El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 25
Lo que me hace sentir a salvo
Harry se dejó caer abatido en una de las butacas en la sala común de Gryffindor. Ron y Neville alzaron la vista de su juego de ajedrez, mientras que, sin dejar de mirar su tarea, Hermione preguntó:
—¿Qué ocurre, Harry?
—¡Es inútil! —chilló—. ¡No puedo producir un patronus decente!
Hermione lo miró y se cruzó de brazos sobre su tarea.
—Harry, el encantamiento patronus es material de séptimo año. Muchos magos tienen problemas para realizarlo aun cuando están cualificados. Es totalmente entendible que alguien de trece años no lo domine después de un par de lecciones.
—¿Y si los dementores van al partido de nuevo, Hermione? ¡No podemos perder! —chilló Harry y Ron asintió. Para sorpresa de todos, fue Neville quien respondió:
—En primer año el profesor Flitwick me ayudó porque tenía problemas con el encantamiento de levitación y me dijo que debía creer que podía hacerlo. La mitad del trabajo en un hechizo es creer que puedes lograrlo; si piensas que no es así, tu magia no se enfoca. Tal vez ese es tu problema, todos te dicen que no puedes porque eres joven y estás bloqueando tu magia inconscientemente.
Harry se encogió de hombros, pero parecía pensativo.
—Papá le ha estado diciendo eso a mi tío en un proyecto que tienen. Tal vez tienes razón.
—Oh, ¿en qué están trabajando los profesores Black y Lupin? —preguntó Hermione con emoción.
Harry se pateó mentalmente, pero, después de todo, era hijo de un Merodeador:
—Oh, con una transformación que mi tío no puede lograr. Papá es genial para Transformaciones, pero no se le da muy bien a mi tío, así que no es nada —dijo y eso pareció satisfacer a Hermione, haciendo que Harry se sintiera muy orgulloso de sí mismo. Había logrado responder con la verdad, sin decir propiamente la verdad. ¿Y qué si ella había pensado que se refería a tío Lunático y no a tío Sev? No era su culpa. Sólo debía concentrarse el partido del día siguiente y esperar que los dementores no se acercaran.
—¡Ese es mi chico! —gritó Wood, mientras el equipo abrazaba a Harry.
—¡Bien hecho equipo! —dijo la voz emocionada de su padre—. ¡Muy bien hecho!
Harry se dio vuelta para ver a sus sonrientes padre y tío Lunático acercándose a los Gryffindor que celebraban en medio del campo de quidditch. Se separó del equipo y corrió hacia ellos; tenían miradas extrañas y sus ojos estaban algo brillosos.
—¿Lo vieron? ¡Lo hice! —dijo abrazando a su papá—. ¡Lo hice!
—Sí, lo vimos —respondió Sirius algo ronco.
—¡Ni siquiera sentí a los dementores!
—Sí… Sobre eso… —dijo Remus con embarazo—. No eran dementores reales.
—¿Qué? —preguntó Harry.
—Minerva y Severus están con ellos en este momento —explicó Sirius—. Severus no está nada feliz.
—¿Por qué? ¿Qué eran?
—Malfoy, Crabbe, Goyle y Montague se disfrazaron como dementores y tu patronus los embistió. Estaban enredados en unas túnicas, la última vez que los vimos —dijo Remus mordiéndose el labio.
Harry se imaginó al cuarteto con ojos soñadores.
—¡Harry! —gritó Fred—. ¡Vamos! ¡Es hora de la fiesta!
—¡Un segundo! —gritó por respuesta y se dirigió a Sirius y Remus—. ¿Cuál su forma? No pude ver.
—¿Por qué no vienes mañana y lo invocas de nuevo? —sugirió Remus—. Estarás sorprendido.
—Los Slytherin son astutos, ingeniosos, pero, sobre todo… ¡Sutiles! —dijo Severus en un suave y peligroso susurro a los cuatro alumnos que estaban en su oficina—. Así que díganme, ¡¿por qué no fueron sutiles?!
Malfoy, Crabbe, Goyle y Montague, parados en fila, con sus manos unidas en su espalda, miraron al suelo sin decir nada, sabiamente.
—¿Se dan cuenta que dado que toda la escuela los vio no tengo otra alternativa más que castigarlos?
Severus estuvo satisfecho de ver un ligero temblor recorrerlos. ¿Cómo se atrevían a desgraciar de tal forma a su casa?
Los cuatro tragaron saliva.
—¿Qué creen que dirán sus padres cuando sepan que fueron tan idiotas? —se paró frente a Malfoy. Cuando el chico levantó la cabeza, sus ojos estaban abiertos con terror en su cara más pálida que lo usual. Le agradó ver que el chico sabía que Lucius, maestro de la sutilidad y la astucia, no estaría nada contento.
—Los cuatro servirán su castigo con la profesora McGonagall. No los salvaré ni les daré los puntos que pierdan. Tendrán que ganárselos…
El cuarteto asintió vigorosamente.
—¡Ahora fuera de mi vista!
Salieron corriendo tan rápido como su dignidad les permitió. Severus azotó la puerta y se dejó caer en su silla, frotando su puente nasal. Slytherin sería la burla de toda la escuela. Quería que esos cuatro limpiaran calderos el resto de sus vidas por avergonzar de tal forma a su Casa. ¡Como si el resto del mundo no los viera mal ya! En momentos como ese, odiaba no poder castigarlos como realmente quería. Sabía que no todos los Slytherin eran tramposos, pero gracias a personas como esos cuatro, su mala reputación aumentaba cada año. Sólo podía esperar el día en que pudiera dejar su rol de espía; Slytherin no sabría ni que la había golpeado; se aseguraría que su Casa dejara de pagar las consecuencias de unos cuantos. Ansiaba poner a Malfoy en su lugar, tal vez, incluso podría salvar al chico de la influencia de Lucius.
Harry se despidió de sus amigos después del desayuno y siguió a Sirius y Remus hacia los cuarteles de los merodeadores. Sus tres amigos estaban somnolientos y tenía la duda de si habían captado lo que les había dicho. También estaba cansado, pues la fiesta se había extendido hasta la madrugada, pero quería ver su patronus. Para su sorpresa, Severus los estaba esperando en los cuarteles; Harry supuso que tenía entrenamiento.
—Ésta vez no usaremos el Boggart, Harry —sonrió Remus. Harry lo miro extraño; podía jurar que su tío tenía ganas de saltar. Eso solía ser más propio de su papá.
—Adelante —lo apuró Severus.
Harry cerró los ojos y recordó el momento de la victoria y cuando invocó el patronus perfecto el día anterior.
—¡Expecto Patronum!
Abrió los ojos con sorpresa al ver lo que había salido de su varita: En medio de la sala había un perro lobo plateado trotando. Frunció el ceño.
—¿Qué? —preguntó Sirius cabizbajo.
—¿No dijeron que el patronus era la representación animal de algo positivo en tu vida? ¿Algo que te hace sentir seguro? —preguntó Harry y Sirius asintió con una expresión dolida.
—No conozco a ningún perro lobo —dijo Harry confundido.
La mirada dolida de Sirius se transformó en una sonrisa y comenzó a reír:
—No, no conoces ninguno.
Remus se compadeció y sonriendo explicó:
—El perro lobo, Harry, es un híbrido de un perro y un lobo. Creo que tu alma no podía decidir entre nosotros y nos mezcló. ¿Ves? El perro y el lobo, animagos, y el hombre lobo.
—¡Ah! —Harry asintió y sonrió—. Eso tiene sentido. Ustedes tres siempre me han protegido y son mi patronus. Sí, eso me gusta. Ummm… —no pudo terminar pues su padre lo atrapó en un abrazo. Remus se unió rápidamente y para sorpresa y deleite de Harry, también Severus lo hizo.
Harry comenzó a reír cuando Severus notó lo que había hecho y se alejó con un salto del abrazo grupal como si se quemara. Con toda la dignidad que le quedaba, mientras palmeaba la cabeza de Harry, dijo:
—Muy bien hecho, Harry. Una sorprendente demostración mágica.
El tiempo pareció acelerar de nuevo y antes de que lo notara ya era la noche de la luna llena. Severus caminó hacía los cuarteles de los merodeadores con un propósito.
—No tengo miedo. No hay razones ni motivos para que tenga miedo. Tengo plena confianza en mis habilidades para preparar pociones… —repetía una y otra vez en su cabeza mientras se acercaba al retrato. Se detuvo frente a él y respiró hondo. Levanto su puño para para tocar y se quedó congelado. Bajó la mano y la volvió a elevar. Estaba a punto de darse la vuelta cuando el retrato se abrió para revelar a un sonriente Sirius.
—Adelante Sev, ya se transformó y está bien.
Severus hizo el amago, pero no se movió. Sirius lo miró con simpatía y dijo:
—¿Sabes qué? Dejaré abierto y puedes entrar cuando estés listo.
Sirius volvió al interior y Severus vio que se ponía a calificar ensayos. No podía ver a Lunático, Dio un paso cauteloso, luego otro y rápidamente cerró la puerta y cerró los ojos.
Después de unos momentos, los abrió y notó que Sirius lo ignoraba. Miro alrededor y vio al hombre lobo acurrucado en una alfombra frente a la chimenea. Lunático lo miró y Severus se quedó quieto. El hombre lobo pareció notarlo y dejó caer su cabeza sobre sus patas y continuó mirando el fuego.
Sirius se puso de pie y caminó hasta la chimenea. Se apoyó en sus rodillas y comenzó a acariciar las orejas de Lunático. El hombre lobo hizo un sonido de alegría.
—Le gusta —dijo Sirius mirando a Severus—. ¿Quieres intentarlo? Mira, es seguro.
Severus avanzó con cautela hacia ellos. Se apoyó en una rodilla, listo para girar de ser necesario, pero no movió sus manos.
—Aquí Sev, no te herirá.
Severus acercó una temblorosa mano y toco la cabeza de Lunático antes de retraer su mano rápidamente. Notó que además de no comentar nada sobre su atípico comportamiento, Sirius también sostenía al hombre lobo de forma que pudiera controlarlo de ser necesario. Racionalmente, Severus sabía que no habría necesidad de ello. Remus estaba al mando y sus instintos no harían nada, pero agradecía el gesto de Sirius. Acercó su mano de nuevo y la dejó más tiempo antes de quitarla de nuevo.
Lunático se estiró y Severus se puso alerta, pero no se movió. Sirius volvió a rascar detrás de las orejas y Lunático volvió a soltar un sonido de satisfacción.
—Qué bueno chico —lo arrulló Sirius—. Eres un gran cachorro, ¿no? Sí, sí lo eres.
Lunático lo miro como si dijera «¿A quién llamas cachorro?» y Severus no pudo evitar soltar una risotada.
La noche siguió en calma y lentamente Severus se sintió más confidente y comenzó a examinar al hombre lobo más de cerca.
¿Dónde estamos abuelo? —preguntó mientras él y Dumbledore caminaban por un pequeño pueblo.
—Visitaremos a un viejo colega mío— respondió Dumbledore sonriéndole. Guiñando un ojo, agregó—: Creo que te agradará.
Harry asintió y continuó caminando. Jaló el cuello de su atuendo verde botella semiformal. No tenía idea de porqué estaba ahí, y honestamente, preferiría estar usando ese tiempo en su investigación sobre su forma de animago y la transformación. Era el fin de semana de Hogsmeade, pero los planes de Harry de pasar el día en la biblioteca mientras los demás estaban en el pueblo, se habían arruinado cuando Dumbledore le preguntó a Sirius si podía llevar a Harry a dar un paseo. Sirius se habría negado, pero tenía que admitir, que por más psicótica que fuera, Bellatrix jamás se atrevería a atacar a Albus Dumbledore.
Llegaron a una bonita casa de dos pisos y con un movimiento de su varita Dumbledore abrió la puerta de la valla.
—Deja de jugar con tu atuendo, Harry —lo reprendió Dumbledore mientras avanzaban hacia la puerta. Harry hizo una mueca; además de su túnica semiformal, también usaba una capa de terciopelo negra, con los escudos familiares de los Black y los Potter. Era lo que solía usar en actos formales y no había nada que Harry odiara más; preferiría pasar una tarde charlando con Draco Malfoy que ir a un acto formal.
La puerta se abrió para revelar a un enorme y gordo hombre que con voz melosa dijo:
—¡Albus! ¡Qué sorpresa!
—¿De verdad, Horace? Me sorprende pues fuiste tú quien especificó la hora después de que amablemente accediste a responder una de mis muchas cartas —dijo Dumbledore con calma mientras hacía entrar a Harry a la casa.
—Oh, bueno… —balbució Horace—. Adelante.
Mirando alrededor, Harry notó que Horace era un hombre que le gustaban los lujos. El salón al que habían entrado tenía una bonita chimenea y estaba adornada con cómodas y mullidas butacas.
—Harry —dijo Dumbledore poniendo una mano en el hombro del chico—. Él es Horace Slughorn…
—Exprofesor de pociones y jefe de Slytherin en Hogwarts —terminó Harry. Lo sabía pues su tío Sev había tomado el puesto después del retiro de Slughorn y porque muchas de las aventuras de los merodeadores habían ocurrido en sus clases, así que Harry conocía los nombres de todos los profesores que habían tenido.
—Veo que el muchacho me conoce. Después de todo es el hijo de Lily —dijo Slughorn con emoción—. Tienes sus ojos.
—Eso me han dicho —todos se lo decían, especialmente Severus, quien solía decir que era lo que más le gustaba de las facciones de Harry. Le gustaba ver a su mejor amiga en sus ojos. Usualmente cuando algún extraño se lo decía, se molestaba mucho, como si no él no fuera una persona. Era el hijo de James y Lily o el niño que vivió. Pero cuando su papá o sus tíos le decían algo similar, no le molestaba. Si podía recordarles un poco de sus amigos, ¿quién era para negárselos? Pero por la forma en que los ojos de su abuelo brillaron con el comentario, y como hizo esa sonrisa que disfrazaba como una de alegría, Harry supo que eso era exactamente lo que Dumbledore quería explorar, así que lo dejó pasar.
—Ella era una de mis favoritas. No es que tuviera favoritos, claro —agregó Slughorn mirando a Dumbledore—. Pero era brillante. Pudo haber sido fabricante de pociones si lo hubiera querido. Ella y Severus Snape eran los mejores estudiantes de su año, en muchos años me atrevería a decir. Siempre trabajaban juntos, hasta para los TIMOS. Algo pasó después de eso porque nunca volvieron a trabajar juntos. Al menos eso fue bueno porque los demás tuvieron oportunidad de tener brillantes compañeros.
Harry frunció el ceño. Sabía que Severus y Lily se habían distanciado, pero siempre había asumido que había sido porque ella había empezado a salir con su papá; pero según Sirius y Remus, eso había ocurrido hasta su séptimo año. Slughorn los invitó a sentarse y preguntó:
—Entonces, Albus, ¿qué te trae por aquí?
—Lo sabes —dijo Dumbledore con calma—. Necesito ese recuerdo.
—Te lo di el año pasado.
—Sí, pero ésta vez necesito la versión que no esté alterada —respondió con la misma calma.
—No estaba alterado —Harry vio que Slughorn se agitaba.
Dumbledore sólo le lanzó una mirada que claramente decía «No me engañas», y Harry vio cómo Slughorn se ponía más nervioso. Comenzó a tener una idea de qué se trataba todo eso.
—No tengo nada más para darte, Albus.
Dumbledore suspiró.
—Entonces lamento haber perdido mi tiempo. Debería llevar a Harry a su cita, entonces —Harry estaba seguro de que no tenía ninguna cita—. ¿Te importa si uso tu baño? Me temo que tenemos un largo camino por delante.
—Para nada. Primera puerta a la izquierda.
Harry miró a su abuelo marcharse, pero no tenía idea de cómo podía convencer al hombre para que le diera a Dumbledore lo que quería. Miró a Slughorn y luego alrededor: había muchas fotografías y cartas sobre un mantel. Tío Sev le había dicho que Slughorn le gustaba coleccionar alumnos favoritos, para moldearlos desde detrás de bambalinas. Lily había sido de su agrado; había mostrado un gran potencial para pociones y Slughorn quería guiarla. Pero también le había dicho que lo que más le gustaba a Slughorn era que lo adularan.
—Escuché que usted fue el que ayudó a Damocles Belby a crear la poción matalobos —dijo de repente. Severus había mencionado que Belby había estado en lo que Slughorn llamaba el Club de las Eminencias.
—Oh, no —dijo Slughorn con falsa modestia—. Belby es brillante, yo sólo fui su guía en la escuela.
—Sí, pero mi tío dice que todo lo que aprendemos en Hogwarts es la base de todo lo que logremos después, así que básicamente usted lo instruyó.
—Oh, ¿enserio dijo eso? —Slughorn se sonrojó—. ¿Tu tío, dices? No sabía que James o Lily tuvieran hermanos.
—Remus Lupin; no está relacionado por sangre, pero como si lo estuviera.
—Oh, sí, Lupin. Un chico brillante también, pero para Defensa y Encantamientos. El pobre chico no pertenecía a un laboratorio de pociones. Fue responsable de fundir varios de mis mejores calderos; Claro que sabe de la poción matalobos, ¿no?
Harry asintió, pero dejó que Slughorn siguiera hablando, sintiendo que el hombre lo disfrutaba.
—Siempre estaba con tu padre, Otro de los mejores amigos de tu padre era Sirius Black. Pudo haber sido brillante para pociones si no hubiera pasado la mitad de su tiempo en la escuela bromeando. Gryffindor, como tus padres, una lástima; Tuve a su hermano, pero me hubiera gustado tener el juego completo.
A Harry no le gustó lo que dijo, pero lo dejó continuar.
—Es mi papá, bueno, mi papá adoptivo. Ambos me criaron.
—Oh, no sabía eso —dijo mirando los emblemas en la capa de Harry con anhelación—. Apuesto que te hicieron un pequeño Gryffindor —con la sonrisa tímida de Harry, agregó—: Ya veo. No es que lo necesitaras, nunca conocí a una Gryffindor más grande que tu madre. Le decía lo que pensaba a alguien, sin importar quién fuera. Pequeña descarada valiente —sonrió un poco y luego su sonrisa se desvaneció—. No creo que la recuerdes mucho.
—No —dijo Harry—. He visto algunos recuerdos y fotos, pero es todo. Era muy bonita.
—Hermosa, la mitad de los chicos de Hogwarts estaban detrás de ella —Slughorn sonrió con tristeza.
—Aunque sí recuerdo cómo murió —Harry no sabía por qué le contaba eso a un extraño, pero algo le decía que debía seguir—: Por los dementores que están en Hogwarts; la he escuchado. Voldemort… —Slughorn casi brincó de su butaca al oír el nombre—. No quería matarla, pero no se apartó cuando se lo dijo. Murió para salvarme.
Los ojos de Slughorn estaban llorosos. Harry continuó:
—El profesor Dumbledore no cree que Voldemort —Slughorn volvió a retorcerse—. Se halla ido en verdad. Y lo que sea que le está pidiendo podría ayudarlo a asegurarse de que el sacrificio de mi madre no fuera en vano. Podría ayudarlo a que ninguna otra buena promesa para pociones pierda la oportunidad de brillar.
En ese momento Dumbledore regresó, como si hubiera estado esperando eso para hacer su entrada. Harry vio a Slughorn toser un poco para ocultar ojos brillosos.
—¿Estás enfermo Horace? Deberías ir a revisarte —dijo Dumbledore con preocupación.
—No, algo se me atoró en la garganta. ¿Ya se van?
—Sí, debemos irnos. Como mencioné, Harry tiene una cita. ¿Nos vamos, Harry?
Harry se puso de pie y extendió su mano a Slughorn:
—Fue un placer conocerlo, profesor.
—El placer fue mío, muchacho. Vuelve cuando quieras —dijo apretando la mano de Harry.
—Lo haré señor —respondió Harry y siguió a Dumbledore. Cuando casi llegaban a la valla, Slughorn gritó desde la puerta:
—¡Albus, espera! —invocó un frasco, y tocando su sien con la punta de su varita, extrajo un hilo plateado que Harry reconoció como un recuerdo, y lo metió en el frasco. Se lo ofreció a Dumbledore, y en un murmullo dijo:
—Sólo estaba tratando de informar a un alumno, nunca pensé que él… No sabía… —dijo con voz perturbada.
—nunca creí que lo supieras, Horace —dijo Dumbledore con calma—. Todos cometemos errores. Gracias —con una sonrisa él y Harry siguieron avanzando. Cuando estuvieron fuera del alcance auditivo de Slughorn, comentó:
—Realmente eres el hijo de tu padre, Harry.
—¿Por qué? ¿Qué hizo mi primer papá?
—¿Quién dijo que estaba hablando de James? —dijo y Harry sonrió.
Nota del autor: Ahora saben por qué elegí esas formas de animago para Harry y Severus. Pensé que Cornamenta fuera el patronus de Harry no aplicaba para esta historia, y al mismo tiempo pensé que no podría elegir entre sus «padres», así que quise que fuera la representación de los tres. Aún quise que Harry tuviera algo que lo conectara a James, así que decidí que fuera su forma de animago.
La información del perro lobo vino de Wikipedia.
Cambié a Flint por Montague en la escena, porque en la historia Harry es amigo de Flint.
Nota del traductor: Espero les guste éste capítulo, ¡hasta la próxima semana!
