-Es bonito, ¿no? -preguntó Yuuri a Otabek mientras entraban al templo a través del blanco patio invernal en la lenta procesión de los familiares de los novios.

-Bastante -asintió Otabek con una sonrisita, mirándole de reojo.

-Me gustan las bodas al estilo japonés, pero las occidentales también son bonitas -comentó con una sonrisa, siguiendo el camino hacia los asientos.

-No dudo de que sean bonitas, solo no sé si aguantaré tanto tiempo sentado en el cojín -murmuró mirando los elegantes asientos en el suelo.

Otabek no se terminaba de acostumbrar a eso y qué decir de Yuri, aun se preguntaba cómo el rubio hacia para aguantar las reuniones con la familia de Minami si estando unos diez minutos en la misma posición comenzaba a removerse y a quejarse.

-Tranquilo, puedes sentarte normalmente y las ceremonias son realmente cortas -respondió un tanto divertido por como cruzaba las piernas al sentarse y luego suspiraba.

-Esperemos que tengas razón -susurró mientras las últimas personas terminaban de entrar- Por cierto... gracias por venir conmigo -dijo como por cuarta vez ese día desde que le había ido a buscar a la tienda.

Yuuri exhaló una risita y negó.

-No es nada -le susurró antes de echar un vistazo al lugar, quitándose los guantes.

El sobrio y sencillo templo era realmente bonito. Pensó en que si algún día se casaba, querría una boda en un lugar parecido, pero decorado con muchas flores de colores. Su atención se distrajo de apreciar los pequeños detalles cuando a su lado se sentó una chica pelirroja con ojos azules y una enorme sonrisa que fluctuaba entre feliz y divertida. A Yuuri le gustó su vestimenta: un lindo kimono color rosa con detalles en dorados, rojos, violetas, verdes y azules; pero a pesar de ser muy bonita, no dejaba de causarle más curiosidad la forma en que le veía.

-Hola, mi nombre es Mila Plisetsky -se presentó ofreciéndole una mano-, prima de Yuri y vieja amiga de Otabebé aquí presente -señaló sin borrar su sonrisa.

El japonés se apresuró a tomar su mano y hacer una pequeña reverencia.

-Y-Yuuri Katsuki, soy amigo de Minami y de Otabek -se apresuró a decir, ocasionando una risita en la rusa.

-Oh, cariño, no necesitas presentarte, se tod... -habló, pero no pudo acabar porque el kazajo había "tosido" un poco fuerte para evitar que hablara de más y le avergonzara.

-Parece que comienza la ceremonia -fue todo lo que murmuró el Alfa al enfrentar la curiosa mirada del Beta.

-Ah, parece que si -dijo Mila en verdad divertida. No iba a negar que quería molestar un poco a Otabek y conocer a Yuuri, y ese era su momento.

Se mantuvieron en silencio mientras la suave música sonaba y Minami entraba caminando de la mano de su madre al ritmo de la melodía. El Omega iba vestido con un shiramuko, el cual no era más que un lindo kimono blanco con detalles rojos en representación de su pureza y buena fortuna, complementado con un wataboshi o capucha redonda blanca bastante llamativa. Yuuri suspiró mientras le veía avanzar, no estaba seguro de poder evitar llorar.

-Recuerdo como si fuera ayer cuando iba a mi tienda con toda esa energía a comprar sus libros y mangas -dijo moqueando un poco, frotándose la punta de la nariz.

Otabek buscó en uno de sus bolsillos y le ofreció un pañuelo.

-Gracias -murmuró Yuuri, pues lo iba a necesitar.

-Y yo apenas recuerdo como si fuera ayer cuando vi a Yurachka de bebé, parecía una pequeña muñeca -suspiró Mila siendo un poco más fuerte, mientras el rubio entraba de la mano de su abuelo con un montsuki, un kimono de etiqueta negro decorado con el emblema de la familia.

El kazajo tampoco pudo evitar recordar a su amigo de pequeño. La primera vez que se conocieron, algunas andadas e incluso algunos momentos más privados y emocionales de cuando Yuri simplemente necesitaba desahogarse y no quería preocupar a su abuelo.

Al estar juntos la pareja sonrió y se podía notar que eran destinados por el amor que destilaban sin darse cuenta. Ambos comenzaron el ritual de purificación, se leyeron palabras de compromiso e hicieron ofrendas a los Kami.

Yuuri se sonó la nariz, era ridículamente lindo.

-Ahora viene lo más importante -murmuró a los dos Alfas junto a él- San sankudo -recitó con una sonrisa enternecida.

Otabek y Mila le miraron curiosos, pues Yuri les había mantenido aparte mientras practicaba y estudiaba aquellas tradiciones para evitar que la pelirroja se burlara o algo. El japonés notó sus gestos curiosos y explicó:

-Significa tres veces tres a nueve -explicó mientras los novios proseguían con la ceremonia- Es un rito que se da luego del intercambio de los anillos y los juzus, a través del cual la pareja hace una promesa de matrimonio ante Gohonzon -señala al pergamino de devoción en el budismo japonés- Consiste en tomar tres vasos de sake que representan al cielo, la tierra y el hombre en tres sorbos -murmuró mientras lo que decía lo hacía Yuri primero y luego Minami.

-Ah, leí que el tres era un número sagrado -susurró Mila.

-Así es -asintió el nipón- Se supone que traerá felicidad a la pareja y representa la unión de la misma en cuerpo, mente y espíritu.

-Bueno... es algo bonito y significativo -admitió Otabek con una sonrisa, estaba contento porque su amigo estuviera viviendo aquello.

Finalmente la ceremonia acabó luego de unos minutos y los recién casados salieron de la mano de Nikolai Plisetsky, siendo seguidos por la familia y amigos cercanos.

-Y dime, Yuuri, ¿tienes pareja? -alargó Mila como quien no quiere la cosa.

El japonés negó y Otabek miró de reojo a la rusa.

-No, de momento no es algo que me quite el sueño -respondió guardándose con cuidado el pañuelo en el bolsillo, ya que debería lavarlo antes de entregarlo.

-Oh, ya veo -asintió conteniendo una sonrisa- Y... ¿entonces te interesan Alfas?

-Mila -intervino Otabek, salvando a un sonrojado Yuuri de tener que negar a esas suposiciones, cosa que este agradecía internamente para no volver las cosas incomodas-, ¿dónde está tu pareja? Pensé que vendría.

Ella solo negó.

-Dijo que a la ceremonia solo iba la gente verdaderamente cercana a los novios y la familia -se encogió de hombros- Él vendrá a la recepción.

-Oe, vieja de mierda, ¡ven para la foto familiar! -exclamó Yuri en inglés desde lejos.

La pelirroja hizo una mueca.

-Que suerte tiene de que los padres de Minami no hablan inglés -se quejó alisando su kimono- Bueno, ya regreso, Yuuri -tarareó sonriendo como despedida antes de avanzar para ir a posar en la foto.

-Sigamos sin ella -recomendó Otabek retomando el camino.

Yuuri le miró y luego a la mujer.

-Uh, ¿seguro? -preguntó avanzando tras él aun así.

-Sí, es mejor huir de ella en ocasiones.

Siguieron tranquilamente el camino de piedras hacia el salón donde sería la recepción mientras algunos copos de nieve comenzaban a caer, añadiéndose al blanco ambiente natural del santuario en ese momento. Los árboles desnudos, arbustos y estatuas volvían a cubrirse lentamente por el suave manto de nieve que hizo temblar a Yuuri, haciendo que se abrazase a sí mismo, pensando en que por muy elegante que estuviera, si seguía afuera iba a morir de frío. Ya no tenía toda la grasa que le protegía en el invierno y podía sentir como la garganta volvía a molestarle un poco, por lo que carraspeó y terminó estornudando.

El kazajo paró y le miró curioso.

-¿Estás bien?

-No... olvidé mi bufanda en el auto -se lamentó al recordarlo- No debí quitármela, ¿podemos ir un momento a recuperarla? -preguntó algo apenado de tener que hacerle volver al estacionamiento, ya que este estaba algo alejado.

El contrario solo le miró un par de segundos antes de quitarse la bufanda.

-No, no -se apresuró a negar el japonés- No es necesario, luego tu tendrás frío y... -dijo tratando de evitar que le colocara la prenda, negando energéticamente.

Aquello le parecía muy lindo a Otabek, por lo que con una pequeña sonrisa atrapó a Yuuri en su bufanda y logró colocársela mientras este murmuraba alguna cosa sobre la gripe.

-Yuuri... -alargó tranquilo, tomando sus mejillas para que parara y le mirara, obteniendo como respuesta un leve sonrojo en su pálida y fría piel.

-¿Si? -respondió con la voz cambiada por sus cachetes algo apretados.

-No te preocupes tanto. Usa la bufanda, resisto bien el frío -eso y que también le gustaba la idea de que el Beta usara algo suyo y llevara su aroma.

De pronto Yuuri recordó que él era un Alfa y resistía bien las bajas temperaturas. Que injusta es la naturaleza, pensó al ver como Otabek solo llevaba su traje, un abrigo ligero y hasta hace nada su bufanda, y aun así estaba cómodo.

-Está bien -aceptó subiéndose la bufanda hasta la nariz mientras echaba un vistazo al rededor, notando algo que temía: la gente los estaba viendo.

Quizás no de forma tan obvia, pero había una gran cantidad de gente mayor, tanto perteneciente a la boda como no.

De su experiencia trabajando en el onsen de sus padres y en su propia tienda, Yuuri había aprendido sobre la gente, sobre todo cómo actuaban cuando veían algo que no les gustaba o no aprobaban. Las miradas de reproche, enojo o repulsión disimuladas, el cómo sus caras se tensaban en una mueca, estaba acostumbrado a presenciarlo todo como un observador, como un Beta criado a la antigua que solo calla y asiente a lo que sus mayores o superiores le dicen.

Optó por alejarse del Alfa y mirar hacia otro lado para así evitar seguir atrayendo la atención.

-No hagas eso -dijo neutral.

Otabek parpadeó y solo bajó sus manos con lentitud.

-¿Qué? -fue todo lo que logró soltar.

-La gente mira y prefiero no atraer la atención -contestó con simpleza en un gesto neutral-, evitar problemas. La mayoría de estas personas van a History Maker -murmuró pensando en si Seung y Jean podrían caminar por la calle de la mano con ese tipo de gente suelta, siendo obvio que ambos son Alfas- Sigamos al salón... -dijo y retomó el camino, tomando distancia de él.

El Alfa echó una mirada a su alrededor y al par de ancianos nada disimulados que les miraban. Soltó un gruñido, pues le importaba una mierda quienes fueran. Se apresuró a alcanzar a Yuuri y protectoramente se quedó cerca de él, no iba a permitir que hicieran sentir mal a su chico así como así.

-Lo siento -murmuró por si acaso y Yuuri negó.

-No es tu culpa, yo lo siento... debí ser más precavido -murmuró de igual forma, pensando en que últimamente él y Otabek se habían vuelto más cercanos... y eso era un problema.

Yuuri debía recordarse de nuevo los limites y que todo en él gritaba Alfa... y nada en si mismo gritaba "Omega" como para que la gente llegue siquiera a dudar antes de juzgar, pues obviamente no eran familia como para excusar el ser así de cercanos.

El silencio se alargó hasta llegar al salón de la recepción, un edificio grande y hermoso que contrastaba correctamente con el aspecto antiguo del lugar. Por dentro era otro placer a la vista: suaves paredes blancas decoradas con detalles dorados y flores, mesas esparcidas correctamente por el lugar con sus manteles y centros de mesa, una pequeña tarima y la zona de baile; todo era una mezcla entre el estilo japonés e indudablemente el occidental.

Su mesa estuvo cerca de la de los novios por Mila y Otabek, ya que solo la familia principal iría en la mesa de la pareja. Yuuri tomó asiento y suspiró cómodo con la calefacción del lugar.

-Podría quitarme los zapatos y andar descalzo -comentó para romper el silencio- El suelo tiene calefacción, ¿lo notas? -dijo dando una suave pisada, notando el agradable calor.

-Quizás considere poner uno en casa... mis hermanos se volverían locos -sonríe al pensar que con más razón andarían descalzos aun en invierno.

Sus charlas pasaron a ser más tranquilas mientras poco a poco el lugar se llenaba, sobre todo con invitados de Minami. Pero mientras esto sucedía, el kazajo no podía evitar pensar en las palabras del nipón hace un rato: "ser más precavido", no podía aceptar tan fácil que todo su progreso fuera echado hacia atrás de esa forma, por lo que luego de una pausa entre tema y tema, se atrevió a tomar la mano del hombre por debajo de la mesa, obteniendo rápidamente su atención.

-¿Otabek, qué...? -comenzó, pero no le dejó acabar.

-Ahora nadie está mirando -murmuró con una sonrisa- Y a mí no me importan las reglas sociales y lo que se supone que está bien o mal, pero... si a ti te afecta, iré rompiéndolo poco a poco para poder estar contigo de forma adecuada y poderte tomarte de las mejillas o de la mano en la calle sin problemas -bufó un poco.

Yuuri no sabía qué decir. Bien, era lindo sentir sus dedos acariciarle bajo la mesa en público, pero también le producía algo de ansiedad. ¿Cómo le diría luego a este chico que no quería tener algo con él? Aunque para ese momento, ni él mismo sabía si en verdad no quería nada con él.

Abrió la boca para contestar algo, pero volvió a cerrarla y a repetir el proceso un par de veces más mientras se sonrojaba, hasta que, rendido, solo asintió levemente.

-Bien -sonrió Otabek, satisfecho de que aquello funcionase.

Un nuevo silencio cómodo se alargó entre ambos hasta que Mila ocupó la mesa con desbordante energía.

-¡Ah! Mi acompañante ya llegó -dijo con emoción- Seguro que tu y él se llevan bien, Yuuri. Por cierto, quería preguntarte, ¿qué tan común es tu nombre? -aprovechó de soltar con curiosidad, pensando que a Viktor le encantaría aquella coincidencia, pues ahora conocería a tres "Yuris" y se preguntaba si todos serían personalidades tan diferentes como el ruso y el japonés.

Mientras tanto y por acto reflejo, el Beta trató de separar su mano de la del Alfa debajo de la mesa, pero el kazajo no se lo permitió y entrelazó sus dedos firmemente, haciéndole estar un poco más nervioso.

-Eh... -alargó Yuuri- U-Una vez revisé la guía telefónica y aquí hay cerca de unas... ¿treinta personas con mi nombre?

-Vaya, ¡eso es fantástico! Nunca se me había ocurrido buscar mi nombre en una guía telefónica -dijo con impresión- Digo... no sabía que aun las hacen.

-Las hay en internet y en algunos teléfonos públicos... -murmuró con una sonrisita, algo cohibido aun así.

-Voy a buscar mi nombre en una sin duda... quiero saber cuántas Milas hay en el mundo -asintió pensativa, algo divertida antes de sentir su teléfono vibrar- Discúlpenme un momento -dijo levantándose para atender la llamada, yendo a la puerta- ¿Hola? Si, ya voy por ti...

Yuuri exhaló una risita y devolvió su mirada al lugar, pues se negaba a ver al Alfa mientras estaban tomados de la mano. La mayoría mesas ya tenían gente, por lo que Yuuri podía deducir que pronto los novios harían su gran entrada y luego ambos miembros se presentarían oficialmente como matrimonio, vendría la cena, los discursos de algunos invitados (Yuuri esperaba que el pequeño Minami no le pidiera decir unas palabras, pues no había preparado nada), finalmente un último discurso, esta vez de la pareja y para acabar una pequeña entrega de recuerdos a todos... Las bodas en serio son algo caro, pensó distraídamente mirando las lindas flores del centro de mesa, apreciando sus colores e intentando ver desde su lugar si eran falsas o no, al menos hasta que sintió como su mano era apretada dolorosamente hasta hacerle jadear.

-¿O-Otabek, qué pasa? -se quejó mirando al chico, comenzando a preguntarse ¿qué demonios le estaba pasando?

Pero Yuuri no obtuvo respuesta. El Alfa estaba rígido y serio con la mirada fija en la puerta, mientras olfateaba notablemente en esa dirección.

-¿Otabek? -trató de nuevo, esta vez más suave, acariciando su antebrazo, tratando de ignorar el dolor de su mano- ¿Estás bien? -preguntó, pero justo su seria expresión cambió a una de notable preocupación y ansiedad.

-No -gimió roncamente, aferrándose con su mano libre a la mesa, sin dejar de mirar hacia la puerta.

Yuuri no sabía qué estaba sucediendo, pero nunca le había visto así. Trató de mover inútilmente su mano mientras seguía la dirección de su mirada. En ese momento un tambaleante y tembloroso Viktor estaba apoyado en Mila, quien hablaba rápidamente por celular. Yuuri no había reparado en su presencia.

-¡Abuelo Nikolai! -escuchó a la chica gritar al hombre mayor que charlaba con algunas personas en una mesa- ¿Las llaves de la camioneta...?

Todo transcurrió rápidamente en cuestión segundos, aun así parecía que a partir de ese momento el tiempo pasaba mucho más lento para Yuuri, quien al principio no entendía lo que estaba sucediendo, pero su corazón se preocupó al ver al lindo chico de ojos azules en un estado aparentemente enfermo, apoyado en una columna mientras Mila corría a por las llaves. No entendía qué hacia ahí, ¿conocía a Minami acaso? Tenían horarios distintos de ir a la librería, pero era probable, pensó mientras miraba fijamente al Omega, el cual miraba hacia su mesa con notable pánico, pero no le miraba a él, miraba a Otabek... y Otabek le devolvía la mirada fijamente sin dejar de apretar dolorosamente la mano de Yuuri.

Mila había regresado en la escena para tomar de nuevo al Omega y luego de un breve intercambio de palabras, mirar también hacia la mesa con una mueca preocupada antes de rasgar su kimono para moverse mejor y poder cargar a Viktor en brazos.

Otabek gruñó y se levantó llevándose a Yuuri consigo, quien trastabilleó torpemente ante la sorpresa del jalón imprevisto que recibió.

-¡Me lastimas! -exclamó tirando ya con molestia del brazo del Alfa, no podía concentrarse si sentía que los huesos de su mano eran reducidos a arena- ¡Otabek, para! -chilló.

Y fue entonces que el kazajo volvió a mirarle, manteniendo su sombría expresión mientras su destinado era llevado de la sala por otro Alfa. Estaba usando todo su autocontrol para mantenerse en su lugar y soltar lentamente sus dedos, dando alivio al Beta, quien se soltó al tener la oportunidad y volvió a mirar hacia la puerta.

Si Yuuri pudiera oler el ambiente y notar la incomodidad de los presentes más allá del dolor en su mano, habría notado la situación rápidamente: un extraño y agrio encuentro entre destinados, pero en ese momento su raciocinio necesitó más tiempo, tiempo aprovechado por Otabek para tomar su otra mano y llevárselo de allí.

-¡Espera! ¡A dónde me llevas? ¿Qué te pasa? -exigió saber mientras era llevado firmemente y su mano palpitaba de dolor, tendría que ir a un medico- Otabek, ¡v-voy a golpearte si no paras! -amenazó no hablando en serio, pues solo un Beta tonto golpearía a un Alfa y Yuuri era pacifista- Me estas asustando -murmuró tirando de su mano sana, no queriendo que tuviera el mismo destino.

Más pronto que tarde desistió en resistirse al notar que no le iba a soltar y que no le estaba apretando tanto como para romperle la otra mano. Trató de seguir el ritmo hasta que por fin salieron del edificio solo para ser apresado de nuevo esta vez en los brazos del más joven.

-Otabek... -repitió, le parecía que lo había dicho muchas veces durante un largo rato.

Pero de nuevo no obtuvo respuesta, el contrario solo había comenzado a temblar y Yuuri no vio otra opción que usar su mano buena para darle palmaditas en la espalda. Mientras tanto en el silencio comenzaba a recordar el rojo y asustado rostro de Viktor. Estaba empezando a hilar las cosas; Mila había dicho que su compañero había llegado y luego recibió una llamada que le hizo salir.

¿Qué probabilidad había de que todos esos rusos vinieran del mismo lado? Rusia era muy grande, pensaba Yuuri, pero el mundo es en realidad muy pequeño, le dijo una vocecita en su interior. Quizás Viktor estaba allí porque conocía a Minami y a los rusos... Su línea de pensamiento fue cortada por el tembloroso chico que le mantenía entre sus brazos.

-Era él -murmuró Otabek.

Yuuri ladeó la cabeza con curiosidad, tratando de verle la cara, pero esta estaba decididamente oculta en su cuello.

-¿Eh?

Solo le tomó dos segundos sumar dos más dos. Su mano pasó a segundo plano cuando el vacío en su pecho comenzaba a incrementar exponencialmente ante la cruda verdad que caía sobre él cual cubo de agua helada en medio de lo que le parecía un crudo invierno ruso.

Sus pensamientos iban a todo lo que daba y pronto la conclusión llegó mezclada y, exacta a las siguientes palabras del Alfa:

-Era mi destinado -susurró.

No había más qué decir.

Viktor era su destinado...

Otabek era el destinado de Viktor...

Y Yuuri ahora debería hacerse a un lado para permitir que dos almas gemelas estuvieran juntas porque... ¿qué más podría hacer?

No había mejor forma de terminar esa tarde que con la mano y el corazón rotos.