Centinelas
Capítulo 4 Entrenamiento
El Santuario dio como orden que los centinelas participantes tuvieran un mes de entrenamiento para acostumbrarse a su nuevo estilo de vida y así entrenaran sin contratiempos. Los novatos dorados fueron puestos bajo la ala de los mejores soldados de élite para garantizar su victoria pero los de bronce realmente no tenían a alguien que los guiara.
Hinata como siempre se había dado cuenta y había escrito en sus apuntes de lo que se iba a quejar su diosa cuando ella llegara a la Tierra. No todo era malo y es que ahora que era una centinela podía pasar más tiempo con Naruto y se había dado el tiempo de conocer a su nueva mejor amiga Mito, aunque estaba casi 100% segura de que eran mellizos.
La peliazul miraba entrenar en conjunto al par de Uzumaki analizandose y Mito parecía tener un ataque más fino y elegante, mientras que los del rubio eran más fuertes y brutos. Sin embargo, eso no era lo que la chica ponían atención, sino en el hecho de que estaban sudados y ninguno tenía camisa en ese instante, excepto por una vendas en el pecho de la pelirroja, cosa que agradeció ella.
Después de darse un espectáculo, la Hyuga abrió un libro y buscaba algún consejo para aumentar sus habilidades de pelea.
—¿Qué lees, Hinata?—preguntó Naruto acercándose a su ama.
—Es el libro de consejos que mi madre me legó. Ella era la más poderosa del ejército y se sabía que habían métodos que se llevó a la tumba—.
—¿Qué encontraste?—.
—Aquí dice que normalmente los centinelas fanáticos usan el celibato para purificar su espíritu y alejarse de las tentaciones pero mi madre sostiene el camino de una vida sexual activa pero con pleno consentimiento—declaró la peliazul un poco sorprendida por esto.
—¿Vida sexual activa?—.
—Los lazos entre dos o más personas en el acto sexual conducen a la unión más profunda tanto en cuerpo como alma y además sirve como ejercicio y alivia el estrés. No tiene realmente una desventaja a la hora de luchar y despeja mejor la mente, junto con la confianza entre los amantes—leyó la Hyuga muy interesada.
—Creo que eso es muy extremo—dijo algo sonrojada Mito cerrando el libro.
Hablando de otra cosa, los rumores del Torneo Galáctico habían llegado a las aldeas y el Patriarca decidió que sería en Konoha al ser la aldea más cercana al Santuario. Las batallas de centinelas de oro contra los de bronce eran un atractivo y más que estaban los guerreros legendarios de la leyenda, por lo que se estaban dejando venir los turistas, mientras que el estadio estaba siendo remodelado. Hinata, Naruto y Mito comían helados en el Monumento Hokage viendo todo desde arriba.
—No había visto tanta gente extranjera en la aldea—mencionó Naruto curioso.
—Desde que se anunció el torneo, aumentó la publicidad—explicó la peliazul.
—¿Quién fue el último ganador de un Torneo Galáctico?—preguntó Mito.
—Esa pregunta es sencilla, Obito Uchiha de Cáncer—se oyó una voz acercándose.
Se veía a Natsu de Camaleón comiendo una naranja yendo con una chica de la edad de Hinata pero con piel más bronceada y de un cabello castaño corto con mirada picara.
—Señorita Natsu, Hanabi, hola—saludó Hinata.
—Son Hyugas—comentó asombrada Mito.
—Hola hermanita—saludó Hanabi feliz.
—¡¿HERMANITA?!—chilló impresionada Mito.
—Olvidamos decírtelo, Hinata tiene una hermana gemela. Se llama Hanabi—explicó el rubio.
—Con razón es linda, debe ser de familia—murmuro Mito muy seria.
—Tu debes ser Mito, Honoka está fanfarroneando de su alumna estrella—comentó la peliverde sentándose a su lado.
—¿Conoce a mi madrina?—.
—Claro que sí, es una vieja amiga de la infancia—.
—Me quedé con la duda, ¿quién es ese Obito Uchiha de Cáncer?—preguntó Naruto.
—Era mi mejor amigo hace mucho tiempo, con un corazón de oro como el de ningún otro. Desapareció cuando el Nueve Colas atacó Konoha—explicó la mujer un poco nostálgica.
En ese momento, se veía a Honoka de Águila con una linda mujer de cabello castaño largo con una yoroi que recordaba a un felino.
—Nya, estoy muy deprimida. Ese estúpido Sasuke ya no quiere que su hermanita mayor lo ayude con sus entrenamientos, nya—lloraba anime la chica.
—Apenas recibe su yoroi de oro y se siente el centinela más poderoso de todos. Los niños de ahora son unos groseros—consoló la pelirroja a su amiga.
—Aparte dijo que lo avergüenzo por mis gustos, nya. No tengo la culpa de que me encanten los gatitos, nya—.
—Ya verás que se le va a pasar. Cuando pierda frente a Pegaso, va a pedirte que vuelvas a entrenarlo, ya verás—le prometió la pelirroja.
En ese momento, las dos vieron a Natsu y a los niños y fueron a saludarlos para unirse a la conversación.
—Hola ojitos, nya—saludó Izumi a Natsu de forma muy felina.
—¿Quién es la mujer rara con fetiche a los gatos?—preguntó Mito a Honoka.
—¡NO ES FETICHE, ES MI PASIÓN, NYA!—reclamó la Uchiha con una cabezota chibi.
—Ella es Izumi Uchiha, centinela de bronce de lince—presentó Honoka a su ahijada.
—¿Uchiha? ¿Es pariente de Sasuke?—preguntó interesado Naruto.
—Soy su cuñada. Me casé con su hermano mayor hace años—explicó la castaña.
—Creí que Sasuke era el último Uchiha—comentó Hinata curiosa.
—De raza pura si lo es, yo soy una mestiza. Pero eso no le importó a mi marido, nya—le guiñó la mujer con dulzura.
—¿Puede decirme algún consejo para ganarle a Sasuke?—.
—Hmp, no sé. No quisiera humillar a mi hermanito…un momento, él me despreció hace poco y estoy enojada. Te diré lo que desees saber, voy a castigar esto, nya—dijo muy molesta la mujer.
—Nunca había visto tan enojada a Izumi, de verdad que quiere ver perder a Sasuke—dijo Natsu con una gota de sudor en su nuca.
—Hinata, dice Natsu que si aceptas entrenar con ella. Vas a necesitarlo para la pelea con el primo Neji—comentó Hanabi emocionada.
—¿De verdad quiere entrenarme?—.
—Así es, su madre así me lo pidió si esto llegaba a pasar—le confesó la peliverde acariciando los cabellos de la chica.
—Creo que me uno a las dos, los centinelas de bronce necesitan los consejos de una centinela de plata para elaborar estrategias. Aunque los dorados son muy fuertes, tienen debilidades muy claras para saberlas explotar—dijo Honoka muy ansiosa de ver ganar a su ahijada.
—¡Genial, así tenemos más posibilidades de ganar!—celebró Naruto feliz.
—Mañana iniciaremos su entrenamiento y voy a traerles algunos invitados especiales inesperados, me deben muchos favores—sonrió malignamente la Hyuga mayor.
—Esa mirada no me gusta, señorita Natsu—comentó Hanabi seria.
La peliverde llegó a su sitio de hospedaje en el Santuario y fue a visitar a alguien muy especial para ella ya que tenía tiempo que no lo veía. Había un hombre con una lira que tocaba una bella melodía y ella sonrió para darle un abrazo por la espalda.
—Hola hermanito—saludó Natsu contenta.
—Sentí tu chakra cerca, ¿qué te trae por acá?—.
—Bueno Tetsu, quiero que me ayudes a entrenar a Lady Hinata, a Pegaso y Caballo Menor para el Torneo Galáctico—explicó la peliverde.
—No estoy muy interesado en eso—.
—Sabes, Equuleus es la alumna consentida de Honoka y…—.
—¡¿HONOKA ESTÁ AQUÍ?!—preguntó el Hyuga con su Byakugan activo por todos lados.
—Está en Konoha, vine rápido con el truco que mi sensei me enseñó antes de morir. Yo sé lo mucho que te gusta Honoka, si me ayudas yo puedo hacer que ella se fije en ti—.
—Has tratado de ayudarme y ella no me ha dado el sí, solo me ve como un amigo—.
—Olvidas que hablas con la constelación más manipuladora de todas, quiero ver a mi hermanito feliz y sé donde tocar las fibras sensibles de esa pelirroja cabeza hueca—le guiñó el ojo a su hermano mayor.
—Bien, te voy a ayudar y no lo hago por Honoka. No esperes demasiado de mí—bufó el sujeto.
—Sí claro, te espero ansiosa—.
La chica desapareció del Santuario en un abrir y cerrar de ojos y Tetsu se fue a su cuarto donde tenía un espacio dedicado a Honoka con muchas fotos de ella.
—Mi amor, al fin pude volverte a ver después de todos estos años. Te amo, mi rojita—besaba el sujeto un peluche con la forma de la Uzumaki de Águila, que dejaría a cualquier espectador algo traumado.
En un lugar, la centinela de plata sintió un escalofrío porque sentía de nuevo ese presentimiento de que debía cuidarse de ser violada… otra vez. Al día siguiente, Tetsu se había presentado temprano con su yoroi de Plata de Lira y las hermanas Hyuga veían que era una armadura muy bonita.
—Esta es la famosa yoroi de Lira que iguala el poder de los centinelas dorados. Me encanta—dijo Hanabi con cierto fanatismo por las yoroi.
—Interesante, me gusta su diseño. Recuerdo que mi madre decía que su música era capaz de deleitar a los dioses—comentó Hinata analítica.
—Siempre tuve un gusto por la música—declaró Tetsu algo serio.
En ese momento, llegaron el resto del grupo y el castaño Hyuga se puso nervioso al ver a Honoka de nuevo y la Uzumaki lo vio sorprendida.
—Hola Tetsu, hace tiempo que no te veía—saludó feliz Honoka abrazando a su amigo.
Este se puso muy rojo y Mito alzó la ceja al ver esa reacción muy Hinatesca en el plateado, dando una sonrisa malvada porque iba a molestar a su sensei con este asunto.
—Oh, Honoka sensei. No sabía que usted tenía novio, que picarona—dijo la Uzumaki muy traviesamente.
—¡NO ES MI NOVIO, NIÑA DEL DEMONIO! ¡SOLO SOMOS AMIGOS!—regañó la mujer muy sonrojada por esa insinuación.
—Sí claro, y yo nací ayer. Pero bien que fue a abrazarlo cuando lo vio—se burlaba la chiquilla.
—Son novios, son novios…—empezaban a cantar Natsu e Izumi infantilmente.
—¡DEJEN DE HACER ESO!—regañaba muy furiosa y aún más roja que un tomate.
—Ya basta, no molesten más a su compañera—se escuchó una voz conocida.
—Lord Patriarca, ¿qué hace aquí?—dijo Izumi en shock.
—Vine aquí a ver el entrenamiento de los guerreros legendarios y supervisar su entrenamiento—dio a saber Jiraiya.
—¿No se supone que el Patriarca no debe tener favoritos?—mencionó Tetsu viendo a su hermana sospechosamente.
—Pero estos tiempos ameritan que Naruto y Mito estén bien preparados para la guerra centinela. Además quiero ver de cerca la yoroi de Conejo y sus secretos, la última vez que tuvimos una armadura desconocida superó la expectativa de los expertos—declaró el Patriarca serio.
—¡NO IMPORTA LOS OBSTÁCULOS, COMENCEMOS DE UNA VEZ!—gritó ansioso Naruto.
Los adultos asintieron y lo primero que hicieron fue ir a una laguna mientras que los 3 novatos traían unos trajes de baño.
—¿Por qué estamos así?—se preguntó Hinata curiosa.
—Eso es simple, para no desperdiciar energía deben primero controlarla. Es un paso muy importante para ejecutar con más eficiencia cada técnica—explicó Natsu.
—Los Hyuga son los maestros del control de chakra, por ello ella es su primera maestra—declaró Tetsu ajustando las cuerdas de su lira.
—¿Qué hay que hacer?—preguntó Naruto dudoso.
Natsu empezó a caminar en el agua y los niños la vieron asombrados, además de que esta usaba ahora los dedos de su mano para pararse delicadamente en la laguna.
—Esto requiere una enorme precisión para no caer en el agua, un antiguo arte shinobi. Los centinelas no les gusta usar este tipo de técnicas por su poder bruto pero yo fui educada a la vieja escuela—explicó la chica.
Naruto intentó hacer lo mismo pero cayó inevitablemente en el agua y esta estaba muy caliente de forma que salió huyendo de allí.
—¡ESTO ESTÁ MUY CALIENTE!—.
—Si no desean quemaduras deben aprender muy rápido—les advirtió la chica saliendose de allí.
Los Uzumaki intentaron una y otra vez caminar sobre agua, pero solo caían inútilmente en ella, pero Hinata solo veía quieta los errores de ellos con calma.
—Naruto, Mito, cálmense por favor. Si se desesperan jamás lo van a conseguir—les dijo la chica con voz de mando.
La peliazul empezó a caminar con mucha dificultad sobre el agua de forma que dejó asombrados a todos ya que no era una técnica tan fácil de dominar.
—Ya ven que no es muy difícil—les guiñó el ojo la Hyuga.
—A mi me costó mucho trabajo llegar a ese punto en mi niñez, esta chiquilla es muy buena—admitió Jiraiya.
En otro lado, Haku de Cisne y Karin de Andeomeda se enteraron de que Pegaso y Equuleus estaban entrenados por personal de su rango pero primero buscaban a Tenten de Dragón que estaba sola.
—¿Dónde está tu maestro?—pidió saber Haku.
—El muy sinvergüenza se fue a entrenar a Lee, siempre ha sido su favorito. Neji no siquiera quiso ayudarme, cree que es una pérdida de tiempo—suspiró ella.
—Auch, lo lamento—asintió Karin.
—Descuida, puedo arreglármelas sola—.
—Vamos a pedir consejo a los que están entrenando a Naruto y Mito, su forma de pelear es muy distinta a la de los centinelas dorados—le invitó el centinela de hielo.
—Hmmm, parece que no tengo elección—.
Más tarde, la noche había llegado y todos estaban a la luz de la fogata comiendo malvaviscos mientras que Honoka se aguantaba las miradas de burla de Mito porque Tetsu la miraba embobado.
—Si dices algo, te mato—le advirtió la pelirroja.
—Son novios—decía Mito haciendo un circulo en su mano derecho y atravesando con el dedo índice de su otra mano, aludiendo cosas perversas a su sensei.
—Niña pervertida, no soy de esas—se volteó la Uzumaki molesta.
—Ay aja, pero si perdiste la virginidad con Tetsu hace unos años, nya—alegó burlona Izumi.
Naruto estaba leyendo un libro pero odiaba que no tuviera dibujos y Hinata se volteó para ver que hacia, levantando la ceja.
—No entiendo lo que dice—se quejó el rubio.
—Es educación básica, te voy a explicar de manera simple. Los ninjas son los encargados de proteger a las aldeas bajo el gobierno de un Kage. Por su lado, los gobiernos shinobi están guiados y unidos por medio del Santuario que vigila al mundo entero de la amenaza que esté más allá de los humanos comunes. Ósea, somos los soldados de elite bajo el mando de la diosa Tsukuyomi—le explicó la peliazul.
—Por eso no usamos bandas—comentó Mito entendiendo todo.
—A cambio recibimos la bendición de un centinela maduro para inducirnos al ejército y luego tenemos un bautizo dándonos la bendición de la diosa de la Luna—le siguió explicando la Hyuga.
—Entiendo, eso aclara el porqué no hacemos misiones—.
—Si hacemos misiones, aunque son de muy alto riesgo. Todo es en el nombre de nuestra diosa—agregó Honoka.
—Y la llegada de nuestra líder está muy próxima. Los lirios blancos han llegado al Santuario, ansío ser el Patriarca que reciba de la mano a muestra querida diosa y sentarla en su trono bendito—confesó Jiraiya gustoso.
—Espero que se lave las manos porque no confiaría en el hombre que ve porno a cada rato—agregó Natsu.
—¡ERES MALA, LO SABÍAS!—regañó el sujeto serio.
—No, soy maligna y digo la verdad—se volteó molesta la centinela.
—Hinata, tengo una pregunta. ¿Es verdad que los caballeros dorados son mas fuertes?—preguntó el rubio.
—Sí, eso es por el poder del sol que existe en sus yoroi. Te explico como esta la situación, los de bronce corren a la velocidad del sonido, resisten un frio de —127 C y tienen una fuerza promedio. Los plateados son 5 veces más fuertes que uno de bronce, corren a la velocidad de un rayo, resisten una temperatura de 217 C y son medianamente fuertes. En cambio los dorados son 10 veces más fuertes que un de bronce, corren a la velocidad de la luz, resisten el cero absoluto y son extremadamente fuertes. Por eso son la elite, aunque pueden ser derrotados por uno de bronce si estos aprenden a igualar su poder con entrenamiento puro—enseñó Hinata a su amigo.
—Oye, niña. Esa explicación no la damos en la Academia, ¿Cómo sabes eso? Se los decimos a los novatos por seguridad—comentó algo impresionado Jiraiya.
—¿Eh? No lo sé—se rascó la cabeza la peliazul.
—No importa, al menos ya les quedó claro. Los dorados no deben subestimarse y son las cabezas del ejército de Tsukuyomi. Cuando los enfrenten van a aprender que no es bueno jugar con sus superiores—les acató el Patriarca.
—Ósea que apoya la supremacía de los centinelas de oro sobre los de plata y bronce. Usted mismo está fomentando la discriminación de la que somos victimas—le dijo molesta Natsu apretando su cuello con su látigo.
—No quise decir eso…—hablo el sujeto con dificultad.
—Sabe perfectamente que los de bronce somos el sostén del ejército de Tsukuyomi. El mismo Pegaso y Equuleus siendo guerreros legendarios no eligieron tener yoroi de oro para ser como nosotros. Creí que era diferente, pero ahora veo que es solo otro tonto fanboy de los centinelas dorados—le soltó Natsu muy furiosa y se fue del lugar.
—Oh oh, ahora si se enojó, nya. Le dio en un punto sensible—comentó preocupada Izumi.
—Señor Patriarca, los centinelas dorados son la elite. Pero no ganarán la guerra solos, dudo que la diosa de la Luna piense como usted—mencionó Hinata sintiendo empatía con su pariente lejano.
—Creo que le debo una disculpa, demonios—suspiró el peliblanco.
La Luna alumbraba más de lo normal y no faltaba mucho para que esta entrara en su fase Llena. El Patriarca sabía que no había medido sus palabras con los centinelas y Camaleón tenia razón sobre su punto de vista.
La logró encontrar en un lugar no muy lejos de allí muy melancólica y parecía haber llorado un poco por un rato. En lo que cabía, la centinela de bronce era una de las más despiadadas y experimentadas en el ejercito de la diosa de la Luna pero todavía era una mujer llena de tristeza por eventos del pasado.
—Señorita Natsu—llamó el peliblanco a la joven centinela.
—Hace tiempo que no me llamaba así, señor Patriarca—susurró la mujer viendolo un poco molesta.
—Son tiempos difíciles, debo dar el ejemplo—.
—Lo sé, entiendo. Perdone por lo que hice—le dijo seria la peliverde.
—Yo también debo pedir disculpas, no es justo lo que les dije hace varias horas—.
—No estoy en contra de los centinelas dorados, solo me molesta que no seamos sus iguales. Es como el trato que Cáncer y yo nos teníamos, el de amigos y camaradas de combate sin importa el rango de la yoroi—le mencionó la ojiperla.
—Ese era la filosofía de tu maestra, por eso trajo muy supervisados a los centinelas de oro en su servicio. Kahyo, Gai y Anko son guerreros muy honorables por la influencia de Obito, incluso después de su muerte—.
—Él y Rin se sacrificaron como camaradas, ese es el verdadero amor que Tsukuyomi profesa. O eso pienso yo—.
Los dos miraban a la Luna Llena y sentían que una presencia extraña los iluminaba, quizás el advenimiento de la diosa selenita estaba más cerca de lo que parecía.
—Me habría gustado que mi maestra estuviera viva para ver que su fe en Tsukuyomi era verdadera, pero hay cosas que no cuadran. Ella se llevó muchos secretos a la tumba, sabía cosas peligrosas que amenazarían al Santuario—comentó seria Camaleón.
—Solo espero vivir para ver el mundo en paz—.
Al dia siguiente, Natsu había recibido a los otros 3 centinelas que iba a pelear en el Torneo Galáctico y fueron recibidos para hacer simulacros.
—¡Cadena Nebular de Diamantina!—exclamó la pelirroja de lentes y Mito los esquivó a duras penas.
—¡Cadena de Equuleus de Diamantina!—.
Ella contraatacó con su propia versión y Naruto estaba aprendiendo a despertar ese Jutsu secreto ya que era Uzumaki.
—No sé me ocurre como invocar las cadenas—maldijo el rubio serio.
—Imagina que quieres encadenar de forma sexy a Hinata—aconsejó Natsu y Naruto se sonrojó.
—¡Polvo de Diamante!—.
Haku le dio su ataque en Tenten pero ella se cubrió de puro cosmos para poder calentarse del ataque congelador.
—Se nota que fueron entrenados por centinelas dorados, podrían rivalizar con uno novato si ponen esfuerzo, nya—mencionó Izumi viendo sus movimientos.
—¡Lo logré!—exclamó Naruto sacando sus cadenas pero Hinata estaba encadenada en una forma sexy.
—Naruto, si quieres hacer esto es en privado—.
Esa no era la única técnica que Naruto estaba aprendiendo realmente ya que tenía muy poco tiempo y había algo que era especial para los Uzumaki o centinelas prodigiosos.
—¿Jutsu Clones de Sombra?—se preguntó Mito.
—Naruto ya lo conoce pero los clones de sombra guardan lo que han aprendido, ustedes tienen un chakra alto así que es plausible que lo aprendan—les comentó Honoka.
Después de unas horas de aprender la técnica, se preparaban para usar dos en el entrenamiento. Mientras que uno usaba una goma dura para reventarla, el otro se encargaba de reventar un globo con sólo el chakra.
—A este ritmo ellos no van a subir de nivel, creo que tenemos que hacer el entrenamiento que nos dio Hanamei sensei—mencionó Izumi a los presentes.
Todos sonrieron de forma maligna y Honoka fue a conseguir palas para lo que iban a hacer con sus estudiantes. Las yoroi fueron llevados a una cascada donde caían polvo estelar para hacerlas más duras y nutrirlas, para después reunir a los niños a 3 horas de Konoha.
—Niños, es hora del entrenamiento más duro de todo—declaro Natsu a los presentes.
—¿Qué clase de entrenamiento nos va a dar?—preguntó la Hyuga peliazul.
—Es de supervivencia, Honoka los selló y no usarán chakra en lo absoluto, nya—respondió Izumi.
—Durará 36 horas y si lo toleran, lo que hagan los dorados será muy mínimo—aclaró Honoka.
En ese momento, Natsu hizo unos movimientos de mano y en el cielo aparecieron varios fantasmas bastante tenebrosos, al mismo tiempo que muchos gatos traían armas ninjas y en el caso de Honoka, muchas águilas estaban en el cielo.
—¡Ataquen!—.
Varios rayos de energía atacaron desde el cielo y caían hacia los niños que empezaron a huir por sus vidas mientras que cavaban rápido unos hoyos.
—¡Sigan llorando, sus lágrimas divierten a mis fantasmas!—exclamó sádica la peliverde.
Las 36 horas siguientes fueron horribles y es que los hoyos que cavaban eran abordados por malditos gatos ninja que tenían sed de sangre y tenía que huir de ellos. Además, las águilas siempre los encontraban por donde quieran que fueran.
—Oh vaya, al fin pasaron las horas. Felicidades por sobrevivir pero aún les queda la siguiente etapa del entrenamiento—.
—¡No, prefiero oír las idioteces de Gai sensei a seguir en esto!—exclamó Tenten alterada.
—Ay lo siento, tienen que atravesar todo el País del Fuego sin chakra. Por cierto, Hana de Can Mayor es una vieja amiga mía que nos ayudará con sus perros hambrientos de carne humana—.
Se escuchaban a los perros que más parecían lobos aullar y enseñaban los colmillos de forma agresiva para después ir corriendo detrás de los centinelas que huían hacia donde no los persiguieran los canes.
—Lamento la molestia, Hana—mencionó Izumi sonriente.
—Si es para que ellos les ganen a esos dorados presumidos, estoy a sus ordenes. Pero me tienen que hacer un favor—.
—¿Qué favor?—dijo Honoka confusa.
—Quiero que me consigan una cita con una de ellas, es una chica muy linda—.
—Ah, ¿quién?—.
—Es la centinela de Cisne, no sabía que Kahyo tenía una sobrina tan linda, la quiero sodomizar hasta hacerla mía—mencionó la Inuzuka.
—No hay ningún problema, ve a checa a tus lobos—.
Después de que se fue la castaña, el trío de Centinelas de bronce se quedaron vieron con una risa inaguantable porque no sabían si decirle la verdad del género de Haku.
—¿Qué se entere sola?—dijo Natsu divertida.
—Sí, quiero ver su cara—asintió Honoka bastante malvada.
