Eran las 3 de la madrugada y todavía seguíamos celebrándolo. Habíamos salido triunfantes de una isla y nos habíamos hecho con un gran tesoro oculto y ahora lo estábamos celebrando. El sake que teníamos guardado desde hace tiempo estaba a punto de acabarse y la mayoría de mis nakamas ya iban borrachos. Luffy, Ussop y Chopper reían y hacían el bobo como siempre, Sanji estaba tirado en el suelo, Robin apenas había bebido y lo único que hacía era reírse con el resto, Zoro y yo éramos los únicos que tolerábamos bastante bien el alcohol, ya que, a pesar de haber bebido bastante, todavía no íbamos especialmente mal.

Poco a poco, nuestros compañeros se fueron retirando a sus habitaciones con ayuda de Robin hasta que nos quedamos solos Zoro y yo porque este tenía que hacer guardia.

-Te espero en la habitación, Nami-dijo Robin antes de marcharse llevando a Ussop con una de sus múltiples manos

-Ahora voy

-Nami-Me llamó Zoro- tengo una botesha esspecial esscondida

El efecto del alcohol se le empezaba a notar, no solo en la manera de hablar, sino en que Zoro jamás compartiría una botella de sake y menos si era suya, a pesar de ello acepté porque me apetecía seguir bebiendo y, para qué negarlo, me gustaba la compañía de Zoro.

Subimos las escaleras hasta los mandarinos que me había regalado Nojiko y ahí esperé hasta que Zoro volvió con la botella

-Parece cara-lo miré sorprendida, él simplemente se encogió de hombros y la abrió

-De vez en cuando me gussta darme un lujo

Compartimos la botella mientras conversábamos un poco de todo hasta que se acabó la botella. Miré el reloj

-Zoro, debería de irme a dormir, son las 4 y media de la mañana-le dije pensando en Robin. Seguramente, se habría quedado un rato esperándome y ya llevaría tiempo dormida

Cuando me levanté, noté cómo me cogió de la muñeca, me giré y me suplicó

-Quédate, por favor-me dijo-no me apetece estar solo

El seseo había desaparecido de su voz pero aun así seguía teniendo los ojos brillantes y las pupilas dilatadas

-Vaya-sonreí de guasa- ¿el valiente Zoro asustado? No sé, tendrás que darme una buena razón para quedarme

Zoro sonrió, me atrajo hacia sí y me besó. Yo abrí los ojos sorprendida pero me dejé llevar cuando su lengua entró en mi boca. Me rodeó con sus brazos la cintura y yo quité las manos de su pecho y las puse detrás de su cabeza atrayéndolo más hacia mí

-¿Te parece buena razón para quedarte?-me preguntó

Yo simplemente asentí y lo volví a besar. No sé cómo pasó pero cuando me quise dar cuenta estaba tumbada en el suelo mientras mis manos recorrían su pecho lleno de cicatrices. Él metió la mano por debajo de mi camiseta y empezó a masajearme los pechos por encima del sujetador. Nos apartamos y él me miró con los ojos brillantes de lujuria

-¿Puedo? -Simplemente me preguntó

Yo asentí y me quitó el sujetador liberando mis pechos, cogió uno y se lo llevó a la boca. En este momento, todo mi cuerpo se encontraba sensible, sentía su lengua en mis pezones, sus manos recorriendo mi cintura y su erección bajo los pantalones golpeando mi pierna, yo simplemente me retorcía de placer mientras me dejaba hacer. Zoro bajó una de sus manos a mi entrepierna y empezó a tocarme por encima de mis bragas

"Me está provocando"-fue lo único que pude pensar

No podía negarlo, no había pasado más de 10 minutos que nos encontrábamos en esta situación y ya podía decir que Zoro era uno de los mejores amantes que había tenido, quizá, también podía ser debido a que en los últimos meses apenas había mantenido relaciones sexuales con nadie. No era raro que en alguna isla que atracásemos algún hombre y yo acabáramos en la cama, pero las islas por las que pasábamos o no tenían gente o, simplemente, no había nadie que me atrajera lo suficiente

Zoro me sacó de mis pensamientos, había metido uno de sus dedos en mi vagina y ahora lo metía y sacaba. Empecé a gemir, intentando que no sonara muy alto mordiéndome el dorso de la mano. Zoro sonrió y metió un segundo dedo, sabía que me tenía a su merced y que no podía ocultarlo

-Zoro, voy a... -Dije entrecortada. Él me miró con los ojos brillantes e hizo una mueca traviesa

-Todavía no, gatita

Sacó sus dedos e inmediatamente después me quitó las bragas y empezó a lamer mi vagina. Instintivamente, bajé mi mano a su cabeza guiándole. ¡Dios!, era increíble lo que hacía, siempre pensé que el más cariñoso en este tipo de cosas sería Sanji, no me esperaba esto de Zoro.

-Zoro... -Dije casi en un suspiro

Como respuesta, él simplemente asintió mientras seguía con su labor, mientras yo explotaba. Sentía mi vagina contraerse, mi corazón palpitando dentro de mi pecho y mi respiración entrecortada

-¿Te ha gustado? -me preguntó dándome un beso

Yo asentí mientras intentaba recuperar el aliento. Él se tumbó a mi lado y yo simplemente me subí enzima de él a horcajadas, podía sentir su erección palpitando contra mi vagina.

-¿Te crees que hemos acabado?-Le dije quitándole la camiseta, él simplemente sonrió pícaramente

-Vaya, vaya, la gatita se ha convertido en una tigresa

El pecho de Zoro estaba musculoso y lleno de cicatrices, nunca me había fijado que tuviera tantas. No era raro ver a Zoro entrenando en la cubierta sin camiseta, cosa de la que no me quejaba, pero solo se le notaban las más grandes, mientras que en la poca distancia que nos separaba se podían contemplar todas y cada una de las que tenía. Recorrí con un dedo la cicatriz que le había hecho Mihawk hace tiempo. Me fijé en unas en concreto, 6 cicatrices que parecían hechas simétricamente. Caí en la cuenta de lo que eran y Zoro lo notó.

-Estas... Te las hizo Hachi, ¿Verdad?- Dije recordando a mi antiguo compañero de tripulación.

No me gustaba ninguno de los hombres-pez pero Hachi de había comportado bastante bien conmigo durante mi tiempo con Arlong, siempre se preocupaba por mí y solía protegerme de los comentarios hacia los humanos del resto de la banda. Sentí cómo Zoro me abrazaba y sentí una punzada de remordimientos. Yo tenía la culpa de esas cicatrices

-Tranquila... -Me susurró al oído

Yo le besé con todas mis fuerzas, eso me logró tranquilizar

-No hace falta que sigamos si no quieres-Me dijo cuando nos apartamos

-¿Qué pasa, Roronoa? ¿Ya te has cansado de mí?-Dije mientras enganchaba mis dedos en la cintura del pantalón- Porque créeme que no tengo intención de parar

Zoro me volvió a sonreír con esa sonrisa pícara que me volvía loca. Le desabroché el cinturón y le quité los pantalones, mientras besaba su pecho empecé a masajear su erección por encima del pantalón. Zoro lo intentaba esconder pero estaba sonrojado y podía ver en su mirada la lujuria. Quería vengarme por antes haberme provocado y hasta que no soltó un gruñido no metí la mano en sus calzoncillos.

Saqué su pene totalmente erecto de entre ellos

-Madre mía, Roronoa- exclamé al verlo

Su pene era bastante grande sin ser excesivo y parecía a punto de explotar de la excitación. Vi un semblante de orgullo en la mirada de Zoro.

Empecé a mover la mano de arriba hacia abajo recorriendo toda su longitud, mientras tanto, Zoro había vuelto a coger mis pechos y jugueteaba con ellos. Volvimos a besarnos mientras aumentaba el ritmo de mi mano, cuando creía que no iba a aguantar más me metí su pene en la boca y empecé a saborearlo.

-Dios, Nami- exclamó mientras se tapaba la cara con un brazo y con la mano libre agarraba mi cabeza. Vi cómo se mordía el labio inferior intentando controlarse

-Suéltalo-Le dije

Como si de una orden se tratara, Zoro se vino en mi boca. Pude notar su semen caliente recorriéndome la garganta. Me levanté y con un pañuelo me limpié la comisura de los labios

-Ha estado genial-se acercó a mí y me besó otra vez. Sonreí

-Parece que tu amiguito no ha tenido suficiente-Señalé su entrepierna- Habrá que hacer algo con eso

Se acercó a mí y me besó. Me tumbó en el suelo y yo abrí mis piernas dejándole paso

-Espera-Me dijo apartándose y buscando algo en el bolsillo del pantalón. Sacó un condón-No queremos tener sustos

Yo me sorprendí. No me había dado cuenta de eso, quizá no iba tan sobria como pensaba. Ver a Zoro colocándoselo no hizo más que excitarme otra vez

-Ven- Le reclamé cogiendo su cara y lo acerqué a mí para que me volviera a besar. Acerqué mi mano a su entrepierna y acerqué su pene a mi entrada. La notaba palpitando a la espera del próximo movimiento que Zoro se encargó de realizar

Empezamos con suaves embestidas, siguiendo cada uno el ritmo del otro. Yo me agarraba a su espalda arañándola con cada embestida mientras que Zoro me agarraba de la cintura y me besaba el cuello.

Cambiamos de posición, ahora era yo la que estaba encima y me apoyaba en su pecho. Zoro me miraba embelesado mientras marcaba el ritmo con sus manos en mi cadera clavándome las yemas de los dedos en mi carne. En ese momento llegué al segundo orgasmo de la noche mientras le arañaba a Zoro el pecho. Los dos gemíamos como podíamos. La tensión sexual que siempre había existido entre nosotros se estaba manifestando más que nunca

Zoro se irguió y quedamos ambos sentados, yo todavía encima de él.

-Nami creo que voy a...-Zoro apenas podía articular las palabras.

-Hazlo-Le dije. Yo tampoco me encontraba en mi mejor momento para hablar

Sentí cómo se corría, mientras me mordía el tatuaje del hombro para evitar gemir. Solo lo escuché gruñir cuando acabó por completo. Ambos nos tumbamos en el suelo, uno al lado del otro, intentando normalizar la respiración

-¿Te ha gustado?- me preguntó dándome un suave beso en los labios

-No mucho, la verdad. Voy a llamar a alguno de mis amantes para que mejore la noche- Le dije sacando la lengua. Zoro sonrió-Quizá deberíamos lavarnos, ¿No crees?

-Vete tú primero

Me levanté del suelo y me dirigí a las duchas, por suerte también había duchas al lado del gimnasio y no tenía que pasar por delante de las habitaciones con el riesgo de que despertara a alguien. Por el camino fui pensando en Zoro ¿Había sido solo un polvo o realmente lo quería? ¿Sentiría él lo mismo? ¿Cómo se lo tomarían nuestros nakamas? Esas y muchas otras preguntas me reconcomían por dentro mientras me duchaba. Seguramente lo hablara con Robin al día siguiente. A pesar de que al principio no me cayera bien, ambas habíamos forjado una amistad bastante buena y nos solíamos contar nuestros problemas mutuamente

Cuando salí de la ducha me acerqué a donde estaba Zoro y lo encontré dormido. Se había puesto los pantalones y seguía sin camiseta. Me acerqué y le tapé con una manta que guardábamos para cuando hacíamos guardia. Me tenía que ir, por mucho que quisiera quedarme, no quería que al día siguiente nos tuviéramos que enfrentar a preguntas incómodas. Antes de alejarme completamente, le di un beso a Zoro en la mejilla

En la puerta de la habitación que compartía con Robin, me descalcé. No quería despertarla. Por desgracia para mí, nada más entrar tropecé con algo y me caí sobre la cama despertándola.

-Nami, ¿Eres tú? -Dijo con voz somnolienta

-Sí. Perdón por despertarte, Robin

-No pasa nada. ¿Tú estás bien?

-Sí, no te preocupes-Le contesté haciendo un círculo con el índice y el pulgar

Me agaché a recoger con lo que me había tropezado. Era uno de los artilugios que usaba para cartografiar que se debía de haber caído de mi mesa

-¿Cómo es que has vuelto tan tarde? -me preguntó

Yo palidecí y agradecí al cielo que no tuviéramos la luz encendida y no se me viera. De todas formas, Robin siempre ha sido capaz de pillar las mentiras en seguida, además, era mi mejor amiga y en esos momentos necesitaba consejo.

Le conté lo que había pasado, sin entrar en detalles y le conté mis inquietudes, ella escuchó, serena como siempre.

-A eso no te puedo dar respuesta Nami-dijo al acabar mi relato- Eso solo lo puedes saber tú y con respecto a si él siente lo mismo sabes que solo lo puedes saber de una manera, preguntándoselo. Pero sí puedes estar segura de que yo te apoyaré en la decisión que tomes y estoy segura de que la tripulación también

Robin siempre me había dado buenos consejos, quizá era por el hecho de sacarme 10 años y que había vivido más experiencias que yo lo que le hacía tan inteligente. En mi caso, el estar de un lado a otro robando no me había dado mucho tiempo al amor.

Sopesé sus palabras, Robin tenía razón, solo yo podía saber lo que sentía. Le agradecí los consejos y me fui a dormir. Quizá al día siguiente tenía la cabeza más clara

Al día siguiente me levanté con un dolor de cabeza impresionante debido a la resaca, pero por fin había descubierto la respuesta a mis preguntas. Cuando me acerqué a la enfermería a por algo para el dolor de cabeza me lo encontré, justo bajando las escaleras del gimnasio

Me acerqué a él y lo besé delante de todos. Por el rabillo del ojo pude distinguir a Robin sonriendo y a Sanji cabreado, el resto de la tripulación nos observaban sorprendidos

-¿Me quieres? -le pregunté

-Por supuesto- me cogió la cara y me volvió a besar

NOTAS

Espero que os haya gustado, la verdad es que es la primera vez que escribo una escena sexual entre parejas hetero y estoy bastante satisfecho con el resultado.