Metástasis Parte II


Siente su cabeza liviana; demasiado realmente. Quizá sea por la ansiedad que le abruma las 24 horas del día al sentirse vigilado (pero todos llegan a sentir ansiedad, ¿no?); el problema era quien lo hacía. Desde que ese gordo de mierda aprendió de sepa Dios dónde a controlar su comunicación neuronal involuntaria, no había sido más que un mártir. Él ya no podía escucharlo, pero Cartman quizá sí.

(Antes, al menos se escuchaban mutuamente, no podían esconder nada aunque quisieran; pero ahora al no poder oírle, se siente inseguro de todo lo que piensa.

Porque vamos, es Cartman. Él siempre está planeando algo para verlo caer.)

O tal vez se siente así por los efectos tardíos del alcohol. Daba igual, en fin, ahora era momento de irlo a buscar y esperar que no estuviera vomitando o haciendo el ridículo. El problema era que la casa de Token es jodidamente enorme. Supo que no debió pedir ir al baño por sentir náuseas al tomar un poco de ese whisky.

No desea abrir los ojos, se le nublaba la vista apenas pestañeaba, empero su poco raciocinio le obliga a levantarse del colchón olor a lavanda para dirigirse al ventanal de la habitación que daba al jardín trasero de la familia Black. Todo le daba vueltas y sólo divisaba manchas que no paraban de moverse; procura enfocar su vista hacia cualquier punto aleatorio, el que fuera; necesitaba recuperar la claridad de su vista aunque no pudiera encontrar al instante a su mejor amigo.

Las náuseas vuelven cuando empieza a distinguir a sus compañeros de clase tirados en el césped con montones de latas y botellas regadas a todo lo largo y ancho que daba; y sí, le daba asco ver a las personas así. También él se daba un poco de asco.

Pero eso no significaba que se adentraría a ese lugar que muy seguramente apestaría a vómito; de sólo pensarlo se le revolvía el estómago. Empieza a rotar sus ojos, ya con la vista más clara (pero no tan bien del todo) observa a detalle todo el jardín trasero. Si no hallaba a Stan ahí al menos sería un lugar menos del cual irlo a buscar.

Y no fue así.

Tuvo que tallarse los ojos repetidas veces, incluso forzar la vista cual cegatón haría sin sus anteojos. Era impensable, está de más decirlo, el siquiera ver a Stanley Marsh en aparente estado de sobriedad en plena fiesta de adolescentes. No se veía ni un poco afectado, estaba tal cual a como habían llegado a la fiesta. Siendo el único distintivo aquella parca naranja chillante de Kenny.

¿Lo estaba consolando? No logra divisar con claridad ya que, ambos se encontraban de espaldas en las sillas del comedor que hasta hace rato ofrecía un gran buffet. Eran los únicos ahí, pero a Stan se le notaba a kilómetros esas infinitas ganas de querer irse ya de ese lugar. Pero Kenny era otra historia, pareciera que Marsh sólo estaba con él cuidándolo para que no hiciera alguna estupidez; se hizo más evidente al verle menear una botella (aparentemente) vacía de cerveza.

¿Desde cuándo Kenny tomaba?, no pudo sacarse esa pregunta de la cabeza, y es que, de cierta forma ni debería extrañarle siendo que se drogaba con orina de gato. Y seguía siendo sorprendente.

Sin embargo, ahora lo verdaderamente importante era dejar las cosas claras con su mejor amigo; y, empieza a creer que después de todo no era tan buena idea el sincerarse con Stan en estado de ebriedad.

(No era nada fácil, a consideración suya.)

Porque vamos, no es como si todos los días fueras con tu bestfriend a decirle que tienes una especie de lazo espiritual con tu peor enemigo de toda la vida, ¿cierto?

(No era normal, y jamás lo sería.)

Cuando se halla en el umbral de la puerta que daba al patio trasero, es que, tropieza un poco con sus pies debido al mareo repentino provocado por el golpe de aire fresco que le hace dar de vueltas la cabeza. Kyle se apoya parcialmente en el marco de la puerta, quería estabilizarse un poco antes de ponerse a buscar a Stan (a lo que sería muy bochornoso que lo viera en ese estado).

— ¿Kyle? ¡Kyle! Dios, ¿en dónde te habías metido, amigo? Dijiste que te sentías mal, y pasada como una hora me empecé a preocupar. Iba a buscarte antes, pero Kenny… ahora a él se le pasó la mano. Pero vamos, ¿puedes caminar? Te llevaré a donde estaba para que descanses−

—No, ¿no tomaste, Stan?

—Lo hice. Casi tanto como Kenny. Supongo que tomar desde los diez años me hizo tomar resistencia al alcohol. —ríe por lo bajo antes de tomar a su amigo por el hombro, con la intención de dirigirse hacia donde estaba McCormick.

—Espera. Antes, antes debo decirte algo; algo importante. Quisiera que fuéramos a un lugar más apartado, por favor. —sostiene su frente, apartando la vista de su amigo.

— ¿Y Kenny?

—Él estará bien. Será sólo un momento, por favor.

Stanley no responde. Kyle aparta su agarre fingiendo que está mejor, pero no puede evitar sostenerse de cualquier cosa en lo que busca un lugar poco habitado en la enorme casa. Y lo logra, logra encontrar el pasillo superior que daba a la biblioteca (y es cuando recuerda esa vez en la que Cartman armó todo un drama para deshacerse de sus peluches; al grado de usar armas reales para eso). Era ideal; estaba aislado de casi todo, tanto de las personas como del sonido.

(Porque claro, le daba paranoia hablar de eso tan libremente. Y no es como si antes ya hubiera hablado de eso fuera de ese lugar.)

Kyle pasa primero, no se detiene hasta llegar al fondo; y Stan le imita. Habían permanecido muy silenciosos desde entonces, tampoco habían intercambiado miradas amistosas tal y como lo hacían a los diez años. Habían cambiado, unas veces era más notorio que en otras, pero al fin y al cabo no seguían siendo los mismos 'mejores amigos para siempre'.

Stan lo sabía muy bien, Kyle quién sabe. Y por esto mismo, a Marsh le seguía inquietando sobre qué le quería hablar con tanta insistencia.

— ¿Esto tiene relación con lo que me querías decir a los diez años? —pregunta luego de tomar asiento a su lado, con lo ojos fijos al frente, sin estar observando particularmente nada en específico. Stan de la nada siente un pequeño sobresalto por parte de Kyle.

—Se podría decir. —es lo único que puede decir. —Así es. —talla su rostro con su palma izquierda. —Esto-esto es muy difícil. Así que seré conciso−

«Tengo un lazo espiritual con Cartman.»

Stan cree haber escuchado mal. Stan voltea a verlo, confundido. Kyle seguía hecho un ovillo al lado suyo.

— ¿Qué?

— ¡Ya lo dije y no pienso repetirlo!

—Espera, Kyle. ¿Qué clase de broma es esta?

— ¡No estoy bromeando! ¿Crees que me parecería divertido decir este tipo de cosas? —lo encara repentinamente. Y a decir verdad, Kyle esperó cualquier cosa menos a no ser tomado en serio.

—Por Dios, Kyle. No creí que estuvieras así de ebrio, ¿seguro que sólo tomaste un trago de whisky?

(Efectivamente fue una mala idea.)

—St-Stan, estoy hablando en serio. —su voz empieza a sonar quebradiza. —No sé qué hacer, llevo más de cuatro años soportando esto y no veo un camino viable para salirme de toda esta mierda. Intenté recurrir con un grupo de personas que creí que me ayudarían, pero ahora sólo estoy más confundido que antes. Entiende mi desesperación, Stan.

Kyle estaba a nada de romper en llanto. Marsh continuaba demasiado confundido como para contestarle lo primero que se le viniera a la cabeza. Ciertamente no podía (aunque fuera su mejor amigo) tomar en serio a una persona en estado de ebriedad; nadie mejor que él sabía eso. Y sin embargo, sus expresiones, su fuerte agarre hacia su sudadera ya humedecida con pequeñas lágrimas y mocos fluyentes lo hacían dudar; demasiado.

—Kyle, no−

Trata inútilmente de apaciguarlo, y no sabía si apartarlo un poco o dejarlo tal y como estaba. Considera mejor la segunda opción; así parecía un pequeño conejo asustadizo y tembloroso al que es mejor no tocarlo.

—No te estoy entendiendo del todo, ¿podrías explicarme mejor a qué te refieres con 'lazo espiritual'? No me digas que te volviste a unir a una secta fanática de quién sabe qué personaje controversial. —Stan intenta relajar un poco el ambiente tan pesado que se había formado entre ellos. No obtiene respuesta alguna, por lo que decide proseguir. —También, ¿podrías repetirme el nombre con quien supuestamente estás formando un 'lazo'? Murmuraste tan bajo su nombre que fue lo único que no alcancé a oír. Aunque con toda sinceridad eso de los 'lazos espirituales' me suena a una mariconería sacada de alguna revista para chicas−

Stan se detiene al sentir las fuertes respiraciones de su amigo chocando contra su sudadera.

Kyle se había quedado dormido en medio de algo importante.

Si no estaba muerto, deseaba estarlo en ese mismo momento. Fueron los rayos mañaneros del sol lo que lo despertaron, porque si no fuese así seguiría durmiendo otros tres días más. Pero no, la luz y el calor golpeándole la cara le hicieron recordar que aún continuaba respirando; y eso era lo que más le molestaba. Se sentía como los mil demonios, apenas se incorpora de la cama siente un fuerte dolor en la cabeza, haciendo que todo le diera vueltas; estaba mal en todo sentido.

Apenas da un vistazo general a sus alrededores, una extraña sensación le comienza a inquietar a sobremanera. Esa no era su habitación; se da cuenta de eso luego de lograr enfocar bien su vista, aún la conservaba algo borrosa, pero le es suficiente para saber que no está en su hogar.

(Exactamente, ¿qué había pasado el día anterior? Las palpitaciones en su cabeza le permitían sólo pensar en eso.)

—Ya era hora que despertaras, judío. Esto no es un hotel, ¿sabes?

Esa voz.

Aquella molesta voz que le había estado tocando las bolas desde hace aproximadamente diez años le retumba en el alma después de no haberla escuchado por un largo rato. Y era cierto, no había cruzado palabra con Cartman desde la última vez que fueron a aquel lugar del que ya no quería saber nada más.

—Por todos los− ¿Cartman?, ¿pero qué demonios−?

Eric da un gran suspiro.

—"Muchas gracias por alojarme en tu casa para que así la perra de mi madre no descubriera que su hijo ejemplar se había embriagado de un solo trago." De nada. —imita mal a propósito la voz de Kyle; mientras se reacomoda en la silla de su escritorio.

Kyle no entiende nada. Parpadea varias veces mientras talla su rostro con ambas manos; buscando así el despertarse por completo, al momento de forzar su mente a esclarecer todo con los pocos datos que le había dado Cartman.

—Espe−, ¡¿y Stan?! ¡Estuve con él la mayor parte de la fiesta!, ¡¿qué fue lo que hiciste, culón?! —exclama removiéndose por completo de las sábanas.

—Hey, tranquilízate, judío de mierda. —replica molesto levantándose de su silla. —Si no estás en la casa de tu noviecito es porque él me pidió llevarte a mi casa, porque si tu madre te hubiera visto así de deplorable como estabas anoche seguro que no te volvería a dejar salir. Stan ya tenía suficiente con Kenny, y como soy tan bueno accedí inmediatamente. —forma una sonrisa cínica en su rostro.

Kyle ya no sabe qué responder.

—Mi madre siempre que llega de una borrachera y amanece tal cual como tú toma unas de esas pastillas. —señala el paquete ya abierto que se encontraba en la mesita de noche, junto a lo que aparentaba ser jugo de naranja. —Avísame cuando dejes de comportarte como una perra. Tengo algo urgente de que hablarte, Kahl. —menciona con un tono serio en su voz, parado en la entrada de su habitación, ahora sin siquiera mirarle.

Ahora y por primera vez en su vida, Kyle desea con mucha desesperación saber en lo que estaba pensando Eric Cartman; no tiene un buen presentimiento, siente que algo malo va a pasar si continúa así. Y sin embargo, ahora lo único que puede hacer es acceder a esa amabilidad tan sospechosa; y lo tendría que hacer, se seguía sintiendo como si un camión lo hubiera arrollado.

Y entonces−

Ve hacia donde está el vaso de vidrio que refleja la luz debido su nulo contenido; se estaba moviendo, todo a su alrededor no paraba de moverse, y se sentía bien; ya no le dolía la cabeza. Y sus irises olivo volvieron a esconderse en lo que sería el sueño más profundo que tuviese en un largo rato.

Ya no sabía si se le estaba volviendo costumbre pero, últimamente pasaba más tiempo inconsciente que consciente. Se sentía como si un montón de cosas estuviesen pasando a sus espaldas, como si le quisieran ocultar algo; y eso le molestaba, demasiado.

Cuando recupera el conocimiento de sus propios actos, se siente limitado. Lo primero que ve es un fondo aterciopelado de diferentes tonalidades azulosas, como las de un asiento de autobús o algo parecido. No entendía nada y lo único que quiere es moverse de su lugar; no puede, intenta mover sus extremidades pero las siente prisioneras; así como su voz, no sale nada de su boca al intentar formular palabras de auxilio. Todo es inútil, fue limitado casi por completo, y la única excepción fue su vista. Aterrorizado, ve cómo sus muñecas y talones fueron atadas a las patas de su asiento; también descubre que lo que cubría su boca era un pañuelo bien ajustado que le tapaba hasta la nariz.

Se sentía secuestrado, otra vez.

—Al fin despiertas, Kahl. Mejor, no quería llevarte cargando incluso cuando llegáramos.

Lo vuelve a escuchar. Ya no podía oírlo en su cabeza pero, pareciera que jamás se podría librar de esa voz que, apenas la oía su condena ya estaba sentenciada. Lo peor estaba por venir, de eso no le cabía duda.

—"¿Cartman? ¡¿Cartman?! ¡¿Dónde demonios estoy y por qué estoy atado?! ¡Suéltame de una buena vez, gordo de mierda!" —brama moviendo con ímpetu sus extremidades atadas; el pañuelo cubriendo su rostro hizo que sonara tal cual a como habla comúnmente Kenny. Eric por su parte, al ya estar acostumbrado a eso, no se le dificulta en lograr entender todo lo que dijo.

—Wow, wow, wow. Hey, judío, será mejor que te calmes; no querrás armar un escándalo aquí en medio de avión a cuarenta mil pies de altura, ¿cierto? Si quieres que te desate, promete que no harás nada que llame la atención, ¿okay?

Los ojos de Kyle llenos de ira y hostilidad, poco a poco, se fueron destensando; odiaba admitirlo pero, tenía razón. Llegados a ese punto lo mejor que podía hacer era conservar la calma; y tratar de controlar el impulso de querer matar a Cartman, sobre todo.

—"De acuerdo."

Apenas pronuncia esas palabras, siente respirar al serle retirado ese pañuelo tan incómodo. — ¿Y lo demás? —cuestiona al ver que Cartman no tiene la intención de quitarle las cosas sobrantes.

—Con eso es más que suficiente. Cuando lleguemos te desataré por completo, ¿cuál es el problema?

(Claro, él tenía la culpa por seguir confiando en Cartman.)

— ¿"Lleguemos"? ¡¿A dónde carajo vamos?! —exclama sumamente alterado; en lo que llevaba despierto, se le había olvidado por completo ese insignificante detalle. El estar inconsciente durante tanto tiempo al parecer le causó efectos muy negativos.

— ¿Cómo que "a dónde"? ¿Acaso no es obvio? Tú mejor que nadie debería saberlo, Kahl. —inquiere desinteresado al tiempo en que abre una bolsa de CheesyPoofs.

—No, no lo es. ¿Por qué debería saberlo? Si el que ha estado actuando extraño eres tú, maldito gordo.

—Oh, qué raro. Si hace casi una semana no parabas de buscar alguna manera de deshacernos de esta mierda. ¿Que a dónde vamos? Al único lugar en el que podría haber una solución a todo esto. —recalca con absoluta seriedad en sus palabras.

Y si Kyle no se equivocaba, podría jurar que le estaba insinuando que, él tenía la culpa de que ahora se encontrara amarrado. —Me estás jodiendo, ¿verdad?

—Veo que tu amigo ya se encuentra mejor, ¿necesitan algo en específico? —una tercera voz los hace sobresaltar un poco a ambos.

Eric rápidamente visualiza a la aeromoza con una expresión angelical. —Muchas gracias por preguntar, señorita; pero así estamos bien. —ésta simplemente le responde con una sonrisa.

— ¡¿Ahora qué clase de mentira inventaste para poder viajar hasta la India?! —gruñe Kyle tratando de mantener la voz más baja que le es posible.

— ¡Hey! ¡Fue cierto todo lo que dije, judío! "Mi amigo se desmayó un poco antes de tomar el vuelo, pero es muy urgente que vayamos. Él no hubiera querido perder su viaje sólo por uno de sus bajones de azúcar." —imita su tonada de niño bueno. —Aunque fue difícil, muy difícil, que porque "si tiene problemas respiratorios y/o circulatorios no es recomendable que viaje en avión." Agradece lo que te ahorré, porque no fueron sólo los del aeropuerto, ¡también la asiática esa y su esposo negro! —masculla viendo a Kyle con horror.

—Espera, ¿ellos lo saben?

Eric lo ve incrédulo por un momento; luego, empieza a carcajear estrepitosamente y, con el movimiento de sus manos empieza a ensuciar por todos lados con sus dedos manchados de frituras. —Qué gracioso eres, Kahl. —se limpia una pequeña lágrima que le había provocado tanta risa. — ¿Sino cómo estaríamos aquí? Dime, en serio.

Kyle demora unos segundos en pensar bien las cosas, en rememorar todos los últimos sucesos que había pasado junto a Cartman; y lo recuerda. — ¡¿Có-cómo?! ¡¿En qué momento te pusiste en contacto con ellos−?!

Eric vuelve a reír, ahora mucho más fuerte y los demás pasajeros fijan su vista en ellos.

— ¿Tal vez con el iPhone que nos regalaron hace años? Dah. —señala el aparato de había sacado de su bolsillo, balanceándolo en todas direcciones burlonamente. —A diferencia tuya, judío. Yo que he tratado de buscar una solución a nuestro problema desde la última vez que fuimos, o más bien que me engañaste a ir a esa jodida casa hogar.

Kyle no es capaz de articular palabra, sus ojos llenos de asombro e incredulidad le dejan en completa mudez. Quiere retractarle algo, pero no puede. Ya ni siquiera recordaba ese dichoso iPhone; jamás lo usó como tal, porque claro la paranoia no lo dejaba.

—Hablé con ellos al respecto. Decidí por ambos ya que seguramente empezarías a hablar como la perra obesa de tu madre−

— ¡Claro que me pondría así, culón! ¡El viajar al otro lado del mundo no es cualquier cosa−!

— ¡Déjame terminar de explicarte, judío! Mira, ellos tienen su propio recinto allá en Kerala, o como se llame−; el caso es el siguiente, vamos a llegar al aeropuerto, nos van a recoger la gente que tengan allá y nos hospedarán en lo que nos quedamos ahí, ¿sencillo, no? En el caso de que veamos muy peligrosa la situación, nos vamos en ese momento. ¡No es para tanto, Kyle! Será como ir al parque de diversiones−, sólo que en versión tercermundista. —exclama tratando de animar la situación y que no sonara tan horrible como aparentaba ser. — ¿Entonces qué me dices? Es más, si ves cualquier cosa que no te parezca del todo, nos vamos también. De todas maneras ellos fueron los que pagaron los boletos; así que si no resulta haremos como si nada de esto hubiera pasado, ¿está bien? Tú sólo confía en mí, Kahl. Esto saldrá bien.

—No me pidas que confíe en ti, gordo de mierda. Siempre que lo hago todo termina mal. —responde viéndolo a los ojos con las cejas totalmente fruncidas.

—Este no será el caso. Y no sé tú, pero yo ya me voy a dormir. —bosteza alto antes de darle la espalda por completo.

— ¡Pero si−!

Cuando Kyle intenta reprocharle algo, los nudos en sus muñecas le recuerdan que aún seguía atado. Maldice por lo bajo antes de que todas las luces de la cabina fueran apagadas, y es en ese momento en el que voltea hacia la ventanilla y ve que efectivamente ya era de noche. Genial, lo que ahora menos tenía era sueño, y era más que seguro que todavía faltaba un buen tramo. Sería incómodo, pero con todo oscuro trataría de dormir un poco.

Necesitaba calmarse y procesar su penosa situación actual.

No sabía con exactitud la hora que era; seguramente serían como las tres o cuatro de la madrugada, ¿eso importaba? Quizá sí, quizá no.

Lo realmente importante fue que algo, algo demasiado fuerte lo despertó.

No supo qué fue, sólo supo que provenía de atrás.

Y debió ser algo excesivamente fuerte como para que ahora se encontraran descendiendo.

Sucedió muy rápido, demasiado.

Y lo último que vio antes de desmayarse por una herida que juraba no haberse hecho fue, un escenario en llamas que se iba extinguiendo con pequeños cristales de agua precipitada.