Zenitsu lo hace de soslayo. Disimuladamente, tratando de no dejar ver la manía que había agarrado con Nezuko. Mas bien con sus piernas, porque de la chica ya era muy obvia su amor por la muchacha. Sus fuertes latidos que hacia su corazón le afirmaban los sentimientos que tenia por ella, y los gestos, las acciones y obsequios eran la confirmación.
-Nezukooo_chan-llama rebosante de felicidad y a pesar de que huye. Esta tan feliz de ver sus piernas moverse delante de él, que la persigue con total felicidad.
Son tan blancas y parecen tan tersas que desea tanto tocarlas. Cosa, que a veces, logra cuando ruega y suplica que la chica se case con él; Arrodillado, desesperado y enamorado. Mas cuando sus fuertes piernas lo golpean, rechazándolo. Pero el no se rinde, más bien persevera con mucho mas ímpetu.
Sonríe bobamente, a pesar del dolor, quien lo deja de percibir .Cuando piensa en sus piernas. Sus asombrosas y preciosas piernas que lo tocan.
Las que un día, miró y ya no pudo apartar la mirada de las piernas de Nezuko. Nunca le había prestado sumamente atención, únicamente porque era de perderse en la hermosa melodía que su ser producía, su mirada llena de inocencia o su maravillosa lindura.
No obstante, esa vez, cuando Nezuko alzó sus piernas y la movía juguetonamente, sus ojos de color ámbar se quedaron mirando las mismas, fascinandolo al instante; eran blancas y tersas. Estaban torneadas, definidas y largas. Cuando reducía su tamaño simplemente eran adorables.
Le encantaba. Sin embargo no era algo que pudiera gritar a los cuatro viento. La principal razón era que su cabeza ya se imaginaba en lo que Tanjiro pensaría. Si de por si lo mira de una forma cruel cuando confiesa el amor total por las mujeres, de seguro lo tacharía de pervertido si se delata que ama las piernas de su hermana. Además de que es posible de que le prohíba total verla e incluso que le pueda a obligar a usar pantalón para que no pueda ver la bellísima piel que muestra ante el uso del kimono.
Noooo.
Solo de pensarlo. Grita horrorizado, Tanjiro no puede saber el amor por ese par.
Las que suertudamente, se vuelven suyas cuando se encuentra mal, ya sea herido, dolor de cabeza u otra dolencia, ya que amablemente Nezuko le presta su regazo. Sus piernas se convierten en almohada y Zenitsu se le dibuja una sonrisa, tratando de reprimir el impulso de frotar su cara contra sus muslos.
Esas que eran su secreto y cada día, le provocaban y lo tentaban insanamente.
