Capitulo 24:
Retorno a la humanidad, II


Parte 1:
Agente/Adepto


Templo de Xuanwumon

Cuando las flamas redentoras del ataque de Saint-Jehudielmon se desvanecieron en el aire, Mordred se mostró ileso. Era la extraordinaria solidez de su escudo Gorgonna lo que le había salvado de la destrucción. El caballero oscuro enarboló su lanza, apuntando con ella a su contrincante.

– Se lo dije, Erus*… He combatido en muchas batallas, ataques tan simples no bastarán para abatirme. Exijo que reconozca mi valía y combata seriamente…

– Tus motivos para estar con las fuerzas oscuras me son desconocidos, guerrero… –dijo tranquilamente el ángel– Aún con ello, debo respetar las reglas de la guerra y honrar tu fuerza. Prepárate Duque Mordred, pues esta vez avanzaré con mi verdadera fuerza… La Sacra Línea es mi fuerza, y el Fuego Secreto mi plegaria, ¡ForBlaze Sword!

Un caudal de fuego se expandió por sobre la superficie de Israfel y después desapareció, revelando el cambio que había sufrido. Saint-Jehudielmon portaba ahora un afilado sable de leve curvatura, similar a las de los legendarios caballeros sármatas; La hoja desprendía un resplandor carmesí que revelaba su naturaleza flamígera. Mordred reconoció de inmediato el estilo de batalla del digimon sagrado; Era una pose de la tercera escuela: La Espada Cazadora.

– Quizá esta sea mi última batalla –comentó el caballero tras hacer una leve reverencia–. Si así fuera, me alegro de acabar mis días de pie y aquí, en el campo de batalla… ¡Sieg Saber!

Con su arma bañada en luz dorada, el ChaosDukemon lanzó el primer ataque. La aguda lanza del caballero buscó el pecho de Saint-Jehudielmon, pero él fue lo suficientemente veloz para apartarse de su camino. El arcángel reapareció a un costado de Mordred y aprovechando su vulnerabilidad le atacó con su espada ardiente, pero el caballero logró girar e interponer su escudo a tiempo para desviar el ataque; La hoja resbaló por la curvatura de la gigantesca rodela, haciendo perder el equilibrio a Saint-Jehudielmon. Mordred aprovechó la oportunidad y le encajó su Balmung en un costado, por entre las placas de su armadura. Saint-Jehudielmon ahogó un grito de dolor y respondió con un potente izquierdazo al cráneo de Mordred, haciéndolo retroceder.

– Te subestimé, guerrero… No imaginé que fueras capaz de predecir mis movimientos.

– Ya he visto antes ese estilo, aunque a con un nivel menor de perfeccionamiento… –fue la respuesta de Mordred.

Saint-Jehudielmon sujetó firmemente su espada y se lanzó nuevamente al ataque. Cada vez que golpeaba con Israfel, la hoja se convertía en una fantástica corriente de fuego. El calor liberado era tal que el granizo metálico del lugar terminaba por convertirse en una lluvia de chispas y metal fundido. Los movimientos del ángel, veloces y precisos pronto le dieron la ventaje; un sablazo bien dirigido laceró el hombro izquierdo del caballero oscuro, obligándole a soltar el escudo que ya no podía maniobrar adecuadamente. Mordred evitó un par de ataques más y luego cargó el poder de su Balmung.

"Mauler Lance" Un disparo de energía corrosiva brotó desde la lanza, hacia el arcángel digital. Accionando su espada en molinete, Saint-Jehudielmon desvió con gran facilidad aquella ráfaga y las tres que le siguieron.

– Es tiempo de terminar esto, ¡Israfel!

Tomando su sable con ambas manos, Saint-Jehudielmon descargó un portentoso mandoble vertical sobre Mordred, que apenas tuvo tiempo de interponer su lanza a modo de barricada. El impacto fue terrible y deshizo a la Balmung en pedazos, la corriente de fuego alcanzó a Mordred y lo envió directamente a la tierra, cayendo entre la espinosa maleza; Incluso Saint-Jehudielmon fue dañado, pues varias esquirlas del arma destruida fueron arrastradas por al onda de choque y laceraron profundamente su rostro.

Dentro del templo, Iori yacía en el suelo con una gran contusión en la frente; Arkham caminaba describiendo amplios círculos alrededor de él, como si fuera alguna clase de ave rapaz.

– Creo que podemos tomar un descanso, –dijo el tamer con vaguedad– y porqué no, charlar un poco. No he podido conversar con nadie desde hace ya algunos días… Lo pondré bastante simple: Hago una pregunta y tú la respondes, después, tú puedes hacer una pregunta ¿entiendes, Iori?

Iori no contestó, no iba a dejar que Arkham lo humillara.

– Primera pregunta: ¿Por qué han venido ustedes, niños elegidos, a combatir contra mí y los otros tamers? ¿Qué demente principio los intimó a venir y sacrificar sus infantiles vidas mortales?

El niño elegido reflexionó por un instante. Describir con palabras la calidez que iluminaba su pecho era imposible, a pesar de que el sentimiento era muy claro para él. Antes de darse cuenta, ya había respondido.

– La Paz, y la Justicia… Por eso hemos venido… No espero que lo comprendas tamer, con esa alma repleta de Ira, Envidia y Odio…

Arkham esbozó una mueca de incredulidad y burla.

– Pero que arrogante eres, muchacho… Creer que es tu deber sostener esa carga. ¿Dime, acaso El Todopoderoso te encargo la misión de salvaguardar a otros seres…? No fueron sino las bestias sagradas las que decidieron liberar el Último Poder, su postrera esperanza de derrotar a los ángeles caídos. Y ustedes, que fueron desconocidos hace tanto tiempo, vinieron raudos creyendo que era su destino…

– ¡Estamos aquí porque así lo decidimos! –rebatió el niño con furor.

– Así es… Y obviamente eligieron el peor camino. Decidieron como lo haría cualquier humano, y la violencia fue la mejor opción que encontraron… Esa decisión errónea ya ha provocado tu derrota, amigo Iori…

– ¿De qué hablas? –inquirió el elegido, confundido.

– ¿Es que tengo que explicártelo con manzanas? La historia humana lo ha demostrado ya en innumerables ocasiones, la violencia engendra más violencia y con ella, sufrimiento de los indefensos. La especie que nos vio nacer ha buscado durante siglos los mejores métodos para asesinar, llegando incluso a desafiar el poder de los átomos, siempre buscando la última arma… Y ahora llegas tú, un 'paladín de la luz', listo a terminar con tu prójimo, sin siquiera saber quién es. ¡¿Todavía te atreves a decir que estás luchando por la Justicia, y la Paz?

Iori retrocedió dos pasos, comprendiendo perfectamente lo que el tamer quería darle a entender. La calidez que sentía en su pecho no lo incitaba a combatir, sino a redimir; Los ángeles del Poder Divino no eran soldados, sino emisarios de la luz. El conocimiento de hechos dio paso a la frustración, y esta al miedo.

– No te culpes a ti mismo, Iori –comentó el tamer con suavidad–. No es tu culpa ser un monstruo; Todos los humanos llevamos en nuestra la naturaleza el disfrute de la destrucción y el dolor ajeno. Incluso tu amado padre sentía esa euforia única, cada vez que su profesión le exigía accionar su arma contra alguien…

– ¡Mientes! –gritó el elegido con los ojos vidriosos. El D-Dako que sostenía en su mano comenzó a emitir una humeante energía grisácea.

– Mira en tu interior y sabrás que es verdad… Ciertamente, tu padre sentía remordimientos, pero no era porque lo lamentara, sino porque insistía en luchar contra su naturaleza sanguinaria… Acéptalo Iori, él no era mejor que Kazbeelmon o cualquier otro que hayas enfrentado.

El digi-destinado apretó con fuerza su digivice, mientras la ira nublaba su razón. Debía acabar con Arkham, que se había atrevido a insultar a su padre, debía vengarse, desquitar sus sentimientos en otros…

– ¿Puedes sentirlo, verdad? – respetó el tamer con malicia– No rechaces el impulso primario de asesinar; Acéptalo ahora, y obtendrás poderes más allá de lo imaginable… Tómalo, y vuélvete un ser tan oscuro como el que viniste a combatir…

Esforzándose hasta sus más dolorosos límites, Iori consiguió aplacar su furia tras darse cuenta de la senda que empezaba a caminar. Algo lo apoyaba y reconfortaba mientras volvía a tomar control de sus pensamientos; Era el recuerdo de sus amigos. La tensión en los músculos de Iori disminuyó, mientras su D-Dako retornaba a su estado inmaculado.

– Bien hecho Iori… –dijo Arkham con una sonrisa, al ver que el elegido había logrado contenerse; Luego cambió a un tono de complacencia y agregó–: Es tu turno… Formula tu pregunta.


Saint-Jehudielmon sondeaba el panorama con sus capacidades telepáticas, esperando encontrar un indicio de su oponente. Podía sentir lo que ocurría dentro del templo y aunque mucho deseaba ir, algo le impelía a quedarse y terminar con su batalla.

– Se que estás ahí… –musitó mientras sobrevolaba el área– No pudo haber sido tan sencillo.

Un ruido sordo le hizo volver la cabeza. Algo se desplazaba velozmente por debajo de la tierra, a decir por la forma en que plantas y piedras eran lanzadas al aire con violencia. Mordred emergió desde abajo del ángel, envuelto en un aura de energía ocre. Saint-Jehudielmon intentó acertarle con su sable, pero el ChaosDukemon adivinó el movimiento y lo evitó con facilidad. Una poderosa patada impactó en el cuello del ángel, enviándolo sin control por los aires.

– ¡Le advertí que ya conocía ese estilo de combate, Erus! ¡Y he aquí un recuerdo de aquellos días! –el duque digimon concentró su energía en su puño derecho– ¡Flash Bantyo Punch!

En apenas décimas de segundo, un centenar de ráfagas de energía con aspecto de cabezas de león brotaron del puño de Mordred y volaron buscando a su presa; Saint-Jehudielmon fue alcanzado en al menos setenta veces, suerte para él que muchos de estos impactos rebotaron sin hacer mella en su coraza. El arcángel se rehizo con una rapidez asombrosa y tras cambiar su espada a la forma original se abalanzó sobre su enemigo. Fue algo demasiado rápido; En apenas un segundo, Saint-Jehudielmon apuntaba con su hoja a la garganta de su enemigo.

– Ríndete –ordenó el digimon celestial–. Hazlo o tendré que eliminarte.

– …¡Jamás!

Tras apartar la espada con su antebrazo, Mordred comenzó a golpear salvajemente a su rival; Con un movimiento calculado, el caballero oscuro desarmó al arcángel. La espada sagrada cayó al suelo, clavándose sobre una roca que sobresalía. El ChaosDukemon se apartó de Saint-Jehudielmon y tras llevar ambas manos a su costado derecho, concentró su energía entre sus palmas, formando un orbe de energía.

¡Corona Blaster!–Mordred llevó sus manos al frente, generando un enorme torbellino de flamas. Saint-Jehudielmon se limitó a contemplar como el disparo se dirigía hacía el hasta que, cuando estaba a punto de ser alcanzado, juntó ambas manos en una posición similar a la de un rezo. Un fino rayo de luz surgió de entre las palmas del arcángel digital y desintegró el vórtice de fuego; Mordred apenas tuvo tiempo de apartarse del camino de aquella centella.

– No tienes oportunidad contra mi fuerza de Luz, Mordred… Te lo pediré por última vez, ríndete o serás aniquilado.

El caballero oscuro miró a su alrededor antes de responder.

– Tiene razón… su poder es capaz de borrarme con un único golpe. Es por eso que no permitiré que me toque…

Mordred extendió su brazo derecho hacia su costado e hizo aparecer de la nada, un hacha doble, de larga asta.

– Desde el primer choque lo comprendí… Usted no es igual a sus hermanos. Es un soldado celestial, un guardián de los desamparados, y sus poderes de batalla sólo deben ser usados para proteger a los débiles… –musitó el digimon guerrero– Nuestros principios no son muy distintos, pero el azar nos ha colocado en extremos diferentes del campo. Un guerrero siempre combate por la causa que ha elegido seguir, y así será esta vez ¿no es cierto?

– Así será… –corroboró el ángel, cerrando los ojos con pesadumbre.

– Entonces ya no hay marcha atrás. A partir de ahora, esto es un duelo sin cuartel…

Mordred acometió a una velocidad alucinante sobre su oponente y lo atacó con un corte en diagonal que Saint-Jehudielmon evadió moviéndose a gran velocidad. El arcángel apareció a un costado del caballero; Su espada trazó un semicírculo ascendente, directo al pecho del ChaosDukemon, pero éste alcanzó a bloquear el corte con el mango de su hacha. Haciendo fuerza, Mordred repelió la presión que Saint-Jehudielmon ejercía contra él. Esgrimiendo su gran arma, el caballero generó una ráfaga de viento cortante que hizo retroceder a su oponente. Acto seguido, hizo girar el hacha entre sus manos, acumulado energía en ella.

¡Rage of Wyvern!

Una gran cabeza de dragón, formada por energía relampagueante, brotó de la pica del hacha de Mordred. Saint-Jehudielmon esperó hasta que la ráfaga estuvo a punto de tocarlo y entonces, con un único mandoble de arriba hacia abajo, rebanó limpiamente el disparo; Ambas mitades pasaron a los costados del ángel, sin hacerle daño.

– Increíble… –musitó el caballero anonadado, con la voz quebrada.


Al recuperar Iori el control sobre sí mismo, se dio cuenta que tenía una única pregunta que debía ser respondida. Una vez que tuviera la respuesta, podría continuar adelante sin duda alguna.

– ¿Quién eres realmente, Arkham? –inquirió con gravedad.

El tamer sonrió levemente, y luego contestó:

– Ya entiendo a donde quieres llegar, Iori… 'El Caos' ¿No es así?

La expresión del elegido le dio a entender que había acertado.

– Oscuridad, Luz… Como bien sabes, estas fuerzas opuestas se encuentran englobadas dentro de lo que podríamos llamar 'El Orden'. Pero este principio, como cualquiera en el universo, debe poseer un opuesto… El 'Caos' es ese principio opuesto que se equilibra con el 'Orden', para dar forma y leyes al universo… Es una entidad interesante, pues son pocas las fuerzas que tienen oportunidad contra él: El Equilibrio Perfecto puede combatirlo, la Luz Creadora puede desterrarlo, y las Tinieblas Abismales pueden contenerlo; Pero en todo el universo, existe sólo una fuerza que puede disiparlo definitivamente…

El discurso de Arkham fue interrumpido por una explosión del exterior, que iluminó el interior con un vago resplandor carmín.

– …En todo caso, no soy 'El Caos', como incorrectamente te hizo creer nuestro buen amigo Andrew… Yo no soy más que un simple agente, un Adepto de entes que tú no has oído nombrar jamás, y que te harían perder la cordura si los vieras directamente.

Iluminado por el Poder Divino, Iori supo exactamente que pregunta hacer…

– ¿Qué haces tú en esta lucha, entonces? ¿Porqué un Adepto del Caos viene a una batalla que es sólo entre el bien y el mal? –Las profecías hablaban de cuatro tamers… Pero no tendrían porqué pasar por alto un factor que afectara de ese modo los acontecimientos ¿o sí?

– Mi presencia aquí, sí… Sólo diré que era algo que no estaba escrito. Pero el advenimiento de los ángeles caídos fue un evento de tal magnitud que pudo ser sentido incluso en mundos paralelos, siempre que se poseyeran las suficientes habilidades… Es cierto, yo no debería estar aquí; Era otro tamer el que estaba destinado a unirse a ellos. Sí no mal recuerdo, su nombre era Raziel* –aquí Arkham dejó escapar una leve carcajada–. Este 'Ángel de la Muerte' pudo haberse apartado de mi camino y salvar su vida, pero resultó demasiado terco y yo tuve que, mutilarlo…

Iori apretó los dientes con furia, mientras oía como el tamer hablaba tan tranquilamente de un asesinato que había cometido.

– Pero no nos desviemos de nuestro asunto, pues aún no he terminado de responder tu pregunta original. Verás, muchos mundos han sido arrasados por mi. Mundos como estos, cuyas vibraciones energéticas resultan particularmente fuertes, son los más propensos a ser invadidos. Las bestias sagradas son sabias, y sabían que era cuestión de tiempo que apareciera, así que forjaron un arma secreta para protegerse cuando fuera necesario. El hábil Wisemon fue depositario de este recurso y lo guardó con celo durante mucho tiempo… Cuando los niños elegidos aparecieron en el mundo físico, Wisemon se percató de que ellos eran los más aptos para recibir el arma y tras reunir a varios de ellos, los ungió con el poder que más tarde serviría para derrotarme…

– Es obvio que no lograron usar su poder, ¿Por qué? –quiso saber Iori.

El tamer rió, recordando como la fortuna le había sonreído en esos días.

– Wisemon se vio obligado a ocultarse cuando los digimons oscuros del primer caballo marcharon por el mundo digital hacia el mundo físico. Después de eso, Kazbeelmon capturó a los niños elegidos del mundo; Afortunadamente, El Traidor no se percató de que tenían algo especial, lo que hubiera sido un gran revés para mí… Cuando ellos supieron que había un Agente en este mundo, era demasiado tarde, pues ya había empezado a cazarlos uno a uno, sacrificándolos como perros…

– ¡Pues fallaste! –exclamó Iori perdiendo los estribos– ¡Ellos pudieron comunicarse con nosotros!

– Sí… admito que fue una equivocación dejar esas ejecuciones en manos de Dagomon y sus sirvientes, pero no importa mucho… De veinticuatro, ya sólo quedan vivos cuatro, y tres de ellos están demasiado débiles para pelear o incluso para hablar… – dijo esto ultimo imaginándose el rostro de Milo.

Arkham calló, clavando sus ojos en Iori. El chico estaba con la cabeza baja, y respiraba pausadamente. Con lentitud, el chico levantó el rostro; Sus ojos destellaban con determinación y su rostro reflejaba un coraje sobrehumano. Al verlo, el tamer recordó a un noble rey, que lo había confrontado tiempo antes, en el castillo negro de Kaazah'dum.

– Te derrotaré, Arkham… No por todos los crímenes que ya has cometido, sino para salvar a todos aquellos que corren peligro mientras tú sigues con vida…

El D-Dako que Iori sostenía en su puño derecho resplandeció en dorado, haciendo que Arkham diera un paso atrás con cautela.

Parte 2:
Las consecuencias de la clemencia.


Londres, 12:00 PM

– El arma para derrotar "al Caos" – repitió Mimi con la mirada perdida.

Kyra asintió mientras Andrew desviaba la mirada.

– Wisemon sabia del nexo que teníamos con "El Adepto del Caos", y en cuanto llegamos, nos impuso formar parte de los veinticuatro elegidos para salvaguardar el arma. Fue el precio que tuvimos que pagar al invadir una dimensión que no nos correspondía. Sin embargo, antes de que el pudiera darnos dicha fuerza, se vio obligado a ocultarse cuando Abaddonmon apareció.

– Todo esta claro. – musito Sora, luego de morderse el labio y mirar a los tres ingleses con gran preocupación. – Debemos de contarle todo esto a Kushiro cuanto antes.

Su concentración es bloqueada cuando nota como Milo azota su puño contra la pared, haciendo librar un ruidoso sonido que denotaba cólera y frustración. Una fría lágrima escurría por su mejilla izquierda. Las chicas no hacen mas que bajar la mirada.

– Es frustrante.– Continuo Kyra con la mirada perdida. – Dentro de poco, los digimons oscuros que fueron enviados para asesinarnos aparecerán de nuevo. El pensar en que morimos bajo la sombra de Upton, realmente me enferma.

– ¡Eso no ocurrirá! – alzo la voz Sora, con indignación.

– Ella tiene razón. Uno de los niños ungidos por el Poder Divino esta por llegar. – se acerco Mimi con una sonrisa confiada. – El y su digimon se encargaran de protegerlos.

– El poder Divino. – repitió Andrew apenas comprensible

Dicho lo anterior, Mimi llamo a Sora para invitarla salir de la habitación, los tres Ingleses miran como las dos chicas se retiran. Ya en el vestíbulo, Mimi saca su celular de entre su abrigo.

El tremendo azote a la puerta casi las hace desmallar. Un escalofrió las invadió de pies a cabeza luego de que sintieran la terrorífica presencia entrar a la habitación. La llama de la chimenea se esfumo de repente dejando la habitación invadida por las sombras.

– ¡ESTAN AQUÍ! – advirtió Andrew histérico.

Sora y Mimi miraron temerosas como del suelo emergían dos malignas figura. El demonio con caracteres femeninos, LadyDevimon, y el digimon con características de ángel caído, SkullSatamon.

Mimi y Sora regresan presurosas a la habitación y azotan la puerta a los digimons de las tinieblas. Una explosión que derribo la entrada se escucho al instante. Con Kyra en silla de ruedas, los cinco elegidos escapan por una puerta que se encontraba escondida en la habitación. Una segunda explosión se escucha de inmediato. Sora cae al suelo, pero se reincorpora con ayuda de Andrew.

Ya en las calles de Londres, los chicos huyen tan rápido como pueden. Su carrera es interceptada cuando ambos digimons oscuros les bloquean el paso. Dos Devidramon aparecen sorpresivamente volando por los cielos. Estaban acorralados.

Antes de que LadyDevimon se acerca para arrebatarle la vida a Kyra, un rayo resplandeciente borra su cuerpo por completo. Los tres ingleses miran aliviados la maravillosa figura angelical que estaba castigando a las terroríficas bestias infernales.

Tras retroceder, Milo cae al suelo sin perder la vista en el ángel que volaba por ñlos cielos. El niño nota desconcertado como sus manos tocaban el calzado de alguien más que se había reunido con ellos.

El rubio le ofrece su mano derecha para ayudarle a levantar. En su mano izquierda, el resplandeciente D-Dako se mostraba radiante.

– Al fin llegaste. – dijo Mimi sonriente. – Wallace.


Mundo Digital, Continente WWW
Guarida de Baihumon

En los aires, la batalla entre los dos guerreros digitales continuaba. Mordred había conseguido llevar la ventaja por varios minutos, pero sabía bien que el arcángel no combatía con toda su concentración. El daño en ambos combatientes era patente; Saint-Jehudielmon tenía varias heridas profundas en el rostro y los brazos, amén que su túnica escarlata estaba rasgada terriblemente, empero, su férrea armadura permanecía en perfectas condiciones tras haber rechazado varios ataques que hubieran podido ser fatales; Mordred llevaba su capa hecha jirones, y varias partes de su armadura estaban rotas y presentaban cuarteadoras.

"Genocide Attack"Una andanada de cohetes cruzaron el aire en dirección a Saint-Jehudielmon, pero a medio camino fueron interceptados y destruidos por un rayo de luz blanca. "Debo acabar con esto lo antes posible, Iori me necesita" pensó el arcángel, al evadir varios ataques de Mordred.

¡Rahab's Blade!* –Saint-Jehudielmon tomó su espada con ambas manos y la levantó sobre su cabeza. Una nube de energía cerúlea la cubrió y al disiparse dejó ver la transformación que había sufrido. Sus dimensiones eran básicamente las de una espada a dos manos, aunque no tan grande como para ser considerada una claymore*, la hoja era de un material cristalino, semejante a un zafiro nival y de ella se desprendían diminutos cristales de hielo que reflejaban el brillo celeste que emanaba de ella.

Con la espada apuntando al frente, Saint-Jehudielmon voló al encuentro de su enemigo, pero en lugar de atacar ondeó su arma lentamente, liberando una tormenta de cristales gélidos que pronto formaron un vórtice alrededor de Mordred. "Final Crest"El ataque deshizo el remolino y se abatió sobre el ángel, siendo deflectado por la espada de éste. El hacha de Mordred silbó en el aire al ser lanzada por éste a gran velocidad, pero Saint-Jehudielmon tuvo tiempo de evitarla, por lo que pasó de largo.

¡Blast Gatling!–anunció el caballero oscuro mientras disparaba desde su puño una multitud de rayos naranjas. Controlada por su dueño, Israfel se movió de un lado a otro en veloces oscilaciones que actuaron como un campo de reflexión para los disparos; En varias ocasiones Mordred tuvo que evadir sus propios ataques, rechazados hacia él.

Saint-Jehudielmon sintió que el hacha volvía a enfilar hacia él, por lo que se volvió y disparó un relámpago congelante desde su espada. Al ser impactada, el arma se cristalizó al instante y luego explotó en un millón de fragmentos helados. Israfel retornó a su forma normal y el arcángel se volvió hacia su oponente.

– Se que no desistirás, así que lo mejor que puedo hacer es honrar tu convicción y darte una muerte honorable…

Saint-Jehudielmon tomó su espada en su mano izquierda y levantó la derecha. Un halo de luz surgió en su palma y se solidificó formando una hermosa corona* de oro y joyas. El arcángel extendió el brazo con aquél regalo de perdón, pero Mordred se limitó a mirarlo.

– Qué así sea…

Saint-Jehudielmon levantó la corona sobre su cabeza. Las siete joyas que adornaban el frente se encendieron, recordando a las siete máximas virtudes del bien.* Una extraña y excepcional melodía comenzó a llenar el lugar cuando el arcángel se colocó la corona.


El poder que emanaba del digivice del niño elegido sorprendió al condestable. Si Iori utilizaba ese poder contra él, estaría perdido.

– ¿Así que vas a eliminarme? –preguntó con voz cauta, pero Iori no le respondió, estaba reuniendo el valor suficiente para atacar– Sí, creo que deberías hacerlo… He causado tanto mal que incluso sería un acto justo enviarme al infierno.

Aquél tono de resignación, tan humano, desconcertó al elegido. Y lo hizo preguntarse si no estaría precipitándose. Después de todo, Arkham aún era humano y como tal merecía clemencia. Arkham sonrió interiormente al notar como en las emociones de Iori comenzaba a aparecer el temor a equivocarse y seguidamente, el miedo a arrebatar la vida a un semejante.

– Nunca dudé en matar a otros… –comentó el tamer con angustia, mientras caía de rodillas– Incluso cuando Baihumon reunió a todos los que aún le eran fieles y les encomendó proteger el D-Dako original… Ordené a Mordred que los aniquilara completamente, cuando ellos sólo intentaban proteger un medio que debía salvarme incluso a mí… Yo… Yo merezco el infierno, ambos lo sabemos… Vamos Iori, hazlo ya… Acaba con mi dolor y el de otros.

– Yo… –Iori vaciló, aterrado de lo que había estado a punto de hacer. No importaba que hubiera hecho, pues salvar a un humano era mucho más importante que destruir un monstruo.

El elegido se acercó lentamente al tamer, y justo extendía su mano sobre su hombro, sucedió. Arkham se movió con una gran rapidez y sujetó a Iori por la garganta, asfixiándolo. El dolor hizo que el digi-destinado soltara su D-Dako, cayendo éste al suelo.

– Estúpido… –se burlo el tamer con una sonrisa macabra– ¿En verdad creíste que dejaría que me destruyeras? ¡Las almas nobles son las más sencillas de engañar!

Iori fue arrojado contra una de las paredes del templo y cayó resbalando por ella, con un hilo de sangre escurriendo en su nuca. Se sentía humillado, burlado y sobre todo, vencido. El tamer lo había hecho dudar y luego lo había dejado indefenso.

– ¿Últimas palabras antes de morir, Iori? –preguntó Arkham, mientras descorría los seguros de su bastón. La afilada hoja de un estoque resplandeció frente a los ojos del elegido.

La ira surgió nuevamente, más fuerte y atosigante que nunca, pero pronto desapareció y dio paso a algo aún peor: El Odio. Haciendo acopio de fuerzas, el niño se levantó y avanzó unos pasos. Ahora lo sabía, odiaba a la oscuridad y a los ángeles caídos, pero sobre todo…

Tras soltar la funda de su arma, el tamer avanzó hacia su siguiente presa. Paso a paso, se acercó hacia el elegido.

…Odiaba al que estaba frente a él, pues sabía lo que haría si no fuera eliminado.

No más de cuatro metros los separaban cuando Iori actuó: En el preciso momento en el que Arkham le apuntaba con su estoque, el digi-destinado tendió su mano hacia su digivice, que permanecía en el suelo del templo. El tiempo pareció ralentizarse cuando el D-Dako voló desde el suelo hasta la palma de su dueño. Iori lo tomó en su mano y disparó un cegador relámpago de poder hacia el tamer.

Arkham adelantó su mano izquierda, extendida, en un vano intento por defenderse del ataque. Un destello iluminó todo el lugar instantes antes de que un cuerpo golpeara contra el mármol. Por segunda vez, Iori se deslizó por la pared del templo. Una única escena se repetía en su mente: Arkham atrapaba el relámpago con su mano, y lo enviaba de vuelta hacia él.

– No es… posible… –dijo el niño elegido con un hilo de voz.

Ya no sentía odio, ni ira, ni miedo. No había espacio para ellos, ahora que su mente albergaba sólo dos emociones: Incredulidad y desesperanza.


La luz de la evolución, aunque pareciera imposible, se hizo presente sobre Saint-Jehudielmon cuando este se colocó la corona dorada. El sagrado arcángel surgió del pilar de luz que lo envolviera instantes antes. Su armadura y ropajes, tan increíblemente regios que eran imposibles de describir, emanaban la mismísima Luz del Creador; Sus ojos eran de fuego y sus cabellos, tan blancos como no podrían serlo más. La corona brillaba intensamente sobre su cabeza, y en su diestra descansaba la divina hoja Israfel, con su hoja brillante como las estrellas del cosmos. Saint-Jehudielmon levantó la espada con ambas manos y extendió sus alas: Eran seis pares, y su plumaje parecía constituido por luz cristalizada.

– No aceptaste el indulto divino… –dijo el ángel con una voz que resonó en el infinito– Ahora recibirás la purificación del fuego eterno…

La hoja metálica se transformó en una de luz, y se alargó hasta las mismas puertas del reino del cielo. Coros angelicales cantaban alabanzas al Señor, y pequeños querubines danzaban alrededor del pilar de luz.

Mordred contempló maravillado el espectáculo., pero no observaba la hoja luminosa e infinita, sino al arcángel. En una vida de batallas, no había visto tal cosa sino tres veces. La técnica de Saint-Jehudielmon era perfecta en todo sentido: Mientras él sostuviera la espada sobre su cabeza no existía un punto muerto en donde esconderse, y cuando el golpe fuera lanzado, las posibilidades de escapar de él serían infinitesimales, casi nulas. Enseguida supo que esa técnica había eliminado a Kazbeelmon.

– Que tu alma descanse en paz por los siglos de los siglos… ¡The Crown of Raquia!*

La hoja cayó sobre Mordred y siguió su camino hasta alcanzar la tierra. Una explosión de luz se extendió por todo el panorama, mientras los coros cantaban con sus divinas voces. Luego, gradualmente, la luz comenzó a menguar, y con ella los cantos.

CONTINUARA…


Notas de Autor:

Las siguientes notas de autor fueron escritas por "Serathiel"

* Erus:En latín, significa Señor o 'Lord' y según recuerdo de mis clases de Etimologías Grecolatinas, se utiliza para referirse a alguien de mayor jerarquía.

* Rahab's Blade:Espada de Hielo. / Rahab es el ángel de las profundidades oceánicas y en general, del elemento agua.

* Claymore:Colosales espadas escocesas de unos seis pies de largo.

* Corona de la Justicia:Atributo del Arcángel Jehudiel. / Representa la recompensa divina para aquellos que alaban al dios cristiano; En esta historia, también representa la redención de todos los que la reciben. / San Pablo a Timoteo: "ahora me corresponde la Corona de Justicia. que el Señor, Justo Juez, me dará en ese día. Pero no solamente a mí., sino a todos aquellos que han esperado con amor su venida" (2 Timoteo 4,8).

* Las Siete Virtudes:Principios divinos, contrarios a los siete pecados capitales. / Humildad, Generosidad, Castidad, Paciencia, Templanza, Caridad y Diligencia.

* Raquia:Segundo de los siete cielos. / En Raquia se encuentra una prisión donde están presos varios ángeles caídos.

* Raziel: Creación de Tanathofoby. / Personaje postulante (rechazado) para el fanfic Digimon: El Poder Divino.