Algo común en parejas formadas por un acuerdo entre una familia y otra era que el Omega y el Alfa vivieran juntos o se juntaran de vez en cuando a dormir, esto se hacía con el obvio propósito de aumentar las posibilidades de que el Alfa mordiera al Omega, más que de querer que estos dos se conocieran mejor el uno al otro; como los padres de Viktor juraban que querían que pasara y no otra cosa.

El platinado corría con la suerte de que frente a sus padres Mila y él aún estaban en la fase de "conocerse" a pesar de que eran amigos desde hace unos cinco años atrás, pues se habían conocido en una fiesta de un amigo en común. Lejos de que ambos fueran ya se conocieran en secreto, ambas familias respetaban el que Viktor estuviera en la Universidad, por lo que sus reuniones nocturnas no eran tan frecuentes ni llegarían a nada más hasta que se graduara ya que un Omega con estudios era mucho más deseado, era un buen premio que presumir ante compañeros de trabajo. Aun así, a Mila no le interesaba eso, a ella le contentaba más la idea de simplemente tener una pijamada con su amigo.

Ambos se encontraban en la habitación de Viktor mientras este terminaba de colocarse su grueso collar anti marcas y leía por encima la elegante tarjeta que Mila le había entregado.

-Bueno... es una bonita invitación -admitió mirando la costosa cartulina especial en sus manos- La ha escogido el destinado de tu primo, ¿verdad? -preguntó un tanto divertido, dejándola sobre su cómoda.

-¿Tan obvio es? -rió Mila quitándose la camisa para cambiarse a algo más cómodo.

-Bueno, tu primo no es la persona más... -alargó colocándose una almohada en la cara para no verle mientras buscaba una palabra que describiera al rubio- ¿Detallista? ¿Sutil? ¿Con mente para estas cosas? -dijo echándose en la cama- No lo veo escogiendo la cartulina y luego el... perfume que llevaría esta.

-No, ni yo -aceptó la Alfa sacándose el brassier por un lado del pijama para tirarlo junto al resto de su ropa- Kenjirou es quien se encarga de todo. Yuri solo... escoge algunas cosas no muy difíciles para él y sin embargo el abuelo y Otabek le ayudan un poco -comenta colocándose el short de la pijama. Soltó un suspiro al estar tan cómoda- La rubiecita se lo toma muy en serio para hacer feliz a su Omega y... es realmente extraño mirarle tan concentrado decidiendo entre distintos tipos de cosas que para él son iguales, pero no lo son.

-Creo que lo entiendo -murmuró Viktor dando un asentimiento que pasó desapercibido gracias a la almohada- Por ley natural los Omegas y en muchos casos mujeres Betas o Alfas tienen una mejor capacidad de detectar, por ejemplo, diferentes tonos de un color -comentó mientras Mila se sentaba a su lado y le quitaba la almohada para usarla ella en su espalda contra la pared- Porque ya sabes, antes éramos los encargados de la recolección de alimentos, como las frutas, y era una capacidad necesaria para saber cuándo algo estaba en su punto o no -explicó moviendo las manos, mirando el techo con una sonrisita boba- Aunque no es algo exclusivo, supongo... evolución y todo eso. Algunos hombres no Omega pueden distinguirlos.

La mujer parpadeó mirándole con una pizca de sorpresa.

-Wow... eh, gracias por la información, es... enriquecedora -admitió un poco sorprendida.

-Los datos al azar son gratis -dijo soltando una armoniosa risilla- De todas formas, lo aprendí de mi dulce Beta... y un poco quizás de las clases. Yuuri me lo comentó un día como un dato curioso mientras me daba unas pinturas especiales que había encargado.

Mientras el chico contaba aquello, Mila no podía evitar tener una sonrisita en la cara por lo atontado que lucía su amigo.

-Él es muy bueno con los colores, a veces me ayuda en algunos trabajos que invento y también le he pillado con un cuaderno de dibujo -continuó Viktor- Por lo poco que he visto, tiene talento.

-¿Se graduó en Artes? ¿Y cuando planeas decirle que no estudias Artes? -levantó una ceja.

-No fue a la universidad -ladeó y negó- No necesita saberlo de momento.

-Si, claro, sigue con las mentiras, es muy bueno -dijo en tono divertido, tomando la almohada para pegarle.

La pelirroja repasó todo lo que sabía del japonés. Viktor le había contado muchas cosas del chico que le gustaba, mas no sabía cómo era físicamente pues Viktor no tenía fotos, aunque sospechaba que era más porque aún no quería compartirlo sin ser nada oficialmente.

-Me dijiste que Yuuri había sido patinador sobre hielo, ¿no? ¿Cuándo le sacarás una foto? Seguro es un lindo papucho -canturreó algo divertida, pensando en que era una graciosa coincidencia el nombre.

A ella no le resultaba raro que el chico de Otabek y el de su Viktor se llamaran igual, en Rusia conocía a tres Ivanova, cuatro Vladimir y dos Viktor contando al peliplata. Para Mila, por lo cual consideró que Yuuri debía ser un nombre bastante común en Japón.

-Lo fue -sonrió acomodándose, apagando la luz de la lámpara en la mesita de noche- Y lo es -acaba con una risita, acomodándose en su lado de la cama- Algún día te enseñaré una foto de él -aseguró tranquilo.

-¡Eh! ¿Ya dormiremos? -preguntó un poco a modo de queja mientras recogía las piernas, dejando que el Omega se acomodara.

-Sí, mañana debo levantarme temprano a limpiar porque Yuuri vendrá. Es una cita -suspiró, y aunque la chica no pudiera verle por la oscuridad, sabía que tenía una sonrisa de corazón marca Nikiforov en la cara- Quizás puedas conocerle, es una buena oportunidad -murmuró pensativo, no estaba seguro de querer presentarlo a alguien aún.

Yuuri era algo muy suyo lejos de su vida en Rusia, y quería mantenerlo así de momento.

-Oh, lo es... quizás pueda sonrojarlo un poco y ver si es tan adorable como dices -canturreó ocultando su sorpresa porque lo sugiriera.

-No lo hagas sentir incomodo -negó con una sonrisa- Los sonrojos de mi lindo cerdito son solo para mí.

-Eres un egoísta -murmuró con una ligera mueca divertida- Por cierto, ¿él ha dicho específicamente que es una cita? -preguntó solo para picar un poco.

-Decirlo, no, escribirlo, sí. Es mejor, ya sabes, queda evidencia física de ello -murmuró Viktor a modo de defensa- Y Yuzuru ya ha de estar durmiendo, no quiero molestar. Es una persona adorable consumida por su carrera y necesita descansar -suspira buscando acomodarse a sí mismo y a ella.

-Uhm... ¿tan adorable como para presentármelo? -jugueteó abrazándole una vez que ambos estuvieron tapados con la sabana, sacándole una risa a Viktor- Huele a helado -murmuró pensativa acerca del chico en la habitación continua.

-¡No hagas eso! -reprendió un tanto divertido, golpeándole con un peluche de cerdito que tenía- ¡Es grosero! Y no solo porque yo sea "tu pareja". Yuzuru tiene a su novio destinado, Javi es un Alfa español adorable -murmura- ¡Y deja de restregarme los pechos, Mila!

La rusa solo pudo alargar un suspiro de forma exagerada, ignorando lo de sus pechos, abrazándole más fuerte como si nada.

-Si voy a dormir y además ayudarte a limpiar mañana, tengo que abrazarte -replicó cómodamente.

-¡Mila! -refunfuñó el Omega.

-Shh.

Y con algunos quejidos más por parte del muchacho y risitas de la Alfa, ambos finalmente encontraron una cómoda posición para dormir esa noche.

A la mañana siguiente nada fuera de lo común ocurrió. Yuzuru y Mila se llevaron fantástico al conocerse en el desayuno, antes de que el japonés partiera a su primera clase del día y dejara a los rusos solos para que comenzaran el quehacer.

-Por cierto, el amigo de Yuri que te mencioné también está avanzando con su chico -comentó Mila, pues justo antes de que Yuzuru se fuera, los dos estaban molestando un poco a Viktor. Hizo una pausa mientras buscaba la escoba y la pala, para al volver preguntar:- ¿Acaso todos los japoneses son difíciles de conquistar? -soltó pensando también en el caso de Yuri.

Viktor soltó una risita.

-A pesar de que se duchan desnudos en la presencia de otros en los onsen y duchas públicas, son bastante más reservados -se encogió de hombros, yéndose a buscar el trapeador y el cubo- Son mas tímidos, creo que no saben cómo comunicar bien lo que sienten en su mayoría... Aunque eventualmente no todos son así -agregó pensativo para luego encogerse de hombros y seguir pasando el plumero- Somos extranjeros, para nosotros las cosas son distintas.

-Uhm... supongo que si -murmuró apoyándose un momento en la escoba mientras miraba al menor un momento antes de continuar.

Mila agradeció que el lugar fuera pequeño y que lo más difícil de limpiar fueron algunos pelos de Makkachin en el sillón, pelos que no opusieron mucha resistencia a unas cuantas pasadas de la aspiradora.

Cerca de la tarde Viktor miró la hora en su teléfono y respiró hondo. Comenzaba a sentirse nervioso por pasar un rato a solas con Yuuri en su territorio, porque vamos, toda la casa olía a sus feromonas gracias a que Yuzuru solía usar supresores por estar con su destinado y aún no tener marca.

Mientras el ruso se dejaba volar en su imaginación pensando las distintas actividades para adultos que podrían hacer en vez de ver la serie (porque vamos, si alguien te invita a ver Netflix a su casa no es precisamente para ello), fue sacado repentinamente de su mundo por un fuerte gruñido y un golpe de almohada en la cara.

-¡V-Viktor, c-contrólate! -exclamó Mila agitada por la repentina oleada de feromonas que emanaba el muchacho- Páralo... -jadeó tapándose la nariz con la camisa, alejándose de él hasta la cocina para abrir la ventana.

-¡L-Lo siento! -se apresuró a contestar, sonrojándose y transformando aquel aroma en pena pura- ¡No me di cuenta!

-Sí, eso vi -exclamó ella desde su lugar, algo divertida y agitada, pues después de todo era un Alfa- Menos mal que te veo como un hermano -dijo con una risa nerviosa, porque de no sentir aquel sentimiento fraternal que le reprimiera, quizás habría salido corriendo de la habitación a la primera ante la incomodidad- Eso fue pesado -jadeó- Si eso te pasa el solo pensar en tu Yuuri... En verdad no quiero estar aquí para conocerle cuando venga -niega moviendo sus mechones de cabello en consecuencia.

Viktor solo seguía apenado en su lugar, tapándose la cara con las manos. Eso había sido vergonzoso.

-¡Lo siento! -repitió mientras escuchaba su risa.

-N-No lo hagas... Solo... pareces un adolescente hormonal -bromeó terminando de aligerar el ambiente, animándose por fin a asomar la cabeza a la sala cuando ya el aroma se hubo disipado un poco, captando el nuevo lleno de vergüenza- Trata de no pensar en tu Yuuri -dijo alargando la "r"- Iré al baño a ducharme.

Y pronto Mila se encerró en el baño para indirectamente darle tiempo al Omega de recuperarse completamente. Viktor por su lado se concentró en ya no ser un tomate rojo y acabar con la limpieza. Para cuando lo hizo, Mila ya había terminado su ducha y era su turno de ponerse bonito para cuando Yuuri llegara.

-Ohh -rió Mila en cuanto el chico salió listo de la habitación luciendo adorable con una camisa azul a cuadros y su largo cabello en una coleta alta con un listón- Ese tipo tiene que estar loco para no lanzarse directamente a por ti -halagó sincera con una sonrisita.

-No está loco, solo es muy... recto. No quiere "desprestigiarme" o algo así -dijo tomando su celular con una sonrisa en los labios- Pero poco a poco, va a ceder y... -suspiró con su sonrisa de corazón- estaremos juntos. No me importa si Yuuri es un Beta, un Alfa o incluso un Omega -le mira algo pícaro, sin molestarse en ocultar cuanto rompería las reglas por él- Yo le quiero, ¡es adorable! Nunca nadie me ha tratado como él lo hace...

La mujer solo sonrió apoyando la mejilla en la mano.

-Ya he escuchado eso tantas veces. Es un todo un caballero, es sensible, sentimental, y muchas más cosas buenas junto a las negativas de ser un tontuelo inseguro -comentó- Me sé todo el discurso de memoria.

El Omega hizo un puchero.

-¿Cuándo te ibas? -preguntó un tanto a broma, cambiando su semblante a una sonrisa "falsa".

-Oh, ¡ahora me corres! -alargó haciéndose la ofendida- ¿Esta es la forma de tratar a tu pareja?

-Bueno, para empezar, yo no te invité -recordó levantando una ceja, pues técnicamente sus padres habían sugerido que se reunieran y ellos solo lo habían hecho mandando un par de mensajes para constatar que estaban juntos.

-Auch, está bien -alargó tranquila- De mejores lugares me han corrido -suspiró aun siguiendo el juego.

Más cuando el celular de Viktor timbró con aquel tono especial para Yuuri, miró fijamente a Mila.

-Hablo en serio, ¡fuera! ¡Mi Yuuri cerdito está aquí! -exclamó lanzándose a tomar el celular- ¡Yuuri! -alargó en tono dulce y feliz en cuanto contestó.

-Vaya cambio de humor -rió la rusa a las mímicas de que se fuera que le hacía el menor cuando no le contestaba al japonés- ¡Ya voy!

Y rápidamente fue a buscar sus cosas a la habitación mientras escuchaba a Viktor de fondo hablar con el nipón. Mila tenía curiosidad y quería conocer al hombre, una parte de su instinto no le dejaba confiar completamente en alguien que se acercara a su adorable amigo Omega, pero por otro lado estaba lo muy bien que había hablado Viktor de él, y se tranquilizaba... además de que en serio no quería estar en el mismo lugar que las feromonas del peliplata cuando el japonés estuviera allí. No era que le desagradara del todo sus aroma, solo era que... Mila ya no reaccionaba igual a otras feromonas que no fueran las de su pareja destinada que ahora le odiaba. Aun así, consideraba que podría echar un vistazo desde lejos antes de irse, por lo menos para asegurarse de que el tipo en serio no fingiera ser bueno y sea en realidad un idiota, la rusa tenía una especie de sexto sentido para eso. Así que con esto en mente, se apresuró a ir a la puerta.

-Bueno -alargó-, ¡me voy! Chao, chaíto. Te escribo, me escribes. ¡Suerte con tu japonesito! Ah, lleva un paraguas, ¡parece que va a llover pronto! -aconsejó abriendo la puerta, mirando el tiempo.

El muchacho solo asintió, se despidió con la mano y una sonrisa mientras iba a buscar su sweater y llaves para bajar, dándole tiempo a Mila de bajar las escaleras cual soplido para ocultarse rápidamente en unos arbustos frondosos algo alejados al lateral de la entrada del edificio.

A ella no le importaba que la hubieran mirado raro por ser una Alfa que sale del edificio para ocultarse en un arbusto a recuperar el aliento, le importaba más ver desde un lugar seguro a esos dos y asegurarse de que Viktor estaba bien.

-Al fin te veré -murmuró asomándose levemente por el arbusto- No me creo que Viktor nunca te haya tomado una foto -se dijo, pues no era tonta y ya eran varios años de conocerle.

Esperó un par de minutos antes de ver a su amigo salir del edificio con una enorme sonrisa e ir a la entrada del complejo Omega. Era difícil entrar allí si se era un Beta o un Alfa, a menos claro que uno de los que vivieran en el complejo fuera a recibirte. Mila aprobaba aquello, primero la seguridad para todos... aunque dudaba que fuera igual en el complejo Alfa, aquel era abierto al público pues... ¿quién iba a molestar a un Alfa?

-¡Ahí estas! -susurró con entusiasmo al ver que en menos de dos minutos Viktor regresaba. Se inclinó hacia adelante, preparada para ver a ese tal "Yuuri", cuando justo su teléfono sonó- ¡Ay! -se quejó haciéndose un poco para atrás para contestarlo, desviando la mirada del Omega- ¿Si? -contestó algo más brusco de lo necesario y pronto una molesta voz en ruso le contestó.

-¿Qué te pasa, vieja de mierda? -gruñó Yuri al otro lado- ¿Por qué aun no estás en casa? ¡Me he estado aguantando a los molestos de mis tíos llamándote todo el día! -gritó con molestia, aunque Mila sabía que era más con preocupación infundada por sus propios padres.

-¡No grites! ¿Por qué no me llaman al celular? -se quejó buscando una mejor posición pues estaba incómoda a cuatro patas para espiar- ¡No me digas vieja, pequeño mocoso!

-Porque según ellos no querían interrumpir nada -contestó el rubio aun con molestia- ¡Y me vienen a molestar a mí y al abuelo para preguntar si sabemos algo! ¿A mi qué me importa lo que hagas o dejes de hacer con el chico ese que no te quiere? ¡No tengo que saber toda tu vida para andar a notificárselas!

-¿Ya les dijiste eso?

-Sí, pero son una molestia en el culo, como tú -bufó. Ahora con eso de que iba a estar casado y que Mila sea soltera, era una molestia sentir que debía de "cuidar" de ella por eso.

La mujer suspiró pasándose la mano por la cara, miró de reojo hacia donde iba Viktor con su chico justo cuando su acompañante abría un paraguas para ponerlos sobre ambos, tapando una buena parte de su rostro.

-¡Mierda! -se quejó viendo como Viktor abrazaba al muchacho. No podía negar que estaba un poco celosa, su instinto le empujaba a ir a proteger a su amigo Omega, pero... estaba en buenas manos. Lo sabía por la forma en la que la mano del contrario temblaba y se colocaba tímidamente en el hombro del peliplata- Aw... si es un buen chico...

-¿Ah? -alargó la voz del otro Alfa- ¿Qué te pasa?

-¿Eh? Ah, nada, nada -murmuró por la cercanía que tenía la pareja, no quería ser descubierta- Está lloviendo y no tengo paraguas... Solo... estaba viendo algo, no es de tu interés, Yurio -alargó lo último solo para molestarle.

Y lo logró.

-Vete a la mierda. No te apresures en venir, cambiaré la cerradura para que no puedas entrar -le contestó a punto de colgar.

-Quisiera verte intentarlo, ¡el abuelo no te dejará! -replicó levantándose apenas la pareja desapareció dentro del edificio. Debía correr al auto para no mojarse.

-¿Quieres apostar? Es obvio que soy el nieto favorito -fanfarroneó bastante seguro.

Aquí vamos con otra pelea, pensó Mila con una sonrisa, limpiándose los pantalones.

-¿Quién te mintió así de feo, eh? -contestó tomando su cartera- Es obvio que me quiere más a mí, solo que no te lo diría. No es algo que se le dice al nieto menos queridos y feo como tú.

-¡Ja! Apresúrate a llegar, voy a destruirte, ¡vieja!

-Estas muy confiado, rubiecita -ronroneó saliendo del arbusto, dirigiéndose a paso rápido a la salida, llevándose unas cuantas miradas curiosas de los Omegas que andaban por allí.

-¡Mueve tu horrible trasero arrugado de vieja! ¡Aquí te espero! -y dicho esto, colgó.

La pelirroja suspiró. No había logrado ver al tal "Yuuri" que tenía vuelto loco a su amigo gracias a la llamada de Yuri, pero no importaba... si todos los Yuuris eran tan buenos como el de Otabek, entonces Viktor estaba en buenas manos.

-Debo dejar de preocuparme por él -se dijo a sí misma saliendo del complejo, después de todo Viktor ya era un adulto y... su chico se notaba un buen chico.