Al día siguiente Yuuri había ido al Ice Castle como le había prometido a Mari, con la excepción de que esta no le llevaba. Luego de trabajar y descansar un poco durante la mañana, siempre que llegaba la tarde Yuuri revisaba su celular por si acaso y luego quería ir a dar un paseo para despejarse... Sobre todo porque ahora ya no tenía ninguna llamada o mensaje de Otabek o Viktor, cosa que le decía que a lo mejor el Omega ya estaba al tanto de la situación y eso estaba... estaba... bien. Porque ahora ellos serían felices y Yuuri ya no se interpondría en una pareja destinada.

-Buenos tardes -musitó Yuuri al entrar, mirando el solitario lugar.

Normal si era tan tarde ya.

-Buenos tardes, ¡ya estamos por cerr...! -exclamó la mujer saltando de detrás del mostrador donde estaba arrodillada arreglando unas cosas- Eh... ¿Yuuri? -alargó con sorpresa.

-H-Hola, Yuko -sonrió apenado antes de que la chica saliera de su lugar para correr a abrazarle.

-¡Yuuri, hace tanto que no te veo! -le estrujó entre sus brazos con emoción- ¡Oh, estas más delgado que la última vez que te vi! -observó mirándole bien.

-Sí, me lo han dicho -dijo con una sonrisita, devolviéndole como pudo el abrazo.

La castaña rió y se separó.

-¿Has venido a verme? -preguntó haciéndole una seña para que le siguiera hasta el mostrador.

-Eh... Si y... quería saber si aun podría patinar -murmuró apenado y nervioso.

Yuko levantó una ceja un tanto divertida antes de que una sonrisa tranquila apareciera en su rostro.

-Me alegra que no cambias nunca -dijo sincera- Puedo mantener abierto un poco mas mientras termino todo aquí y entonces podremos hablar -dijo con una pequeña sonrisita, haciendo como si verdaderamente el que fuera a verle era la razón.

Yuuri sonrió abiertamente.

-¡Gracias, Yuko! -asintió.

-¡Tienes tus patines?

-Si -asintió yendo con ella a la puerta de los vestuarios- ¿Cómo estás?

-Muy bien, gracias por preguntar -sonrió y buscó la llave- ¿Y tú? Hace tanto no te veo por aquí. ¿Está bien esa mano? -apuntó al notarlo.

-Sí, creo que me he transformado un poco en un obsesionado al trabajo -admitió apenado y miró su mano, sintiendo un pequeño retorcijón en el estomago- Uh, si, solo fue un accidente, pero estoy mejor.

-Me alegra... entonces no te vayas a sobre esforzar, ¿sí? -dijo abriendo finalmente la puerta.

-No lo creo, estoy un poco oxidado -admitió entrando- ¡Gracias, Yuko!

-No hay de qué, Yuuri -sonrió.

Luego de eso el azabache procedió a cambiarse y a colocarse los patines para salir a la pista. Dentro estaba frío, pero no tanto como afuera y eso hacía sonreír a Yuuri.

Dejando su mochila en una banca se acercó a la entrada de la pista y quitó los protectores de sus patines, metiendo con cierta duda un pie en el hielo, considerando que podría caerse de lo oxidado que estaba... pero no sucedió.

-Que alivio -suspiró ya deslizándose sobre las cuchillas.

Se alegraba bastante de no haber caído, aunque de haberlo hecho, se alegraba de que no hubiera nadie que pudiera observarle.

Disfrutando su soledad se permitió hacer algunas figuras con la vista perdida en cualquier lugar, pues su mente comenzaba a dispersarse y él a relajarse. Patinar era algo que le encantaba y producía un buen efecto en él, por lo cual siempre en algún momento terminaba volviendo con el primer amor de su vida: el patinaje, pues todo podría estar mal y derrumbándose a su alrededor, pero sobre el hielo él no lo notaría.

A medida que el tiempo avanzaba iba tomando confianza en arriesgarse a hacer más cosas. Un pequeño salto por aquí, otro por allá, hasta que simplemente se vio intentando grandes saltos, clavándolos al segundo o tercer intento luego de golpearse un poco contra el hielo.

-Ah -jadeo feliz de lograr un triple axel casi bueno- Me estoy haciendo viejo -suspiró secándose el sudor de la frente.

Continuó así un buen rato, tanto que sintió que sus músculos comenzaban a doler por el esfuerzo y los golpes, pero continuó hasta que Yuko llamó su atención, pero no solo ella... si no tres pequeñas más junto a ella, cosa que le hizo caer estrepitosamente.

-¡Yuuri! -exclamó la mujer alarmada al verle caer tan fuerte.

-¡Ahh! -exclamó y luego comenzó a reír- Estoy bien, estoy bien -dijo divertido, pues solo tenía dolor de trasero- Me distraje -admitió levantándose para ir hacia ellas.

-Eso fue doloroso -dijo una de las niñas.

-¡Y divertido de ver!

-Seguro te duele mucho el trasero. ¡Y hemos grabado eso!

-Será un buen meme.

-¿Qué les he dicho de grabar a la gente sin consentimiento? -riñó un poco la castaña.

-Ah, no, está bien, está bien -tranquilizó Yuuri sin problemas.

Las niñas se aliviaron, pero Yuko aun les miraba en advertencia antes de mirar a Yuuri y relajar el semblante.

-Creo que aun no las conoces... Ellas son las trillizas Axel, Luts y Loop Nishigori -sonrió.

-¿N-Nishigori? -murmuró abriendo mucho los ojos, cayendo en que era con él con quien su mejor amiga de la infancia se había casado- ¿¡Eh!? ¿Son tus hijas? -soltó con sorpresa.

-Sí, eso creo a veces -rió un poco a broma.

-¿Ah? -alargó y miró a las niñas de nuevo.

Mirándolas bien por un rato, si se parecían a Yuko, aunque eran notablemente más parecidas al padre. Aquello le hacía sentirse un poco feliz por su amiga, pues luego de tantos años con Nishigori al fin habían dado el siguiente e importante paso: Matrimonio e hijos, algo fundamental para un Beta productivo.

-V-Vaya, me alegro mucho por ti -asintió y pronto se avergonzó un poco, no pudiendo evitar el malestar que se alojó en su estomago al notar que Yuko ya había avanzado tanto en la vida y él a su edad aun seguía soltero- De verdad, muchas felicitaciones y... lamento no enterarme hasta ahora -añadió apenado.

Ella rió un poco y negó.

-Gracias... No te preocupes, entiendo que has estado ocupado -le restó importancia con suavidad, bajando a las tres niñas de donde estaban montadas- Vayan a buscar a su padre -dijo siguiéndole a eso los quejidos de las menores.

Yuuri sonrió y miró la hora, había pasado bastante tiempo allí por lo que se dirigió a la salida.

-Me alegra ver que aun patinas hermoso -asintió ayudándole a colocarse los protectores una vez que las niñas se fueron en busca de su progenitor- Aunque parecía ser un poco... ¿triste? ¿Está todo bien?

-Uh, sí, claro que lo está -sonrió lo mejor que pudo para evitar que se preocupara- Cada que piso el hielo las cosas son mejores, así que... Gracias, Yuko -asintió yendo a su bolso para quitarse de una vez los patines.

La Beta negó.

-No hay de qué -le sonrió.

Pronto Yuuri acompañó a Yuko afuera y saludó de lejos a Nishigori, esposo de su amiga y padre de las trillizas.

-¿No quieres que te llevemos a casa? -ofreció amablemente, señalando vagamente el auto del hombre.

-Ah, no, estoy bien -negó tranquilo- Si quiero mantenerme en forma será bueno que camine. Gracias, Yuko.

-Está bien. ¡Cuídate, Yuuri! Y ven más seguido a verme, ¿si? -sonrió alejándose hacia el auto.

-Lo haré.

El Beta se mantuvo en su lugar moviendo la mano en señal de despedida aun después de que la familia había tocado el claxon en despedida antes de desaparecer en el camino.

Suspiró y dejó de sonreír.

-Es hora de ir a casa -se dijo animado, pues si que le había hecho bien patinar para drenar.

Todo el camino de vuelta a casa había sido tranquilo y hasta de cierta forma satisfactorio, pues no podía esperar a pronto estar calentito, disfrutar de las aguas termales y beber un té o quizás un chocolate caliente para luego cenar un merecido tazón de katsudon que repusiera las calorías perdidas.

Tan ensimismado iba Yuuri en su fantasía que no notó la familiar camioneta estacionada en Yu-topía, que por las placas era la misma del Alfa kazajo. Pues ¿qué iba a estar haciendo allí el moreno?

Una vez dentro de la casa se quitó la ropa extra y anduvo en calcetines, agradeciendo el suelo con calefacción.

-Yuuri, hijo, bienvenido -saludó Toshiya tranquilamente tras su puesto de trabajo.

-Hola, papá -saludó- ¿Hay algo para hacer?

El mayor negó.

-No, no creo... Quizás ayudar a tu madre con la cena en un rato y cambiar algunas toallas.

-Bien, lo haré luego de tomar un baño en las aguas termales, me vendrían bien luego del ejercicio y el frío -suspiró avanzado.

-Está bien, adelante, hijo.

Pero Yuuri no había dado más de cinco pasos cuando su padre volvió a hablar.

-¡Ah! Casi lo olvidaba -dijo inclinándose un poco hacia afuera del mostrador- Dos extranjeros se registraron y preguntaron por ti.

Yuuri se detuvo y le miró confundido y curioso.

-¿Extranjeros?

-Si... Un Alfa y un Omega, me parece. Pidieron habitaciones separadas -dijo abriendo el cuaderno de registros frente a él sin notar que al menor de los Katsuki se le había acelerado el corazón.

¿Dos extranjeros? ¿Una camioneta parecida a la de Otabek afuera? Era mucha coincidencia. Sentía el corazón palpitar fuertemente en sus oídos mientras su padre buscaba la hoja mas reciente donde había anotado los nombres de dichos extranjeros.

-Ah, ¡aquí esta! -celebró el mayor y entre cerró un poco los ojos, matando a Yuuri con ansiedad sin darse cuenta- Si, son estos: Otabek Altin y Viktor Nikiforov, me parece que ahora se encuentran en los baños. ¿Los conoces de algo? -terminó mirándole curioso- ¿Estas bien, hijo? -se apresuró a preguntar al notarle pálido.

Dos extranjeros que Yuuri no esperaba ver. Los innombrables. Otabek Altin. Y. Viktor Nikiforov. Ambos estaban registrados ahí y Yuuri se sentía desfallecer pues no estaba listo para verles, no ahora y quizás... no nunca mientras no superara sus sentimientos y reparaba su triste corazón. Pero no era tiempo de tristezas.

-Estoy bien... Es el frío y el tiempo sin hacer ejercicio... -murmuró y sonrió- ¿Dijiste que están en los baños, no? -su sonrisa se volvió más forzada y comenzó a avanzar a estos.

-Eh, si... -alargó el mayor siguiendo curiosamente con la mirada a su hijo.

En ese momento la mente de Yuuri solo podía pensar en: ¿Cómo demonios le habían encontrado? Y no se preguntaba por el lugar, pues se suponía que de los dos, Viktor era el único que podría saber dónde estaba, y se suponía que este no toleraba a Otabek y viceversa. Más ante la perspectiva de que esos dos hayan arreglado sus diferencias la pregunta era la siguiente: ¿Por y para qué demonios estaban allí? ¿Eran tan crueles que al estar juntos y saber sus pobres sentimientos hacia ellos venían a restregarle su suerte? ¿Era acaso una cruel coincidencia del destino? Eso y muchas cosas negativas eran las que pasaban por la mente de Yuuri a medida que iba como alma que llevaba el diablo a los baños compartidos.

No estaban en las taquillas. La ansiedad iba a matarle, quería acabar con eso.

Abrió con más fuerza de la necesaria la puerta hacia las aguas y allí... Allí estaban ambos sentados uno en cada orilla, separados por el agua y mirándole con sorpresa ante el golpe de la puerta.

-¡Yuuri! -sonrió el Omega levantándose sin problemas del agua, mostrando toda su desnudez.

Otabek no miró al platinado, manteniendo su mirada fija en la congelada y sorprendida cara del japonés.

-¿Q-Q-Qué hacen a-aquí? -tartamudeó violentamente.

Viktor borró su sonrisa paulatinamente y le miró con preocupación.

-Hemos venido a hablar contigo luego de que este arruinara todo -apuntó ligeramente al Alfa.

-¿Qué? -repitió el nipón.

El kazajo alcanzó su toalla y se la colocó al momento que se levantaba.

-Creo que será mejor que nosotros vayamos a cambiarnos y luego a hablar los tres en otro lugar -propuso saliendo del agua, llamando la atención de Yuuri.

El pobre japonés no se podía concentrar gracias a los bien torneados y musculados cuerpos de los chicos... no pudiendo evitar detallarlos un poco. A diferencia de Otabek cuyos músculos eran notorios, Yuuri nunca se imaginó que bajo la ropa el cuerpo del ruso estuviera atractivamente musculado (aunque no tanto como el Alfa), en vez de suave y delgado como suponía que debían ser los Omegas.

-... ¿Te parece bien, Yuuri? -le preguntó el moreno.

El mencionado parpadeó y le miró curioso.

-¿Eh? -murmuró, se había distraído con sus cuerpos de Dioses griegos mientras hablaban.

Menuda injusticia.

-Que si te parece bien que nos veamos en la habitación de Viktor o... En algún lugar que creas más conveniente para hablar -repitió con cuidado.

Yuuri parpadeó y asintió lentamente, buscando en alguna parte de sí mismo un poco de orgullo para que le diera las fuerzas de caminar fuera de allí.

-¿Hablar de qué? -dijo a punto de salir, de repente cayendo en ello.

-Lo verás cuando estemos allí, ¿si? -sonrió cálidamente Otabek, a pesar de que en su interior quisiera lanzarse sobre él de lo preocupado que estaba.

El aun en shock Yuuri asintió y retrocedió hasta salir de allí, corriendo inmediatamente a su habitación en cuanto desapareció del campo visual de los otros dos.

-Eso... eso no estuvo tan mal -murmuró Otabek una vez solos.

-¿Tú crees? -ladeó Viktor sin prestarle mucha atención- Espérate a que salga del shock que le produjo mi cuerpo -murmuró.

-¿Entonces esa fue tu razón para levantarte desnudo? -preguntó sin creerlo.

-Sí, obviamente para ti no fue -refunfuñó yendo por su toalla para colocársela- De no haberlo distraído no nos hubiera ni dado la oportunidad de hablar ya que está enojado por tu culpa -le recriminó saliendo del agua- Vamos.

Otabek no añadió nada, pues era algo cierto que aquello era su culpa, partiendo desde que le rompió la mano y había discutido con él por teléfono... Así que obedientemente regresó a su habitación a cambiarse por ropas más cómodas.

Los minutos pasaban y el kazajo no pudo esperar mucho más tiempo sin hacer nada encerrado en su habitación, ya que el suspenso y la ansiedad le mataban, por lo que decidido a mantener la espera y darle su tiempo a Yuuri, fue a dar un paseo por los pisos de abajo. No negaba que el decorado tradicional japonés del lugar era lindo y sin duda podía imaginarse a su lindo nipón creciendo allí en medio de lo que parecía ser una familia amorosa, cuando tropezó con una pared con distintas fotos familiares.

-Adorable -susurró en su idioma natal al poder ver fotos del Beta de joven.

Su lindo japonés aparecía con una sonrisa en casi todas las fotos. Al kazajo se le apetecía apretar y besar las regordetas mejillas que aparecían en todas aquellas imágenes del hombre en distintas etapas de su vida. Cuando era un bebé, en el jardín de infantes, en el colegio, patinando, con su primera mascota... Esa y muchas más tenía la suerte de observar y la tentación de robar.

No supo cuanto tiempo estuvo frente a aquella sección familiar de fotos, medallas y trofeos ganados por los hijos Katsuki, y solo salió de sus pensamientos cuando el conocido aroma de Viktor le golpeó la nariz.

-¿Qué estás haciendo aquí? -le preguntó tranquilo, aunque en una clara defensiva.

-Nada.

Viktor miró las fotos y se relajó notablemente mientras una sonrisita divertida aparecía en sus labios.

-Es una buena nada... Era bastante lindo de joven... Solo puedo imaginar las regordetas y lindas mejillas de cerdito que podrían tener sus hijos -dijo con un ligero sonrojo.

Y Otabek supo que por "sus hijos", el ruso se refería mas a tener cachorros con Yuuri... Y eso no le hacía gracia.

-¿Pasa algo? -suspiró queriendo evitar que observara mucho más tiempo aquel tesoro que había encontrado, queriéndolo guardar para si... al menos de Viktor.

El Omega mantuvo la vista fija en las fotos unos segundos más antes de asentir.

-Yuuri ya está en mi habitación... Y como debemos arreglar esto, te vine a buscar ya que no contestas tu teléfono... A pesar de poder haberte excluido y echarte más tierra -murmuró como si nada, moviendo una mano hacia él al tiempo que caminaba por donde había venido.

-Que amable -soltó con cierto sarcasmo.

-Uhum -fue todo lo que respondió el ruso con una sonrisita.

-¿Cómo lo ves?

-Nada bien... -respondió sincero.

Y eso no le dio buenas expectativas a Otabek.

A medida que se acercaban mas a la habitación del peliplata, se podía apreciar cada vez más un ambiente tenso entorno al Alfa y el Omega. Viktor abrió la puerta y se fue a sentar cerca del Beta, mientras que Otabek se mantuvo a una distancia similar frente al japonés.

Yuuri no se movió ante ninguno de los dos y solo mantenía su preocupada mirada fija en sus manos, las cuales mantenía juntas y apretadas.

Unos segundos de silencio se alargaron entre los tres hasta que Yuuri lo rompió.

-No logro entenderlo -susurró sin moverse- No puedo entender el por qué están aquí por más que lo intento. ¿Acaso...? ¿Acaso he sido un mal amigo como para que vengan aquí aun cuando no estoy listo para...? ¿Para todo esto? -preguntó con una voz baja y algo afectada, pues su corazón latía desbocado de dolor en su pecho al tener que pasar por eso.

Alfa y Omega se miraron por un segundo.

-Precisamente por eso estamos aquí. Has sido un buen amigo para ambos e incluso mas -habló Viktor con cuidado, manteniéndose en su lugar hasta poder ver que podía acercarse más- No podemos tener nada de lo que tú piensas que hay entre nosotros. Yo te quiero... y... Otabek también te quiere a ti -murmuró con dificultad aquello último.

Pero Yuuri negó.

-¿Y qué piensan que sucederá al decirme esto? -ladeó mirando entre sus lentes y ojos llorosos al ruso- Ya se lo dije a Otabek, ustedes son Alfa y Omega, yo no puedo hacer nada. Ustedes deberían actuar como tal y estar juntos. Yo ya he aceptado mi lugar y solo debo estar con alguien como yo... Agregando que es bastante penoso que con mi edad aun no tenga una familia -murmuró soltando una risa amarga- No puedo arrastrarlos a mi desastre... a mis penosas desviaciones, fui egoísta y descuidado, y por mi culpa se encuentran en esta situación...

-Yuuri... -comenzó Otabek acercándose.

-... No es su culpa que yo sea un sujeto roto y... -continuó ignorando al chico, sollozando bajo mientras volvía a bajar la mirada para limpiarse las lagrimas- que se sentía bien y normal en su compañía...

-Yuu, basta -suspiró Viktor acercándose también, no notando por primera vez a Otabek en la habitación.

-Y ahora todo esto es mi culpa -hipó- Soy desagradable al desear algo tan antinatural que no deberían de estar cerca de mi...

A medida que Yuuri hablaba algo dentro de sus oyentes se rompía, quizás eran sus corazones al ver a la persona que tanto amaban así de deprimida por algo tan lindo y normal como el amor.

-Ya basta -cortaron Otabek y Viktor al unísono, acercándose a abrazar al japonés sin poder seguir escuchando la sarta de tonterías tristes que soltaba su boca.

-Si tu estas roto, nosotros también -susurró Otabek enterrando el rostro en el suave cabello del japonés, deseando no ser un Alfa para no tener que pasar por esto y poder estar con él- Si tu no hubieras aparecido, de todas formas me hubiera negado a estar con alguien que no quiero.

-Yo puedo decir lo mismo. Es una tontería, ¿quien dijo que solo Alfas y Omegas deben estar juntos? -murmuró Viktor con la cara en su cuello- No es desagradable, Yuuri, nunca podrías serlo -aseguró deseando por primera vez en su vida no ser un Omega.

Yuuri solo sollozó mientras sus acompañantes deseaban de alguna forma poder desaparecer lo que eran y ser como la persona que amaban, o poder formar un lazo especial que pudiera complacer al japonés, dado que lo que ofrecían no le era suficiente. Y eso dolía.

Dolía tanto no ser suficiente para la persona amada que Viktor y Otabek dejaron que sus tristes y ansiosos aromas llenaran la habitación para comunicar sus desdichas.

-No puedo arrastrarlos a esto. No soportaría que les hicieran menos por mi culpa, por ser un simple Beta -sollozó- Lo siento tanto -negó.

Pues para él era así. Creciendo en un lugar tan rural, nada de eso que ahora sentía era posible, pues no había sido educado para ello. A pesar del amoroso ambiente y de que sus padres nunca le limitaran nada, la sociedad ya se había encargado de ello.

-No, Yuuri, no lo sientas, es doloroso -susurró Viktor- No importa lo que digan los demás, ¡yo no puedo sentir nada por mi Alfa destinado porque te amo!

-Una pareja de Alfa y Omega solo es compatible biológicamente... Lo que siento por ti va mas allá de eso, tú eres mi destino, Yuuri, mi verdadero amor.

Y entre palabras dulces y lágrimas, Yuuri se fue calmando paulatinamente hasta que simplemente quedaron lágrimas secas en su rostro.

-Lo siento -susurró cuando Otabek y Viktor se sintieron lo suficientemente seguros de darle un poco de espacio.

-Deja de decirlo, no hay nada que sentir -negó el kazajo limpiando sus mejillas con cariño- Porque querer a alguien es algo hermoso...

-Es un error... -negó ligeramente.

-Amar nunca puede ser un error -le cortó Viktor seguro de ello- No importa su sexo -bufó- ¡Yuuri, es muy malo que pienses eso!

-No es su culpa -defendió ligeramente Otabek, abrazándole protectoramente.

Cosa que hizo reaccionar a Viktor de igual forma.

-¡Lo es por creer esas tonterías de gente vieja y prejuiciosa!

-Quizás porque también soy viejo -suspiró Yuuri rascando su nuca con cansancio. Haber expresado todo lo que sentía y toda aquella situación era agotador- Otra razón para no estar conmigo... Ustedes son tan jóvenes y llenos de vitalidad...

-No vayas por allí, Yuuri.

-No eres viejo -le atajó el kazajo.

-Y te he visto... tienes una resistencia envidiable -comentó Viktor sin preocupación, haciendo sonrojar al japonés.

-¿Q-Qué?

-Deberías dejar de buscar tontas razones para alejarnos y simplemente aceptar esto -asintió el ruso.

-Apoyo a Viktor, no creo que podamos dejarte tan fácilmente... Iría hasta el fin del mundo por ti, Yuuri.

-Y yo le acompañaría, porque no dejaré que te tenga para él solo... No me importa lo que piensen los demás.

-No podremos agradarles a todo el mundo -asintió Otabek-, pero si estamos juntos todo eso está de más.

Yuuri miró a uno y a otro alternativamente, algo confundido por sus palabras y sus propios pensamientos.

-¿Qué están...?

Los otros dos se miraron cortamente, se les empezaba a hacer costumbre aquellas miradas significativas que decían mucho en pocas palabras y en ese momento el apoyo mutuo que habían estado demostrando les había llevado a una conclusión. Luego miraron a Yuuri.

-Si tanto quieres que Viktor y yo estemos juntos y cumplamos nuestro deber de Alfa y Omega...

-... Entonces tu deberás estar con nosotros para que eso suceda -asintió el otro- Pero como nuestra pareja. Como nuestro Beta.

-El punto intermedio que nos une y da sentido a nuestra vida -murmuró Otabek hundiendo de nuevo la nariz en su cabello, disfrutando del suave aroma a flores de cerezos que emanaba este.

-Nosotros te queremos demasiado... Sin ti no nos habríamos unido para venir a buscarte -ladeó- Y bueno... debo admitir que Otabek es tolerable.

-Puedo decir lo mismo.

-Gracias -asintió cordial- Entonces... ¿qué dices, Yuuri? Nosotros te protegeremos de esos tontitos pensamientos que tiene esa cabecita tuya -aseguró besando su sien.

-Y de cualquier tonto que quiera molestarte. Solo seremos nosotros... tres.

El Beta solo les miraba con cierta ilusión y como si hubieran perdido la cabeza completamente.

-Pero... e-eso no es mejor, la gente puede ser muy cruel... -susurró- Solo sería un punto de discordia...

-Solo serías el pegamento de nuestra relación -sonrió Viktor- Así nosotros disfrutamos de tenerte y tu logras tu cometido de "unir" a una pareja destinada... aunque solo sea de manera amistosa...

-No lo sé...

-No debes darnos una respuesta ahora -negó Otabek- Te demostraremos que esto puede funcionar, danos tiempo y el beneficio de la duda mientras estamos aquí por tus vacaciones, ¿sí?

Y ante las caras esperanzadas de las dos personas que amaba. Yuuri detestó no tener un corazón frío y firme como muchas otras personas, y poder decir "no" mientras creía firmemente en que aquello que sentían era pasajero, algo que quedaría como un lindo y tonto recuerdo... Pero muy al contrario su blando corazón palpitó ante la esperanza de poder ser feliz con ellos dos olvidando todos aquellos prejuicios y malos pensamientos que le atormentaban.

-Está bien -aceptó con una leve sonrisita rendida, pues sus instintos le decían que debía hacerlo... Y sus instintos le habían llevado a cosas buenas: mudarse, History Maker, hablarle a Viktor y permitir a Otabek acortejarle.

Y mientras la habitación se llenaba de esperanzados y felices aromas frutales y de chocolate almizclado, un tercero más suave y con olor a flores de cerezo se les unió siendo solo detectado durante un segundo por el potente olfato Alfa de Otabek, quien no lo notó al estar muy ocupado abrazando al nipón.