ADVERTENCIA DE CONTENIDO: El siguiente capitulo relata contenido descriptivo respecto a suicidio y violacion. No se recomienda para todo publico, principalmente para aquellos mas sensibles. De ante mano, una disculpa para quienes se puedan ofender al respecto.


Capítulo 33:
Monstruo


Prologo:


17 de Agosto de 2004, 1:15 hrs.
Mundo Digital. Zona Zero.
Guarida de Wisimon. Cuarto de operaciones
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– ¿Donde estoy? – se decía así mismo Tailmon, entreabriendo sus párpados. Apenas y reconociendo el enorme salón de operaciones a través del rabillo de sus ojos. – Cierto. Aun sigo aquí. – Continuaba, con un tono de lamento.

– Al fin logramos despertarte. – le hablaba una voz conocida, al frente suyo.

El digimon de Hikari se termina por reincorporar. Levitando en la enorme cápsula de cristal, y con varios electrodos y cables colocados estratégicamente por todo su cuerpo, Tailmon observa con un poco de sorpresa a su contestable.

– Wormon.

Pero el compañero de Ken no era el único que estaba con el. También mira con jubilo a Hawkmon y un recién evolucionado, Armadimon.

– Ustedes también están aquí. – Continuo Tailmon, al ver a los gemelos Terriermon y Lopmon.

– Babamon dice que falta muy poco para te recuperes. Deberías alegrarte. – Le decía Hawkmon, con un tono de amabilidad.

– Si. – Le respondió Tailmon, con la voz ronca. – Ahora mas que nunca, tengo que estar al lado de Hikari. – Continuo con un gesto lleno de determinación. – Durante el tiempo que mas me necesitaba, yo no pude hacer nada.

Los digimons no pueden evitar bajar la mirada.

– Tu, también lograste evolucionar con ayuda del Uno, verdad.

– Si. Solo un par de veces. – Continuo de un suspiro. Pero no pude perfeccionarla por completo. Justo cuando mi poder alcanzaba su limite, el virus que el enemigo me implemento hizo de las suyas.

Sin poder evitar expresar la preocupación en sus rostros, los seres digitales se acercan un poco mas a su malherido compañero.

Lopmon lo mira de frente, no sin tragar saliva antes de hablar.

– ¿Qué sentiste? – pregunto sutilmente.

– ¿Eh? – Expreso extrañado el digimon de Hikari.

– ¿Que sentiste al adquirir aquellas forma?

– Solo sentí... un gran poder. – Respondió Tailmon con el ceño fruncido. – Un gran poder sin limites, recorriendo cada partícula de mi cuerpo. Y... – Su voz se enronqueció antes de continuar. – Y mi nexo con Hikari era cada vez mas fuerte. – Agrego.

Los digimons se miraron unos a otros.

– El nexo que tenemos con ellos se intensifica cada vez mas... de eso no hay duda... – Le hablo Wormon.

– El gran poder que adquirimos tampoco es algo que se pueda negar. – Continuo Terriermon, con la mirada baja.

– El problema es nuestra individualidad como seres. – Reprochaba Hakwmon.

Tailmon le respondió con un gesto inexpresivo.

– Incluso con la evolución Jogres sentía que aun era yo. – Les decia Armadimon, con la voz entrecortada – Pero con la evolución obtenida con el Uno... yo...

– Que importa. – Le interrumpió súbitamente Tailmon, apartando la mirada de todos, con un gesto de leve molestia. – Eso no importa.

Una parpadeante luz rojiza se hizo notar por toda la sala de operaciones. El sonido incesable que la alarma emitía resonaba repetidamente.

– ¿Qué esta pasando? – se preguntaban todos extrañados.

– Hawkmon. Tu rostro... – le señalaba Tailmon con un gesto de sorpresa.

El digimon halcón se toca su rostro al tiempo que observa como sus miembros se distorsionaba como la estática de una televisión.

– Tu tambien. – Le señalaba.

Tailmon observa su pequeñas garras solo para notar de inmediato que no solo sus extremidades si no también su tronco y todo su cuerpo se estaba distorsionando.

El evento se presentaba en todos presentes en esa sala.

Babamon aparece sorpresivamente. En las mismas condiciones que los otros digimons. Rápidamente, se acerca el enorme monitor y lo observa con nerviosismo.

– ¿¡Donde están sus compañeros humanos?! – preguntaba en tono histérico. – ¡Tienen que resguardarse en sus D-Dako de inmediato!

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Parte 1
Pesadilla(I): La oscuridad de Koushiro

16 de Agosto de 2004, 19:30 hrs.
Odaiba, Tokio.
(Tres horas antes de la reunión con Wisimon)

Koushiro, cerraba todas las ventanas y cortinas de su hogar. Su desordenada casa estaba llenada de polvo y suciedad producto de la ausencia de sus padres, así como la imposibilidad para limpiar el desorden que se va acumulando con el paso de los días. El mismo era tal, que el departamento comenzaba a parecer abandonado.

El pelirrojo toma una sucia maleta, y comienza a empacar de manera desordenada ropa y víveres.

El celular dentro de su bolsillo comienza a vibrar. Koushiro tenía los audífonos conectados a su móvil; basto con apretar un solo botón para contestar la llamada sin necesidad de acercar su oído al aparato.

̶ ¿Si? ̶ Contesto de manera cortante, sin dejar de empacar sus cosas, presuroso de lado a lado.

̶ Izumi. ̶ Se escuchaba la voz de Ryo. ̶ Ya está hecho.

̶ Entiendo. ̶ Dijo sin más. ̶ Mejor nos apresuramos.

Y ambos cortan de inmediato. Koushiro se acerca con mucha prisa a su escritorio para buscar en medio del desorden el cargador su computadora.

Entre la multitud de papeleo inservible, el elegido se paraliza al ver aquel íntimo objeto.

Con enfermiza nostalgia. El chico toma el pequeño objeto punzocortante. Un afilado abrecartas.

Y de un momento a otro. El muchacho comienza a recordar un profundo acontecimiento el cual no sería capaz de compartir con absolutamente nadie.

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Un año antes….

El señor Izumi no sentía ni el más mínimo deseo de llegar a su hogar. El pesado ambiente que comenzó a penas un par de meses atrás era intolerable para cualquiera que se haga llamar jefe de familia.

Con un suspiro lleno de fastidio, toma la llave de la puerta principal y abre para adentrarse en el deprimente departamento. Su mente estaba preparada para ver el desorden de las decenas de libros acumulados en la mesa, abiertos de par en par, algunos con anotaciones absurdas a los lados, otros con las páginas rasgadas con desesperación. Eran ediciones recientes, casi seminuevas, sacados de la biblioteca Metropolitana de Tokio. Era extraño que todos aquellos libros hablaran de temas tan diversos. Algunos de física, otros de historia, psicología, filosofía, y desde luego, de informática.

Dicha escena obedecía al peculiar comportamiento de su hijastro en últimos 3 meses. De un momento a otro, el muchacho se aisló completamente. Encerrándose en su habitación, saliendo durante unos breves instantes para nada que no fuera acudir al sanitario o para tomar algo de alimento instantáneo.

Poco a poco, ambos padres notaron que lo único que hacia Koushiro dentro de su oscura habitación, era permanecer horas enteras tecleando en su computadora o leyendo decenas de libros que después de terminar a velocidad de trueno, sacaba de su desordenada habitación para que no le estorbaran.

Por unos instantes, ambos padres creyeron que al terminar el verano e iniciando el año escolar, el muchacho iba regresar mágicamente a la normalidad. Para su desgracia, no fue así.

La angustio los ataco de sorpresa, cuando consideraron la posibilidad de que el chico se haya convertido en un "Hikikomori"*1.

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Un año antes de los más recientes acontecimientos, un somnoliento Koushiro entre abre los ojos con pereza. La oscuridad de su habitación cubría todo el desagradable desorden que se había acumulado con el pasar de los meses.

Envolturas de chatarra, comida rápida y platos con restos de alimentos podridos se perdían entre el montonal de ropa sucia esparcida por doquier. En sima de su escritorio, decenas de libros apilados, algunos entre abiertos en páginas que el muchacho consideraba importantes, otros alejados del montón como aquello que luego de cumplir su objetivo, no hacían más que estorbar.

Eran libros de temas variados. Desde biología, física y química, hasta informática y álgebra.

Con los ojos hinchados de tanto dormir, y el deplorable rostro de alguien envuelto en la más desesperante depresión, el muchacho voltea a mirar el libro que recién había terminado. "A brief History of Time", de Stephen Hawking.

Al lado dicho título, el elegido del conocimiento analiza otros títulos terminados en tiempo record. "La náusea" Jean Paul Sartre, y "La gaya ciencia" de Friedrich Nietzsche, entre muchas otras obras literarias de filosofía y psicología.

"Era muy raro" pensaba. "¿En qué momento deje de leer física e informática para comenzar a leer idioteces como psicología y filosofía?

La razón le llego de manera tan absurda como alguien que se responde a si mismo después de lanzar una pregunta al aire. La respuesta a lo que buscaba, por increíble que parezca, no estaba en las llamadas ciencias exactas.

Y después de indagar en lo más profundo del conocimiento, lo único que encontró en su mente no fue más que un vacío abismal carcomiendo todo lo que sabía, o todo lo que estaba por saber.

Al final, nada importaba.

Nada importaba porque nadie en este mundo existía con un propósito o un destino. Todo cuanto se veía era obra el azar, determinado por una serie de caóticos acontecimientos que dieron origen a la existencia misma. Las asimilaciones sobre un dios o un destino solo eran proyecciones de la agonizante mente humana que es incapaz de aceptarla banalidad y la simpleza de su propia existencia.

Con todos esos pensamientos en mente. El pelirrojo se levanta con desgano, sin prender las luces para así ocultar de su vista el desastre que tenía en habitación, pateando débilmente toda la basura que se interpusiera en su camino hasta llegar a su polvoso escritorio.

Solamente hay un destino que podemos asegurar.

Pensaba el pelirrojo mientras en un trance tomaba el sucio abrecartas y sutilmente cortaba piel de sus dedos para ver hipnotizado la capa de sangre que brotaba lentamente y escurría hasta cubrir la mitad de su palma.

Atrasar su inminente llegada… ¿Tiene importancia?

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17 de Agosto de 2004, 1:00 hrs.

Mundo Real. Odaiba, Tokio.

En la casa de los Takaishi. Daisuke, Takeru y Hikari salen al balcón para ver con más detenimiento el extraño resplandor que se abría paso entre los edificios de la enorme ciudad. Parecido a los portales de luz de los que tanto se ha estado hablando recientemente, estos ahora resplandecían con un sutil tono purpura.

̶ Viene de la televisora Fuji. ̶ Decía Daisuke después de ver más de cerca con unos binoculares.

̶ ¿Por qué siempre tiene que ser con la Televisora Fuji? ̶ suspiraba Takeru, haciendo alusión a la batalla que tuvieron con Vamdemon en dicho sitio hace 5 años.

Hikari traga saliva.

̶ Ustedes también lo sienten ¿verdad? ̶ decía la castaña con la voz entrecortada. ̶ Este presentimiento…

̶ Si… ̶ le respondía Takeru, bajando la mirada pensativo. ̶ Es lo mismo que sentimos cuando Samaelmon apareció.

̶ La llegada del cuarto es inminente. ̶ Afirmaba Daisuke sin evitar morderse el labio. De inmediato cambia su tono al de alguien presuroso. ̶ Tenemos que reunirnos con los demás de inmediato.

Takeru vuelve a suspirar, e impulsivamente voltea al percibir la presencia de su madre.

Natsuko se les acerca.

̶ Vallan. ̶ Les decía lanzándoles una mirada llena de determinación.

El chico agradece a su madre, y luego voltea a ver a sus amigos. Los tres asienten y con sus digivaices en manos, corren hacia la computadora para adentrarse al mundo digital.

La mujer apenas y voltea a verlos, prefirió acercase al borde del balcón y admirar con sigilo el pilar de luz resplandeciente que tanto asustaba a los niños.

*


17 de Agosto de 2004, 1:15 hrs.
Mundo Digital. Zona Zero.
Guarida de Wisimon.

De nueva cuenta.

El laboratorio de Wisimon. Totalmente lejos de lo que alguien en su sano juicio llamaría "laboratorio".

La amplísima cueva de oscura roca húmeda era iluminada por faroles de llamas azul celeste, y lo único que contrastaba con la misma era la pequeña plataforma que se elevaba a la altura del digimon humanoide y que encima resguardaba la rocosa tableta que contenía todo el alfabeto digital. En frente suyo, el amplísimo monitor.

Pero esta vez, en el monitor no solamente se veían "0" y "1". Esta vez, el monitor proyectaba un mapa totalmente digitalizado de capital Japonesa.

En la ciudad de Tokio, cinco puntos parpadeantes señalaban las 5 zonas donde se librarían las últimas batallas.

Koushiro y Ryo se acercan de frente al enorme monitor para identificar más claramente dichos lugares.

̶ Wisimon. ̶ Se escuchaba una repentina voz por detrás.

El digimon humanoide voltea sutilmente a su lado, para ver la figura de Wallace apartarlo sutilmente de su teclado.

̶ Déjame usarlo. Será unos cuantos segundos. ̶ Le solicito el rubio, el digimon asiente.

Tan pronto como el elegido tecleo los grabados con el alfabeto digital, una delgada luz fosforescente fue de punto en punto hasta dibujar un perfecto pentagrama con la característica estrella de cinco picos.

Koushiro y Ryo miran sorprendidos.

̶ ¡Es imposible! ̶. Grito el tamer. ̶ ¿Cómo lo descubriste?

̶ Eso no importa. Solo lo supuse. ̶ Respondió el rubio, sereno. ̶ ¿Qué es lo que emergerá de este portal?

̶ ¿El cuarto? ̶ se preguntaba el pelirrojo, con el ceño fruncido.

̶ Tal vez. ̶ Le respondió el tamer. ̶ Cualquier bestia puede emerger a partir de esa cosa. Ya lo he visto antes.

El tamer traga saliva y baja la mirada con preocupación antes de continuar.

Pero para que funcione, necesita haber un gran derramamiento de sangre. explicaba el tamer mientras apretaba su puño izquierdo con fuerza y hacia una mueca de rabia. ¡Malditos! ¡Sacaran provecho de los niños que caigan en batalla!

Wallace se les acerca, de inmediato Wisimon vuelve a tomar el mando de su plataforma.

̶ ¿No hay forma de evitar la batalla? ̶ Preguntaba el americano.

̶ Esos puntos luminosos que ves ahí, representan portales de luz por donde emergerán cientos de Daimons. ̶ Explicaba Koushiro mientras una gota de sudor le escurría por la frente. ̶ Es eso o dejar que invadan la ciudad así nada más.

Wallace lanza un gesto de preocupación.

̶ ¿Qué esperabas, Wallace? ̶ Le replicaba Ryo. ̶ Después de todo, esta será la batalla final.

Un pequeño pitido interrumpe la conversación. En la esquina superior derecha de gran monitor, un recuadro se hace visible para transmitir las imágenes captadas en una de las habitaciones apartadas de la enorme guarida. Tres niños y un digimon novato caminaban cautelosos por los pasillos.

̶ Daisuke… ̶ decía Wallace sonriente tras reconocer la figura del niño.

Un leve zumbido toma a todos por sorpresa. Como el de un enorme portón de acero cerrándose con toda fuerza, acto seguido de un apagón de toda luz presente en la enorme mansión.

̶ ¡Wisimon!… ¡¿Qué está pasando?! ̶ le preguntaba Ryo, nervioso.

̶ No tengo idea. ̶ respondió sin expresión alguna. ̶ La computadora muestra que el suministro de energía trabaja con normalidad.

Y fue en esos momentos cuando Kourshiro siente un líquido tibio empapando su cuerpo, como si se hubiera metido a una tina llena de agua con la ropa puesta, percibiendo sutilmente como lo empapaba ascendiendo poco a poco desde sus pies hasta su torso.

̶ Ah… ̶ se quejó sutilmente con nerviosismo el pelirrojo. Un ardor quemante se escabullía desde sus muñecas hasta su cuello.

El elegido no pudo evitar hacer una mueca de terror cuando vio sus muñecas con una rajada vertical misma de la que su sangre escurría con sutileza.

̶ ¡Koushiro! ¡¿Dónde vas?!

Y en medio de la oscuridad, el pelirrojo salió de la habitación corriendo despavorido.

– ¡Wisimon!

Tan pronto como Ryo grito el nombre del sabio digimon, Wallace volteo para percatarse de un gran infortunio. El cuerpo digital de Wisimon se distorsionaba segundo a segundo, como si se tratase de un holograma tridimensional.

– ¡No puede ser!

Ryo mira con sorpresa como CiberDramon se encontraba en el mismo estado.

Con sus ultimas fuerzas, Wisimon se acerca a la plataforma del teclado y haciendo uso de unos comandas secretos, logra activar su sistema de seguridad. Ryo y Wallace miran incrédulos.

De un momento a otro, los cuerpos de ambos seres digitales se transformaron en cadenas de digi-core. El de CiberDramon se adentro directamente al D-Ark de Ryo, mientras que el de Wisimon se limito a entrar dentro de los monitores.

Tan pronto como termino la extraña escena, Ryo toma su digivaice para observar extrañado la pantalla. Dentro del dispositivo sagrado yacía CiberDramon.

01:20 hrs.

Koushiro entra presuroso a un apartado sanitario. Bañado en sudor y con el corazón palpitándole rápidamente, corre al grifo para abrir la llave y lavar su rostro con agua helada. Rodeado de oscuridad, logra ver reflejado su deprimente rostro en espejo que yacía enfrente, justo como era cuando se tomó unos días como Hikikomori.

El pelirrojo frunce el ceño cuando siente el humedecer de sus pies y la chocante sensación del charco de agua moviéndose por a todas partes cada que el se movía. De inmediato, nota que el piso estaba totalmente inundado por la sucia agua que se desparramaba de la bañera del fondo.

Un escalofrío espantoso se apodero de cada rincón de su cuerpo cuando logra distinguir una figura sumergida en la tina.

Entonces, entrando en un trance que pareció durar horas, el chico mira a todos partes para poner mas atención en los detalles de la habitación donde se encontraba. ...Era el baño de su casa. Con el pavor devorando sus entrañas, voltea petrificado hacia la bañera.

No podía creer la que le estaba pasando. Iba en contra de todo su lógica, simplemente no podía estar en dicha situación, quizás por eso se decidió a mirar dentro de la bañera, en un intento por mantener la cordura, en un intento por demostrarse a si mismo que no esta viviendo esta pesadilla.

Acercándose torpemente a la tina. Se asoma cauteloso para finalmente ver el rostro sin vida de si mismo, el agua de la tina bañada con su propia sangre, brotando sutilmente de las rajaduras que tenían en sus muñecas.

Sorpresivamente, las luces del baño se encendieron, la madre de Koushiro entra presurosa, sola para segundos después lanzar un desesperado grito que casi perfora los tímpanos del elegido.

Koushiro se pone contra la pared y rompiendo en llanto ve como su padre entra también para descubrir la trágica escena. El señor entra presuroso pasando enfrente del elegido, como si no estuviera ahí, como si fuera espectro invisible viviendo su propia pesadilla.

Ambos padres se acercan al cadaver de su hijo, y tras intentar sacarlo de la tina, rompen en llanto.

Los gemidos la madre de Koushiro desgarraban lentamente su corazón a cada segundo que vía como las lagrimas escurrían sutilmente por las mejillas de su triste rostro.


Parte 2

Pesadilla (II): La oscuridad de Taichi


Madrugada del 16 de Junio de 1999

Era la primera vez que el infante comía tanto en su corta vida. Desde que tomo al soccer como su hobbie principal, su apetito incremento considerablemente, y ahora con 11 años recién cumplidos, el cuerpo en desarrollo del pre-adolescente cada vez exigía mas y mas nutrientes. Y fue en ese día, precisamente en la deliciosa cena que sus padres ofrecieron por su cumpleaños, que intentando saciar su gran apetito, comió tanto que al poco tiempo de iniciado su celebración, cedió ante un insoportable sueño, algo desafortunado para el, pues tenían planeado desvelarse jugando videojuegos, claro esta, con previa autorización de sus padres.

Esa noche, algo peculiar aconteció. Mientras se esforzaba por mantener su ligero sueño, el mismo se ve interrumpido por el chasquido de la puerta y el rechinar de la misma al abrirse. Un tenue resplandor proveniente de la luz del pasillo a penas e ilumina la infantil figura de su pequeña hermana.

El muchacho entre abre sus párpados para ver a la infante acercase tenuemente. Por una milésima de segundo, logra distinguir una extraña y oscura figura detrás de ella. Pero cuando el niño se levantó súbitamente y miro mas fijamente, la figura que seguía a su hermana se esfumo.

El chico estaba tan adormilado que de inmediato olvido el asunto.

— ¿Qué pasa, Hikari? — Le preguntaba su hermano, fastidiado.

Las fascies del niño cambio abruptamente cuando nota el sudoroso rostro de lleno de terror de su hermana.

Taichi se levanta presuroso. Tan pronto como sus pies descalzos tocaron el frío del piso, Hikari corre para abrazar a su hermano. El muchacho no puede evitar sentir el pequeño rostro aferrandose a su abdomen y las lagrimas de su hermana humedecer su playera.

Incapaz de decir una palabra, el chico invita a su hermana a dormir en su habitación. Es así como ambos niños durmieron juntos.

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En esos momentos, Taichi simplemente pensó que su hermana había tenido un pesadilla, o quizás, un terror nocturno. Jamás pensó que el evento se repetiría incontables veces.

Sus padres nunca lo notaron, principalmente por que la niña acostumbraba a levantarse muy temprano y rarísima vez sus padres lo hacían antes que ella, por otra parte, era una situación que el muchacho tomaba sin importancia.

Luego, ocurrió todo lo relacionado con su primera aventura en el mundo digital.

Pasados los eventos que culminaron con la derrota de Apocalymon, la escena no volvió a repetirse hasta pasados 4 meses. Una vez mas la niña, con el mismo rostro de terror que aquella primera ocasión, acudió a resguardarse en los brazos de su hermano, solamente con el se sentía segura. Taichi no le tomaba importancia, solamente era el berrinche de su pobre e indefensa hermana.

Que equivocado estaba.

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Los días pasaron, y el evento no dejaba de repetirse una y otra vez. El cuerpo del niño continuaba desarrollándose, y ante dicha situación, los hechos que ocurrirían después eran inminentes.

La primera eyaculación nocturna del chico posterior a estimularse así mismo de manera inconsciente. Era algo natural, nada fuera de lo normal para alguien de su edad. Por eso, era bien sabido que lo mas importante para un preadolescente era su privacidad.

Y aquel terrible día ocurrió. Esa día tan vergonzoso era imposible de olvidar, pues ocurrió en la misma fecha que hace un año. En ese día, Taichi cumplió 12 años.

17 de Junio de 2000. 22:00 hrs

Pasada su cena de cumpleaños y después de masturbase por segunda ocasión en el día, el chico toma una ducha y se dispone a descansar, pues mañana tenia un examen muy importante para el cual llevaba preparándose todo el mes.

El chico tenia un espejo grande en su habitación, de esos que le mostraban su cuerpo completo. Antes de meterse a su cama, se acerca al mismo para contemplar su rostro por unos breves momentos. Y entonces, el terror lo devoro cuando en el reflejo ve a su rostro desfiguranse segundo a segundo. El mismo tomaba aquella extraña forma nunca antes imaginada por el elegido. Su rostro era algo medianamente parecido a una cabeza de pez, con branquias en el cuello y unos penetrantes y enormes ojos rojos incapaces de cerrarse por la ausencia de párpados.

Una tenebrosa apariencia, intrínsecamente maligna.

Cuando el chico tocaba su rostro y miraba sus propias manos y pies, todo parecía ser normal. Entonces, cuando volvió a ver al espejo, dicha monstruosidad había desaparecido.

Después de reparar por varios minutos en el asunto y con frío sudor escurriéndole por la frente, el chico decide cubrir el espejo con una larga sabana y meterse a su cama para dormir.

El asunto le afligía. Tardo en conciliar el sueño mucho mas que lo de costumbre. Cuando lo logro, era un sueño meramente superficial, como el de aquel que entre ceños aguarda un importante suceso. Y así, las horas pasaron, hasta llegadas las 3:00 de la mañana en punto.

El tuvo un sueño absurdo, como muchas veces había tenido antes. El caso es que algún momento, una figura femenina estaba cortejándolo, acariciandolo, besándolo. El muchacho no pudo evitar gemir levemente cuando algo presionaba firmemente su entrepierna y su viril miembro en desarrollo.

Inconscientemente, el comenzó a moverse, y cada vez que lo hacia se estimulaba mas y mas, hasta que finalmente, en un momento de fugaz placer, eyacula sin mas.

El muchacho despierta agitado, y tras dar un suspiro de lamentación, la vergonzosa escena lo sorprendió.

A su lado, su hermana dormía profundamente.

El hecho de pensar que muy probablemente aquello que hace unos minutos presionaba su entrepierna fuera el cuerpo de su hermana, no solo le horrorizaba, si no que también le asqueaba.

Y entonces, lleno de ira, Taichi despierta con brusquedad a su hermana.

– ¡¿Que haces aquí?! – le dijo mientras la tomaba toscamente del brazo y la corría de su habitación. – ¡No vuelvas entrar a mi cuarto así!

Y Hikari siente como su hermano la empuja por detrás, no sin evitar caer en llanto y contenerse con todas sus fuerzas, todo para no despertar a sus padres.

Encerrado en su alcoba, Taichi se lleva las manos su rostro en un intento por contener dicha ira que jamás en su vida había sentido antes.

...

El tiempo paso, ni Taichi ni Hikari hablaban del tema. El niño dio por hecho que su hermana no lograba deducir lo qué pasó aquel día, ... al menos por ahora. De cualquier forma, desde entonces, la actitud de Taichi para con su hermana cambio radicalmente. Nunca mas la sobreprotegeria, era tiempo de que la frágil y enfermiza niña comenzara a cuidarse así misma.

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17 de Agosto de 2004, 1:15 hrs.
Mundo Digital. Zona Zero.
Guarida de Wisimon.

¿Porque estoy recordando todo esto?

Se preguntaba en su mente el moreno, mientras en su recorrido por la enorme mansión de Wisimon, entablaba una conversación con Yamato.

Es grotesco y vergonzoso, por eso sellé en lo mas profundo de mi mente dicho evento. Y ahora que Hikari creció y comprendió lo que ocurrió, estoy seguro que ella hizo lo mismo.

Todos esos pensamientos afligían al moreno. Mientras tanto, caminaba por el largo e iluminado pasillo junto al rubio quien ignoraba por completo dichos dilemas; al menos, en gran parte.

— ¿Sigues pensando en lo mismo? — Le preguntaba Yamato, sereno.

Taichi se encoge en hombros, con la vista al frente.

— Es normal que un hermano mayor sienta celos cuando un chico pretende a su hermana pequeña, eso te lo aseguro. — Continuaba el rubio.

— No solo es uno. — Le responde levantando sutilmente la voz. — Entendería si fuera otra situación. Lo raro aquí es que siento que Hikari le corresponde a ambos.

— ¿Que cosas dices? — Le pregunta Yamato, un poco sorprendido por el comentario. Taichi mantuvo su expresión. — ¿Estas seguro?

— Solo te digo lo que percibo.

— No lo puedes asegurar entonces. Y... aunque fuera cierto. Dudo mucho que Daisuke o Takeru lo acepten. Eso si que seria raro.

Entonces, la luz iluminaba la enorme mansión se opaco por completo, dejando a ambos chicos totalmente a oscuras.

— ¿Ahora que? — Se pregunto Taichi, con un gesto de fastidio.

Ambos caminaron unos cuantos segundos mas antes de detenerse por completo.

— Y con lo enorme que es este lugar. Así será imposible llegar al sitio de encuentro.

Repentinamente, unas tenues luces rojizas iluminaron todo el pasillo, mías que se esparcías por todo el borde limitante entre la pared y el techo. Ambos se miran incrédulos, e impulsivamente continua su camino.

Una espesa neblina comienza a rodear todo el lugar. Taichi comienza a percibir el humedecer de su calzado y el sonido característico de alguien caminando sobre un piso repleto de agua.

Un sutil gruñido resuena tras de el. Bruscamente detiene su paso y voltea rápidamente hacia tras, solo para describir la monstruosa figura de un ente asomándose por la esquina de otro pasillo a lo lejos. Dicho monstruo ya lo había visto antes. Era el mismo monstruo que vio en el espejo de su habitación aquella ocasión.

Impulsivamente, Taichi se aparta del Yamato y corre hacia dicha figura.

...

Y entonces, el infame suceso, ocurrió.

...

Tan pronto como Taichi dio un solo paso, todo su entorno se transformo. Asi, Taichi mira dos veces, sorprendido e incrédulo. De un momento a otro, el pasillo de la mansión se desfiguro por completo, solo para transformarse poco a poco en una versión fría y banal del departamento donde vivía con su familia.

Pero algo andaba mal. El ambiente se percibía frío, y la oscuridad reinaba en toda su casa. Las paredes lucían viejas y mohosas, los muebles estaban desgastados y llenos de polvo, y cada rincón estaba infestado de telarañas y suciedad.

Temeroso, Taichi mira a todos lados antes de avanzar con lentitud. Se detiene un poco cuando nota como el eco de su primer paso retumba por todos los muros. Pero no paso ni medio segundo cuando se reincorpora y avanza, pues había escuchado un peculiar ruido proveniente de su habitación, un gemido muy familiar.

El elegido llega al pasillo que conducía a su habitación, un resplandor carmesí se asoma por el borde el pie de la puerta. El muchacho avanza con cautela tras escuchar de nuevo el gemido tan familiar.

Su corazón se paraliza al llegar frente a la puerta, no por los gemidos que ahora se habían vuelto mas constantes, si no mas bien por el escalofrío que poco a poco se apodero de sus entrañas congelando todos sus músculos.

Algo en sus adentros, le hacia imaginarse la escena que vería a continuación, pero no podía quedarse con ese supuesto. Tenía que corroborarlo.

Entonces, el muchacho alzo su temblorosa mano hacia la chapa de la puerta, trago saliva antes de accionarla y escuchar el molesto rechinido de la vieja puerta abriéndose.

...

La horripilante escena petrifica al muchacho, haciendole gesticular un rostro de pavor sin igual...

UNA VERSIÓN PRE-ADOLESCENTE DE SI MISMO TENÍA SOMETIDA A SU HERMANA SOBRE LA CAMA. Y CON UNA DEGENERADO GESTO DE PLACER, LA VIOLABA POR DETRÁS.

La expresión y el gemido que hacia Hikari cada vez que era embestida eran algo que le quebrantaba el alma desde dentro, algo que carcomía su psique segundo a segundo.

El muchacho no pudo evitar llevar sus manos a sus oídos y cerrar sus ojos con fuerza, todo para evitar seguir viviendo en carne propia la horripilante escena. Segundo a segundo, arrastra su espalda sobre la pared sin poder evitar echarse al suelo estremecerse en su dolor.

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Parte 3

Pesadilla (III): La oscuridad de Yamato

11 de Agosto de 2004

6:00 hrs

Antes de despedir a su hermano (que había ido al encuentro de Daisuke), Yamato se tumbó en el sofá de la sala de su madre para completar su sueño truncado. Ya a las 6 de mañana, el mismo lo culmina súbitamente como aquel estudiante que despierta sin mas, cuando una hora antes, tiene un examen importante.

Presuroso, se levanta para alistarse, pues tenia que ir a recoger a Sora y a Mimi al aeropuerto.

Una peculiar escena lo interrumpe justo cuando esta por salir. Su padre salía de la habitación de su madre, semidesnudo y con los pies descalzos.

Hiroaki voltea a verlo con vergüenza. Yamato lo mira sereno. Sin intención de alargar mas la incomoda escena, el chico se da la media vuelta y sale presuroso del apartamento.

Ya en el metro rumbo al aeropuerto, el rubio intentan sacar la escena de su mente. No puede evitar pensar en la posibilidad de que sus padres regresaran a estar juntos, la posibilidad en que su familia vuelva a estar unida.

Aunque si bien, hubo un tiempo en que dicha posibilidad le ilusionaba, lo cierto es que en la actualidad eso ya no le importaba. No por que no lo quisiera, si no mas bien porque era imposible.

A diferencia de Takeru, Yamato conocía perfectamente el lado oscuro de su padre. El no perdonaría jamás la traición de Natsuko.

Entonces, el muchacho comenzó a recordar los eventos previos al nacimiento de su hermano. Si bien, en aquel entonces, a su temprana edad no podía asegurar que todo fuera felicidad, si pudo notar un extraño vacío en la personalidad de su padre cuando Takeru nació.

Y el sabia la razón. Takeru no era su hijo. En algún momento de su vida, Natsuko había engañado a Hiroaki.

La historia era mas complicada de lo que se pudiera esperar, pues Takeru resultaba ser hijo de Ishida Sie, el fallecido hermano de Hiroaki, y tío directo de Yamato. El hecho de que Natsuko haya traicionado a Hiroaki con su propio hermano, le agregaba un extra al gran resentimiento que el padre de Yamato sentía.

Yamato no conocía tantos detalles, pero si lo mas importante. El padre de Takeru murió en su plena juventud, quizás 27 o 28 años. La razón. Leucemia, cancer en la sangre.

El sabia un poco de como mueren dichos pacientes. Reciben quimioterapia como primera línea de tratamiento y que son medicamentos muy tóxicos que no están exentos de múltiples efectos secundarios, entre ellos, y quizás el mas importante, el estado de inmunocompromiso.

Es bien sabido que la quimioterapia no solamente destruye las células malignas del cancer, si no también las células benignas del organismo, como las células del sistema inmune. Dicho de otra forma, los pacientes con leucemia que reciben quimioterapia están propensos a múltiples infecciones.

Con su abuela paterna debilitada y senil, y Hiroaki envuelto en trabajo que recién había obtenido en la televisora, Natsuko fue la encargada de cuidar al hermano de su esposo. Yamato no sabia mucho acerca del pasado de su único tío paterno, solamente le constaba que era una persona muy solitaria. Quizá su introversión y su soledad fue lo que termino por llamar la atención de Natsuko desde antes de que enfermara. El cancer que se le diagnostico posteriormente solo sirvió como catalizador ante el amor que ella sentía por el hermano de su esposo. Quizá Takeru fue concebido antes de que Sie fuera hospitalizado para recibir su tratamiento, mismo que le termino por condicionar una severa Neumonía que finalmente le quito la vida.

Para Hiroaki fue poco difícil descubrir la verdad; todo fue gracias a los celos que sentía cuando encontraba a Natsuko y Sie solos, y quizá a una pequeña corazonada.

El caso es que al final, poco después del nacimiento de Takeru, Natsuko le confeso la verdad a Hiroaki. Yamato no puede evitar sacar de su mente dicha escena, cuando su padre, envuelto en ira, golpea a Natsuko en el rostro.

Yamato estuvo presente, y a sus tres años fue suficiente para retener la fuerte imagen en sus adentros. El mundo del pequeño comenzaba desmoronarse.

Sin embargo, las cosas comenzaron a mejorar cuando Hiroaki sentó cabeza.

El vinculo de sangre con Takeru era fuerte. Hijo de su fallecido hermano, y hermano de su único hijo (Yamato). El lazo familiar estaba presente. Tenía razones para amarlo.

Y asi fue.

De Hiroaki, Takeru no recibió mas que el amor incondicional de un padre. Y ha Natsuko, no tenia otra opción mas que perdonarla.

Desafortunadamente, las cosas no pudieron quedarse asi.

Después de los eventos terroristas ocurridos el 20 de marzo de 1995, Takeru se volvió un bicho raro. Exclamaba a todo pulmón ver enormes bestias caminando por las calles de Hikarigaoka; tenia pesadillas y terrores nocturnos que truncaban de manera horripilante los sueños de sus padres y hermano; y lo mas escalofriante de todo, los episodios inexplicables de hipotermia que en un par de ocasiones llegaran incluso a poner en peligro su vida.

Pasaron por múltiples psicólogos y psiquiatras, hasta que finalmente llegaron con el Dr. Kuree, quien les dio una explicacion metafísica.

Para alguien tan racional como Natsuko, esa explicación era inaceptable, asi que opto por seguir las afirmaciones de otros psicólogos. La razón por la cual el niño actuaba asi, era por que se estaba reprimiendo ante alguien que le hacia daño.

Ese alguien solamente podía estar dentro de la familia, y para Natsuko, la persona responsable sin lugar a dudas era su esposo.

Las cosas explotaron cuando Hiroaki recibió esas acusaciones. Después de que la perdono por su traición, después de que acepto a su sobrino como un hijo propio, era inaceptable que le enjareten dichas injurias.

Lo que ocurrió después era de esperarse. El divorcio.

...

A sus 13 años, Takeru era totalmente ajeno a la verdad, y al parecer, no tenia ninguna sospecha, o al menos eso es lo que Yamato pensaba.

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17 de Agosto de 2004, 1:15 hrs.
Mundo Digital. Zona Zero.
Guarida de Wisimon.

¿Por que estoy recordando todo esto?

Se preguntaba Yamato, mientras caminaba al lado de su amigo Taichi.

¿Por que tiene que ser en este preciso momento, que los monstruos del pasado, regresan a abrir una herida ya cicatrizada?

¿Tiene que ver con el adversario que los chicos están enfrentando? ¿Ese monstruo tendrá ese poder? ¿El poder de sacar la peor inmundicia de cada individuo? ¿Por mucho que solo haya aparecido como una fugaz idea de tan solo un instante? Una idea netamente maligna, si. Pero que se esfumo de inmediato.

¡Ese monstruo no puede tener ese poder! ¡No!

Yamato siente el humedecer de su calzado mientras observa incrédulo por doquier al percatarse del tenue brillo escarlata que iluminaba pasillo y la neblina que terminaba por opacarle la vista.

El adolescente a penas y se da cuenta en el momento en que Taichi correo disparado lejos de el.

– ¡Taichi! ¡Espera!

Pero tan pronto como el moreno se pierde de su vista, Yamato ve distorsionarse las paredes y todo su entorno. De un momento a otro, ya no se encontraba en la mansión de Wisimon, si no en una espeluznante y oscura habituación, idéntica a donde solía vivir con sus padres y hermano durante su joven niñez.

Un tenue resplandor ilumina justo por encima de las dos infantiles figuras. Una estaba recostada en una humilde cuna, durmiendo tranquilamente con un gesto inexpresivo en su inocente rostro. Era un bebe, de a penas 1 año. A su lado, recargado en el borde de la cuna, un niño de 5 años, rubio de tez blanca, lo mirada fijamente, con una expresión peculiarmente serena.

Yamato se acerca con el escalofrío entumiéndole toda la espalda. Basto un leve vistazo para reconocer a ambos niños. El que estaba recargado sobre la cuna, era sin duda el mismo, y el el bebe dormía en la cuna, era sin duda, Takeru.

El terror petrifico su cuerpo cuando su infantil version tomo una almohada y asfixio con la misma al bebe.

Yamato no podía mover ni un solo músculo. A penas y podía mantenerse de pie mientras veía la brutal escena. El corazón se le desgarro cuando el bebe dejo de luchar.

– No...

Yamato logra dar un torpe paso hacia atrás, solo para caer de nalgas contra suelo.

– Esto es lo que querías – le hablaba una espeluznante e infantil voz.

El terror vuelve a invadir a Yamato cuando el niño que recién había privado de la vida a un bebe Takeru, voltea hacia el para lanzarle una vacía mirada.

– En lo mas profundo de tu corazón, deseabas con todas fuerzas matar a Takeru.

– No... – reprochaba torpemente Yamato.

– Si. Querías matarlo por que arruino la familia a la que tanto amabas. Querías matarlo por que por su culpa, tu padre golpeó a tu madre hasta artarse. – Continuo en tono de burla. – Justo después de que tu padre golpeo a tu madre, te quedaste un largo tiempo observando a Takeru mientras dormía, y deseabas con todas tus fuerzas matarlo, asfixiándolo con la almohada.

– Eso... eso solo fue por un instante. Yo jamas...

– No importa que solo haya sido por un instante. – Le interrumpía súbitamente el niño. – Koushiro pensó solo por un instante en suicidarse, Taichi pensó solo por un instante en violar a su hermana, y con eso basta para que ya lo hayan hecho en sus corazones, igual que tu.

– ¡No, no, no y mil veces no! – lloraba Yamato con ambas manos en la cabeza.

El niño lanza una maligna sonrisa, mientras sus ojos comienzan a brillar con un resplandor purpura.

– Eso es. Niégalo. Niégalo tantas veces quieras. Quédate atrapado en tu propia oscuridad. En el bucle de tus propias tinieblas.

Y el resplandor purpura ennegreció el azul celeste de los ojos de Yamato. La luiz de su mirada se había perdido por completo.

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Parte 4

Los 7 ungidos ante el Maligno

Mundo Digital. Zona Zero.
Guarida de Wisimon.

1:45 hrs

Daisuke, Takeru y Hikari merodeaban por los bastos pasillos de la mansión. Con apenas un tenue resplandor iluminando el oscuro entorno y el eco de sus pisadas recorriendo cada rincón hasta los muros.

– Maldición. – Decía Daisuke entre dientes, mientras veía la pantalla de su D-Dako.

Hace unos 30 minutos, los digimon de Daisuke y Takeru se adentraron a sus dispositivos sagrados sin mas. Todos ya sabían que el D-Dako tenia esa propiedad, pero dicho suceso tan repentino y sin mayor explicación, les perturbaba a los tres.

– Chicos... – Se detenía Hikari de repente. – El estuvo aquí. – Dijo con un nudo en la garganta. – Todo esto, es obra de el.

Ambos chicos fruncen el ceño.

Una voz resuena por todos los pasillo. Como si hubieran varias bocinas escondidas entre las las elegantes paredes.

– ¡Daisuke! ¡¿Me escuchan?!

– ¿Eres tu, Wallace? ¿Donde estas? – Le respondía el moreno.

– En el cuarto de operaciones. – Les respondía el americano. Los tres niños no pudieron dejar de notar el nerviosismo en sus palabras y lo agitado de su respiración.

– Amigo... ¿Te encuentras bien? –le preguntaba Daisuke, con un gesto de preocupación.

– Eso no importa. – Le respondió amablemente con su voz agitada. – Los necesitamos con urgencia aquí. Ademas. Urge que Tailmon entre al D-dako, antes de que su datos terminen por distorsionarse.

La chica cambia su expresión por una de exasperante agobio.

– Hikari. – Le llamaba el americano. – Tu sabes como llegar. Ya están cerca. ¡Corran!

La elegida emprendió camino tan rápido que ha los dos chicos se les dificultaba seguirle el paso.

– ¡Ya casi llegamos!

Los tres niños giran en el ultimo pasillo antes de llegar a la sala de operaciones. Una voz conocida los alarma a lo lejos.

– ¡Takeru! ¡Daisuke! ¡Ayúdenme aquí!

El moreno apenas y ve el resto del agotado Ken, cuando de inmediato dirige su atención en las figuras que el resto de sus amigos socorrian.

Formando una hilera torpe. Ken tenia montado en su espalda a un inconsciente Koushiro. Atras de el. Mikayo e Iorio batallan moviendo el cuerpo de Taichi a rastras mientras la infantil figura de Ryo cargaba sobre si el desfalleciente cuerpo de Yamato.

– ¡Wallace! ¡Sal a ayudarnos!

Tan pronto como el tamer termino de hablar, el americano sale presuroso de la puerta para recibir a Yamato quien era colocado delicadamente en el piso.

– Ahora vuelvo. – Le dijo Ryo con la frente sudada. – No tardo.

El americano asintió mientras Ryo se apartaba corriendo lejos de ellos, al tiempo que Daisuke y compañía llegaron para ver socorrer a sus amigos.

– ¿Que demonios esta pasando? – Les preguntaba Takeru mientras que con ayuda de Wallece, se acomodaba a su hermano en su espalda.

– Una presencia de gran poder esta acechando la "zona cero". – Le explicaba el rubio apenas y dando el tiempo para asimilar sus palabras. – Tan poderosa que hizo que los datos de los digimons comenzaran desfasarse. Wismon logro resguardarse en un espacio seguro junto con Babamon y Jijimon. Miyako, Ken e Iori llegaron a tiempo para resguardar a sus digimons en sus D-Dako.

Mientras escuchaban, Daisuke cargaba Taichi con ayuda de Miyako. Una vez listo, todos entraron a la sala de operaciones mientras continuaban escuchando la explicación.

– Luego, Ryo encontro a Taichi, Yamato y Koushiro en este estado. No sabemos que les paso.

Tan pronto como entraron a la sala de operaciones. La elegida de la luz corre hacia las cápsulas de cristal donde se encontraba su compañero.

– Hikari... – Le llamaba Tailmon con su figura distorsionada a punto de desintegrarse.

– Tailmon... – Continuo la chica mientras sacaba el D-Dako de su bolsillo. – ¡Rápido! ¡Entra!

El digimon asiente, mientras una luz proveniente del dispositivo sagrado lo absorbía sin mas.

Mientras tras de ella, los niños acomodaban a los elegidos mayores en camillas previamente preparadas.

– Nee-san, ¿Puedes oirme? – Le decía Takeru a Yamato mientras lo sacudía con agresividad. – Nee-san ¡despierta!

Todos ven la mirada perdida de Yamato, sin evitar notar sus ojos hinchados y el rastro de saliva saliendo por su boca.

– ¿¡Quien te hizo esto!? – se preguntaba Takeru con coraje, al mismo tiempo que unas finas lagrimas brotaban de sus ojos. Mientras, el resto de los niños se abocan a Taichi y Koushiro.

La mirada de los tres chicos parecía totalmente perdida, sus pálidos rostros permanecían petrificados, como alguien que había perdido los cinco sentidos y parecía solamente un muerto viviente.

– Fue el. – Les dijo Hikari quien recién había llegado a ver el estado de su hermano. La expresión de sus ojos llorosos y su voz llena de rabia eran imposibles de no notar. – ¡Esta aquí!

Y el resonar del eco de las pisadas del impío ente rebotaba por los muros, y a cada paso que se acercaba la temperatura bajaba mas y mas. Pero no era un frío que se pudiera sentir en el ambiente, si no mas bien un frío que era percibido desde el entrañas de los niños que lo aguardaban, y que segundo a segundo se escabullía por cada rincón de sus cuerpos hasta apoderarse completamente de los mismos.

– ¡Ah! – gritaba la chica tras sentir paralizadas sus piernas y caer al piso imposibilitada para mantenerse de pie.

– ¡Miyako!

Pero no era solamente ella. Los cuerpos de Ken, Wallace e Iori tampoco les respondían. El escalofrío que la presencia del ese asqueroso ser provocaba carcomía todas sus fuerzas, dejándolo tirados en el suelo e incapaces de mover un solo músculo.

Para horror de todos, Miyako comenzó a convulsionar y Ken tosió solo para dejar salir el contenido de su estomago.

Daisuke, Takeru y Hikari sienten el ardor quemante de sus tatuajes en forma de corona de espinas, señal de que "el maligno" estaba entre ellos. Sin poder evitar sentir terror, miran el acercar de la sombra en la esquina del pasillo. El escalofrío aumento cuando finalmente, la oscura figura se apareció súbitamente.

Pobres e inmundos humanos... – dijo "el maligno", mientras se abría paso entre las computadoras y monitores.– Atrapados en sus demonios internos, incapaces de lidiar con su propia oscuridad.

Hikari gime al escuchar esas palabras, sin poder evitar dirigir su mirada a los tres elegidos mayores.

– Devuélvemelo. – Le exigió Hikari, con unos ojos llorosos llenos de rencor. – Devuélveme a mi hermano.

El maligno sonríe maliciosamente.

¿Y si no? ¿Que harás? – le decía con burla.

El maligno ente se detiene al percatarse de la infantil mano que sostenía su oscura gabardina. Con desdén, dirige su mirada al piso para observar el desafiante rostro de Iori, incapaz de decir alguna palabra, haciendo un esfuerzo sobre humano para mantener la mirada arriba.

– Iori... – le llamaba Takeru, con preocupación.

El maligno sonríe.

Tu debes ser, ...Hida Iori. Fue asombrosa la determinación que mostraste cuando tu y tu ángel derrotaron a Kazbeelmon. Es natural que controles mejor "el uno".– Decía entrecortando sus palabras. – Pero... en cuanto a los demás...

El maligno ser se aparta con desdén de Iori para luego enfocar su atención en Miyako y Ken, quienes, a diferencia del menor de los ungidos, permanecían petrificados en el piso.

Ichijouji Ken, me decepcionas. – Continuaba el maligno. – El que portaba la semilla del mal debería ser mas fuerte. Ni que decir de tu novia, Inoe Miyako.

El maligno aporta su mirada de la pareja para luego enfocarse en los únicos ungidos capaces de mantenerse en pie. Daisuke, Takeru y Hikari.

Ambos niños se interponen entre la chica y el maligno, mirando desafiantes al acosador.

Mírense los tres. Cuanto han crecido en tan poco tiempo –. Dijo el cuarto angel caído, sonriente. – Fue muy listo de su parte el mantenerse unidos. ¡Ya no podía acercarme ustedes! – Exclamó levantando súbitamente la voz y alzando sus brazos al aire. – Tuve que idear otra forma de llegar a ustedes.

– Maldito. – Le maldijo Takeru.

Su contestable lo miro con burla.

Les quite a sus hermanos. Excepto a ti, Daisuke. Fuera de tu madre vegetal, ya no hay mucho que te pueda quitar ¿No crees? – Rio.

Daisuke lo mira furioso.

Y en cuanto a Koushiro, he querido encargarme de el desde hace mucho. Genai siempre me había advertido de lo molesto que era. Acabar con el si que es un golpe bajo para los niños elegidos.

El maligno da unos pasos mas antes de centrar su mirada en la chica.

Espero que con esto comiences a ver las cosas mas claramente, Hikari.– Le llamaba el maligno ser, cambiando la expresión de su fascies nuevamente por una desdeñosa. – He venido a darte una ultima oportunidad. Aférrate a mi. Invadamos las 7 dimensiones protegidas por Ygdrasill, llevemos a este mundo a la desesperanza digna de su inmundicia.

– Espera. – Le interrumpía una débil voz tras de si.

El maligno voltea sorprendido de que alguien ademas de los tres niños de enfrente tuviera las suficientes fuerzas como para hablarle.

– Wallace. – Le llamaba Daisuke, son preocupación.

Por supuesto ¿Como pude olvidarme del ultimo de los ungidos? – Dijo el maligno mientras caminaba lentamente dirigiéndose hasta el dolido niño que se encontraba boca abajo en el piso, y que justo apenas y podía levantar la mirada – Quien diría que después de ellos, tu serias el que mejor controlara "el Uno", Anderson Wallace *2.

– Cuarto. Eres un ser con un infinito poder. ¿Porque insistes en utilizar a Hikari? – Le pregunto Wallace, débilmente.

Por primera vez, "el maligno" frunce el ceño.

– Alguien como tu podría distorsionar el espacio tiempo y acceder sin problema a las otras dimensiones. Aun así, insistes en utilizar a Hikari. ¡¿Porqué?! ¡¿Dime porqué?!

Mientras hablaba con tono valeroso, el americano pudo levantarse, no sin notar un agobiante peso debilitando cada uno de sus músculos. El maligno solamente se limitada a mirarlo desdeñoso.

Una vez erguido, Wallace ve de frente al maligno.

– ¿Acaso, temes que te derrotemos si te manifiestas en tu verdadera forma? ¡Responde, cuarto! – le preguntaba desafiante.

Un silencio sutil se hace presente por unos cuantos segundos. A penas y se percibió cuando su leve risa comenzó a romperlo. Risa que crecía poco a poco hasta convertirse en una gran carcajada que retumbaba por cada rincón de la enorme mansión.

El americano a penas y sintió la helada palma que lo abofeteó en el rostro, no sin evitar tropezar y caer al piso.

– ¡Wallace!

El maligno se acerco sutilmente al niño, después de derribarlo con rabia.

No seas estúpido... ¿Yo? ¿Vencido por ustedes? – Se burlaba.– El uno comparte su naturaleza conmigo. Soy como el caos para con las tinieblas absolutas. – Continuaba mientras se agachaba para tomar el rubio por los cabellos y obligarlo a verlo de frente. El elegido apenas e hizo un gesto de dolor. Su asechador comenzó a hablar, despacio. – Aunque alcancen su máximo potencial, solamente lograrían contenerme.

– Entonces ¿Por que? – Le desafiaba el elegido, sin titubear ni un poco ha pesar de ser maltratado.

– Basta, Wallace. – Le suplicaba Hikari, por miedo a que fuera nuevamente golpeado.

El maligno le sonríe.

Libertad. – Le respondió fríamente. Wallace le lanzo una débil mirada. – Si yo estuviera aquí para hacer lo que, se supone, es la razón de mi existencia... ¿Qué caso tendría mi rebelión?

Terminada la charla, el maligno ser azota la frente del muchacho contra el piso. Esta vez, Wallace no puede evitar gritar.

– ¡Ya fue suficiente! – Explotaba Daisuke, lleno de rabia. – ¡No lo toques!

El moreno saca su resplandeciente D-Dako. Y al igual como cuando lo utilizaba para atacar a Takeru, dejo salir un destello luminoso que se dirigía imponente contra cuarto ángel caído.

– ¡No, Daisuke! – Le detenía Takeru.

Pero el destello fue lanzado, azotando con fuerza contra el maligno ser y apartándolo lejos del americano.

El moreno corre de inmediato a socorrer a su amigo. Ya estando a su lado, le ayuda a sentarse en suelo.

– Daisuke. El "Uno" no es un poder para destruir. Estoy seguro que lo sabes.– Le llamaba Takeru. – Si nos dejamos llevar por nuestra emociones y utilizamos este poder para atacar, tarde o temprano el nos ganara.

El moreno asiente sin mas.

Recibido el ataque, el maligno se reincorpora como si apenas y hubiera sido empujado por una fuerte ventisca. Daisuke, sereno, comprueba como el rubio tenia razón. La ultima vez que el moreno ataco a "el maligno" con el poder divino, este termino en una forma deplorable. Pero en esta ocasión, no parecía haber tenido ningún efecto.

O eso aparentaba.

Una energía humeante aparece de la nada y rodea la oscura figura del ser maligno. Moviéndose alrededor de su cuerpo como una pequeña nube de tormenta guardando truenos y centellas en su interior.

Los niños siente el escalofrío intensificarse, al tiempo que la extremidad izquierda de su enemigo crecía descomunalmente. La enorme garra negra comenzó a abrirse paso de manera brutal an punto de cortar el cuello de Daisuke.

En el momento critico, una luminosa figura se interpuso entre el moreno y su contrincante.

Yggdrasil. – Alcanzo a decir el cuarto.

Ahí estaba, Akiyama Ryo, vestido en luz pura. Sus ojos habían perdido el iris azul y solamente mostraban la blanca conjuntiva. Sus pestañas y cabellos castaños fueron sustituidos por la flamas plateadas.

– Basta.– Alcanzo a decir el adepto, en esa sorprendente forma.

El maligno lo mira, serio.

Pasados unos cuantos segundos, Wallace se aparta de Daisuke y se pone de pie de manera imponente.

Para sorpresa del cuarto ángel caído, el no era el único. Miyako, Ken e Iori también se pusieron de pie, lanzándole una mirada desafiante.

Todos lo desafiaban de frente, interponiéndose entre el y los tres ungidos portadores de los tatuajes de corona de espinas.

– Ellos ya no están solos. – Advirtió Ken.

– Te derrotaremos. – Dijo el joven Iori, de manera valerosa.

El maligno sonríe.

Bien. Si así lo desean. Comenzaremos con la diversión.

Una energía llameante comenzó a consumir poco a poco al maligno. Su piel y vestimentas se comenzaron a desquebrajar como si se tratara de un viejo cartón sucio, dejandose consumir por el fuego viviente.

¡AKIYAMA RYO! – Le hablaba ferozmente el maligno, antes de esfumar su pútrida esencia. Su voz resonaba como eco incesable. – ¡EL EVENTO PRINCIPAL QUE TANTO HAZ AÑORADO AL FIN SE HARA REALIDAD. –

Y justo cuando el oscuro ente desapareció, sus ultimas palabras permanecieron como zumbidos.

DAISUKE, TAKERU, HIKARI... – Continuo. – LOS ESTARE ESPERANDO EN LA ZONA OSCURA. VENGAN A MI, SI ES QUE SON CAPACES DE ABANDONAR TODA ESPERANZA...

Y así, la oscura esencia, al fin desapareció.

...

Silencio.

...

Ryo retorna a su infantil figura de niño de 10 años. No sin pensar en sus adentros que era la primera vez que los 7 ungidos por el poder divino, estaban reunidos.

Wallace se reincorpora, solo para notar el hilo de sangre que se formo en su frente. Miyako siente la necesidad de caer al piso. El temer la sostiene. De inmediato Ken fue a socorrerla.

Hikari invita a Wallace a sentarse en una de las camillas, mientras le ofrecía una trapo húmedo para limpiarse la sangre de la frente. El niño le agradece.

Luego, todos vuelven a ver el deplorable estado en que se encontraban Taichi y compañía.

– Iori. – Le llamaba Ryo.

El chico lo mira.

– Tenemos que apresurarnos.


Epilogo:

Preparativos antes de la guerra

17 de Agosto de 2004, 12:13 hrs.
Base de las Fuerzas de Autodefensa de Japón
Ichigaya, Tokio.

La cima del enorme edificio estaba perfectamente bien adaptada para servir como helipuerto. En el centro, justo donde el helicóptero aterrizaba cuidadosamente, la insignia de las fuerzas de autodefensa japonesas estaba plasmada en la plataforma de mármol.

Dos militares son los primeros en bajar del helicóptero, uno de ellos se ofrece para ayudar a descender a un tercer pasajero. Un hombre de mediana edad uniformado con una campera color azul verdusco y un elegante gorro de color negro. El escudo del país del sol naciente estaba bordado en su cuello, y en su hombro izquierdo la insignia de cuatro estrellas pentagramadas y con cierto parecido a las flores de cerezo. Dicha insignia solamente era portada por los jefes militares de más alto rango.

̶ ¡General! ̶ Se le acercaba una joven cadete.

El hombre no dejo de caminar con prisa. La joven le seguía el paso a su lado,

̶ ¿Cuánto tiempo esperaron? ̶ pregunto con un tono serio.

̶ No más de veinte minutos.

El general y su acompañante se adentran al edificio, para luego dirigirse a la oficina principal. El silencio dentro de la misma era tranquilizador. El olor a madera fina de los muebles antiguos y el tapete de terciopelo contrastaban perfectamente con el piso de madera. Al fondo un sutil pero elegante escritorio lo esperaba, y atrás del mismo, colgado a unos metros en la pared, el retrato del primer ministro japonés le daba a la hermosa oficina un ambiente imponente.

Tres personas lo aguardaban pacientemente.

̶ Ha pasado mucho tiempo. General de las Fuerzas terrestres de Autodefensa, y actual jefe del Estado Mayor. ̶ Le dijo el anciano casi idolatrándolo. ̶ Oriki Takeshi

̶ Chikara-san. ̶ Dijo el militar, sin poder ocultar una mirada llena de nostalgia.

Los ojos color marrón del general de inmediato se fijaron en los dos niños que acompañaban al anciano.

Es idéntico a Hiroki pensó tras mirar de frente a Hida Iori

El militar no puede evitar fruncir el señor tras visualizar a su tercer invitado.

̶ Joven. Preséntese. ̶ Le ordeno con una voz rasposa.

̶ Akiyama… Ryo. ̶ Respondió el tamer.

El general voltea a ver a la cadete que lo acompañaba para asentirle sutilmente, acto seguido, la mujer salió de la habitación presurosa. Luego, se volvió a dirigir a sus tres visitantes.

̶ Por favor, tomen asiento.

Dijo mientras el mismo se sentaba en su elegante escritorio, Chikara e Iori hacen uso de las dos únicas sillas. Ryo se limitó a quedarse de pie entre ambos.

̶ Takeshi. Antes que nada, quiero agradecerte por cumplir tu promesa y recibir al hijo del hombre que murió protegiéndote hace cinco años.

̶ Solo hago lo correcto, no solo se lo debo a tu hijo, sino también a ti por todo lo que me enseñaste durante mis años en la policía. ̶ Le respondió con una tenue sonrisa. No sin perder lo rasposo de la voz que ya le caracterizaba, y que solo se podía describir como la de alguien susurrándote en voz alta.

̶ Es un honor poder verlo de frente, general. ̶ Dijo Iori con un tono sereno y lleno de respeto. ̶ Mi abuelo me ha hablado mucho de usted. Entro a milicia a muy temprana edad, destacándose como un cadete ejemplar. Poco después de obtener el título de capitán, quiso dejar las fuerzas de autodefensa para entrar a la policía japonesa, donde a su parecer, podía servir mejor a nuestra nación. Siempre se caracterizó por un gran sentido de justicia y responsabilidad, nunca perdió sus valores a pesar de que el sistema lo obligaba a corromperse, dicha determinación le costó su puesto al intentar delatar a un funcionario corrupto. Recupero su empleo y llego a ser comisario. Luego, por nuevas políticas del anterior primer ministro, fue llamado de nueva cuenta al ejército, donde por sus antecedentes y habilidad, ascendió a los altos puesto de manera muy rápida. Recién fue nombrado Jefe de estado mayor, mi padre le dio su vida al protegerlo de un tiroteo después de los atentados terroristas de 1999 en Moscú. Al parecer se encontraban ahí escoltando al primer ministro quien había asistido a una convención secreta de la ONU. ¿Me equivoco?

̶ No. Todo lo que dijiste es cierto. ̶ Le respondió el alto funcionario. ̶ Entonces… Iori-kun ¿En qué te puedo servir?

El niño lanzo una mirada llena de determinación antes de su próximo movimiento. Escondido entre sus ropas, tras retroevolucionar, Upamon emerge para acomodarse en el hombro del chico. Al mismo tiempo, ambos elegidos sacan sus digivaices y los muestran como prueba.

̶ Ha… ̶ reía sutilmente el general. ̶ Entonces tú eres uno de los niños que tiene digimons. La verdad es que me sorprendiste.

̶ General Oriki. ̶ Continuo Iori luego de revelar su secreto. ̶ Necesitamos su ayuda.

̶ ¿Qué es exactamente?

Iori traga saliva antes de continuar.

̶ Pronto habrá otra invasión de digimons. Será a gran escala, mucho más devastadora que cualquier otra que haya ocurrido antes.

̶ ¿Qué dices? ̶ pregunto sorprendido, con una gota de sudor escurriendo por su mejilla.

̶ Ryo-san… ̶ Le llamo el chico…

̶ Si.

Y el tamer saca su D-Ark para proyectar un amplísimo mapa de Tokio circunscrito por líneas fluorescentes cuyo resplandor iluminaban la habitación. El funcionario ve sorprendido la imagen holográfica que casi cubría todo el techo de su oficina. Cinco puntos rojos parpadeaban segundo a segundo, señalando lugares específicos.

̶ Hemos detectado campos digitales en estos sitios: La televisora Fuji en el distrito Daiba. La zona habitacional de Hikarigaoka en el distrito Nerima. El edificio del gobierno Metropolitano en Shinjuko. La estación de Shibuya del metro de Tokyo y la escuela secundaria de Shinonome, en el distrito Kouto. ̶ Puntualizaba Ryo. ̶ No son campos cualesquiera, pronto darán origen a puentes de luz que ascenderán desde la tierra y conectaran directamente a la zona oscura del mundo digital. A través de ellos, los digimons podrán moverse libremente hasta el mundo real.

Oriki mira la proyección con una muesca de incredulidad. El llamado de su asistente lo hace entrar en razón.

̶ Ellos están correcto. ̶ Le hablaba la joven cadete mientras le entregaban un folder lleno de papeles. El general los hojea con rapidez. ̶ Ya le habíamos informado sobre el extraño resplandor purpura que apareció justo en el centro de la televisora Fuji hoy en la madrugada. Posterior a eso detectamos actividad inusual en las redes, proveniente de esos cinco lugares en específico.

La muesca de incredulidad cambio por una llena de preocupación.

̶ Por eso estamos aquí, General. ̶ Continuo Iori. ̶ Queremos que evacue esos cinco distritos, y que nos deje el campo libre para la batalla.

El militar trato de asimilar esas palabras lo más que pudo.

̶ Dicen que será una invasión a gran escala. ¿De cuántos salvajes estamos hablando?

̶ Muchos. ̶ Apresuro a hablar el tamer. ̶ Cientos de miles.

̶ ¿Cuánto tiempo tenemos?

̶ No más de tres días. ̶ respondió Iori.

̶ ¿Cuántos son ustedes?

̶ Todos los niños de otros países vendrán para librar esta última batalla. ̶ Le respondió Iori.

̶ Menores extranjeros en nuestra nación. Otro problema. ̶ Rio de nueva cuenta el militar, apartando su fastidiada mirada de la proyección lanzada por el digivaice de Ryo. ̶ ¿Cuántos son? ̶ Repitió la pregunta.

̶ Seremos alrededor de 1200. ̶ Le respondió Ryo.

Oriki suspira profundamente, y luego lleva sus manos hasta sus sienes para intentar apaciguar el dolor de cabeza que la lluvia de ideas le ocasionaba.

̶ Por favor, quita esa proyección. ̶ Le solicitaba a Ryo. El Tamer accedió de inmediato.

̶ Takeshi. ̶ Le hablo Chikara. ̶ Las maquinas del ejército no sirven contra los digimons, y lo sabes. Dejen que los niños elegidos se encarguen de esto. Para eso existen.

El militar calla y se limita a cerrar los ojos para reparar las palabras del anciano.

El tamer se dispone a hablar, no sin dudar mil veces lo que estaba a punto de mencionar, y no sin sentir que estaba a punto de poner en peligro a sus acompañantes y así mismo.

̶ El proyecto de digimons sintéticos en el que estaban trabajando también fracaso. Esto solamente lo podemos enfrentar nosotros.

El General Oriki miro a Ryo con el ceño fruncido. El tamer sintió escalofríos.

̶ Chikara-san, Iori-kun. ̶ Dijo sin poder evitar entrecortar sus palabras. ̶ Salgan por favor, déjenme a solas con este muchacho.

Para hacer presión, dos cadetes se acercaron hacia ellos, mismo que los escoltaron hacia la salida. Antes de retirarse, Iori intercambia una mirada serena con el tamer.

Tan pronto como los Hida se retiran, el chasquido que Takeshi hizo fue la orden para que tres oficiales se acercaran con sus armas y apuntaran de cerca contra el Tamer. Ryo frunce el ceño y mira de frente al General.

̶ Sabes. Si hay algo que he aprendido en mis años trabajando en la defensa de este país, es que no importan que tan noble parezca una lucha, siempre tiene que haber alguien que haga el trabajo sucio desde las sombras. Aplica para todos, incluso para los niños elegidos. ̶ Le dijo a Ryo señalándolo en tono amenazante. ̶ Se reconocer a ese tipo de ratas con tan solo verlos.

El niño no mueve ni un músculo. La cadete que acompañaba al general hace entrega de otro folder lleno de papeles. Luego de hojearlos con rapidez, el militar los bota cerca del tamer.

̶ ¿Ves?

Ryo mira los papeles que el general boto con tantos despeche. Entre ellos, se encontraban algunas fotos del tamer en su último encuentro con Misuno. El niño se muerde el labio. Al final, no pudo deshacerse de toda la evidencia.

̶ ¿Sabe lo que estaban haciendo? ̶ le pregunto de frente al general, esta vez sin poder evitar sonreír arrogantemente.

̶ No actúes como si lo supieras todo, mocoso ̶ le respondió con desdén.

̶ Entonces es un cómplice. ̶ Le respondió Ryo.

̶ ¡Los seres sintéticos se estaban creando para detener la invasión de los digimons! ¡PARA EVITAR UNA GUERRA! ̶ Grito el general furioso.

̶ ¡LA GUERRA OCURRIRA DE TODAS FORMAS! ¡MI DEBER SOLO ES EVITAR QUE LOS DIGIMONS PARTICIPEN EN ELLA!

El general Oriki mira sereno al tamer. Todos continuaron inmóviles por unos cuantos segundos.

̶ Desde los eventos del 11 de septiembre de 2001 ocurridos en Nuevo York, las tensiones entre las grandes potencias han empeorado. ̶ Continuo el tamer con la mirada vidriosa. ̶ Solo basta una excusa para que todo el mundo comience a matarse entre sí. Usted lo sabe.

El general baja la mirada.

̶ Juntos podemos hacer de esta guerra menos temible. Podemos evitar que los digimons se involucren...

Todos callan por unos instantes. El general voltea a mirar las fotos que evidencian a Ryo como el asesino de Misuno.

̶ ¿También fuiste tú quien mato a los científicos que estaban en el laboratorio el 8 de Agosto? ̶ Le pregunto, rompiendo el hielo, sereno.

̶ Si. ̶ Mintió el tamer, casi con cinismo.

̶ Pagaras por esto. ̶ Lo amenazaba el general. ̶ Descubriré quien eres, y te haré pagar por todo. Pero antes… ̶ Continuo cambiando su expresión de manera abrupta. ̶ Tenemos una ciudad que evacuar.

El jefe de estado mayor volteo a ver con firmeza a los cuatro cadetes que estaban acompañándolo en aquella dramática escena. Tres varones y una mujer. Uno a uno los miro directamente a los ojos con firmeza.

̶ Lo que acaba de pasar aquí, se mantendrá como ultra secreto. ¿¡Escucharon!?

̶ ¡Si señor! ̶ Le respondían los militares.

El General asintió. Inmediatamente los soldados que apuntaban al tamer se apartaron.

̶ En cuanto esté todo listo, se darán cuenta. ̶ Le dijo Takeshi con firmeza, mientras le entregaba un teléfono celular. ̶ Este celular es únicamente para mantenernos en contacto. No hablare con nadie más, que no sea contigo.

El tamer asiente con nerviosismo.

̶ ¡Puedes irte!

Tan pronto como Ryo se dio la media vuelta y dio unos cuantos pasos, el rasposo grito del general se escuchó por toda la oficina.

̶ ¡Atención todos! ¡Tenemos 5 distritos que evacuar! ¡El tiempo límite son tres días!


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CONTINUARA...

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Notas de autor:

Wow.

Creo que esta vez si rompí récord.

2 años 7 meses escribiendo este capitulo.

Creo que no había tardado tanto en actualizar desde que publique los episodios 26 y 27.

Diría que que obedece a varios factores. El principal, es el hecho de que estoy por terminar la especialidad médica en Hematología, y uno tiene que enfocarse en prioridades. Mentiría ademas si les dijera que no tuve una falta de inspiración o de motivación.

De cualquier forma. Solo quiero decirles que para poder escribir este episodio tuve releer una y otra vez fragmentos de los capítulos pasados, investigar un poco acerca del gobierno japonés, y también un poco de la historia contemporánea a la época en la cual se supone la historia se esta desarrollando. Desde luego que también me base en los animes y series que he visto mas recientemente.

En cuanto a los temas tratados, pues he querido dar a entender en múltiples ocasiones que la maldad es mas que un monstruo con cuernos y alas. La maldad, son actos premeditados, y el ser humano dentro de su raciocinio, tiene la capacidad para contenerlos o para justificarlos.

Seguro me tardare bastante, pero espero tener listos los últimos episodios en algún momento. Comenzare a escribir las batallas finales que son las partes en las que tengo mas ideas. Mientras estaré al pendiente del nuevo anime y veré la ultima pelicula de adventure, con la esperanza de obtener mas motivación he ideas para finalmente completar la historia.

Nuevamente veo esta como una oportunidad para atraer ha nuevos lectores y para aquellos que interrumpieron su lectura, la retomen y disfruten.

Cuídense en esta contingencia.

Saludos.


1 Hikikomori: Termino japonés para referise al fenómeno social que consiente en personas apartadas que han escogido abandonar la vida social; a menudo buscando grados extremos de aislamiento y confinamiento, debido a varios factores personales y sociales en sus vidas.

2 Anderson Wallace: Pase un buen rato buscando el apellido oficial de Wallace. El único indicio fue el de "Anderson", sin embargo, no es algo que me conste.