El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.

Capítulo 26

En el que Severus gruñe

—¿Qué opinas de Slughorn? —preguntó Sirius.

Él y Harry estaban acostados en el sofá en los cuarteles de los merodeadores. Ellos, Severus, Remus y Dumbledore habían visto el recuerdo que Slughorn les había dado. No habían descubierto nada nuevo; Dumbledore ya había deducido mucho, pero eso confirmaba su teoría: Voldemort había elegido hacer siete Horrocruxes, pues ese era el número mágico más poderoso y probablemente el anillo de Sorvolo era uno, pues lo estaba usando en el recuerdo.

Harry se encogió de hombros.

—No soy su mayor fanático, pero no lo conozco mucho como para que no me agrade. No me gustó cómo habló de ti y del tío Regulus, como si fueran objetos. Dijo que le «hubiera gustado tener el juego completo».

Sirius soltó una risa.

—Eso suena como el viejo Sluggy. No es tan malo, pero le gusta rodearse de personas importantes, y los Black eran muy importantes. Supongo que por eso Albus quiso que fueras en tu atuendo formal; quería que Slughorn se interesara en ti. Imagina, con ser el niño que vivió sería suficiente, pero agrega que eres un Black y un Potter y su opinión sobre ti se elevó por los cielos.

Harry gruñó. Odiaba que las personas fuera superficiales.

—Tenía su pequeño grupo de favoritos: Reggie, Cissy, Andy y Bellatrix estaban ahí, por supuesto, pues eran de la familia Black. De nuestro año estaban Severus y Lily. No por sus orígenes, pues Lily era hija de muggles y Severus un Prince en desgracia, pero eran jóvenes promesas. Eso es algo que sabe identificar: jóvenes promesas. Intentó tenernos a James y a mí, pero no quisimos, en especial porque no mostró ni un poco de interés en Lunático, a pesar de que era el mejor alumno de nuestro año en varias clases. Sabía que era brillante, pero también sabía que, como hombre lobo, Lunático nunca tendría oportunidad de tener un puesto grande, así que lo hizo a un lado. Eso no le gustó ni a Cornamenta ni a mí.

Harry hizo una mueca; con cada palabra le agradaba menos Slughorn.

—Sé que es superficial, Harry, pero no tiene prejuicios ni es malo. No creo que le importara que Lunático es un hombre lobo, pero sabe que a la sociedad mágica sí y por ello actúo por sus intereses. Después de todo, es un Slytherin, y asociarse con Lunático no era bueno para sus intereses. Aun cuando parece superficial, en el fondo Sluggy es bueno: Hizo varias pociones de curación especiales para las mañanas después de la luna llena, aun cuando Dumbledore no se lo pidió. Fue más allá de su responsabilidad de hacer las pociones estándar para la enfermería. Aunque no recibía nada a cambio, le importó.

Harry se encogió de hombros. Bueno, tal vez el sujeto no era tan malo. Miró su reloj y gruñó:

—Tengo que ir a la biblioteca. Si tengo suerte, todavía puedo investigar media hora.

—O puedes relajarte, disfrutar el día… —sugirió Sirius.

—No, gracias papá. Me voy —dijo palmeando las rodillas de Sirius y echándose a correr. Mientras corría, Harry negó con la cabeza al pensar en el puchero de Sirius: su papá haría cualquier cosa para retrasar su transformación tanto como pudiera.


—¿Qué es esto, Hermione? —preguntó Ron desde su lugar en la mesa durante el desayuno. Neville le lanzó una mirada que claramente decía «como si no supieras». Pero, realmente, Ron prefería ser positivo y esperar que algún año Hermione se olvidara de aquello.

—Tu horario de estudio para los exámenes, Ronald —respondió Hermione en su tono de sin sentido mientras les pasaba a Harry y Neville sus respectivos horarios.

—En el tuyo, Harry, puse espacio para lo que sea que estés estudiando con los profesores Black y Lupin.

—¿Qué? —chilló Harry.

—Oh, vamos Harry. En todo el año no te has quejado por no poder ir a Hogsmeade, es obvio que estás ocupado en algo —dijo Neville rodando los ojos.

—No nos importa Harry. Todos tienen cosas que hacen con su familia y no se las cuentan a sus amigos. Es normal, además, conociendo al profesor Lupin probablemente se trata de un montón de libros… —agregó Ron con un escalofrío.

Harry sonrió al ver la mirada ofendida de Hermione:

—¡No hay nada malo con leer libros, Ron!

—Es una tradición familiar —dijo Harry con todo de disculpa—. Pero no le puedo contar a nadie, perdón. Cuando me dejen hacerlo, serán los primeros en saber.


Mientras las semanas pasaban, y el fin del curso se acercaba, Severus progresó con su forma de animago. Había logrado convertir toda su piel en pelaje.

—¡Bien hecho! —lo felicitó Sirius.

—Aún me falta mucho —gruñó Severus, pero Sirius insistió.

—Ya lo lograrás.


—Muy bien, equipo, ¡quiero que salgan mañana y ganen! —dijo Sirius al equipo de quidditch durante el último entrenamiento antes de la final—. Tengo una gran apuesta con el profesor Snape, ¡y no puedo esperar a sacar la copa de sus sucias manos! —finalizó con una mirada perdida.

—Ejem, ejem —Harry se aclaró la garganta—. No se supone que apueste con otros profesores, señor, y tampoco debería decirnos.

Sirius lo miró con sorpresa y luego al resto del sudoroso equipo.

—¡Todos los profesores apostamos! ¡Lo saben!

—Lo sabemos, profesor —dijo Angelina con todo de negocios—. Pero no se supone que nos lo diga. Debe fingir que no lo hace.

—¡Pero entonces no sabrán lo que está en juego! ¡He perdido apuestas con ese hombre durante años! ¡Necesito ganar! —chilló Sirius y Oliver palmeó su espalda con simpatía.

—¡Lo entiendo profesor!


Otra falta ocurrió y Severus se encogió en su asiento. Genial, de esa forma sólo animarían más los rumores que habían comenzado después del desastre de los dementores falsos. Sirius saltaba a su lado; estaba tan convencido de que ganaría la apuesta, ¡Oh! Pero no lo haría. Severus le había dejado claro a su equipo que quería una victoria, especialmente después de lo que había hecho Malfoy. Necesitaban recuperar el renombre de su casa.

¿Y qué estaba haciendo Malfoy? Seguía a Harry en lugar de buscar la Snitch. Severus sabía que Harry no tenía la intención de atrapar la Snitch antes de que su equipo tuviera la ventaja necesaria en puntos para ganar la copa. Quería detener el juego y asegurarse de que Malfoy fuera tras la Snitch, pero NOOO… Los jefes de casa no podían hacer eso. Sólo el capitán podía, estúpida regla. Severus fue torturado mientras Malfoy no hacía nada, y aún peor, Harry lo estaba distrayendo para alejarlo de la Snitch. ¡Atrapa la maldita Snitch, chico idiota! ¡Ahora mientras aún podemos ganar la copa!

—¡TÚ MALDITO TRAMPOSO! —gritó Lee Jordan y Severus sólo pudo estar de acuerdo. Tendría una charla con Flint. Usualmente el chico era rudo, pero nunca hacía una trampa tan evidente. Sospechaba que Malfoy tenía algo que ver con eso. Por desgracia Malfoy solía obtener lo que quería porque nadie en Slytherin era tan idiota para ir en contra del hijo de Lucius Malfoy. Flint no era diferente a los demás, y cómo Severus sabía bien, muchas veces para sobrevivir debías ir en contra de tus principios. Miró el marcador y gruñó. Sólo podía esperar que Malfoy lograra vencer a Harry y darles tiempo a sus compañeros para anotar.

Oh no, oh no, por favor, no…

—¡SÍ! —gritó Sirius y Severus tuvo que cubrir su oreja.

—¡No tienes porqué dejarme sordo, Black!

—Creo que me debes algo de dinero, Severus —dijo Sirius con alegría extendiendo su mano.

—Y a mí —agregó Minerva mientras lloraba y abrazaba a Remus, algo poco frecuente en ella.

Severus gruñó de nuevo. Gruñó e hizo una mueca mientras les daba el dinero, gruñó cuando le dio la copa a Albus, gruñó cuando Albus la arrancó de sus manos. Gruñó cuando Albus le dio la copa de quidditch a Minerva frente a toda la escuela. Gruñó mientras la copa pasaba por cada miembro del equipo de Gryffindor. Gruñó cuando Sirius se burló de que Harry se había sonrojado porque una chica de Ravenclaw lo había felicitado, y gruñó aún más cuando vio a Sirius abrazar la copa contra su pecho y negar con la cabeza cuando Minerva intentó quitársela para llevarla a su oficina.

—Debe estar en la oficina del jefe de casa, Sirius —dijo ella.

—¡Pero soy subjefe! —chilló.

—Sí, y yo soy la jefa. Ahora dámela.


—Ron, ¡Trelawney es un enorme fraude! —dijo Harry.

—Lo sé Harry, pero fue raro. Se puso rígida, sus ojos se desenfocaron y habló con voz diferente. ¿Y si era una profecía verdadera?

—¿Qué es lo que dijo? —preguntó Hermione a la izquierda de Ron. El trío y Neville caminaban hacia la torre de Gryffindor después de su último examen.

—PASARÁ ÉSTA NOCHE. EL SEÑOR OSCURO ESTÁ SOLO Y SIN AMIGOS, ABANDONADO POR SUS SEGUIDORES. SUS SIRVIENTES HAN ESTADO ENCADENADOS DOCE AÑOS. HOY, ANTES DE LA MEDIA NOCHE… LOS SIRVIENTES SERÁN LIBRES Y SE REUNIRÁN CON SU AMO. EL SEÑOR OSCURO RESURGIRÁ DE NUEVO CON LA AYUDA DE SUS SIRVIENTES… HOY… ANTES DE LA MEDIA NOCHE… LOS SIRVIENTES… SE REUNIRÁN… CON SU AMO…

—¿Creen que tiene algo que ver con Lestrange y Pettigrew? —preguntó Neville frunciendo el ceño—. Estuvieron encerrados doce años.

—Pero escaparon hace casi un año —dijo Harry—. Y dijo que buscarán a su amo esta noche.

—¿Tal vez significa que dejarán de intentar atraparte? —dijo Hermione.

—La única vez que lo intentaron fue en Halloween, apuesto que ya se rindieron —comentó Harry, pero los otros parecían escépticos—. Bueno, le diré a Dumbledore, ¿felices?

Eso pareció tranquilizarlos. De repente, Harry miró a su alrededor.

—¿No vamos a la torre? Éste no es el camino.

—No, iremos con la profesora McGonagall antes —dijo Hermione con sencillez—. Tengo que hablar con ella.

Los chicos soltaron risitas al recordar la forma que había tomado el Boggart de Hermione durante el examen final de Defensa. Le había tomado veinte minutos a su tío tranquilizar a Hermione y convencerla de que no había reprobado todas las materias.

Harry decidió que había sido bueno ir a ver a McGonagall, pues le había contado sobre Trelawney y ella había prometido contarle a Dumbledore. Había apretado los labios mientras se lo contaba, y Harry sabía lo que ella opinaba de Trelawney, pero tenía planes para la tarde y no tenía ganas de ir a buscar a su abuelo, a dónde fuera que estuviera. Además, tampoco creía mucho en lo que Trelawney había dicho.


Harry escuchó un fuerte chasquido y alzó la mirada.

—Hola Kreacher, ¿qué pasa? —preguntó desde su cama.

Kreacher sostenía una copa en una de sus manos y con la otra jalaba su pequeña funda de almohada.

—Kreacher ha traído jugo al amo.

—Gracias —dijo Harry tomando la copa y poniéndola en la mesita de noche—. No tenías que molestarte —agregó mirando a Kreacher. El elfo estaba nervioso, retorcía sus manos y no lo veía directamente.

—Amo, tenga cuidado. A Kreacher le agrada el amo Harry. Kreacher no quiere que nada le pase al amo Harry.

Harry salió de la cama y se arrodilló. Puso una mano en el hombro de Kreacher:

—Tranquilo. Nada pasará. Nada ha pasado desde Halloween y eso sólo fue un susto. Estoy bien.

Parecía que Kreacher quería decir algo, pero comenzó a golpear su cabeza.

—Hey, para, Kreacher. ¿Qué te dijimos sobre castigarte? ¿Sabes qué? Creo que estás estresado. ¿Por qué no descansas hoy y te tomas el día libre mañana?

Kreacher se lanzó para abrazarlo y comenzó a lloriquear:

—¡Oh, el amo Harry es muy bueno y Kreacher es un elfo malo!

—No, hey, eres un elfo bueno —dijo Harry palmeando la espalda del pequeño elfo y lanzó una mirada confundida a Ron y Dean, quienes miraban el intercambio. Los dos chicos no sabían qué hacer.

—Kreacher, ve a descansar —dijo Harry con voz queda—. Mucho.

Con un último sollozo, el elfo desapareció.

—Ese es un elfo loco —dijo Ron.

—No sé por qué está más raro de lo normal —Harry parecía preocupado—. Hablaré con papá más tarde —dijo, bebiendo su jugo.


Horas después, a Harry le costaba mantener los ojos abiertos mientras leía. Quería terminar esa parte; ya le había entregado a su papá el ensayo, pero quería asegurarse de que no hubiera razón para que Sirius le dijera que tenía que estudiar más.

—Iremos al Gran Comedor a cenar, ¿vienes? —preguntó Ron.

Harry negó con la cabeza mientras bostezaba.

—No, quiero terminar de leer —dijo apuntando su libro hechizado para parecer otro.

—Oh, ¡Pociones! —chilló Dean—. ¡Harry, los exámenes se acabaron!

Harry sólo se encogió de hombros y Dean, Seamus, Ron y Neville se fueron. Continuó leyendo, pero cada vez parpadeaba más y más y los minutos pasaron. Las palabras se hacían más borrosas, y la almohada se hacía más suave; en poco tiempo Harry se quedó dormido.

Un ligero chasquido se escuchó y con una sonrisa, una voz chillona dijo:

—Bien, ¿dónde tienes la capa de tu padre, Harry?