El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 22
Una disculpa atrasada
Los estudiantes se alejaban rápidamente de la sombría figura mientras deambulaba por los pasillos. Realmente ninguno quería estar en su camino cuando estaba de tan mal humor. Claro, se podía decir que siempre estaba de mal humor, pero los alumnos de Hogwarts habían aprendido a diferenciar entre «de mal humor» y «de mal humor» y en definitiva se trataba de un caso de mal humor.
Rugió la contraseña a la gárgola y comenzó a subir las escaleras giratorias. Entró a la oficina y fulminó con la mirada a los hombres ahí reunidos, en especial al de ojos centelleantes. Sin decir nada, se sentó en la única silla libre frente al escritorio del director.
—Supongo que no tuviste suerte en tu encomienda, Severus —dijo Dumbledore con calma.
Severus lo miró de nuevo.
—No saben nada; Bellatrix no los ha contactado. No es que lo hayan dicho, pero tanto Lucius como Narcisa no son buenos con la Oclumancia. Si tuvieran una pista del paradero de Bellatrix, o de lo que está planeando, la habría encontrado.
—Genial. Ahí va nuestra mejor oportunidad —dijo Sirius haciendo una mueca.
Albus suspiró y apoyó su barbilla sobre las puntas de sus dedos entrelazados.
—En verdad nunca esperé que supieran algo. Bellatrix valora más a Voldemort que a su familia. Supongo que ella considera a Lucius y Narcisa traidores por no haber ido a Azkaban por su amo.
Remus, Sirius y Severus asintieron, entendiendo el mensaje entre líneas: Si Voldemort regresaba algún día, y Bellatrix seguía libre, ella sería una de las primeras en sospechar de Severus e intentaría convencer a su señor de que era un traidor. Mucho más dependía de su captura que sólo la seguridad de Harry.
—¿Puedes pedir información a los duendes de los retiros de la bóveda Lestrange? —preguntó Remus a Sirius.
Sirius negó con la cabeza.
—No, los duendes no reconocen las declaraciones del Ministerio sobre si alguien es convicto o no. Si están muertos o incapacitados de alguna manera puedo tener acceso a su bóveda, pero sólo en ese caso. Azkaban cuenta como una incapacidad, como si estuviera en coma. Pero ahora que está fuera, mi acceso está negado y ella puede sacar lo que quiera.
—Qué bueno que no nos demoramos con la copa, entonces… —dijo Severus frunciendo los labios.
—Fue una muy buena idea de Sirius actuar de inmediato o estaríamos en apuros.
Severus rodó los ojos; apuro. Sólo Albus minimizaría una situación así.
—Pero, nuestro problema —Remus habló con firmeza, atrayendo su atención—, es que Bellatrix tiene muchos recursos, lo que minimiza la oportunidad de encontrarla a ella y a Pettigrew.
—Tiene acceso a las bóvedas, pero no puede simplemente caminar por el callejón Diagon y entrar a Gringotts —dijo Sirius—. Y la mansión y demás propiedades de los Lestrange son vigiladas, así que también tendrá dificultades.
—Gracias al cielo por ello —gruño Severus. Estaban en el mismo punto que antes, y los Aurores no estaban nada mejor.
—Tienes que ver todos los detalles del lobo, olvida lo demás.
Severus tenía los ojos cerrados. Estaba sentado cruzado de piernas en medio del suelo en los cuarteles de los Merodeadores. Supuestamente, intentando entrar a un estado meditativo.
—¿Puedes verlo? ¿Puedes verlo como en tu sueño?
—Sí… —siseó.
—Ahora tienes que ser el lobo.
No pudo soportarlo. Abrió los ojos y alzó una ceja con molestia en dirección a Sirius, quien había estado rodeándolo en círculos y ahora se hallaba frente a él.
—¿Ser el lobo?
—Sí, cuando ves al lobo en tu mente tienes que pensar en él como si fuera tú y no como un animal más. Te estás viendo a ti mismo.
—¿No se supone que debería estar haciendo esto con Harry?
—No, dije que Dumbledore quería que comenzaras el entrenamiento cuando le conté sobre Harry —otra ceja se levantó—. Bueno, tal vez con la emoción lo dije mal. El punto es que Harry sólo comenzará el entrenamiento hasta el próximo año como mínimo. Preferiría que fuera después, pero no lograré contenerlo tanto. Y no podemos mal gastar un año cuando ya estás listo para el siguiente paso. No sabemos cuándo volverá Voldemort; puede pasar en diez años, o puede ocurrir mañana. Ahora cierra tus ojos.
Severus obedeció y Sirius comenzó de nuevo a decirle que debía ver el al lobo, ser el lobo. Sólo pasaron un par de minutos cuando Severus abrió los ojos de nuevo.
—Esto es ridículo.
Sirius suspiró y se sentó frente a él en la misma posición.
—Lo siento.
—Pero claro que sí, esto es tan…
—Lo siento. Nunca quise que fueras; No quería ponerte en tal peligro, tampoco quería poner a Lunático en esa situación. Nunca pensé que harías lo que te dije. Me odiabas; nunca hiciste nada de lo que te dije antes. No tengo idea de por qué decidiste tomar mi consejo por primera vez aquella noche. Sé que no soy inocente, nunca debí decirlo cuando escuchabas, pero honestamente no creí que fueras a hacerlo.
Severus sólo lo miró con sorpresa; ¿por qué le estaba diciendo eso?
—Aún sigo pensando en lo que habría ocurrido si James no te hubiera salvado. Me persigue el hecho de que no me importó tu vida ni el secreto de Lunático. Me persigue el hecho de que cuando te vi cruzando los terrenos me paralicé y no pude moverme, que esa fue la causa por la que James actuó y salvó tu vida por lo asustado que yo estaba. ¡Casi moriste! James casi murió por salvarte, y si Lunático te hubiera mordido lo habrían ejecutado. Sé que crees que no fui castigado porque no me expulsaron ni me enviaron a Azkaban, pero la única razón por la que no fue así, es porque si Dumbledore hubiese llamado a los Aurores, también se habrían llevado a Lunático. Pero sí fui castigado; Pasé el resto del año en detención, y ni siquiera como las que sueles dar. La mitad del tiempo era haciendo trabajos manuales y la otra mitad estudiando las leyes que involucraban la regulación de los hombres lobo para que pudiera entender lo estúpido que fue mi error. Y así fue, tuve pesadillas de personas llevándose a Lunático y a veces aún las tengo. James, Remus y Peter no me hablaron por dos meses enteros. Estuve sólo en la torre, en el dormitorio, hasta el día que fui temblando y lloriqueando con Remus a pedirle perdón. Le dije que me hiciera lo que quisiera, que tenía el derecho de matarme si así lo quería, porque eso es lo que casi le había hecho a él.
Esas eran noticias nuevas para Severus. Nunca había pensado en lo que le podría haber ocurrido a Remus, sólo en que Black se había salido con la suya.
—No tengo excusa para lo que hice y no espero que me perdones. Nunca me he perdonado a mí mismo, pero espero que no renuncies a una buena herramienta por mi culpa.
Severus tenía que admitir (al menos para sus adentros) que estaba conmovido. No había perdonado exactamente a Sirius, pero había aprendido a superarlo para ser su amigo. Realmente nunca había esperado una disculpa, y si pensaba en ello, lo había dejado pasar porque sabía que él había cometido un error más grande. Uno que, si Sirius, Remus o Harry se enteraban algún día, haría que lo odiaran para siempre.
Sabía qué se sentía actuar sin pensar en las consecuencias. Justo como cuando había querido satisfacer a su amo y nunca pensó que cazaría a un niño, y menos que ese niño resultaría ser Harry. Sirius había pensado que nunca tomaría su consejo, y había estado a punto de no hacerlo; después de todo, Sirius era su enemigo, pero la curiosidad había ganado. Escuchar que Sirius lamentaba haberlo puesto en peligro, bueno, realmente no sabía qué decir. Pero era bueno.
Pero seguía siendo Severus Snape, y Severus Snape no se ablandaba.
—Te crees demasiado. Esto no tiene nada que ver contigo, y lo único que quiero es no contagiarme de tus pulgas ni de las del lobo.
—Está bien, Sev. Si tú lo dices. Ahora cierra los ojos —dijo Sirius rodando los ojos y con una sonrisa.
Severus lo hizo.
—Sé el lobo: es tu pelaje, son tus ojos, es tu hocico. Siente el pelaje, piensa en qué debe sentirse usar tus cuatro patas.
Y siguieron así durante horas. Severus con los ojos cerrados, visualizando todo como Sirius le indicaba. Nada pasó ese día, pero según Sirius, era algo normal. Mientras más cómodo se sintiera con su forma, podría comenzar a transformar partes de su cuerpo hasta lograr transformarse por completo.
El clima comenzó a empeorar y el equipo de Quidditch de Gryffindor comenzó a preocuparse por el juego del día siguiente, aunque no tanto como de encontrarse a su capitán en los pasillos de Hogwarts entre clases. Harry estaba contemplando moverse bajo su capa de invisibilidad.
—¡Es una pesadilla! ¡Como si no supiera cómo juega Cedric! ¡Lo conozco desde que tengo ocho años! —se quejó Harry con Ron mientras esperaban a su profesor en el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras. Como si fuera una señal, la puerta se abrió y un sonriente Sirius Black entró al aula.
—¡Buenos días clase! —dijo alegremente, ignorando las miradas de sorpresa. Se sentó en el escritorio del profesor y tomó la lista.
—¡Brown Lav…! ¿Si, seños Thomas?
—No quiero ser irrespetuoso profesor, pero, ¿está seguro de que entró al salón correcto?
—Por supuesto —Sirius sonrió.
—¡Brown Lav…! ¿Señorita Patil?
—Es sólo que este es el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, profesor.
—Lo sé. ¡Bro…! ¿Señor Finnigan?
—¿Dónde está el profesor Lupin?
—Oh, Remus… —Sirius agitó su mano como quitándole importancia al asunto y Harry rodó los ojos—. Está algo indispuesto por el clima y lo estoy supliendo. ¡Brown Lav…! ¿Señorita Granger?
—¿Cuáles son sus cualificaciones?
—¿Disculpa? —preguntó Sirius con la boca abierta—. ¿Cualificaciones?
—Sí, profesor —dijo Hermione con ese tono de sin sentido que tenía—. Lo que lo hacer estar preparado para enseñar esta clase.
—¿Le preguntaste al profesor Lupin sus cualificaciones? —preguntó Sirius a la defensiva. Harry pensó que se rompería una costilla por aguantar la risa.
—No, pero el profesor Lupin dio tutorías de Defensa a la mayoría de los alumnos durante el fiasco de Lockhart, ¿no? Así que ya sabemos que es capaz. Sabemos que usted es un buen profesor de Historia, pero eso significa necesariamente que sea un buen profesor de Historia. Si contar historias y lucir bien mientras se hace lo hiciera bueno en Defensa, el profesor Lockhart habría sido el mejor —razonó ella.
Rápidamente Harry cubrió su boca con una mano cuando la risa se le escapó y Sirius lo miró.
Sirius comenzó a abrir y cerrar la boca como un pez. Se sonrojó al comenzar a hablar entre dientes:
—Como expliqué en mi última clase de Historia, durante el tema sobre la caída de Voldemort —y justo como pasaba en sus clases todos excepto Harry se estremecieron—. James Potter, Frank y Alice Longbottom, Hestia Jones, Fabián y Gideon Prewett, Kingsley Shacklebolt, y yo, estuvimos en el grupo de Aurores más jóvenes de la historia. En ese entonces redujeron el entrenamiento a un año pues nos necesitaban en el campo. Soy un veterano de guerra, y fui el protegido de Alastor Moody.
Una vez más los alumnos lo miraron con admiración y algunos lanzaron miradas a Neville. Después de la clase de Historia, varios de ellos le habían preguntado a Neville sobre los logros de sus padres. Sirius había evitado contarles sobre lo que habían sufrido a manos de los Lestrange y Barty Crouch Jr., pero les había dejado saber a todos que habían sido héroes. Harry, sabiendo lo que había pasado (Pues una Black había sido responsable de ello) rescató a Neville de sus curiosos compañeros y apresuró a Neville hacia su próxima clase. Acostumbrados al temperamento de Harry, nadie lo tomó como ofensa y los dejaron en paz.
—Sólo me aseguraba, profesor. Con nuestras experiencias previas, tenemos que ser cuidadosos —dijo Hermione.
Sirius gruñó, tomó el rollo de pergamino y con dificultad volvió a su tarea.
—¡Brown Lav…! ¿Si, joven Potter Black? —siseó entre sus apretados dientes.
—Profesor ¿Es el mismo Alastor Moody que pone trampas en sus botes de basura? —preguntó Harry con inocencia.
Eso fue suficiente: los alumnos, que valientemente habían retenido la risa, se soltaron en carcajadas.
—Oh, tendré que ver eso en un Pensadero —dijo limpiándose las lágrimas de risa.
—Logró controlarnos y tuvimos una gran lección de duelo; nada como las clases de Lockhart. Cuando dijo lo que haríamos, Hermione comenzó a decirle que debíamos comenzar con los hynkypunk.
—No, sé que Sirius no es un experto en criaturas oscuras. Dejé que saliera del plan de estudios o habría sido una clase humillante. Además, es bueno para ustedes ver a un duelista experto en acción. ¿Lo combatiste en un duelo? —preguntó Remus.
—Sí —dijo Harry haciendo una mueca—. Y no me lo puso fácil. ¡Me hizo perder frente a todos!
—Nunca intentes divertirte a costa de un Merodeador —Remus desordenó el cabello de Harry.
Harry tomó un trozo de manzana de la bandeja de Remus.
—Qué mala suerte que la luna llena fue ayer y no hoy. No te habrías perdido la clase.
—No hables con la boca llena —lo regañó Remus—. Faltar a clase no es lo mejor, espero que nadie noté la relación entre la fecha y la luna. Pero si hubiera sido hoy, me perdería el partido de mañana.
La sonrisa de Harry desapareció al ver el nublado cielo por la ventana.
—Nos vamos a ahogar.
Harry no se había equivocado. Se estaban ahogando. A Remus le costaba ver a los jugadores a pesar de que estaba quieto y seco en la grada de los profesores. No había nada mejor que hechizos repelentes de agua en tiempos de lluvia. Supuso que Harry no tenía idea de dónde estaba la Snitch. Wood pidió tiempo para hablar con su equipo y vio a Hermione correr hacia ellos. Al parecer había sido de ayuda pues parecía que Harry había mejorado, pero aún no terminaba y el clima empeoraba a cada segundo. Era algo peligroso: vio un rayo pasar cerca de Harry. Tenía su varita lista en la mano; por el rabillo del ojo vio que no era el único profesor preparado para actuar.
De repente, Harry se elevó y Remus vio una mancha amarilla acercarse a él.
—Vamos Harry… —musitó. Cedric se acercaba más y comenzaba a hacer más frío. La luz se oscurecía…
Un terrible aullido.
«¡Mami, Papi! ¡Ayuda!»
¡Están muertos, Remus! ¡James y Lily fueron asesinados!
Remus bajó la mirada y se horrorizó. Cientos de dementores de dirigían hacia el campo de Quidditch, hacía los niños. Se concentró en el momento en que sus amigos le habían dicho que no lo dejarían sólo y junto a otros gritó:
—¡Expecto Patronum!
Mientras media docena de patronus alejaban a los dementores, un escalofrío familiar lo recorrió y alzó la vista al cielo. Su corazón se detuvo cuando vio a Harry cayendo velozmente. El grito que soltó alertó a Sirius y Severus, justo cuando Dumbledore levantó su varita. Harry comenzó a desacelerar y los tres jóvenes profesores corrieron al campo. Mientras daba el último paso, vio que Dumbledore detenía a Severus con una mano. Severus asintió casi de forma imperceptible y permaneció detrás. Remus sabía cuánto le costaba, pero se contuvo de ir con él. Tenía que asegurarse que Harry estuviera bien. Al llegar, tuvo que detenerse a sí mismo y a Sirius de tocar al inconsciente chico: estaba pálido e inmóvil. Harry nunca se quedaba quieto. Sirius conjuró una camilla y Remus lo colocó sobre ella con un hechizo. Mientras él y Sirius acompañaban al flotante Harry hacia la enfermería, oyó a la distancia a un furioso Dumbledore ordenar a los demás profesores que aseguraran a los alumnos y que se aseguraran de que ningún otro estuviera herido.
—Gracias, Filius —Sirius tomó el envoltorio que sostenía el pequeño profesor.
—No hay forma de repararla, lo intenté, pero el Sauce Boxeador la destrozó bien. Ya sabes cómo es ese árbol… —dijo Flitwick con tristeza. Sirius hizo una mueca. Conocía muy bien al Sauce Boxeador—. Pobre chico, adora su escoba.
—Así es —Sirius suspiró—. Gracias, de nuevo.
Flitwick asintió y salió de la enfermería mientras Remus entraba.
—Los chicos quieren ver a Harry. Les dije que les avisaría cuando se despierte. ¿Eso es lo que creo que es?
—Sí… —dijo Sirius sombríamente mientras abría el envoltorio lleno de ramas y astillas de la escoba de Harry.
—Oh por… —Remus gimió—. Esto no va a ser bueno.
Un gruñido proveniente de la cama llamó su atención. Sirius lanzó los restos de la escoba a otra cama y se acercó rápidamente a su hijo.
—Vamos, cachorro. Está bien, se acabó… —dijo suavemente pasando una mano por el cabello de Harry.
—¿Qué pasó? — preguntó Harry con voz queda.
—Te caíste de la escoba —respondió Remus ofreciéndole un vaso de agua.
Harry, que estaba apoyado en sus codos intentando sentarse en la cama, levantó una ceja.
—¿Enserio, tío Lunático?
—Sí —dijo Remus acomodando las almohadas nerviosamente.
—Y yo que pensé que había decidido saltar.
Sirius mordió sus labios intentando reprimir su risa mientras ayudaba a acomodar las almohadas.
Remus miró a los dos pelinegros y gruñó:
—Veo que ya te sientes mejor.
—Me duele un poco —dijo Harry tomando el vaso—. ¿Por qué habían dementores en el campo? ¿No se supone que estarían fuera de los terrenos?
Remus se sentó en una silla y Sirius sobre la cama.
—Sí —respondió con pesadez—. Pero supongo que la multitud en el partido fue demasiada tentación para ellos.
Harry movió el vaso entre sus manos mirando su regazo y mordiéndose los labios.
—Harry… —dijo Sirius suavemente—. Está bien. Albus se hizo cargo. Estaba furioso; dijo que vendría más tarde a verte. También vendrá Sev. Pobre, estaba tan preocupado, pero no podía hacer nada. Está atendiendo a los Slytherin, un par de los menores estaban algo nerviosos.
Harry asintió y levantó la mirada, directo a Remus.
—Quiero aprender a combatirlos. Cuando me contaste de ellos, dijiste que la única defensa es el encantamiento Patronus. Quiero aprenderlo.
—Harry… —comenzó Remus con tono cansado.
—¡No digas que soy muy joven! ¡Tengo que saber! ¿Y si vuelven y no están ustedes? ¿Entonces qué?
—Remus mordió sus labios y lanzó una mirada nerviosa a Sirius, el cual asintió.
—Bien —dijo reluctantemente—. Pero tienes que hacerme caso. Y sólo haré esto porque los dementores tienen un efecto peor sobre ti.
Harry sonrió, pero su sonrisa se quebró.
—¿Es porque…?
—Porque tienes horrores en tu pasado que tus compañeros no pueden imaginar —dijo Sirius mirándolo directo a sus ojos verdes—. No tiene nada que ver con lo fuerte que eres.
Mantuvo la mirada hasta asegurarse de que Harry entendía.
La señora Pomfrey insistió en que Harry permaneciera en la enfermería el fin de semana, lo que el chico consideró era una exageración. Tanto sus amigos como el equipo de Quidditch lo habían visitado. Wood había estado bastante deprimido por perder el partido, pero le aseguró que no lo culpaba de nada. Aun así, Harry se sintió terrible y le aseguró que aprendería el encantamiento patronus rápido; no podía permitirse perder otro juego. También le dijo a Wood que su papá le había prometido comprarle otra escoba para navidad. Harry había estado devastado por su escoba, la amaba. Había sido su primera escoba de verdad; no una de juguete o de la escuela, sino suya. Y había sido su regalo por cumplir once años. Para un mago, los once años eran tan importante como los diecisiete.
Cedric Diggory también fue a verlo para asegurarse de que estaba bien y le dijo que había intentado regresar la Snitch.
—No te vi caer, Harry. Lo siento. Sólo noté que habías caído cuando estabas casi en el suelo y ya tenía la Snitch.
—Está bien, ganaste limpia y justamente —dijo Harry.
Cedric mordió su labio.
—Lamento lo del año pasado. Es sólo que… Bueno, todos estaban asustados. Pero debí pensarlo mejor. Te he conocido desde que eras pequeño y me ayudaste a escapar de Filch aquella vez en primer año cuando me enseñaste ese pasadizo secreto. Debí pensarlo mejor.
Harry lo miró severamente.
—Sí, debiste —no iba a pretender que no le había dolido—. Pero eso ya pasó y mi tío dice que no es bueno obsesionarse con los errores. Tenemos que aprender y seguir adelante —le ofreció una mano a Cedric—. Amigos.
Cedric sonrió y estrechó la mano de Harry.
—Amigos.
Harry también recibió la visita de su tío Sev, el cual había ido con el pretexto de entregarle pociones a Poppy, y tuvo que aguantar la perorata de la inutilidad, maldad y peligros del Quidditch. Cuando Harry comentó que era raro que alguien que apostaba cada año con la profesora McGonagall y que siempre quería la brillante copa en su oficina, dijera cosas feas del juego, Severus fingió sordera.
Otra visita que tuvo fue de Dumbledore, quien le aseguró que los dementores no volverían a los terrenos. Harry y Dumbledore hablaron largo rato sobre lo que Harry escuchaba cada vez que los dementores se le acercaban. Justo como había hecho Remus, Dumbledore le dijo que se enfocara en recordar a la mujer que lo amaba.
—Y recuerda, Harry, que los que nos aman, nunca nos dejan realmente —dijo y Harry sonrió y le respondió:
—También tú recuerda eso, abuelo.
Dumbledore lo miró desconcertado.
—Tus padres y tu hermana. Te están cuidando, ¿cierto? Siempre están contigo.
—Eso espero —Dumbledore sonrió. Besó suavemente la cabeza de Harry antes de salir de la enfermería.
Nota del traductor: Lamento haber estado ausente tanto tiempo. Intentaré volver al ritmo normal, y adelantar algunos capítulos ésta semana.
