Hola mis lectores y lectoras, espero estén muy bien, espero las cuarentenas les vayan bien, que puedan hacerlas correctamente, y que nadie pase ninguna necesidad, que es el más triste de los dramas, para las personas que no están contagiadas con el virus, pero que deben salir a trabajar igual, porque, entre el virus y no tener qué comer, no hay mucha diferencia. Aguante para todos.
Yo aquí les traigo esta historia para que se entretengan. La llevo pensando de hace varios años, pero la idea concreta no me surgía hasta que finalmente apareció. debo decir que aunque soy mega fan de Shun y June, dentro del mundo de los fanfics me he ido nutriendo de otros puntos de vista, especialmente el crackpairing, y confieso que no me gustan los fics donde emparejan a June con caballeros dorados, he leído varios, pero a la larga, son muy pocos, contados con una sola mano, los que logran convencerme.
Eso me dejó pensando en ¿Quién fuera de Shun me espero para June, que no sea un oc? de ahí surgió un June/Albiore que tengo publicado, y también, en Saint Rockers ella ha tenido química con varios personajes masculinos, incluyendo a Seiya xD (ese crack lo vi sugerido en un foro y me dió curiosidad por experimentarlo) por ahí también me la estuve imaginando con Hyoga, Isaak, Sorrento, Julián Solo, Hades, y hasta Syd de Mizar, hay un fanrt de ellos besándose, que circula por internet :)
Peeeero, debo decir que de todos, mi favorito es y será por siempre Mime, y este ship no es mío, lo leí hace mucho tiempo en , de la mano de Zion no Bara, quién escribió un fic bellísimo de ellos dos, llamado "Música", se los recomiendo, me convenció definitivamente que Mime es una hermosa posibilidad para June (mucho mejor que los dorados, por cierto, al menos para mi gusto) a raíz de ese precioso fic, siempre quise escribir mi propia historia de ellos, y aquí está, espero las disfruten tanto como yo disfruto escribiéndola.
Los hechos transcurren en un Universo Alterno donde los dioses guerreros están vivos y jamás se enfrentaron a los Caballeros de Athena. Por el lado de la cronología de Saint Seiya, los hechos se desarrollan posteriormente a la película Saint Seiya Overture, en donde los cinco caballeros de bronce terminan perdiendo la memoria, pero el resto del Santuario sigue funcionando.
No olvide que los personajes pertenecen a Toei y a Masami Kurumada, y que yo escribo por amor a inventar historias, y no gano dinero por esto.
El romance de un Skald.
Por Mel-Gotihc de Cáncer.
I.
En medio de una ventisca.
Soy un dios guerrero, un músico de pura cepa bendecido desde la cuna por el Aesir Bragi, señor de la poesía, los bardos y de los escaldos. Mime, hijo de Folkell, es mi nombre, aunque también se me conoce como Mime el escaldo del pueblo.
¿Por qué me gané ese apodo? Para poder dar respuesta a esta interrogante, hay que comprender en primer lugar que, los escaldos o skald, somos poetas guerreros vikingos, de la corte de nuestros reyes, en mi caso, de la señorita Hilda de Polaris, la representante del dios Odín, sobre la tierra, actual soberana del palacio Valhalla, y del reino de Asgard, en el extremo norte del mundo.
Un escaldo, es un poeta y un músico, que, a través de sus composiciones, ensalza a su monarca, exaltando su generosidad o el heroísmo demostrado en batallas, aunque también, nuestro verdadero papel, además de componer poemas, es ser testigo viviente de la historia de nuestro pueblo, narrar crónicas, escribir los hechos que presenciamos, y transmitirlos, ya sea de forma oral o escrita. En mi caso, que vivo en un mundo de paz, mi trabajo es exaltar la bondad de nuestra soberana, reunir información para mi general Siegfried, líder de los dioses guerreros, y, bajo mi propia responsabilidad, mantener informado al pueblo de lo que sucede dentro del palacio Valhalla.
Desde pequeño siempre fui un prodigio de la música, no había instrumento que no pudiese interpretar, ni poema que no pudiese memorizar y declamar al ritmo de las clásicas melodías asgardianas, y con el tiempo, mi alto nivel me llevó a crear mis propias composiciones, e improvisar de forma sobresaliente, todo lo que observaba y escuchaba a mi alrededor, en forma de poesía, de letras de canciones, y de notas musicales.
Mi fama fue acrecentándose, mi nombre y mi música, circuló de pueblo en pueblo, de boca en boca, llegando a oídos de los nobles, quiénes empezaron a contratarme en las veladas de sus mansiones, y con eso, obtuve la entrada directa al palacio Valhalla, sin la necesidad de decir quién era mi padre, sin que me aceptaran por ser el hijo del legendario héroe Folkell. Y, con el tiempo, dados mis servicios como músico de la corte, y tras probar mi fuerza en combate, se me entregó la armadura de Benetnasch eta, y así, pude convertirme en un dios guerrero al servicio de Odín y de la señorita Hilda.
Pero, a pesar de que en el mundo de los nobles tenía buena paga, y un importante estatus, siempre disfruté más del jolgorio del pueblo y de las tabernas, donde terminé de criarme tras la muerte de mi padre. Allí es donde comencé a desarrollar mi vida de músico, tocando mi arpa algunas veces, en momentos de tristeza o de solemnidad, pero siempre arrancándole ritmos alegres a un viejo violín que compré con mis primeros ahorros, con la firme idea de animar las fiestas, de hacer bailar y reír a la gente que me escuchaba, más como un bardo que como un escaldo.
Con el paso del tiempo, comencé a vivir una especie de doble vida. Me movía constantemente entre la clase noble, escondida tras las murallas del palacio Valhalla, y la clase más sacrificada, aquella formada por pescadores, agricultores, artistas, comerciantes, todos aquellos que conformaban el pueblo de Asgard, a los pies del gran palacio de nuestro señor Odín.
De esa manera, a través de mi música, lograba mantener de forma amena, informadas a ambas clases sociales, de lo que sucedía en cada lugar de estas tierras yermas, lo cual era agradecido constantemente por la señorita Hilda, y mirado con algo de reprobación por parte de algunos de mis compañeros de armas, principalmente por Syd y Alverich, dioses guerreros hijos de nobles, quiénes en más de una ocasión, me hicieron notar mi posición como Skald de Hilda, haciendo hincapié en que debía dejar mis diversiones mundanas en las tabernas, en las que ni siquiera me pagaban bien.
En cambio, otros de mis compañeros, se lo tomaban con bastante humor, como Thor quien cazaba en el bosque real para llevarle comida a la gente más necesitada del pueblo, quién decía que la buena música era para todos, no para unos pocos, y Hagen, quién en más de una ocasión me pedía poemas improvisados para regalárselos a la hermana de la señorita Hilda. Por otro lado, a Fenrir, quién era completamente antisocial, le daba igual lo que hiciera o dejase de hacer con mi vida, siempre que no me metiera con su manada de lobos, y Siegfried, nuestro general al mando, el brazo derecho de Hilda, me veía como un arma útil para poder extraer información de todo lo que sucedía dentro de Asgard y en sus fronteras, pasando desapercibido a los ojos del pueblo y los extranjeros.
Así era mi vida, sin mayores altibajos. Viajaba de pueblo en pueblo, tocando música, reuniendo información valiosa para Siegfried y la señorita Hilda, divirtiendo a los nobles y al pueblo con lo que más me gustaba, y mejor sabía hacer, hasta que una noche de ventisca, tuve un encuentro con una extranjera, que, inesperadamente, cambió mi vida personal, en un ángulo de 180 grados.
Lo recuerdo muy bien. Aquí en Asgard, no se distingue muy bien el paso de las estaciones. Es invierno la mayor parte del tiempo, y apenas notamos la diferencia entre la primavera, el verano y el otoño, cristalizándose como un breve verano, que se extiende sólo lo justo y necesario, para que la agricultura pueda desarrollarse y no matarnos de hambre el resto del año.
Aquella, era una noche de mediados de invierno, con temperaturas extremadamente bajas, luego de tocar mi lira en una celebración dentro del palacio Valhalla, a la cuál debí asistir como dios guerrero, me dirigí a la taberna del pueblo, como siempre, para deleitar a los borrachos con música menos selecta, pero que llenaba tanto mi corazón y mi orgullo como la que tenía destinada a interpretar para la señorita Hilda.
Recibí unas monedas de oro de Siegfried, mi superior, por mis servicios durante la velada, y por la información recabada durante mi último viaje a las fronteras del este, y monté en mi caballo Sigel, rumbo a la taberna. El viento arreciaba con fiereza, el hielo penetraba a través de mi gruesa capa, pero no me importaba demasiado, al llegar a mi destino, entraría en calor, bebiendo, tocando el violín y cantando, como siempre.
Al llegar, la cálida lumbre de la chimenea logró desentumecer mis músculos, y como todas las noches, di un espectáculo digno de quiénes acudían desde distintos puntos de Asgard, para escucharme. Cerca de la medianoche decidí detenerme, y entre aplausos, avancé hacia el tabernero para beber un poco de vodka antes de retirarme a mi cabaña. Entonces la vi entrar.
Llevaba puesta una gruesa capa de color negro, pero me di cuenta que bajo ella, no traía puesta ropa adecuada, pude vislumbrar en medio de la tela, unos zapatos de tacón, y unas calzas de color rosa. Al comienzo no podía creer que alguien se aventurara a caminar por Asgard, a esas horas, con cuarenta grados bajo cero, con ese clima tan hostil, vestida de esa manera, y entonces, se quitó la capucha, dejando ver su rubio cabello, ojos azulados, y una piel blanca, aunque bronceada, algo muy atípico entre las mujeres de Asgard, dejando a la vista su delicado cuello, que ni siquiera estaba cubierto por una bufanda.
— Buenas noches, quiero Sima por favor— dijo extendiendo una moneda de plata.
Olson, el tabernero, trajo lo que solicitó, e intentó mantener conversación con ella. Por su acento, se notaba que no era de Asgard, pero no logró dar demasiada información sobre sí misma. Dijo que sólo estaba de paso, que había hecho una parada para beber algo, y que se marcharía pronto. Transcurrió cerca de una hora, y ella pidió reiteradas veces más Sima, hasta que finalmente, pagando con más monedas de plata se puso de pie para marcharse.
— Gracias por su hospitalidad— dijo, mientras yo notaba el sonrojo en sus mejillas y su nariz. Estaba ebria, pero no podía deducir a qué nivel lo estaba, sus reflejos eran bastante normales en comparación con otros que habían consumido casi lo mismo, como si fuera una bebedora experta.
— ¿De verdad piensa marcharse? Si no es de por aquí, no le recomiendo salir con esta ventisca, menos a esta hora, y en especial después de haber bebido tanto, tengo una habitación disponible, si lo desea, puede quedarse— insistió Olson preocupado por esa chica, pero ella haciéndole un gesto de despedida con la mano, se marchó de la taberna.
— Nunca había conocido a una mujer extranjera con tantas agallas como para salir ebria en una noche como esta. O está muy confiada o está buscando la muerte— comentó el tabernero, limpiando la mesa en la que la chica había consumido nueve pintas de Sima.
De pronto algo comenzó a desencajar para mí en esa situación. Una mujer evidentemente extranjera, en el fin del mundo, sólo con una capa, y ropa ligera debajo, sin armas, ni víveres, nada que delatara que era una viajera común y corriente, ni siquiera un mapa, saliendo en una terrible noche de ventisca, medio ebria. Eso era demasiado sospechoso, y de inmediato me puse de pie para seguirla.
— ¿Tú también te vas Mime? Espera, déjame darte tu paga del día de hoy— dijo Olson, yendo a buscar mis monedas.
— Déjalo así, te cobraré cuando vuelva la próxima vez— contesté apresurado, cargando mi arpa y mi violín.
Salí de la taberna, para atrapar a la sospechosa, pero para mi sorpresa, no se encontraba por ningún lado, había desaparecido sin siquiera dejar rastro. ¿Acaso era una aparición? ¿Esa noche Olson había sido visitado por un fantasma? Si eso era cierto, debía ser un fantasma bastante sediento.
Sus huellas fueron borradas por la nieve, su peculiar aroma floral también se esfumó entre la gélida brisa de la ventisca. Sin saber cómo seguirla, decidí regresar a mi cabaña. Monté sobre Sigel, cabalgué por el pueblo, mientras la nieve caía con fuerza sobre mí, y al llegar a los límites, justo donde había un puente de piedra, me desvié por un sendero que se internaba en lo profundo del bosque que conducía hacia mi hogar.
A esas alturas, ya estaba algo cansado, el frío y la ventisca no me ayudaban mucho, y por unos leves instantes dejé las riendas de Sigel sueltas, confiando en mi caballo para que me guiara entre medio de los árboles, mientras sacaba vodka de una petaca, para beber y entrar en calor, ya que aún me quedaba media hora de cabalgata. Fue entonces, cuando escuché el aullido de los lobos. Estaban de cacería, y seguramente Fenrir iba con ellos, encontrarían una presa desdichada, perdida, atontada y entumecida por el frío y la nieve, y la devorarían para saciar su hambre.
— ¡Pobre criatura! — murmuré en voz alta, y entonces, repentinamente, pensé que quizás la mujer fantasma de la taberna podía no ser una aparición, y, de hecho, podría convertirse en víctima de los lobos esa noche— ¡Maldición! Si es una espía, muerta no sirve de nada — cogí las riendas de mi caballo nuevamente, y lo animé para que corriera hacia el lugar de donde provenían los aullidos.
El fuerte viento y la nieve estaban en nuestra contra, y los abetos, obstaculizaban bastante mi marcha, insistí mucho con Sigel, hasta que finalmente logré llegar a una cascada congelada, el lugar favorito de Fenrir para arrinconar a sus presas junto a su manada.
Y allí, me encontré con ella nuevamente. Rodeada por una jauría de lobos hambrientos, alrededor de ocho, aunque Fenrir no se veía por ningún lado. Pude darme cuenta que había un par de bestias heridas, y otra muerta ¿Acaso fue obra de ella? Pero ¿Cómo era posible? Entonces, noté que la capa negra había sido rasgada, dejando a la intemperie su fina figura, en una de sus manos sostenía un látigo, pero su otro brazo sangraba constantemente, prueba de que había sido mordida por sus atacantes, tanto en el hombro, como en el antebrazo.
Los ocho que aún estaban al acecho, enseñaban feroces sus colmillos. Dos de ellos se abalanzaron contra ella, y vi claramente, cómo un halo de color turquesa la envolvía, y su látigo, impregnado del mismo halo, giraba alrededor de su cuerpo, formando una barrera impenetrable, en donde los lobos se estrellaron, y se vieron obligados a retroceder. Pero no dispuestos a dejar ir a su presa, otros tres insistieron en el ataque.
Dos fueron golpeados por el látigo, pero uno de ellos, logró esquivarlo, y saltó contra su debilitado cuerpo arrojándola al suelo, buscando su yugular para morderla, desangrarla y matarla. Iba a intervenir en ese momento, pero me di cuenta que ella seguía luchando, a pesar de su brazo herido, de su embriaguez, logró poner el mango de su arma en las fauces del lobo para evitar ser mordida, y trataba de forcejear con él, para quitárselo de encima.
¿Quién era esa mujer? ¿Qué estaba haciendo en Asgard? ¿Realmente estaba muy confiada como dijo Olson? ¿O de verdad estaba buscando la muerte? Al parecer, esto último era descartable, de lo contrario se habría dejado devorar por los lobos, a no ser que ser comida por bestias salvajes no sea la forma en que ella buscaba la muerte. En ese instante, me sentí muy impresionado por su osadía, era como una valkiria viviente, pero por muy heroica que me pareciese, no se me olvidaba que mujeres de ese tipo no se veían a menudo por estas tierras, menos extranjeras que vinieran en son de paz, por alguna razón ella estaba aquí, y era mi deber averiguarlo.
Bajé de Sigel, y corrí para enfrentarme a los lobos, aunque terminara metiéndome con Fenrir. Esa mujer tenía que ser tomada prisionera, y sometida a interrogatorio. Tomé mi arpa, y usé mi poder para que las cuerdas ataran a cada lobo, atrapando a la jauría completa, que comenzó a aullar de forma descontrolada, y producto de ello, el miembro dominante, Fenrir de Alioth épsilon, finalmente apareció para ayudarles.
— ¿Tú? ¿Qué crees que estás haciendo al interferir en la cacería de Ging y mi manada? — dijo furioso al verme de pie, con mi arpa en las manos, y tras de mí, la mujer aun sangrando, intentando ponerse de pie a duras penas.
— Ella es mi prisionera, Fenrir, llevo siguiéndola desde la taberna— contesté con seguridad.
— ¿Prisionera? Si lo es ¿Qué hace en el bosque a esta hora, si está bajo tu cuidado? —.
— Ya te dije que la vengo siguiendo desde la taberna, había perdido su rastro, hasta que la encontré peleando contra tus lobos— insistí ante la mirada incrédula de Fenrir.
— Eso significa que, hasta entonces, no era tu prisionera, era la presa de Ging y la manada, y tú viniste a quitarnos la comida— Fenrir empezó a gruñir, y me enseñó sus afilados dientes, de la misma forma en que lo hacían sus lobos— ¡Eres un ladrón, Mime, la presa es de la manada, no tuya! —.
Fenrir empezó a atacarme a una gran velocidad, logré esquivar sus golpes, y sus mordidas, pero él no estaba dispuesto a detenerse, aunque ambos fuéramos dioses guerreros, y protegiéramos juntos a la señorita Hilda.
— ¡Detente Fenrir! Este problema no es contigo— dije intentando devolverle unos cuantos golpes sin soltar mi lira, ya que eso significaría dejar libres a los lobos.
— ¡Es la presa de mi manada! ¡Sí es mi problema! — gruñó mi rival, poniéndose en cuatro patas para volver a atacarme.
— Escucha, debo llevarle esta mujer a Siegfried para que la interrogue, puede ser una espía de algún enemigo de Asgard o de la señorita Hilda— intenté disuadirlo. Sabía que quizás por nuestra tierra no tuviera interés, pero sé que lo tenía por Hilda. Fenrir siempre la vio como una diosa, ya que, hasta Ging, el macho Alpha de su manada le tenía respeto al poder de Odín.
— Comprendo— al oír mis razones, Fenrir detuvo su ataque, y volvió a ponerse de pie, como un humano— Pero la manada está hambrienta, aún estamos a mitad de invierno, la caza siempre es dificultosa, más aún en estas fechas, y esa mujer…huele bien, debe tener buen sabor—.
— Pero…— dudé un poco sobre mis palabras, no era muy grato hablar de humanos como comida, pero tenía que convencer a Fenrir de que me dejara llevarme a aquella extranjera antes de que muriera desangrada— Está muy delgada, no creo que alcance para todos los lobos de tu manada—.
— Es cierto, aunque, su piel tiene buen color, de seguro no es de las tierras del norte, quizás venga de tierras más cálidas— mientras Fenrir hablaba, noté como los lobos atados en las cuerdas de mi arpa, comenzaron a salivar, miré con sutileza a la mujer, quién yacía inconsciente en el suelo, producto de la pérdida de sangre, y suspiré tomando una decisión de emergencia.
— Si te preocupa la comida, te entregaré una vaca a cambio de que dejes llevarme a la prisionera—.
— ¿Una vaca? —. Los ojos de Fenrir brillaron intensamente.
— Así es, una vaca joven, robusta, sin enfermedad, para que tu manada y tú se la coman ¿Es un trato? — dije a sabiendas de que las vacas son costosas y que tendría que sacar de mis ahorros para poder comprar una en el mercado del pueblo.
Fenrir pareció pensárselo detenidamente, luego, emitió unos gruñidos hacia uno de los lobos con una cicatriz en la frente, se notaba que era el más viejo y fuerte de ellos, era quién casi muerde a la extranjera en la yugular. Ese era Ging.
— De acuerdo, te daremos a nuestra presa a cambio de la vaca, tienes una semana de plazo, o volveremos a tu cabaña por la mujer y por ti—.
Al escucharlo, di mi palabra de que cumpliría el trato, liberé a las bestias de las mortales cuerdas de mi arpa, y la manada se marchó.
Cuando sentí la presencia de Fenrir bien lejos, di la vuelta para auxiliar a la mujer. Inmediatamente tomé sus signos vitales, aún estaba viva, aunque muy débil. Vendé con los restos de la capa desgarrada su brazo para contener la hemorragia, la acomodé en la parte delantera de mi caballo. También cogí su látigo que estaba tirado en el suelo. Subí a Sigel, y regresé a mi cabaña.
Apenas entré, encendí un buen fuego en la chimenea. La noche sería larga, y por la gravedad de las heridas de ella, tendría que permanecer en vigilia.
La desnudé sin siquiera inmutarme, cubrí la mayor parte de su cuerpo con unas mantas, dejando libre el brazo malherido, como no tenía alcohol para desinfectar las mordeduras, utilicé una botella de vodka, cogí una gruesa aguja, la desinfecté en agua hirviendo, y suturé la herida del antebrazo que era la más complicada.
La fiebre comenzó a apoderarse de ella, busqué algo de medicina, se la di como pude, puse compresas en su frente, y me dediqué a esperar. Era todo lo que podía hacer, esas primeras horas eran cruciales para su supervivencia.
Vigilé su sueño toda la noche, balbuceaba cosas en un idioma que no entendía. Bebí vodka varias veces para darme ánimos, y entonces, mientras estaba sentado frente a la chimenea, observé parte de la ropa que le había quitado. En realidad, era bastante ligera, pero lo que más me llamó la atención, fue que llevaba un pequeño morral, del cual no me había percatado. Seguramente, lo traía escondido bajo la capa.
Me acerqué para registrarlo, seguro debía traer algún tipo de identificación. Pero, aunque lo revisé hasta el fondo, sólo hallé dentro de él, unas cuantas monedas de plata, una daga, y una máscara de metal.
Volteé para cambiar las compresas en su frente. Al parecer, estaba más serena, al menos, había dejado de hablar en el idioma raro. Sólo entonces, me pareció una mujer muy hermosa, similar a las de nuestra tierra, con la salvedad de su piel bronceada, y nuevamente acudieron a mí las mismas preguntas que en la cascada congelada ¿Quién era ella? ¿De dónde venía? ¿Qué la trajo hasta Asgard? ¿Por qué es tan fuerte? y ¿Qué tiene que ver esa máscara que llevaba en su morral con ella?
Continuará…
¿Qué tal? ¿Qué les pareció este primer capítulo? quedo atenta a sus comentarios :) y antes de que me digan "Mel, llebo x años esperando que actualices tus otros fics" déjenme decirles que sí, los tengo en el tintero, voy de a poco, pasé por una época calamitosa de mi vida, sumada a una etapa de desencanto con Saint Seiya y por eso anduve muy perdida, pero creo que en la medida que escriba cosas que me gusten, iré reencantándome con mis viejas historias y las retomaré.
Respecto a "El último llamado", descuiden que estoy escribiendo el capítulo 3, para subirlo lo más pronto posible.
Les dejo algunas notitas, saludos y nos estamos leyendo :)
Notas:
* En la saga de Asgard los dioses guerreros sólo serían llamados, si Asgard corría un gran peligro, como en esta historia los caballeros de Athena jamás se enfrentaron a los dioses guerreros, preferí dejarlos como parte oficial de las huestes asgardianas, en calidad de superiores jerárquicos a los demás soldados del palacio Valhalla.
* No aparecerán los dioses guerreros de Soul of Gold, primero porque me da flojera incluírlos (soy muy honesta jajaja) y segundo, porque me gustan más los primeros dioses guerreros e Hilda, no le tengo mala onda a Lyfia, pero, sencillamente no les tomé el mismo cariño, como a los del relleno del Saint Seiya clásico.
* No sé si Shun e Ikki aparecerán en futuros capítulos, yo quiero que sí, pero dependerá de como evolucione mi historia y la trama.
* Agradecimientos especiales a mi querido amigo y editor/lector/beta reader, Li, quién lee siempre antes que ustedes y me dice si las cosas le convencen o no xD
