Capítulo 36: Ni un respiro ¡Aquí está la temible Leo!
Bibiana se quedó mirando sus apuntes a la luz de su lámpara sin avanzar nada. Llevaba ya varias horas así sin poder concentrarse, sus ojos clavados en las letras escritas en el papel sin realmente poder leerlas. Suspiro y se reclinó sobre su asiento quitándose las gafas para masajearse la sien. Aquello la iba a volver loca. Como una de las alumnas más aventajadas, Bibiana iba a participar en un debate con el mismísimo alcalde de Ciudad Dipper. Tanto sus profesores como los alumnos esperaban muchísimo de ella y no pasaba un día sin que alguien le diese alguna petición para abordar en el debate. Bibiana no quería decepcionarlos, pero sabía que iba a poder tocar todos los temas en dicho debate.
Y por si fuera poco estaba el asunto de la Constelación Perdida. Los nuevos enemigos eran mucho más poderosos que los anteriores. Si sus cálculos eran correctos estaban al mismo nivel de Reflecta antes de liberar el poder de las estrellas. Sin duda era obvio que sus enemigos ahora tenían la ventaja. Pero todavía había una chispa de esperanza. Aquella vez sus varas habían resonado con una misteriosa luz. Quizás podrían usarla para conseguir un nuevo poder que detuviese al nuevo grupo. Pero sin Zana con ellas era un poco imposible averiguar que era exactamente todo aquello. Marla y Shai estaban investigándolo, usando la biblioteca del Castillo Celestial, pero Bibiana dudaba que encontrasen algo útil. Aquel poder parecía algo nuevo y diferente.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando su espejo empezó a brillar indicando que alguna de las chicas quería ponerse en contacto con ella. Bibiana lo cogió con rapidez pensando que sería algún tipo de emergencia, pero tan solo se encontró con Sylvia mirándola desde el otro lado.
- Sylvia –suspiró Bibiana–. Se supone que solo debes usar los espejos para emergencias.
- Es una emergencia –le respondió Sylvia–. Además no hubiese llamado por aquí si no estuvieses ignorando mis mensajes.
- ¿Qué clase de emergencia es?
- Muy sencillo –sonrió la chica–. Te conozco muy bien y sé que estarás rompiéndote la cabeza con todo el asunto del debate, Zana, los nuevos malos… así que, ¿qué te parece si vienes a cenar con nosotras? Mañana mi casa se queda sola y podría usar la compañía.
- Agradezco la idea, pero tengo que pensar mucho en la estrategia y…
- ¡Bibí! –le reprendió Sylvia–. Las dos sabemos que lo tienes más que preparado. Ahora es hora de relajarse y tomar el reto con nuevas energías.
Bibiana se quedó mirándola un buen rato mientras Sylvia le devolvía la mirada desafiante. Al final, Bibiana no pudo aguantar más y se echó a reír. Entre sus carcajadas pudo escuchar las quejas de Sylvia, pero al final acabó aceptando su sugerencia. Quizás un tiempo con sus amigas le ayudaría a despejarse.
En el castillo de las Puertas del Destino, Leo salió de la habitación de Skade después de tener una charla con ella. Ambos coincidían en que el asunto de las Pretty Cure tenía que solucionarse cuanto antes, pero tampoco era sabio abalanzarse contra ellas. Todos sabían lo peligrosas que podían llegar a ser las guerreras legendarias. Cancer no tenía ningún interés en ella de momento, lo que quizás sería mejor. Taurus ni siquiera había ido a enfrentarse a ellas, muy ocupado absorbiendo energía para la señora Skade. Gemini era el que encontraba más centrado en ese asunto. Pero desde que había vuelto de su encuentro con las Pretty Cure su compañero no había salido de su habitación. Leo decidió ir a preguntarle si había descubierto algo interesante y llamó a la puerta. Una voz le indicó que entrara, pero para su sorpresa no era Gemini el que estaba allí. O no Gemini del todo. Aunque seguía llevando la túnica blanca, este ahora mostraba la cara de una chica con pelo negro y unas cintas rosas a los lados.
- Esa apariencia… ¿Cure Moon? –adivinó Leo.
- No solo ella –su rostro cambió al de Cure Sun–. Tengo el de todas –de nuevo cambió a Cure Star–. Son bastante interesantes –cambió al de Cure Planet–. Menos esta.
- Cure Planet es una de las guerreras con más nivel, ¿eso no te parece interesante?
- Cancer busca alguien que le divierta, Tauro alguien que vaya contra sus ideales, tú a alguien con un espíritu recto. Yo busco otras cosas.
- ¿Cómo cuáles?
- Conflicto –volvió a cambiar al rostro de Cure Moon–. Dualidad. Por eso esta me gusta más. Cure Planet no tiene esa clase de dudas en su corazón. No tiene esa clase de visión.
- Una guerrera que no duda –pensó Leo.
- Te gustará. Es tu tipo.
A Leo le costaba algunas veces tomarse en serio a Gemini cuando usaba el rostro de una de las personas a las que tenían que derrotar. Pero hacía mucho tiempo que Leo había dejado de preguntarse por las extrañas características de Gemini. Mientras su compañero hiciera su trabajo no tenía problema. Además quizás Gemini tenía algo de razón, quizás debería ir a ver a las Pretty Cure por sí misma.
Decir que estaba nerviosa no era suficiente para expresar como se sentía Bibiana en ese momento. Había pasado la noche anterior en casa de Sylvia con las demás cenando y finalmente hasta se quedó a dormir por insistencia de su amiga. Clara y Elyon no tardaron mucho tiempo en unirse. Lo cierto es que había disfrutado mucho de la noche, simplemente disfrutando de sus amigas y hablando de cosas completamente mundanas. Últimamente parecía como si el mundo se fuese a desvanecer en un segundo y costaba apreciar esos pequeños momentos. Pero Bibiana tenía que admitir que estaba contenta de haber pasado aquel rato con sus amigas. Aunque eso no suavizaba el nerviosismo que sentía al repasar sus notas detrás del escenario. El parlamente de Ciudad Dipper estaba lleno a rebosar. Desde otros políticos pasando por transeúntes desinteresados hasta la gente que había venido a ver el debate. Bibiana pudo ver entre la multitud a todos sus amigos dispuestos a apoyarla. Todavía no podía creer que estuviese allí.
- Señorita Marin –llamó una voz por detrás.
- Señor alcalde –Bibiana lo saludó con educación–. Muchas gracias por darme esta oportunidad.
- Bueno siempre he dicho que es bueno fomentar el pensamiento crítico de los jóvenes –sonrió el hombre–. Tengamos un interesante debate ahí arriba.
La chica le devolvió la sonrisa mientras le estrechaba la mano. A pesar de su evidente carisma, Bibiana no confiaba del todo en aquel hombre. No podía negar que su mandato había sido eficiente, pero había demasiadas manchas oscuras en su expediente como para que Bibiana pudiese mirar para otro lado. Su profesor le avisó de que ya era la hora y Bibiana siguió al alcalde hasta el escenario con sus notas en la mano. Las primeras preguntas fueron algo sencillo, ninguno quería ser el primero en tirar la piedra. Bibiana miró en la sala para nivelar la tensión en el lugar y decidió que ya era hora de empezar con cosas más serias.
- Señor alcalde –dijo de repente–. Si no le importa me gustaría tratar un tema de relevancia sobre su mandato.
- Por supuesto –contestó el hombre con su carismática sonrisa–. Para eso estamos aquí señorita Marin.
- ¿Puede decirme entonces por qué no hizo nada cuando el orfanato local tuvo problemas económicos? –Bibiana casi podía ver por el rabillo del ojo a Elyon sonriendo.
- Me alegra que me pregunte eso –la sonrisa del alcalde no dudó ni un momento–. Es algo que siempre he querido aclarar. Verán señores resulta que en esos momentos el ayuntamiento tuvo que suspender, de forma momentánea, las ayudas a dicho orfanato para resolver el problema del derrumbe de viviendas.
- ¿Me está diciendo que pretendía dejar a niños sin hogar para…?
- Le estoy diciendo –interrumpió el hombre sin dejar de sonreír–, que decidí dar prioridad a la reconstrucción de unas viviendas para que unas familias pudieran volver a sus casas. Además, en ningún momento dijimos que íbamos a retirar la ayuda para siempre, los niños iban a ser reubicados y después volveríamos a dirigir la ayuda al orfanato.
- Pero eso no significa…
- Señorita Marin, debe de tener usted en cuenta de que esto no es un cuento de hadas. En un puesto como el mío se deben tomar decisiones difíciles, poniendo por encima el bienestar de la mayoría. Me temo que no todo se soluciona con la magia de las Pretty Cure –declaró el hombre.
La gente empezó a aplaudir mientras Bibiana fruncía el ceño. Ahora la imagen del público sobre ella sería la de nada más que una alumna inocente que no comprendía la realidad. Tenía que admitir que el movimiento del alcalde había sido muy inteligente, aunque eso no significaba que estuviese contenta por ello. Cuando el debate terminó, su profesor y los demás alumnos la felicitaron por su trabajo, pero ella no prestó mucha atención todavía con el terrible presentimiento de que no había conseguido nada. Sus amigas la esperaban en la puerta con palabras de ánimo.
- Eres muy dura contigo misma –le dijo Clara–. No puedes pretender derrotar a una persona que es básicamente un profesional en lo suyo.
- Además solo es un primer debate –intentó animarla Sylvia–. Ya tendrás otros.
- Y el hecho de que hayas hablado por nosotros es muy importante –sonrió Elyon.
- Lo sé, pero quiero hacer tanto por esta ciudad –suspiró Bibiana.
- Esa es una idea preciosa, Cure Planet.
Las chicas se giraron ante la extraña voz para descubrir a una nueva villana frente a ellas. Apenas se habían dado cuenta de que la calle estaba desierta demasiado preocupadas en animar a Bibiana. La mujer que tenían delante era bastante grande. Con una tez morena y una larga melena de color miel que parecía la melena de un león. Tenía los ojos de un dorado intenso que brillaban como los de un felino. Llevaba unos pantalones negros y una armadura dorada con su medallón sobre el corazón. En una de sus manos llevaba un bastón dorado.
- Espero que no os importe que haya levantado una barrera a nuestro alrededor –dijo la villana–. Evitaremos distracciones innecesarias.
- ¿Quién eres tú? –preguntó Bibiana.
- Mi nombre es Leo y soy la líder de la Constelación Perdida a nombre de nuestra señora Skade.
- Si crees que vamos a darte el Ofiuco estás muy equivocada –Sylvia sacó su espejo mientras las demás hacían lo mismo.
"¡Pretty Cure, Power of the Cosmos! ¡Change it!"
"¡El deslumbrar de la luna que disipa las sombras, Cure Moon!"
"¡El brillo del sol que combate el mal, Cure Sun!"
"¡La luz de las estrellas que destruye la oscuridad, Cure Star!"
"¡La rectitud de los planetas que predice el destino, Cure Planet!"
"¡Los cuatro pilares que controlan el equilibrio del Cosmos, Pretty Cure Cosmos!"
- ¿El Ofiuco? –Leo se rio–. No hay necesidad de tal cosa la verdad –la villana movió su bastón contra el suelo haciendo aparecer una silla dorada en la que se sentó muy tranquila–. No he venido a pelear sino a dialogar –otras cuatro sillas aparecieron frente a ellas pero ninguna se sentó–. Sabemos que el Ofiuco está en el Castillo Celestial.
- Eso no significa que podáis conseguirlo –Sun frunció el ceño.
- Lo sé, el Ofiuco está protegido por algo que impide que podamos llegar a ello. Respecto a esa barrera, estoy segura de que vuestra amiga la gatita sabe cómo destruirla. Pero dado que no se encuentra con vosotras, sospecho que se ha marchado.
- Aunque así fuera no te lo diríamos –le contestó Star.
- Eso no es importante –Leo movió la mano quitándole importancia–. Lo que me trae aquí es otra cosa. Vengo a ofreceros un trato.
- ¿Un trato? –se extrañó Moon.
- Exacto –sonrió Leo–. Personalmente no tengo nada en contra vuestra. Vuestro deber de Pretty Cure os obliga a pelear, pero no tenemos porque ser enemigos. Podíamos trabajar unidos.
- ¿Unidos? ¿Estás ofreciéndonos que nos unamos a vosotros? –le espetó Planet.
- Gemini tenía razón –comentó Leo–. No tienes una pizca de duda, Cure Planet.
- Creo que ya sabes la respuesta de eso entonces.
- Una verdadera pena.
De repente, Leo dejó caer su bastón de nuevo y una potente corriente tiró a las Pretty Cure hacia atrás. El aire caliente arrasó los edificios de alrededor provocando que varios escombros salieran volando. Moon fue la primera en recuperarse y pronto saltó apoyándose en los escombros que todavía volaban para tratar de golpear a Leo. La mujer no se inmutó y esperó a que Moon estuviese a punto de golpearla para ladearse levemente haciendo que su puño pasase muy cerca de su cara. Sin ni siquiera moverse de su sitio, Leo agarró el puño con su mano y lanzó a Moon hacia el otro lado de la calle estampándola contra el suelo. Levantó su bastón para lanzar un rayo mientras la guerrera giraba por el aire, pero Sun apareció entonces golpeándolo. Su razonamiento le decía que quizás sin el bastón Leo sería más fácil de derrotar. Pero la villana tan solo sonrió y lanzó una bola de gravedad comprimido contra ella. La bola se descomprimió a su lado empujándola con fuerza contra un edificio. Star y Planet se quedaron a una distancia segura evaluando el daño mientras Moon conseguía levantarse. Star intentó rodear entonces a la villana con una rápida carrera, pero la mujer hizo un gesto con la mano y su bastón apareció detrás de ella golpeándola con un potente disparo.
- ¿Veis? –Leo agarró su bastón de nuevo–. No importa lo mucho que lo intentéis. Vuestro destino está sellado.
- Te equivocas –dijo entonces Planet–. Somos nosotras quienes hacemos nuestro propio destino.
Leo se quedó mirándola un rato hasta que finalmente soltó una carcajada. Planet sabía que la estaba menospreciando, pero no le importó. Ella creía en esa ciudad y en sus amigas y no iba a dejar que nadie se interpusiera en su camino. La atmosfera cambió casi de repente y Planet encontró a Leo de pie frente a ella en un segundo. Noto una mano en su estómago y vio como la villana tenía preparado otro ataque. No pudo moverse lo suficientemente rápido y este le golpeó de lleno. Moon y Sun saltaron para golpear a Leo, pero esta se puso de perfil esquivándolas y varias bolas de gravedad aparecieron explotando a su alrededor. Star se estaba levantando cuando el pie de Leo la golpeó mandándola donde estaban sus amigas. Leo movió entonces el bastón produciendo varias bolas de gravedad que lanzó contra ellas. Star trató de usar su escudo pero este se rompió en mil pedazos y el ataque las golpeó de lleno. Leo lanzó dos rondas más de ataques hasta que toda la ciudad quedó cubierta de polvo. Invocó de nuevo una silla y se sentó con tranquilidad. Cuando el polvo se disipó, la ciudad estaba completamente destrozada y las Pretty Cure estaban en el suelo.
- La ciudad… -vio con horror Moon.
- Está completamente destrozada –tembló Sun sin apenas fuerzas para levantarse.
- No puede ser –sollozó Star.
Planet apretó el puño viendo como el lugar que la había acogido cuando no tenía nada se veía reducido a cenizas. Todos los edificios estaban destruidos por todos lados y había una atmósfera silenciosa y tétrica rodeándolas. Con toda la fuerza que pudo, Planet se levantó para hacer frente Leo. Sus amigas, viendo su decisión, la imitaron.
- No dejare… que destruyas… la ciudad que tanto amo –Planet desafió a Leo con la mirada.
La villana sonrió como si hubiese estado esperando una respuesta así y agarró con fuerza su bastón. Pero entonces Planet invocó su Cosmic Sceptre y este empezó a brillar con la misma luz que las anteriores veces. Leo se quedó sorprendida cuando el brillo comenzó a aumentar y aumentar obligándola a retroceder.
- ¡Planet, para! –gritó entonces Sun–. ¡Va a explo…!
De repente la luz explotó en una potente corriente de energía que borró toda la destrucción traída por Leo y obligó a la villana a marcharse antes de que la luz le alcanzase. Cuando todo se dispersó, Planet cayó rendida con las manos heridas mientras el cetro volvía a su estado normal.
- ¡No me lo puedo creer! –rio entonces Moon–. Tú ataque ha explotado.
- ¿Te encuentras bien? –se preocupó Star.
- Quizás he intentado forzarlo demasiado –resopló Planet.
- Sea lo que sea no lo intentes otra vez, ya tenemos suficientes irresponsables con Moon.
- ¡Eh!
- Es cierto que ha sido arriesgado, pero… muchas gracias por defender la ciudad –le dijo Star.
Planet miró a su alrededor a la ciudad llena de gente y vida que tanto adoraba. Sonrió sin poder evitarlo. Mientras ella siguiera con vida no iba a permitir que le pasara nada ni a la ciudad, ni a sus amigas.
