Capítulo 35: ¡Llega el temido día! Mamá, te presento a Jack
Sylvia se quedó mirando los carteles que había sobre la mesa con el ceño fruncido. Era el típico poster de mascota perdida con una foto de Zana en el centro. Dudaba mucho que aquellos papeles fuesen a ayudarles a encontrar a Zana. Obviamente si la gata se había marchado era porque tenía sus propios motivos. Sylvia sospechaba que era un intento por su parte de alejar la atención sobre ellas y proteger el Ofiuco, pero eso no significa que le gustase su decisión. Lo cierto era que con el tiempo le había cogido bastante cariño a Zana y cada vez que se levantaba y veía la ausencia de la gata su corazón dolía. Le hubiese gustado que Zana confiase más en ellas como para quedarse y luchar contra la Constelación Perdida juntas. Pero tras la pelea contra Cancer comprendía porque la gata estaba asustada. Jamás habían enfrentado a alguien con tanto poder y se suponía que hasta había más villanos más fuertes que Cancer. Suspiró dejando caer su cabeza sobre los carteles.
- Borra ese ceño triste –Martha le golpeó con un dedo en el entrecejo–. Tu madre viene esta noche y seguro que no quieres recibirla con esa cara tristona.
- No puedo evitar estar preocupada –Sylvia se encogió de hombros.
- Estoy segura de que van a encontrarla, Zana es una gatita lista. Casi parece humana –comentó Martha con esa mirada misteriosa suya–. Ahora prepárate para el instituto, yo pondré los carteles por el vecindario.
- Gracias, Martha.
Le dio un beso en la mejilla como agradecimiento y cogió la mochila para marcharse. Lo cierto era que tenía ganas de ver a su madre. Su relación había mejorado bastante, pero ahora era más difícil verla con todo el trabajo que tenía. Cuando no estaba en otro país, estaba teniendo alguna reunión importante. Aunque al menos de vez en cuando conseguía una semana entera de vacaciones y las dos aprovechaban para pasar un poco de tiempo juntas. Se reunió con Clara y Elyon en la puerta del colegio con esperanzas de que tuvieran noticias.
- He colgado anuncios por todos lados pero de momento nadie la ha visto –dijo Clara con tristeza.
- Bibiana también ha hablado con los refugios de animales y nada –añadió Elyon.
- Maldita sea –maldijo Sylvia–. A este paso no vamos a encontrarla nunca.
El timbre sonó anunciando el comienzo de las clases y las chicas se dirigieron a sus aulas. El profesor White se acercó a Elyon y Keyla segundos antes de comenzar su lección y les preguntó sobre el anuncio de la gata que habían colgado en la puerta. Keyla le respondió con una sonrisa que la gata era de Sylvia y que estaban buscándola después de que se escapase. El profesor sonrió levemente y les dijo que intentaría buscarla él también prometiendo avisarlas si pasaba algo. Cuando las clases acabaron, Vlady y Jack estaban esperando a las demás en la puerta con un rostro cansado. Ellos también habían estado ayudándolas a buscar a Zana por toda la ciudad sin ninguna suerte.
- No me puedo creer que sea tan difícil encontrar a una gata blanca con heterocromía –masculló Vlady.
- Recuerda que también fue una guerrera legendaria –le recordó Keyla–. Por lo menos eso nos da la seguridad de que se encuentra bien.
- No te preocupes, preciosa –dijo Jack sonriendo de oreja a oreja–. Esta noche te dejo pedir lo que quieras del menú.
- ¿De qué estás hablando? –preguntó entonces Sylvia.
- De nuestra cena de esta noche –le respondió él.
- Esta noche… –Sylvia abrió mucho los ojos–. ¡No puede ser!
- No me digas que se te había olvidado –le reprendió Clara.
- No es eso… bueno, sí… pero es que esta noche viene mi madre y con todo lo de Zana y Cancer y…
- Espera –le interrumpió Jack–. ¿Tu madre viene esta noche? Entonces está arreglado, ¡iré a cenar con vosotras!
El rostro de Sylvia palideció de repente ante la sugerencia, pero Jack la ignoró. Había estado esperando mucho tiempo para poder tener una oportunidad de introducirse a la familia de Sylvia. En su cabeza no había forma más estupenda de afianzar su relación que cenar con su madre. Sylvia incluso había venido a casa de los Turner más de una vez, pero siempre se negaba a que él fuera alegando que su madre apenas estaba en casa. Por otro lado, Sylvia no quería introducir a Jack a su madre porque sabía perfectamente lo que conllevaba. Ahora que había conseguido algo de estabilidad con su madre no quería tener que discutir con ella porque no aprobase su decisión de con quién salir. La chica miró a Clara y a Elyon buscando una forma de salir de aquellos, pero las dos negaron con la cabeza. Era hora de que aceptase su destino. Suspirando pesadamente, Sylvia aceptó al plan y mandó un mensaje rápido para avisar a Martha y a su madre mientras rezaba porque la noche no saliese tan mal como imaginaba.
Gemini caminó por los pasillos del castillo atraído por el sonido musical de una de las habitaciones. Encontró a Cancer bailando en una especie de máquina luminosa que suponía era un videojuego. Leo y Taurus estaban sentados pacientemente en unas sillas más alejadas observando a su compañero bailar a un ritmo frenético.
- Gemini –saludó Leo–. Únete a nosotros.
- ¿Puedo preguntar que estáis haciendo?
- Cancer se aburría y ha decidido probar un nuevo juego –contestó Taurus–. Ya sabes como le gusta encontrar algo en lo que distraerse.
- Ya veo –asintió Gemini mientras se acercaba a Cancer–. Lamento interrumpir tu diversión entonces, pero quiero preguntarte sobre las Pretty Cure.
- ¿Qué quieres saber? –contestó Cancer mientras seguía bailando sin mostrar mucho interés.
- Antes de que te ordenásemos la retirada, viste que una luz se encendía en sus cetros. Temo que se trate de un poder que pueda resultar peligroso para nosotros en el futuro.
- Tonterías –se rio Cancer–. Esas chicas no tienen ninguna posibilidad contra nosotros. Te preocupas demasiado.
El niño no dijo nada más y siguió bailando como si no pasase nada. Gemini no dijo nada más y se arrastró fuera de la habitación. Leo lo miró con interés y le siguió dejando a Taurus y a Cancer solos. Gemini siempre había sido el más reservado de la Constelación Perdida y resultaba difícil comprender sus verdaderos motivos. Pero seguramente se debía a que la figura que estaba frente a él no era del todo Gemini. Tal y como su símbolo representaba, Gemini no era una sola entidad sino que dependía de otro sujeto. En los antiguos días, la Constelación Perdida había aprovechad para mandar a la otra mitad de Gemini a espiar al bando enemigo. Así que suponía que la otra mitad debería de haber tomado el lugar de alguien familiar en la vida de las Pretty Cure. Pero la cuestión era que si Gemini estaba preocupado quizás sí hubiese un motivo para estarlo. Siguió a Gemini hasta una cristalera que montaba uno de los pasillos con innumerables puertas.
- ¿Crees que de verdad que son un peligro? –preguntó Leo.
- Creo que no deberíamos subestimarlas –explicó Gemini.
- ¿Por qué no vas tú a enfrentarte a ellas? –sugirió Leo–. Averigua cual es el peligro al que podríamos enfrentarnos.
Gemini le miró todavía sin estar muy seguro, pero finalmente asintió. Quizás pudiese descubrir algo más antes de decirle a Leo que la gata había desaparecido. Sabía perfectamente que eso haría que su compañera se apresurase y sabía que eso no les vendría bien. Al fin y al cabo la otra vez también habían sido las Pretty Cure quienes habían detenido su plan.
- ¿Tú que opinas? –preguntó Sylvia por teléfono.
- No lo sé, Sylvia –le contestó la voz de Demi por el otro lado–. Creo que deberías intentar disfrutar de la noche en vez de preocuparte tanto. Al fin y al cabo estoy seguro de que a tu madre acabará gustándole Jack.
- Espero que tengas razón –suspiró la chica–. Gracias por escucharme.
- Para eso están los amigos –sonrió por la otra línea el chico–. Pero ¿puedo preguntarme porque me has llamado a mí?
- Supongo que quería la opinión de alguien que no estuviese tan involucrado en nuestra relación –le contestó Sylvia– y que fuese sincero conmigo.
- Me alegra que pensaras en mí entonces.
Sylvia se despidió del chico sintiéndose un poco mejor con respecto a la noche. Martha ya había puesto un cubierto de más y su madre estaba a punto de llegar del aeropuerto. Como si el mero pensamiento la hubiese invocado, escuchó la puerta principal abrirse y cerrarse y el ruido de las ruedas de una maleta. Sylvia salió para saludar a su madre, Bella Black. La mujer seguía teniendo la misma apariencia seria de siempre y llevaba el pelo castaño sujeto en una larga coleta. A pesar de su evidente cansancio, saludó a Sylvia con alegría aunque no le preguntó nada de momento sobre su invitado extra. No pasó mucho tiempo después que el timbre sonara anunciando la llegada de Jack. Bella y ella se miraron y ambas reaccionaron al instante para ir a abrir la puerta. Bella empujó a Sylvia hacia un lado con decisión pero sin hacerle daño y consiguió abrir la puerta la primera. Jack estaba plantado en el umbral con una sola rosa en la mano.
- Señorita Black –saludó con una sonrisa impecable–. Ahora entiendo de donde saca su hija la belleza –le ofreció la rosa y le dio un beso en la mano.
Bella se quedó mirando al chico extrañada mientras que Sylvia maldecía para sus adentros. Aquella clase de cumplidos no iban a funcionar con su madre y lo que era peor, la pondrían de mal humor. Sin embargo, y para su sorpresa, Bella enseguida empezó a reírse con energía y cogió la rosa con gusto mientras dejaba pasar a Jack.
- Vaya, vaya –sonrió–. Y pensar que yo me esperaba otra cosa. Me alegra que mi hija tenga una pareja tan cortés.
- Siempre a su servicio, señorita.
- Por favor, llámame Bella.
La mujer le dirigió hacia el salón mientras los dos se reían de pequeños comentarios ante una boquiabierta Sylvia. Jamás había imaginado que aquello pudiese ir tan bien. Su madre parecía encantada con Jack, y conforme se sentaban para cenar cada vez notaba más la buena relación que podrían llegar tener. Dejó escapar un aliento que no sabía que estaba guardando y decidió seguir el anterior consejo de disfrutar de la cena.
- Y ¿cómo os conocisteis los dos? –preguntó Bella haciendo que ambos se atragantaran. No era como si pudiesen explicarle que Jack había sido un villano que quería destruir la humanidad.
- Eh… es… Jack es el hermano de Clara –dijo Sylvia.
- ¿Clara tenía un hermano? –se extrañó Bella.
- Adoptado –intentó explicar Jack–. Por eso no nos parecemos mucho.
- Ya veo, y ¿qué te hizo fijarte en Sylvia?
- Bueno, digamos que la primera vez que nos conocimos intentó pegarme una paliza.
- Sí, eso es típico de ella –se rio Bella–. Siempre he dicho que ese es su lado más adorable.
- ¿Qué? –se escandalizó Sylvia.
- Tienes toda la razón –coincidió Jack–. Esa mirada determinada que pone es simplemente preciosa.
- ¿Qué?
- Aunque algunas veces es muy cabezota –continuó Bella.
- ¿Qué?
- Sí, pero eso también es adorable algunas veces.
- ¡Oye! Que os estoy escuchando.
- ¡Oh! –dijo entonces Bella ignorando a su hija–. Ya sé. Tengo unas fotos de Sylvia cuando era pequeña en el desván. ¿Por qué no vais a buscarlas?
La cara de Jack se iluminó mientras Sylvia intentaba esconderse tras sus manos. Sus padres le habían hecho todo tipo de fotos embarazosas cuando era pequeña y no quería que nadie las viese. Pero por supuesto, su madre insistió en que fueran a buscarlas inmediatamente. Resoplando Sylvia llevó a Jack hasta el pequeño desván de la casa. Era una habitación un tanto oscura llena de objetos varios en cajas de cartón. Había varias de ellas con el nombre "Sylvia" puesto en rotulador negro. Jack y ella empezaron a abrir cajas buscando el mencionado álbum de fotos cuando el chico encontró un montón de dibujos y libretas de Sylvia con un mismo personaje, una especie de arlequín sonriente.
- Vaya, así que ya te gustaba escribir de pequeña –mencionó.
- Era una forma de pasar el tiempo cuando estaba sola –Sylvia miró los dibujos y sonrió–. ¡Es Harl!
- ¿Harl?
- Harlequin –explicó ella–. Era mi amigo imaginario cuando era pequeña. Todas las historias tratan sobre nuestras aventuras.
El chico les echó un vistazo a los manuscritos sonriendo de oreja a oreja. Encontrar aquella pieza de la infancia de Sylvia le hacía extrañamente feliz. Era una forma de conectar con esa parte tan oculta que siempre intentaba esconder. Sylvia encontró finalmente el álbum de fotos y se lo dio a Jack para que se lo llevara a su madre. La chica cogió la última libreta en la que había escrito una historia de Harl y sonrió para sí. Entrando en su habitación, cogió un bolígrafo y escribió unas líneas finales en aquella historia que nunca había tenido final. Cerrando la libreta le dio un tierno beso en la portada y la dejó en uno de sus cajones. Cuando entró en el salón, Jack y su madre ya estaban emocionándose ante sus fotos de pequeña. Ella resopló y decidió ir a la cocina a fingir que estaba haciendo algo importante para huir de la humillación. Justo cuando estaba a punto de abrir la nevera cuando notó el espejo en su bolsillo brillar. Lo abrió y el objeto le mostró una figura esperando en el parque. No sabía cómo, pero Sylvia sabía muy bien que se trataba de un aviso. Se asomó por el salón y le hizo una señal a Jack para que entretuviese a su madre mientras ella lidiaba con eso. Echó a correr y pronto se encontró con Clara y las demás.
- Alguien ha interferido con la señal de nuestros espejos –explicó Bibiana–. Debe de ser alguien poderoso para poder hacer eso.
- No me atrevería a decir que soy poderoso –dijo una voz detrás de ellas–. Pero supongo que se podría decir que tengo mis métodos.
Las cuatro se giraron para ver a una silueta con una larga túnica blanca y una máscara del mismo color. Al contrario que los otros soldados, su medallón no se podía ver por ningún lado. Las chicas sacaron sus espejos y se transformaron en Pretty Cure.
"¡Pretty Cure, Power of the Cosmos! ¡Change it!"
"¡El deslumbrar de la luna que disipa las sombras, Cure Moon!"
"¡El brillo del sol que combate el mal, Cure Sun!"
"¡La luz de las estrellas que destruye la oscuridad, Cure Star!"
"¡La rectitud de los planetas que predice el destino, Cure Planet!"
"¡Los cuatro pilares que controlan el equilibrio del Cosmos, Pretty Cure Cosmos!"
- Supongo que es mi turno ahora –contestó la figura–. Mi nombre es Gemini.
- Tú eres la mano derecha de Skade –recordó Sun.
- Veo que mis compañeros me han mencionado –una especie de risa salió de su máscara–. No deberían dar información tan fácilmente.
- ¿Qué es lo que quieres? –preguntó Moon.
- Algo muy sencillo, Cure Moon –contestó–. Quiero saber vuestro secreto.
Sin previo aviso se abalanzó contra ella, pero Star fue más rápida y apartó a su amiga. Gemini reaccionó pronto y se giró tocando levemente a Star. Cuando le chica intentó ahuyentarlo con una patada, el villano saltó dejando atrás la túnica y la máscara. En su lugar apareció una copia exacta de Star saltando hacia atrás.
- ¿Pero qué? –se preguntó extrañada Star.
- Mmm –dijo la otra Star con la voz de Gemini–. Interesante, pero… no demasiado.
- ¡Cuidado! Puede copiarnos –alertó Planet.
Usando entonces la rapidez de Star, Gemini se abalanzó contra Sun y le tocó un mechón de pelo antes de que la chica pudiese reaccionar. Aterrizó con la apariencia de Sun y se quedó un rato parado pensando. Moon y Planet aprovecharon este momento para tratar de golpearle, pero Gemini retrocedió sin dificultad como si hubiese leído sus pasos. Esquivó los golpes de las dos con absoluta precisión gracias al conocimiento de Sun.
- También interesante –comentó–. Pero no es exactamente lo que estoy buscando.
- Seguro que tampoco estabas buscando esto –Sun apareció por detrás con Star y las dos golpearon a Gemini.
A pesar de que le lanzaron contra un par de árboles, el otro se levanto sacudiendo el polvo de su vestido como si nada hubiese pasado. Suspiró como si aquello le resultase absurdo y empezó a caminar hacia ellas. Planet salió hacia adelante e invocó su orbe lanzando los pequeños planetas contra él. Gemini simplemente movió la mano desviándolos todos y con una vuelta se transformó en Planet. Las chicas se sorprendieron al ver que ni siquiera hacía falta que les tocase para transformarse, con estar en contacto con sus poderes era suficiente. Aquello iba a resultar difícil porque entonces eso significaba que ni siquiera los ataques de largo alcance iban a surtir efecto. Además, ahora solo quedaba Moon por copiar y Gemini tenía la apariencia de Planet lo que hacía las cosas más difíciles.
- Nada interesante –dijo con tono aburrido mientras miraba la mano de Planet.
Sun le indició a Moon que retrocediese ya que obviamente Gemini iba a ir a por ella mientras Star y Planet intentaban detenerlo. Sin embargo, el villano ya había memorizo sus patrones de pelea y simplemente las esquivaba y apartaba como si fuesen insectos molestos. Gemini suspiró de nuevo y entonces ante la sorpresa de todas desapareció. Las chicas se quedaron sorprendidas hasta que de repente apareció detrás de Moon. La chica intentó retroceder, pero no lo logró a tiempo y pronto vio como Gemini tomaba su forma.
- Esto… –Gemini alzó las manos al cielo–. Esto sí es verdaderamente interesante.
- Búscate tu propia cara –espetó Moon lista para golpear a Gemini.
El villano desvió su puño y le agarró el brazo lanzándola contra sus compañeras que venían en su ayuda. Cogiendo la túnica y la máscara que estaban en el suelo, Gemini volvió a colocárselas como si no hubiese pasado nada.
- Gracias por la información –dijo mientras desaparecía.
Las chicas se quedaron mirando el lugar vacío donde antes había estado Gemini. Esperaron un rato no muy segura de sí quizás el villano iba a volver, pero al parecer se había marchado de verdad.
- Es incluso más poderoso que Cancer –comentó Star.
- Y todavía hay dos más como ellos –se quejó Moon.
- Necesitamos fortalecernos –dijo Sun–. Y pronto.
- Los cetros deben de ser una llave para ello –contestó Planet.
Todas suspiraron un tanto aliviadas de que Gemini hubiese decidido marcharse. Sin embargo, las cuatro compartían la misma preocupación. Gemini parecía haber ganado conocimiento de su forma de luchar cuando adquiría su forma, pero ¿qué información más había conseguido? ¿Y qué era eso de ser "interesante"? Las cuatro se destransformaron decidiendo dejar esa cuestión para otro día. Cuando Sylvia volvió a casa, Jack se había quedado dormido en el sofá y su madre estaba cerca mirando todavía sus fotos.
- Debía de estar muy nervioso por esta noche –comentó Bella–. Aunque tengo que admitir que ha hecho un buen trabajo distrayéndome.
- Lo siento –se disculpó Sylvia–. Las chicas necesitaban mi ayuda.
- Comprendo que sea algo urgente, pero la próxima vez dímelo antes –contestó con su voz seria. Su cara entonces se dulcificó cuando Sylvia se sentó a su lado–. Es un buen chico, me gusta.
- ¿De verdad?
- Sí, creo que te hará feliz.
- Más bien me dará un buen dolor de cabeza –Sylvia puso una manta sobre Jack–. Pero quien sabe. Lo cierto es que pensaba que no lo aprobarías.
- ¡Oh, Sylvia! –su madre la abrazó–. Puede que no tengamos la misma opinión, pero estamos hablando de la persona que quieres, y yo siempre te voy a apoyar en eso.
Sylvia sonrió riéndose un poco mientras dejaba que su madre. Sus ojos fueron a parar a una foto en la que estaba con su madre y su padre. Se preguntó si su padre hubiese aprobado todo aquello y decidió que de todas maneras no importaba. Lo único importante es que ella lo aprobaba.
Próximo mes: Capítulo 36: Ni un respiro ¡Aquí está la temible Leo!
