¡Hola!

Este SasuGaa lo escribí el año pasado. Sin embargo, al releerlo, me di cuenta de que no estaba muy satisfecha con la redacción, así que le hice modificaciones. La historia es la misma, solo quería quedar satisfecha con el escrito :D

ADVERTENCIAS:

1. Las principales temáticas que aborda son el suicidio, la depresión y la inestabilidad emocional.

2. AU y OoC

Y pues, creo que vale aclarar que todo es ficción, producto de una mezcla de canciones de Interpol xD


SEA WATER

~SasuGaa~

. . .

Well, she was my catatonic sex toy love-joy diver
She went down, down, down there into the sea
And she went down, down, down there, down there for me

[ Interpol, Stella was a diver and she was always down ]

. . .


Gaara sabía que su piel quemaba. El fuego me hacía sudar hasta derretirme, me hundía. Él se metía en su papel de verdugo y decía constantemente que era mejor con las luces apagadas; así movía sus caderas entre las penumbras, privándome de explorarlo por completo, pero haciéndome arder hasta el punto de volverme loco.

La manera en que frotaba su cuerpo desnudo contra mí le arrancaba gemidos suaves. Estoy seguro de que, en todas esas ocasiones, él me miraba con la boca abierta y los labios cubiertos de saliva; el ceño fruncido para no hacer evidente que su mirada desbordaba placer aguamarina.

Yo le apretaba los muslos, con la horrible incomodidad de la ropa sobre mí. Prefería concentrarme en eso: en el goce de mi miembro erecto, en lugar de pensar que Gaara estaba completamente desnudo, y que, por su capricho, yo no podía contemplarlo.

Más de una vez le pregunté, ¿por qué sin luz? Si desde hace tiempo, yo tocaba hasta la parte más íntima de su cuerpo como un ciego aprendiendo el braille. Pero él siempre echaba la misma excusa: Porque eres un esclavo de los detalles.

Pero si desde un inicio mi vida fue un chiste, ¿por qué habría de importarme?

Me volví esclavo de los detalles desde que comencé a ponerme expectativas. Vamos, Sasuke, tienes que ser como tu hermano. Itachi no comete errores, ¿es que no lo ves? Él se fija en los detalles, cuida que todo sea perfecto. ¿Por qué no te esfuerzas un poco más? Creo que olvidé si quien decía eso era mi padre, mi madre o mi propia consciencia.

Lo que sí recuerdo es a Itachi dándome la espalda, caminando siempre delante de mí, pretendiendo que me dejaba el camino libre. La envidia brotó como margaritas desde los doce años, aunque todos esos sentimientos de inferioridad se acumularon en mi interior durante diez años más. Jamás pude deshacerme de ellos porque Itachi, con esa cálida y perfecta sonrisa de hermano mayor, nunca me permitió odiarlo. Entonces, volqué todo ese sentimiento sobre mí.

Hice grandes esfuerzos por dejar de ser la persona que odiaba y convertirme en una imitación de mi nii-san (un inútil intento de ganarme a mis padres y formarme personalidad): Mi reputación era la de aquel que combina perfectamente su lado social y carismático con un ratón de biblioteca. Terminé una ingeniería con mención honorífica, notas envidiables y, como plus personal, un largo historial de chicas que pasaron por mi cama.

Pero todo ese esfuerzo (¡todas las pastillas, las bebidas energéticas, el alcohol, las noches en vela y mi excesivo perfeccionismo!) solo me sirvió para ser un gerente mediocre en el área mediocre de una empresa mediocre; no el famoso neurocirujano, no el galardonado director del Hospital General de Tokio. Ese es Itachi.

Aunque sí (quizá), tal vez alguna fuerza superior se compadeció de mí y me recompensó con algo que nunca tendría mi hermano. La primera vez que lo vi fue cuando me lo presentaron como mi nuevo subordinado. Se había graduado en contaduría; decían que obtuvo un puntaje sobresaliente en habilidad abstracta y matemática durante las pruebas psicométricas, casi rozando el nivel de genio.

Gaara llegó a mi vida con veintiún años encima, y tres días después él estaba en mi cama, sobre mí en plena oscuridad, con las piernas extendidas mientras tomaba mi pene de entre la cremallera del pantalón y lo introducía en su cuerpo desnudo.

Siempre me pareció que él olía a agua de mar, salina y peligrosa. Agua marina que revuelve las profundidades y engulle todo a su paso. Pero una vez que estuve dentro de Gaara, supe que estaría gustoso de sentir su piel quemándome con cada roce hasta la muerte.

Todas las tardes, llegábamos a mi departamento y él se montaba sobre mí sin darme tiempo siquiera de desabrocharme los pantalones. Gaara me recostaba con sus manos delgadas, dedos largos y suaves antes de que el ritual comenzara. Nuestros cuerpos hacían fricción sobre la tela hasta que ambos estábamos tan duros que resultaba doloroso. Entonces, él apoyaba ambas manos sobre mi pecho y se mordía los labios. Ayuda con las luces apagadas, decía, y dejaba el cuarto en penumbras, privándome de su figura cuando comenzaba a desnudarse.

En nuestras horas después de follar, el olor del cuarto era una combinación de sexo, cocaína y agua de mar. Generalmente era yo el que hablaba mientras Gaara me escuchaba con atención, su cuerpo cubierto por las cobijas bajo la luz de la habitación. Él me contemplaba con esos grandes ojos aguamarina, delineados por rastros negros de insomnio. Mucho tiempo creí que le gustaba saber de mí; ahora pienso que también estaba tratando de evitar que yo preguntara cosas sobre él.

Un día, entre tanto, lancé una pregunta: ¿Por qué esperaste tanto tiempo para encontrar trabajo luego de terminar tu carrera? Gaara, que estaba recostado sobre mi pecho, levantó su cabeza de la misma forma que lo haría un gato, e imaginé un par de orejas pelirrojas irguiéndose ante una señal de alerta.

Yo sabía que la respuesta tenía que ver con el agua de mar, porque sus ojos eran acuosos cuando me miró. Pero él casi nunca hablaba sobre sí mismo, y hubiese sido un milagro que lo hiciese en ese momento. Su simple excusa (tuve contratiempos) no explicaba nada. Entonces pensé que, al contrario de mí, Gaara era una persona que buscaba pasar por la vida como si fuese invisible, cubriendo con sus dedos la luz del sol, probablemente acostumbrado a escuchar que era un problema.

Se me ocurre una idea bastante descabellada, aunque mi chico de cabellos bermellón no está aquí para confirmarla. Aquella vez le pregunté qué tipo de contratiempo tuvo, sin embargo, él cerró la conversación con un beso en los labios, arrastrándome a mis deseos egoístas de poseerlo otra vez.

Y en el vaivén, su cuerpo me pareció más vulnerable.

Quizá todo se limita al agua marina; en este momento, el viento que choca con mi rostro huele a mar. ¡Oh, es verdad! Ahora recuerdo que la sensación de ese olor la conocí mucho antes de que Gaara (el pelirrojo errático de mi corazón) llegara a mi vida.

Yo tenía veinticinco años, un auto de último modelo y una pistola pegada en mi sien derecha. Era de noche, el río que conectaba con el mar traía consigo su característico olor. Yo miraba las luces de la cuidad reflejadas en el agua como si ahí destellara el recuerdo de mi familia. Mis pensamientos revoloteaban tan fuerte dentro de mi cabeza que la mano que sujetaba el gatillo temblaba patéticamente: Estoy harto de estar estancado en esta mierda. Jamás alcanzaré mis expectativas, no soy más que una maldita imitación y no encuentro otro modo de deshacerme de todo esto.

Pero era un cobarde (prometo que no habrá una segunda vez).

Pensé en volver a mi auto cuando me percaté de que no era el único que estaba viviendo un infierno. De hecho, salió en el periódico: "Joven de diecinueve años intenta suicidarse lanzándose al río: se encuentra en estado crítico de hipotermia".

El chico había echado un grito en su intento por tomar coraje para saltar; noté su presencia gracias a eso. Se miraba delgado y frágil allá en el puente, las luces de la ciudad iluminaban su piel blanca y el cabello negro como la brea, pero la distancia no me permitió distinguir las líneas de su rostro.

Aun así, solté la pistola y estuve a punto de gritarle… ¿Qué intentaba gritar? No recuerdo. Antes de poder articular cualquier palabra, llegó una patrulla y él se lanzó al agua.

Algunas veces, cuando acariciaba la melena roja de Gaara después de hacer el amor, venía a mi mente la imagen del chico de cabello negro. Ambos olían a agua de mar. Ese detalle siempre estaba presente. ¿Quién es Gaara? Me preguntaba yo. Gaara es el chico que huele a agua de mar.

Pero no eres solo eso, ¿cierto, Gaara?

Tú dices que soy un esclavo de los detalles, y es verdad: No permitías que mis ojos te vieran mientras teníamos sexo, aunque jamás consideraste que mis manos sí te sentían. Conozco todos los detalles de tu cuerpo: las cicatrices en tu espalda, las pequeñas protuberancias verticales a lo largo de tus brazos, las marcas que a veces sobresalían de tu camisa cuando te aflojabas la corbata y, claro, la cicatriz que formaba el kanji "amor" en la parte derecha de tu frente, esa que siempre ocultaste con tus cabellos bermejos.

Siempre pensé en ti como el chico más solitario del mundo. Por eso estoy seguro de que aquellas marcas ocurrieron hace años, quizá durante tu infancia.

Nunca hablaste de tu pasado, te limitabas a escucharme despotricar contra mi familia y mis complejos de inferioridad (es posible que eso representara el ochenta por ciento de nuestras pláticas). Sí, creo que disfrutabas limitarte a oírme, y a mí me gustaba ser escuchado por ti, Gaara, porque me mirabas con ojos tiernos, como si tuvieras ganas de abrazarme, aunque casi nunca lo hacías.

A veces siento que te odio. Dijiste eso en una ocasión, mientras caminábamos por la calle. Yo te observé, presa de una sensación amarga en el pecho, pero tu mirada me tranquilizó porque no había ni una pizca de odio en ella. Sé que te molesta, pero tú tienes algo que cualquiera desearía. Creo que eres idiota por no valorarlo.

¿Y qué es? Una familia, eso es lo que pensabas decir. Alcancé a leer esa palabra en tus labios curtidos por el viento de invierno (siempre te dije que cubrieras tu rostro durante las nevadas). Sin embargo, salió de tu boca algo totalmente diferente: Maldita la suerte que tienes con las mujeres.

¿Eso importa? ¿En qué estaba?

Oh, cierto.

La respuesta ahora me parece bastante obvia. En realidad, siempre estuvo presente. Lo noté en la oficina, cada que alguien comentaba lo rico que cocinaba su madre, o que había ido a un partido de hockey con su padre. Tú arrugabas la nariz y la rascabas para que nadie se diese cuenta. En tu escritorio no tenías retratos familiares ni objetos personales más que un pequeño cactus. En tu primer día en la oficina, te presentaste solo como Gaara, dejándome un montón de dudas: ¿Y quienes son tus padres? ¿A qué familia estás ligado? ¿Tienes hermanos? ¿De dónde vienes?

Tú eras solo Gaara.

Aunque claro, objetivamente provienes de un lugar. En tu acta de nacimiento te registraron como Sabaku no Gaara, hijo de Sabaku no Raasa y Mizuna Karura. Tu padre es medianamente conocido en el mundo de la política, mientras que tu madre es la cuñada del hombre.

En tus documentos (hasta hace poco almacenados en Recursos Humanos) leí que alguien más fue tu tutor durante la secundaria. El nombre del tipo… ¿Baki? Sí, ese es. Está escrito debajo del tuyo, a un lado de tu foto.

Apenas la recuerdo. Me hubiese gustado grabar cada detalle de cuando eras un estudiante de secundaria, pero Karin estaba tocando la puerta. Durante medio segundo, observé tus ojos, que ya estrenaban sus marcas de insomnio; observé tu expresión, la línea de tu boca que no había aprendido a sonreír; tu cabello, negro al igual que la brea… negro, que te caía por el cuello hasta por arriba de los hombros…

Una vez me dijiste que odiabas el color de tu cabello. Casi ronroneabas mientras sentías mis dedos enredarse entre tus hebras rojizas; aun así, dijiste que lo odiabas. Pero es bonito. Las cosas poco comunes llaman la atención, te dije. Y tú contestaste que efectivamente esa era la razón, luego guardaste silencio y hundiste el rostro en el hueco de mi cuello, ahí donde cabías tan bien.

Gaara, ¿existe la posibilidad de que me respondas ahora? Yo conozco toda la verdad, pero quiero escucharla de ti. Quiero que me des permiso de conocerte. ¡Es lo justo! ¡Tú sabes todo de mí!

Teñías tu pelo de negro porque odiabas cuando tu madre te gritaba que lucías igual al hombre que la usó y la abandonó. Lo dejaste crecer porque querías evitar que alguien viera la cicatriz que ella te hizo en uno de sus arrebatos de locura, cuando aún eras muy niño. Conservaste ese color porque así era más fácil que la gente te ignorara: ¡La forma perfecta de desaparecer!

¡Y siempre decías que era mejor con las luces apagadas!

No me dejabas ver tu cuerpo con la excusa de que soy un esclavo de los detalles, ¡pues adivina qué! Este esclavo de los detalles sabe que no se trataba de un capricho tuyo. No querías que viera las quemaduras de cigarro que el alcohólico de tu padrastro te hizo en la espalda, las cicatrices, lo mancillado que te dejó, ni los vestigios de las laceraciones que te hiciste en los brazos durante tus miles de intentos por terminar con todo, antes de pensar siquiera en saltar del puente.

¡Gaara, responde! ¡Estoy aquí! Si continúo gritando, alguien va a venir ¡Sé que estás ahí porque huelo el agua de mar!

No era mejor con las luces apagadas. Eso solo te ayudaba porque temías que yo viera cuán sucio te concebías.

Siempre me mantenías con la ropa puesta. Yo moría por sentirte mientras tú pensabas en lo terrible que sería mancharme.

No hablabas sobre ti. Te conformabas con escucharme porque me querías más que a ti mismo.

Nunca me callaste. ¡Siempre cuidaste de mis sentimientos con tanta delicadeza!

¿Fuiste malo por marcharte? Yo soy peor por no dejarte ir.

Mis pies ya no están tocando el suelo. Mi cuerpo quiebra el aire y pronto hará lo mismo con el agua de mar. A medida que caigo, recuerdo la primera vez que saltaste del puente y mi inútil intento por impedirlo. Yo quería gritarte "¡No saltes!"

Lo sabes, ¿verdad, Gaara? Yo jamás tuve la posibilidad de salvarte. Pero ahora regreso a ti, porque fuiste lo único bueno que tuve en la vida. Sé que las cuarenta y ocho horas que llevas habitando bajo el agua de mar, has estado esperando por mí.

There's something that's invisible

There's some things you can't hide

Try to detect you when I'm sleeping

In a wave you say goodbye


(Escrito en mayo, 2020)

Este one-shot está repleto de referencias a "Stuck on the puzzle" de Alex Turner, y dos de mis canciones favoritas de toda la vida: "Leif Erikson" y "Stella was a diver and she was always down", de Interpol.

¡Muchas gracias por leer!

Pronto woa volver con otro SasuGaa~