado.

Mientras se acercaba a la torre, alguien lo tomó por la espalda y puso una mano sobre su boca. Una mano a la cual le faltaba un dedo. La mente de Harry comenzó a trabajar mientras pateaba y golpeaba lo mejor que podía. Intentó sacar la varita de su bolsillo, pero Pettigrew lo sujetaba con fuerza y sus brazos estaban inmovilizados.

—Deja de resistirte, pequeño infeliz. Bella nos espera… —dijo la voz chillona detrás de él. Pettigrew intentaba meterlo por un pasadizo detrás de un cuadro cuando Harry finalmente logró mover su boca lo suficiente para morderlo.

Pettigrew gritó y aflojo el agarre lo suficiente para que Harry tomara su varita. Conjuró el encantamiento punzante y Pettigrew cayó de espaldas soltando un chillido y Harry se alejó trastabillando.

—¡Tú, pequeño inmundo…! —comenzó a gritar Pettigrew, pero su voz se quebró al escuchar una voz conocida.

—¡Harry!

—Parece que nuestra fiesta se interrumpió. Te veo luego, Harry… —siseó Pettigrew y se transformó. Harry se arrastró por el suelo intentando atrapar la rata, pero Colagusano era más rápido y desapareció en una esquina.

—Harry, ¿qué ocurrió? —preguntó Remus sin aliento.

—¡Se transformó, tío Lunático! —chilló Harry con desesperación mientras buscaba en las oscuras esquinas.

—¿Quién? —preguntó Remus, acercándose a él y ayudándolo a ponerse de pie.

—Pettigrew.

La respiración de Remus se detuvo y se colocó frente a él, varita en mano y listo para atacar.

—Vamos a la sala de profesores. Tengo que alertar a los demás —dijo apresurando a Harry, mientras escaneaba cada corredor, en cada esquina.


—El castillo está cerrado y lo revisamos por completo. No hay señal de Pettigrew… —dijo Snape a Sirius de forma sombría.

Sirius asintió mientras revolvía sus manos nerviosamente.

—No es tan estúpido como para quedarse.

—¿Y Harry?

—Durmiendo en su habitación. Le di poción calmante después de que Kreacher le trajo la cena. Nunca creí que diría esto, pero pobre Kreacher. Estaba hecho un manojo de nervios, temeroso de que el amo Harry fuera herido. ¿Dónde está Lunático?

Severus asintió.

—En la torre de Gryffindor. Dijo que quería hablar con los gemelos Weasley sobre algo.

—Probablemente sobre el mapa. Debimos haber pensado en eso antes —dijo Sirius mientras caminaba de lado a lado, luciendo como si quisiera patearse a sí mismo.

—¿Qué?

—Espera a que Lunático llegue y te mostraremos —respondió Sirius al sentarse en el sillón y cubriéndose el rostro con las manos—. ¿Cómo demonios entró? —chilló—. ¡Cerramos cada pasadizo que conocemos!

Severus se dejó caer junto a él, en una forma muy poco de Snape.

—Es una maldita rata, es fácil pasar desapercibido.

—Pero encantamos los pasadizos para reconocerlo, encantamos las puertas. ¡Pusimos una maldita línea en toda la linde del maldito Bosque Prohibido para reconocerlo! ¿Cómo es que entró? —preguntó Sirius mientras restregaba con fuerza sus ojos.

—No lo sé —murmuró Severus derrotado—. Si Remus no se hubiera aparecido por ahí… Ni siquiera puedo pensar en ello.

—Dio una buena pelea por lo que nos contó —dijo Sirius quedamente.

—¡Pero tiene trece años! Pettigrew es un mago adulto que ha estado junto al señor oscuro. Quién sabe lo que aprendió, ¿qué le habrá enseñado Bellatrix en estos meses?

Ambos alzaron la cabeza cuando el retrato se abrió y un cansado Remus ingresó con un pedazo de pergamino viejo en la mano.

—Con los cumplidos de los gemelos Weasley —dijo sombríamente. Sirius pareció animarse, pero Remus negó con la cabeza—. No lo encontré, ya revisé. Definitivamente está fuera de los terrenos de Hogwarts.

—¿Qué es eso? —preguntó Severus, y Remus le explicó todo sobre el Mapa del Merodeador mientras se sentaba en el sofá.

—¿Y los Weasley se lo dieron a un profesor de buena gana? —Severus sonó escéptico. Remus sonrió.

—Pueden portarse mal, pero pueden ser serios cuando se requiere. Además, tuve que prometer por mi orgullo de Merodeador que no lo usaría para cazar estudiantes. Dijeron que se lo diera a Harry cuando todo esto termine. Al parecer, piensan que es su derecho como heredero de los Merodeadores.

—Por favor, no… —suplicó Severus, pero por el brillo en los ojos de los otros dos hombres sabía que era una causa perdida.


Se sentó en la cama junto a su hijo y lo observó dormir en silenciosa vigilia. Dormido y sin los lentes parecía tener menos de trece años. Sirius pasó una mano a través del cabello de Harry. Suspiró y apoyo su cabeza en la cabecera de la cama. ¿Por qué no podían tener paz? ¿Por qué cada año tenía que traer algo peligroso? ¿Por qué Pettigrew había entrado al castillo? Esa era fácil; Bellatrix quería a Harry. Peter nunca arriesgaría su pellejo entrando a un lugar lleno de personas que querían atraparlo. ¡Oh, no! Sirius sabía que todo era obra de Bellatrix y eso lo asustaba, porque no había forma de detenerla cuando quería algo.


Los rumores sobre cómo Pettigrew había logrado entrar al castillo se habían esparcido como fuegos artificiales. Algunos decían que había sido mediante aparición, a lo cual Hermione se había apresurado a decir que de acuerdo a Historia de Hogwarts no era posible. Algunos decían que había entrado por algún pasadizo secreto, pero Harry sabía que, a menos que Pettigrew conociera un pasadizo que su papá y tío Lunático no conocieran (y eso era muy poco probable), no podía haber sido así.

Cuando el lunes regresó a la torre de Gryffindor fue acosado por sus compañeros para saber los detalles. Ginny y Hermione habían estado bastante nerviosas y se habían asegurado de que estuviera bien de maneras bastante fastidiosas. Ya tenía tres padres para eso, porque ¿a quién quería engañar? Tío Sev actuaba como su padre tanto como lo hacía tío Remus.

La seguridad había sido aumentada, y Harry de nuevo tenía órdenes de no ir a ningún lugar a solas. Los profesores patrullaban los corredores en grupos y desde aquél día realizaban más recorridos durante la noche.

Hermione había pedido a la profesora McGonagall que permitiera que Crookshanks, el gato parte Kneazel que había comprado en su cumpleaños, recorriera el castillo. Sorpresivamente, McGonagall lo había permitido y Hermione les había dicho que, si Pettigrew estaba en su forma de rata, Crookshanks tenía más posibilidades que la señora Norris de identificarlo por lo que era. Al parecer, los Kneazel eran animales muy inteligentes, lo que Remus confirmó rápidamente.

Harry casi tuvo un ataque cuando la profesora McGonagall le sugirió que dejara de asistir a los entrenamientos de Quidditch, pero después de rogarle y sugerir que un profesor estuviera en el campo con él, ella dejó de lado aquella atroz idea. El trato resultó ser bastante bueno pues su papá se ofrecía constantemente y le daba consejos al equipo, fruto de sus días como golpeador. Por supuesto, Harry, Fred, George y Oliver pudieron haberlo hecho sin todas las risitas que las chicas del equipo soltaban.

Cuando el clima empeoró y el viento aumentó, su suerte también lo hizo. Después de entrenar arduamente en base a las fallas de Slytherin, Oliver Wood les dio la mala noticia de que jugarían contra Hufflepuff en el primer juego. Al parecer, los Slytherin alegaban que su buscador aún estaba muy traumatizado por la experiencia cercana a la muerte que había sufrido en la clase de Hagrid.

—¡Experiencia cercana a la muerte! —chilló Harry—. ¿El idiota insulta a un Hipogrifo y logra que me hiera y él es el traumatizado?

—Sólo no quieren jugar con este clima, así que Malfoy está fingiendo. ¡Apenas comenzó a fingir estar traumado! —chilló Fred.

Oliver sufrió un ataque nervioso cuando intentó hablar del equipo de Hufflepuff y las chicas soltaban risitas por Cedric Diggory. Continuó diciendo que ellas no tomaban nada en serio. Tomó un tiempo en calmarse hasta que Sirius se acercó y acarició la espalda del chico, para que se calmara.

—¿Ves? No hay necesidad de volver a planear todo sólo por un juego —dijo al final. Esa frase sólo logró que todo su avance se perdiera cuando Wood volvió a hiperventilarse.


La sala era tan suntuosa como el resto de la casa. Severus bufó mentalmente mientras tomaba un sorbo de vino. A Lucius siempre le gustaba presumir. No recordaba aquellas demostraciones de riqueza cuando el padre de Lucius era el jefe de la familia. ¡Pavorreales blancos! ¡Por favor!

Lady Malfoy estaba sentada junto a su esposo, tan formal como siempre.

—Qué maravillosa sorpresa, Severus —dijo Lucius arrastrando las palabras—. ¿Qué te trae por aquí hoy?

—Pensé que debería ponerme al corriente con viejos amigos —contestó Severus con una cara de indiferencia.

—Siempre es un placer —dijo Narcisa amablemente—. No nos visitas lo suficiente.

«En mi opinión, creo que visito demasiado. Sería mejor nunca venir», pensó Severus.

—me disculpo por ello, pero la vida en Hogwarts es algo demandante. Dumbledore siempre es muy perceptivo de mis idas y venidas. Es difícil evadirlo —dijo Severus gravemente.

—Sí, el viejo idiota puede ser muy molesto —Lucius soltó una risa.

—¿Cómo está Draco, Severus? —preguntó Narcisa—. Te tiene en alta estima.

Severus sonrió con falsedad.

—Es un joven brillante —«Comparado con Crabbe y Goyle»—. Está en camino de seguir los pasos de su padre. «Por desgracia».

—Eso me alegra bastante, mi amigo —dijo Lucius, casi con orgullo.

Severus tomó otro sorbo de vino y apoyó su brazo en el sofá con calma.

—Les aseguro que el joven Draco está prosperando y yo personalmente velo por su seguridad en estos momentos turbios —dijo deliberadamente, observando las reacciones de la pareja con atención—, ¿no es que esté en peligro, o sí?

Listo. Sólo debía esperar a que cayeran en el anzuelo.