-Ugg...
-¿Estás muerto? -preguntó Yuri observando como Potya metía una pata en la boca de Beka.
-Uhum...
-Otabek, eres mi mejor amigo y todo... ¿pero quieres prestar atención? En serio necesito ayuda con esto -se quejó el rubio.
Otabek se sentó mejor en el sillón para mirarle a la vez que dejaba a Potya en su regazo. Yuri estaba rodeado de un montón de telas y catálogos, mientras más atrás, sentado en un cómodo sillón, Nikolai Plisetsky se la pasaba de maravilla cotilleando con su futuro nuero y con Mila.
-Uhm.
-Bien, ¿tú qué dices, coral o marfil? -le preguntó el rubio levantando dos telas blancas que, al parecer de Otabek, eran exactamente iguales.
-¿Cuál opinas tú? -preguntó para zafarse de elegir.
-No sé, las dos son putamente iguales -se quejó tirándolas a un lado.
El kazajo no pudo evitar reprimir una pequeña sonrisa divertida.
Minami había insistido en que Yuri se involucrara más con la organización de la boda, y ahora su pobre amigo se la pasaba horas intentado decidir entre una cosa o la otra, aunque fuera algo mínimo. Además, Otabek sabía que las otras tres personas con quienes compartían la sala en ese momento cotilleaban acerca de lo "lindo y divertido" que es mirar a Yuri molestarse por no diferenciar un color de otro.
-Pues entonces escoge cualquiera -aconsejó Otabek acariciando a Potya, ya que este ronroneaba a gusto en su regazo.
-¿Marfil? -ladeó tomando uno de los trozos de tela.
-Marfil -asintió el kazajo.
Yuri miró la tela en su mano durante algunos segundos y después echó la cabeza hacia atrás.
-Oe, Minami, ¿Marfil para los manteles? -exclamó para que le escuchase.
El japonés paró de decir alguna cosa al viejo Alfa para levantarse con cierto cuidado y gracia, terminando por sentarse junto a Yuri, mirarando la tela con curiosidad.
-Es perfecto, Yura -sonrió tiernamente el Omega antes de dejar un corto beso en los labios de su prometido.
Yuri se sonrojó un poco y sonrió satisfecho.
-Ya lo sabía.
Otabek los observó e inmediatamente pensó en Yuuri. La determinación con que hace dos días había decidido regresar a History Maker había desaparecido.
El kazajo no tenía la culpa de tener cero experiencias con Omegas y haber confundido a Yuuri. Quizás se ofendió, quizás le desagrade, quizás, quizás, quizás... Otabek se había inventado inconscientemente un montón de excusas los últimos dos días para no regresar al local del japonés. No le importaba que Yuuri no fuera un Omega, él sabía lo que sentía y lo que quería. Incluso estaba convencido de que el mismo destino había puesto de alguna forma ese encantador aroma allí solo para que conociera al Beta...
-... ¡Oye, Beka! Maldición, ¡¿acaso escuchas cuando te hablo?! -se quejó Yuri ya exasperado de que su amigo no le hiciera caso- ¿Qué demonios te pasa? ¡Estas más raro de lo común últimamente! -bufó abrazando a Minami por la cintura.
-Yuri, quizás este cansado, recuperarse de los vuelos de avión no es fácil -dijo Minami comprensivo, con una leve sonrisa. Estaba complacido de estar entre los brazos de su Alfa- Así que no seas grosero. ¿Otabek, te gustaría un poco de té?
-Si no es molestia -asintió.
-Por supuesto que no es molestia -replicó el Omega, animado- Abuelo Nikolai, ¿también quiere? -preguntó amable.
-Me encantaría, es más te ayudaré a hacerlo -asintió el mayor poniéndose de pie.
-Yo también quiero un poco -canturreó Mila levantando una mano.
-A ti nadie te dijo nada, vieja de mierda -dijo Yuri, negándose a soltar a Minami- Has tu propio té.
-¡Yuri! -reprendió el Omega dándole un golpecito en el brazo- Ya regreso...
El menor de los Alfas se removió con fastidio en cuanto el Omega se separó lentamente de él. No despegó su vista de Minami hasta que este desapareció en la cocina con su abuelo. A Yuri no le gustaba nada alejarse ni un poquito de su pareja y no veía el momento en que por fin estuvieran solos, más en ese instante tenía otro problema, por lo que volteó a ver al kazajo.
-Ahora tú, me vas a contar qué te pasa -ordenó echándose a su lado.
Ya que Mila se había quedado sola, decidió acercarse y echarse junto a Yuri para poder molestarlo mejor.
-¿De qué hablan?
-De lo molesta que eres, bruja -soltó empujándole lejos de él- ¿Tu no deberías estar en casa de tu prometido o lo que sea? -le preguntó con molestia.
La pelirroja hizo un puchero y solo abrazó un cojín.
-No puedo verlo desde hace tres días, parece que su celo se descontroló o algo parecido -dijo con una cara evidentemente triste- Así que solo me queda esperar a que mejore... Y aun no es mi prometido, no ha aceptado -suspiró agregando algo de drama.
-Suena duro -comentó Otabek.
-Lo es...
-Sobre todo porque a él ni le gustas -picó Yuri tranquilamente.
-Yuri... -alargó Otabek en forma de regaño.
-No te preocupes, Beka, lo más probable es que tenga razón -respondió Mila con una leve sonrisa, restándole importancia- Es una boda por conveniencia al fin y al cabo...
-Sí, mis tíos son unos idiotas -afirmó Yuri dándole una palmadita a su prima.
-Bastante... En fin, no creo que el tema por el cual se juntan sea yo -les miró curiosa- ¿Que sucede?
-Eso llevo preguntándole a Otabek desde hace rato, luego de que me ignorara cuando le decía que no puede asistir sin pareja a mi boda -dijo Yuri levantando una ceja.
Otabek miró a los dos rusos sin saber si decir o no la verdad, ya que hasta para él era algo complicado de entender.
-Está bien... -terminó por suspirar ante las insistentes miradas de ambos. Se sonrojó un poco y acarició su nuca- Es... que creo que encontré a mi destinado... -dijo y ante la clara mirada impresionada de los otros dos Alfas, se apresuró a añadir-, pero es un Beta.
-Entonces no es tu destinado -dijeron los dos rusos al unísono.
El kazajo hizo una ligera mueca.
-¿Quién pone las reglas para decidir eso? -reclamó bajando a Potya con cuidado.
Mila y Yuri se miraron entre si y luego al kazajo.
-Está bien, está bien... -se apresuró a añadir Mila- Que no se conozcan casos de esta situación no quiere decir que no existan, ¿no? ¿Qué fue exactamente lo que sucedió?
Otabek suspiró y comenzó a relatar lo sucedido sin escatimar en detalles, pues en verdad necesitaba un consejo. Al terminar, los dos Alfas rusos, con sus tazas de té ya en mano procesaban lo acabado de decir por el kazajo, mientras Nikolai tomaba su té tranquilamente alejado con Minami.
-Pues... eso sí que es raro -admitió Mila.
-Demasiado... ¿Ese cerdo no te dijo si había alguien más ese día en la tienda?
El moreno le miró algo mal al escuchar la palabra "cerdo".
-No y no le digas cerdo, por favor.
-Lo siento, la costumbre -dijo Yuri encogiéndose de hombros son tomarle importancia- Pues deberías preguntarle.
-¿Y qué gano con que hubiera habido alguien? -preguntó con desdén- No estoy interesado en otro que no sea Yuuri.
Yuri suspiró y dejó a un lado su taza.
-En primer lugar, es perturbador que ese cerd... que ese Beta se llame igual que yo -suspiró con fastidio, más cambió de tema poniéndose serio- Beka, hemos sido amigos desde siempre, básicamente -dijo con cuidado, procurando elegir bien las palabras correctas- Un Beta no podría ofrecerte lo que un Omega, en este caso tu alma gemela. Son nuestros instintos, si él o ella estaba cerca... su cuerpo también debió de reaccionar a tu cercanía -dijo seriamente- ¿Serías capaz de dejar a tu destinado sufrir?
Otabek suspiró y meditó bien sus siguientes palabras.
-No... Pero no puedo sentirme mal por alguien que no conozco, ni siento nada...
-¿Y a Yuuri Katsuki si lo conoces? -replicó Yuri con cierta ferocidad.
-No, pero mi instinto me dice que él es el adecuado. Es como si le conociera de siempre -murmuró tocado su pecho, manteniendo la calma ante las feromonas que liberaba Yuri.
-Yuri, cálmate -aconsejó Mila.
El rubio frunció el ceño.
-¿Está todo bien? -preguntó la vocecita de Minami al fondo al percibir el enojo de su Alfa.
El rubio pudo sentir su preocupación e inmediatamente hizo lo mejor que pudo para controlarse.
-Sí, lo siento, me alteré un poco... -se sonrojó y miró a Otabek- Lo siento... es que de solo pensarlo me imaginé a Minami solo y...
-Entiendo -dijo Otabek con una sonrisa-, pero tal como te sentiste empujado a Minami, así me siento yo en este momento... y de solo imaginar a Yuuri solo o con alguien más hace que mi pecho duela y... me enoja.
Yuri le escuchó y asintió. Otabek siempre había sido el más sensato y serio de los dos.
-Bueno, si estas tan seguro... Has lo que quieras, viejo, ya estas grande. Yo te apoyo -sonrió sintiendo como aun su linda pareja estaba preocupada- Solo ten en cuenta que no todos encontramos a la pareja destinada -murmuró mirando de reojo a Mila-, luego puede ser muy tarde...
La pelirroja desvió la mirada como si la cosa no fuera con ella.
-Lo entiendo, estoy seguro de lo que siento.
El ruso asintió.
-Bien, pero sigues teniendo prohibido ir solo a mi boda, eres el padrino -dijo levantándose con su taza de té- Ahora, si me disculpan...
Mila y Otabek le vieron irse junto a Minami y su abuelo. El Omega aguardaba por su Alfa, mientras Nikolai le tranquilizaba. Los dos jóvenes Alfas sonrieron cuando Yuri abrazó y besó a su pareja.
-¿Quién diría que sería el primero? -suspiró Mila y miró a Otabek- Sé que no somos amigos, pero te apoyo... yo tengo una idea distinta acerca de la pareja destinada.
Otabek le miró con cierta curiosidad.
-¿Cuál es esa?
-Pienso que todos tenemos a alguien en un algún lugar del mundo, incluso si este no es el que debería -sonrió moviendo su dedo meñique un poco- El hilo puede enredarse, estirarse o tensarse, pero jamás romperse, por lo cual no hay forma de huir del destino. Si debe pasar pasará... -hizo una pequeña pausa, bebiendo un poco de su té- Has lo que creas mejor y sigue tu instinto, Otabek, no hay lineamientos ni reglas cuando se trata de amor -dijo terminando su taza- Aun así, no es fácil una relación con un Beta, y ese sujeto ya te bateó sin siquiera empezar -terminó con diversión.
El kazajo suspiró, le dolía de solo recordarlo.
-Voy a intentarlo de nuevo.
-Pues deberías hacerlo pronto -le animó- Bien dicen que la tercera es la vencida, y aun tienes tus tres vidas intactas -dijo levantándose y estirándose un poco- Bueno, yo voy a lavar esto, no quiero que Yuri me comience a fastidiar con que exploto a su pareja -rodó los ojos yendo a la cocina.
Otabek observó cómo los futuros esposos aún seguían cariñosamente juntos en una esquina y suspiró desviando la mirada a Potya, quien maullaba a sus pies en busca de atención.
-Sí, voy a intentarlo de nuevo... pero no hoy -murmuró levantando al gato para dejarlo de nuevo en su regazo- Mañana será un nuevo día.
Potya solo respondió ronroneando a gusto.
