Los siguientes capítulos, aunque largos, son ricos (me atrevo a decir) en calidad y contenido, pues es donde al fin, mi tamer preferido (Arkham), revela sus orígenes he intenciones, no sin implementar el toque filosófico que su autor (Serathiel) hizo notar en su historia. Fijarse que el concepto de "Adepto" termina por forjarse en el capitulo 24, y que es determinante para los acontecimientos finales de la historia.
El hecho de que ambos capítulos sean especialmente largos, es para compensar el tiempo que me llevara preparar los siguientes. Espero también, este tiempo sirva para aumentar el número de reviews. Y para los que dejaron de leer, retomen la lectura de la historia, pues son sus comentarios los que me motivan a continuar.
Por ultimo, decir que el final se encuentra cada vez mas cerca, y que próximamente veremos la confrontación entre Takeru y Daisuke, así como el tan esperado retorno de Hikari.
Gracias por leer, y feliz año a todos.
Capitulo 23:
El agente del Caos
Mientras miraba recientes reportajes en su computadora, Koushiro dejó escapar un suspiro de resignación. La angustia por los cuatro elegidos lo estaba desgarrando por dentro; Su autoimpuesto rol de agente de información lo había ido convirtiendo con el paso del tiempo en un racionalista, preocupado siempre por auxiliar a sus amigos con el tan necesitado apoyo logístico. Y es que… ¿Cómo hubieran afrontado los digi-destinados a la crisis de Diaboromon sin él? Tokio no sería sino un basurero nuclear sin el plan que él había trazado. Y ese era sólo un ejemplo de tantos.
La información que había recolectado de los tamers era insuficiente, y sentía como si enviara a sus amigos a enfrentar a un peligro para el que no estaban preparados. Y Iori… estaba ciego y era vulnerable. El testimonio de aquél niño moribundo no era especialmente reconfortante. Y es que apenas y logro comunicarse con los niños de Europa que estaban siendo cazados. La información restante dependía de lo que Mimi y Sora descubran en su estancia en Inglaterra.
"Las imágenes que estamos viendo a continuación enloquecerían hasta el mas cuerdo" decía uno de los reporteros de T.V. Tokio. "Parece como si un rayo de luz estuviera atravesando el cielo y la tierra. Se han reportado sucesos idénticos en el Sudafrica, Centroamerica, y el norte de Europa."
– Un rayo que atraviesa el cielo y la tierra… –repitió el digi-destinado antes de quedarse dormido en su asiento.
Aquel calido sentimiento que sus celestiales protectores les influían, les daban fuerza para continuar luchando. Takeru siente la pureza del poder Divino en su corazón, era un sentimiento de tranquilidad, de calidez, de Fe. Mientras volaban, Saint-Raphaelmon y Saint-Jehudielmon, llenaban el cielo de Odaiba con un arco iris resplandeciente al agitar sus brillantes alas.
Mirando con tristeza a Iori, Takeru habla con agudeza.
– No me gusta la idea de dejarte solo.
Iori baja la cabeza, luego aprieta su puño donde tenía el D-dako.
– Te veo Takeru, con ayuda de Saint-Jehudielmon, yo veo – decía el pequeño un poco enfadado – ¿Por qué nadie lo nota?
Takeru siente un sentimiento de culpa. No solo por que se ve obligado a dejar solo a su amigo, si no por que lo hizo sentir incapaz.
– Discúlpame… – exclamaba con arrepentimiento, sentimiento que el pequeño logro percibir.
– Takeru, no se preocupen por mi, enserio, estaré bien…
– De todas formas, prométeme que tendrás cuidado.
– Te lo prometo Takeru. Si tú prometes salvar a Daisuke.
Iori se quedo esperando una respuesta, pues Takeru no hizo nada mas que bajar la mirada, Iori calla de inmediato, pues aquel sentimiento de tristeza que Takeru despedía llego a herir su corazón.
Los dos ángeles sienten el momento de alejarse, mientras ambos miraban los digi-soul. Ambos elegidos hacen una seña de adiós cuando estos al fin comenzaban a alejarse, aquella seña comenzo a emanar nostalgia, pues aun con la protección de sus ángeles ambos sabían que aquella batalla seria de las mas difíciles de ganar. Iori, también sentía preocupación por Takeru, pues era a el a quien le tocaba enfrentarse no solo a un amigo, si no al tercer ángel caído.
El momento llego, y ambos ángeles voltearon para dirigirse a sus respectivos Templos.
Parte 1:
Origen
Londres, 2 de Agosto de 2004
10:00 A.M.
Sora y Mimi no tardaron mucho en salir del aeropuerto internacional "Heatdrow" de Londres. Tan pronto como bajaron del avión, un chofer ya las esperaba para adentrarlas a la grandiosa ciudad. La capital de Inglaterra era totalmente distinta a lo que Sora había visto antes. Una ciudad llena de cultura y arte, rodeada por turistas de todas partes del mundo, elogiando sus bellos palacios, admirando la estructura de sus calles y lo artístico de sus construcciones.
Era una lastima que no tuvieran tiempo para turistear. El rostro de toda esa gente ocultaba el temor y angustia que los asesinatos a niños les imponían. Eran pocos los casos reportados en Inglaterra, pero el hecho de que los homicidios en Bélgica, Escocia e Irlanda cumplieran con características seriales, les dejaba un terrible sentimiento de paranoia. Por eso, su gobierno emitió un estado de alerta que obligaba a todos aquellos menores de 15 años a permanecer en sus hogares en lo que se implementaba medidas estrictas de seguridad. Afortunadamente para Sora y Mimi, dichas medidas ya no aplicaban para ellas.
Después de mucho alarde, Koushiro pudo conseguirles el número telefónico de uno de los niños elegidos ingleses. Su rol como elegido le obligaba a tomar precauciones en tiempos de crisis, por eso, cuando las chicas se comunicaron con el,, solamente se limito ha especificarles el lugar donde se entrevistarían con Andrew Laurie, que hace apenas un día, se había comunicado con Iori.
Luego de agradecerle al muchacho, las elegidas comienzan a discutir si era acertado ir a encontrarse con Andrew de inmediato. Ninguna de ellas contaba con el apoyo de su digimon, y por lo que sabían, los elegidos en Inglaterra tampoco. Estaban totalmente desprotegidas, y cualquier mal acontecimiento podría ser mortal. La opción era esperar al elegido ungido por el Uno, a quien Koushiro mando no solo a protegerlas, si no también para terminar aquel lamentable asunto.
– Entonces, ¿Qué dices? – Pedía Mimi su opinión a Sora. – ¿Esperamos a que llegue?
– La información que estamos por obtener, podría ser crucial para la victoria. – explico Sora. – Creo que lo mejor es que nos adelantemos.
La pelirosa asiente, y sin más, ordena al chofer ir a la dirección especificada. Ya en camino, envía un mensaje por su celular a quien las alcanzaría en los aposentos de Andrew.
Mimi traja saliva cuando se adentran a un sombrío callejón. La dirección en donde se quedaron de ver estaba por mucho apartada de todos los lugares mas concurridos. Ambas chicas bajan del automóvil con cautela. No muy lejos, se encontraban un varón de doce años, cubierto por una gruesa chamarra de borrego, vistiendo además jeans y botines cafés. Su cabeza estaba cubierta por un gorro besh, pero mantenían descubierto la tez clara de su rostro y el verde olivo de sus ojos.
Las elegidas miraron aliviadas cuando a lo lejos, el chico les enseña su digivaice. Ambas mostraron el suyo también.
– Esperanos aquí. – le dijo a su chofer. – Por ningún motivo te apartes de aquí.
El hombre asintió. Luego las chicas se acercaron al recién conocido. Mimi le saludo, pero el chico solo se limito a asentir, luego, las invito a seguirle.
El niño las guio a una pequeña puerta escondida entre los enormes edificios. Dentro, un estrecho pasillo con escaleras las aguardaba. Ya en el segundo piso, otro chico las recibe. Alto, de tez clara y cabellos castaños, sus ojos eran azul celeste. Con un desgastado atuendo, un suéter color vino y un pantalón de algodón color café. Llamaba la atención la venda ensangrentada que le rodeaba la cabeza.
Un poco insegura, Mimi usa su perfecto ingles para saludarle.
– Hola. Mi nombre es Mimi. Ella es Sora. – dijo señalando a su amiga, Sora asintió. – Formamos parte de los niños elegidos en Japón.
– Ho-hola… gus-gusto en co-conocerlas. Mi nombre es An-Andrew.
Le respondió débilmente el chico, Ambas chicas notaron apenadas como el chico tartamudeaba.
– El es mi primo Mi-Milo. – Dijo refiriéndose al otro chico. – Dis-disculpen si no las s-saludo a-antes, …el no puede hablar.
– Ya veo. – suspiro Mimi.
Todos se adentran un poco más a la amplia habitación. El piso era de madera gastada, un tapate de piel de venado se extendía en media de la sala de estar, tendida por debajo de una mesa de sauce fino.
Las dos chicas se sientan juntas. Andrew se sentó enfrente de ellas, mientras Milo se apartaba para encender la chimenea que apaciguara el intenso frio que se sentía.
– ¿Quién de ustedes ha sido elegida para portar el Uno?
– Lo siento, pero ninguna de las dos porta el Poder Divino.
Andrew baja la mirada.
– Entonces, solo han v-venido aquí para a-arriesgar sus vidas.
– El vendrá pronto. – Afirmaba Mimi. – No te preocupes.
El ingles no respondió.
– Si llegamos aquí antes, es para obtener información que podría ser crucial en la batalla.
Andrew continúo sin responder. Milo volteo a mirarlo luego de prender fuego a la chimenea.
– Oye, se que estas asustado, pero no podremos llegar al fondo de esto si no nos cuentas los detalles.
El ingles suspiro. Como señal de apoyo, Milo se sentó a su lado para luego darle una palmada en la espalda. Andrew levanto la mirada.
– No se por donde e-empezar. – dijo temeroso.
– Sabemos que un tamer llamado Arkham, podria estar detrás de todos estos asesinatos. – le ayudaba Mimi. – Háblanos de…
– El caos. – interrumpió.
– ¿El caos?
– Stephen Upthon, el tamer de alias Arkham. – se explico al fin.
Antes de que Andrew comenzara su historia, volteo a mirar la recién encendida chimenea y se dejo hipnotizar por las llamas bailarinas. Un sentimiento de nostalgia invadía su corazón cuando las imágenes de sus recuerdos se veían reflejadas en la luz del fuego.
En ocasiones, cuando tengo que asomarme en vidas como la de Stephen Upton, comprendo perfectamente porqué el don de ver más allá de las barreras del tiempo y el espacio suele otorgarse sólo a los dioses o espíritus elevados…
Mi primo Kent y el fueron grandes amigos durante la infancia, antes de que su camino se torciera hacia los aciagos parajes donde su mente mora actualmente… En esos días, Steve no era más diabólico que un geranio, siempre que descontemos la inicua mirada que adoptaba cada vez que contemplaba a Thomas y Rebecca, sus pequeños hermanos mellizos.
Tal vez comenzó a cambiar después que la pugna entre nuestro abuelo y sus padres se recrudeciera y nuestras familias se apartaran… Sea como sea, probablemente nada grave hubiera pasado si no hubiera entrado al digimundo…
Stephen observó anonadado hacia la falda de la montaña, donde una procesión de Allomon se desplazaba velozmente, atendiendo al llamado de la matriarca del bosque, la marquesa Pholintys. Una vez que los reptiles digitales hubieron desaparecido en la espesura, el muchacho se percató de que estaba solo; Cosa rara, pues sabía que su amigo había entrado antes que él mismo.
– ¡Kent! –gritó mientras bajaba por el altozano, buscando a su amigo.
Atraído por sus gritos, un Garurumon miembro de la guardia forestal apareció en el linde de la arbolada. Stephen rodó por el suelo al ser golpeado por la cabeza del enorme lobo.
– ¡Fuera de aquí! –rugió el digimon – Este no es lugar para los de tu especie.
Al no obtener respuesta del aterrado humano, el digimon se enfureció aún más.
– ¡Invasión! –clamó antes de que sus fauces se llenaran de flamas azules.
– ¡Espera! –descendiendo sobre un Pegasusmon, uno de los vigilantes fronterizos aparecía para salvar a Stephen. – Él no sabía nada, es la primera vez que llega aquí…
Apeándose de su montura, un tamer que jamás había visto en su vida lo tomó de los hombros y lo ayudó a subir sobre Pegasusmon. Pese a su naturaleza violenta, el Garurumon no se atrevió a quebrantar los tratados y se limitó a verlos desaparecer entre las nubes.
Lleve a Upton a la fortaleza de los Architects, una organización destinada a salvaguardar el orden entre humanos y digimons. De inmediato le ofrecieron la membresia, era imposible que los supremos se negaran, después de todo, toda nuestra familia había logrado ser aceptada, reconocidos como tamers de primer nivel.
Pero, a pesar de sus esfuerzos, Steve no fue aceptado dentro de las filas de los Architects. Solo un voto de calidad podía salvarlo, el voto de general que en aquel entonces, Kent tenia. Tomando en cuenta su negligencia y torpeza en las misiones, Kent no tuvo mas remedia que negarse.
Con el orgullo herido, abandonó la ciudadela y desapareció sin dejar rastro alguno. Fue después de la batalla en la que El Hícar fue vencido, cuando volvió a aparecer. Por culpa de uno de los Architects, una corrupta emoción brotó en el resentido corazón de Steve. Contempló desde lo alto cómo moría la mejor tamer que ha existido.
Vagó por días, únicamente siguiendo las indicaciones que escuchaba dentro de su mente; Al fin se internó en las profundidades de la tierra, donde siglos atrás seres incomprensibles y profanos habían sido sellados…
Parado sobre el dorado pedestal, Stephen Upton cogió entre sus manos el malévolo cáliz. Aquella presencia, a cuya guía obedecía sin réplica le ordenó beber de la copa.
– No… –musitó Stephen con lo poco que le quedaba de voluntad.
El humo lo rodeaba, así como aquél pestilente aroma que subía desde el gran abismo. La cacofonía de cánticos e instrumentos musicales lo desorientaba y enervaba…
– Tendrás tu venganza… –susurró eso en las tinieblas – Contra los arquitectos, contra Kent…
– ¿Kent? –Stephen recordó al que dijo ser su amigo, antes de abandonarlo sin miramientos. Recordó a sus padres, a sus hermanos y compañeros de escuela, todos tan insensibles e hirientes…
El alma de Stephen Upton desapareció mientras bebía de la copa. Era ahora un parásito cruel y profano el que vivía dentro de él…
– Ven a mí… Hijo de la muerte… Ven, Lycaon…
Un tembloroso digimon se levantó en la base del pedestal, acudiendo al llamado de su amo.
Arkham… Es el nombre que tomó al salir de aquél agujero. Su resentimiento se borró completamente, y fue reemplazado por un vehemente deseo de lastimar a todo el que osara interponerse nuevamente en su camino…
Con su compañero siempre a su lado, Arkham emprendió un alevoso ataque contra la sede de los Architects; Atravesó las primeras líneas fácilmente, hasta toparse con los poderosos Marshalls, destructores de anomalías…
Las llamas danzaban salvajemente sobre el bosque, consumiendo cada árbol o arbusto al que tocaban con sus ardientes lenguas. En el horizonte, la enorme ciudadela de los Architects se erguía imponente, como una colosal espada dispuesta a cortar a todo el que desafiara su fuerza.
Decenas de digimons avanzaban contra la fortaleza. Apemon, MetalGreymon, SkullMeramon, AirDramon; Y volando sobre todos ellos, el gran lobo metálico, MetalGarurumon, primer compañero de Arkham y cuyo nombre era Lycaon.
– ¡Mirage Arbalest!
Una luminosa saeta dorada se elevó desde las murallas, surcando el aire a gran velocidad; Hábilmente fue evadida por Lycaon, que en lugar de responder el fuego permaneció casi inmóvil en el aire.
– ¡Salgan ahora Marshalls! –incitó Arkham desde su elevada posición.
Mientras en las murallas se preparaban para resistir el asalto, dos poderosos digimons aparecieron frente a Lycaon. El Rey del Viento Blanco avanzó desplegando sus emplumadas alas y Arkham sonrió al captar la mirada de Kent, el líder moral de los Architects.
En una batalla que costó muchas vidas, las hordas comandadas por Lycaon fueron superadas y rechazadas hasta los límites de los territorios pertenecientes a los Architects. Mientras sus tropas huían en desbandada, el líder de los invasores combatió ferozmente contra dos de aquellos llamados Duques Digitales. Con su corrupta fuerza, Lycaon consiguió neutralizar a uno de sus adversarios. El cielo rugía ferozmente sobre la batalla entre dos titanes; Blandiendo su blanca espada, el Duque Quasar atravesó el cuerpo del maligno lobo con un certero mandoble. El aullido que Lycaon profirió mientras caía jamás pudo ser olvidado por los Architects.
El derrotado Arkham fue apresado, y conducido a juicio. Representaba tal peligro que debía haber sido neutralizado para siempre; A pesar de la proterva naturaleza de su digivice, el Tenebrum D daba a Arkham el rango de S-Tamer*, por lo que sus arrogantes y estúpidos jueces se negaron a mancharse las manos con su sangre…
Exilio, ese fue el veredicto… A los Chevaliers, guardianes de las Puertas de Hierro se les endilgó la tarea de vigilarle. Pero el prisionero pronto escapó a sus centinelas y partió en busca de nuevos aliados; En el ardiente suelo de un pantano, en oscuros y nebulosos bosques, en las mazmorras de palacios angelicales, muchos digimons se unieron a él…
Con el poder del tercero de sus compañeros, el perverso Tamer atravesó las barreras que lo separaban de su mundo y una vez en éste, ejecutó su venganza contra el Marshall que lo había condenado al exilio y la ignominia. Utilizando los efluvios de su digivice, Arkham doblegó la voluntad de una Architect. La bella Kyra, hermana de Kent y Milo, fue su venganza y el último botín que podría tomar de su mundo, antes de abandonarlo para siempre.
Imposibilitado a volver nuevamente, Arkham se dedicó a buscar nuevos digimons que desearan seguir su causa. A pesar de que los Chevaliers hicieron todo para evitarlo, al final encontró al que sería su más poderoso aliado. En una dimensión donde el ser digital combate contra sí mismo y contra el ser humano, existe el reino de Sorrow Avalon y en sus filas guerreras se destacó alguna vez el ambicioso caballero oscuro, traidor a su patria y familia…
En las nebulosas colinas que circundan la antigua ciudad de Stigia, yacían sobre la amarillenta hierba los restos de miles de guerreros que habían combatido en la gran batalla. Cientos de cuerpos de digimons soldados alfombraban literalmente el suelo. Sólo dos permanecían de pie, frente a frente e inmóviles, vigilando atentamente cualquier movimiento de su adversario.
– ¡Dramon Killer!
– ¡Mauler Lance!
El clamor de ambos se escuchó a gran distancia mientras el choque de las armas retumbaba poderosamente; Con la poderosa Balmungde su oponente atravesándole el pecho, el noble Gauwin Dragonheart se derrumbó sobre el pasto marchito. Apoyando su pie sobre el tórax de su antiguo aliado, Mordred extrajo la lanza del cuerpo de su adversario.
– Hasta nunca… "hermano". –dijo despectivamente antes de asestar el golpe de gracia en la cabeza del WarGreymon negro.
– Buen movimiento… –siseó una voz detrás de Mordred. El oscuro caballero giró sobre sus talones, hasta topar con su vista al que había hablado.
Parado entre los cadáveres, un joven humano le observaba mientras esbozaba una enigmática sonrisa. Mordred blandió su arma hacía él en forma amenazante, sin lograr amedrentarlo.
– Este mundo está prohibido para ti y los tuyos, niño…
– Sí… Ya había oído ese cuento antes. –replicó tranquilamente Arkham, mientras introducía su mano en el bolsillo.
Todo ocurrió en un parpadeo. Mordred arremetió de un salto y ejecutó una poderosa estocada, al tiempo que el tamer extendía la mano en la que empuñaba su Tenebrum. La Balmungse detuvo a un par de pulgadas del rostro de Arkham; El caballero negro retrocedió, desorientado por las imágenes que invadían su mente.
– Acepta nuestro pacto… –susurró un ente, desconocido y colosalmente convincente al general digimon. Una imagen más apareció ante Mordred: Él, reinando sobre los mundos digital y real, aún por encima del poder de Sorrow Avalon o Arcturus; Sólo tenía que aliarse con ese humano, por un tiempo… Y luego sería todo suyo.
– Acepto lo que ellos ofrecen… –anunció al humano – Mordred y Arkham serán socios a partir de ahora, sí…
Sin decir palabra, el tamer dio media vuelta y comenzó a andar, alejándose del ChaosDukemon.
– Adelante pues… –murmuró en tono apenas audible.
Mordred dirigió una postrer mirada al cuerpo de Gauwin, de cuyas heridas brotaban verdes destellos de fuego lógico.Mientras se elevaba, pensó en lo sencillo que resultaría cumplir sus deseos…
Con el poder de un aumentado Tenebrum, Arkham escapó de la influencia de los Chevaliers. Decenas de mundos digitales fueron arrasados por el caballero oscuro y su tamer, cientos padecieron la miseria y el dolor en los macilentos mundos que quedaban tras su paso. Evitando siempre los mundos guardados por guerreros excepcionales, jamás halló enemigos que pudieran hacerle frente.
El tronido de las llamas ardiendo en la chimenea interrumpe la historia de Andrew. Mimi y Sora se encontraban boquiabiertas.
– Pero los Archinecs pertenecen a un plano distino al nuestro, ¿no es cierto? – pregunto Mimi. – ¿Cómo es que Milo y tu están aquí?
Andrew suspiro.
– Milo, su he-hermana Kyra y yo, no pertenecemos a este plano, …si ha eso te re-referías. Tan apenas y pu-pudimos escapar de Arkham.
– ¿Kyra esta aquí? – preguntó Mimi.
Andrew asintió.
El cuerpo de la joven se elevó hasta que sus pies dejaron de tocar el suelo. La mano que la sostenía por el cuello estrujaba tan fuertemente que la asfixia comenzó a agobiarla. Tuvo la necesidad de toser, pero apenas pudo emitir un ronco susurro acompañado de un borbotón de sangre.
– Podemos hacer esto fácil… –susurró Arkham al blandir su afilado estoque* en las narices de la tamer – O podemos hacerlo… entretenido.
El llamado "Contestable de Kazah'dum" dejó caer a su presa sin contemplaciones. La chica observó la reluciente hoja, bañada con la sangre de su hermano, bailar frente a su rostro. Ambos permanecieron en la misma posición hasta que un leve estrépito quebró el silencio reinante.
– Tú… –bañado en sangre y sudor, un tamer se incorporó del suelo polvoriento. – Aún no estoy vencido…
– Andrew, sigues con vida. – dijó Arkham con indiferencia.
Aprovechando que la atención del captor se había volcado sobre uno de sus compañeros, la tamer Kyra hizo acopio de fuerzas y se alejó tan rápido como le permitían sus piernas. Sin darle importancia, Arkham comenzó a avanzar hacia su nuevo desafiante, que apenas y podía tenerse en pie.
A pesar de su envidiable voluntad, las heridas de Kyra terminaron con su escape y cayó abatida sobre el adoquinado. A fuerza de arrastrarse por el suelo, la chica se puso a cubierto tras una columna, rogando no ser hallada. Arkham no apareció, pero su agitada respiración atrajo a alguien más; Al levantar la mirada, la tamer dio con los vacíos ojos de una muy joven mujer.
– Prima, ayúdame, por favor. –imploró la tamer a su pariente, que simplemente continuó mirándola.
Andando con aparente serenidad, Arkham apareció entre las brumas del puente. Ignorando la sangre que manchaba su rostro y ropas, su aspecto luciría apacible y hasta benevolente. Kyra estaba oculta a su vista, pero eso en nada garantizaba su seguridad.
– Dime… –dijo el Contestable mirando a la silenciosa doncella – ¿Acaso has visto a una sucia y cobarde niña?
Para el horror de Kyra, su prima levantó el brazo maquinalmente y la señaló.
– Está aquí mismo… –articuló ella pausadamente.
Arkham rodeó el grueso pilar y se colocó frente a la tamer.
– Ya estás sola. –dijo al fin – ¿Para que sacrificarse? Únete a nosotros, y ganarás una libertad más allá de toda imaginación.
La voz que pronunció esas palabras, metálica y tentadora, hizo crecer la llama del pánico en el alma de Kyra.
– ¿No?… pero que desperdicio…
Envuelto en una cegadora luz blanca, el Greifmon* Quasar surcaba los cielos elegantemente. De sus garras brotaban estelas tan brillantes como esmeraldas y en sus ojos ardía toda la furia de un huracán. Al posarse sobre el puente, generó una ventisca que agitó ferozmente la ropa de los presentes.
– Al fin nos encontramos. –dijo a Arkham un viejo amigo. Kent, el Marshall del viento bajó de un salto del lomo de su digimon, en sus manos portaba una alabarda plateada. – Yo me encargaré Quasar…
La majestuosa bestia alada extendió sus alas y remontó el vuelo en medio de un vendaval polvoriento.
– Vaya… pero si es uno de los "míticos" Marshalls. –dijo Arkham entre dientes antes de reír malévolamente; Con alevosía y crueldad, señaló a la joven que lo acompañaba.
– ¡Kyra! –exclamó Kent estupefacto al ver a su hermana, mientras su voz se quebraba.
Al lado suyo, un niño de siete años s refugiaba en la espalda su hermano. Era Milo, que ha esa edad, le seria imposible defenderse por sus medios.
Aprovechando la vacilación del Marshall, Arkham puso en marcha una artera táctica. Dos jóvenes tamers pendía de el hacia un enorme abismo, en el cual si cayeran, seguro morirían.
– ¿A cual eliges Kent? –enunció suavemente mientras levantaba a una maltrecha Kyra por el cuello de la camisa. Y utilizando la hoja de su estoque, enterrada en la débil camisa del pequelo Milo.
– ¡Maldito seas, Upton! –vociferó Kent al observar las lágrimas de miedo, impotencia y rabia que se deslizaban por las mejillas de Kyra y el pequeño Milo.
El contestable sonrió burlonamente y extendió el brazo, sosteniendo a la chica sobre el precipicio con el mar en el fondo.
– Están heridos, Kent… No resistirán mucho… ¿A cual escogerás rescatar?
– Te mataré con mis propias manos. –prometió con vehemencia el Marshall.
– Preocúpate por ellos primero…
Arkham dejo caer ambos tamers como lo haría con una piedra. Kent le dedicó una postrer mirada cargada de furia, antes de saltar sobre los restos del muro del puente y precipitarse hacia las aguas oscuras ante la mirada del contestable.
– Tan predecible… –expresó para sí, ya con su voz habitual. – Es hora de irnos, Melissa…
La joven se colocó junto a él. Aprovechando que se encontraban en el Mar de las Tinieblas, Arkham utilizó su "Tenebrum D" para transportarse lejos de aquella ruina. Ambos se desvanecieron en una nube de bits, dejando el ancestral puente sólo con el susurro de las olas lamiendo sus columnas.
– Al final –obtuvo su v-venganza.
´´Kent a-abrió la puerta a esta di-dimensión para que sus hermanos escaparan, pero el murió luego de que su cuerpo a-azotara contra las ro-rocas. A pesar de mi estado, logre se-seguirlos. Los tres llegamos a este p-plano en un estado totalmente lamentable. Milo perdió su voz luego de que recibiera un fuerte g-golpe en la cabeza.
– Es un maldito. – dijo Mimi, indignada.
– ¿Dónde esta Kyra? – pregunto al fin Sora.
Milo se levanto tranquilamente y las guía a la puerta del fondo. Las elegidas entran a la oscura habitación para descubrir a una mal herida chica tumbada en una amplía cama.
Las elegidas miran angustiadas. Ese tal Arkham, sin duda era un despiadado en busca de poder. Mimi y Sora no podían comprender el porque de ese odio tan profundo. El porque ese odio a su propia familia, sangre de su sangre y carne de su carne.
– Pensábamos q-que al llegar a este plano, el sufrimiento y el do-dolor a-acabaría. No fue hasta cuando nos co-comenzaron a-atacar que nos di-dimos cuenta que solo e-era el principio.
– Arkham se alió con las fuerzas de los ángeles caídos solo para terminar son su venganza… – intentaba deducir Sora.
– No… – replico Andrew casi al instante. – Hay a-algo más… a-algo mucho más importante.
Andrew se sentó al lado de la mal herida chica. Antes de hablar, suspira profundamente para prepararse y continuar con la agobiante historia.
– Ya basta, Andrew. – se escucho la débil voz de una chica.
Mimi y Sora se estremecieron al ver como una hermosa joven de quince años mostraba una perdida mirada, que aunque cuerda, demostraba cansancio y malestar. Milo se acerco veloz ha asistir a su linda hermana, con su tez clara, un largo cabello pelirrojo y ojos color esmeralda.
De inmediato pidió ser sentada para platicar frente a frente con las japonesas.
– Es obvio que esto te esta afectando mas que a todos. – Dijo Kyra. – Mejor déjame continuar a mí.
El ingles asintió con inseguridad
Mimi y Sora escucharon impactadas lo que seria el dato revelador.
Parte 2:
Retorno a la humanidad I
El ambiente del Mundo Digital era lúgubre, basto, sin vida. Desde la batalla contra Kazbeelmon, era la primera vez que visitaban el mundo de los digimons.
Takeru mira tristemente aquel mundo en donde había pasado grandes aventuras, nostalgia comienza a invadir su corazón, mientras se formaba en su mente la cruel imagen de Daisuke.
– ¿Sientes desprecio? – le preguntaba su ángel a Takeru.
Takeru no contesta.
– Si lo que sientes es desprecio el D-dako no demostrara su máximo esplendor.
– Tú lo viste, mato a los digimon despiadadamente, destruyo el pueblo del inicio, el único lugar que incluso los campos oscuros de Kazbeelmon había respetado. – Takeru aprieta su puño – el no es Daisuke, si no un monstruo.
Saint-Raphaelmon siente tristeza por su camarada… luego de pensar unos instantes… detiene su vuelo por completo.
– ¿Qué haces?
Y Takeru se sorprende al ver como su ángel se da la vuelta, y cambio por completo de dirección, volando a toda velocidad como un cometa veloz.
– Saint-Raphaelmon, ¿A dónde me llevas?
Y pasando el mar, se encontraron nuevamente en la destruida Isla File. Takeru ve a lo lejos el pueblo del inicio.
Viajando por los aires en los brazos de Saint-Jehudielmon, Iori sentía como una tibia flama de esperanza calentaba su corazón. Era todo aquello muy extraño, pues no podía ver con sus ojos a su angelical protector; En cambio podía sentir como el Poder Divino fluía por el cuerpo del digimon, y el aura bendita que su cota de hierro aún conservaba tras haber sido forjada con la luz del Creador. Ellos tenían el poder para salvar al digimundode la oscuridad, esparciendo la ley justa y sagrada de la vida.
– Estoy listo… –murmuró para sí, con un reconfortante sentimiento de certidumbre. Al acercarse y tocar el haz de luz que despedia el hermoso templo, ambos se desvanecieron dejando tras de sí una llovizna de cristales de luz.
Templo del Norte, Dominios de Xuanwumon
Pese a la dureza del ataque que había sufrido, el templo boreal aún presentaba un aspecto bastante majestuoso. Enredaderas colgaban libres en las terrazas que flanqueaban el gran pasillo principal que todo visitante debía recorrer para llegar a la sala de audiencias. Al final del corredor se levantaba un redondeado promontorio de alabastro al que se accedía por una pequeña escalerilla de seis peldaños. Era en esta posición privilegiada donde el tamer Arkham aguardaba la llegada de su oponente.
Sentado cómodamente en un sillón enorme, más bien una especie de trono que había traído desde otro punto del templo, Arkham se mantenía con los ojos cerrados, escuchando las magistrales obras de autores clásicos que alguien interpretaba desde un piano colocado en algún lugar del recinto. No le molestaba mucho esperar, siempre que la recompensa fuera lo suficiente amplia. Pero la inactividad excesiva le provocaba una gran hambre de acciones y lo irritaba, como cuando Dagomon lo había instado a esperar más de cuarenta horas en la costa del Mar de Dagón.
– Los efluvios del destino… son tan irónicos en ocasiones. –murmuró, pensando en tantas cosas.
El semblante de Daisuke pasó por su mente, seguido por el de sus "compañeros" tamers. Sin duda el más peligroso de todos ellos era el antiguo niño elegido, pues estaba vinculado con la mente maestra que había logrado reunir y mandar a tres tamers extremadamente poderosos. No importaban las vacuas palabras y amenazas de el gran general Zenaku, pues sin duda el poder que los hubiera convocado poseía la manera de controlarlos e incluso quizá, de deshacerse de ellos si decidían sublevarse. Arkham no temía a los ángeles caídos, pero procuraba mantener la guardia alta para evitar cualquier sorpresa desagradable. Aún con ello, la posibilidad de que Daisuke atacara a traición le parecía remota en ese momento.
Zenaku y su Dokuro eran harina de otro costal. Esa combinación irradiaba un poder tan activo e indiscriminado como el de un volcán en erupción, tanto así que él mismo había percibido su llegada a ese plano de existencia. Aunque la sutileza no era su fuerte, el perro de los caballeros reales sabía como defenderse de los barridos telepáticos a su mente. Era por eso por lo que lo había provocado en el Mar de Dagón; Al prepararse para responder el ataque de Mordred, su defensa había flaqueado lo suficiente para ver en sus recuerdos, y vaya si había visto cosas interesantes. Fue la intervención de aquél ser oscuro lo que acabó con su incursión. Además del poder que el tamer poseía por sí mismo, estaba aquella cambiante bestia necrozada, dotada del asombroso Espíritu Dragón al que él mismo hubiera combatido tiempo atrás.
– Dai… Taisen… Espero que no desees traer al mundo otra batalla de fuego primordial, tú sabes bien que ambos saldríamos perjudicados…
De sus eventuales compañeros era Karenina la que más agradaba al contestable, por mucho. Incluso intentó hablar con ella cuando se encontraron en la costa del Mar de Dagón, pero al ver que la chica era tan conversadora como un tazón de Kipper*, había desistido de su intento. Mientras la naturaleza misma de la hermosa tamer cambiaba, un extraño halo de sombras había cubierto sus pensamientos. Era una oscuridad tan particular y densa que incluso los poderes de Arkham resultaban insuficientes para atravesarla; Todavía podía percibir sus emociones, sí, pero eso no era ventaja, pues la chica siempre emanaba lo mismo, una melancolía gris y monótona. Arkham era por naturaleza testarudo, y sin duda seguiría intentando relacionarse con la chica Karhiaa, por lo menos hasta que el espectro que la seguía a todos lados comenzara a atacarlo. De los cuatro, ella era la que menos merecía ser una sirviente de la oscuridad.
– Pobre chiquilla… Incluso desearía ayudarla… –¿En realidad deseaba hacerlo? ¿Podía aún mostrar piedad o ayudar a alguien que no fuera él mismo? La respuesta la tenía muy cerca, donde una antigua guerrera a la que había despojado de su razonamiento se dedicaba a hacer cualquier cosa que el tamer dispusiera.
Ella estaba ahí, moviéndose rítmicamente al compás de la Sonata del Claro de Luna del compositor teutón Ludwing Van Beethoven. La interpretación de aquellas fabulosas melodías por las talentosas manos de la bella Melissa, era una de las pocas cosas que brindaban al tamer algo parecido a la paz. Arkham lamentaba que aquél agradable momento tuviera que terminar, pues podía sentir la presencia de un niño elegido y su digimon sagrado en las cercanías, y ambos se acercaban al templo.
– Qué lástima… seguía mi pieza favorita… –musitó para sí el tamer, que pese a todo seguía siendo un hijo de nobles.
Si bien por dentro el templo de Xuanwumon tenía un aspecto decente, su exterior parecía haber sido sacado de alguna pesadilla desquiciada. Cuando Iori y Saint-Jehudielmon aparecieron a un par de kilómetros del santuario, se encontraron con un paisaje que bien cabría catalogar como extraterrestre. Las llanuras que circundaban el templo, se hallaban atestadas con una maraña de plantas rojizas similares a las cactáceas que se apretujaban unas con otras, alcanzando sus ramas la altura de un hombre adulto. Tal espectáculo no sorprendió mucho al niño elegido, pues no podía verlo, pero si lo hizo la extraña llovizna que caía en el lugar. Al tomar en sus manos algunas de las 'gotas' se percató que no eran agua, lo que es más, ni siquiera eran líquidas; Iori descubrió asombrado que sus palmas se llenaban poco a poco con lo que parecía ser limadura de algún metal.
– Percibo una extraña energía en este suelo, Iori. –apuntó el arcángel digital con serenidad.
– Vamos Saint-Jehudielmon, debemos ir al templo.
El ángel tomó en sus brazos a su compañero y emprendió el vuelo. Tras un corto viaje, ambos digimon y digi-destinado llegaron a la fachada de la construcción. Al abrir la puerta, esta produjo un leve chirrido. La luz se filtro por la abertura, extendiéndose por el suelo como oro líquido. Las ventanas que originalmente debían dejar pasar la luz del día se hallaban cegadas en su mayoría, seguramente desde la invasión de las fuerzas oscuras y para repeler los asaltos. Al final del pasillo y bajo la claridad que brindaba un enorme tragaluz del techo, una persona les esperaba en lo que parecía ser alguna suerte de trono. A través de los ojos de su compañero, Iori observó a una segunda persona semioculta en la sombra; Al parecer le decía algo al oído al que estaba sentado.
Arkham contempló a Saint-Jehudielmon con interés, mientras Melissa servía vino en la copa que él sostenía en su mano. Tras indicar a la joven que se apartara, el tamer apuró el contenido del cáliz y se levantó, para encarar al recién llegado.
– Bienvenido seas pues, niño elegido a este humilde templo. –anunció el tamer con cierta teatralidad mientras bajaba los peldaños del podium en el que se encontraba, avanzó un poco más y su rostro quedó oculto en la oscuridad. – Hmm… Creo que nos hace falta algo de luz.
El contestable hizo un movimiento con su mano y al instante, los pesados parapetos de las ventanas se desprendieron y cayeron al suelo con un gran estrépito. Bajo la luz del día, Saint-Jehudielmon pudo observar al tamer. Sobraba decir que su aspecto no era para nada intimidatorio, aunado al hecho de que su presencia no irradiaba maldad alguna, hizo dudar al ángel de si en realidad se trataba de un enemigo.
– ¿Quién eres tú? –preguntó Iori con firmeza.
– Bueno Iori, he sido conocido con tantos nombres… Pero tú puedes llamarme Arkham, y por si no has caído en cuenta, soy uno de los tamers que se han plegado a los ángeles caídos… Mala suerte para ti, pues no creo que salgas vivo de ésta.
El tono amenazador de Arkham hizo que al instante Saint-Jehudielmon tomara una posición defensiva. Al verlo, el tamer rió levemente.
– Primera regla del combate… –dijo Arkham en tono santurrón – Jamás descuides la retaguardia… ¿Por qué no saludas a nuestros invitados, amigo mío?
Mordred se descolgó del techo y cayó suavemente detrás del digi-destinado y su arcángel. Saint-Jehudielmon estaba asombrado, el caballero oscuro no sólo había eludido sus sentidos, sino también su percepción extrasensorial.
– Así que éste es uno de los guerreros del Poder Divino. Puedo sentir el poder que emana de su cuerpo y espíritu, sí.
Iori dio un paso al frente con seguridad.
– ¿Tú provocaste esto? –increpó el digi-destinado mostrando la llovizna metálica que había captado con sus manos.
– En realidad no… –respondió el tamer con naturalidad – Eso es obra de un ser diabólico que está sepultado bajo este templo. Al parecer Xuanwumon purificaba su maligna energía y evitaba que se esparciera por el mundo. Loable en verdad…
Tras pronunciar estas palabras, el lugar quedó sumido en un profundo silencio que Arkham rompió unos momentos después, tras dirigir una mirada a Mordred.
– Sea como sea, no es tiempo de charlar amigablemente, sino de luchar en un combate a muerte… Pero hoy me siento benevolente, así que les daré quince segundos para dar la vuelta, huir y conservar sus vidas ¿Qué dicen?
Iori y su digimon no se movieron ni un ápice; Arkham sonrió levemente.
– Según parece tendremos que jugar por parejas, Mordred. Encárgate del plumífero mientras yo despacho al niño humano.
Tras la orden de su tamer y como si lo hubieran galvanizado, el ChaosDukemon saltó sobre el ángel y lo acometió con una veloz estocada de su lanza. Tras evadir el sorpresivo ataque, Saint-Jehudielmon intentó acercarse hacia Iori, pero Mordred le cerró el paso velozmente; El mensaje era obvio, para alcanzar a su compañero tendría que derrotarlo.
– Si así lo quieres…
Moviéndose a la velocidad del rayo, el arcángel acometió a puño limpio sobre el caballero. Los sucesivos ataques de Saint-Jehudielmon fueron detenidos por el escudo Gorgonna, o desviados por la lanza Balmung. A cada choque de los llameantes puños del digimon divino sobre la defensa de Mordred, el templo entero se cimbraba con violencia.
– ¡Sal de aquí Mordred! ¡Busca un lugar con más espacio! –vociferó Arkham a su digimon, tras evadir un enorme trozo de mármol que se había desprendido del techo.
– ¡Demon's Disaster! –recitó el ChaosDukemon mientras disparaba desde su lanza una serie de anillos de luz verde jade. Los aros crecieron y rodearon a Saint-Jehudielmon, atrapándolo en una cárcel de energía. Mordred aprovechó la oportunidad y cargó con su rodela al frente, golpeando al ángel divino y empujándolo con fuerza suficiente para romper el techo del templo.
– ¡Hyaaa! –una vez en el exterior, el arcángel se libera de su prisión con relativa facilidad, volviéndose para encarar al duque caótico. Un trueno resonó en los cielos, mientras que un relámpago iluminaba la tierra; Como una centella, la divina hoja Israfel* se materializó en las manos de Saint-Jehudielmon. El digimon divino la tomó con ambas manos y la extendió hacia el frente, listo para la batalla.
– Veamos de que estás hecho, guerrero celestial…
Ambos digimons se lanzan uno contra el otro, como caballeros medievales en una justa. El choque de fuerzas abre enormes grietas el la tierra que está debajo, y hace temblar el templo de Xuanwumon con tanta fuerza que Iori es arrojado por el suelo, para diversión de Arkham.
– Que impresionante desempeño, niño elegido… ¿Acaso intentas distraerme con tu torpeza?
El niño se levantó y extendió sus manos, buscando inútilmente algo de que asirse. Arkham lo observó con aburrimiento durante unos instantes…
– Ya basta. No voy a matar a un niño ciego… –expresó el tamer como si fuera a darse por vencido, pero casi al instante su rostro adquirió una mueca de perversa astucia. El inglés se aproximó a Iori y con una sola mano lo tomó del rostro y levantó su cuerpo en el aire. – Creo que yo mismo tendré que equilibrar la balanza…
Un caudal de energía se extendió por el brazo del tamer y alcanzó las retinas de Iori, haciéndole sentir como si una riada de helada escarcha viajara por sus ojos a gran velocidad. Cuando Arkham lo soltó, Iori estaba sorprendido. Había recuperado la vista.
– ¿Cómo lo hiciste? –preguntó el chiquillo a su mortal contrincante.
– A diferencia de otros tamers, mis poderes y habilidades no sólo sirven para destruir… Es una característica que muchos encuentran asombrosa y otros, escalofriante… Además, tengo un digivice bastante versátil. –el tamer mostró el dorso de su mano derecha, donde llevaba una especie de brazal como el que el niño elegido usaba cuando practicaba kendo. Extraños símbolos adornaban su superficie y una extraña joya se incrustaba en el centro – Es el Tenebrum G… un aparato diseñado para doblegar voluntades, quebrantar leyes, y desafiar la misma lógica de nuestro mundo… ¿Acaso no suena fabuloso?
– No, nada que use el poder de las tinieblas es bueno.
Arkham suspiró levemente. Luego tomó del suelo un objeto, era una delgada y ligera espada que alguna vez había portado un digi-humano. Lanzó la espada a Iori y después levantó el bastón que llevaba como si fuera un arma letal.
– Se que practicas en el camino de la espada niño, así que te daré una oportunidad de defenderte… No la desaproveches.
Mientras tanto, en los cielos, Saint-Jehudielmon blandía su poderosa hoja contra su oponente. Con relativa facilidad Mordred evitaba los mandobles, haciendo toda clase de rodeos y giros, pero sin atacar. Hastiado, el arcángel atacó con una de sus técnicas especiales.
– ¡ForBlaze Sword!– Una llamarada de fuego sagrado fue disparada desde la hoja en dirección al ChaosDukemon. Mordred vio venir el ataque y apenas tuvo tiempo para protegerse. La potente detonación engulló al caballero oscuro con sus llamas, consumiendo todo dentro de su rango.
Sin duda, Saint-Jehudielmon era más poderoso que el duque digimon.
CONTINUARA…
Notas de autor:
Las siguientes notas fueron escritas por el autor de "Arkham", cuyos nick en los foros pikaflash es "Serathiel".
* Respecto a los tamers rango S: Según los Architects, todo aquél que posea un digivice de undécima o mayor generación.
* Un estoque es una pieza de acero, delgada y en ocasiones afilada que se guarda en un bastón. (Una espada pues…)
* Kipper: Arenques ahumados, comida común en Inglaterra.
* Israfel: "Flama de Dios". Es en realidad el ángel que preside el signo de Aries, pero para efectos de esto lo vinculé con la Espada Flameante que Yavhé colocó en las puertas del Edén. Es la misma hoja anónima que blandió Saint-Jehudielmon en capítulos anteriores.
* ForBlaze Sword: Es la técnica Espada de Fuego, el ForBlaze según una antigua leyenda de britana es la llama de dios, el fuego más sagrado y opuesto a las llamas de averno.
