CAPÍTULO 8: PAGADO CON SANGRE

Esta adaptación que verán aquí es mía yo la adapte tal y como la encontraran aquí. La historia es de la escritora estadounidense Melissa Marr, y los personajes son de la también estadounidense Stephanie Meyer. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Hago esta adaptación sin ningún fin de lucro y sin ganar nada más que ustedes conozcan la historia y apoyen a las autoras comprando sus libros si tienen la oportunidad, y ya que ambas autoras estarán para sacar nuevo material este año, agradecería mucho que las apoyaran comprando sus libros.

Agradezco a los foros de traducción por haber hecho que yo conociera esta historia, y también a una revista que fue la que me dio la sinopsis de esta historia e hizo que me interesara por ella.

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Jacob quería estar sorprendido cuando viera a Emmett esperándolo dentro del Nido del Cuervo al día siguiente, pero no lo estuvo. Su amistad era una de las cosas a lo que Emmett se mantenía pegado, y Jacob, por su parte, no se oponía. Era como descubrir que tenía un hermano, aunque un retorcido y malhumorado hermano mayor, al que nadie se había tomado la molestia de hablarle.

Jacob hizo girar una silla y se sentó a horcajadas.

-¿No tienes un trabajo o algo?

El Rey Oscuro levantó un vaso en señal de saludo. Un segundo vaso se apoyó en la mesa. Él gesticuló hacia éste y dijo:

-No está vertida por mi mano o de mi copa.

-Relájate. Confío en ti. Además, ya estoy en tu mundo -Jacob levantó su vaso y tomó una bebida- y tampoco estoy planeando salirme de él en cualquier momento.

Emmett frunció el ceño.

-Quizás deberías confiar menos libremente.

-Tal vez. -Jacob se inclinó hacia delante y tomó un cenicero limpio de la mesa de al lado y se lo pasó a Emmett-. O tal vez tú deberías tranquilizarte.

En una esquina, la banda estaba haciendo su prueba de sonido. Jane, una de las compañeras semi-regulares de Jacob antes de Isabella, saludó. Sus rastas teñidas color cobre le llegaban hasta la mitad de la espalda cuando la había visto la última vez. No estaban mucho más largas, pero ahora estaban teñidas de magenta.

Jacob asintió y volvió su atención a Emmett.

-Entonces, ¿sientes la necesidad de un discurso o de ser sobre protector?

-Sí.

-Hablador y sensiblero hoy. Suerte para mí.

Emmett lo miró.

-La mayoría de las personas se sienten intimidados por mí en estos días. Soy el maestro de los monstruos a los que las hadas temen.

Jacob arqueó una ceja.

-Hmmm.

-¿Qué?

-Todo este "témanme" no funciona para ti. Mejor adhiérete a lo meditativo. -Jacob tomó otro trago y miró los alrededores del Nido del Cuervo-. Tú y yo sabemos que podrías ordenar todas sus muertes, pero sé que no lo harías.

-Lo haría si necesitara hacerlo.

Jacob no tenía una respuesta para eso, no era un punto de discusión, así que cambió de tema:

-¿Vas a estar pesimista toda la tarde?

-No. -Emmett miró hacia la esquina más lejana. Tan temprano, había un tablero de tiro al blanco abierto-. Vamos.

-Guau -dijo Jacob, pero se puso de pie tranquilo mientras lo decía, aliviado de pasar a hacer algo.

-Ahora, ¿por qué mis Volturis (sabuesos) reales no me obedecen tan rápido? -Emmett, al parecer, había decidido intentar relajarse. Él sonrió, débilmente, pero aún así era una sonrisa.

Jacob se acercó y sacó los dardos del tablero. Él no era lo suficientemente serio acerca del juego como para traer los suyos. Emmett, sin embargo, si llevó los suyos. Él había sido hada-pero-no-rey por demasiado tiempo. Como rey, no era propenso a reaccionar con el acero, pero ese era un cambio muy reciente. Un hábito de por vida no lo dejas tan fácilmente. Abrió su estuche; dentro había dardos de punta de hueso.

Mientras Jacob seleccionaba los dardos más rectos de punta de acero para sí mismo, Emmett observaba con expresión divertida.

-Ya no es más tóxico, pero aun así preferiría que no tocara mi piel.

-Los cigarrillos tampoco son tóxicos para ti, pero tú ciertamente no dudas allí.

-Punto. Los dardos no deberían molestarme -estuvo de acuerdo Emmett, pero aun así no hizo nada para tocar los dardos en la mano de Jacob.

Con una comodidad que rara vez sentía en torno a los habitantes de la Corte de Verano, Jacob le dio la espalda al Rey de las Pesadillas y posó la mirada en el tablero. Hogar. A salvo. El hecho de que la presencia de Emmett en su hogar, o algo así, sólo se agregara a su sentido de seguridad, no fue algo que se le escapara.

-¿Cricket?

-Seguro. -Jacob no veía el beneficio de pretender que estaba a la altura de jugar algo más serio. Él no era lo suficientemente bueno para dar a Emmett cualquier desafío en sus mejores días, pero eso no era de lo que se trataba el tirar dardos de todos modos. Era una manera de pasar el tiempo, una tarea para enfocarse.

Jugaron tres juegos en completo silencio, y aún aunque obviamente estuviera distraído, Emmett los ganó todos con su usual facilidad. Cuando Emmett había apuntado y arrojado su tercer y último dardo, dijo:

-Espero que perdones mejor de lo que disparas.

-¿Qué pasa? -Jacob no pudo detener la ola de preocupación que se alzaba en el tono cuidadosamente neutro del Rey Oscuro. Emmett le echó una mirada mientras recuperaba los dardos.

-Asuntos pendientes. Confía en mí.

-No quiero problemas.

-Soy el Rey Oscuro, Jacob, ¿qué problema podría existir? -Emmett sonrió, finalmente luciendo casi feliz-. Ellos están aquí.

Y, por un instante, Jacob no quiso volverse. Él sabía que los vería, su novia y su competencia por su afecto, cuando volteara. No le gustaba verlos juntos, pero su auto-control fue de corta duración. A pesar de que significaba verla con Edward, Jacob no pudo resistir mirarla. Nunca pudo, aun cuando ella era mortal. Isabella le estaba sonriendo a Edward; tenía una mano apoyada ligeramente en el hueco de su brazo. Ella había empezado a adoptar gestos más formales de las hadas en público.

Emmett habló en un tono bajo:

-Nunca pienses siquiera que él es de confianza. Cuenta los días hasta que tú estés fuera de su camino, y tiene el tiempo de su lado. Y sé que tú amas a nuestra... a la Reina de Verano, pero la tuya es una batalla perdida, sobre todo porque no estás luchando. Corta tus pérdidas antes que te destruyan, o devuelve la pelea.

-No quiero darme por vencido -Jacob miró a Bella. Él había pensado lo mismo más que un par de veces últimamente-. Pero ya no quiero una pelea.

-Pelear es… -empezó Emmett.

Jacob no escuchó el resto de las palabras: Isabella había levantado la vista y atrapado la mirada de Jacob. Ella dejó a Edward y empezó a cruzar la sala.

De forma casual, Edward se volvió a hablarle a uno de sus guardias, como si la ausencia de ella no fuera dolorosa. Sin embargo lo era. Jacob lo sabía; él había estudiado las reacciones del Rey del Verano, las observó cambiar a medida que el invierno terminaba. Edward mantendría siempre cerca a Isabella si pudiera. Al igual que yo.

Emmett le dio a Jacob una mirada compasiva mientras Isabella se acercaba a ellos.

-No estás escuchando en lo absoluto, ¿no?

Todo el aire en los pulmones de Jacob pareció desaparecer. ¿Es ella o lo que ella es? Él se había preguntado eso una y otra vez. Él en realidad nunca había tenido esas cosas de relaciones antes de Isabella, así que el imaginarse lo que era normal era un desafío.

¿Era normal la intensificación de la fascinación? ¿O pasaba porque estaba enamorado de alguien que ya no era humana? Él había leído lo suficiente acerca de cuentos populares los meses pasados como para saber que los humanos rara vez podían resistir el encanto de las hadas.

¿Era eso lo que me estaba pasando?

Pero entonces, Isabella se estaba deslizando dentro de sus brazos. Cuando ella trajo sus labios a los suyos, no le pudo importar menos el por qué estaba fascinado por ella, o si las advertencias de Emmett eran ciertas, o lo que Edward pretendía. Todo lo que importaba era que él e Isabella estaban juntos. La luz solar empapó su piel cuando ella envolvió sus brazos a su alrededor.

Él se aferró a ella más fuertemente de lo que lo hubiera hecho antes, cuando era humana. No podía agarrarla tan fuerte como para lastimarla, no ahora que era un hada.

Las manos de ella subieron por su espalda, y dejó un hilo de luz de sol en su piel mientras lo tocaba. Esa clase de osadía en público era atípica. Él rompió su beso.

-¿Bella?

Ella se apartó un poco más, y él se estremeció por la pérdida. Como si se hubieran llevado el sol.

-Perdón. -Un ligero rubor coloreó sus mejillas.

Él no se tenía todavía ninguna fe en su capacidad para formular una oración.

-Te amo -susurró ella contra sus labios.

-Yo también. -Prometió Jacob-. Siempre.

Ella se acurrucó en sus brazos con un pequeño suspiro. No era una reina, ni un hada, ni nadie más que su Isabella en ese momento.

-¿Estás bien?

-Lo estoy ahora.

Ni un minuto más tarde, sin embargo, ella se tensó. Aunque Isabella no podía ver a Edward, obviamente sabía que estaba parado detrás de ella. Cualquiera sea la conexión que tenían, era cada vez mayor, y no hacía la vida más fácil.

Por su parte, hacía alusiones a confusiones que no expresaría. La humanidad residual de Isabella, su capacidad para cambiar de soberana a simplemente una chica, parecía frustrar a Edward.

Jacob lo había observado intentar darle sentido a la negativa de Isabella de distanciarse del mundo humano. Era un punto fuerte: las personas que ella veía beneficiarse por su dedicación a reconstruir la fuerza del Verano la inspiraban a hacer más. Pero también un punto débil: el tiempo con los mortales le recordaba las desagradables diferencias entre los mortales y lo fantasioso, y la mantenía distante de sus hadas. Esa distancia era la fuente de la fisura en la corte, una vulnerabilidad que causaba más que un pequeño rumor.

Sumado a eso, estaban las tensiones por la negativa de Isabella de ser una "reina adecuada" y la relación en progreso de Edward con Tanya; la corte era más fuerte, pero no estaba del todo sanada.

Jacob sabía que cambiaría con el tiempo, especialmente mientras los mortales que Isabella amaba envejecieran y murieran, pero Edward estaba abiertamente insatisfecho por cualquier debilidad que pudiera poner en peligro a Isabella.

El afianzamiento de las frustraciones de las hadas con las decisiones de sus monarcas hacía a Edward preocuparse por lo que ocurriría cuando ganaran audacia. Esa preocupación por Isabella era una de las pocas cosas que Jacob apreciaba sobre el Rey del Verano. Edward atesoraba en verdad a Isabella. Él quería mantenerla a salvo y feliz.

También quería mantenerla para sí mismo.

-Deberías apartarte, Edward. Veo lo que estás haciendo. Te he visto jugar estos juegos por siglos. -La voz de Emmett era de repente humo y sombras-. Intenta pensar en lo que los otros necesitan, para variar.

-No creo que lo que hago ahora sea de tu incumbencia. -Edward maniobró para así estar más lejos de Isabella y encarando a Emmett. Al hacerlo, el Rey del Verano había puesto su espalda contra la pared de ladrillos, asegurándose que nadie pudiera venir detrás de él.

-Si lastimas a Jacob -Emmett le lanzó una sonrisa a Jacob- lo será.

-Él no es de tu corte.

Con burla goteando de su voz, el rey Oscuro dijo:

-Sólo un asno pensaría que importa. Rosalie está perdida para mí. La amiga de tu reina, y permitiste que sea corrompida...

-Por la corte Oscura, tu corte, Emmett. -Edward miró a Isabella, a Jacob, a los diversos mortales en la sala. En el tenue rincón donde se encontraban, el conflicto no estaba atrayendo todavía ninguna atención.

-Es mi corte, y con todo lo que he aprendido de los dos retorcidos reyes que he amado y por los que he vivido, nunca se doblegará ante la tuya. No me pruebes, Edward. -Emmett caminó con ímpetu hacia Edward, cerrando la distancia, con la amenaza aferrándose a su piel-. Lástima a Jacob y responderás ante mí.

Edward no habló.

-Dime que no tienes ninguna mala voluntad hacia él, Edward. -La voz de Emmett había caído hasta ser un gruñido bajo que Jacob no sabía residía en su amigo. Junto al rey Oscuro, las doncellas del abismo tomaron forma y se contoneaban; sus cuerpos eran lenguas de fuego negro, retorciéndose y ondulándose. Jacob sabía que eran capaces de la devastación si las dejaban sueltas, pero no estaba seguro si era algo bueno o malo. En una parte de sí mismo intentó mantenerse oculto, había furia en Edward y entusiasmo ante la idea de que Emmett lo reprendería. Lo que no es divertido. Jacob mantenía esos deseos reprimidos estos días. Él había trabajado duro para convertirse en la persona que era ahora. Él no se daba el gusto de peleas o levantes de una sola noche; no se ponía estúpidamente borracho o se proponía cosas sólo porque estaban prohibidas. Estaba tranquilo... aun cuando no era su reacción instintiva.

-¿Emmett? -Jacob dejó ir a Isabella y caminó alrededor de las bailarinas del abismo-. Tranquilízate.

-Él no habló, ¿no, Jacob? -Emmett había doblado sus manos en puños.

-Sé dónde estoy parado. -Jacob sabía que Edward tenía sentimientos encontrados. Él no había actuado para lastimar a Jacob, pero sería una sorpresa si no lo hubiera considerado. Detalladamente. Probablemente con Jasper asesorándolo sobre los riesgos. Jacob no iba a ir allí, sin embargo; no sería de ayuda-. No necesito escuchar su respuesta.

-Bella lo necesita. -La postura de Emmett era serena, pero las sombras se expandían desde él hacia la pared de ladrillos detrás de Edward. Las barras negras podían solidificarse en una jaula-. Retrocede, Jacob. Por favor.

Jacob se alejó del pequeño espacio donde los dos reyes estaban parados mirándose el uno al otro.

Después de ver el conflicto con el hada negra, Jacob era consciente que pararse entre estos dos era una mala idea. Los mortales eran demasiado frágiles. El pensamiento le repugnaba, pero era cierto. Sería roto demasiado fácilmente por ellos. Por todos ellos.

-Edward no lastimaría a Jacob -murmuró Isabella. Ella se acercó y tomó la mano de Jacob-. No le perdonaría eso, y él lo sabe.

Emmett le echó una mirada de censura.

-¿En serio?

Los rayos de sol oscilaban alrededor de ella cuando se irritó con Emmett.

-Sí, en serio.

Todos hicieron una pausa por una conmoción en la puerta. Los guardias de la Corte de Verano estaban tratando de negarle la entrada a un grupo de hadas excesivamente decoradas. No funcionó. Félix, el volturi que era la mano izquierda de la Corte Oscura, deambuló dentro. Con él estaban otros seis Sabueso, incluyendo a Chelsea, la tosca y extrañamente dulce compañera de Félix, y Kate, la hija media mortal de Félix. Las pisadas de Félix resonaban a través del suelo. La ola de miedo que los Sabuesos traían en su estela se desgarraba por la habitación.

Y Jacob estaba una vez más agradecido por el amuleto anti-encanto que Emmett le había dado. Él podría ser frágil, pero no era susceptible al miedo de los Volturis, a cualquiera de sus espejismos. Tanya le había dado la Vista, pero eso sólo le permitía verlos. Emmetg le dio la protección para el modo en que ellos podían jugar con sus emociones.

-Fel -dijo Jacob, no seguro si la llegada de los Volturis eran buenas o malas noticias. No eran conocidos por asesorar cautela o calma-. Es bueno verte… creo.

Félix rió.

-Veremos.

Chelsea le guiñó un ojo.

-Mortal.

Emmett no apartó la vista de Edward.

-Lastimas a Jacob, y no te perdonaré. Él es mi amigo, bajo la protección de la Corte Oscura.

-Edward no va a lastimar a Jacob -intervino Isabella-. Y nuestra corte ya lo mantiene a salvo. Él no te necesita.

Edward le dio a Emmett una mirada insípida y luego preguntó a Jacob:

-¿Le ofreces lealtad a la Corte Oscura, Jacob Black?

-No.

-¿Se la ofreces a la Corte de Verano?

Jacob sentía a Isabella tensa junto a él.

-No, pero no rechazaría la amistad de ninguna si es ofrecida.

-Hay un costo… -La inocente expresión de Edward era hipócrita, una especie de mentira-. Dolor, sexo, sangre, hay un montón de horribles precios que la Corte Oscura puede exigir. ¿Vas a estar dispuesto a pagar lo que sea que pidan para comprar protección?

-¿Jacob? -La preocupación en la voz de Isabella era real. Ella era la única en la sala que podía creer que Edward estaba tratando de ayudar a Jacob.

Al ofrecerle la amistad de su corte, Emmett le había arrojado un salvavidas no solicitado, no una trampa. Jacob lo entendía. Aún si ella no lo ve. La amistad de una corte era más que sólo la amistad de Emmett: significaba que aquellos que hubieran jurado lealtad a ese trono, actuarían como si él fuera uno de ellos. Significaba que tendría muchos de los beneficios de pertenecer a una corte sin las obligaciones o deberes. Considerando lo vulnerable que era, significaba que tenía la fuerza para invocar una corte que muchos de los solitarios, la Suprema Corte, y la Corte de Verano, temían. Aun si no irritara a Edward, sería atractivo.

-Es estupendo -le aseguró Jacob a Isabella-. Emmett es mi amigo.

-La amistad no sólo del Rey Oscuro sino de la Corte Oscura es ofrecida, para ser pagada con sangre, y no otra moneda -dijo Emmett. Sus ojos tenían miedo de que Jacob rechazara su oferta.

-Aceptada. -Jacob extendió su muñeca enfrente de él y esperó. No llegó hasta Emmett o los volturis. Los detalles de lo que seguiría eran claramente confusos para él. Casi todo el mundo allí podía extraer sangre sin una cuchilla, pero también todos llevaban armas de algún tipo. Era dudoso que alguien que no fuera Emmett lo sangrara, y aun si lo hicieran, Jacob confiaba en que Félix o Chelsea, las siguientes dos hadas de más alto rango, serían cautos con su seguridad.

Sólo Edward quiere dañarme.

-Confío en ustedes -dijo Jacob a Emmett, y a los Volturis.

- Me siento honrado. -Emmett se inclinó y bajó la voz para decir-. Pero el Rey Oscuro en realidad no resiste muy bien la tentación.

Entonces, con una sonrisa maliciosa, él se giró y estampó su puño en la cara de Edward con tal fuerza que la cabeza del Rey del Verano golpeó la pared de ladrillos con un ruido sordo.

En un aliento, todas las hadas se volvieron invisibles.

Isabella corrió al lado de Edward mientras él se desplomaba y caía.

Los Volturis avanzaron para pararse como un muro de amenaza junto a Emmett.

Las bailarinas del abismo se contoneaban.

Y Emmett lamió sus nudillos.

-Sellado y pagado con sangre. Las reglas no dicen que tiene que ser tu sangre, Jacob.

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Como vieron Emmett no perdona a Edward por lo que no hizo por Rosalie, los que leyeron Tinta Peligrosa (lo encontraran en mis historias) entenderán de que va todo esto, sé que es un poco confuso para los que hayan empezado recién con esta historia, pero como verán en el summary este es el tercer libro de una serie de 5 de la saga Wicked Lovely y esto ya va por la mitad.

Habrá mucha intriga, traición y amor en esta saga. El que Edward haya encontrado a Isabella era solo el principio, aquí se puede decir que es donde comienzan todos los conflictos, el primero y segundo libro fueron como la antesala de todo lo que se va a preparar en estos siguientes libros. Recuerden Victoria está al acecho.

Nos estaremos leyendo mañana. No olviden dejarme un review.