Metástasis Parte I
Generalmente, cuando intercambiaban quejas o reclamos en pleno acto eufórico que ameritaba la situación, solían quedar hasta ahí, ninguno de los dos acostumbraba guardar rencor el uno del otro por quien sabe qué tantas cosas hicieren; solía quedar todo en el olvido, y nada más.
Si es que en algún remoto caso llevaran una relación más o menos normal de amigos de la infancia; que para empezar ni siquiera eran amigos, ni nunca llevaron una relación normal de cualquier tipo. No, el concepto de "normal" les venía quedando muy fuera de sus propias expectativas; por mucho que quisieran serlo, aparentemente el mismo universo se lo venía pasando por el culo, con ellos incluidos, claro está.
Pero de alguna u otra forma, durante muchísimo tiempo, lograron verle la cara de imbécil al propio universo. Con algo tan sencillo que ni ellos se la podían creer; un algo que les ahorró en varias ocasiones problemas innecesarios: la ignorancia pura.
[ . . . ]
— ¿Entonces desde cuándo empezaste a notarlo? —inquiere la mujer asiática, meneando ligeramente una cucharilla dentro de su café.
—Cómo decirlo… ¡desde hace cuatro malditos años que ha ido empeorando! —Kyle se exalta golpeando un poco la mesa en la que se apoyaban, provocando ciertas miradas indiscretas en su persona. Pero con toda razón; tenía razón de estar así de exaltado.
—Uhmmm… —permanece pensativa durante unos segundos, admirando la taza caliente que reposaba sobre plato como si fuese de lo más interesante. —Entiendo cómo te sientes, pero… En sí, todo lo que me has contado no tiene el más mínimo sentido. —sentencia mirando fijamente el rostro angustiado de Kyle. —Quiero decir, básicamente lo que me has dicho hasta el momento se resumen en "sus lazos han estado evolucionando con el tiempo". Pero mira Kyle, no es que no confíe en ti, creo totalmente en tu palabra, pero…
— ¿Pero?
—Eso no es algo natural, al menos no en nosotros.
— ¿A qué te refieres con eso?
—Te lo voy a explicar de la manera más sencilla para que me entiendas, Kyle. —la mujer toma una gran bocanada de aire, pensativa. —La "condición de almas gemelas" no es algo que crezca y se desarrolle con los portadores; sino que uno ya nace con la completa condición. Lo que ustedes están pasando no es algo normal, Kyle… Lamento no poder ayudarte en esta ocasión. —su voz permanece serena y condescendiente; mientras tanto el antes mencionado permanece con su misma expresión shockeada, y desesperanzadora.
— ¿No hay nada que se pueda hacer? —balbucea con la voz apagada, y con la mirada perdida en su desayuno intacto.
—Uh, podrías intentar convencer a Eric de venir con nosotros. A ver si entre todos podamos hallar algo; quizás Charles tenga una mejor idea de lo que les sucede. —señala contenta, en un intento de levantar el ánimo del adolescente.
. . .
— ¿Cómo lograste traerlo? —inquiere confusa al observar al niño con sobrepeso pasearse de entre los cuartos, como queriendo buscar algo. —Creí que… te sería más difícil, ¡si apenas hablamos ayer! —señala volteando a ver a Kyle, no parecía del todo conforme, e incluso parecía que se aguantaba su desagrado.
—Le dije que le daría 20 dólares si venía.
La mujer asiática no se veía muy convencida con aquello.
— ¡De acuerdo! Le dije que darían KFC gratis, y que vendría Mel Gibson como invitado especial, "sólo si él venía el día de hoy y sólo hoy".
Kyle rueda los ojos, le avergonzaba que esa mujer pudiera leerlo tan fácilmente, pese a no haber establecido conversación fuera de su horrible condición, era como si le conociera de toda la vida. Le recordaba a su madre, y eso le avergonzaba aún más.
Jin-Kyong en algún momento (dejando de lado la incomodidad), decide guiarlo con la misma lozanía destellante en su rostro, hacia una habitación que en los próximos minutos le informaría a Kyle que se trataba del lugar de "ambientación". —Será mejor que traigamos el KFC que dijiste, no querrás quedar mal con Eric, ¿verdad?
Kyle forma una mueca que hace arrugar todo su rostro, le era inevitable con cada insinuación por parte de la coreana; y supo en ese momento que con toda razón le recordaba a una madre, pero con los ojos rasgados.
— ¿No vendrá con nosotros?
—Deja que explore un poco más la casa, no te preocupes no le pasará nada; ya luego lo traerá Fakhr, ¿o es que te preocupa demasiado?
Ahí estaba de nuevo con sus insinuaciones.
Sin embargo, Kyle sabe que dijera lo que dijera no tendría ningún caso; y sólo se ahorraría oxígeno mantenerse callado hasta llegar a donde le habían prometido. En ese momento, se percata de sus alrededores; no había notado la peculiaridad tan obvia que resaltaba a primera vista de aquella casa: toda, absolutamente toda era blanca, no importaba hacia donde mirara; paredes, techos, puertas… todo era un inmaculado blanco que le cegaba. Sólo unos cuantos muebles eran distintos al blanco, y aún con eso, seguían siendo de tonalidades suaves.
E involuntariamente, Kyle forma una pequeña mueca que, si bien no era de desagrado, reflejaba por completo su sentir. Lo cual consideraba ridículo, ya que darle importancia a detalles tan insignificantes no iba con él. Por el contrario, no dejaba de sentirse incómodo por ese hecho.
Con la conciencia perdida con total plenitud, es revocado a su presente olvidado con la mayor tosquedad con la que pudieron haberlo hecho; la figura adulta que yacía frente a él, sin previo aviso, había detenido su andar para quedar postrados en frente de una enorme puerta que carecía de sentido, de gusto; por más que lo viera no encaja con lo demás porque no era blanco así como la demás mueblería, no, era de un perfecto café que aún conservaba ese aroma tan característico del pino. En ese momento no supo si el dueño que diseñó esa casa era todo un geek o si sólo era excéntrico. Una mínima parte de él consideró que la esencia de aquella casa era la misma que emanaban todas las personas que habitaban ahí; pero sólo era una corazonada.
—Esta ha sido siempre mi habitación favorita de toda la casa, aunque ya esté oliendo bastante a polvo. —ríe Jin-Kyong justo cuando despliega las enormes puertas a los ojos de Kyle, dejando escapar una nube de partículas que lo hacen estornudar. — ¿Ves? Te lo dije; no creo que se note el desuso que le hemos dejado.
Por su parte, Kyle no comenta nada al respecto, más bien continuaba intentando disipar todo el polvo que se había levantado en un segundo, agitando con vehemencia su palma derecha mientras que con la otra se tapaba la nariz con su abrigo manteniendo en todo momento sus ojos entrecerrados. No perduró demasiado, en cuanto pudo divisar algo más allá de polvo fue que se detuvo a contemplar el eminente paisaje que se hallaba enfrente de sus ojos; cerca de diez metros cuadrados repletos de repisas llenas de libros de diferentes colores, grosores y tamaños. Y no es que fuera un ratón de biblioteca, en absoluto, era sólo que ni en su escuela había visto tantísimos libros.
"No es nada extraordinario", piensa Kyle al ver que lo único que resaltaban eran esas enormes pilas de libros, pero, debía admitir que ese lugar lo llenaba con una sensación agradable, casi nostálgica; y le ayudaba a calmar sus ansias con todo lo que tenía que cargar alguien de su edad. — ¿Qué estamos haciendo aquí? —busca a donde estaba Jin-Kyong, al no verla se desespera un poco y busca por toda la habitación a la mujer escurridiza.
—La utilidad de este cuarto es muy específica. Sirve sobre todo a aquellos que recién son llegados a nuestra comunidad; y como los últimos camaradas se asentaron aquí hace aproximadamente tres años, ya te imaginarás el porqué de su estado. —tose un par de veces Jin-Kyong, justo después de remover el polvo de un pedazo de pared algo escondido a simple vista. Cuando limpia gran parte de esta, se dispone a dar varios golpecitos sobre ella, al momento de recargar por completo las cinco yemas de sus dedos para empujar con fuerza discreta y se abriera frente a ella un lugar en completa oscuridad.
— ¿Qué demonios es eso?
—Ven Kyle. —sonríe de lado, haciendo un ademan con la mano izquierda. —Pasa, quisiera que conocieras este lugar antes para explicarte unas cosas. —dice mirando con gentileza aquel lugar que parecía ser tan lúgubre, con la intención de adentrarse al cuarto, se detiene de golpe, como si hubiera olvidado algo. —Recuerda quitarte los zapatos antes de entrar. —ríe nerviosa antes de dejar sus zapatillas de lado.
Kyle aún con demasiadas dudas en la cabeza, decide obedecer a la mujer esbelta, después de todo no había pasado nada malo al hacerlo (al menos hasta donde él sabía, obviamente). Pese a eso, no paraba de sentirse nervioso, indeciso; sus pasos eran demasiado lentos, y sus manos temblaban de una manera muy sutil. Al cabo de irse acercando más, la asiática se introduce por completo en la habitación, y con ello, ya no veía ni rastro de ella. Por alguna razón, esa oscuridad le inquietaba, sólo un poco. Cuando se halla frente a frente, duda; pero él mismo se quita sus zapatos antes de pensar en algo más.
Cuando da el primer paso dentro de esa extraña habitación, lo primero que nota es lo tan extremadamente suave que es el suelo, como si estuviera afelpado; pero debía ser algo lo suficiente grueso como para sentirlo a través de sus calcetines, provocándole una sensación agradable, y supo que jamás se terminaría de sorprender a cada cosa nueva que salía de todo eso.
— ¿Ya estás un poco más calmado? Este lugar es para eso. —comenta suavizando su voz, a sabiendas de que se hallaba no muy lejos de ella. —Pero siéntate, vamos. Necesito decirte un par de cosas importantes antes de proseguir. —inquiere dejando salir su teléfono, dejando destellar la luz de la lámpara en el rostro de Kyle para indicarle su lugar de asiento.
— ¿Cosas importantes? —repite sus palabras incrédulo al momento de tapar parcialmente los destellos con la palma de su mano. — ¿De qué tipo? —baja su cuerpo al suelo, justo frente a ella, cruzando sus piernas.
—Del tipo de cosas que podrían definir el destino de muchísimas personas, incluyéndote. —en cuestión de segundos, Jin-Kyong cambia por completo su tono, tornándose más seria y grave. —Para ser sincera, es preferible que sólo tu sepas de esto, por el momento claro; y no es que desconfíe de Eric, es sólo… que tú te ves mucho más responsable y maduro.
—Entiendo. —internamente, le daba toda la razón a la mujer.
—Perfecto. Ahora Kyle, quisiera que voltearas tu rostro por un momento. Esto te será muy interesante de ver. —señala con vehemencia el lugar indicado por la tenue luz de su teléfono; mientras Kyle quedaba boquiabierto con lo que estaba viendo, y un poco de sudor no tarda en resbalar por sus sienes, palideciendo al instante.
. . .
Estaba encabronado. Si bien sólo habían dos cosas en específico que odiaba con todo su ser, como Kyle que encabezaba la lista, la segunda era por mucho que le tomaran el pelo, no soportaba ser engañado, ¡y más de una forma tan ridículamente absurda!; Eric sigue sin creer que haya caído de esa manera, vamos, que sin importar que Mel Gibson casi le lanzara de su mierda fuera a disminuir siquiera un poco su fanatismo hacia él (aunque claro que ya le daba vergüenza decir que le admiraba)… pero engañarlo con algo como eso, era imperdonable; se desquitaría con ese judío de mierda apenas vuelvan a hacer contacto visual.
Pasea las yemas de sus dedos por el mosaico que le rodeaba, dándose por perdido en un laberinto blanquecino que no daba luces de hallar alguna salida, o algo diferente a ese hostigoso blanco que le cubría de pies a cabeza. No sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero sentía la boca tan seca como si hubiera pasado meses sin alimento y agua. Por un momento cree que moriría en ese mismo lugar, y lo peor es que nadie se daría cuenta de que había desaparecido; era el crimen perfecto, sin evidencia, en un lugar apartado de todo, ¡cómo fue tan tonto de volver a ese asqueroso sitio! Nunca imaginó que su muerte sería tan humillante como aquella; sin nadie, completamente solo, y más importante, sin nada que comer.
—Si tan sólo pudiera saborear por última vez esa salsa… —va arrastrando los pies hacia una esquina que sabía desviaría a otro espacio vacío; era todo, este ya era el final definitivo de Eric Cartman, para todos, no podría morir como un héroe… como siempre lo soñó. Apoya todo su peso en la pared que da al desvío, echaría un vistazo rápido para ya poder quedarse ahí a esperar la muerte. Sus moribundos ojos hacen un sobreesfuerzo en levantarse lo suficiente para ver hacia delante, y otra vez lo único que veían era ese asqueroso blanco… a excepción de ¿una luz?, ¿acaso estaba salvado? En un segundo su cuerpo recobra la misma viveza de siempre, y se apresura en alcanzar esa luz. Cuando la halla, descubre el cielo mismo frente a sus ojos.
— ¡KFC! ¡Oh Dios mío, gracias! ¡Estoy salvado!
Ante sus ojos mortales yacía un esplendoroso paisaje digno de ser la última imagen que viera en su vida, ya que por azares del destino había ido a parar justo en la cocina, justo en frente de un mesón repleto de botes y botes de KFC; había pasado un buen tiempo desde la última vez que vio tanto pollo junto, y claro que no importaría si se lo terminara en ese mismo instante. Era su festín y se lo merecía, después de todo por lo que había tenido que pasar.
— ¡Gracias, gracias, gracias Dios!
En cuestión de segundos, sus dedos grasosos empezaron a esparcir la grasa por su rostro y parte de sus prendas, y en la acogedora cocina solitaria lo único que podía ser oído era la mandíbula de Eric haciendo toda clase de ruidos, algunos más desagradables que otros, pero a fin de todo, aquellos grotescos sonidos servían como camuflaje a una conversación no muy distanciada de él. Eric se hallaba tan ensimismado con el pollo frito que le fue imposible oír la voz de su alma gemela.
Sin embargo, su cerebro no tarda demasiado en exigir algún líquido, y ya con la boca seca propuso que el pollo sabría mejor si mantenía su boca bien hidratada. Eric aun masticando y hecho un desastre recorre la corta distancia que hay entre el comedor y el refrigerador, para encontrarse luego de abrirla un jarrón lleno de jugo y una pequeña lata de Pepsi a un lado, no lo pensó dos veces antes de tomar la lata.
No obstante, cuando el líquido burbujeante desliza por su garganta, refrescándole, un sonido muy leve hace que pierda la concentración que tenía en su bebida. Al notar que en ningún momento paraba, decide acercarse más a escuchar con detalle; no quería que alguna rata le fuera a aparecer de la nada.
El sonido provenía muy cerca del refrigerador, se dio cuenta de eso al acercarse; por lo que hace un espacio lo suficientemente grande como para que cupiera entre el electrodoméstico y la pared, logrando quedar en una posición no muy cómoda a lo largo de su cuerpo, sin mencionar que en ningún momento había dejado su lata a medio tomar.
Sin mucho cuidado, pega por completo su oído a la pared, y es cuando percibe los sonidos que en realidad eran voces mucho más claras que antes; suponiendo en un instante que la pared era demasiado delgada como para poder escuchar tan bien un par de voces que denotaban estar al menos unos dos metros alejadas de él.
"Como podrás apreciar, eso sirve en esencia para apaciguar aquellos que estén en un radio menor a 50 metros. Por obvias razones mientras más se esté cerca, mayor será su efecto. Por esa razón les insistíamos tanto en que vinieran a vivir aquí, ya que también ayuda a las almas gemelas a fortalecer su vínculo.", oye con cierta dificultad, pero reconoce de inmediato que esa debía ser aquella asiática tan fastidiosa, arruga el entrecejo al oírla hablar de cosas tan extrañas; pero concentrándose para alcanzar a oír todo lo que dijera.
"¿En verdad? Sinceramente no creo que algo como eso haga mágicamente que ese culón y yo nos llevemos bien así como así.", no había ninguna duda de que esa era la voz de ese judío de mierda, soltando quién sabe cuánta mierda de su sucia boca.
"Obviamente lleva su tiempo. Pero eso me recuerda, ¿por qué no aprovechamos este momento que estamos los dos solos para que me termines de contar tu 'relación' con Eric? Porque apenas ayer que volvimos a hablar me informaste solamente de tu 'problema'."
"Como si eso fuera posible. Desde hace como un año que desconozco la palabra 'privacidad'."
"Si te refieres a eso, no tienes nada de qué preocuparte, esta habitación también sirve como un aislante. Todos tus pensamientos permanecerán aquí; y lo sé porque desde que entramos no he podido oír a Fakhr, y sí, nosotros de igual forma que ustedes nos podemos comunicar con el pensamiento. Aunque… también hay otra forma de evitar que tu alma gemela te oiga cuando no quieras.", Eric abre expectante sus ojos, pegando tanto como le era posible su oído al concreto, eso sí era algo de suma importancia de saber cuanto antes.
"¡¿En serio?! ¡¿Cuál es?! ¡Eso sí que me interesa saberlo!"
"Calma pequeño, tampoco es como si fuera algo del otro mundo… sólo debes concentrarte en ti mismo, procurar no pensar nada en ese momento y cerrar tu mente. Tómalo como si crearas una burbuja en tu cabecita. Y puede sonar bastante sencillo, pero, no es así, podría llevarte incluso años poder aislarte a voluntad de tu alma gemela.", al estar en aquella posición, el voluminoso cuerpo de Cartman comienza a darle una sensación hormigueante en varias partes, no pudo importarle menos al escuchar aquello, era como un jodido milagro el poder quitarse un peso de encima como lo es tener a esa maldita rata judía todo el tiempo dentro de su cabeza. Al no escuchar respuesta suya por unos segundos, supuso que Kahl debía estar pensando en algo similar.
"Pareces contento. Eso no está bien, Kyle. Se supone que deberías estar buscando la manera de fortalecer tus lazos con tu alma gemela, no todo lo contrario."
Hubo una pausa, y Cartman cree ya no escuchar bien.
"No sabe de lo que está hablando. Si estuviera en mis zapatos sabría a lo que me refiero."
"Sé que Eric tiene un carácter algo difícil. Pero debes de entender que si él es tu alma gemela debe ser por alg-"
"Lo entiendo perfectamente. Entiendo que debo estar pagando algo como para tener de 'alma gemela' a alguien como Cartman, Y no exagero cuando digo que eso es lo peor que me pudo haber pasado en toda mi jodida existencia."
Ocurre algo extraño con él. Eric Cartman por alguna razón no podía procesar todo lo dicho por Kyle, era extraño; ya que, pese a saber muy bien que ambos compartían el mismo sentimiento con aquella situación, no sabía por qué escucharlo a él, con esas palabras, le provocaban un sentimiento extraño. No era rabia, ni mucho menos tristeza; era algo desconocido para él.
En ocasiones anteriores (y muy rutinarias), se expresaban su desagrado como si fuese lo más normal del mundo. Ambos lo sabían, pero, ¿por qué ahora era diferente? Si no era la primera vez que lo oía decir que lo odia.
"Me informaste que ya se conocían desde mucho antes, ¿siempre ha sido así?", ahora le resultaba tranquilizadora la voz de la asiática esa.
"Sí. Siempre. Sinceramente ni siquiera sé cómo continúo vivo si en reiteradas ocasiones intentó asesinarme, no de una forma muy efectiva, pero… ¡incluso fue capaz de hacer que un chico que lo molestaba se comiera a sus propios padres! Como ve, así es Cartman, un niño egocéntrico, racista, rozando la psicosis sino que lo anárquico. No es cosa mía, es sólo que temo por mi propio bienestar."
No era la primera vez que lo oía decir toda esa mierda de él, ni había cambiado su estado expectante, ni un poco. Sin embargo, quería golpearlo.
—Con que ahí estabas metido, ¿qué estás haciendo? De cualquier forma, sal de ahí y vayamos al cuarto de ambientación. —escucha una voz masculina detrás de él, provocando que se sorprendiera un poco y casi tirara la lata con bastante liquido aún dentro. Esa fue la primera vez que agradece tanto el ver a un negro, y justo en el momento indicado.
. . .
—Necesitas tiempo para pensar bien las cosas, Kyle. —sentencia con voz resignada Jin-Kyong, al momento de apoyarse sobre el suelo y su pierna ambas manos en una maniobra que la hace ponerse de pie. —Deberías meditar un poco, y aquí es perfecto para que tengas un momento a solas. —dice antes de retirarse, moviendo la puerta consigo. —Recuerda que esto se abre por adentro, no te preocupes.
Kyle observa atento cómo la habitación se va oscureciendo más a cada paso que da la mujer, cuando ya no la ve ni a ella ni a algún rastro de puerta existente, la luz azulosa comienza a intensificarse más. Kyle mira por encima de su hombro aquella figura rocosa con forma humanoide emanar aquella luz. Todo esto no lo podía considerar más ridículo de lo que ya era, pero opta por seguir los consejos de la asiática; tal vez eso le ayudaría a despejar su mente.
Suavemente va cerrando los ojos, como también respiraciones regulares cada cierto tiempo. Si bien esto no le ayudaba del todo para cambiar su parecer, sí que lo hacía para rememorar con la cabeza fría, y de a poco toda esa exaltación yaciente en su organismo, poco a poco lo iba abandonando.
Un hecho fidedigno en él es que, por más que quiera, su imagen del niño llamado Eric Cartman jamás cambiaría, pero, ahora que recordaba con mayor claridad, él no siempre actuaba como un hijo de puta, como el 0.1% de sus actos no eran tan egoístas del todo. Unas en particular, más que trágicas, eran por demás cómicas. Como esa vez que intentó asesinarlo con un bate de plástico, estuvo intentándolo por más de tres hasta que se cansó y él también. Y a decir verdad, Cartman nunca ha tenido intenciones reales de matarlo, aun cuando todavía no sabían que eran almas gemelas.
. . .
Jin-Kyong estaba insegura. Nunca antes había tratado con un par tan difícil como ese, y le hacía cuestionarse, ¿realmente existen los errores en el momento de destinar a dos personas?, ¿eso siquiera era posible?
—Ahora que están ambos, quisiera preguntarles, ¿hay alguna forma de que Kyle y yo dejemos de ser… 'almas gemelas'? —oye arrastrar esas últimas palabras a sus espaldas, causándole un ligero sobresalto y varios espasmos recorriéndole el cuerpo. Y efectivamente, su más grande a que preguntaran algo semejante a eso, se ha vuelto realidad. — ¿Existe algo físicamente posible de realizar para romper nuestros "lazos"? —menciona con evidente sarcasmo y veneno en su voz.
— ¿Pero de qué estás hablando, niño? ¿Por qué haces esas preguntas? —interroga el hombre negro, exaltándose por tan inesperado cambio.
—Kyle y yo nunca nos hemos llevado bien, se los hemos estado repitiendo desde la primera jodida vez que llegamos aquí. Y toda esta maldita mierda sólo nos ha traído más problemas con cada maldito día que pasa. —inquiere Cartman conservando muy bien la compostura. En un momento de distracción, nota como Kyle aparece en la habitación sosteniéndose la frente, no sabe de dónde demonios salió pero eso era lo menos importante. — ¿Verdad que sí, Kyle? Tú mejor que nadie sabes que tengo razón, y que me apoyas en esto.
— ¿De qué estás hablando, Cartman? —cuestiona cubriéndose los ojos por tanta iluminación que le rodeaba.
—No te hagas el que no sabe nada, judío. ¿O qué?, ¿me vas a decir que no me trajiste a este hostigoso lugar para eso?
"¿Ahora qué estás planeando, culo gordo?", piensa Kyle buscando no meter a los demás en esto, sabía algo no andaba bien cuando Cartman empezaba a tomar el control de la situación. Sin embargo, no obtiene respuesta alguna, como si todos sus problemas hubieran desaparecido en un momento es que, de la nada deja de escuchar a ese niño malcriado retumbándole los pensamientos. Frunce el entrecejo al creer ser ignorado.
— ¿Qué pasa, Kahl? Te ves molesto. ¿Y?, ¿acaso no piensas hablar?
— ¿Qué hiciste, culón? ¿Por qué ya no te puedo escuchar? —unas gotas de sudor frío le recorren la sien, mientras una sensación aplastante se hace presente en su pecho.
—Digamos que alguien muy inteligente aprendió a quitarse de encima a un maldito judío. Y por ese alguien, me refiero a mí mismo. —saca la lengua burlándose de Kyle. — ¿Y bien? ¿Ya me dirán cómo me libro por completo de Kyle?
—Es-¡espera, Eric! ¿Qué no eso era lo que querían? Como quiera que sea, ¡ya no pueden escucharse telepáticamente! ¿Acaso eso no es suficiente? —inquiere exaltada la mujer mayor, ya no le gustaba nada a que camino iba todo esto.
— ¡Por supuesto que no! Aún puedo sentir lo mismo que este cara de verga, ¡y no me iré hasta que me den una respuesta convincente! —brama cerrando ambos puños con fuerza. — ¡Y tampoco me vayan a salir con sus mierdas de que no saben nada! —señala acusatoriamente a ambos adultos.
—Aquí nadie le interesa saber cómo deshacerse de su alma gemela. —asevera con tranquilidad el hombre negro.
— ¡Carajo!
. . .
El hombre caucásico supuso que nada bueno habría de venir luego de recibir una llamada de emergencia por parte de sus compañeros más cercanos, así como la inesperada visita de ese par de niños tan carismáticos que trató hace unos dichosos cuatro años; de los cuales no había tenido contacto desde entonces.
— ¿Qué los trae por aquí, niños? —Charles hace referencia a su espaciosa oficina. —Me pregunto si ya se decidieron a hospedarse en la mansión. —un ligero tic nervioso aparece en su pómulo derecho.
—Nada de eso. —protesta primero Cartman, dando un golpe en el escritorio del adulto. —Queremos saber si existe alguna forma para que Kyle y yo no seamos más unas mariquitas unidas por el universo, o por la mierda que sea. —carraspea poniéndose cada vez más serio.
—Dios mío, Eric. ¿No crees que te estás yendo un poco al extremo?
— ¡Esto no es nada extremo! ¡Ninguno de los dos puede vivir más con esta mierda! Di algo Kyle, no hagas que parezca la obesa de tu madre. —voltea a ver a Broflovsky ligeramente enojado por ser el único hasta el momento que lo ha dicho todo.
—Odio admitir que esta vez estoy de acuerdo con Cartman. —aparta sus ojos de todo, hundiéndose en su asiento.
— ¿Desde hace cuánto que se conocen?
—Preescolar. —responden ambos.
—Vaya lío… —masculla intentando analizar varias posibles, quedando corto de ideas, tarda un poco en volver a hablar. —Dada su situación, veo sólo dos caminos viables que puedan tomar. —mantiene su expresión concentrada al momento de dar una profunda respiración para luego relajar sus músculos tensos. —La primera y la que considero mejor para ustedes es que, aprendan a vivir a con eso. Puede parecer difícil pero sí es posible. —ambos preadolescentes lo ven de forma desaprobatoria. —Y la segunda, y la que podría solucionar lo que vienen buscando es, simplemente hallar las antiguas escrituras de nuestra sociedad. Ahí podría venir cómo deshacer la condición de 'alma gemela', aunque no les recomiendo esa vía.
— ¿Cómo que "podría"? —inquiere dubitativo Kyle.
—Ninguno de nosotros sabe exactamente qué vienen en ellas. Nuestra idea general es que contiene toda la información acerca de la condición de 'almas gemelas'; y entre todo eso podría incluir hasta cómo deshacer un lazo entre almas gemelas. Pero les repito que nada de eso es seguro, ni siquiera su existencia es segura. —declara el adulto sin cambiar su expresión de completa seriedad.
—Espere, ¿entonces por qué lo pone como una opción si no están seguros de su existencia? —reacciona Eric alterándose cada vez más.
—Estamos seguros de que existió, mas no si continúa existiendo.
— ¿Y cómo están tan seguros? —indaga uno de ellos.
—Muy sencillo, tenemos una parte, específicamente las dos primeras páginas, de toda la escritura. —Charles saca de su escritorio un cuadernillo muy delgado cubierto de un material especial que aparentaba servir de protección. —Pueden revisarlo si gustan. —puntualiza acercándolo a ambos.
Por obvias razones, Cartman lo toma primero, casi arrebatándolo del albino, Kyle por su parte no estaba con el humor suficiente como para ponerse a discutir con él a estas alturas, por lo que se acerca curioso al lugar de Eric.
La cubierta era pasta gruesa, pero no aparentaba tener mucho sentido ya que sólo contenía dos hojas dentro. Cuando revisan su contenido no les sorprende en lo más mínimo, por lo mismo de tratarse de todo lo que les repetían hasta el cansancio. Sin embargo, una de las últimas frases les llama por demás su atención al recitar: "sus debilidades y/o fortalezas dependen de su misma coexistencia armónica yaciente en…"
Estaba incompleta la oración.
—Bien, ¿y dónde se encuentran las partes restantes? —se atreve a preguntar Kyle.
—Es lo que no sabemos con exactitud, pequeño. —mantiene su postura firme en todo momento. —Hace cuatro años no me dejaron explicarles que, cuando se fundó esta organización fue con el principal propósito de encontrar esas antiguas escrituras sagradas. Desde hace casi veinte años que no hemos obtenido nada más que esas míseras dos páginas que tienen en sus manos. —sentencia el hombre apuntando a ambos.
—Un momento, ¿no había dicho que estas escrituras son muy antiguas? —adjunta Cartman. —Porque por lo que se ven, parece que no tienen ni dos años de estar impresas; se ven demasiado impecables para tener tantísimos años. —Eric lanza una mirada llena de desconfianza al hombre frente a él.
—Me parece que se sobreentendía que esto se trata de una vil copia. La original se encuentra en nuestra central de toda la organización, ¿esperaban que nuestras escrituras sagradas estuvieran plasmadas en un vulgar papel? Las escrituras están grabadas en calcita en su idioma original; el hindi. Creí que eras más astuto, Eric. —sentencia alzando una ceja desaprobatoriamente,
— ¡Óigame, hijo de puta!
—Espere, ¿qué no el hindi es el idioma de la India? ¿No han intentado buscar ahí? —inquiere Kyle habiendo estado pensativo con todo lo antes dicho.
—Qué observador eres, Kyle. —Eric hace una rabieta en su asiento. —Y efectivamente hemos estado haciendo eso, en la India es donde tenemos más sospechas de que puedan estar todos los tablillas restantes. Más específicamente en el Templo Padmanabhaswamy; en Thiruvananthapuram, Kerala. En ese gigantesco templo hay siete cámaras a lo largo, hasta la fecha ya han sido abiertas seis de esas siete cámaras; sin embargo, se cree que el abrir la séptima puerta está prohibido, ya que toda nuestra gente que ha intentado abrirla ha desaparecido en circunstancias desconocidas.
Tanto Kyle como Cartman permanecen inmóviles en sus asientos, su ritmo cardiaco había cambiado bruscamente con sólo unas palabras y, no podían creer que las cosas se complicaran más de lo que ya estaban, es decir, a toda su mierda le echaban más mierda.
Y un agente externo les observaba desde un sitio en el que nadie en absoluto se dio cuenta de su presencia, permaneciendo totalmente estático.
. . .
Su vista y su mente se hallaban perdidas, ni las ventiscas de aire helado fueron lo suficiente fuertes para hacer que pusiera los pies en la tierra, con la nariz congelada arrastra los pies hasta la parada del autobús, sin constatar el medio que lo rodea se detiene en el mismo lugar de siempre. Creía estar solo, y en caso que no fuera así ni le importaba en lo más mínimo. Eran demasiadas cosas para alguien de catorce años, y no quien para decir eso puesto que desde su infancia todo había sido una completa locura; y tampoco es como si ponía en primera vez en peligro su vida, ya había pasado, y varias veces; con la única diferencia que ahora sí le preguntaban si estaba dispuesto a poner en peligro su vida. Debe suponer que los años pacíficos repercutieron mucho en su persona.
—Hey Kyle. —oye una voz conocida, de momento no reacciona, pero no tarda esta persona en agitar su palma en frente de él. — ¿Estás bien? Te ves algo ido.
—Oh, lo siento Stan. ¿Ocurre algo?
—Eso debería preguntártelo yo a ti, Kyle. ¿Seguro que no pasa nada? Oh, ya sé, debes estar así de distraído por la fiesta, ¿no es así? Aunque no es para tanto.
Kyle permanece unos segundos callado, sin entender de lo que estaba hablando su mejor amigo. — ¿De qué fiesta estás hablando? —ladea ligeramente su cabeza, tal como lo haría un cachorro confuso.
Stan por su parte, parpadea varias veces sin creer lo que estaba diciendo, seguramente le estaba gastando una broma. —De la fiesta de graduación que organizó la familia de Token en su casa a las seis de la tarde, ¿acaso olvidaste que hoy terminamos la escuela secundaria? Llevamos planeando este día como desde hace una semana.
Era cierto, Kyle no puede creer que ya hasta había olvidado el día en que vivía; todo ese asunto se le estaba empezando a ir de las manos, y no podía, no podía con tanto. Ve una vez más el rostro sonriente de Stan, aquel que lo seguía acompañando a pesar de todos los momentos bajos que tuvieron que pasar, y reafirma que se seguía tratando de su mejor amigo casi desde que eran unos bebés; y lo supo, supo que seguiría con él pasara lo que pasara; por lo que ya había tomado su decisión de terminar de lo que había dejado inconcluso hace cuatro años.
Notas finales: ¡muchas gracias a ANDR00MEDA, Natsuna27, Perlacarroza, Perlacarrozax2(?), y a Mxlkins0n por sus reviews!
bueno, creo que me he mamado al traer el capitulo antes de tiempo, so, se suponia que lo iba a postear antes, una disculpa XD
primero que nada, veo que han habido ciertas confusiones en cuanto a la cronologia que llevo, y de hecho esto le debi de haber especificado desde el capitulo anterior, pero bueno, mas vale tarde que nunca, no? xd la razon por la que en el capitulo anterior stan actuaba como un cinico era porque se ubicaba un poco despues del capitulo "te estas haciendo viejo", por eso ahi su amistad era tan delicada, igual con los primeros, casi toda la cronologia se ubica antes de la temporada 15
y ya como ultimo, estimo que la proxima actualizacion sea hasta como por diciembre, en verdad lo siento, mi pendejez supuso que podria llevar un long-fic a la par de la universidad, y pues, no resulto así(?)
Muchas gracias a todos por leer
-Guezeluss
