Yuuri no sabía en qué se había metido.

Casi todos los días recibía las visitas algo perturbadoras de aquel Alfa que hace días se le había declarado en la puerta de su local. Y se preguntarán, ¿por qué perturbadoras? Simple, Yuuri podía sentir su mirada una hora antes de que entrara en la tienda, luego este se paseaba por las estanterías y escogía un libro para leer en una de las mesas individuales disponibles, y se pasaba la siguiente hora mirándole de reojo mientras lanzaba gruñidos ocasionales a Seung por acercarse mucho a él. Luego, pasaba el resto de otra hora pegado al mostrador junto a él, simplemente hablando sobre cualquier cosa e intentando invitarle a salir, invitaciones que Yuuri hasta ahora rechazaba con excusas reales.

-No podrá negarse para siempre, jefe -musitó Seung barriendo cerca de él una vez que el kazajo se hubo retirado por lo que quedaba de día.

El coreano ya se había acostumbrado a la presencia del otro Alfa, por lo que pasaba sus horas de trabajo ignorándole, más ahora el problema era otro y acababa de entrar por la puerta.

-¡Lee! -exclamó JJ lanzándose a abrazarle.

El coreano soltó un gruñido, pero no alejó al canadiense.

-Jean, ¿qué hablamos de venir aquí cuando trabajo? -regañó sin moverse, disfrutando del abrazo aunque no lo demostrara.

Por otro lado a Yuuri siempre le divertía aquella misma escena de todos los días.

-Que... lo olvidé -replicó JJ haciéndose el desentendido.

-No, no lo olvidaste. ¿Qué te dije de venir en mis horas de trabajo? -repitió dándole suave con el palo de la escoba en la cabeza para alejarle.

JJ se alejó de él cual perro regañado.

-Que no viniera a molestarte a ti, ni al señor Yuuri -dijo con un puchero- ¡Pero ese Alfa intimidante esta siempre aquí! ¿Cómo no quieres que me preocupe? ¿Qué si trata de hacerte algo? Como tu nov... -calló ante el palazo que le dio Seung y Yuuri reprimió una risita.

Siempre que el coreano escuchaba la palabra "novio", "pareja", "Seungchi" su propio nombre: "Lee" muchas veces seguidas por parte del canadiense, se sonrojaba de sobre manera y era moldeable a los deseos de JJ; por lo que evitaba en lo posible que este mencionara alguna de estas "imperdonables" en su sitio de trabajo.

-¡Ay! Ya, ya, lo siento -replicó sobándose el brazo.

-Lamento esta escena, jefe -murmuró Seung ignorando a su pareja.

El japonés levantó las cejas y negó rápidamente.

-N-No te preocupes, siempre es lindo presenciar sus peleas -dijo divertido.

-Iré a cambiarme. No hagas cosas tontas, Jean -advirtió el coreano antes de irse a cambiar.

Yuuri disfrutó de la compañía de ese par un poco más hasta la hora de cerrar, ya que no faltaba mucho para eso. El japonés se aseguró de cerrar todo antes de subir a su departamento a relajarse un poco y cenar.

-Vicchan a comer -llamó justo cuando su celular hizo un pequeño sonido de cerdo avisando que le había llegado un mensaje- No vuelvo a dejar que Viktor juegue con mi celular -suspiró algo divertido, buscando el aparato.

Espero tengas una buena noche, Yuuri.

-Y tampoco vuelvo a darle mi número a Alfas guapos -dijo un tanto divertido.

Buenas noches, Otabek.

Aquella era ya su rutina desde que Otabek irrumpió en su vida. Un mensaje de buenos días, su visita de la tarde y un mensaje de buenas noches.


Al día siguiente Yuuri disfrutaba del buen día mientras comía un helado, a pesar del frío. La mañana había sido bastante fructífera con muchos clientes y no podía mejorar más, o al menos no hasta que llegó Otabek.

Como Yuuri estaba de tan buen humor, le sonrió y agitó su paleta.

-Otabek, hola -alargó volviendo a lamer su helado- Hace un lindo día, ¿verdad?

El kazajo se sorprendió un poco y su corazón latió con fuerza al ver que esa sonrisa era para él; ya que usualmente Yuuri solo le dedicaba sonrisas amables, pero esta era autentica. Otabek se preguntó si ese día habría alguna diferencia a los otros, en los cuales no había tenido mucha suerte, pero había seguido insistiendo gracias a Yuri, Mila y Minami.

Otabek siempre tardaba en salir del auto mientras se decidía si debía entrar o no en la tienda, luego Minami, Yuri o Mila (más estos dos últimos) le empujaban fuera y arrancaban a toda velocidad, ya que desde que se confesó había comenzado el plan: "Costillas de Cerdo", nombre propiciado obviamente por Yuri que, constaba en ir "comiendo costilla a costilla" hasta llegar al corazón e insistir. Por primera vez, el kazajo se preguntaba si uno de los disparatados planes de Yuri estaba dando resultados.

-Sí, muy lindo -asintió diciéndolo más por el hombre, ya que ese día se encontraba muy lindo con su ligero sweater rosa tejido.

Parece en verdad un cerdito, uno muy lindo, pensó Otabek con algo de gracia, relacionándolo con uno de esos tiernos mini pig mientras pasaba directamente al mostrador del Beta.

-¿Gustas una paleta? Un señor pasó vendiéndolas hace rato y compré muchas, incluso Vicchan comió un par -exhaló una risita-, sin mi consentimiento, claro.

-Sí, claro...

-¡Genial! Guardé unas aquí en una pequeña nevera -dijo agachándose para abrir el pequeño refrigerador- Son muy útiles estas cosas... Ten, una de chicle -se la ofreció.

El kazajo tomó sin dudar la paleta y comenzó a comerla a la vez que se sentaba frente a él y pensaba en algún tema.

-Tú... conoces a Minami Kenjiro, ¿no?

El japonés asintió de forma pensativa.

-Así es -sonrió recordando al Omega con el mechón rojo- Antes de que encontrara a su pareja se la pasaba seguido por aquí. Es un buen chico -asintió dando algunas vueltas en la silla.

-Bueno... él va a casarse con mi mejor amigo... -prosiguió lentamente mientras Yuuri volvía a asentir.

-¿Él es el dueño de Puma Tiger Escorpión? -recordó con algo de gracia.

-Sí, el mismo -asintió el Alfa.

-Aun no me creo que tú y yo tengamos amigos en común -rió Yuuri, aun girando- Que pequeño es el mundo, ¿no?

-Si... Algo -se aclaró la garganta- Bueno, yo quería saber... ya que ambos iremos a la boda y no tenemos una pareja -murmuró viendo su paleta, estaba nervioso y tenía cierto miedo de ser rechazado- Quería saber si... ¿te gustaría ir conmigo? -terminó de decir y le miró para agregar rápidamente- Claro, en plan de amigos si gustas... o si quieres en una cita.

Yuuri levantó las cejas y paró de girar ocultando una sonrisa. La verdad era que aún no había decidido si ir a la boda de Minami o no, ya que su Alfa, el amigo de Otabek, le infundía un profundo terror y respeto.

-Bueno... no lo sé, creo que ese día no me llegan pedidos -murmuró buscando una excusa- Y es el día libre de Seung y mío... -continuó murmurando algunas cosas inentendibles para el Alfa.

A ojos del contrario, Yuuri no tenía alguna razón para negarse a menos que simplemente no quisiera ir con él. Y mientras el japonés se veía lindo murmurando cosas y jugando con sus dedos mientras su paleta se derretía, Otabek decidió ser firme por primera vez desde que había comenzado a intentar algo con el Beta.

-¿Vas a ir conmigo o no? Te has quedado sin excusas -sonrió ladino al descubrirle.

Yuuri le miró algo apenado y exhaló una risita.

-Bueno, si... ese día estoy libre y pensaba ir solo, o solo no ir... -suspiró y asintió- Bien, iré contigo como amigos.

El Alfa sonrió satisfecho, aunque no era lo que esperaba del todo.

-¿Y cuándo tendremos una cita? -ladeó posando sus antebrazos sobre el mostrador.

-Ahh -alargó Yuuri algo nervioso-, ya hemos hablado de esto...

-No lo hemos hecho, solo te has limitado a poner una excusa para no salir conmigo -contestó con tranquilidad, comiendo su paleta.

El japonés se rascó una mejilla.

-¿En serio...? Otabek, no es fácil para mí simplemente aceptar...

-¿Por qué no? -le miró sentándose en la silla que Seung solía usar para sentarse muy cerca de su Yuuri.

-Pues porque... porque tú eres un Alfa y yo soy un Beta -murmuró.

-¿Y el problema es...? -insistió el kazajo.

-¡Que no está bien visto que los dos salgamos! Como el mayor debo poner los límites -respondió rápidamente.

-¿Quién lo dice?

-No lo sé, ¿la sociedad?

-Y... ¿a mí por qué debería importarme lo que diga la sociedad? -ladeó inclinándose hacia él.

-B-Bueno, a ti no te importa, pero a tu familia, tus amigos... -balbuceó Yuuri buscando defender su punto torpemente ya que la cercanía del contrario le ponía nervioso.

Otabek dejó de escucharle al ver como el helado del japonés se seguía derritiendo gracias a la falta de atención de su dueño. El Alfa tomó la mano del Beta y este calló abruptamente ante la sorpresa de ver al kazajo lamer sus dedos y subir hasta la paleta.

-¡A-Ah! ¿Q-Qué haces? -tartamudeó Yuuri totalmente helado.

-Se derretía tu paleta -contestó sin soltarle- Salgamos mañana, Yuuri -dijo en un tono bajo, rozando la mano del japonés con sus labios-, ¿sí?

Yuuri tragó con dificultad y asintió inconscientemente a la vez que Otabek hablaba. ¿Cómo negarse ante aquella intensa mirada color chocolate, su voz varonil y a la suavidad de sus labios?

-Bien... entonces me iré temprano hoy -dijo Otabek separándose y regresando a su helado- Asegúrate de comerlo o se va a terminar de derretir y será un problema -suspiró poniéndose en pie.

-A-Ah, s-sí -musitó el mayor sonrojándose y metiéndose la paleta a la boca para evitar hablar o comprometerse más de lo que quería.

Otabek sonrió ante el lindo carmesí de las mejillas de su Yuuri y simplemente salió de la tienda con el tintineo de la campana. Había logrado mucho ese día como para continuar hostigando al contrario con su presencia.

-Bueno... Ahora solo debo caminar a casa de Yuri -suspiró pensativo y miró el cielo, habían algunas nubes y el sol no estaba muy fuerte- En verdad hoy hace un lindo día -sonrió recordando las palabras de su lindo japonés antes de poner rumbo a la casa de su rubio amigo.