CAPÍTULO 7: NORMALIDAD.
LEER LA NOTA AL FINAL DEL CAPITULO
Los personajes que aquí se presentan son de Stephanie Meyer, aunque yo quisiera que fuera míos. La historia, aunque se asemejan a veces a la realidad, todo es ficticio y todo es sacado de la mente de Melissa Marr. Yo solo hago la adaptación sin ningún fin de lucro ajena a cualquier cosa.
Apoyen a las autoras comprando sus libros si tienen la oportunidad.
Agradezco al foro purple rose, por la traducción, sin ellos no hubiera llegado nunca a mis manos.
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Isabella anduvo sin rumbo por Forks. A veces ella no se sentía capaz de estar alrededor de Jacob; y eso sucedía cada vez más a medida que los pensamientos de Edward se demoraban en su mente. Ella había estado pensando en las cosas que Edward había dicho y la manera en que se sintió cuando él se acercó a ella... y tuvo miedo. Su separación de Tanya lo haría más insistente acerca de estar con ella. Ellos ya se encontraban demasiado cerca ahora que el verano se acercaba, y no sabía qué hacer al respecto.
Una parte de ella quiso hablar con Jacob, pero estaba aterrorizada de que él se iría. Por mucho que a menudo le susurrara que la amaba, ella todavía se preocupaba de que lo arruinaría todo, y él se iría. A veces ella quería huir del mundo de problemas de las hadas; ¿cómo podría esperar que él no deseara lo mismo? Jacob tenía que compartirla con su Corte y con su rey. Si ella le decía que Edward la presionaba, y que ella estaba tentada, ¿sería eso la gota que derramara el vaso?
Jacob le daba su espacio, pero él advertía cuando ella estaba alterada, y no estaba segura lo que le ella diría si él le preguntaba por qué. Mi rey, mi otra mitad, ha decidido cambiar las reglas. Y yo apenas si me negué. Ella no quería tener esa conversación, no en ningún futuro cercano. Ella lo haría. Ella se lo diría. Sólo que todavía no. No hasta que sepa qué decirle.
Ella quería hablar con alguien, pero su única otra amiga que sabía de las hadas, Rosalie, había dejado el pueblo y se negaba a hablar acerca de ellos. Decirle a Jacob significaba admitir que se sentía tentada por Edward; y su otro confidente dentro del mundo de las hadas, Edward, era el objeto del problema.
Isabella se enfrentó a la realidad desagradable de que su propio círculo de amigos era mucho más pequeño de lo que jamás había sido. Ella nunca había tenido un número inmenso de amigos, pero entre los meses en los A que ella se enamoraba de Jacob y trataba de llamarlo "platónico", y los cambios con lo referente a ser una monarca de las hadas, ella se había alejado de los pocos amigos que había tenido. Todavía hablaba con Renata y Ángela en la escuela, pero no había salido con ellas en meses.
Después de echar un vistazo a la hora, decidió llamar a Ángela. Ángela contestó casi inmediatamente.
-¿Bella? ¿Estás bien?
-Sí. ¿Por qué? -Isabella supo por qué: ella nunca más la había llamado.
-Yo sólo… nada. ¿Qué dices?
-¿Estás libre?
Ángela se mantuvo silenciosa por un momento. Entonces dijo:
-Depende de por qué lo preguntas.
-Bueno, pensaba que he sido una amiga malísima últimamente… -Isabella se detuvo.
-Sigue hablando. Vas por buen camino. ¿Y la próxima parte es?
-¿La penitencia? -Ella se rió, aliviada de que Ángela se lo tomaba en forma ligera-. ¿Cuál es el precio?
-¿Diez por juego? ¿Nos encontramos allí?
Isabella dobló en la próxima calle para dirigirse hacia Shooters.
-¿Me perdonas unos pocos tiros?
Ángela bufó.
-Penitencia, dulzura. He estado echando el ojo en una nueva tarjeta de video, y tú la costearás para cuando acabe la noche.
-Auch.
-Sí. -La risa de Ángela fue alegre-. Te veré allí en treinta.
-Conseguiré una mesa.
Entonces, en un humor decididamente mejorado, Isabella colgó. Ella sabía que varios de sus guardias la seguían a una distancia discreta. Aunque, esta noche, ella no quería verlos. Jugar al pool con una amiga no arreglaría las cosas, pero se sentiría más cerca de la vida normal que aún extrañaba.
Con eso en mente, ella caminó la media docena de cuadras hasta Shooters. Habían pasado semanas desde la última vez que había ido. La culpa la golpeó otra vez, y el temor de ya no ser bienvenida. La multitud regular en Shooters trabajaba duro y se relajaba con igual entusiasmo. Todos eran más viejos que ella, alguno incluso lo suficientemente viejos como para ser un compañero de clase de hace mucho tiempo de la abuela, pero ellos no se fijaban en la edad ni en la clase social ni en la raza en Shooters. Era un lugar donde todos eran bienvenidos, siempre que no trajeran problemas.
Antes que todo cambiara, Ben, un buscavidas de pool en algún lugar en sus años veinte, la había tomado como alguna clase de proyecto. Ben le entregaba sus lecciones a su amiga Lauren cuando él se sentía con ganas de trabajar un rato, y entre su tutela combinada, Isabella había llegado a ser una jugadora bastante decente. Ella nunca podría jugar tan bien como ellos, pero ese tipo de maestría venía de jugar cada día. La mayor parte del público era fresco para hablar o para jugar, pero era a Ben y Lauren a quienes ella había extrañado sinceramente.
Cuando ella entró, vio en seguida a Ben a lo lejos. Estaba en una mesa con Lauren. Cuando Lauren miró arriba y la vio, su cara se dobló en una sonrisa.
-Oye, Princesa. Largo tiempo, ninguna visita.
Ben tomó su disparo antes de levantar los ojos de la mesa.
-¿Fuera sin ninguno de los Príncipes Encantadores?
Ella se encogió de hombros.
-Salida de chicas. Me encuentro con Ángela.
-Toma un taco o un asiento.
La voz de Lauren tenía un dejo de cigarrillo y whisky que contrastaba con su cuerpo. Ella sonaba como una mujer que debía ser una cantante ágil en un vestido escarlata vibrante, rompiendo corazones e incitando a riñas de amantes, pero Lauren traía otro tipo de problemas. Llevando botas negras, vaqueros desteñidos, y una camisa de hombre abrochada, era todo músculo, e igualmente capaz que cualquiera de los hombres en el cuarto de manejar una pelea. Ella tomaba un orgullo inmenso en el hecho de que su motocicleta hecha a medida estaba equipada con más cromo y tubos más fuertes que la de Ben.
-¿Quieres jugar por equipos cuando Ángela llegue? -Ben rodeó la mesa para alcanzar su próximo disparo. Él había atado su pelo atrás, pero la cola de caballo floja ya casi se había deshecho, y dejaba caer mechones de pelo en la cara.
-Sólo si consigo a Ángela -Lauren dijo-. Lo siento, Bella, pero ellos dos juntos nos matarían.
Isabella agrietó una mueca.
-Ella ya puso condiciones. Diez por juego.
-Así que, veinte entonces, ¿por equipo? -Ben metió dos pelotas en un complicado disparo que Ángela podría explicar por la geometría y ángulos sencillos, pero que Ben ejecutó como un asunto de precisión y práctica. Isabella no tenía ni la geometría ni la práctica suficiente.
-O diez todavía, en partes iguales. -Lauren abrió una botella de agua.
-Quizás quedemos iguales, si tú tienes a Ángela -Ben dijo. Entonces terminó vaciando la mesa en un par de tiros perfectamente realizados.
-O no -murmuró Lauren.
Él sonrió.
-O no.
Algo de blues sonó en la máquina de discos; Isabella había estado allí lo suficientemente a menudo como para reconocer al clásico Buddy Guy. A través del vestíbulo, conversaciones murmuradas subían y bajaban entre el castañeteo de pelotas. Los gritos de derrota y victoria rompieron en el zumbido familiar de Shooters. Es bueno estar aquí. Ella había gastado demasiado tiempo con hadas; salir con amigos era el cambio que necesitaba.
Cuando Ángela llegó, Isabella casi podría convencerse de que su vida era como lo había sido antes. No es que antes hubiera sido perfecta, pero a veces parecía que las cosas eran mucho más claras entonces. Contemplando la eternidad, un trabajo que ella no tenía la menor idea de cómo hacer bien, y una relación que se dirigía hacia líneas incruzables... no era relajante.
Pero Ángela estaba allí, Ben y Lauren estaban allí, la música era buena, y la risa era fácil. El resto de la noche estaba reservada para amigos y diversión.
-Juego -gritó de Ángela.
Ella hizo un pequeño baile de victoria que hizo a Ben mirar hacia otro lado y a Lauren ocultar una sonrisa.
-Alguien tiene un secreto. –Isabella murmuró a Ben.
Ben entrecerró los ojos.
-Déjalo tranquilo, Bella.
Lauren y Ángela charlaban mientras Lauren golpeaba las pelotas. Isabella se puso de espaldas a la mesa y mantuvo su voz baja.
-La edad es relativa. Si tú...
-No, realmente no es. Quizá algún día, cuando ella haya tenido la oportunidad de vivir un poco más… pero todavía no lo ha hecho, y yo no le robaré la oportunidad. -Ben miró en Ángela mientras se puso cómodo en uno de los taburetes contra la pared-. Ustedes dos tienen años para disfrutar de su libertad antes de que se establezcan. Yo ya estoy en el punto de desear eso.
-¿Qué tan viejo es demasiado viejo?
Él sonrió.
-No te hagas la lista. Jacob no es demasiado viejo para ti. Un año o dos no son un problema.
-Pero…
-Pero yo soy casi una década más viejo que ella. Es diferente. -Ben se apartó del taburete-. ¿Vamos a seguir jugando o a arreglarnos el pelo el uno al otro ahora?
-Gruñón.
Él sonrió.
-Otra razón más por la que no deberías incitarme.
-Lo que sea. -Ella sonrió sobre su hombro hacia él.
Mientras jugaban, Isabella pensó acerca de Jacob, y acerca de Edward, y no estuvo segura de sí concordaba con Ben. ¿Tiene razón él? ¿Son más de unos pocos años demasiado? Una parte de su mente decía que sí. Estando con Jacob nunca se sentía como si hubiera algún tema de madurez o sabiduría o cualquier desequilibrio entre ellos. Con Edward, ella sentía como si tropezara constantemente.
Ella apartó sus pensamientos y se concentró en el juego. Ángela y Lauren hacían un gran equipo, pero Ben era más que su igual. Todos jugaron por diversión; pero él jugaba por dinero la mayoría de las semanas.
-Oye, peso muerto -él llamó- te toca.
Ángela se rió.
-Bella sólo trata de ayudarme, ¿no es verdad?
-Es una explicación tan buena como cualquier otra por el disparo fácil que erraste más temprano… -Ben sonrió mientras hacía gestos a la mesa.
Ella no perdió ese, pero sí perdió más que su acción en las próximas pocas horas. Fue la tarde menos complicada que había tenido en un buen tiempo... sin asuntos tácitos ni preocupándose por cada palabra que decía y cada movimiento que hacía. Era exactamente lo que había necesitado.
Cuando ella llegó a casa luego esa noche, Isabella no estaba sorprendida de que la abuela la esperara despierta. Quizás hubiera guardias que la protegían estos días, y todo ese tema de nunca-permitas-que-las-Hadas sepan-que-las-vemos era un punto bastante discutible ahora, pero la abuela todavía la trataba como si fuera una chica normal. Bien, tan normal como solía serlo. La casa era el lugar donde ella podía ser pequeña y estar atemorizada. Era donde ella era castigada por olvidarse de agregar leche a la lista de compras si era ella quien utilizaba lo último de la caja. Era un refugio… pero eso no significaba que el resto del mundo quedaba fuera de la puerta.
Isabella caminó por la sala principal. Su abuela estaba sentada en su silla predilecta; con una taza de té en la mano. Ella tenía sus canas largas todavía estaban trenzadas, pero no arriba. La trenza era más larga de lo que Isabella jamás podría dejar crecer su propio pelo. Cuando era una niña, Isabella había pensado que la abuela era realmente Rapunzel. Si las hadas eran reales, ¿por qué no Rapunzel? Ellas vivían en un edificio alto con ventanas que dejaban ver un mundo extraño. La abuela había tenido el pelo aún más largo en aquellos tiempos, y era rubio ceniciento. Isabella le había preguntado una vez, acerca de su teoría:
-¿Pero no sería yo la bruja que te mantiene segura? ¿Atrapándote aquí arriba en nuestra torre?
Isabella había pensado acerca de ello.
-No, tú eres Rapunzel, y nosotras nos ocultamos de la bruja.
-¿Y qué sucede si la bruja nos encuentra?
-Ella robará nuestros ojos o nos matará.
-¿Y si dejamos nuestra torre? -La abuela lo convertía todo en un examen. Todo era acerca de ellos, y las respuestas equivocadas significaban permanecer dentro por más tiempo-. ¿Cuáles son las reglas?
-No mirar a las hadas. No hablar con las hadas. No hacer nada que atraiga la atención de las hadas. Jamás. -Isabella contó las tres grandes reglas en sus dedos mientras las decía, y luego dijo-. Siempre sigue las reglas.
-Exactamente. -La abuela la había abrazado entonces. Sus ojos brillaban con lágrimas-. Infringir las reglas le permitirá a la bruja ganar.
-¿Es eso lo que le sucedió a Mamá? -Isabella trató de ver la cara de su abuela, esperando indicios. Aún entonces ella sabía que su abuela no siempre contestaba sobre el tema de forma completa. La abuela la abrazó más apretadamente.
-Más o menos, bebé. Más o menos.
Renee no era un tema que ellas discutieran.
Isabella miró a su abuela, la única madre que había tenido, y odiaba que estaría tanto tiempo sin ella. La eternidad era mucho tiempo para estar sin tu familia. La abuela, Jacob, Rosalie, Ángela, Renata, Ben, Lauren… todas aquellas personas que hubiera conocido antes de Edward, morirían.
Y entonces estaré sola. Sola con Edward. Ella no podía hablar acerca del dolor que eso le producía en el corazón.
-Había un programa especial acerca de las complicaciones del cambio inesperado del clima. -La abuela se movió hacia la televisión. Ella era buena atendiendo al estado del clima ahora que Isabella era la personificación del verano-. Un poco acerca de los problemas de inundación y algunas teorías acerca de la causa de los cambios ambientales repentinos…
-Estamos trabajando en la cosa de inundación. -Isabella se quitó sus zapatos-. Aunque la especulación no hace daño. Nadie cree en las hadas.
-Ellos hablaban de cómo los osos polares están...
-¿Abuela? ¿Podemos no hacer esto esta noche? -Isabella se dejó caer pesadamente sobre el sofá, hundiéndose en los cojines con un consuelo que nunca sentía en el loft. Por mucho que Edward tratara, esa no era su casa. Allí no era donde ella se sentía como en su hogar. Era aquí. La abuela apagó la televisión.
-¿Qué sucedió?
-Nada. Sólo que… Edward… tuvimos una discusión... -Isabella no estaba segura de las palabras que necesitaba decir. Ella y la abuela hablaban de citas, sexo, drogas, alcohol, todo realmente, pero era generalmente en sentido abstracto. No de forma cercana y detallada-. No lo sé. Salí a Shooters con Ángela después. Y eso ayudó, pero… ¿y mañana, y el día después, y el año próximo...? ¿Qué haré cuando ya no tenga a nadie más que a él?
-¿Así que él ya te presiona? -La abuela no perdía el tiempo. Ella nunca había sido buena para las sutilezas.
-¿Qué quieres decir?
-Él es un elfo, Isabella. -el hecho de que ella lo aborrecía no estaba ni cerca de estar oculto.
-Al igual que yo. -Isabella no quiso decir esa frase, todavía no, quizá no jamás. La abuela la aceptaba, pero ella tenía una vida entera de temor y odio contra lo mismo que Isabella ahora era. Su hija había muerto a causa de ellos. A causa de Edward.
- Tú no eres como ellos. -La abuela frunció el ceño-. Y ciertamente no eres como él.
Isabella sentía las primeras lágrimas de frustración quemándole en los ojos. No quería permitirles caer. Ella no tenía el suficiente control todavía, y a veces el clima reaccionaba por sus emociones, aún cuando ella no lo deseara; y en este momento no estaba segura de poder controlar a sus emociones y al cielo. Ella tomó un aliento calmante antes de contestar.
-Él es mi pareja, mi otra mitad...
-Pero tú todavía eres buena. Eres honesta. -La abuela vino hacia el sofá con ella, y tiró de Isabella hacia sus brazos. Isabella se inclinó en el abrazo, permitiéndole a su abuela que la consolara. - Él te empujará para hacer lo que él desea. Es su manera. -La abuela acariciaba el pelo de Isabella, pasando sus dedos por los cabellos multicolores-. Él no está acostumbrado a ser rechazado.
-Yo no...
-Tú rechazaste su cariño. Eso bastó. Todas las hadas son orgullosas. Él es un rey de las hadas. Las mujeres se han estado dando a sí mismas a él desde que él era lo suficientemente grande como para notarlas.
Isabella quería decir que Edward no estaba interesado en ella simplemente porque ella le dijo que no. Ella quería decir que él estaba interesado en ella por quien era. Ella quería decir que su amistad evolucionaba, y que sólo necesitaban hallar la forma de que todo tuviera sentido. Pero no estaba segura de si algo de eso era verdad. Había una parte de ella que creía que él reaccionaba simplemente por la negativa de su atención, o por siglos de pensar que "Reina" igualaba a "compañera de cama". Había otra parte, menos confortable aún, que creía que el hecho de que ellos fueran compañeros en sus obligaciones, la compulsión de ser algo más que amigos, sólo iba a hacerse más fuerte. Esa parte la aterrorizaba.
-Amo a Jacob -ella murmuró, adhiriéndose a esa verdad, no admitiendo en voz alta que amar a una persona no significaba no notar a nadie más.
-Lo sé. Y también lo sabe Edward. -La abuela no se detuvo en el movimiento rítmico de su cariño. Ella siempre supo cómo confortar sin sofocar. Era algo que nadie más jamás había hecho... no que había habido nadie más. Habían sido sólo ellas dos, siempre.
-¿Entonces qué hago?
-Sólo sé tú misma... fuerte y honesta. Lo demás se arreglará si haces eso. Siempre lo hace. Siempre lo hará. Recuerda eso. No importa lo que suceda sobre los… siglos que tienes delante de ti, recuerda ser honesta a ti misma. Y si fallas, perdónate. Cometerás errores. El mundo entero es nuevo, y todos han tenido muchos más años en ello que tú.
-Desearía que estuvieras siempre conmigo. Estoy asustada. -Isabella sollozó-. Yo no sé qué deseo para siempre.
-Tampoco lo sabía Renee. -La abuela se detuvo entonces-. Aunque ella hizo una elección estúpida. Tú… tú eres más fuerte que ella.
-Tal vez no quiero ser fuerte.
La abuela hizo un pequeño ruido que fue casi una risa.
-Quizás no quieras, pero lo serás de todos modos. Eso es lo que fuerza es. Andamos el sendero que nos es dado. Renee se dio por vencida de la vida. Ella hizo algunas cosas que fueron… peligrosas para ella misma. Dormir con extraños. Hizo Dios sabe qué cuando ella… no me malinterpretes. Yo te conseguí a ti de sus errores. Y ella obviamente no hizo nada que pudiera haberte hecho nacer adicta. Ella no terminó con tu vida, ni tampoco te entregó a ellos. Ella me permitió a mí tenerte. Aún al fin, ella hizo algunas elecciones duras.
-¿Pero?
-Ella no era la mujer que eres tú.
-Yo soy sólo una chica… yo...
- Tú diriges una de las Cortes de las hadas. Tú tratas con su política. Pienso que te has ganado el derecho de ser llamada una mujer. -La voz de la abuela era severa. Era el tono que ella utilizaba cuando hablaba del feminismo y la libertad y de la igualdad racial y de todas esas cosas a las que ella se aferraba, de la misma forma en que otras personas se aferran a una religión.
-Yo no siento que esté lista.
-Cariño, ninguno de nosotros jamás se siente listo. Yo no estoy lista para ser una anciana. Yo no estuve lista para ser madre en su momento... de ti ni de Moira. Y yo seguramente no estuve lista para perderla.
- Ni yo.
- Yo no te estoy perdiendo. Ese es el único regalo que las hadas jamás me dieron. Tú estarás aquí, fuerte y viva, mucho tiempo después de que yo me convierta en polvo. Tú nunca desearás dinero ni seguridad ni salud. -La voz de la abuela sonaba violenta ahora-. Casi todo lo que podría desear para ti, ellos te lo dieron, pero sólo porque eres lo suficientemente fuerte para tomarlo. Yo nunca los querré, pero el hecho de que mi bebé estará después de que yo me haya ido… hace que me acerque bastante a perdonarlos por todo lo demás.
-Ella no se murió realmente en el parto, ¿verdad? -Isabella nunca había preguntado, pero sabía que las historias no se correspondían. Ella había oído a Edward y a la abuela hablando el otoño pasado.
-No. No murió así.
-¿Por qué nunca me lo dijiste?
La abuela se mantuvo silenciosa por unos pocos momentos. Entonces ella dijo:
-Tú leías un libro cuando eras pequeña, y me dijiste que sabías por qué tu madre te dejó. Estabas tan segura que no fue su culpa, que ella sólo no era lo suficientemente fuerte para ser madre. Tú dijiste que era como las niñas en las historias, cuyas madres morían para que ellas pudieran vivir. - La sonrisa de la abuela era tentativa-. ¿Qué debía hacer? Era en parte verdad: ella no era lo suficientemente fuerte, sólo que no de la manera en que tú creías. Yo no te podía decir que ella escogió dejarnos porque ya era en su mayor parte hada cuando naciste. En tu versión, ella era noble y heroica.
-¿Es por eso que soy así? ¿Porque ella no era humana cuando nací? ¿Alguna vez fui completamente mortal?
Esta vez, la abuela mantuvo un silencio tan largo, que Isabella se preguntó si ellas iban a repetir los silencios que siempre venían cuando tenían una conversación acerca de Renee. La abuela se quedó sentada acariciando el pelo de Isabella durante varios minutos. Por último, dijo:
-Yo me lo he preguntado, pero no sé cómo sabríamos eso. Ella era apenas mortal cuando tú naciste. Agregado a eso lo que sea que nos hace tener la Visión… no lo sé. Quizá.
-Quizá ella era la reina que él buscaba. Quizá tú lo eras. Quizá es por eso que nosotras tenemos la Visión. Quizá podría haber sido cualquiera en nuestra familia. Quizá cuando Jessica lo maldijo y ocultó el élfico-lo-que-sea que convertía a alguien en la Reina de Verano… podría haber sido cualquiera de nosotras. Si Renee hubiera tomado la prueba… me pregunto si ella habría sido la reina. Me pregunto si yo todavía habría acabado siendo un hada. Si ella no era realmente mortal cuando nací...
La abuela interrumpió el flujo cada vez más rápido de palabras de Isabella.
-Preguntarse acerca de los "quizá", no ayuda, Isabella.
-Lo sé. Si ella fuera un hada… yo no estaría sola.
-Si ella hubiera escogido aceptar ser un hada, yo no te habría tenido para criarte en primer lugar. Ella no te habría dejado atrás.
-Pero me dejó. Ella escogió morir antes que ser un hada. Antes de convertirse en lo que soy ahora.
-Lo siento. -Las lágrimas de la abuela cayeron en el pelo de Isabella-. Desearía que no supieras todo esto.
E Isabella no supo cómo responder a eso. Ella sólo se quedó allí, con la cabeza en el regazo de su abuela, como lo hizo tantas veces de niña. Su madre había escogido la muerte antes que ser un hada. No dejaba muchas dudas acerca de lo que Renee pensaría sobre las elecciones que Isabella había hecho.
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Aquí viene una de las teorías más interesantes que siempre me ha rondado por la cabeza, desde que leí este capítulo y desde que terminé de leer la saga, y es el hecho de como dice Isabella, ¿Será que cualquiera de ellas pudo haber sido la reina que buscaba Edward por el simple hecho de tener el don de la Visión? Ellas sabían lo que eran las hadas y lo que podían hacer, porque admitámoslo que la corte oscura puede hacer lo que sea, hasta violar a sus mismas hadas mientras las demás hadas puedan verlos y no solo los de esa corte, entonces los ancestros de Isabella ya sabían de esto y transmitían su conocimiento de generación en generación, por eso mismo modo generaban cierto rechazo hacia ellos y obviamente iban a rechazar a Edward cualquiera de ellas. Tomando esto en cuenta, ¿No seria que Jessica lo previera para que cuando Edward encontrara a su reina jamás quisiera tomar la prueba y se convirtiera en una chica del verano, o si quisiera probarla no quisiera estar nunca con Edward y así el verano jamás tuviera toda su fuerza? Porque en reiteradas veces no han mencionado que si los reyes del verano estuvieran juntos sexualmente ellos tendrían una gran fuerza igualada a las de las demás cortes y en ese caso a la del invierno, y verano podría tomar represalias contra esta o la corte oscura.
Bueno eso es solo mi opinión, ¿Qué opinan ustedes?
¿Me dejarían un review para saber?
Perdón por la demora de un día, pero ayer estuve muy ocupada y me fue imposible leer. Pero actualizare lo más pronto posible.
