Yuuri no paraba de mirar a aquel Alfa extraño con el que estaba ahora. Ambos habían caminado hasta una cafetería cercana, y mientras el japonés esperaba a que el contrario regresara con las bebidas, no le quitaba el ojo de encima.

A opinión del japonés, Otabek era un Alfa en toda la expresión de la palabra, alto, imponente y atractivo; ocasionaba cierto temor en el pobre Beta, quien se alegraba de que al menos estuvieran en un lugar público, ya que eso quería decir que no iba a sucederle nada malo.

-Aquí esta, chocolate caliente para ti, café para mí y galletas de avena para el perrito -murmuró Otabek con voz tranquila al regresar, interrumpiendo los pensamientos de Yuuri.

-Ah, gracias... -respondió asintiendo un poco.

-¿Todo bien? -preguntó con cuidado, preocupado por el silencio del chico.

No era que le preocupara si Yuuri era alguien de pocas palabras, pues él mismo lo era, pero quería escuchar su linda voz y conocerle todo lo que pudiera.

-Sí, si -asintió Yuuri tomando una galleta para darsela a Vicchan- Gracias por las galletas también -sonrió un poco- Suelo perderme bastante en mis pensamientos, lo siento.

El Alfa soltó una leve risita.

-No te preocupes -negó jugando distraídamente con su taza- ¿Cómo se llama?

-Vicchan -respondió Yuuri-, es una caniche y me gustaba el nombre de Vik... Viktoria, así que de cariño quedó Vicchan para qué no fuera ofensivo, ni nada -dijo algo rápido para luego beber un poco de chocolate.

-Es un lindo nombre -asintió Otabek con lentitud- Tengo un amigo que llamó a su gato "Puma Tiger Escorpión"... pero como no es apropiado, terminó llamándose Potya -dijo pensativo.

Yuuri no pudo evitar soltar una risita.

-Pobre gato... ese hubiera sido un nombre bastante desafortunado -dijo tapando un poco su sonrisa con el dorso de su mano.

Otabek sonrió. La risa de Yuuri era tan hermosa que le llenaba de un extraño cosquilleo. Se sentía tranquilo estando allí con el chic, robando por completo su atención.

-Y que lo digas -asintió de acuerdo.

-¿Puedo hacer una pregunta directa, señor Otabek? -preguntó Yuuri con cuidado.

El kazajo suspiró inconscientemente, su nombre en los labios de Yuuri sonaba delicioso.

-Solo si no me llamas señor -asintió-, me hace sentir terriblemente viejo siendo que no lo soy -se excusó.

Y entonces Yuuri se preguntó qué edad tendría aquel hombre. Era evidentemente menor que él, pero Yuuri no podía decir por cuanto; por lo que con curiosidad añadió:

-¿Qué edad tiene, Otabek? -preguntó ladeando un poco la cabeza.

El Alfa soltó una risita divertida.

-¿Esa era la pregunta directa? -dijo con cierta diversión. Yuuri se dio cuenta de su error, pero Otabek se adelantó- Tengo veintitrés -terminó despreocupado.

El japonés asintió. Tenía la misma edad que su querido Viktor. Sonrió.

-Ya veo. Pero, lo que realmente quería preguntar, si no te molesta, es... la razón de que me hayas traído aquí -confesó con un poco de timidez, acariciando la cabeza de Vicchan, quien se había echado en su regazo a lamer unas migajas.

Otabek pareció pensárselo un poco antes de responder.

-Bueno, simplemente quería conocerte -se encogió de hombros.

Yuuri parpadeó sin comprender lo que oía.

-¿Conocerme? -repitió dudoso.

-Sí, conocerte... ¿Está mal? -ladeó un poco la cabeza, confundido.

-E-Eh, pues no -alargó Yuuri-, pero no entiendo qué puede obtener de conocerme.

-No busco obtener nada más que tu compañía, Yuuri -dijo con tranquilidad, bebiendo de su café- Ayer cuando te fuiste tan apresurado, me preocupé por ti y no podía solo quedarme en casa sin saber cómo estabas -murmuró dejando una de sus manos sobre la del contrario.

El japonés pegó un pequeño saltito al sentir la cálida mano del Alfa sobre la suya, que a comparación era más pequeña, pálida y fría. Yuuri miró sus manos juntas y el calor de la pena le embargó, por lo cual sus mejillas no tardaron en teñirse de un suave color rosa que Otabek calificó como adorable. Para el kazajo, las manos de Yuuri eran tan suaves como pensaba, y parecía que encajaban perfectamente la una con la otra como dos piezas de un mismo rompecabezas.

-Señor Altin, yo... -balbuceó Yuuri pasando la mirada de sus manos al chico.

-Otabek -le corrigió acariciando con suavidad el dorso de su mano con uno de sus dedos.

Yuuri se ponía cada vez más rojo ante las acciones del Alfa. No entendía lo que pasaba, no solo porque era raro que alguien que no fuera Viktor se tomara la libertad de tocarle de aquella forma tan cariñosa, sino porque en verdad no entendía las razones que tenía aquel guapo hombre para tocarle de esa forma.

-Otabek... -suspiró sintiéndose un poco mareado por el calor de su toque, por lo que con cuidado y lentitud, retiró su mano de la del kazajo y se arrepintió casi al momento.

La mirada de tristeza que en ese momento tenía la cara de Otabek hizo que el corazón de Yuuri se apretujara dolorosamente en su pecho.

-Lo siento... ¿estoy yendo muy rápido? -preguntó con clara culpa en la voz.

Yuuri tragó pesado y solo asintió quedamente, acariciando su mano en el lugar donde había tocado la de Otabek.

-Apenas logro entenderte -murmuró Yuuri.

-¿Es así? Bueno, podría hablar en japonés, pero mi nivel es muy básico -admitió pensativo.

El Beta se apresuró a negar.

-N-No, no me refiero a eso -dijo rápidamente- Hablo y entiendo el inglés, a lo que me refiero es que creo que estas confundido -explicó acomodándose los lentes con nerviosismo- Usted se nota una buena persona y es muy guapo, pero es un Alfa y yo un Beta -dijo tomando la correa de Vicchan.

La caniche levantó la cabeza, volviéndose a sentar en su puesto al sentir la tensión de su dueño.

Más con aquella información, por un momento pareció que todo se puso en pausa para Otabek. Le pareció que estaban solos en la cafetería y no había nada más que la voz de Yuuri y el viento al pasar fuera de la tienda.

-¿Un Beta...? -murmuró sin alguna expresión en su rostro.

¿Cómo podría ser un Beta? Estuvo presente en su celo y se sintió irremediablemente atraído hacia él. Incluso había tenido la molesta sensación de haber encontrado a su destinado gracias a ese... encantador aroma frutal que tenía, ¿no?

-Así es -asintió Yuuri pasando saliva pesadamente.

-Pero ayer tú... -murmuró un poco confundido, bajando la vista.

No sabía cómo sentirse... no porque el chico fuera un Beta, sino porque estaba siendo rechazado indirectamente sin siquiera haber comenzado.

Yuuri sintió algo de pena por el chico y por sí mismo. Sin lugar a dudas y sin siquiera conocer a Otabek, podía asegurar que él sería una buena pareja para cualquier persona.

-Lo de ayer fue una equivocación... -murmuró recordando a su querido Vitya. Hizo bajar a Vicchan de la silla y rebuscó el dinero de las galletas y el chocolate caliente en su bolsillo- Una desafortunada coincidencia -continuó dejando el billete sobre la mesa- Lo lamento mucho. Gracias por invitarme, realmente espero que encuentres lo que necesitas.

Y antes de que Otabek pudiera reaccionar, Yuuri ya había salido de la tienda y se alejaba trotando con Vicchan pisándole los talones.

El Alfa miró como la figura del hombre se perdía en una esquina, de nuevo sin poder moverse, de nuevo sin tener el control de sí mismo y actuando como un tonto... de nuevo el japonés le había cautivado a pesar de su rechazo.

-Yo nunca me había sentido así... -había querido decir mientras tocaba en ese momento su pecho, justo donde su corazón dolía- Coincidencia, destino o no... Yo ya encontré lo que necesito -suspiró con una leve sonrisa.

Tomó el dinero que el japonés había dejado sobre la mesa y lo guardó. Yuuri había olvidado que él le había invitado, por lo tanto Otabek debía asegurarse de devolverle el dinero, ¿no?

Y ante la perspectiva de volver a ver a Yuuri, el Alfa terminó felizmente su café.