El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.

Capítulo 24

Enfrentando tus miedos

El almuerzo de navidad fue muy agradable. Harry le contó a su tía y tío todo lo que había hecho (excepto cierta actividad extracurricular) y Tonks les contó lo que pasaba en el mundo exterior, lo que no era mucho. Aunque había carteles de Bellatrix Lestrange y Peter Pettigrew por todos lados, las personas seguían ocupándose de sus asuntos: Al parecer, todo el mundo mágico pensaba que los convictos fugados estaban detrás de Harry, y por ende la zona cercana a él era la única en peligro. Además, las noticias de que el Ministerio de Magia había puesto a los Dementores en Hogwarts y Hogsmeade habían sido altamente publicitadas, por lo cual se creía que pronto serían capturados.

Al parecer, eso era erróneo; según Tonks, los Aurores no tenían más idea de dónde estaba el par de Mortífagos que cualquier civil. Aun cuando Pettigrew había estado en Hogwarts mediante medios mágicos de viaje, podían estar en cualquier lugar. Además, Dumbledore había pedido que las protecciones antiaparición hasta Hogsmeade, o al menos poner un sistema en el pueblo, pero Fudge se había negado diciendo que los dementores eran más que suficiente.

Sirius estaba frustrado y no sólo por el problema Bellatrix-Pettigrew. Había logrado que Remus y Tonks se sentaran juntos y notó las miradas de afecto que su prima bebé le lanzaba a su mejor amigo, pero el obstinado hombre lobo no lo había notado. Lunático nunca se daba cuenta cuando una mujer lo quería; estaba tan convencido de que lo odiarían por su pequeño problema peludo, que nunca notaba nada; usualmente era necesario que Sirius le diera un nada discreto pequeño empujón en la dirección correcta, pero ésta vez era más complicado; se trataba de su prima bebé, no podía ser tan obvio, debía tratar el asunto con delicadeza. Tenía que propiciar una relación duradera, pues cualquier amorío sería desastroso para relaciones interfamiliares, y al mismo tiempo debía inculcar el miedo en Remus de que si hería a su prima bebé, habrían serias consecuencias. ¡Él era casi su tío, después de todo!

Pero no había forma de negar que la pequeña Nymphadora era perfecta para Remus, justo como Lily había sido el opuesto de James y lo había ayudado a madurar, Tonks era perfecta para Remus. Era enérgica y extrovertida, en contraste con la calma y correcta forma de ser de él; la necesitaba para salir de su caparazón, y, lo mejor de todo, ella era una de las personas que ya sabían de su condición, así que era un problema menos.

Después del almuerzo, y después de que Tonks y Sirius volaron en la Saeta de Fuego, Harry y Remus (Sirius había dicho que estaba retrasado con las calificaciones y que debía empezar lo antes posible) acompañaron a los tres Tonks a la oficina del director, donde viajarían mediante red Flu a Grimmauld Place, para que no tuvieran que aparecerse. Cuando entraron a la oficina, encontraron al director y a un muy amargado profesor de pociones, con su mueca habitual en el rostro.

—¡Oh! ¡Alégrate, Severus! ¡Es navidad! —dijo Andrómeda pellizcando (para horror de él) la mejilla de Snape—. Siempre fuiste un chico gruñón.

Harry tuvo que retener la risa con mucha dificultad. Andrómeda había sido Premio Anual el año en que sus padres, Sirius, Remus y Severus llegaron a Hogwarts, y, por ende, al haber sido una Slytherin, había sido la encargada de los de primer año de su casa. Severus nunca lo había superado; desde entonces lo había tratado como aquél niño pequeño que había cuidado. Andrómeda y Tonks se habían casado justo al terminar Hogwarts y Tonks había nacido un año después. Era difícil recordar que ella era sólo siete años mayor que los demás, especialmente cuando solía tratarlos como niños.

—Adiós, profesores —dijo Tonks mordiendo sus labios—. ¡Y feliz navidad! —gritó mientras giraba dentro de la chimenea.

Mientras Ted entraba en la chimenea después de su hija y esposa, Severus miró a Harry:

—¡Quita esa sonrisa de tu cara, muchacho!


—Es… Es…

—Sí… —dijo Harry con calma mientras le daba a Oliver su nueva escoba en la sala común.

Oliver cayó de rodillas e hizo una reverencia a la Saeta de Fuego. Sus ojos brillaban por las lágrimas de alegría.

—La copa es nuestra… —susurró.

—¿Puedo probarla, Harry? —preguntó Ron sin quitar sus ojos de la escoba.

—Claro —dijo Harry—. El próximo entrenamiento iremos más temprano y puedes usarla.

Oliver miró a Ron con sospecha y pegó la escoba a su propio pecho.

—¿Y si la rompes?

—No la romperás, Ron, confío en ti —dijo con firmeza Harry, rodando los ojos—. Además, papá y Tonks ya la usaron y aún está en una pieza, ¿no es así, Oliver? Si quieres también puedes probarla.

Oliver abrió aún más los ojos y una amplia comenzó a aparecer en su cara, cuando repente dijo con voz seria:

—¿Resolviste el problema de los dementores, Harry?

—Sí, tengo mi primera clase antidementores el jueves.

—Bien —dijo Oliver con tono soñador de nuevo.


Harry esperaba a Remus en el salón de Historia de la Magia. Mientras encendía las luces, vio a su padre y tío llegar con un baúl grande que flotaba a su lado. Lo miró con curiosidad.

—¿Qué es eso?

—Otro Boggart —dijo Sirius sombríamente mientras acomodaba el baúl en medio del salón, mientras Remus sacudía su varita, causando que las sillas y las mesas se movieran hacia las paredes—. Que quede claro que estoy en contra de esto.

Remus, quien parecía que estaba de acuerdo con él, pero que había decidido ir en contra de su raciocinio, explicó:

—Esto es lo más cercano a un Dementor que conseguiremos; no será lo mismo, pero un Dementor sería peor. Normalmente sólo te haría entrenar el encantamiento patronus, pero como es muy probable que te encontrarás con uno en el futuro cercano, no quiero que esa sea la primera vez que uses el encantamiento.

Harry no entendía, ¿No era suficiente con lograr realizar el encantamiento?

Remus continuó con tono de dar clase:

—Verás, Harry, la clave para lograr un patronus fuerte es concentrarte en un recuerdo muy feliz: mientras más feliz sea, más poderoso será el patronus. Esa es la parte curiosa, ¿sabes? Es fácil recordar momentos felices en condiciones normales, pero cuando los dementores invocan tus peores recuerdos, es más difícil recordar lo bueno. Por eso es que quiero que practiques con el Boggart, para que te acostumbres a pensar en algo feliz cuando sientas a los dementores.

Harry asintió despacio.

—El patronus es un protector —continuó Sirius—. Toma la forma de un animal que representa algo positivo de tu vida, algo que te hace sentir a salvo. Tu patronus está formado por aquello que un Dementor consumirá: Recuerdos felices y sentimientos buenos. De esta forma tu patronus te protege.

—Para invocar tu patronus —dijo Remus—. Tienes que concentrarte con toda tu voluntad en el recuerdo más feliz que tengas y decir: Expecto Patronum.

Mientras pensaba en un recuerdo feliz, Harry se concentró en la primera vez que su papá le había dejado subirse en una escoba por sí solo y repitió el encantamiento en voz baja mientras movía su varita. Un gas plateado salió de su varita.

—¿Vieron eso? —preguntó emocionado.

—Sí —dijo Sirius con orgullo, poniéndose detrás de Harry—. ¿Estás listo?

Harry asintió y con eso Sirius asintió a Remus, quien agitó su varita desde detrás del baúl, el cual se abrió y un Dementor emergió de él. De inmediato, Harry comenzó a chillar «¡Expecto Patronum!», pero nada ocurrió. La oscuridad lo rodeó, el ambiente se tornó frío y Harry comenzó a escuchar los gritos de su madre:

—¡A Harry no! ¡A Harry no! Por favor… haré cualquier cosa…

—A un lado… hazte a un lado, muchacha…

¡Harry!

Los ojos de Harry se abrieron para encontrar a los preocupados de Remus. Estaba sentado en el suelo apoyado contra el pecho de Sirius, el cual pasaba una mano por el cabello de Harry con nerviosismo, intentado despertarlo y calmarse a sí mismo.

—Perdón… —murmuró acomodándose un poco mientras notaba el sudor frío resbalando detrás de sus lentes.

—No es tu culpa —dijo Remus ofreciéndole un trozo de chocolate. Harry lo comió mientras sus guardianes lo veían fijamente.

—Le dijo que se hiciera a un lado —susurró—. ¿Por qué hizo eso?

—¿Qué? —preguntó Sirius con voz ronca.

—Voldemort… dijo «A un lado, hazte a un lado, muchacha», pero ella no lo hizo. No tenía que morir, ¿por qué lo hizo? —les preguntó mirando a Sirius a los ojos.

Sirius puso una mano en su hombro y otra en su rostro:

—Porque te amaba, Harry. Ella nunca habría dejado que algo te ocurriera.

—Pero…

—Sin peros, Harry. Ellos te amaban y por eso dieron sus vidas para protegerte. Haríamos lo mismo —dijo Remus—. Esa fue su decisión y también es la nuestra, no tienes palabra en esto —Harry asintió bruscamente sin mirarlos mientras daba otra mordida a su chocolate.

—Y respecto al porqué Voldemort le perdonaría la vida —intervino Sirius—. Honestamente no tengo idea. Ella hija de muggles, era lo que odiaba. Realmente no entiendo. Tal vez no creyó que valiera la pena… pero… ¿Cuándo tuvo Voldemort problemas para matar?

Harry estaba realmente confundido. Desde siempre había sabido que sus padres habían muerto protegiéndolo, y según Dumbledore, el sacrificio de su madre había sido la mayor protección. ¿Pero su padre no había muerto intentando protegerlo? ¿Su sacrificio no contaba? Otros padres habían muerto intentando salvar a sus hijos; ¿Por qué su sacrificio no había contado? Esas era preguntas que siempre se había hecho, pero el hecho de que Voldemort había querido matarlo a él y no a su mamá era nuevo. ¿Por qué? ¿Qué era tan importante en un bebé como para que el más terrible mago quisiera matarlo? Siempre había asumido que él había sido el daño colateral cuando Voldemort había ido a buscar a sus padres.

—Si no quieres continuar entenderemos más… —comenzó Remus, pero fue interrumpido por Harry poniéndose de pie y apuntando su varita al baúl.

—Estoy listo para otro intento.

Sirius y Remus inhalaron hondo y se pusieron en las mismas posiciones de antes: Remus listo para abrir el baúl, Sirius preparado para atrapar a Harry, ninguno en la cercanía del Boggart. Harry pensó con ganas de nuevo, y decidió que usaría el recuerdo de la llegada de su carta de Hogwarts y como se convirtió así en un estudiante oficial sería suficiente. Remus abrió el baúl, el Dementor emergió de nuevo y Harry gritó con fuerza:

¡Expecto Patronum! ¡Expecto Patronum!

Mientras la oscuridad lo envolvía otra vez, escuchó otra voz que reconoció como la de James Potter:

¡Lily toma a Harry y vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre! Yo lo detendré…

—Harry, Harry… Despierta cachorro… —murmuró Sirius mientras acariciaba su mejilla.

Harry abrió los ojos y vio que su padre lo sostenía de nuevo mientras Remus estaba arrodillado frente a ellos. Harry abrazó a Sirius y apretó su cara en su pecho.

—Cachorro, ¿qué pasa? —preguntó Sirius con preocupación mientras pasaba una mano por la espalda de Harry, el cual permaneció en silencio, con la cara oculta donde Remus y Sirius no podían ver las lágrimas que caían por sus mejillas.

—¿Cachorro? —volvió a preguntar Sirius con suavidad, presionando su cabeza en el cabello de Harry.

—Intentó detenerlo mientras mamá y yo huíamos… —murmuró Harry contra la túnica de Sirius—. Papá intentó darnos tiempo para salvarnos…

Dos profundos suspiros le hicieron saber que lo habían escuchado. Pasó mucho tiempo antes de que alguno se moviera de nuevo y Harry insistió en que quería otro intento. Dijo que no estaba pensando en un recuerdo lo suficientemente feliz y que no podía permitirse perder otro partido. Remus se acercó al baúl murmurando sobre como sólo un Potter querría aprender un ridículamente avanzado encantamiento sólo para Quidditch. Harry pensó en otro de sus recuerdos más felices y decidió que la navidad de segundo año bastaría: la primera navidad con su padre y sus dos tíos. Una vez más, el Dementor emergió:

¡EXPECTO PATRONUM!

Los gritos comenzaron de nuevo, excepto que esta vez sonaban como si vinieran desde una radio con mala recepción. Harry aún podía ver el progreso del Dementor mientras una sombra plateada salía de su varita y se colocaba entre él y el Dementor. Las piernas de Harry se sentían como si fueran de gelatina, pero aún se mantenía de pie.

—¡Riddíkulo! —gritó Remus y en un instante el Dementor volvió al baúl.

—¡Bien hecho Harry! —dijo Sirius, ayudándolo a Harry (el cual estaba sudoroso y temblando) a sentarse en una silla. Remus se acercó y les dio chocolate con una gran sonrisa en su rostro.

—Aún no tiene forma… —musitó Harry.

—Fue mucho más de lo que esperábamos para tu primera vez, Harry —dijo Remus sentándose a su lado.

—¿Puedo…?

—No —dijo Sirius con fuerza—. Tuviste un intento más del que íbamos a permitir. Tienes que descansar, la próxima semana lo intentaremos de nuevo.

—¡La próxima semana! —chilló Harry—. ¿Por qué no mañana?

—Harry… —comenzó Remus con paciencia interrumpiendo a Sirius, el cual parecía a punto de perder la cabeza—. Esto consume mucha energía. Puedes sentirlo, aunque no quieras admitirlo. Si lo hacemos más de una vez a la semana, te enfermarás. No, es esto o nada. Recuerda que prometiste obedecerme —agregó con voz severa cuando vio que Harry iba a protestar.

—Bueno… —murmuró Harry, masticando su chocolate y lanzándole a los adultos miradas de rebeldía.


—¿Cómo les fue? ¿Está bien? ¿No lo cansaron demasiado?

—Por dios Severus —dijo Sirius—. ¿Quieres causarnos un paro?

Severus había estado esperando a Sirius y Remus en el Cuartel de los Merodeadores, y cuando escuchó que el retrato se abría se colocó detrás de él, para que fuera lo primero que vieran.

—¿Y bien? —preguntó con impaciencia.

—Está bien. No, no lo dejamos exhausto, aunque él quería eso —bufó Sirius mientras se dejaba caer en el sofá. Remus y Severus se sentaron en los sillones con más calma.

—¿La escuchó de nuevo? —preguntó Severus con voz queda.

—Sí… —respondió Remus presionando su sien—. Y también a James —frunció el ceño y agregó—: Harry escuchó a Voldemort.

—¿QUÉ?

—Bueno, él estaba ahí —dijo Sirius con impaciencia.

—Harry comentó que Voldemort le dijo a Lily que se apartara —continuó Remus con una expresión de confusión—. ¿Sabes por qué hizo eso?

Severus en definitiva lucía incómodo.

—¿Cómo quieres que sepa lo que pasaba por la mente de ese lunático?

—Lo conocías mejor que nosotros —Sirius se encogió de hombros.

—Tal vez no estaba interesado en Lily y Potter —dijo Severus en voz baja—. Tal vez sólo estaban en el camino.

—Voldemort mataba por diversión —dijo Sirius y rodó los ojos—. Que estuvieran en el camino sólo habría sido más diversión para él. Y eso es otra cosa; Dumbledore nos dijo que Voldemort quería matar a Harry. ¿Por qué? ¿Por qué perder tiempo y energía con un bebé? ¿Cómo es que un niño de un año era tal amenaza para él?

—¿Cómo se supone que sepa eso? ¡Pregúntale a Dumbledore! —gruño Severus con furia y se marchó, azotando el retrato al salir.

—¿Qué le sucede? —preguntó un sorprendido Sirius.

—Él amaba a Lily, imbécil —dijo Remus poniendo los ojos en blanco—. No es un tema agradable.

—Oh, vamos Lunático. Nunca hubo nada entre ellos que no fuera una amistad.

—No, por parte de Lily no. Pero cualquiera podía ver que Severus la amaba… —con la mirada de incredulidad de Sirius, agregó—: ¿Cuál es el patronus de Severus, Sirius?

—Una cierva… —dijo Sirius, comprendiendo de pronto—. Por eso sabía la forma animaga de Lily. Ella es su patronus.

—Es bueno saber que si te das cuenta de las cosas —dijo Remus con una sonrisa.

«¿Que si me doy cuenta de las cosas?» ¡Mira quién habla! ¡Señor no noto que cierta metamorfomaga está enamorada!»


Mientras las semanas pasaban, Harry tenía las lecciones antidementores, los entrenamientos de Quidditch, las clases de siempre, la investigación del ciervo que tenía que hacer sin que sus amigos supieran, algo que le encantaba a Sirius, pues significaba que así Harry tardaría más, y también pasaba tiempo con sus amigos.

Los adultos tampoco tenían una vida simple: además de las clases y tener que calificar trabajos, Sirius y Remus tenían las lecciones antidementores con Harry, lo que también los dejaba agotados, pues sentían el efecto del Dementor. Sirius además tenía el entrenamiento de animago con Severus, el cual se frustraba cada vez más. Hasta ahora, sólo había logrado transformar parte de su piel en pelaje, el cual apenas era escaso y delgado.

—Tienes que creer que de verdad puedes hacerlo Sev —suspiró Sirius—. Es como cualquier otro tipo de magia: si sabes que puedes, lo haces.

—Sí, lo sé. Ser el maldito lobo —gruñó Severus—. No es tan simple, ¿sabes?

Lo sé —dijo Sirius mientras se sentaba frente a él en el suelo—. Ya pasé por eso. Y como te dije, tienes que creer que puedes hacerlo. No me refiero a que digas «Oh, claro, puedo hacerlo» ¡y Pum, lo haces! No, es más complejo. Debes confiar en ti, tienes que creer y querer lograrlo.

—¿Acaso crees que no quiero…? —comenzó Severus, pero Remus, el cual había estado calificando trabajos en la sala todo el tiempo, dijo acercándose al dúo en el suelo:

—Sirius, ¿por qué no lo dejas así por hoy?

—Pero, Lunático…

—Por qué no tomas una ducha? Estás exhausto. Deja que Severus y yo charlemos.

—Sirius gruñó, pero obedeció. Se puso de pie y salió de la sala. Remus le indicó a Severus que se sentara en uno de los sillones y él se sentó en el otro, apoyando sus codos en sus rodillas.

—¿Tienes miedo de tu lobo? —preguntó directamente.

—No tengo miedo de nada —bufó Severus.

—Bien —dijo Remus con calma—. Pero sería perfectamente entendible considerando el primer encuentro que tuviste con una criatura similar a un lobo real. Yo estaría aterrorizado de tener que acercarme a otro. Me aterrorizaría aún más de tener que convertirme en uno.

—Sirius dijo que no le hablaste por dos meses —comentó Severus como si no estuviera interesado, pero no logró engañar al hombre lobo.

—Cierto, lo hice. Para ser honesto, durante un tiempo creí que nunca lograría volver a verlo, y menos aún, volver a ser su amigo.

—¿Entonces por qué lo hiciste? Me refiero a perdonarlo.

Remus suspiró lentamente y apoyó su espalda en respaldo del sillón. Con una expresión pensativa explicó:

—Una noche, después de su castigo, Sirius volvió al dormitorio. Yo estaba solo ahí, no recuerdo qué estaban haciendo James y Peter, pero sí recuerdo a Sirius: Estaba pálido y tembloroso. Lo miré por primera vez en meses y vi que el tiempo no había sido amable con él. Parecía que había perdido mucho peso en poco tiempo, y así era. Sirius, que se alegraba con el banquete de bienvenida y siempre tenía hueco para comer más, no se había alimentado bien en todo ese tiempo. Después descubrí que McGonagall lo había forzado a comer con la amenaza de alimentarlo ella misma en el Gran Comedor. Tenía ojeras y me dijo que no había dormido en varias noches, algo que yo ya sabía.

» En ese par de meses, Sirius sólo se había ido a la cama cuando sabía que nosotros ya estábamos dormidos, y se levantaba antes que nosotros para no forzarnos a interactuar. Ese día caminó hacia mí y me dio su varita. Dijo «Puedes usarla, lo merezco, pero por favor, sé amable». Lo miré confundido, no tenía idea de a qué se refería y claro que le pregunté qué demonios pasaba. Simplemente me miró a los ojos y me dijo: «Mátame».

Severus palideció; creía que Sirius había exagerado cuando le había contado que le había pedido a Remus que lo matara.

—¿Mi reacción exacta? Enfurecí. Le dije que tenía que dejar de ser un estúpido idiota y se desmoronó. Comenzó a llorar y a decir que casi me había matado y que yo tenía el derecho de matarlo. Me asusté demasiado; ¿por qué se había roto de esa forma? Sirius siempre era tan orgulloso, tan fuerte, nunca dejaba que nada lo molestara: Ni sus crueles familiares, ni los Gryffindor que decían que no pertenecía a nuestra casa y que volviera a Slytherin. Por cierto, esa es una parte de su animosidad hacia ti; Slytherin representa a su familia y ellos sólo lo hirieron. Creo que la primera vez que se conocieron dijiste que querías estar en Slytherin ¿no? —Severus asintió y Remus continuó—: Bueno, con la simplicidad y las tonterías que puede pensar un chico de once años, Sirius decidió que eras como su familia y, por ende, un enemigo. James estaba celoso de ti, por Lily. Pero Sirius proyectó hacia ti toda su ira y odio que sentía por los Black. No fue correcto ni justo, pero lo hizo. Pero me estoy desviando; vi al fuerte y orgulloso Sirius de una forma que nunca creí posible: roto; y verlo así rompió mi corazón. Internamente ya me había dado cuenta de que Sirius no lo había hecho a propósito, lo había hecho movido por el momento y el enojo, y creyó que no irías.

Severus asintió.

—Tal vez lo provoqué… Bien, me burlé de que siempre estabas enfermo —admitió Severus con un gruñido.

Ahora fue Remus quien asintió.

—Sirius es temperamental y muy protector con los que quiere. Pero, especialmente, raramente piensa antes de hacer algo. El mejor ejemplo es que fue detrás de Peter aquella mañana de noviembre. Pero el hecho es que yo tenía quince años y estaba dolido, y aunque me di cuenta de que no lo había hecho a propósito poco después del incidente, mantuve mi enojo y James y Peter también, siendo leales a mí, pero no me di cuenta de cuánto lo había herido hasta ese momento.

» Fue ahí cuando me di cuenta de qué tanto significaba él para mí, qué tanto me importaban los tres. Era mi hermano y nada me dolía más que verlo así. No olvido ni perdono lo que hizo; no puedo, puso en riesgo nuestras vidas. Pero lo perdoné a él. Nadie es perfecto, todos cometemos errores, y algunas veces para seguir con las personas que amamos, tenemos que pasar por alto esos errores y seguir con la vida.

Severus asintió lentamente. Remus lo miró con calma. Después de un rato, el último dijo:

—Con la poción matalobos que amablemente me preparas, soy perfectamente seguro. Puedes venir una noche y pasarla con nosotros. Sólo tienes que esperar a que me transforme y asegurarnos de que la poción haga efecto. Una vez que estemos seguros, Sirius puede abrirte la puerta. Tal vez así podrás enfrentar tus miedos.

—Te he visto transformado. La noche que Quirrell raptó a Harry.

—Esa noche estabas tan preocupado por Harry que estoy bastante seguro de que el hecho de que estabas en el mismo lugar que un hombre lobo no quedó completamente registrado en tu mente. Ésta vez estarás perfectamente consciente de dónde y con quién estás.

—Bueno… Mmm… Eso puede ser… Mmm… Útil… —dijo Severus—. Académicamente hablando, claro.

—Por supuesto… —respondió Remus rodando los ojos.