Esta adaptación es mía, todos los lugares y situaciones que se describen, las creo Melissa Marr, los nombres son de Stephanie Meyer. Esta adaptación es sin fines de lucro, sin ningún fin específico, más que el de que esta historia llegue a más personas.
Capítulo 2: Rabietas
Seth observaba a Isabella discutir con los consejeros de la corte, mucho más vociferante con los elfos que como había sido con los humanos.
En la mesa delante de ellos, Isabella tenía los papeles de su nuevo plan, con esquemas y todo, esparcidos.
Cuando se sentaba en el loft de Edward, con las altas plantas y la multitud de elfos llenando el espacio, era fácil olvidar que no siempre había sido una de ellos. Las plantas se inclinaban hacia ella, floreciendo en su presencia.
Los pájaros aposentados en las columnas le daban la bienvenida cuando
entraba en la habitación. Los elfos se peleaban por su atención, buscando
pasar unos pocos momentos en su presencia. Después de siglos sin fuerza, la Corte del Verano estaba empezando a prosperar, a causa de Isabella. Al principio ella parecía incómoda con ser el centro de todo eso, pero se había acostumbrado tan bien a su posición que Jacob se preguntaba cuánto faltaría para que abandonase del todo el mundo mortal, incluyéndolo a él.
- Si lo dividimos en diferentes regiones de esta manera... -ella señaló su
diagrama otra vez, pero Cayo se excusó, dejando a Jasper explicar una
vez más por qué pensaban que su plan era innecesario.
Cayo, el consejero que había sustituido a Emmett recientemente, se tiró sobre el sofá, al lado de Jacob. Era tan distinto a Emmett en apariencia como en carácter. Mientras que Emmett había acentuado sus rasgos más comunes, Cayo parecía vanagloriarse de su correcta postura. Mantenía su pelo rubio, su piel morena, y su ropa denotaba una gran riqueza. Pero lo más importante era que, mientras Emmett había sido una voz que podía sacar a Edward de su melancolía o calmar el temperamento del Rey del Verano, Cayo parecía alentar el ánimo de Edward. Eso era lo que le hacía recelar del nuevo guardia.
Cayo frunció el ceño.
-Está siendo irracional. El rey no puede esperar que nosotros...
Jacob simplemente lo miró.
- ¿Qué?
- ¿Crees que Edward le va a decir a ella que no? ¿A algo? -Jacob casi se rió ante la idea.
Cayo pareció ofendido.
-Por supuesto.
-Te equivocas. -Jacob observó a su novia, la reina de la Corte del Verano, brillar como si pequeños soles estuviesen atrapados bajo su piel-. Tienes
mucho que aprender. A no ser que Bella cambie de idea, Edward intentará poner en marcha su plan.
-Pero la corte siempre ha funcionado así -repetía otra vez Jasper, el consejero más antiguo de la corte.
-La corte también ha sido siempre gobernada por un monarca, ¿no es así? Todavía lo es. No tienes que aceptarlo, pero estoy pidiendo tu apoyo. -Isabella sacudió su cabello sobre su hombro. Era todavía tan negro como el de Jacob, justo como cuando era humana, pero ahora que se había convertido en uno de ellos, su pelo tenía mechas doradas.
Jasper elevó la voz, un hábito que aparentemente no tenía antes de que Isabella se uniese a la corte.
-Mi Reina, sin duda...
-No me llames "mi Reina", Jasper. -Le golpeó suavemente el hombro. Pequeñas chispas salieron de su piel.
-No quiero ofenderte, pero la idea de gobernadores locales me parece una tontería. -Jasper sonrió de manera conciliatoria.
El temperamento de Isabella envió varios arco iris volando por la habitación.
-¿Una tontería? ¿Estructurar nuestra corte de manera que nuestros elfos estén a salvo y tengan acceso a ayuda cuando la necesiten es una tontería? Tenemos la responsabilidad de cuidar de nuestra corte. ¿Cómo vamos a hacer eso si no tenemos contacto con ella?
Pero Jasper no se amedrentó.
-Un cambio tan grande...
Jacob se desconectó. Escucharía más tarde a Isabella contárselo todo mientras intentaba encontrarle el sentido. No necesito escucharlo dos veces.
Cogió un mando y pasó la música. Alguien había añadido la canción de los Living Zombis que había pedido la otra semana. La seleccionó y subió el volumen.
Jasper tenía una expresión de "por favor ayúdame". Jacob la ignoró, pero Cayo no. Refunfuñando, pero con ganas de probar su opinión, el nuevo consejero volvió a la mesa.
Entonces Edward atravesó la puerta con varias Ninfas del Verano a su lado.
Parecían mucho más hermosas durante el día. Cuando el verano se acercaba, y mientras Isabella y Edward se volvían más fuertes, sus elfos parecían florecer.
Jasper empezó inmediatamente:
-Edward, mi Rey, puede que pudiera explicarle a su gracia que... -Pero sus palabras murieron después de un vistazo a la expresión de ira que tenía el Rey del Verano.
En respuesta a su humor volátil, la piel ya brillante de Isabella resplandeció con la suficiente luz como para que a Jacob le doliese mirarla. Sin ni siquiera darse cuenta de lo que estaba haciendo, extendió rayos de sol como manos insustanciales hacia Edward. Durante los últimos meses, ella había desarrollado una conexión increíblemente fuerte con el Rey del Verano.
Lo que es una mierda.
Todo lo que Edward tenía que hacer era mirarla y ella iba a su lado, papeles olvidados, discusión olvidado, todo menos Edward olvidado. Ella fue a él, y el resto del mundo se quedó en pausa ante el rostro disgustado de Edward.
Es su trabajo. Las cosas de la Corte vienen primero.
A Jacob le gustaría que no le irritase. Había trabajado muy duro para convertirse en la persona que era ahora, una persona cuyo temperamento estaba bajo control, cuya tendencia al sarcasmo no le llevaba a hacer comentarios crueles. Canalizaba todas estas tendencias discordantes a través de sus pinturas y esculturas. Entre su arte y su meditación, era capaz de mantener la paz esos días, pero Edward sometía a prueba ese progreso tan duro de conseguir. No era que Jacob no entendiese la importancia de fortalecer la Corte de Verano después de siglos de frío, pero a veces era difícil de creer que Edward no exageraba pequeñas preocupaciones para tener la atención de Isabella.
Se había pasado siglos asumiendo que lo que él pensaba, o quería, era lo
más importante del mundo. Ahora que tenía el poder para acompañar esa arrogancia, no parecía que se fuera a volver menos exigente.
Jasper hizo un gesto a las Ninfas del Verano y las condujo a la cocina. Sin Emmett, y con Edward intentando restablecer la autoridad de la corte, sin mencionar forjar nuevos acuerdos con las otras cortes, Jasper había asumido la responsabilidad de ayudar a las Ninfas del Verano a aprender algún grado de independencia. Jacob pensaba que era perversamente divertido que se considerase trabajo pasar horas comprobando que un grupo de chicas guapas estuviesen contentas, pero a nadie más la parecía gracioso. Lo que era importante para la Corte del Verano no era siempre lo que era sensato para un mortal, un hecho que a Jacob le recordaban regularmente.
Mientras Edward contaba la nueva crisis que le atormentaba, Jacob recogió sus cosas y se levantó. Esperó hasta que Isabella miró en su dirección y dijo
- ¿Bella? Voy fuera.
Ella fue a su lado, cerca, pero sin tocarlo. No era que no pudiese, pero estaba todavía indecisa. Sólo hacía unos pocos meses que eran pareja.
Aunque era difícil resistir la tentación de recordarles a todos que ella era suya, Jacob no la tocó. Se quedó ahí esperando, sin presionar. Era la única manera de actuar con ella. Lo había averiguado hacía más de un año.
Esperó, la tensión creció, y entonces se apoyó en él y le rodeó con sus brazos, suspirando.
-Lo siento. Sólo tengo que... -le dirigió una mirada preocupada a Edward -Cosas de la corte, ¿sabes?
- Sí. -Jacob se había pasado más horas de las que le gustaba pensar escuchándola tratar de darle sentido a sus nuevas responsabilidades, incapaz de ayudarla. Ella tenía una larga lista de cosas que requerían su atención, y él sólo se quedaba sentado esperando.
-Pero todavía está en pie lo de la Guarida del Cuervo mañana, ¿verdad? -Su tono era preocupado.
- Te veré allí. -Se sentía culpable por ser egoísta, por añadirse a sus preocupaciones. Acarició su pelo, estirándolo suavemente, hasta que ella inclinó la cabeza y le besó. Le quemó los labios, la lengua, cuando estaba nerviosa o enfadada, no de forma tan dolorosa que no lo pudiese soportar, pero lo suficiente para que no pudiese pretender que no era la misma chica que conocía. Cuando se separaron, la quemazón había desaparecido. Ella estaba calmada otra vez.
-No sé qué haría sin ti. Lo sabes, ¿verdad? -susurró.
Él no respondió, pero tampoco la dejó ir; sostenerla en sus brazos era la mejor respuesta que podía darle. Ella iría con él antes o después: él era mortal, pero esa era una conversación que ella se negaba a tener. Había intentado hablar con ella, pero ella detenía cada conversación con lágrimas o besos... o los dos. A no ser que encontrasen una manera de que él entrase en su mundo, acabaría yéndose, y Edward sería el que la abrazase.
De no querer más compromisos que una noche, a dejarlo todo de lado con la esperanza de convencer a Isabella de confiar en él, a pensar en que "para siempre" era desestabilizador. No pensaba que él fuese el tipo que se case y estabiliza, pero desde que ella estaba en sus brazos y en su vida, odiaba el pensamiento de estar en cualquier lugar que no fuese con ella.
El Rey del Verano fue hacia la mesa y empezó a examinar los diagramas,
notas y esquemas de Isabella. A pesar de lo extraña que era la situación para todos, solía procurar dejarles cierta intimidad a Isabella y Jacob. Pero era obvio que alejarse no era fácil para Edward.
O para Bella.
Cayo se aclaró la garganta cuando reentró en la habitación.
-Te acompañaré fuera si ya estás listo.
Jacob nunca estaba listo para alejarse de Isabella, pero no le encontraba sentido a quedarse ahí sentado viéndola murmurar con Edward. Ella tenía responsabilidades; los dos necesitaban tenerlas en mente, incluso si esas responsabilidades incluían largas noches y fiestas con Edward. Tenía un trabajo que hacer.
Y Jacob tenía... a Isabella. Eso era lo que tenía: Isabella, el mundo de Isabella, las necesidades de Isabella. Existía en el borde de su monde, sin un rol, sin poder, sin deseo de marcharse. No es que quisiera irse, pero no sabía qué hacer para adentrarse en su mundo.
Y ella no quiere hablar de ello.
- Te veo mañana. -Jacob besó a Isabella una vez más y siguió a Cayo hasta la puerta.
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Este es solo el inicio de la historia, se puede decir que es la introducción, pronto ellos se verán envueltos en más intrigas.
Esto es solo el ombligo de la trama.
Capítulo dedicado a Paula Magallanes, que siempre está pendiente de la historia, y que por Facebook, me hace las preguntas más sorprendentes de la trama, nena este capítulo va por ti.
