Esta es una historia ficticia, que no tiene nada que ver con la vida real, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, ya que toda esta trama la creo Melissa Marr, con los personajes de Stephenie Meyer, yo solo hago la adaptación, sin ningún fin de lucro, ajena a cualquier partido político, religioso o a cualquier autor, nadie me paga por hacer esta traducción.

Perdón por la demora, pero mi clave de Microsoft se me venció y no me dejaba editar. Aún estoy en prueba, pero durara otros 25 días.

Capítulo 1: Sueños de Sangre y Victoria.

La Reina Suprema iba hacia el vestíbulo con un sentido de inquietud. Normalmente requería que los visitantes fueran traídos a ella, pero en este caso Esme haría una excepción.

Tener a Victoria vagando por el hotel era demasiado peligroso.

En los meses pasados, Esme había mudado a la Corte Suprema a la orilla del mundo mortal, tomando un barrio de la ciudad y rehaciéndolo como

propio. Dar un paso dentro de ese barrio significaba que uno abandonaba el reino mortal y entraba a Faerie (el mundo de las hadas). Su dominio se encontraba separado, dividido de todo lo demás. Las reglas del mundo mortal: su noción del tiempo y el lugar, sus leyes de la naturaleza, eran todas quebrantables dentro de Faerie, aún en este espacio entre espacios, donde ella había traído a su corte.

Era lo más cercano a los mortales que el reino Esme había estado en siglos, pero ahora que las otras cortes cambiaban, Esme no podía permanecer tan apartada. Permanecer en el reino mortal demasiado tiempo sería insostenible, pero vivir en la orilla de la mortalidad no alteraría su mundo. Era el camino más razonable. En la corte de Verano, el chico rey había subido al trono con su reina perdida durante siglos. Su amada controlaba la corte de Invierno. Y Emmett, la casi-tentación de Esme, había asumido el trono de la corte Oscura. Nada de ello fue inesperado, pero todo había cambiado en apenas un parpadeo.

Ella corrió la mano por la baranda de la escalera, tocando la madera pulida, recordando tiempos más sencillos, y despidió inmediatamente esa mentira de nostalgia. Había mantenido a su corte más tiempo del que podía recordar. Ella era la Reina Suprema. Suyo era lo inmutable, la esencia de los elfos, la voz del mundo cambiado, y ella era la Reina Inmutable.

La alternativa, su gemela, su antítesis, Victoria, estaba parada en el cuarto. Ella se contoneó hacia Esme con una mirada ligeramente loca en los ojos. Cada pensamiento perdido de caos y discordia que podría haber sido de Esme, encontró la forma de llegar al espíritu del Victoria en su lugar. Siempre que Victoria existiera para acoger esos sentimientos, Esme no debería cargar con el peso de tal antipatía. Lo que significaba un vínculo extraño.

- Ha pasado mucho tiempo -Victoria dijo. Sus movimientos eran tentativos, las manos echaban un vistazo a las superficies como si lo necesitara para familiarizarse con el mundo, como si la experiencia táctil la anclase a la realidad-. Desde la última vez que hablamos. Ha pasado

mucho tiempo.

Esme no estaba segura si eran preguntas o declaraciones: el alcance de Victoria a la realidad era tenue, incluso en sus mejores días.

- Nunca tanto como yo quisiera. -Esme invitó a su hermana a tomar asiento.

Victoria se sentó a un diván floral. Ella sacudió la cabeza, perturbando las plumas largas que se rociaron sobre la espalda como pelo mortal. – Ni como querría yo. No me agradas.

Su franqueza era desagradable, pero la guerra no se concernía con delicadezas, y Victoria era la esencia de la guerra y la violencia, la carroña y el caos, la sangre y la mutilación. La Corte Oscura quizás era la corte opuesta a la Esme, pero era Victoria su oposición verdadera. La hada cuervo no era contenida por la corte ni separada de ella. Era demasiado primitiva para estar dentro de la Corte Oscura, y demasiado confabuladora para no estarlo.

La atención de Victoria era enervante. Sus ojos, de un rojo profundo, brillaron de manera inquietante.

- Se siente menos correcto cuando estás cerca de mí.

- Entonces, ¿por qué estás aquí?

Vocttoria golpeaba la mesa con las garras de manera discordante: sin ritmo, sin patrón.

- Tú. He venido aquí por ti. Cada vez, no importa dónde estés, vendré.

- ¿Por qué? -Esme se sentía atrapada en una conversación con siglos de

antigüedad.

- ¿Hoy? -Victoria inclinó su cabeza en un ángulo propio de un pájaro, observando, siguiendo el más mínimo movimiento-. Tengo cosas que contarte. Cosas que querrás saber.

Esme se mantuvo inmóvil; no reaccionar era normalmente más seguro con Victoria.

- ¿Y por qué debería escucharte esta vez?

- ¿Por qué no?

- Porque no estás aquí para ayudarme. -Esme estaba harta de su eterno desacuerdo. Algunas veces se preguntaba qué pasaría si simplemente se deshacía de Victoria. ¿Me destrozaría a mí misma? ¿A mi corte? Si supiese la respuesta, si supiese que podía matar a su hermana sin dañarlos a todos, lo hubiese hecho hacía siglos.

- Los elfos no mienten, hermana mía. ¿Cuál es la razón para no escuchar? – Victoria graznó-. Tú eres la Razón, ¿no es así? Te estoy ofreciendo la Verdad... ¿es lógico ignorarme?

Esme suspiró.

- ¿Para que actúe respecto a lo que me dices y causar algún tipo de caos?

Victoria se balanceó en su asiento, como si de repente escuchara alguna melodía que nadie más pudiese, o quisiese, oír.

- Una puede soñar.

- O no actuar causará el caos... y pretendes que no te haga caso reflexionó Esme-. ¿No te cansas nunca de esto?

Victoria hizo movimientos cortos y bruscos con la cabeza y apretó los dientes como si de verdad tuviese un pico. Era su particular versión de una risa, un gesto curioso que repugnaba a Esme. La elfa-cuervo clavó una mirada intensa en ella.

- ¿Por qué debería?

- Por qué, de hecho. -Esme se sentó en una de las innumerables sillas talladas que su gente había colocado en el lobby. Estaba llena de joyas en bruto, disminuyendo su comodidad, pero acentuando su belleza descarnada.

- ¿Te lo digo entonces, hermana mía? -Victoria se acercó. Sus ojos brillaban como un conjunto de estrellas, constelaciones que a veces surcaban el cielo mortal. Hoy, Escorpio, la bestia que mató a Orión, estaba en el centro de la mirada de Victoria.

- Habla -dijo Esme-. Habla para que puedas irte.

Los gestos y la voz de Victoria se convirtieron en la de un cuenta cuentos.

Se cayó, se echó hacia atrás y juntó las manos. Una vez, hace muchos siglos, estarían en la oscuridad cerca del fuego manteniendo estas desagradables conversaciones. Eso era cuando a ella le gustaba venir con sus murmullos y maquinaciones. Pero incluso aquí, en la opulencia de un palacio hecho por mortales, Victoria hablaba como si estuviesen al lado de la chimenea, las palabras cayendo en la cadencia de los cuentos contados en la oscuridad.

-Hay tres cortes que no son tuyas, la que debería ser mía, la corte del sol, y la corte del hielo.

- Lo sé...

Victoria atrapó la mirada de Esme con la suya y habló.

- Y entre esas cortes hay una nueva unidad; un mortal anda sin impedimentos entre las tres. Susurra en el oído del que tiene mi trono; escucha mientras el nuevo Rey Oscuro y la nueva Reina del Invierno se lamentan de las crueldades del chico rey.

- ¿Y? -interrumpió Esme. Nunca estaba segura acerca de cuánto durarían

esas historias.

Esta vez, parecía que poco. Victoria se levantó como si hubiese un espectro en la habitación que le hiciese señas para que se acercara.

- El chico rey tiene mucho potencial para la crueldad. Puede que me guste el Verano. -Su manó se estiró para tocar algo que nadie más podía ver. Entonces se paró y frunció el ceño-. Pero no me quiere ver.

-Edward sólo hace lo que debe para proteger a su corte -murmuró Esme, preguntándose qué era lo que su gemela le había querido decir: no era la propensión a la crueldad del Rey del Verano lo que importaba; era el papel del mortal. Los mortales no deberían tener voz en los asuntos de las Cortes Élficas. Si las cosas se mantenían en orden, no deberían ver a los elfos, pero la oposición de Esme a concederles la Visión a los mortales era incumplida de vez en cuando.

Como si los mortales nacidos con la Visión no fuesen ya suficiente problema.

Pero problemas era lo que Victoria deseaba. Los pequeños problemas llevaban a un desorden mayor. En esto al menos coincidían. La diferencia era que una intentaba prevenir el desorden, y la otra lo buscaba.

Centenares de momentos aparentemente insignificantes combinados para crear el resultado deseado por Victoria. Ella había sido la voz que empujó a Jessica, la última Reina del Invierno, a golpear a Carlisle, el por siglos desaparecido Rey del Verano y amante ocasional de Jesssica. Victoria era la voz que susurraba las cosas que todos soñaban en silencio, pero que generalmente tenían el sentido común de no hacer.

Esme no estaba dispuesta a tener otro pequeño problema que evolucionara en caos.

-Los mortales no tienen que inmiscuirse en los asuntos de los elfos -dijo-. No tendrían que estar involucrados con nuestro mundo.

Victoria golpeó las garras en un ritmo que parecía satisfacerla.

-Mmmm. Este mortal tiene su confianza, las tres cortes-no-tuyas escuchan sus palabras. Tiene influencia... y le protegen.

Esme hizo un gesto para que siguiese.

-Cuéntame.

- Se acuesta con la Reina del Verano, no como una mascota, sino como su consorte. La Reina del Invierno le dio la Visión. El nuevo Rey Oscuro le llama "hermano". -Victoria volvió a sentarse y adoptó una expresión sombría, lo que siempre preocupaba a Esme, y con razón: cuando Victoria estaba concentrada, era aún más peligrosa-. Y tú, hermana mía,

no tienes ninguna influencia sobre él. No puedes tomarlo. No puedes robarlo como has hecho con otras mascotas con Visión o medio-humanos.

-Ya veo. -Esme no reaccionó. Sabía que Victoria aguardaba, reservando

algo para borrar su último rastro de calma.

Victoria añadió:

-Y Paul tenía una mascota, una pequeña cosa mortal con la que se unió y a la que acariciaba como si mereciese estar en presencia de la Corte Oscura.

Esme hizo un pequeño gesto ante la idiotez de Paul. Los mortales eran demasiado frágiles como para soportar los excesos de la Corte Oscura. Él sabía mejor que eso.

-¿Murió? ¿O se volvió loca?

-Ninguna de las dos, él renunció a su trono por ella... tan corrompido estaba por su mortalidad... asqueroso, cómo la apreciaba. Es por eso que el nuevo se sienta en el trono que debería ser mío. -La fachada de cuenta

cuentos de Victoria estaba todavía activa, pero su temperamento estaba oscureciéndose por momentos. El énfasis en sus palabras, la subida y la bajada de los tonos que adoptaba cuando contaba historias se estaba desvaneciendo. En vez de eso, enfatizaba palabras al azar. Su codicia sobre el trono de la Corte Oscura la enfadaba; su mención no era bueno para su estado mental.

- ¿Dónde está ella? -preguntó Esme.

-Ella ya no tiene ninguna influencia... -Victoria movió la mano en el aire, como si quisiera quitar telarañas que se encontraban enfrente de ella.

-Entonces, ¿para qué me lo cuentas?

La expresión de Victoria era indescifrable, pero la constelación en sus ojos cambió a Géminis, los gemelos.

-Sé que hemos compartido... mucho; pensaba que lo debías saber.

-No tengo ninguna necesidad de oír sobre las mascotas abandonadas de Paul. Es un hábito deplorable, pero... -Esme se encogió de hombros como si no importase- ...no puedo controlar la depravación de su corte.

-Yo podría... -un suspiro de anhelo siguió esas palabras.

-No, no podrías. Destruirías el poco auto-control que tienen.

- Puede que sí -Victoria suspiró otra vez -Pero las batallas que podríamos... podría venir a tu puerta vestida de sangre y...

-Amenazarme no es la mejor manera de conseguir mi ayuda -recordó Esme, aunque no importaba. Victoria no podía evitar soñar con la guerra de la misma manera en que Esme no podía evitar su inclinación hacia el orden.

-Nunca te amenazo, hermana, es sólo un sueño muy preciado. -En un movimiento demasiado rápido, incluso para Esme, Victoria se agachó enfrente de su hermana. Sus plumas rozaron la cara de Esme-. Un sueño

que me mantiene caliente cuando no tengo sangre en la que bañarme.

Las garras que Victoria había golpeado erráticamente pasaron a una cadencia regular mientras entraban y salían de los brazos de Esme, llenando su piel de pequeñas lunas.

Esme mantuvo la calma, aunque su propio temperamento estaba a punto de aparecer.

-Deberías marcharte.

-Debería. Tu presencia emborrona mi mente. -Victoria besó la frente de Esme. -El nombre del mortal es Jacob Black. Nos ve como somos. Sabe mucho de nuestras cortes, incluso la tuya. Es extrañamente... moral.

Un suspiro de rabia estuvo a punto de salir al tacto de las plumas de su

hermana en su cara; la calma lógica que Esme tanto apreciaba sólo era amenazada en la presencia de la más fuerte de los elfos de la Corte oscura.

Ni los elfos del Verano ni del Invierno podían provocarla. Los solitarios no podían mover el lago calmado que era su espíritu. Sólo la Corte Oscura le hacía querer olvidarse de sí misma.

Es lógico. Es la naturaleza de la oposición. Tiene sentido.

Victoria restregó su mejilla contra la de Esme. La Reina Suprema quería pegarle a la elfa guerrera. La lógica le decía que Victoria ganaría; era la violencia encarnada. Pocos, si alguno, elfos podía ganarle en batalla directa, y la Reina del Orden no era uno de ellos. A pesar de ello, en ese

momento, la tentación era fuerte.

Sólo un golpe. Algo.

La piel de sus brazos empezaba a arder debido a las numerosas pequeñas heridas cuando Victoria movió su cabeza en otra serie de pequeños movimientos bruscos. Las plumas parecían susurrar cuando Victoria se irguió y dijo:

-Me cansa verte.

-A mí también. -Esme no se movió para contener la sangre que goteaba.

Moverse implicaría demostrar su debilidad o enfadar aún más a Victoria.

Cualquier opción acabaría con más heridas.

- La guerra verdadera se acerca -dijo Victoria. Humo y neblina llenaron la habitación. Figuras cubiertas de sombras de elfos y mortales estiraban sus manos cubiertas de sangre. El cielo se llenó de alas de cuervo imaginarias, crujiendo como cáscaras secas de maíz. Victoria sonrió. Unas extrañas alas se extendieron desde su espina. Esas alas habían sobrevolado campos de batalla durante siglos; verlas tan claramente fuera de la batalla no era una buena señal.

Victoria estiró sus alas de sombra mientras decía:

-Yo sigo las reglas. Te he avisado. Plagas, sangre, y cenizas cubrirán su mundo y el tuyo.

Esme mantuvo el rostro inexpresivo, pero vio también los posibles futuros. Las predicciones de su hermana eran muy probables.

-No dejaré que ocurra ese tipo de guerra. Ni ahora, ni nunca.

-¿De verdad? -la sombra de Victoria se extendió como una mancha oscura en el suelo-. Bueno, entonces... es tu turno, hermana mía.

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Como verán, Victoria ya puso en el ojo del huracán a Jacob, veremos más adelante cómo reacciona Esme, ante lo que le revelo Victoria.

Cualquier duda que tengan pueden preguntarme y yo responderé.

¿Soy muy mala con ustedes? ¿Tardo mucho en actualizar o por el contrario soy muy rápida? Porque no entiendo por que no me dejan ningún review.

De verdad no es que sea mala, pero a veces me pregunto porque fics que tienen mala ortografía, y solo porque son rated M, los siguen y dejan un montón de comentarios.

Esta historia no es mía pero me dan ánimos el ver que me dejaron algún comentario, y déjenme decirles que no es fácil estarles cambiando uno por uno