CAPÍTULO 6: HONESTIDAD TERGIVERSADA

La siguiente historia es ficticia, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, sacado de la mente de Melissa Marr. Los personajes, aunque quisiéramos que fueran nuestros fueron creados por Stephanie Meyer y solo ella puede hacer lo que quiera con ellos. La adaptación solo es mía sin ningún fin de lucro, mi pago solo son sus reviews y que más gente lee esta historia. Apoyen a las autoras comprando sus libros si llegan a sus países.

Agradecimiento especial al foro de Purple Rose y a todas sus traductoras y diseñadoras por haber hecho esta traducción, sin ella yo no lo hubiera conocido y no los hubiera traído a ustedes.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Isabella alimentaba a los pájaros cuando Edward entró azotando las puertas y frunciendo el ceño. Uno de ellos se prendió a la espalda de su camisa y metió su pico a través de su pelo para poder mirar al Rey del Verano. Los pájaros eran una fuente de consuelo para Edward. A veces, en su melancolía o humores irritables, sentarse y mirarlos eran la única acción segura para calmar su mal humor. Los pájaros parecían saber cuán valiosos eran, y actuaban acorde a ello. Hoy, sin embargo, él no se detuvo a admirarlos.

-Isabella -dijo en manera de saludo antes de pasar por delante de ella e ingresar a su estudio.

Ella esperó. El pequeño pájaro salió volando. Ninguna de las otras aves vino hacia ella. En lugar de eso, todos parecían estar mirándola expectantemente. Las crestas de algunas aves estaban levantadas. Los otros pájaros sólo la observaban fijamente, o en la dirección en la que Edward se había ido. Unos pocos graznaron o gorjearon.

-De acuerdo. Iré a verlo.

Ella lo siguió al estudio. El cuarto era uno de los dos que eran de dominio exclusivo de Edward. El otro, su dormitorio, era uno al que ella jamás entró, pero el estudio era donde generalmente estaban juntos. Ella sentía extrañó el estar ahí adentro sin él. Las Chicas del Verano se acurrucaban a veces en el sofá con un libro, pero ellas no tenían interés en mantener una cierta distancia con Edward. Isabella sí. A medida que se acercaba más y más el verano, ella sentía una fuerza cada vez más poderosa que lo atraía hacia él... lo cual no era de su agrado.

Isabella se paró en el umbral de la puerta, tratando de no sentirse mal por su tranquilidad acerca de estar en su espacio. Él insistía en decirle que el loft era suyo tanto como de él... que todo era suyo ahora. Su nombre figuraba en cuentas de tiendas, tarjetas de crédito, tarjetas bancarias. Ella los ignoraba, así que él comenzó a utilizar gestos más sutiles, cosas que él pensaba la harían sentirse como en casa. Pequeños hilos para atarme. No era obvio en un primer vistazo cómo él había cambiado el estudio otra vez, pero si ella echaba una mirada alrededor el cuarto sombrío, veía que pequeñas cosas eran diferentes.

Ella no vivía allí, pero pasaba en él suficiente tiempo como para convertir al loft en su segundo... tercer, hogar en estos días. Sus noches estaban divididas entre su casa, la de Jacob, y el loft. Ella mantenía ropa y artículos de tocador en los tres lugares. Su casa verdadera, el apartamento que compartía con su abuela, era el único lugar donde era tratada como una chica normal. En casa, ella no era una reina de las hadas; sólo era una chica que necesitaba trabajar un poco para mejorar en cálculo.

Mientras ella se encontraba parada tentativamente a la puerta, Edward se sentó en el extremo de un sofá marrón oscuro de cuero. Alguien había dejado una jarra de agua helada; la condensación bajaba por sus lados en pequeños arroyos. Comenzaba a formar una pequeña laguna en la superficie del trozo de ágata que servía como mesa de café. Él arrojó al otro lado de la habitación una de las más nuevas almohadas, una cosa verde oscura y demasiado grande sin alguna decoración ostentosa.

-Tanya no me verá.

Isabella cerró la puerta detrás de ella.

-¿Por qué esta vez?

-Quizá por preguntar acerca de Victoria. Quizá todavía por el asunto con Emmett. Quizá es algo… más... -Edward interrumpió la frase por la mitad y frunció el ceño.

-¿Habló contigo en lo absoluto? -Brevemente, Isabella descansó su mano en el antebrazo de Edward antes de ir al otro extremo del sofá. Ella mantenía su distancia por hábito, rompiéndolo sólo por etiqueta o gestos de amistad, pero cada día le era más difícil mantener esa distancia.

-No. Me detuvieron a la puerta otra vez, negándome la entrada a la casa. "A menos que sea un asunto oficial" me dijo Eleazar. Durante tres días, ella no ha estado disponible, y ahora esto.

-Eleazar sólo está haciendo su trabajo.

-Y disfrutándolo, estoy seguro.

Edward no era muy bueno en manejar el rechazo de ningún tipo; Isabella ya se había dado cuenta de ello cuando todavía era mortal. Ella cambió de tema.

-Parece extraño que ella siga enojada por lo de Emmett o acerca de nosotros preguntando por Victoria.

-Exacto. Una vez que Emmett se calme, que él tenga el control de la Corte Oscura puede ser una ventaja para ambas Cortes. Ella está...

-No. Me refiero a que ella parecía bastante tranquila cuando la dejamos el otro día. No feliz, pero tampoco enojada. -Isabella se abrazó a una almohada como un si fuera un gran oso de peluche. Las conversaciones acerca de las complejidades en las relaciones de las hadas, y sus cortes, y de la envidia entre hadas con siglos de historia la hacían sentir tan pero tan joven. Muchas de las hadas quizás se vean, y actúen a menudo, como sus compañeros de clase en la escuela, pero todo el tema de la longevidad hacía la vida mucho más complicada. Las relaciones "breves" atravesaban décadas; las amistades largas se estiraban durante siglos; traiciones de ayer, o de hace décadas, o siglos, todas lastimaban profundamente. Era todo tan difícil de manejar-. ¿Me estoy perdiendo de algo? -ella preguntó.

Edward la miró con una expresión pensativa.

-Sabes, Emmett solía hacer lo que estás haciendo ahora. Él me ayudaba a mantenerme enfocado, siempre iba directo al grano… -Sus palabras quedaron flotando en el aire mientras nubes diminutas cambiaban en sus ojos, en una promesa de lluvia aún no cumplida.

-Lo extrañas...

-Sí, lo hago. Estoy seguro de que él es un gran rey… es sólo que desearía que no fuera de una corte tan vil. Manejé las cosas mal -él dijo.

-Ambos lo hicimos. Ignoré cosas sobre las que debí haber actuado, y tú... - Isabella se detuvo. Mencionar los engaños que había realizado Edward y las consecuencias que tuvieron para Rosalie y Emmett una vez más, no iba a ayudar-. Ambos cometimos errores.

Que Rosalie hubiera sido llevada al corazón de la Corte Oscura había sido un error también de Isabella. Ella le había fallado a una de sus amigas más cercanas, y le había fallado a Emmett. Isabella compartió el peso de la responsabilidad por las acciones de la Corte de Verano. Fue por eso que ella intentaba trabajar en una relación más cercana con Edward: ambos cargaban con una responsabilidad conjunta, y si ella iba a soportar la culpa para sus acciones, necesitaría conocerlas por adelantado. Y detenerlas si fueran atroces.

-Y ellos tomaron malas decisiones. Nosotros no somos responsables por eso. -Edward no podría haberlo dicho si fuese una mentira, pero era una opinión. Las opiniones constituían un territorio inestable en eso de la regla de no mentir de los elfos.

-Pero tampoco estamos absueltos de ello. Tú me ocultaste cosas... y ellos pagaron las consecuencias.

Ella no lo había perdonado totalmente por utilizar a Rosalie y a Emmett pero, a diferencia de Tanya, Isabella no tenía otra opción más que llevarse bien con el Rey del Verano. A menos que uno de ellos muriera, estaban atados por la eternidad o hasta que ya no tuvieran el mando de la Corte del Verano, y los gobernantes de las hadas tendían a mantener el control de sus cortes durante siglos. Lo cual era bastante cercano a una eternidad. Una eternidad con Edward. El pensamiento aún la aterrorizaba. Él no estaba particularmente inclinado hacia un estatus de gobierno igualitario, y ella no tenía experiencia en tratar con hadas. Antes de su transformación en una Reina de las hadas, su principal método para "tratar" era "evitar".

Ahora, ella tenía que gobernarlos. Él tuvo nueve siglos gobernándolos sin su poder absoluto. Era difícil decir que ella debía tener una voz igual a la de él, pero la alternativa, responsabilidad sobre las consecuencias pero no participación en las decisiones, no era la solución.

Y desde que se había convertido en su reina, las hadas del verano se habían convertido en algo muy importante para ella. Su bienestar le importaba; su felicidad y seguridad eran esenciales. Era tan instintivo como la necesidad de ayudar al verano a crecer con fuerza, pero eso no significaba que los otros debían ser sacrificados para el progreso del verano. Edward no lograba entender eso.

Ella sacudió la cabeza.

-No vamos a ponernos de acuerdo en esto, Edward.

-Quizás -Edward la miró con tal cariño que ella podía sentir que los rayos de sol bajo su piel respondían- pero por lo menos tú no te niegas a hablar conmigo.

Isabella movió su espalda, llevándola hacia el rincón más lejano del sofá, su mensaje estaba implícito en el movimiento.

-Yo no tengo elección en el asunto. Tanya sí.

-Sí tienes una elección. Es sólo que eres…

-¿Qué?

-Más razonable. -Él no ocultó la sonrisa que vino tan pronto como lo dijo.

La tensión que había estado creciendo dentro de ella se disipó por esa sonrisa fácil. Ella se rió.

-Yo nunca había sido tan irrazonable como lo he sido estos últimos meses. La manera en que he cambiado… mis maestros lo han comentado, mis amigos, mi abuela, incluso Jacob… mis cambios de humor son atroces.

-Comparada conmigo, eres bastante imperturbable. -Los ojos le chispeaban: él sabía cuán volátil ella había llegado a ser. Él había sido el objetivo principal de su mal humor... más que cualquier otro.

-No estoy muy segura de que cuente como razonable si tú eres el punto de comparación. -Ella se relajó otra vez. Durante toda la extrañeza de los últimos meses, él había siempre encontrado la manera de hacerla sentir más relajada. Era una parte muy importante de lo que hacía soportable el hecho de ser la Reina del Verano. Su amistad con Edward y el amor de Jacob eran sus sostenes.

La sonrisa de Edward estaba todavía allí, pero la súplica en sus ojos fue grave cuando preguntó:

-¿Quizás tú podrías hablar con Tan? Quizá explicarle lo mucho que la extraño. Quizá podrías decirle lo triste que estoy cuando no puedo verla. Decirle que necesito...

-¿No deberías decírselo tú?

-¿Cómo? Ella ni siquiera me permite cruzar la puerta. -Él frunció el entrecejo-. Yo la necesito en mi vida. Sin ella… y sin que tú seas... no soy bueno en las cosas. Lo intento, pero yo necesito que crea en mí. No tener a ninguna de las dos...

-No. -Isabella no quiso que continuara en esa línea de pensamientos. La paz entre las cortes era nueva y tenue. Era preferible si Tanya y Edward se mantenían en paz el uno con el otro, pero hablar con Tanya al respecto sólo la ponía ansiosa. Ellas habían llegado a ser amigas de cierta forma, no cercanas como Isabella había esperado inicialmente, pero lo suficiente como para haber pasado tardes juntas al principio. Pero eso había terminado cuando comenzó la primavera. Cuando las cosas con Edward habían cambiado. Ellos podrían evitar hablar al respecto, pero les tomaba un esfuerzo constante para ella y para Edward el resistirse a tocarse el uno al otro.

-Puedo intentarlo, pero si ella está enojada contigo, quizás no esté dispuesta a hablar conmigo tampoco. Últimamente busca excusas cada vez que he tratado de hacer planes con ella -Isabella admitió. Edward sirvió vasos con agua para ambos mientras hablaba.

- Es porque el Verano crece más fuerte, y el Invierno se debilita. Jessica se mantenía alejada cada primavera, y eso era cuando yo todavía estaba débil.

Edward mantuvo en su mano un vaso hacia a ella, y ella se congeló. Es sólo agua. E incluso si fuera vino de verano, no me afectaría como lo hizo la primera vez. Ella apartó sus pensamientos.

-¿Bella?

Ella se estremeció, agarrada desprevenida por un inusual uso de su nombre acortado por parte de él. Ella tiró su atención del vaso y miró hacia él.

-¿Si?

Él corrió un pulgar sobre el exterior del vaso mientras lo mantenía en alto. El líquido era totalmente cristalino.

-No tienes de qué preocuparte. Mis intenciones no son de dañarle. Jamás. Aún antes, yo nunca deseé hacerte daño.

Ella se ruborizó y tomó el vaso.

- Lo siento. Lo sé. De verdad.

Él se encogió de hombros, pero se notaba dolido fácilmente por su momento de pánico. Ella sospechaba que él los sentía a veces, como si compartir la Corte con ella creara un vínculo para el cual ninguno de los dos estaba preparado. Nadie más en la corte podría ver a través de las fachadas que ella había construido... sólo Edward.

Amigos. Somos amigos. No enemigos.

Ni ninguna otra cosa.

-Hablaré con Tan -ella dijo-. No hago promesas. Pero lo intentaré. Quizá incluso sea bueno para nosotras… ella ha estado tan irritable conmigo las últimas semanas. Si es sólo la cosa de la primavera, quizá será bueno hablar.

Él tomó su mano y la apretó suavemente.

-Eres tan buena en tolerar las posiciones en las que te puse. Sé que esto todavía no es fácil para ti.

Ella no soltó su mano, sujetándolo con la fuerza que había ganado cuando su mortalidad fue reemplazada por esta eternidad.

-Yo toleraré hasta un cierto punto. Si mantienes otro secreto como hiciste con lo de Rosalie... -ella permitió a la luz del sol que vivía en su interior salir a través de su piel. No una pérdida de genio, sino una exposición de su control creciente sobre el elemento que ellos compartían- ...sería imprudente, Edward. Tanya fue quien hizo la libertad de Rosalie algo posible. Tú me fallaste. Y no quiero que vuelva a suceder.

Por casi un minuto, él no contestó; sólo mantuvo su mano agarrada. Cuando ella comenzó a echarse para atrás, él sonrió.

-No estoy seguro de que esta amenaza tenga el resultado que estabas buscando. Me atraes aún más cuando estás enojada.

Su rostro se sonrojó cuando comprendió que las palabras que debería decir y las palabras que podría decir no eran las mismas, pero ella no alejó su mirada.

-No estoy jugando, Edward.

La sonrisa de su rostro desapareció, y soltó su mano. Una mirada seria se instaló en su cara. Él asintió.

-No más secretos. ¿Eso es lo que me estás pidiendo?

-Sí. No quiero que seamos adversarios... ni que juguemos juegos de palabras.

Los elfos tergiversaban sus palabras para permitirse a sí mismos la mayor cantidad de ventaja posible.

El hada ante ella hablaba tranquilamente:

-Yo tampoco quiero que seamos adversarios.

-O que participemos en juegos de palabras -ella dijo otra vez. La sonrisa malvada volvió.

-Realmente me gustan los juegos de palabras.

-Hablo en serio, Edward. Si vamos a trabajar juntos, necesitas ser más abierto conmigo.

Él tenía una cierta nota de desafío en su voz cuando preguntó:

-¿De verdad? ¿Eso es lo que deseas?

-Sí. Nosotros no podemos trabajar juntos si tengo que estar adivinando lo que piensas todo el tiempo.

-Si estás tan segura de que eso es lo que deseas... -Su voz ondeaba entre bromear y estar hablando intensamente en serio-. ¿Lo es, Isabella? ¿Es eso lo que sinceramente necesitas de mí? ¿Mi honestidad total?

Ella sentía como si se estuviera dirigiendo directamente a una trampa, pero echarse atrás no sería el enfoque correcto si lo que buscaba era ser su igual. Se forzó a mirarlo a los ojos mientras le respondía:

-Sí, así es.

Él se recostó y tomó un sorbo de su agua, mirándola mientras lo hacía.

-Bien, ya no vas a necesitar adivinarlo… estaba pensando, justo ahora, que a veces nosotros nos vemos tan inmiscuidos en los temas de la corte, Tanya, Emmett, tus clases… que es fácil olvidarse que nada de lo que tengo sería mío si no fuera por ti, pero nunca es fácil olvidarse que yo todavía deseo más.

Ella se ruborizó.

-Eso no es a lo que me refería.

-¿Así que serás tú quien juegue juegos de palabras ahora? -No se podía negar el desafío en su voz esta vez-. ¿Tú puedes decidir cuándo mi honestidad es bienvenida?

-No, pero...

-Dijiste que querías saber lo que pienso; no hubo condiciones. Sin juegos de palabras, Isabella. Es tu decisión. -Él apoyó su vaso sobre la mesa y esperó durante varios latidos del corazón-. ¿Cambiaste de opinión tan fácilmente? ¿Preferirías que tengamos secretos o no?

Isabella sentía las orillas del pánico acercándose a ella, no por miedo de seguridad física, sino por temor de que la amistad que ellos habían estado construyendo se derrumbara a su alrededor.

Cuando ella no habló, él continuó.

-Pensaba que nadie más podría haber manejado cualquiera de las cosas que tú debiste manejar. Ajustarse a Faerie… ninguna de las Chicas de Verano se acostumbró tan rápidamente. Tú no lloraste ni estallaste en rabia ni te apoyaste en mí.

-Yo sabía acerca de las hadas. Ellas no. -Protestó. Ella odiaba la incapacidad de las hadas de mentir cada vez más mientras él hablaba. Sería más fácil mentir y negar la total ausencia de dolor que había sentido al convertirse en un hada. Sería más fácil decir que ella no se ajustaba a su nueva vida incluso mucho más rápido de lo que ella se hubiera imaginado. Sería más fácil decir que debía luchar día a día con esos cambios.

Porque entonces él no me estaría haciendo esto.

Él le había dado su espacio, su tiempo. Había sido su amigo sin siquiera acercarse a los límites que ella había establecido. Corre. Corre ahora. Pero no lo hizo. Y Edward se movió más cerca, invadiendo su espacio.

-Tú sabes que es más que eso. Sé ahora que había una razón por la que no encontré a mi reina durante todos esos años. Esperarte valió el pasar por todo aquello que pensé no podría aguantar. -Él tenía una mano en su cabello ahora; la luz del sol se deslizaba por su piel-. Si fueras mi reina, realmente mi reina, nuestra corte sería aún más fuerte. Si fueses mía, sin distracciones mortales, nosotros estaríamos más seguros. Seríamos más fuertes si estuviéramos verdaderamente juntos. El verano es un tiempo de alegrarse en placeres y calor. Cuando estoy alrededor tuyo, quiero olvidarme de todo lo demás. Amo a Tanya. Siempre lo haré, pero cuando estoy cerca de ti... -Él se detuvo.

Ella sabía lo que él no terminó de decir. Ella sentía la verdad en ello, pero esa era una parte de ella que no estaba dispuesta a dar por la salud de su corte. ¿Había sabido él que ellos se sentirían de esta manera? ¿Había sabido él que su insistencia a tomar su reinado venidero como un trabajo y no como una relación iba a limitar el crecimiento de su corte? Ella no quería saber las respuestas a esas preguntas.

-Nuestra Corte es más fuerte de lo que jamás ha sido a lo largo de tu vida - ella murmuró.

-Lo es, y estoy agradecido por todo lo que le has dado a nuestra corte. Esperaré todo el tiempo que tenga que esperar por lo demás. Eso es lo que pienso. Supongo que debería estar pensando en la lista de cosas que tenemos que hacer, pero... -él se inclinó más cerca, sosteniendo su mirada- ...todo en lo que puedo pensar en este momento es en que estás aquí conmigo, donde perteneces. Amo a Tanya, pero amo a mi corte también. Podría amarte como fuimos hechos para amarnos el uno al otro, Isabella. Si me lo permitieras, te amaría lo suficiente como para que nos olvidáramos de todo lo demás, menos el uno del otro.

-Edward…

-Tú querías honestidad.

Él no está mintiendo. No podría. No importa. Que me diga estas cosas no podría... no debería importar.

Isabella podía sentir la luz del sol que vivía en algún lugar dentro de ella. Se extendía para llenar su piel hasta que pareció a punto de estallar. Ella respondía al toque breve del Edward con una intensidad que sólo había sentido con Jacob, lo cual estaba mal.

¿Lo está? Una voz traidora susurró dentro de ella. Él es mi rey, mi pareja… Ella puso una mano en el pecho de Edward, pensando en apartarlo, pero la luz del sol centelleó entre ellos por el contacto. Sus cuerpos eran un conducto gigante; la luz del sol serpenteó entre ellos como una corriente de energía que creció más fuerte, como resbalando por la barrera de la piel.

Los ojos de él se ampliaron, y tomó varios alientos inestables. Él se inclinó hacia ella, y ella se sentía inclinarse hacia él. Su brazo estaba doblado en el codo para que, aunque ella todavía tenía una mano sobre él como para empujarle, ellos se encontraban pecho contra pecho, el brazo apretado entre ellos.

Y él la besó, algo que sólo había hecho cuando ella era mortal. La primera vez, ella había estado perdida bajo el mareo de demasiado vino de verano y demasiadas horas de bailar en sus brazos. La segunda vez, fue una especie de seducción, cuando ella le decía que la dejara sola. Pero esta vez, la tercera vez, él la besó tan suavemente que fue apenas un roce de labios. Era una pregunta tanto como un beso. Era cariño, y de algún modo eso lo hizo aún peor.

Ella se alejó:

-Basta. -Su palabra no fue mucho más allá de un susurro, pero él se detuvo.

-¿Estás segura?

Ella no podría contestar. No podía mentir. Ella podía saborear la madurez del verano en las palabras, una promesa de lo que podría tener si se dejara ir sólo un momento más.

-Yo necesito que retrocedas. -Ella se concentró en el significado de esas palabras, en el taco del sofá, en las espinas dorsales de los libros encuadernados en cuero que ella podía ver en la pared detrás de Edward... en cualquier cosa menos en él.

Ella quitó la mano de su pecho. Lentamente.

Sólo concéntrate en lo que importa. Mi vida. Mis decisiones. Jacob.

Edward se echó también para atrás, mirándola atentamente mientras lo hacía.

-La corte estaría muriendo si no fuera por ti.

-Lo sé. -Ella no podía moverse más lejos de él. No había lugar a dónde ir; el brazo del sofá ya se estaba clavando en su espalda.

-Yo sería inútil sin ti -él continuó. Ella agarró la almohada de su regazo, como si fuera un escudo que podría utilizar para mantenerlos separados.

-Tú mantuviste a la corte en pie durante nueve siglos sin mí.

Él asintió.

-Y valió la pena. Cada tormento valió la pena para traernos a donde estamos ahora, y para llevarnos a donde podríamos estar si tú me aceptaras algún día. Si sólo tuviéramos el tiempo para estar juntos como debemos estar…

Por otro momento demasiado largo, ella se quedó totalmente quieta, tratando de encontrar las palabras para fundir la tensión que había aparecido. No era la primera vez él había sido tan expresivo en sus palabras, pero era la primera vez que se había estirado para tocar su piel de una manera que no significaba cariño casual. La combinación era demasiado.

-¿Me das algo de espacio? -Su voz se rompió en la última palabra. El retrocedió más lejos.

-Sólo porque tú me lo pides.

Ella se sentía aturdida. Edward le dio una sonrisa esforzada. Ella se paró en piernas inestables y caminó hacia la puerta. Abrió la puerta y agarró el picaporte hasta que tuvo miedo de romperlo. Tomó más autocontrol del que ella habría querido, pero encontró su mirada.

-Esto no cambia nada. No puede cambiarlo. Tú eres mi amigo, mi rey, pero eso… es todo lo que puedes llegar a ser.

Él asintió, pero fue un gesto que indicaba que la oyó, no que concordaba con ella, lo cual quedó perfectamente claro cuando dijo:

- Y tú eres mi reina, mi salvadora, mi otra mitad... y eso lo es todo.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Como les dije los reyes del verano se están acercando, y esto solo es el comienzo de esto, aún faltan muchas cosas por ver. Edward está presionando, ustedes creen que Isabella caerá o seguirá siendo fiel a Jacob, recuerden que entre más se acerca el verano ellos estarán más cerca.

¿Qué opinan ustedes?

Nos estaremos leyendo mañana, si les gusta la historia dejen un reviews por fis.

Hasta mañana.