Luego de que Viktor estuviera mejor gracias al inhibidor, ambos se encontraban sentados en la cocina tomando un poco de té.
-Lamento... haberme tocado en tu futón -murmuró el Omega, pues cuando Yuuri regresó, no había tenido más opción que meterlo a lavar.
El Beta sonrió despreocupado.
-No te preocupes por eso, entiendo que debió de ser difícil para ti -dijo tranquilamente- Lo importante es que ahora estas bien. Debes ir a casa a descansar.
-Uhm...
Viktor se sentía extraño. Luego de que Yuuri se fue, su celo empeoró como nunca y aun ahora... se sentía como si le faltara algo. Miró a Yuuri de reojo. Si tan solo lo hubiera hecho conmigo, no me sentiría así, pensó con algo de molestia.
-¿Debería acompañarte a casa? -preguntó el azabache al mirar la hora.
El contrario suspiró.
-No, está bien, puedo ir solo -asintió seguro- Además, Makkachin estará conmigo, me siento perfecto -le guiñó un ojo.
Yuuri sonrió un poco aliviado.
-Bien, entonces vamos... te acompañaré a fuera.
Ambos bajaron hablando sobre cualquier cosa. Yuuri no había vuelto a abrir la tienda pues prefería cuidar de su ángel, por lo cual todo el lugar estaba solo y apagado.
-Mensajeame cuando llegues a casa, ¿sí? -pidió acariciando su mejilla.
Viktor cerró los ojos y tomó la mano del azabache para pegarla más a su mejilla.
-No te vas a salvar siempre, Yuuri -murmuró con una voz que el azabache calificó como adorable.
-¿E-Eh?
-Vas a ser mío -aseguró abriendo los ojos- Porque yo quiero estar contigo y sé que me harías tan feliz como yo a ti -besó su mano y se apartó un poco.
-Viktor... -suspiró el japonés, sintiendo como su corazón golpeaba fuertemente en su pecho- No...
-Shh, no quiero saberlo -negó haciendo mover algunos mechones sueltos de su coleta- Te mensajearé.
Y antes de irse, el platinado se inclinó para besar quedamente los labios del nipón.
-¡Hasta mañana, Yuuri! -exclamó alegre, dando unos pasos hacia atrás al ver que el mayor no reaccionaba- Vamos, Makkachin.
-Ah, ah... ha... Hasta... ma... -balbuceó sonrojado, con los lentes al borde de la nariz y totalmente sorprendido por lo que había sucedido- mañana... Viktor.
Esa noche, Yuuri no pudo dormir bien pensando en su querido ángel, y en si estaría bien ser un poco egoísta y quedarse con él.
Entre pensamientos y suspiros, Yuuri no era el único en esta historia que tenía el sueño perturbado. Cierto Alfa en el mismo territorio tenía los mismos problemas para conciliar el sueño, gracias a que en sus pensamientos rondaba el Beta japonés.
El kazajo no podía parar de pensar en el dueño de aquella tienda. ¿Su piel sería tan suave como se ve? ¿Cómo sería su voz en las mañanas? ¿Qué productos utilizaba en el cabello para verse tan suave y brilloso? Esas y muchas más preguntas que, Otabek calificaba como tontas llenaban su mente.
Por lo cual al día siguiente, se propuso firmemente regresar a la tienda y averiguar qué le sucedía.
-No puedo estar así solo por el celo de un Omega -negó camino a History Maker.
Muy dentro de sí, esperaba que fuera algo más, pero su lado racional le decía que solo iba para comprobar que ya podía controlarse y que lo de ayer solo fue casualidad al presenciar por primera vez el celo de un Omega.
Otabek estacionó cerca de la tienda y se tomó su tiempo para bajar del auto analizando cómo se sentía. Nada había cambiado, su exterior seguía tranquilo mientras que por dentro seguía ansioso de ver de nuevo al japonés.
-No eres un cachorro, Otabek, andando -se dijo a sí mismo, animándose a salir del auto.
Fuera no había nada extraño. No había fantásticos aromas frutales que le llenaran la cabeza y le hicieran casi perder el sentido.
Caminó impasible hasta el local, pero su interior se removió nerviosamente al observar por la ventana al lindo japonés tras el mostrador. Su suave sonrisa era encantadora, su negro cabello parecía tener destellos de luz con los rayos del sol que se colaban por la ventana.
Y Otabek suspiró cual tonto. Entró al local con su rostro serio y de inmediato a sus oídos llegó el ruido de la pequeña campana y la voz del japonés.
-Buenos días -saludó con una leve sonrisa- Bienvenido, estimado cliente -terminó Yuuri haciendo una reverencia.
El Alfa olisqueó el ambiente y no había nada de aquel aroma frutal, por suerte. Ha de ser el inhibidor, pensó. Y más tranquilo, estando seguro de que no haría algo tonto, se fue acercando lentamente al chico mientras fingía mirar algunas cosas.
Al levantar la mirada, Yuuri recordó que era el Alfa del día anterior y se mantuvo cauteloso. No había nada en su cerebro que le diera razón para que aquel hombre estuviera allí de nuevo, a menos que en verdad quisiera comprar algo
-Ah, usted es el cliente de ayer -comenzó a hablar mientras el Alfa observaba con aparente curiosidad algunas libretas- Lamento haber cerrado tan de pronto, tenía que tratar una emergencia.
Otabek negó tranquilo.
-No se preocupe, lo entiendo -dijo acercándose al mostrador, dando algunos golpecitos a este con sus dedos, buscando de forma inconsciente su aroma- ¿Estas libre esta tarde? -preguntó sin más.
Aunque no pudiera oler nada en especial, el chico le atraía terriblemente y aquello le interesaba. Quería conocerle más para saber qué le había sucedido el día anterior.
Yuuri parpadeó algo confuso.
-Eh, bueno, por ser domingo cierro a las cuatro -dijo pensativo.
-A las cuatro -asintió Otabek pensativo- Entonces nos vemos esta tarde -dijo seguro, parándose recto para salir de la tienda.
El Beta le miró con cierto miedo.
-¿D-Disculpe?
-Nos vemos esta tarde, señor Katsuki -sentenció con una ligerísima sonrisa.
-¿P-Pero por qué? -murmuró observando al hombre salir con el ruido de la campanilla- O-Oiga... pero... Ah, creo que estoy en problemas.
Yuuri agradeció por primer vez que Viktor no iba a aparecerse en el lugar aquel día, pues seguro aquel Alfa extranjero era la clase de persona que violaba Omegas o golpeaba Betas por diversión, o vete tú a saber qué.
-¿Y nunca lo habías visto por aquí? -preguntó Seung, luego de un rato de comenzar su turno.
El coreano había encontrado al japonés caminando de un lado a otro, preocupado y con el teléfono en la mano, por lo que no pudo evitar preguntar qué había puesto a su jefe en tal estado de nerviosismo.
-No, solo ayer -negó dando un sorbo a su té.
Seung respiró hondo, pensativo.
-Bueno, como me quedaré hasta tarde, puedo intervenir si ese tipo se pasa de listo -asintió- No se preocupe, jefe, cuenta conmigo.
-Disculpe, ¿de casualidad tiene Luna de Plutón? -preguntó una chica, asomándose por una estantería.
El coreano volteó.
-Sí, ya se lo busco -miró a Yuuri y emitió lo que era una pequeña sonrisa, cosa nada común en él- No se atormente más. Sígame, señorita -dijo perdiéndose entre los estantes.
Yuuri suspiró. En verdad no esperaba que llegara al punto en el que Seung debiera intervenir, quizás estaba exagerándolo todo y solo era un Alfa que quería hablar de... lo que sea, sin ser violento.
Pero es que a Yuuri ya le habían intentado golpear y otras cosas por el simple hecho de ser un Beta que se llevaba bien con Omegas que muchas veces eran parejas de personas peligrosas. Un ejemplo de ello era Minami Kenjirou, cuyo destinado era extremadamente celoso y amargado, y siempre miraba a Yuuri a través de la ventana como si fuera basura.
-No, todo va a estar bien -se convenció a si mismo, mirando algunas personas pasar fuera de la tienda.
En cualquier caso, si no se encontraba Seung, siempre tenía a Vicchan. La caniche había proporcionado una vez una buena mordida a un Alfa que se quiso propasar con él.
Ese día el ambiente en History Maker fue algo tenso para Yuuri, aunque agradecía que Seung intentara ayudarle a mejorar los ánimos a su manera, la cual implicaba recitarle todo el cuestionario de su próximo examen cada rato que tuvieran libre.
-¿Dije bien todos las venas? -preguntó dudoso mientras barría un poco, ya que se acercaba la hora de cerrar.
Yuuri echó una mirada a los dibujos y soltó una risita.
-Creo que hasta yo me las aprendí. Te va a ir bien en tu examen.
Y mientras ambos seguían hablando, la campanilla sonó haciendo que los dos voltearan hacia la puerta en donde estaba el mismo Alfa de la tarde. A Yuuri le pareció que lucía más amenazante que las otras dos ocasiones en que le había visto.
-Bienvenido -hablaron los dos trabajadores al mismo tiempo.
Yuuri dirigió una mirada rápida a Seung y este captó de inmediato el mensaje.
El coreano podía detectar el desagrado que sentía el otro Alfa hacia su persona. A pesar de que Seung era bastante tranquilo y controlado, no pudo evitar tensarse y ponerse alerta no solo por defender a su jefe, sino por la propia señal de peligro y la cantidad fuerte de feromonas que el extraño estaba liberando.
Hasta para Yuuri el ambiente se volvió pesado.
-¿Puedo ayudarle en algo? -preguntó con voz queda, tratando de no temblar.
Al escucharle, Otabek despegó la mirada de Seung para verle. Al kazajo no se le pasó en absoluto aquella mirada cómplice que ambos compartieron, cosa que le hizo sentir extrañamente celoso. ¿Y si el japonés era pareja de aquel Alfa? ¿Y si no había podido percibir su aroma porque ya estaba marcado? Eso le heriría profundamente, pero no podría hacer nada si era así.
El kazajo respiró profundo para calmarse y se relajó disminuyendo la cantidad de feromonas que estaba liberando.
-Son las cuatro -respondió simplemente, metiendose las manos en los bolsillos del pantalón mientras ignoraba al otro sujeto.
Yuuri miró su reloj de muñeca y tenía razón.
-Uhm, si, lo son... -miró al coreano y sonrió un poco- ¿Seung, podrías buscar a Vicchan, por favor?
El mencionado miró a su jefe algo inseguro de dejarle solo, ya no estaba aquella atmósfera terrorífica, pero no confiaba para nada en el otro Alfa.
-¿Seguro?
-Sí, escucharé lo que el señor tiene que decir y luego cerraremos -dijo buscando las llaves de arriba -para lanzarselas- Ponle la correa, si no es mucha molestia.
Seung atrapó las llaves al vuelo y dudó en su sitio.
-¿Te vas a ir o no? -alargó Otabek al verlo dudar tanto. El coreano soltó un gruñido- No voy a hacer nada malo -dijo serio.
-Más te vale -murmuró rodando los ojos- Grita y patéalo donde tú sabes si algo sucede -dijo a Yuuri de manera informal antes de irse en busca de Vicchan.
Yuuri reprimió una sonrisa y asintió mirándole hasta perderse entre los estantes. Luego regresó su atención al extranjero.
-Muy bien, señor...
-Otabek, Otabek Altin -sonrió un poco al darse cuenta que no se había presentado correctamente.
-Señor Altin...
-Por favor, solo dígame Otabek -le interrumpió con calma.
-Muy bien, señor Otabek -alargó aun dudoso- Supongo que si me fuera a hacer algo ilegal no me daría su nombre, ¿o sí? -preguntó con algo de humor para terminar de apaciguar al Alfa.
Otabek negó algo divertido.
-¿Por qué le haría algo ilegal, señor Katsuki?
El Beta rió nerviosamente.
-Bueno, no lo sé, hay toda clase de gente por ahí y... A algunas personas no les caigo muy bien -explicó rascándose la nuca.
El kazajo observó ese gesto con curiosidad. No había alguna marca visible en aquella parte de su cuerpo.
-Bueno, no somos moneda de oro para caerle bien a todo el mundo, ¿no es así? -repuso acercándose al mostrador.
Yuuri soltó una risita.
-Eso es verdad.
-No se preocupe, vine aquí con la intención de invitarle a tomar algo... A menos que este usted saliendo con el joven que estaba aquí hace un momento -dijo ladeando un poco la cabeza.
Le molestaba un poco que el lugar apestara a ese otro Alfa, eso y que el inhibidor le impidiera oler el exquisito aroma del japonés. O eso era lo que pensaba.
-¿Salir? -repitió Yuuri impresionado- ¿Con Seung? -se acomodó los lentes mientras ocultaba una sonrisa divertida- Creo que usted malentiende la situación, Otabek, yo no...
-Entonces si puedo invitarle a tomar algo -le cortó mirándole intensamente.
El nipón sentía que podía ser devorado por la fuerte y decidida mirada chocolate del Alfa sobre él; cosa que le cohibió un poco.
-Bueno, sí, pero yo... -balbuceó.
-Eso es perfecto, ¿entonces le parece ahora?
-¿A-Ahora?
-Sí, si quiere -repuso tranquilo, aunque por dentro estaba feliz de que no saliera con el cejitas.
-Bueno... -alargó, aunque mirándole mejor no se veía mala persona- Está bien -mintió con la intención de sacarle pronto del local-, pero deberá esperar a fuera mientras cierro y mi mascota irá con nosotros, debo pasearlo -inventó.
-No hay problema -asintió y antes de salir, algo pequeño llamó su atención- ¿Cuánto por el llavero de osito?
Yuuri miró el pequeño y ultimo llavero de oso tras de él.
-Ah, ¿este? -tomó el paquete y revisó rápidamente el precio- Diez yenes, también es una pequeña linterna -dijo apretando un botón para que el objeto emitiera una luz blanquecina.
-Me lo llevo -dijo sacando su billetera.
-S-Si... -murmuró y dejó el pequeño llavero en una bolsa antes de mirar al Alfa irse tranquilamente con su compra.
-¿Todo bien? -preguntó Seung llegando segundos después con Vicchan- ¿Ya se fue el tipo espeluznante? -indagó olfateando el ambiente.
A Seung le había intimidado un poco ya que era más grande y corpulento que él, su lado Alfa aun le mantenía alerta.
-Algo así, esta en aquella camioneta -señaló con disimulo saliendo tras el mostrador.
Seung frunció el ceño.
-¿Llamará a la policía? No me cae bien -dijo yéndose a cambiar.
Yuuri negó mientras acariciaba a Vicchan y apagaba algunas luces para poder cerrar.
-¿Estás listo, Seung?
-Si -asintió apareciendo con su mochila- ¿Va a salir con ese tipo ahí? Podría esperar a la policía con usted.
-Eh... Iré con Vicchan a ver qué necesita el señor Otabek -decidió por fin.
El coreano se tensó un poco.
-¿Esta seguro? Me parece poco confiable, señor...
Soltando una risita, Yuuri abrió la puerta con tranquilidad.
-Seung-gil Lee, alguien que compra un llavero del Oso Teddy no puede ser malo -dijo algo divertido, saliendo de la tienda siendo seguido por el coreano, quien no estaba muy convencido.
-Si usted lo dice...
