Centinelas

Capítulo 2 Pegaso y Equuleus

Unas horas más tarde, Hinata llegó a casa esa mañana y su padre la esperaba severamente furioso para regañarla por haberse fugado, pero ese enojo se convirtió en terror al verla portar una yoroi como su esposa fallecida y la chica no se hallaba de buen humor.

—¡NOOOOOOOOOOOOOO!—exclamó el castaño al cielo.

—¿No me ibas a regañar?—preguntó confundida la niña.

—¡Esto es malo! ¡Tanto que me esforcé para que no sacaras ese lado de tu madre y ahora vas a ser igual ella!—confesó en total consternación el sujeto.

—¿De qué hablas?—.

—Desde que tu madre usó una de esas armaduras se volvió una dominatrix, no pude oponerme a ser su esclavo sexual hasta el día de su muerte—reveló el sujeto temiendo que la castidad de su hija estuviera en peligro.

—Oh, no sabía eso de mamá—admitió con sorpresa y se fue a dormir dejando al líder temeroso de que ella ya hubiese encontrado a sus presas.

El mensaje había llegado a todos los centinelas del mundo y la orden entera tenía algo que acatar: Volver de inmediato al Santuario. Por ello, Honoka y Mito iban caminando a la fortaleza personal del ejército de Tsukuyomi a pie, pero antes pasarían a Konoha para reabastecerse de víveres y dar informes a Hiruzen sobre el estado actual de la hija de Minato y Kushina.

Las dos veían la entrada a la aldea oculta y a Mito le pareció muy bonita. Ellas fueron recibidos por Izumo y Koketsu que veían extrañados a la pelirroja pequeña con la sensación de que les recordaba a cierto rubio escandaloso que estaba siendo tema de controversia por su yoroi.

—Vengo a reunirme con el Hokage, soy Honoka de Águila, centinela de plata—se identificó la mujer.

—Mito Uzumaki, centinela de bronce de Equuleus a sus ordenes, de veras—saludó animada la chica.

Los dos se pusieron pálidos porque ese apellido era el mismo del niño Nueve Colas y su constelación era la hermana de Pegaso, la otra que estaba alterando a medio mundo y además de que tenía un gran parecido por lo que era demasiado sospechoso.

—Pueden pasar, solo no causen problemas—les dijo Koketsu esperando que algo malo no pasara.

Las dos se adentraron en el pueblo y a Mito le pareció un lugar hermoso para vivir y por un extraño motivo era como si estuviera en casa. El Monumento Hokage estaba allí y se quedaba viendo muy fijamente el rostro del Cuarto Hokage.

—Honoka sensei, ¿no es extraño que ese rostro me cause nostalgia?—le señaló la pelirroja pequeña a ese monumento.

—No, como crees. Mejor olvida eso—le respondió nerviosa la centinela porque cada minuto en ese pueblo estaba haciendo sospechar a su alumna.

En ese momento, Naruto iba despreocupado por la aldea con una lista de cosas que le faltaba para el viaje ya que Iruka le dijo que pronto partirían con Natsu e Iruka al legendario Santuario y necesitarían víveres para el camino. Extrañamente ahora cada dueño de las tiendas empezaban a tratarlo mejor; no tanto por su condición de centinela de Pegaso, más por el miedo a la diosa de la Luna.

—Hmp, no me gusta que Hinata me obligue a comer verduras. Las odio, de veras—se quejó el Uzumaki al ver la lista que le encomendó la Hyuga para el viaje.

El niño vio a lo lejos a dos pelirrojas con Cajas de Izanagi muy voluminosas en la espalda y había una niña de su edad que se quejaba de que tenía hambre.

—Por última vez, no. Iremos a la oficina del Hokage y luego a la tienda de ramen—le decía muy severamente Honoka.

—¡PERO TENGO MUCHA HAMBRE, QUIERO RAMEN!—se quejaba Mito muy infantilmente.

El rubio se acercó a las dos mujeres como si nada y les habló de forma muy familiar o más bien al estilo Naruto.

—Hay una tienda muy cerca de aquí con el mejor ramen del mundo, de veras—les dijo el ojiazul sonriente.

Honoka se volteó aterrada al oír ese tic verbal y vio al niño rubio de ojos azules con marquitas en las mejillas de la misma edad y complexión que Mito, quedando muy pálida.

—Oh, ¿en serio? Eres muy amable, gracias—respondió Mito muy feliz por oír eso.

Los dos se miraban algo extrañados porque sentían que se conocían de un lado, pero no sabían de donde.

—¿Te conozco?—preguntó Mito al rubio.

—Lo mismo debería de decir—respondió Naruto.

Los dos se veían con mirada zorruna analizándose y Honoka sudaba frío porque estaba en problemas si Mito llegaba a descubrir su secreto.

—No sé quien eres pero eres muy guapa. Me recuerdas mucho a alguien—señaló Naruto.

—Igual tú, me agradas mucho—asintió la Uzumaki.

—¿Cómo te llamas?—.

—Mito Uzumaki de Equuleus, centinela de bronce—señalaba su caja de Izanagi.

—¿Equuleus, Uzumaki? Genial, me llamo Naruto Uzumaki de Pegaso. Podríamos ser parientes, de veras—dijo feliz el rubio.

—¿En serio? Que coincidencia y somos constelaciones hermanas. Vamos a llevarnos muy bien, de veras—celebró Mito muy sorprendida y chocaron los puños, cayéndose muy bien de inmediato.

—Mejor nos retiramos—intentó intervenir la sensei pero fue ignorada.

—¿Te gusta el ramen?—preguntó la pelirroja curiosa.

—Lo amo, es la comida de los dioses—declaró el ojiazul.

Los dos se miraban con destellos de alegría al ver que adoraban la misma comida y eso puso aún más nerviosa a la centinela de Águila. No pudo evitar llevar a la Uzumaki a la tienda de ramen pero Honoka sabía que su ahijada no había descubierto su secreto ya que no era muy inteligente que digamos y al parecer Naruto tampoco. Ambos devoraban ramen como si estuvieran sincronizados y en grandes cantidades, sobretodo Mito que estaba probando el mejor platillo de su vida.

—Mis papilas gustativas han muerto y vuelto a renacer, es tan sabroso—declaró la pelirroja extasiada.

—Te lo dije, Mito. El mejor ramen del mundo es de Ichiraku ramen—.

—Voy a ganar el reto de Reina Comedora de Ramen, ¿Cuál es el récord del lugar?—preguntó la Uzumaki.

—47 platos de ramen—.

—¡¿QUÉ?! ¡NADIE COME TANTO!—exclamó en shock la chica.

—Hola, Naruto. ¿Quién es tu nueva amiga?—se escuchó una vocecita detrás de ello.

Se veía a Hinata Hyuga comiendo rollos de canela y con una sonrisa sencilla y cálida a su mejor amigo, pero ese momento Mito tuvo un flechazo inevitable y poderoso. Sus ojos blancos, su cabello azul y su hermosura, la mujercita tuvo amor a primera vista por la portadora de la yoroi de Conejo como ella lo nombró.

—Oh, Hinata. Mira, ella es Mito Uzumaki, es una centinela como nosotros—la presentó Naruto.

—¿Uzumaki? Que bien, encontraste a una pariente—dijo Hinata feliz.

—Dos si cuentas a su madrina Honoka. Ella también es Uzumaki—señaló emocionado Naruto.

—¿Cabello rojo? Me acuerdo de que mi madre mencionaba a veces a una mujer de cabello rojo que era su amiga—recordó vagamente la Hyuga mirando con cierta maldad a Honoka que casi escupe el ramen.

—"Por Tsukuyomi, ella sospecha"—pensó Águila muy nerviosa.

—Siéntate a comer, Hinata. Por cierto, Mito…ella es la Reina Comedora de Ramen. A pesar de ser tan frágil y delicada como un lirio blanco, come más que tú y yo juntos, de veras—le contó Naruto a su amiga nueva.

—"¿Esa niña es la hija de Hanamei de Búho? Es igualita a ella y tiene su apetito feroz"—maldijo la Uzumaki de plata.

Hinata pidió su plato de ramen y Mito observaba a su nuevo interés amoroso comer elegantemente con corazones en sus ojos y una sonrisa boba que a Honoka no le gustó.

—Mira, tengo un enorme plato grande de ramen de cerdo como a ti te gusta—le dio a oler la pelirroja de plata a su ahijada para llamar su atención, pero no funcionaba—Oh no puede ser, ni el ramen hace efecto, esto es malo—balbuceó la mujer en shock.

—Oye, ¿cuándo sales por el pan, muñeca?—coqueteaba Mito con Hinata.

—¿Muñeca?—alzó la ceja la chica pero al verla entendió el mensaje.

—No me importa compartir, preciosa—le siguió insistiendo la pelirroja asumiendo que el rubio era novio de la peliazul.

—"Demonios, lo siento Kushina. Creo que Mito no te va a dar nietos"—pensó con mucho pesar Honoka.

De repente, llegó Iruka al sitio para avisarles a los chicos sobre la orden del Santuario y vio a Honoka en el lugar después de muchos años con la pelirroja que se parecía a Naruto.

—Hace años que no te veía, Águila. Veo que viniste por la orden del Patriarca—declaró el centinela de Plata curioso.

—Sí, ella es Mito. Es mi discípula y mi ahijada oficial—.

El moreno vio con la ceja alzada las miradas de la centinela de Equuleus a Conejo y no sabía que era peor: Que la chica bateaba al otro lado o que iba a tener problemas con lo posesivo que podía llegar a ser Naruto si se trataba de Hinata.

—Hola Iruka sensei, ¿qué lo trae por acá?—saludó la Hyuga a su maestro ignorando a Mito y ella se enojó.

—Traigo ordenes del Santuario, vamos para allá el día de mañana para oír el discurso del Patriarca ya que al parecer los dos centinelas que anuncian el fin del mundo aparecieron—explicó el centinela joven aludiendo a los dos Uzumaki.

—No entiendo, ¿por qué Pegaso y Equuleus tienen una profecía que recae sobre ellos?—preguntó la ojiperla curiosa.

—Es una leyenda que se dio en la era mitológica donde Tsukuyomi relató en una tabla sagrada que Pegaso y Equuleus fueron los únicos que han logrado herir a la diosa de la muerte. Cuando el tiempo llegara, ambos guerreros regresarían poco antes de que la diosa de la Luna llegue a este mundo para dirigir la guerra centinela—explicó seriamente el centinela de Delfin.

—Ya es tiempo de irnos, Mito. Tenemos que reportarnos—le dijo repentinamente Honoka a su pupila pero no hacía caso.

—No, me quedaré conociendo a este bombón—le dijo ella viendo a Hinata con deseo pero le jalaron las orejas y ella se quejaba mientras se alejaban—¡Te odio, sensei!—.

—Nos vemos después, Mito—se despidió amigablemente la peliazul.

Un poco después de comer, Naruto y Hinata caminaban juntos por la aldea como siempre lo hacían e iban al Complejo Hyuga, pero en el camino se les cruzó una pelirroja con cara de pocos amigos.

—¡Naruto Uzumaki, te reto a un duelo por la mano de Hinata!—se veía a Mito dándole un guantazo al rubio.

—¿De qué hablas, loca?—alzó la ceja el rubio.

—"¿Acaso no había dicho que estaba dispuesta a compartir?"—pensó curiosa la ojiperla.

—Pienso pelear por el honor de Hinata para ver quien se la merece, de veras—habló muy exageradamente la chica.

—¡Oye, ella no es un trofeo por la cual debemos pelear!—reclamó el chico.

—No me gusta que me traten como objeto—señaló incomoda la peliazul y Mito sintió un dolor en el pecho.

—¡Lo siento mucho, discúlpeme si la ofendí! Es que no había conocido a alguien como usted, es tan bella que no puedo evitar quererla sola para mí—se inclinó la chica perdiendo el control.

—Oye, no hagas eso. No estoy enojada contigo, me halaga que pienses eso de mí—admitió divertida la peliazul acariciando la cabellera roja de la Uzumaki.

—Aún así, jamás vas a ganarme. Te llevo años luz de distancia, novata—le dijo con maldad Naruto y Mito lo tomó por el cuello.

—¡Eres un cretino, te reto a una guerra de los 1000 días, de veras!—habló muy molesta la chica.

—No es para tanto, Mito—le decía Hinata calmando a su amiga nueva.

—Si lo es, no pienso darte a mi niña especial—declaró el rubio desafiante.

Los dos Uzumaki se miraban con rayos hasta que fueron jaloneados de las orejas por una Hinata furiosa que tenía una venita en la frente ya que se había fastidiado de esa discusión.

—¡Ya basta, nada de guerra de 1000 días y peleas sin sentido! , ¿entendido?—los miraba la Hyuga con el Byakugan activo.

—Sí, señora—dijeron los dos azules del miedo.

—Que bien. Mito, si deseas abrazos y arrumacos no tengo problema. No tienes que llegar a extremos para llamar mi atención, eres mi amiga y te simpatizas mucho—le dejó en claro la chica dándole un besito en la mejilla que la hizo derretirse.

—Gracias, eres muy buena—dijo la pelirroja muy sonriente y sonrojada por ese gesto de amor.

—Oye, pero yo soy tu mejor amigo—reclamó a punto de llorar Naruto.

—Cariño, nuestra relación no va a cambiar por nada. Te quiero mucho—le dio otro beso en la mejilla al chico que se sonrojó pero aún así algo cambió dentro de su interior y el zorro depredador despertó al fin.

—Perdón, es que no quiero perderte—se disculpó el muchacho no muy convencido pero miraba con dagas a la pelirroja.

—Descuida, hay suficiente Hinata para los dos—dijo la chica llevándose a los dos de la mano.

Mito estaba emocionada al llegar rápido a ese nivel de amistad y lo daría todo por ganarse su corazón. Por su parte, Naruto se sentía bien estando con su amiga pero sus sentimientos estaban cambiando a algo más profundo que eso, nunca había reaccionado así con nadie y se estaba volviendo más celoso de su mejor amiga, por eso le iba a preguntar a Iruka sobre esto.

La ida a casa fue tranquila y Hinata entraba a casa cuando se cruzó con Hiashi, quien siempre tenía su mirada normal pero ahora se le notaba cierto dejo de preocupación al enterarse de la condición de centinela de su hija.

—Escuché que vas al Santuario por primera vez mañana—.

—Así es, voy a ponerme al servicio de la diosa de la Luna como solía ser mi madre—respondió seria la chica.

—¿Tu yoroi de que clase es? Tu madre también tenía una de categoría desconocida pero su poder superaba las de oro—.

—No sé, parecía ser de bronce pero es que aún no domino bien mi chakra. Es como si algo lo bloqueara—explicó la niña.

—Está bien, solo ten cuidado y no te pongas en peligro innecesario. Esa yoroi me da mala espina—le pidió el sujeto yéndose del lugar.

—"¿Ahora que le picó a padre? Nunca lo había visto así por mí—pensó extrañada Hinata.

Al día siguiente, Iruka y Honoka se llevaron a los 3 centinelas novatos al Santuario y el camino estaba tranquilo, pero Mito y Naruto no dejaban un minuto sola a Hinata. Cuando cayó la noche centinelas prepararon sus tiendas de campaña en la noche y una fogata estaba ardiendo mientras que ellos asaban malvaviscos al fuego.

—¿Entonces los antiguos escritos decían que la diosa amada llegaría después de sus guerreros más fuertes? ¿Cómo es que sabremos quien es Tsukuyomi?—preguntó Hinata curiosa.

—El Patriarca tiene en sus manos la profecía que se dice que fue escrita por la diosa de la Luna hace 1000 años. Allí dice que ella descenderá en la Luna Llena majestuosamente a lado de sus centinelas dorados, los cuales son sus guerreros más amados y caminará a lado del Patriarca para llevarla a su trono—relató Iruka a la chica.

—Eso suena muy pomposo y creo que Lady Tsukuyomi escribió eso en una noche de borrachera con sus hermanos dioses—dijo lo que pensaba Hinata.

—No blasfemes, dudar de nuestra diosa es la muerte—alegó Honoka seria.

—No me convence pero no importa. Quisiera ver a nuestra diosa Tsukuyomi cuando venga y que cuide de mis amigos, ellos se esforzarán más que nadie con sus deberes—.

—Dudo que el Patriarca lo permita, él seguro va a asignar centinelas dorados para cuidarla en vez de ellos dos—.

—Hmmp, ¿es mi imaginación o los Patriarcas son fanboys de los dorados?—.

—Son fanboys hasta la médula, no se molesten en encubrir las cosas. Después de todo cada Patriarca es elegido de la Orden Dorada, por eso son los favorecidos de la orden. Solo Jiraiya ha ejercido el cargo siendo de Plata pero su armadura esta al nivel de una de las 13 constelaciones primarias—declaró molesta Natsu al respecto.

—Ósea que es el Santuario de los dorados ahora, espero que Tsukuyomi corrija todo—suspiró Iruka ante esto.

Al día siguiente partieron al Santuario y llegaron a una montaña donde tuvieron que subir a pie donde el chakra divino de Tsukuyomi se podía sentir únicamente por los centinelas. Los niños veían muy maravillados el lugar y Hinata veía con el Byakugan todo el sitio.

—Este sitio es muy hermoso, veo el Palacio del Patriarca desde acá—señaló la Hyuga con el dedo.

—Un momento, el Byakugan no funciona acá. El chakra de Tsukuyomi bloquea la visión para evitar espias—comentó Honoka en shock.

—Pues si a Hina no le hace efecto, sus ojos son maravillosos—felicitó Naruto a su amiga.

—¿Hay tienda de ramen acá?—preguntó Mito curiosa.

—No—respondió Iruka.

—¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!—exclamaron en shock los Uzumaki.

—¿Y tiendas de rollos de canela?—preguntó Hinata a Honoka.

—No—.

—¡¿POR QUÉ LA DESGRACIA SIEMPRE ME PERSIGUE?!—maldijo Hinata al cielo.

Luego de la rabieta infantil, los novatos vieron a varios centinelas que ellos no conocían y una gran horda estaba reunida en el lugar por la orden del Patriarca.

—Wow, esos si son muchos centinelas. Esto es más serio de lo que pensé—vio Mito a todo el mundo.

Todos estaban acomodándose según su jerarquía de forma que los de bronce quedaban atrás, los de plata en medio y los de oro al frente. Se dio la orden de que Pegaso, Equuleus y Conejo se quedaran al frente porque el mismo Patriarca iba a darles la bienvenida desde su trono. Sin embargo, Naruto y Hinata se llevaron la sorpresa al ver a varios de sus compañeros de generación convertidos en centinelas dorados, guerreros de elite.

—¿Sasuke, Sakura, Ino? ¿Son centinelas de oro?—preguntó Naruto muy asombrado.

—Este idiota, ¿cómo es posible que alguien como él sea el guerrero que los mismos dioses temen?—dijo Sakura incrédula, quien portaba la yoroi dorada de Piscis.

—Óyeme rosadita, más respeto para mi amigo—reclamó Mito muy molesta.

—Equuleus, ¿eh? No luces tan asombrosa como dice la leyenda—intervino Ino de Virgo algo molesta por la falta de respeto a sus superiores de parte de Mito.

—Soy la mejor, rubia anoréxica. No me simpatizas, de veras—.

—¿Tienes ese estúpido tic? ¿Que acaso los idiotas hablan todos igual?—se burló Virgo.

—Somos compinches de ramen, hermana. Solo yo puedo molestarlo, engreída—.

—No seas igualada, tomate. Ustedes bronceados no igualarán nuestro brillo dorado y si eres pariente de este tonto, seguramente eres igual—declaró Sakura de forma presumida.

—¡CIERRA LA BOCA, PISCIS! Es claro que no conoces la palabra humildad—intervino otra pelirroja de lentes al fondo.

—¿Y tú quien eres?—preguntó la centinela de oro de los peces.

—Karin Uzumaki de Andrómeda, si son Uzumaki como yo puedo asegurarte que serían capaces de patearte el trasero. Por algo las dos yoroi hermanas legendarias los eligieron—señaló la mujer seria.

—Pues Tsukuyomi se va a llevar una gran decepción cuando vea a Pegaso y Equuleus. No es por ser pesimistas pero su poder es mínimo contra la diosa Izanami. Por ello Sagitario me eligió como su portador—menospreció Sasuke a los Uzumaki y se podía ver un tic nervioso por parte de Hinata en su ojo.

—Yo soy la mujer más cercana a un dios, la diosa de la Luna se sentiría más cómoda con alguien de su clase—bufó Ino y la peliazul sufrió de náuseas en ese instante.

Las palabras de los 3 centinelas dorados estaba sacando de quicio a Hinata e iba a hablar cuando se oyó al Patriarca intervenir.

—¡YA BASTA!—se escuchó el grito molesto del líder centinela en la habitación—No voy a permitir esta muestra de insubordinación de ustedes. Son los centinelas dorados y no deben dar este comportamiento tan indigno de su clase—.

—Han cambiado demasiado, no eran así en la Academia. ¿Este puesto en el Santuario les hizo que se les subieran los zumos a la cabeza?—les criticó Hinata muy molesta quien agregó ese detalle.

—Lo que pasa es que son los elegidos por el destino a portar las yoroi doradas, no como alguien que fue elegida por una cubierta sin constelación—intervino un sujeto similar a la Hyuga con cara de pocos amigos y Hinata hizo una mueca al ver de quien se trataba.

—Neji, hace tiempo que no te veía—.

—Ahora soy Leo, soy tu superior. Deberías inclinarte ante mí y rendirme pleitesías—le menciono de forma condescendiente.

—¿Por qué tendría que inclinarme ante alguien que es mucho más débil que yo? No me provocas miedo, solo lastima—alegó Hinata muy seria.

—¿Qué dijiste?—cuestionó muy furioso el centinela dorado.

—Neji, va para ti. Tú provocaste a tu prima, ahora te aguantas. Ahora cierra la boca y deja terminar lo que vinimos a hacer—silenció el Patriarca al joven.

—Sí, señor—masculló entre dientes el chico muy enfadado.

Mientras el Patriarca hablaba, Mito hacía con sus manos un corazón a Karin diciendo que le caía muy bien y Naruto le alzó el pulgar agradeciendo su ayuda, a lo que ella les guiñó como respondiendo que de nada.