CAPÍTULO 9: AMENAZA
La historia es de Melissa Marr, los personajes son de Stephanie Meyer, la adaptación es mía. Apoyen a las autoras comprando sus libros y apóyenme a mí con un review.
Agradezco a los foros de traducción por hacer este tipo de traducciones, sin ellos no podríamos saber de estas historias.
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Isabella se puso entre Edward y Emmett, ante la idea de defender a su Rey que había terminado la formación.
-Deténganse.
-No quieres tentarme ahora mismo. -Emmett les dio la espalda y comenzó a alejarse.
Ella lo siguió. De alguna manera comprendió que su carácter era de alguna forma lo que la empujaba a actuar tontamente, pero no importaba. Su rey había sido herido por la mano del hada. Tenía que atacar a cualquiera que atacara a su Corte, tenía que aplastar a cualquiera que los debilitara.
La acción de Emmett, sin embargo, no era en contra de su corte, Emmett y Edward no habían resuelto sus conflictos, y Emmett creía que Edward era una amenaza para Jacob; esto era personal, no hacia la corte. La lógica estaba tratando de interferir en sus impulsos. Pero Edward estaba herido.
Ella cogió el brazo de Emmett. El olor a piel quemada fue instantáneo. Su luz se encendió, era más brillante de lo que había notado. Emmett no se inmutó. En lugar de eso, tendió su brazo, y eso hizo que ella se acercara más a su cuerpo. Sus dedos se apretaron contra su pecho y causaron pequeños agujeros en su camisa. En vez de lanzarla lejos, la tenía tan cerca que ella tuvo que lanzar su cabeza hacia atrás para mirarlo. Una vez que lo hizo, Emmett dijo:
-A mi corte le gustaría tener más conflictos con la tuya… y a mí. - Sonrió-. Me pregunto si tienen razón.
-Vamos. -Ella apartó su mano, y se concentró, de modo que ya no le causara más lesiones.
Él agarró su muñeca.
-Toda esa sangre podría haber sido un truco, pero yo quiero la suya. No voy a violar las leyes para tenerla. Y ¿en realidad?, sospeché que iba a disfrutar más de esta manera. -Miró más allá de ella, y le sonrió a Edward, que estaba tirado en el suelo- Y lo hice.
Luego la soltó. Se apartó con cuidado.
-Lo heriste.
-Y tú me heriste a mí. La diferencia, Isabella, es que yo lo haría todos los días si pudiera encontrar una manera de justificarlo. ¿Podrías tú?
Emmett no sonaba como cuando estaba en su corte, el que la había ayudado a convertirse en la Reina del Verano, y seguramente no se parecía al hada que había cortejado a Rosalie. Ese rostro se había ido, y lo que estaba delante de ella era un hada que rivalizaba con lo peor, algo de lo que ella se habría escondido cuando era una niña.
Su luz apenas brillaba, ella le miró encolerizada mente.
-Yo no soy la que inicia las peleas.
-¿Vas a iniciar una? ¿Empezarás realmente el conflicto que ellos desean tan ardientemente? Mi corte me susurra en cantos lo que deberíamos hacer, tu corte todavía es débil. Es difícil no escucharlos. -Sus bailarines oscuros oscilaban en torno a él, como sombras que cobraban vida.
Félix y varios de los otros Volturis permanecieron a la espera.
Esto se podría poner más feo de lo que ellos podrían manejar.
Ellos no habían traído un montón de gente con ellos. Ella no esperaba problemas. Claro, había rumores de discordia, pero las hadas tenían siempre pequeñas diferencias. Los gobernantes de cada Corte las mantenían vigiladas. Emmett había sido uno de los chicos buenos. Tanya era una de los buenos. Las dos cortes que estaban causando problemas a la suya estaban gobernadas por hadas que habían sido amigos suyos, y más de Edward. En el pasado habían defendido a la Corte del Verano. Sabía que no estaban en buenos términos, pero no se imaginaba que fueran lo suficientemente graves como para dar lugar a verdaderos problemas. "Esa no es la forma en la que funcionan las cortes de las hadas, Isabella", él le había asegurado. "No iremos tan rápido a la guerra", le había prometido. Y ella le había creído, hasta ahora.
-¿No te asusto, Bella? -La voz de Emmett era un susurro, como si fueran las dos únicas personas en la habitación.- ¿Te recuerdo a por qué creías que éramos monstruos?
-Sí. -Su propia voz salió tambaleante.
-Bien. -Miró hacia un lado del lugar donde se encontraba ella, donde se había formado una pared de sombras. Fuera de ese muro se colocaban las hadas oscuras, si no era ella, no sabía quién podría destruir las sombras, pero no estaba segura de cómo hacerlo, y Edward aún estaba inconsciente en el suelo.
Como si los detalles fueran de un interés casual, Emmett agregó.
-Tu rey nunca aprendió a luchar. Él hacía que yo y el resto de la corte lucharan por él.
El muro de sombras creció y se arremolinó alrededor de ellos en una burbuja. Ella lo empujó fuera, la textura era de plumas y resbaladiza. Luna nueva, hambre, miedo. Su toque la hizo estremecerse. Necesitar. Ahogarse en las ondas de la necesidad.
Sacudió la mano y se obligó a concentrarse en la conversación.
-¿Por qué haces esto?
-¿Proteger al mortal que amas? -Emmett sacudió la cabeza-. No voy a dejar que Edward lo corrompa a él también, y tú has demostrado no ser capaz de defender a tus amigos de él. Eres buena con tu corte, pero con tus mortales…
-Tu corte le hizo daño a Rosalie.
-Y tú no pudiste salvarla. Si tú le hubieras ofrecido la protección de tu corte antes de que él se la llevara… -Interrumpió la frase con un gruñido-. Le fallaste a ella, como le fallarás a Jacob.
-He cometido errores, pero nunca le haría daño a Jacob. Lo amo.
Isabella sintió que su temperamento era cada vez menos estable. Emmett la había atrapado, había golpeado a su rey, y le daba a entender que Jacob era vulnerable a causa de ella. Antes, le había hecho daño a Emmett por accidente, le faltaba control, pero ahora… ahora quería hacerle daño. Severamente. Su carácter la quemaba y, en ese momento, ella no veía ninguna razón para tratar de controlarlo. El aire dentro de la burbuja de sombras fue creciendo con ampollas calientes. Podía saborear el aire acre del desierto, la arena en sus labios.
-Atácame, Bella, adelante, dame un motivo para que mi corte ataque a la tuya. Convénceme de que debo dejar de torturar a tus frágiles chicas del verano. Invítame para que pueda extraer la sangre de Rowan. -Le susurró en un tono que significaba habitaciones y velas. Esa era la naturaleza de la corte oscura, aparte de la violencia y del sexo, la lujuria, el miedo, la ira y la pasión. Él extendió la mano y acarició su mejilla, mientras añadía-. Permíteme que te dé mis buenos deseos.
Paul era menos peligroso para nosotros. Ese era el punto débil de Emmett, "Paul". Deja de tratarlo como a un amigo. No pienses en él como un mortal. Su mente se enredaba tratando de desenredarlo para que tuviera sentido. Así que, después de todo lo que había aprendido de las hadas, le resultaba inútil. Ella siempre se había sentido orgullosa de lo que sabía, lo que la había ayudado a sobrevivir, las normas que se había obligado a seguir. Una regla que aún la ayudaba. Si corres, te van a perseguir.
Se acercó, avanzando hacia él lentamente.
-El último rey oscuro creyó que me estaba tentando. Aquí. En este mismo lugar...
Emmett se rió, su mirada fue un destello casi feliz. Pero el placer se había ido tan rápido como había llegado.
-Si él realmente lo hubiera intentado, te hubiera llevado. Realmente no lo intentó, Bella… se trataba de una distracción momentánea, un coqueteo rápido. Paul actuaba de esa manera.
-Edward dice que tú eres como Paul, un Gancanagh. Me lo explicó antes. - Admitió, no orgullosa de engañar a su rey con los resultados, pero dispuesta a ser honesta-. ¿Todavía eres adictivo?
-¿Por qué? ¿Quieres probar?
Algo salvaje destelló en sus ojos, y ella esperó. Ella vio el fino barniz de civilización que aún le quedaba a Emmett. No era superficial, ella lo quería romper. La lógica le advertía, pero no hizo caso de ella.
-Así que realmente debo empezar a tratarte como a Paul.
-No. -Emmett puso su brazo sobre sus hombros y la empujó hasta quedar aplastada entre la pared de sombras y él-. Debes de recordar que Paul realmente no quería hacerle daño a Edward. Yo sólo necesito una excusa. ¿Me das una Bella?
La sensación de la pared detrás de su cuerpo era abrumadora.
Peligrosas tentaciones susurraban sobre su piel, cosas que preferiría no considerar llegaron corriendo a su mente. Edward en sus brazos. Mío. No sólo como un gusto, sino para ahogarse en él. No era lo que la corte de las hadas oscuras quería. Pero estaba llenándose de la energía oscura de la corte, que la hacía ir a lugares a los que realmente no quería ir. La corte oscura ponía tentadores pensamientos en su cabeza, la hacían pensar en que lo que realmente quería era al país de las hadas, a su corte, no al mortal a quien amaba. Sentía su corazón latir demasiado rápido contra su pecho, mientras que las sombras seguían tirando de ella, de sus temores y de sus deseos.
-Yo quiero… -Se mordió el labio, no debería de pronunciar esas palabras, no admitiría que pensaba en Edward en ese instante.
-Yo sé lo que quieres Bella... lo que quieres es herirlo. -Emmett miró a través de las sombras hacia Edward-. Quieres que cruces la línea que justifique que yo pueda atacarlo.
-¿Justificar? -Ella trató de alejarse de las sombras que la envolvían.
-Por mí, por Tanya y por Jacob…
-Pero…
-Mi corte lo quiere, es una parte importante para que me abracen como a su rey… Es por eso que Victoria hace alarde de ello en mi despacho cada vez que se le presenta la oportunidad. Ella viene a mí, llena de sangre y hambre de la ira que le tengo. -Emmett miró a Jacob, quien presionaba inútilmente sobre la barrera de sombras-. Jacob te quiere, él te ama, mantenlo a salvo de Edward… o voy a tener una razón más para dar rienda suelta a las maldades y perversiones de mi corte.
Ella miró a través de la barrera Jacob estaba diciendo algo, pero sus palabras eran bloqueadas por la pared de humo. Sin embargo, su expresión no lo era. Estaba furioso, su tranquilo Jacob en ese instante era cualquier cosa menos pacífico.
-Si Jacob me lo perdonara, Bella, te usaría como excusa para provocar a tu rey. -Le apretó los hombros-. Heriste a Rosalie por tu estupidez, me hiciste daño.
La empujó hacia la pared de sombras, hasta el punto en el que pensó que su corazón iba a fallar. El terror se apoderó de ella, cayendo hasta los rincones más silenciosos y removiendo todos sus temores y dudas al mismo tiempo. Sola, no era suficiente. Débil, estúpida, la destrucción de Jacob, lastimando a su corte, perdiendo a su rey.
-Lo siento, nunca quise que Rosalie saliera lastimada. Tú lo sabes… -Obligó a su mente a serenarse, llamando a la calidez a su interior, la paz del sol de verano era lo que le daba fuerza. No era suficiente, no contra un rey que sabía lo que estaba haciendo-. Sé que realmente no eres tan cruel. Eres una buena persona.
-Estás equivocada. -Emmett lanzó una mirada a Félix y a los demás Volturis, que eran sombríos contornos fuera de la jaula que Emmett había erigido en torno a ellos dos. Y finalmente se apartó de la pared de oscuridad-. Pregúntales a tus chicas del verano si soy un buen elfo. Pregúntale a Edward cuando se despierte. Pregúntate si tu temor a mí está bien fundado. Estás sola con un monstruo, Isabella… y tus deseos, tus miedos, tus enojos son como señuelos de sangre.
Pero no estoy sola. Esa simple declaración marcó la diferencia. Había una persona al otro lado de la pared que la amaba, y había un hada que era parte de ella. Jacob le daba valor, Edward le daba luz. Dejó que su luz dibujara su contorno, y la luz de Edward penetrara en su piel, el calor familiar ahuyentaba la sombra espesa que había invadido su cuerpo.
-Tengo que irme. Lejos de la pared.
-¿O si no?
Sin pensar más, sólo en que el rey oscuro quería hacer daño a la corte del verano, ella empujó la luz solar hacia delante, empujándola hacia la piel de Emmett. Languidez y saciedad, los cuerpos almizclados por el sol del verano, fuertes vientos de un siroco batiendo sus alas, todo esto surgía de ella, era justo hacer pagar a las sombras. Era todo el peso del placer del verano con un tinte de dolor.
-Nosotros somos fuertes ahora. No lo provoques a él… o a mí.
Sus manos estaban aún alejadas de las de ellas, sin embargo cerró los ojos. Ella pensó que había dejado claro su punto. Pensó en decirle que deseaba que las cosas no hubieran ocurrido de esa manera. Que realmente deseaba la paz entre las cortes, fue sólo un latido de esperanza y culpa, antes de que pudiera decirlo, abrió los ojos. Las fauces del abismo la miraban desde dentro de él.
-Estás pensando como un mortal, Isabella. -Se lamió los labios-. O tal vez estás pensando como Edward, las llamadas de poder no me intimidan. -Dio un paso torpe hacia atrás, tratando de alejarse de él-. Incluso si Jacob no fuera mi amigo, no intentaría seducirte. Me gustaría, sin embargo, agarrarte y romper esos delicados huesos tuyos. -Él estaba pecho a pecho con ella-. Yo soy el rey Oscuro, no un cachorro que se siente impresionado por una muestra de tu humor. Viví con Paul. Aprendí a luchar junto a los Volturis de Félix.
Emmett la exprimió hasta que sintió cómo era de vulnerable a él, a otro gobernante del país de las hadas.
Jacob presionaba sobre las sombras de nuevo. Tenía la mano en el exterior de la barrera. Si hubiera podido abrirse paso a través de ella, podría tocarla, pero no podía tocar las sombras. La frustración en su rostro era horrible. Cuando ella lo miró, él vio el temor marcado en su cara. Jacob maldijo, movió a Edward, pero el rey del verano no respondió.
Varios Volturis esperaban alrededor de Edward, ellos no ayudaron ni impidieron el intento de Jacob de despertarlo. Otros estaban en la puerta impidiendo el paso a cualquier hada que quisiera entrar.
-Puedes ser una buena Reina, y una buena persona, Isabella. No dejes que tu confianza en Edward destruya a Jacob, o te cobraré el costo de cada herida que él reciba. -Emmett la soltó y al mismo tiempo bajó el muro.
Ella cayó al suelo.
Con aparente indiferencia, Emmett pasó al lado del mortal que había estado defendiendo, más allá del rey al que una vez había servido, más allá de las demás hadas.
Jacob lo detuvo.
-¿Qué demonios estás haciendo? -Sintió que la última parte de calma que había estado manteniendo huía de él-. Tú no puedes...
-Jacob. No lo hagas. -Emmett agarró el brazo de Jacob-. La Corte de Verano necesita un recordatorio de que no estoy más a su servicio.
-Yo no hablo de la corte, sino de Bella. Estabas hiriendo a Bella.
-Escucha con mucha atención. -Emmett miró a Jacob mientras pronunciaba cada palabra recortada y precisa-. Ella no se romperá, está asustada, pero eso no es algo malo. Si realmente estuviera herida, estarías cuidando de ella, no arremetiendo contra mí. Lo sabes tan bien como yo. -Jacob no tenía respuesta para eso. Refutarlo sería una mentira, y como lo hacía con Isabella, Jacob trataba de no mentirle a Emmett.
Dos sombras danzantes se apretujaron contra Emmett, sus cuerpos eran casi tan tangibles como el de los seres vivos. Un hombre estaba detrás de Emmett. Su cuerpo diáfano se amplió, alargando sus brazos sobre sus hombros. Sus manos estaban sobre las costillas de Emmett.
La segunda sombra bailaba detrás de él; ella colocó su plana mano sobre su corazón, centrando la mano de la primera bailarina sobre él. Ausente, Emmett acarició las manos enlazadas.
-Ella me siguió. -Emmett le recordó-. Yo soy lo que soy, Jacob, pasé siglos llevando la carga del tribunal de justicia de la Corte de Verano. No voy a servir a nada ni a nadie más que a mí mismo. Le di una oportunidad y me amenazó.
-Debido a que noqueaste a Edward.
Emmett se encogió de hombros.
-Todos tenemos que tomar decisiones. Ella escogió enfrentarse a mí, yo elegí señalarle sus locuras.
-Lo que hiciste fue levantarla como a un gato.
-Ella está físicamente sana. -Emmett frunció el ceño, pero suavizó el tono de su voz-. No quiero pelear contigo, hermano, hice lo que tenía que hacer.
-Pase lo que pase… siempre… -Jacob sabía que no podía pedirle que le hiciera algún tipo de promesa. Isabella pasaría una eternidad como Reina de las hadas, una gobernante que no sabía exactamente lo que aprobaba la corte de Emmett. Todo lo que Jacob pudo decir fue.- Yo quiero que esté segura.
-¿Y Edward? -La voz de Emmett era emocionante-. ¿Me culpas por herirlo a él?
Jacob hizo una pausa mientras trataba de encontrar las palabras para responder. Emmett esperaba, pero aún con el constante aumento y caída de su pecho bajo las manos de los bailarines de las sombras. Unas cuantas respiraciones más tarde, Jacob capturó y retuvo su mirada.
-No. Yo quiero que ella esté a salvo. Quiero que tú estés a salvo. Y no quiero cargar con la manipulación o el daño que se puedan causar.
Emmett suspiró con evidente alivio, los bailarines se esfumaron, se desvanecieron hacia el vacío en que vivían.
-Haré lo que pueda. Ve con ella.
Y Jacob, tuvo que hacerle frente a ella, a su amada, la que no podía haber salvado, la que estaba sosteniendo a alguien más. Ella había estado en peligro, y él había sido un inútil para ella. ¿Qué sucedería cuando el que la amenazara no fuera alguien como Emmett? ¿Qué hubiera hecho si Emmett le hubiera hecho daño? Era mortal, y era débil.
Edward no fue de ninguna ayuda tampoco. Jacob se recordó a sí mismo. La diferencia, por supuesto, era que Edward podría ir a enfrentarse con Emmett después, y, si hubiera estado consciente, hubiera intervenido para salvarla cuando estuvo atrapada.
A veces, ser humano apestaba.
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Agradezco a caritoreh por estar leyendo esta historia y haberse animado a dejar un review.
¿Habrá todavía lectoras que me siguen después de todos estos años de ausencia?
¿Ahora bien del capítulo que piensan? Yo creo que Emmett si se pasó, es cierto que ya no está bajo la jurisdicción de verano, pero Isabella nunca fue mala con él. Que, si cometió errores con Rosalie por creer ciegamente en Edward, pero claramente Rosalie lo dijo en el libro anterior que concordaba con Bella en que la hubiera mantenido ignorante del mundo de las hadas, pero siempre pensé que se involucró, pero nunca se arrepintió porque tuvo a Paul y de cierta manera a Emmett.
¿quieren que suba las historias cortas en donde Emmett ya es rey y Rosalie está en otra ciudad? Si me dicen que si las estaré subiendo pasado mañana.
Nos leemos mañana con otro capítulo.
