La estación de Hasetsu se encontraba casi solitaria, cosa común en esa época. Yuuri suspiró y avanzó con el ruido de las ruedas de su maleta hasta que un grito le detuvo.
-¡Yuuri! -exclamó su ex profesora de ballet al otro lado de los torniquetes- ¡Bienvenido! -canturreó dando una vuelta elegante sobre sí misma, sosteniendo un cartel que decía: "¡Bienvenido!".
Las pocas personas que había por el lugar voltearon a ver la escena con curiosidad y Yuuri se sonrojó.
-Profesora Minako -saludó al pasar los torniquetes- Oh, no era necesario -murmuró observando como la mujer movía el decorado cartel con una sonrisa.
-Es necesario cuando nos visitas dos veces al año -dijo levantando una ceja- No te preocupes, reciclo el cartel -le guiñó y dobló la cartulina antes de darle un enorme abrazo- Vamos, ¡dale un abrazo a tu vieja profesora!
Con cierta vergüenza Yuuri correspondió al abrazo de la Alfa con su mano buena y sonrió nerviosamente tras el tapabocas que llevaba, pues aun podía sentir que eran el centro de atención.
-Es un gusto verla de nuevo... Gracias por venir a por mí.
-No me agradezcas -negó soltándole- Yo me ofrecí, es una buena oportunidad para pasar por Yu-topía también -dijo con una amplia sonrisa, pues la traducción a lo que dijo es que era una buena oportunidad para beber un poco- Vamos, tu familia ya quiere verte... Aunque es algo sorpresivo que adelantaras el viaje, creo que te estás convirtiendo a un adicto al trabajo -murmuró un poco a broma mientras caminaban.
-Si... algunas cosas pasaron y... solo vine antes -asintió algo cabizbajo sin querer ahondar mucho en el tema.
Minako asintió y comprendió el aura del Beta, pues sin necesidad de hormonas y feromonas, siempre había sabido leer bien a su alumno favorito.
-Bueno, sin dudas cosas muy locas para fracturarte la mano izquierda -comentó mirando las vendas.
-Oh, bueno, no fue para tanto -alargó mirando hacia otro lado- No es tan grave... -murmuró.
Y aunque Minako no estaba convencida, lo dejaría pasar de momento.
-Yuuri... -alargó mirándole- ¿¡Estas más delgado!? -preguntó con impresión, cambiando el tono de la conversación- ¡Vaya! ¡Por alguna razón pensé que volvería a ver a mi lindo alumno rellenito! ¿Es una nueva dieta?
-¿Eh? -ladeó y rió- No, no, solo... ocurrió -dijo contento con hablar de otra cosa- He estado guardándome para el katsudon de mamá -suspiró recordando su plato favorito.
La mujer asintió.
-Oh, has hecho bien... a mí también se me antoja tanto el katsudon de la señora Hiroko en este momento -suspiró- Y eso significa que pronto volveré a ver al Yuuri gordito -canturreó tocando su abdomen.
Yuuri rió y se quejó alejándose de ella para bajarse el tapabocas y asentir.
-Sí, creo que si -asintió con buen humor mientras salían de la estación en busca del auto.
El camino fue agradable para Yuuri mientras hablaban del katsudon de su mamá, algunos acontecimientos en Hasetsu y cualquier otra cosa que la profesora Minako quisiera contarle, pues él estaba bien con que ella llevara la conversación ya que no tenía muchas cosas que contar... o si las tenia, pero no quería tocar los temas que le habían hecho adelantar su viaje a Hasetsu.
-¿Cómo está Vicchan? -preguntó Minako en cuanto pararon en el estacionamiento de Yu-topía Katsuki- En las últimas fotos que enviaste vi que ya estaba más grande.
-Está bien, aunque me siento mal de no haberla traído conmigo -murmuró quitándose el cinturón-, pero confío en que Seung la cuidará bien.
-¿El estudiante de medicina que trabaja para ti?
-Sí, adora a los perros y tiene un husky precioso. Se ofreció a cuidarla desde antes así que acepté... No pudo haber quedado en mejores manos -dijo una vez cerrada la puerta.
El frío le golpeó la cara y de inmediato volvió a colocarse el tapabocas para evitar caer en las garras de la gripe, o de un dolor de garganta.
-¡Que helado esta! -se quejó Minako luego de bajar la maleta del menor- Vamos, Yuuri, ¡corre o te congelarás! -exclamó adelantándose con rapidez a la puerta de la residencia.
Yuuri le siguió sin más y una vez que pasó de la puerta se quitó de nuevo el tapabocas y la enorme chaqueta para dejarla en el armario, mientras se llenaba del agradablemente cálido y familiar aroma de su hogar.
-Ah... -suspiró sin poder evitar una sonrisa mientras se quitaba otro abrigo y los zapatos.
-Ah, que agradable se está aquí -gimió Minako levantando con facilidad la maleta para dejarla a un lado.
Y apenas Yuuri puso un pie en el recibidor, la voz de su madre exclamó:
-¡Yuuri! -corrió de donde estaba hasta su encuentro para abrazarle fuertemente.
Él solo pudo corresponder fuertemente al abrazo, pensando en cuanto necesitaba uno de su madre.
-Mamá... -murmuró sin poder evitar que su voz se quebrara un poco, agachándose para poder devolver el abrazo.
La pequeña mujer acarició con cariño el cabello de su hijo.
-¿Soy yo o estas más grande? -murmuró alejándose un poco para tomar sus mejillas.
-Un par de centímetros, quizás -asintió con una sonrisita que no le llegó a los ojos.
Hiroko Katsuki en ese momento supo al cien por ciento que a su hijo le pasaba algo, partiendo desde la decisión de adelantar su viaje a pesar del cariño y gusto que le tenía a su tienda.
-Ya veo... ¡Y estas más delgado! -notó con sorpresa.
-Yo le dije lo mismo -asintió Minako.
-Gracias por traerlo, profesora Minako -asintió la pequeña mujer, yendo a tomar las manos de la Alfa con cariño- ¿Quieren cenar ya? Hay katsudon.
-Cuente conmigo, señora Hiroko, su katsudon es el mejor junto a un buen vaso de alcohol -dijo felizmente la mujer mientras Yuuri asentía.
-Bien, bien, entonces déjame ayudarte primero con esa maleta y...
-Yo me encargo, querida -intervino Toshiya saliendo de su puesto de trabajo con una sonrisa- Me despertó la palabra alcohol -bromeó un poco, aunque era cierto en medida.
-¡De nada, señor Katsuki!
-Hola, Yuuri -saludó a su hijo luego de sonreír a la profesora- Te ves bien, muchacho -dijo estirando la mano hacia él para estrecharla, mas en cuanto la tomó tiró de Yuuri para abrazarle y darle un par de palmadas en la espalda- Vayan a las mesas, yo me encargo de la maleta -le restó importancia al separarse.
-Uh... Yo puedo... -comenzó a decir Yuuri.
-Con esa mano así, no -negó el hombre tomando la maleta- Aun puedo con una simple maleta.
Hiroko sonrió hacia su esposo colocándose las manos en las algo sonrojadas mejillas.
-Oh, qué fuerte y caballeroso eres, querido.
Toshiya rió avanzando con la maleta.
-Aun lo tengo -canturreó divertido y feliz.
-Bueno, ustedes vayan a la mesa, yo iré a la cocina -dijo Hiroko adelantándose.
Sin rechistar y ante la idea de comer el katsudon de su madre, Yuuri caminó hacia el comedor, donde de momento no había nadie.
-¡Ja! Tengo el control antes que esos vejestorios -celebró la mujer encendiendo la televisión y pasando los canales buscando el de ballet, pero pasó por el de patinaje sobre hielo, deteniéndose allí- Oh... ¿Yuuri, recuerdas cuando patinabas?
El Beta asintió, ¿cómo no recordarlo? Miró en la pantalla como Yuzuru Hanyu, el representante de Japón, hacía su programa sobre el hielo mientras los comentaristas describían sus saltos.
-¿Nunca has pensado que si hubieras seguido patinando estarías allí? -ladeó la mujer mirando la pantalla con curiosidad.
-No -contestó dudoso- No creo que hubiera podido llegar tan lejos -murmuró sincero, haciendo círculos en la mesa con un dedo- Aunque sería lindo patinar, tengo mucho sin hacerlo...
-Siempre está el Ice Castle -observó.
-Si... Quizás vaya luego a visitar a Yuko -dijo con una sonrisa al recordar a su amiga.
Y con eso ambos se quedaron mirando la competencia en silencio, hasta que la madre de Yuuri se acercó con una bandeja.
-Aquí esta, dos katsudon calientes para dos clientes importantes -dijo dejando el tazón frente a cada uno- Mas algo de soju para la profesora -agregó.
-Usted sabe como consentirme -alargó felizmente Minako tomando la botella para servirse un poco.
-Gracias, mamá -dijo Yuuri aspirando el delicioso aroma de su platillo favoritos- Ahh.
-No hay de qué, cariño, puse una doble porción de cerdo para ti -dijo dejando un beso en su cabeza para sentarse a su lado.
Yuuri sonrió y no dudó en tomar los palillos para comenzar a comer, degustando la deliciosa sazón que tanto había extrañado de su madre. Hizo un pequeño ruidito de satisfacción.
-¡Esta delicioso! -exclamó en verdad feliz, con la boca llena.
-Me alegra que pienses eso, cariño -sonrió la mayor acariciando su espalda.
Y mientras Yuuri se dedicaba a comer, las dos mujeres charlaban hasta que su padre también se unió, pero a beber con Minako.
En cuanto el Beta acabó de comer, suspiró y miró hacia las escaleras con algo de cansancio.
-Si quieres puedes retirarte -le dijo bajito su madre mientras Minako y Toshiya peleaban por qué ver ahora en la televisión, siendo el hombre apoyado por algunos señores que frecuentaban el onsen y que recién llegaban a las mesas.
-¿Segura? ¿No necesitas ayuda? -preguntó mirando la escena frente a ellos.
-No, estoy bien -aseguró- Serviré la cena y es todo -le restó importancia- Debes estar cansado por el viaje, ve -le animó.
Sin más, Yuuri solo asintió antes de besar su mejilla y despedirse de todos los presentes para subir las escaleras e ir a su habitación. Se notaba que algunas pocas habitaciones estaban en uso mientras subía a la propia para echarse en su cama, ignorando la maleta a un lado de su escritorio.
Tanteó el bolsillo de su pantalón para sacar su celular y observar las cientos de llamadas perdidas de diferentes números: Phichit, Chris, Minami, números desconocidos... Otabek y Viktor...
-Ug -suspiró deslizando el dedo para ignorar las llamadas e irse a los mensajes.
Varios mensajes saltaban en chats distintos y Yuuri se sintió culpable de ni siquiera haber avisado a Phichit, pero todo había sido tan rápido y repentino incluso para él, solo había tenido tiempo de hablar con Seung y Jean al momento de dejarles a Vicchan.
Lo siento, estoy bien y en casa de mis padres, no te preocupes.
Respondió y escribió también a Seung para preguntarle sobre Vicchan, evitando deliberadamente el resto de chats que en verdad no quería abrir. Una vez que acabó iba a apagar el celular, pero una llamada entrante le detuvo.
Otabek
Miró el nombre en la pantalla, deseando que parara, pero este se mantuvo allí por largos segundos hasta que la llamada simplemente se cayó, más un par de segundos después volvió a aparecer.
-Por favor, para -se dijo a si mismo pasándose una mano por los ojos.
Otabek ya había encontrado a su destinado, no tendría por qué estarle marcando. Debería estar con Viktor... ambos deberían estar juntos charlando sobre eso, quizás sintiendo ese efecto de estar conectados y ser biológicamente compatibles en todos los sentidos. Los dos deberían de estar que no caben en sí de la felicidad y el gozo de encontrar a su alma gemela, pues no todos gozaban de ese privilegio. Algunos no la encontraban y para otros como Yuuri, esa persona simplemente no existía y debían buscar lo más parecido entre sus iguales Betas.
Abrió los ojos y observó que el nombre del Alfa aun refulgía en la pantalla del celular... y eso estaba mal, pero peor era el que Yuuri presionara el botón de contestar.
-Yuuri... por fin contestas, por Dios, he estado tan preocupado por ti. ¿Dónde estás? Han pasado dos días...
La voz del chico se le hacía extraña, cansada y preocupada, Yuuri no podía evitar pensar en si también lo estaría por Viktor, quien era el que más le necesitaba ahora.
-Estoy bien -suspiró luego de unos segundos de silencio- Adelanté mi viaje así que no te preocupes...
Otabek suspiró notablemente más relajado.
-¿Seguro? ¿Y tu mano...?
-Estoy bien -insistió en un tono más duro que hizo callar al Alfa- Creo que tienes cosas más importantes por las cuales ocuparte -murmuró- ¿Cómo esta? -preguntó sin poder ocultar la preocupación por su querido Viktor.
-¿Eh? -exhaló.
-¿Viktor, cómo esta? ¿Ustedes ya...? -comenzó, pero no podía terminar la pregunta.
El kazajo soltó un par de palabras mal sonantes en su idioma natal antes de exhalar bastante aire de forma exasperada.
-Jesús, no lo sé, no quiero verlo, ni él a mí. He estado ocupado buscándote, Yuuri -dijo algo alterado- ¿No lo entiendes?
-El que parece no entender aquí eres tu -respondió tranquilo- Es tu Omega, Otabek, te necesita. Conozco a Viktor y quizás no te acepte a la primera, pero...
-Yuuri, para, no quiero escucharlo -le cortó Otabek.
-No, Otabek, debes escucharlo -dijo levantándose de la cama por impulso- Ustedes son Alfa y Omega, yo sólo soy un Beta, Viktor te necesita y yo no aceptaré que lo dejes así.
-¡Pero yo no siento nada por él! ¿Eres consciente de lo que me estas pidiendo? ¡¿Cómo puedo querer a alguien que no conozco?!
-De la misma forma que lo hiciste conmigo -cortó- Todo esto inició porque pensaste que yo era él, pero no lo soy y ahora lo has encontrado, así que hazte cargo y... ¡y deja de llamarme!
-¡No es igual! -exclamó el otro lado tratando de defenderse.
Otabek comenzaba a desesperarse por su situación. Los dos pésimos días de preocupación, ansiedad y no poder dormir bien le tenían al borde.
-Otabek, olvídalo, es lo mejor... Me lo agradecerás... Ambos me lo agradecerán en el futuro -asintió el japonés seguro de ello.
El Alfa respiró hondo y se frotó los ojos mirando alrededor, en ese momento se encontraba en su auto junto a una gasolinera.
-Yuuri, por favor, no me hagas esto... -murmuró débilmente- Yo te quiero a ti, no podría ser de otra forma... Cuando estoy contigo siento que todo es como debería ser, ¿acaso no sientes lo mismo? Si dices que no, no lo creeré, solo lo haré cuando me mires a los ojos y...
-No importa lo que yo sienta, solo soy un Beta -suspiró- Ustedes son destinados, no hay nada que hacer.
-¡Eso es estúpido! No se siente como tal -negó seriamente, a pesar de que no le veía- Solo porque se supone que es así no tiene que ser mi caso, no tiene que ser nuestro caso.
-No puedes solo decidirlo por ti, ¿qué hay de Viktor? ¿Eres consciente de lo egoísta que eres? -reclamó pensando en lo mal que lo estaría pasando su rayito de luz azul.
-¿Eres consciente de lo egoísta que eres tú?
A ese punto ambos habían levantado un poco la voz, cada quien concentrado en su punto y sin estar dispuestos a dar su brazo a torcer, pero Yuuri llevaba la ventaja en poder acabar con eso cortando la llamada.
-Eso no tiene sentido, ¡solo quiero que sean felices!
-Soy feliz contigo -insistió haciendo acopio de toda su paciencia.
-Suficiente -exhaló Yuuri sintiendo su corazón latiendo al máximo, todo eso iba a matarle- Adiós, Otabek. Haz lo que se supone que debes hacer y deja de llamarme -dijo de forma dura y recordando un poco los regaños de joven, dijo:- Eres un Alfa, comportarte como tal.
Y con eso, colgó y apagó su celular con el corazón en la garganta. Tenía un revoltijo de emociones que iban desde la tristeza hasta la preocupación y algo de enojo.
-Se solucionará en un mes y... Serán felices y todo volverá a la normalidad -se dijo tirando el celular a algún lugar mientras trataba de convencerse de ello, pues pasase lo que pasase, las cosas ya habían cambiando.
Decidido a ignorar el dolor en su pecho y convencido de que había hecho lo correcto al dejar a Otabek y Viktor en otra ciudad, se echó en su cama a dormir... Cosa que milagrosamente logró luego de una hora de rodar de lado a lado en la cama, pues no había dormido bien en esos días, pero su cerebro parecía estar dispuesto a dejarle dormir luego de esa discusión y Yuuri lo agradecía.
Esa vez a sus sueños acudieron las dos personas que le habían hecho pasar en vela dos noches. La imagen de un día normal y feliz con su pequeño de ojos azules, y con su Alfa de ojos profundos, le entregó un poco de paz a su corazón y una noche larga y tranquila de sueño. Soñó con el calor de un abrazo, mas cuando abrió los ojos se encontraba en su vieja habitación en Hasetsu.
-¿Yuuri? -preguntó su madre al otro lado de la puerta luego de dar un par de toques- ¿Estas despierto? El desayuno está listo.
-Uh, si, ya voy, mamá -avisó lo suficientemente alto.
Solo cuando escuchó los pasos de su madre desaparecer por el pasillo, se levantó dejando en la cama y en sus sueños aquel falso calor de cariño. Lo mejor es olvidarse de todo eso, pensó, pues las personas que le gustan son pareja destinada y no había nada que hacer. No podía tener peor suerte... aquello en definitiva era un castigo para ponerle en su lugar como Beta, no debería andar haciéndose ilusiones con cosas tan... imposibles.
Fue al baño y luego desayunó de forma normal para ponerse a ayudar un poco en la casa paleando la nieve de la entrada, luego de insistir bastante en que podía hacerlo. Para cuando el camino de piedra estaba despejado Mari fue a buscarlo.
-Yuuri, mamá dice que entres a beber algo caliente -dijo colocando una mano en su hombro- Es suficiente por hoy, estas herido.
El Beta se removió.
-En serio, estoy bien -suspiró.
-Y no lo dudo -sonrió-, pero no hablo de la mano -alargó mirando hacia el nublado cielo- Sabes a mamá y papá les preocupa un poco que estas un poco apagado, no eres tú mismo y sinceramente es algo que llama la atención -habló y devolvió la mirada a él- Si no quieres decir la razón está bien, al menos no a mi... Pero calma a mamá, ¿sí?
Yuuri suspiró.
-Está bien... Le diré algo -murmuró sintiéndose culpable por ser tan obvio-, pero aun no...
Mari asintió.
-Cuando estés listo está bien -asintió y tomó la pala- Por ahora entra a tomar algo caliente, lo hice especialmente para ti porque mamá me obligó -dijo con una sonrisa divertida.
El menor sonrió y siguió a su hermana.
-Gracias, Mari. Por cierto, ¿sabes si el Ice Castle abre hoy? -aprovechó de preguntar.
-Me parece que si -dijo sosteniendo la puerta para él- ¿Vas a ir? Es bueno que descanses y te distraigas ya que estas aquí, a Yuko le gustará verte -aprobó, ya que recordaba observar a su hermanito patinar y este siempre lucia más tranquilo cuando lo hacía.
-Sí, creo que sería bueno visitarla, hace mucho no lo hago -suspiró con cierta pena, pues desde que se fue de Hasetsu solo se había enterado de que se había casado y no habían mantenido el contacto de forma seguida.
-¿Quieres que te lleve?
-Uh...
-Te llevaré -asintió y dejó la pala a un lado para pasar el brazo por sus hombros- Vamos, hermanito, estas helado.
-Hueles a cigarro -se quejó levemente, recibiendo aun así el abrazo sin problemas.
-Si dejaras de comportarte como un tonto no tendría que abrazarte -dijo un tanto divertida y Yuuri rió.
Mari siempre tenía una forma peculiar de reconfortarle y ayudarle.
