Primer Encuentro Parte II


El domingo contiguo al desastre, tenía cosas que aun debía despejar de su cabeza; ahora sin nadie con quien pudiera contar como su confidente, Kyle se seguía preguntando si realmente era buena idea ir a visitar a aquél viejo amigo, y no tan viejo.

Tenía la nariz congelada, el cuerpo entero le temblaba, y su dedo índice no sabía si tocar el timbre de la puerta, o dejarlo como estaba. Kyle estaba consciente de los problemas que tuvieron, el distanciamiento que se dieron sin decir ni una sola palabra; y por sobre todo, su cambio brutal por tan sólo haber cumplido diez años.

— ¿Qué estás haciendo? —pregunta alzando una ceja, al momento de abrir la puerta sin siquiera haber sido llamado a ella. —Dijiste que querías hablar, ¿no? —lo invita a pasar, algo cortante.

Era evidente que eso pasaría, ahora se sentiría como un idiota, y no hallaba forma de zafarse de eso. Sabía que debía huir cuando tuvo oportunidad, en vez de creer ilusamente que saldría algo bueno de aquella "platica"; y venía con el ser más cínico de South Park, gran idea la que se le ocurrió.

— ¿Y bien? —interroga pasados unos segundos. — ¿Vas a decir algo o sólo te vas a quedar viéndome la cara por lo que resta del tiempo? —toma asiento en la silla de su escritorio, mirando todo el tiempo fijamente a su ex mejor amigo.

—Y-yo… este…

—Kyle, —irrumpe Stan, tomando una bocanada de aire y masajeándose las sienes —no tengo idea de para qué habrás venido aquí y ahora; pero si no me tienes la suficiente confianza como para contarme lo que sea que tenías pensado decir, me temo que tengo que pedirte que te vayas.

—Lo siento —tampoco se atreve a verlo.

—Yo también lo siento.

Se sentía como un completo imbécil. Stan no tenía la culpa de nada, sabía que su amistad seguía pendiendo de un hilo, y aun así, fue con él a pedir ser escuchado; jamás se había sentido tanto como un ególatra cretino, claro hasta ahora.

¿Y qué debería de hacer? Ese inquietante sentimiento no desaparecería hasta poder desahogarse con alguien, alguien de confianza solamente. Stan lo acababa de correr; sus padres ni siquiera eran una opción; Ike… lo amaba y todo, pero contar esas cosas a un bebé no eran precisamente convenientes, y lo podría delatar con su madre, así que, no; el único que le quedaba era Kenny, ¡eso! Kenny era un perfecto confidente, pese a ser con el que menos hablaba (a comparación de Stan, o el mismo Cartman, claro), sabía que él era de su total confianza. Por supuesto, iría con él de inmediato; qué tonto por no haberlo pensado antes.

Apresura su paso, ya no tenía tiempo de pensar en otras alternativas; iría directo y conciso al punto, ni siquiera nota las piedritas que hay a montones cerca del parque central, encajándosele en los zapatos. Su raudo andar lo aísla de todo; de las personas que pasan junto a él, de las risas de los niños que jugaban, de los vehículos que iban pasando cerca de la acera…

Era la transición del día a la tarde, el sol estaba en su mayor punto; su ushanka le cubría bastante bien, demasiado quizás. Unos pocos rayos le traspasaban, pero no le cegaban; y aun con eso, pese al sol cegador, hubo otra cosa que le ciega completamente.

Inesperado, no lo vio venir por ninguna parte y estaba aterrado. Siente como un par de manos le sujetan el rostro, y a la par le empujan el dorso de su cuerpo, atrayéndolo hacia un lugar más cerrado, y de inmediato se empieza a mover, ¿una camioneta? Fue lo único que pudo pensar en ese momento, ya que sus muñecas estaban siendo envueltas en cinta adhesiva y percibe cómo una mordaza le es puesta, y sus ojos son cubiertos por un pañuelo, dejándolo totalmente vulnerable.

"¡¿Qué está pasando?!", se pregunta tras haber sido acomodado en el asiento trasero de un automóvil, también siente una persona junto a él, tal vez su agresor o alguien más que igualmente había sido raptado. El sudor frío no tarda en descender por su rostro, estaba inmóvil, no tenía forma de hacer algo, y mil y una posibilidades atravesaban su cabeza sobre lo que le esperaba; tenía miedo, muchísimo miedo.

—Tranquilo pequeño, no vamos a hacerte daño. —oye la dulce voz de una mujer en un acento que le hacía evidente no ser estadounidense. —Debes estar muy asustado, déjame quitarte esto. —remueve el pañuelo de sus ojos, al momento de irle acariciando la cabeza, como queriéndolo calmar.

Al ver un poco de luz, le empieza a temblar la vista, no sabía hacia dónde ver, por lo que lo único visible para él en ese momento era al frente; y efectivamente se encontraba dentro de una camioneta, al dirigirse al lugar del conductor, de inmediato nota que había un hombre negro conduciendo el vehículo; pero eso era lo de menos. Cuando gira un poco su cuello a la derecha, se encuentra con la mujer de la voz dulce; era una asiática, pero su aspecto era de lo más inofensivo, incluso estaba sonriéndole con pesar.

Baja su guardia, de alguna manera su ansiedad estaba descendiendo, y una corazonada le decía que no tenía nada de qué preocuparse. Pronto, deja de forcejear y con la mirada le implora algo a la mujer asiática.

—Parece que ya estás mejor; y ya estamos lo suficientemente lejos, así que creo que ya puedo quitarte esto también. —dice antes de quitarle la mordaza, pero no antes de atarle las piernas con una cuerda.

Kyle da una gran bocanada de aire al sentirse liberado, no del todo— ¡¿Qué está pasando?! ¡¿A dónde me están llevando?! ¡Quiero saber qué van a hacerme! —prorrumpe dejando salir todo desde que le tomaron.

—Ya te dije que no vamos a hacerte nada malo, sólo aguanta hasta que lleguemos. —sisea la delgada mujer, dándole palmadas en el hombro.

No sabía qué responder, pero mientras no pudiera hacer nada al respecto, trataría de conservar la mayor calma posible. Baja sus ojos, hasta dar con sus manos, atadas con demasiada cinta; y en ese momento se da cuenta de algo de lo que no puede creer que no haya percibido antes; y ese era, como tal, Eric Cartman. Junto a él en total inmovilidad, y aparentemente inconsciente. — ¿Qu-qué-e e-es-está hacien-endo él a-aquí? —estaba en una pesadilla, quería despertar ya y ver que todo hasta ese momento era una mentira. Sus ojos no apartaron de su figura, de sus extremidades atadas, y de todo a su alrededor. Definitivamente estaba en una pesadilla.

—Oh —sonríe pícara—, creo que eres el mejor que lo sabe, ¿no?

No sabía a qué se refería, pero tenía un mal presentimiento de eso.

—No, realmente… ¿por qué está dormido? —mira de reojo al bulto junto a él.

—Estaba siendo demasiado ruidoso, y a nosotros no nos gusta llamar la atención. Pero no te preocupes, despertará en cuanto lleguemos. —amplía su sonrisa, indicando el camino de fuera del vehículo.

—No estaba preocupado. —murmura tan bajo que fue inaudible para la mujer joven y de complexión fina, que admiraba el panorama de fuera, por lo que le fue imposible oírle; pero así estaba bien. Y Kyle hasta ese punto ya no sabía en qué pensar, o qué hacer; pensaba que todo era tan bonito cuando no sabía quién era la persona al otro lado de sus sueños, y que desde que supo quién era el (in)afortunado, las cosas iban cada vez peor, como hubiera supuesto de cualquier situación que involucrara a Eric Cartman.

[ . . . ]

En algún momento vuelve a ver sólo oscuridad; también su cuerpo se siente extrañamente ligero, como si estuviera siendo transportado a algún otro lugar. Y después todo se vuelve rígido, frío y la cabeza le daba vueltas; a duras penas si podía visualizar con claridad su alrededor, y no reconocía absolutamente nada de lo que le rodeaba.

Sólo un blanco grisáceo, con cuadros transparentes y nada más.

La silla en la que estaba sentado era extremadamente incómoda, por lo que se apresura en incorporarse, lo cual se le dificulta demasiado, más que en un día entresemana a las cinco de la mañana. Piensa que no podía ser peor, hasta que ve a Kyle junto a él, y un negro y una china del otro lado de una mesa opaca y no muy espaciosa. De la nada, sus sentidos se alborotan, y todo su anterior entumecimiento desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

—DIOS MÍO, ESTOY RODEADO DE MINORIAS, ¡SALVENME POR EL AMOR DE JESUCRISTO! —exclama contrayendo sus facciones, quedando con una expresión de total desagrado; un hormigueo le recorre la espalda al notar a Kyle tan cerca de él, por puro instinto se aleja toscamente, moviendo lo más posible su silla del otro. Kyle demostraba no importarle en absoluto, no mostrando ningún tipo de reacción.

En tanto, el hombre frente a ellos sólo esperaba a que terminara el niño, para continuar hablando, —bien, le estábamos contando a Kyle quien somos nosotros y la razón del por qué están aquí. —hace un breve resumen para el niño que denotaba ser racista, eso en estos tiempos no le parecía tan común verlo, pero trata de ser más tolerante, tratándose de un niño más que nada. —Primero déjenme presentarnos. —hace una pequeña pausa. —Mi nombre es Fakh; y ésta es mi esposa, Jin-Kyong. —dice al momento de enlazar su mano junto a la de la mujer, reluciendo su juego de anillos.

Cartman se queda expectante ante ellos dos, sin expresión alguna hasta hace unos segundos. —Woah, una unión interracial entre dos minorías los harían así una… ¡¿una súper minoría?! ¡Y están casados! ¿Tendrán hijos negritos con los ojos rasgados? —se echa a reír ante la imagen mental que se hace con ellos como pareja y sus hijos; le parece extremadamente gracioso más tratándose del mismo Cartman.

— ¡Oh, vamos, culo gordo! ¿¡Cómo puedes seguir actuando como el mismo racista de mierda incluso en estos casos!? —exclama del mismo modo en que siempre lo haría, y sin darse cuenta, ya habían vuelto a actuar como siempre.

—Vaya, ¿problemas en el paraíso? —ríe bajito Jin-Kyong, ocultando su risa con la palma de su mano.

— ¿Qué? —reacciona Cartman.

— ¿Disculpe? —se sobrecoge Kyle.

—Ah, su primer pelea de pareja, ¿lo recuerdas? Cuando te negaste a salir de Corea, qué recuerdos, ¿no? —dice dirigiéndose a su esposa en un tono nostálgico.

—Esperen, esperen, esperen, ¡¿de qué demonios están hablando?! —hablan los dos, uno después del otro.

—Pues… ¿ustedes son almas gemelas, no? —pregunta Jin-Kyong, confundida de lo que decían ambos niños; pero éstos en ningún momento contestan nada, todo lo contrario, e incluso nota un ambiente incómodo entre ellos dos al ver un repentino cambio en ambos, al evitarse también. —Son pareja, ¿no? —vuelve a preguntar, de forma inocente.

— ¡NO! —braman, levantándose de la mesa por tal impacto.

— ¡¿Y cómo es que saben eso?! —continúa Kyle.

—Un pajarito nos lo contó. —ríe quedo la mujer.

— ¡Pero ni siquiera somos amigos! —exclama Kyle. — ¡Detesto a Cartman más que a cualquiera! ¡Jamás nos llevaríamos bien, y mucho menos jamás tendríamos ese tipo de relación! ¡Por favor! —da pequeños golpes a la mesa, denotando su frustración.

— ¿Ustedes no se llevan bien? —indaga Fakhr, arrugando un poco su frente.

— ¡POR SUPUESTO QUE NO! —vuelven a gritar al mismo tiempo.

Ambos adultos se miran el uno al otro, confusos; y de la nada empiezan a hablar en su propio idioma, desubicando aún más a los chicos. Así continuaron varios minutos, hasta que se detuvieron y los miraron sonrientes. —Esperen un momento, regreso en seguida. —pronuncia el hombre, levantándose de su asiento y dirigiéndose a la entrada del cuarto, dejando con seguro la puerta justo después de salir.

—Oh, genial; nos quedamos con la china. —exclama Cartman, cruzándose de brazos en una actitud resignada.

—Soy coreana. —dice sin dejar de sonreír hacia ambos.

[ . . . ]

Dentro de la habitación semi-oscura, todo era extrañamente silencioso. Ellos dos habían pasado una infancia agitada, jamás habían estado tan callados estando juntos, era raro para ambos, en especial para Eric; nunca había estado tan callado en su vida, y esos eternos minutos dentro con una china y un judío no eran de lo más gratificante. Ni siquiera intentaron huir, oyeron con claridad al tipo cerrar la puerta con llave, y la mujer al ser una asiática seguramente sabría cómo paralizarlos en un segundo. Lo más inteligente para ambos fue esperar, pareciendo idiotas, pero no podían hacer nada en ese momento.

—Entonces, ¿estos son los niños de los que me hablaste? —escuchan una voz desconocida, cruzando por la puerta, y ambos giran la cabeza en su dirección, encontrándose con un hombre adulto joven, quizás unos treinta cuando mucho, con la piel clara como la leche y de cabellos rubios. Cartman siente un gran alivio al verle. — ¿Cómo han estado, chicos? Me llamo Charles Radowitzky y lo que más deseo es ayudarles. —pronuncia al momento de tomar asiento frente a ellos, dejando a la pareja por otro lado, muy cerca de él.

—Espere, ¿es judío? —inquiere Cartman.

—Soy una mezcla con eslavos. —responde sonriente el hombre.

Eric supo en ese momento que ya no podía confiar en nadie.

—Fakhr me ha comentado su situación. Eso, especialmente en nuestra comunidad, nos parece muy extraño, por lo que han logrado captar mi atención; y bueno, quisiera hablar con ustedes un poco más de cerca. —apoya ambos codos sobre la mesa, sin cambiar en absoluto su impecable expresión.

—Sigo sin entender de qué están hablando, —comienza Kyle, dubitativo con sus propias palabras— desde el inicio sólo han sido una especie de juego de palabras, y cosas como "sabes bien a lo que nos referimos", pero no, no lo entiendo, ¿no podrían expresarse con más claridad? —su voz sonaba temblorosa, pero firme; estaba harto de no poder comprender nada.

Charles permanece unos minutos en silencio, totalmente neutro. —Tienes razón, pequeño. ¿Sabes? Me agradó tu tenacidad, y estás en lo cierto, debes estar en completa confusión, en tus mismas circunstancias cualquiera lo estaría, y por eso mismo quiero hablar con ustedes; quiero ayudarlos a que despejen todas sus dudas. —pronuncia en una enternecedora voz que, de cierta forma logra calmarlo un poco. —Díganme, ¿ustedes saben lo que son las almas gemelas?

La más grande pesadilla de Kyle se estaba volviendo realidad, al escuchar todas esas palabras provenientes del caucásico hombre, palideció.

—Básicamente se podría resumir en eso. —dice, al terminar su explicación. —Déjenme decirles que uno no nace decidiendo eso, uno nace con eso. Y como dato adicional, ¿saben el porcentaje mundial de estas personas? —niegan con la cabeza. —Cerca de un 20% en todo el mundo, ¿lo ven? Son especiales; al menos a nuestra consideración, ya que el resto de la población no lo sabe, ¿alguna vez intentaron buscarlo en internet? Tenemos gente que regula toda esa información, y es eliminada al momento de siquiera tocar la superficie. —hace una pausa, ve los rostros shockeados de los menores, y no puede evitar sentir condolencia hacia ellos.

—Y ustedes… bueno, es la primera vez en muchísimo tiempo que vemos algo parecido a lo suyo. Lo normal -o común-, entre nosotros es que uno ame incondicionalmente a su alma gemela. ¿Saben? De ese 20% que somos, una gran mayoría vive distanciada a millones de kilómetros, unos incluso hablan idiomas totalmente diferentes, como es el caso de Fakhr y Jin-Kyong, ellos tuvieron que esperar cerca de veinticinco años para conocerse, y esa dicha de por fin poder ver a esa persona tan anhelada es… un sentimiento muy agradable. El ser humano es errático por naturaleza, vaga buscando un significado a su propia existencia; y a nosotros nos fue regalado este don de estar conectado a otra persona, de una manera más allá de la física y emocional. Y podría parecer ridículo depender de alguien para el propio bienestar ¿no?, a juzgar por sus escépticas expresiones; pero si lo ven, se darán cuenta de que todos buscan algo, como el dinero, la fama, el reconocimiento social, poder, y una infinidad de etcétera. Pero-

—Tiene razón, todo lo que dice suena de lo más ridículo. Yo me largo de aquí, sólo estoy perdiendo el tiempo. —sentencia Cartman interrumpiendo de golpe al adulto, seguido de un rechinido que perdura unos cuantos segundos; y sin decir una sola palabra más, se retira dando un leve portazo. Kyle lo mira por encima del hombro, sin ninguna reacción aparente. — ¡Pero si esto es una maldita casa! —se oye un tanto lejos de ellos el grito de Eric.

— ¿Es esto una casa? —pregunta dirigiéndose al hombre, quien permanecía igual aun con la última escena.

—Eso era precisamente a lo que iba, —talla sus ojos, cansado— pero no hay nada de qué preocuparse, aunque pueda salir no tiene a dónde ir. Y en la entrada principal no se puede salir sin autorización.

Kyle mira preocupado hacia las personas frente a él, ahora sin Cartman con él, una mezcla entre tranquilidad e inseguridad le abrumaban en ese momento, prefiere mantenerse sereno. —Exactamente, ¿dónde estamos?

—En las afueras de Colorado, muy cerca de Nebraska y Kansas; pero no tan retirado. —explica Charles, ladeando un poco la palma de su mano. —Te pido que no te pongas nervioso, en cuanto acabemos con esto los regresaremos a ambos a sus respectivos hogares; por mientras tennos paciencia; eh, eh… —hace movimientos circulares con las manos, como queriendo pedir completar algo.

—Kyle.

—Bien Kyle, ¿tienes idea de por qué estás aquí?

—Eso quisiera saber.

—No es más que una simple invitación.

— ¿Invitación a qué?

—A este mismo lugar.

Kyle no comprendía de qué hablaba.

—Es un inconveniente que no esté tu amigo aquí-

—Él no es mi amigo. —vuelve a interrumpirlo.

—Como sea, el punto de todo esto es que les hacemos la invitación a ambos de vivir aquí; si es que llegan a tener problemas con sus familias, o algo parecido. De hecho este lugar fue creado para eso, para recibir a todos los nuestros si no tienen otro lugar al que ir. Te pongo un ejemplo, Fukhr viene de Etiopia, Jin-Kyong de Corea del Norte; ambos no tenían ningún lugar al cual ir, ya que eran exiliados y provenientes de países muy conflictivos. Y aquí, los acogimos dándoles todo para que lleven una vida decente, ¿no es genial? Pero obviamente cada uno que vive aquí tiene que contribuir en algo a nuestra institución no-oficial. No obstante, ustedes no son obligados a nada; nuestras puertas siempre estarán abiertas a ustedes cuando lo necesiten.

—De… acuerdo, supongo. —musita Kyle, no muy confiado a las palabras de ese hombre.

—Comprendo que esto puede ser confuso, incluso que desconfíes de todo, y es normal. Permíteme regresarlos a ti y a… eh, eh. —vuelve a ladear la palma de su mano.

—Cartman; Eric Cartman.

—A ti y al pequeño y agradable Eric Cartman de vuelta a South Park. —sonríe con sus brillantes ojos. —Pero antes, quisiera darles un regalo de mi parte. —dice antes de sacar de los bolsillos de su saco, un par de teléfonos inteligentes que parecían ser bastante costosos.

— ¿Un iPhone? Oh, no, no. —no podía creer lo que le estaban dando, y si bien no podía recibirlo por varias razones, no halla de salir de esa.

—No quieras ser humilde, es un regalo de parte de todos. Y mira, en el contiene el número de los tres, pueden llamarnos cuando quieran, e inmediatamente veremos de qué podemos serle de ayuda. —acerca el dispositivo a las manos de Kyle. —Bien, te guiaré a ti y a Eric con el conductor para que los lleve de vuelta. —mueve su silla para levantarse de ella y dirigirse a la entrada, mientras la pareja va e indica a Kyle la salida; en tanto la mujer asiática fija su atención en el menor.

—Entiendo cómo te sientes, seguramente no debes entender nada de esto; pero no te preocupes, yo estaba igual que tú cuando recién llegué aquí. —ríe— Ten, te podría servir; léelos varias veces si te sientes confundido. —termina de murmurar cerca de su oído cuando, le entrega un par de folletos que en letras grandes resaltaba:

"¿Qué es un alma gemela?" y "¿Qué hacer cuando se tiene una?"

Kyle los ve sin mucho interés, para luego guardarlos en su abrigo, y disponerse a seguir a sus raptores. Cuando sale de ahí, se da cuenta no sólo de que se trataba de una casa, sino que era enorme y muy bien parecida; también se dio cuenta que estaba en una clase de sótano, uno muy extraño en verdad. Luego, cuando se hallaba dentro de un automóvil mucho más oscuro que el anterior, ve que no estaba Cartman, no dice nada y realmente le daba igual, hasta que oye varios quejidos de una voz familiar.

"Lo encontramos merodeando en la parte trasera, cerca de las vallas."

Voltea su vista hacia donde oía las voces, después alcanza a ver al tal Charles dándole algo a Cartman, cosa que le provoca un cambio brutal en su actitud; ahora se escuchaban gritos de alegría y emoción.

— ¡Pero qué suerte! Al menos algo bueno salió de toda esta mierda… —exclama emocionado cuando se encontraba dentro del vehículo, junto a Kyle y con los ojos llenos de brillitos.

Por su parte, el anterior mencionado permanecía callado, pensativo, sin reacción ni emoción aparente.

—Hey, Cartman. —voltea a verlo, completamente serio. —No podríamos… —se escucha la puerta ser azotada.

— ¿Fingir que nada de esto pasó?


Notas finales: ¡muchas gracias a TheBaal, Perlacarroza, Mxlkins0n y a Natsume Pichu por sus reviews! (wow, ahora fueron muchos más(?))

no sé si lo habran notado, pero esto ya se esta tornando algo diferente a lo que usualmente se llega a ver. y precisamente queria decir eso, esta no sera la "tipika istoria adolecente", van a haber algunos temas relacionados, pero esta cosa va a ir en rumbo bastante diferente. y eso, mi mas sincera disculpa a todo el que se haya hecho una idea diferente a lo que fuera esta historia, por eso tienen la total libertad de abandonar a partir de aqui esta historia

eso me recuerda que en uno de los reviews que me dejaron, alguien puso que "le causo gracia imaginar la situacion en la que se dieron cuenta de que ellos eran almas gemelas..." lol, bueno, creo que esa era mi proposito (?) xD en serio, y dejenme contarles como surgio esto... ¿recuerdan cuando les mencione que desde que conoci este universo alterno queria hacer algo con este ship? bueno, es que ESA era la principal razon, cuando me imagine sus reacciones al saber que eran "pareja destinada" todo era muy gracioso -c rie como foca retrasada-, y bueno, si al menos a alguien le dio risa esa situacion, con eso me doy bien servida.

Y eso, feliz año a todos, espero que les vaya mejor que a mí :)

-Guezeluss