Hola queridos y queridas :) espero les vaya y estén muy bien, que todo esté mejorando en sus países, y si no, ánimo, a cuidarnos como mejor se pueda. Aquí les dejo el segundo capítulo de este capricho mío, que mientras más avanzo, más me enamora.

Quiero darles muchas gracias por su acogida, lecturas, agregar esta historia a favoritos, a follow, y por los reviews que me han dejado, gracias Darkacuario, geminisnocris, eternalrose, y a InatZiggy Stardust :) y también a mi beta reader, Xiao Lang Li, espero disfruten del contenido de hoy.


El romance de un Skald.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

II.

Escape.

La ventisca duró un par de días más. La fiebre de la chica tardó en bajar, pero con paciencia, finalmente logró ceder, y apenas el tiempo pudo estabilizarse, le envié a Siegfried un halcón con una carta, explicándole brevemente lo sucedido, a lo cual él me solicitó que cuidara de la prisionera, y de que lo mantuviese informado.

Sólo una cosa en particular rondaba por mi cabeza, y debía ponerle solución lo más pronto posible. La vaca de Fenrir. Él vendría pronto por ella, pero no podía dejar a la extranjera herida y sola en mi cabaña ¿Qué pasaba si escapaba? Todo el trabajo y hasta comprar la maldita vaca, habría sido en vano. Era un riesgo que debía tomar, o de lo contrario Fenrir vendría con sus lobos, y no me convenía pelearme con él, en parte porque Hilda deseaba que todos los dioses guerreros nos lleváramos lo mejor posible, pero también, porque nos convenía tenerlo como aliado, ya que sus lobos siempre recibían las órdenes de protegerme y también a los otros dioses guerreros, cuando salíamos en misiones, aunque él no nos acompañara, y sin importar en qué parte de Asgard estuviéramos.

Por otro lado, no estábamos en tiempos de dividirnos por nuestros intereses personales, ya que Asgard estaba en estado de alerta por una oscura amenaza que se cernía sobre nosotros, aunque en ese entonces, sólo se trataba de rumores que, pese a nuestras misiones, no habíamos logrado confirmar. Era mejor mantener a Fenrir de nuestro lado, y ante esa delicada situación, no tuve más opción que confiar en que la extranjera estaba lo suficientemente sedada por el vodka que le di de beber, y, dejando bien cerrada mi cabaña, salí con mi caballo, Sigel, rumbo al mercado del pueblo, para comprar la vaca, dejársela a Fenrir en la cascada congelada y regresar lo antes posible.

Nunca se me pasó por la cabeza que, en lugar de escapar, ella tendría otros planes. Apenas pude entregarle la vaca a Fenrir, regresé a mi cabaña. Al entrar, todo estaba tal cual lo había dejado, o al menos eso pensé, hasta que fui emboscado. Ella saltó desde las vigas del techo de la cabaña sobre mí, se había colgado con su látigo, aunque su brazo seguía herido. Sacó su daga, que había tomado de su morral que dejé junto a la chimenea, y me apuñaló el muslo por la parte delantera.

Forcejeamos, logré empujarla hacia atrás, dándome espacio suficiente para poder sacarme la daga, pero ella, débil aún, se me vino encima dispuesta a golpearme. Mi pierna sangraba, me dolía, pero eso no era motivo para detenerme, logré bloquear cada uno de sus puñetazos, los cuales, a pesar de todo, eran bastante fuertes. Viendo que no conseguía hacerme daño, intentó darme unas cuantas patadas, pero mi cabaña era un lugar muy pequeño e incómodo para sostener una batalla.

Mi mesa y las sillas cayeron en todas direcciones mientras peleábamos, también algunas botellas de vodka, que tristemente para mí, terminaron rotas y vacías en el suelo, ella parecía estar acostumbrada a la lucha, sabía usar todo el espacio a su alrededor, adaptarse a él, lanzándome objetos para tener una oportunidad sobre mí. Al cruzar varios golpes, también me di cuenta que no le importaba qué brazo usar, ya que era ambidiestra. Pero, aunque fuera una experta, supiera con frialdad lo que hacía, no tenía mi fuerza, ni mucho menos mi nivel como dios guerrero.

Debo decir que su ferocidad era admirable, también su destreza. Había sido tan inteligente, que dejó su ropa destrozada intacta, en donde la había puesto la noche en que se la saqué, y abultó con algunas mantas la cama en donde la había dejado adormecida, para engañarme, y hacerme creer que todo estaba en orden. Sólo había cogido sus armas, y cubrió su cuerpo con una de las mantas, antes de usar su látigo para treparse hasta el techo.

En medio de la pelea, logré quitársela, dejándola completamente desnuda, pero ella en lugar de avergonzarse y cubrirse, aprovechó esa situación, y me dio un puñetazo en el rostro con una fuerza colosal, logró tirarme al piso, pero aproveché ese impulso para ponerme rápidamente de pie, elevé mi cosmos, me moví mucho más rápido que ella, y la golpeé en la nuca, dejándola inconsciente.

Cayó sobre mis brazos, murmurando suavemente que la dejara ir. La sostuve por unos instantes, mirando su afligido rostro, al parecer, estaba desesperada ¿Acaso estaba huyendo de alguien? La cubrí con la manta, y la regresé a la cama nuevamente, murmurando que no temiera, que no la lastimaría, aunque no sé si realmente podía escucharme. Luego miré mi pierna herida, y me dispuse a parar la hemorragia. Definitivamente, ella no era una mujer cualquiera.

Pero esa no fue la única vez que me dio problemas. Cuando finalmente logró recuperar la consciencia, mi nuevo reto fue hacerla hablar, ella se negaba a decir palabra, y contestaba en un idioma raro, que yo no entendía, y que lograba hacerme perder los estribos en más de una ocasión. Tampoco quería recibir comida, tiró la sopa que le preparaba en muchas ocasiones, pero sí de vodka se trataba, sucedía todo lo contrario, era la única cosa que sí me recibía.

— No puedes alimentarte sólo de vodka—. Le dije un día en que intentaba que comiera un trozo de pan y carne de venado a las brasas, ella frunció el ceño, habló en el idioma raro y me dio la espalda para mirar por la ventana, desde donde se apreciaba el día completamente oscuro y nevado. En invierno, el sol brilla apenas unas pocas horas, la mayor parte del tiempo, estamos en oscuridad.

— Bien, entiendo, entonces, si quieres morir no te daré más comida, tampoco habrá más intentos de comunicarme contigo, y no más vodka— de inmediato llevé el plato con el pan y la carne hacia la mesa, y luego, regresé por la botella de vodka que tenía junto a la cama. Ella intentó tomarla, pero se la quité a tiempo.

— No, no, no. Buscas la muerte ¿No es así? Entonces, vodka no, en Helheim no necesitarás beber, allá, sólo hay veneno de serpientes ¿Entiendes lo que es el Helheim? — le dije al notar que no quitaba la vista del vodka.

— Esa noche en la taberna, hablaste claramente en nuestro idioma, con acento extraño, pero se te entendía bastante bien, no creo que lo hayas olvidado de un día para otro— insistí alejando más la botella de vodka de ella — Dime ¿Cuál es tu nombre? ¿Por qué viniste a Asgard? ¿Por qué eres tan fuerte? —.

Ella me miró con una expresión de molestia, y respondió con un incómodo silencio.

— Así no puedo ayudarte, Siegfried no será piadoso contigo, tenlo por seguro, si al menos me dijeras tu nombre, y por qué estás aquí, podría hacerte las cosas más fáciles— intenté nuevamente convencerla de que hablara — Al menos, come un poco, tuve que negociar una vaca con Fenrir y su manada para poder salvarte la vida, no te lo estoy cobrando, pero las vacas son sagradas y costosas, lo mínimo que me merezco es que me trates con respeto—.

— ¿Respeto? ¡Me tienes desnuda en tu cama! ¿Y quieres que te tenga respeto? —.

No sé si me impresionó más que hubiera hablado en mi idioma, o lo que puntualmente me dijo. Pero había logrado que rompiera su silencio, y se comunicara en asgardiano, y por como era de tozuda, eso ya era mucho pedir.

— Tu ropa estaba rasgada por los lobos, y sucia, tenía que quitártela— empecé a dar explicaciones.

— Debiste dejarme tirada en esa maldita cascada— me contestó molesta.

— ¿De verdad querías morir? — le pregunté impresionado por sus palabras.

— Eso no tiene importancia, ya me salvaste sin que te lo pidiera, pero estoy consciente de que soy tu prisionera, así que tampoco es que mi situación haya cambiado demasiado—.

— Si me dijeras quién eres, podría hacer que las cosas fueran diferentes— le contesté mirándola fijamente a sus azulados ojos.

— ¿Qué te hace pensar que quiero que mi situación cambie? —. Me respondió arrugando el ceño, estaba muy enfadada.

— Al fin hablas en mi idioma, y no estamos llegando a ningún lado, suficiente por hoy, me voy a dormir— apenas me alejé, ella se levantó rápidamente para atacarme, pero logré sostener sus manos a tiempo, y la empujé contra la cama con fuerza— No hay razones para que te trate como una dama, te doy mi hospitalidad, aun siendo mi prisionera, y me atacas apenas te quito la vista de encima, eres tozuda, y maleducada, ni siquiera me has dicho tu nombre—.

— ¿Y por qué tendría que decírtelo si ni siquiera me has dado el tuyo? — contestó de mala gana, completamente a la defensiva.

Desde la muerte de mi padrastro Folkell, había logrado bloquear dentro de mí, todas las emociones nocivas, como el odio o la ira, sólo las liberaba en los ataques que hacía con mi lira, era mi forma de canalizarlas, pero esa mujer lograba sacarme de mis casillas con facilidad. ¿Qué me molestaba? Me frustraba que, tratando de ser una persona bondadosa y considerada con ella, sólo obtuviera de regreso un comportamiento grosero, nunca ninguna mujer me había tratado así.

Enfadado por su mal carácter, tomé mi lira con brusquedad, y salí de la cabaña dando un portazo, y fuera, en la oscuridad, mientras algunos copos de nieve empezaban a caer sobre mí, empecé a tocar frenético, mi réquiem para serenarme. No esperaba que me tratara como a su salvador, después de todo, era mi prisionera, pero al menos, que considerara su complicada situación y valorara el hecho de que estaba tratándola como una invitada, y no como a una criminal. Mientras me dejaba llevar por mi música, cada nota, cada acorde y arpegio, lograban llegar a lo profundo de mi corazón, mi respiración se armonizó con el compás de la melodía, y así, pude sacarme de la cabeza el coraje acumulado por tratar con esa fierecilla casi indomable, al menos, eso pensé en ese instante.

Mi molestia era tan grande, que olvidé por completo que ella aún permanecía dentro de la cabaña. Sencillamente me dediqué a tocar mi lira, y cuando pude al fin calmarme, me dispuse a entrar de nuevo, pero, apenas ingresé, ella estaba de pie, cubierta por varias mantas, frente a mí, como si hubiese permanecido detrás de la puerta, escuchándome.

— Tú ¿Estabas tocando esa música? — escuché su voz, y, aunque estaba algo oscuro a nuestro alrededor, ya que sólo nos acompañaba la luz de la chimenea, pude notar en la blancura de su rostro, que sus ojos estaban húmedos.

— No hay nadie más aquí, salvo mi caballo y mi halcón, y quizás algunos lobos en los alrededores— contesté algo sorprendido por ver a la mujer que hace unos instantes era una fiera, con esa expresión tan frágil en su semblante.

— Es cierto— dijo bajando la mirada. Una fuerte ráfaga de aire frío entró por la puerta, aún abierta, y ella temblando intentó regresar a la cama, no sin antes coger la botella de vodka que yo le había quitado, y que dejé sobre la mesa cercana a la chimenea.

— Te dije que eso estaba prohibido— insistí acercándome para quitársela, pero ella, cabizbaja, como queriendo darme una tregua, regresó el vodka a su sitio.

— Es verdad, en el infierno, el Helheim, el hades, o como le llamen, no dan de beber, pero, para mí no hay diferencia entre estar ahí, o aquí, en realidad, ya todo me da igual—. Arropándose más con las mantas que llevaba puestas, se sentó en el suelo, frente a la hoguera de la chimenea, y me pidió con voz tenue, si podía seguir tocando mi réquiem.

— Aún no me has dicho tu nombre— le contesté cerrando la puerta de la cabaña para que la fría corriente no siguiera invadiendo su interior.

— No tiene importancia— contestó con voz desganada.

— Como quieras, es tu decisión si me lo dices o no, pero a quién te interrogue no podrás mentirle, y entonces, recordarás a Mime, hijo de Folkell, y lo amable que fue contigo—.

— ¿Mime, hijo de Folkell? —.

— Así es, Mime es mi nombre, no lo olvides— dije acomodando mi lira nuevamente para tocarla, y cerrando mis ojos por unos momentos, para concentrarme, comencé a arrancar arpegios, y a abstraerme totalmente en la melodía que quería interpretar para ella.

Siempre he creído que la música es el lenguaje del alma, y que puede tocar los corazones de las personas. De niño siempre quise ser músico, porque fuera de mi talento nato, quería alegrar el corazón de las personas de mi tierra, quería verlos sonreír, pero a mi padrastro le parecía una tontería, y me forzó a convertirme en un guerrero.

Esa noche, al ver a la extranjera completamente decaída, pensé, si mi lira y mi réquiem serían capaces de abrir su alma, así como lograron calmar la mía. Lo cierto fue que mientras miraba el fuego, me pareció que varias lágrimas resbalaban por sus mejillas, como si recordase cosas que le resultaban dolorosas, debía tener una buena razón para guardar silencio sobre sí misma, pero como dios guerrero no podía respetar aquel silencio, si yo no descubría quién era y por qué estaba en Asgard, lo harían los demás, y ellos no tendrían tanta piedad como yo.

Aquella noche, sencillamente me dejé llevar por lo que su enigmática figura, herida, abrazada a sí misma, contemplando la hoguera con amargura, me inspiraban, nuevos acordes acompañaron un réquiem totalmente improvisado, mientras la leña se consumía lentamente, dejando a la cabaña casi en penumbras, mientras que, en el exterior, la nieve empezaba a caer copiosamente, convirtiéndose otra vez en una fuerte ventisca.

Cuando me detuve para poner otro leño y avivar el fuego, me di cuenta que ella se había quedado dormida en esa posición tan incómoda. La tomé entre mis brazos, y la regresé a la cama.

— Buenas noches, desconocida— murmuré, y cogiendo otra manta, me fui a dormir junto a la chimenea.

En los siguientes días, ella se mantuvo en silencio nuevamente, ante mis constantes preguntas. Sólo se limitaba a pedirme en las noches que le tocara mi lira, pero dejó de lado su actitud maleducada y violenta, y empezó a aceptar mi comida, también a darme las gracias, aunque el vodka no lo dejaba de lado, era su adicción.

También me pidió algo con qué vestirse, ya que su ropa estaba destrozada. Solo tenía ropa de hombre, pero a ella le dio igual, eligió una camisa y calzas blancas, un tabardo de color rojo granate, lleno de hebillas, y unas botas y polainas para mantener abrigadas sus piernas. En cuanto a las heridas de su brazo, sanaban con lentitud, pero ella decidió curarlas por sí misma, sin mi ayuda, y, realmente parecía una experta en ello, como si estuviera acostumbrada a pelear, a herirse y a cuidar de sí misma.

Pensé que intentaría volver a escapar, pero no lo hizo, así pasaron unos cuantos días más, y una mañana, alguien golpeó a la puerta de mi cabaña. Era Syd y un médico enviado por Siegfried, para que revisara a la prisionera. El doctor encontró que sus heridas ya no estaban infectadas, y entonces, Syd anunció que sería trasladada al palacio Valhalla, para ser interrogada.

— ¡Pero sus heridas aún no sanan totalmente y ella permanece débil por la falta de alimento! — le dije preocupado.

— Órdenes de Siegfried, los rumores sobre los enemigos se están haciendo más intensos, quizás ella sepa lo que está pasando, no podemos descartar a nadie, ni siquiera por tener un rostro bonito— contestó poniéndose de pie, bebiendo de golpe la sidra de manzana que le había ofrecido, para ponerse su capa e ir por los caballos que estaban en mi granero— Será mejor que se abrigue, estoy seguro que caerá algo de nieve mientras cabalgamos al palacio—.

— ¡Espera Syd! ¡Aunque me ha dado problemas, así como está no sobrevivirá a un interrogatorio! —. Dije sosteniendo a mi compañero por el brazo. Sabía la forma en que Thor y Alverich le sacaban la verdad a los espías y traidores de nuestra tierra, una mezcla de palizas combinadas con terror psicológico, en el cual Alverich era un experto, sabía que a ambos les daba igual que se tratara de hombres o mujeres, no porque amaran hacerle daño a los demás, sino porque la seguridad de Asgard y de la señorita Hilda para nosotros no tenía precio, y dado que aquella mujer había matado algunos lobos de Fenrir, y, por las monedas que llevaba, era lógico que asaltó a algún viajero en su camino, no tendrían ni un ápice de consideración.

— Pienso igual que tú Mime, pero…esta mañana llegaron tres halcones al palacio, uno del sur, otro del noroeste, y el último desde el corazón de Asgard, portando malas noticias—.

— ¿Qué sucedió? — pregunté notando que Syd apretaba los puños con fuerza.

— Fueron arrasados por completo, junto a todos sus habitantes, en tan sólo un día—.

— ¿Qué? ¡Eso es imposible! ¡Nadie, salvo un dios guerrero o la señorita Hilda tiene un poder así de enorme! Excepto por los… — hice una pausa antes de mencionar la palabra que se venía a mi cabeza, era repulsiva, y no debía ser mencionada, al menos, no dentro de mi hogar— ¿Crees que ella pueda tener relación con esas cosas? No han sido vistas en siglos, y lo de los rumores de hace cinco años, no hemos podido constatarlo, aunque hemos viajado por Asgard de un extremo a otro en su búsqueda, ni siquiera los lobos de Fenrir han podido detectarlos—.

— La capturaste hace unas semanas, y no ha querido decirte quién es ni qué vino a hacer a Asgard, eso la convierte en sospechosa ante nuestros ojos, respecto a lo otro, por mucho que lo investigamos, no habíamos logrado conseguir pruebas reales de su regreso, hasta hoy. Los halcones fueron enviados por guardias de los pueblos vecinos, que acudieron en ayuda de los afectados al ver humo en la distancia, pero al llegar, todos estaban muertos, quienes atacaron no respetaron ni a mujeres ni a niños, tampoco a los animales domésticos, las cosechas fueron robadas, y las casas quemadas por completo junto a todos sus habitantes—.

— ¡Maldición! —. Al escuchar parte de los detalles de lo sucedido, comprendí la desesperación de Syd, lastimar al pueblo, era como lastimarnos a nosotros, pero por grave que fuera la situación, no me parecía que la extranjera tuviera que ver con eso, los rumores se venían esparciendo desde hace cinco años, ella, apenas fue capturada tres semanas atrás.

— Cuando recibimos los mensajes de los halcones, pensamos que podía tratarse de cuatreros robando ganado, o alguna invasión de reinos vecinos, es lo más lógico, pero en los tres mensajes nos aseguraron que no hallaron huellas de humanos ni de caballos— Syd continuó hablándome, y posó su mirada en mi prisionera, quién permanecía recostada en la cama, distraída en el bosque que se apreciaba a través de la ventana junto a ella — Mime, los guardias dicen que hallaron pisadas enormes, más grandes que las de un oso, por lo menos de unos 60 centímetros de largo—.

Eso era demasiado, no hay animal en Asgard que tenga huellas tan grandes como esas, a menos que se tratara de un mamut o incluso, un dinosaurio, y, aun así, esos seres están extintos. Ambos sabíamos perfectamente de lo que se trataba, miré a la chica, aún absorta en los abetos alrededor de mi cabaña, y las dudas empezaron a apoderarse de mí ¿Acaso podía ella, saber algo de la amenaza que se nos estaba viniendo encima?

— Siegfried envió a Thor, Fenrir y Alverich a las aldeas a corroborar la información, regresarán en un par de días, hasta entonces, Hagen y yo estamos encargados de controlar quién entra y quién sale del pueblo de Midgard y del palacio Valhalla, seguramente, te enviarán a recorrer las tabernas de la frontera para encontrar más pistas sobre lo que está pasando, no podrás seguir cuidando de esta mujer, tampoco has conseguido sacarle algo de información — sentenció Syd, esta vez abriendo la puerta de mi cabaña para ir definitivamente por los caballos.

Dadas sus palabras, Siegfried sería entonces quién interrogaría a la extranjera, y eso, era más aterrador a que si lo hiciese Thor o Alverich, ya que el más poderoso de los dioses guerreros, jamás se detenía, hasta lograr lo que quería, sin dar treguas, ni descansos, a diferencia de mis otros compañeros, que torturaban de forma gradual. Definitivamente, con lo terca que era, ella encontraría la muerte que tanto buscaba, de una forma más cruel que devorada por lobos. En ese momento, recordé su afligido rostro al escuchar mi lira, su suave voz pidiéndome que la dejara ir, y que le daba igual estar en este mundo o en el Helheim ¿Podía ser una aliada de nuestros enemigos? ¿O sólo llegó a Asgard por coincidencia?

Avancé hacia mi armario, desde donde saqué una capa de color marrón claro y el morral de la chica, y los puse sobre mi cama, donde ella descansaba. El médico, quién hasta entonces había permanecido escuchando la conversación, sentado junto a la mesa, bebiendo un poco de sidra, se puso de pie, y tras ponerse un abrigo de piel que llevaba consigo, se dirigió hacia la puerta.

— Se vienen tiempos oscuros para Asgard, esperemos que la señorita Hilda y los dioses guerreros puedan protegernos, iré por mi caballo, me adelantaré para informar al señor Siegfried del estado de mi paciente, espero llegar al Valhalla antes de que empiece a caer nieve de nuevo— dijo antes de dejarme a solas con la forastera.

La miré fijamente, no distinguía maldad en ella, aunque podía notar en su abstraída mirada, muchísima confusión, e incluso, algo de temor. En ese instante, sentí mi mente dividida por completo sobre mi opinión hacia ella ¿Inocente o cómplice de nuestros enemigos? Esas tres semanas juntos, ella nunca intentó asesinarme, a pesar de que dormíamos en la misma habitación, y en más de alguna ocasión bajé la guardia. Sus ataques, estaban más dirigidos a encontrar una forma de escapar, herirme para que no la siguiera, si fuera nuestra enemiga, sabría quién soy, y hubiera hallado la manera de deshacerse de mí, porque oportunidades tuvo muchas.

— Ya no puedo hacer más por ti, ahora pasarás al cuidado de mi general Siegfried, no es un mal hombre, pero es implacable si de su deber se trata, no tendrá piedad contigo— le dije sabiendo que quizás esos serían los últimos instantes en que podría verla con vida. No podía sacarme de la cabeza verla luchar tan aguerrida contra los lobos de Fenrir, tendiéndome una emboscada dentro de mi propia casa, atreviéndose a sostener un combate cuerpo a cuerpo contra mí, y pese a su debilidad, y a las heridas de su cuerpo, tener la osadía de clavarme una daga en la pierna. La muerte de una mujer así me parecía un desperdicio, pero no podía dejarla escapar, porque mi deber como dios guerrero y el amor y lealtad por la señorita Hilda y la gente de mi tierra, era mucho más grande que mi admiración por ella.

— Esta es la última oportunidad que te doy, sé que entiendes nuestro idioma, que has escuchado atenta lo que Syd me ha dicho. Hace cinco años, un eclipse que no estaba predicho ni por nuestras völvas, ni por nuestros astrónomos apareció de la nada, temimos que se tratara del comienzo del Ragnarök, el destino de los dioses y el fin de nuestra humanidad, pero no fue así, sin embargo, desde ese eclipse, nos empezaron a llegar rumores de unas criaturas peligrosas merodeando por los bosques a lo largo y ancho de Asgard, y aunque no hemos podido confirmarlo, estamos contra el tiempo, ellos, si de verdad han vuelto, están empezando a matar a nuestra gente, sé que deseas morir, pero antes de que lo logres, si sabes algo, dímelo— hablé con una seriedad abrumadora, esta vez, ya no estaba dispuesto a soportar su terquedad.

Por unos leves segundos, me pareció que mis palabras la habían descolocado, porque giró su rostro con brusquedad, quitando su vista desde el paisaje nevado a través de la ventana, y depositándola en mí, luego acarició el morral donde tenía sus pertenencias, y sacó la máscara de metal que llevaba consigo, y una moneda de plata que no era de Asgard, y que tenía grabado en uno de sus lados, la cabeza de una mujer con serpientes por cabello, y al dorso, un ancla. Las contempló por unos instantes, y luego, volvió a guardarlas, entonces, se quitó las mantas en las que estaba envuelta, y se puso de pie.

— No sé nada de lo que me estás hablando— contestó con seriedad, mientras se ponía la capa marrón que le presté para hacer el viaje hasta el palacio Vahalla. Comprendí entonces que, aunque estuviera mintiendo, no quería involucrarse en esto, y por unos instantes, la desprecié por completo. Hasta entonces, pensaba que ella estaba en Asgard escapando de alguna situación desafortunada, que su terquedad, su forma grosera de ser, era una coraza que usaba para esconder su propia fragilidad, pero me había equivocado.

Molesto, amarré sus manos con una cuerda para poder transportarla, no opuso resistencia, no hizo absolutamente nada, como resignada a lo que se le vendría. Metí su látigo y su daga dentro de su morral, pero yo me quedé con él. Me abrigué con mi propia capa, de color negro, y salí con mi prisionera fuera de la cabaña, en donde Syd ya tenía a mi caballo Sigel preparado para hacer el viaje hacia el palacio.

— Ella viajará conmigo— dijo Syd al ver que estaba a punto de subirla a mi caballo— ¿Cómo sabes? Quizás, yo sí pueda arrancarle algunas palabras—. Se acercó hasta la forastera, y puso una mano suavemente sobre su hombro lastimado, con bastante confianza.

— Disculpe señorita, en las condiciones de salud en las que se encuentra, viajar con Mime no es lo más adecuado, no es muy bueno montando a caballo, pero, no tiene de qué temer conmigo, seré muy delicado, lo prometo, mi nombre es Syd, hijo de Sigurd, noble de la casa de Mizar, durante este viaje, estará bajo mi cuidado—.

Presumido Syd, siempre aprovechándose de la situación ante chicas que a su juicio son hermosas, y como era de esperarse, no pasó demasiado tiempo antes de que usara toda su galantería para lucirse delante de la prisionera, con títulos nobiliarios y todo, aunque el mismo pensara que era una posible enemiga para Asgard, jamás perdería la oportunidad.

Molesto por la actitud de Syd, mientras lo veía llevándose a mi prisionera, tomé mi lira, la puse en la montura de Sigel junto a su morral, subí a mi caballo, y empecé a seguirlos, mientras cabalgábamos en dirección hacia el pueblo de Midgard, y el palacio Valhalla.

El médico se había marchado a todo galope, y seguramente ya debía ir a medio camino. Nosotros en cambio, comenzamos a cabalgar a trote suave, para no maltratar a la forastera, pero tal como Syd había predicho, pronto comenzaron a caer gruesos copos de nieve, y por lo oscuro de las nubes, nos dimos cuenta que se avecinaba una tormenta de nieve, pero a esas alturas, ya no podíamos regresar a mi cabaña, y decidimos seguir hacia adelante, hasta la taberna de Olson en Midgard. Allí nos refugiaríamos hasta que el clima mejorara, y así poder hacer el trayecto final hacia el palacio Valhalla.

Pero para poder llegar hasta allá, nos quedaba por lo menos una hora de cabalgata, y el viento y la nieve, nos impedía avanzar con mayor rapidez. Para darnos ánimo, comencé a cantar unas cuantas canciones de taberna, de vez en cuando, sacábamos vodka de nuestras petacas para darnos algo de calor, cosa que la prisionera disfrutó mucho, y terminó vaciando por completo la petaca del asombrado Syd, quién estoy seguro, pensaba que ella era algo así como una frágil doncella.

¡Cuán equivocado estaba! Debo confesar que fue divertido ver como mi prisionera le daba una lección, pero sólo con el tiempo pude reírme realmente de ese asunto junto a Syd. En aquel entonces, mientras la trasladábamos, ella repentinamente recargó su cuerpo hacia adelante, y la voz de Syd algo alarmada, interrumpió la canción que yo estaba entonando.

— ¡Oye! ¡No te duermas! —.

— ¿Qué sucede? — pregunté acercando mi caballo un poco más hacia ellos.

— Está muy pálida, y se está quedando dormida— dijo alarmado Syd quitándose la capa para abrigarla.

— ¿Qué extraño? Cuando apareció en la taberna de Olson, sólo llevaba un leotardo sin mangas, unas calzas amarillas, y una capa bastante delgada, puede soportar el frío, seguro está borracha porque el noble señor de la casa de Mizar le dio todo su vodka— comenté con algo de sarcasmo en mi voz, aunque también pensaba que, si la sorprendí peleándose con los lobos de Fenrir en medio de una ventisca con esas ropas, era ridículo que ahora se estuviera congelando con la que llevaba puesta.

— Sólo me estaba presentando de forma educada, y no le di todo mi vodka, ella se lo bebió todo— me replicó Syd, mientras acomodaba a la chica para asegurarse que se encontraba a salvo— ¡Maldición! ¡Está completamente fría! —.

— ¿Qué? —. En medio de la tormenta, detuvimos los caballos, bajamos a la prisionera, y nos refugiamos bajo el espeso follaje de un enorme abeto.

Mientras intentaba hacer una rápida fogata para lograr que ella entrara en calor, le pasé mi propia capa a Syd para que se la pusiera, y también mi petaca con vodka.

— Dale de beber de inmediato, te aseguro que eso la hará resucitar— dije concentrado encendiendo el fuego, pero un quejido de Syd me hizo voltear, y ahí estaba ella, lo había golpeado con la petaca, atrapó su cabeza entre sus manos atadas, y le dio un rodillazo en el estómago. Lo había tomado por sorpresa, al igual que a mí.

De inmediato me puse en posición de ataque para evitar su escape, pero ella me arrojó nieve a los ojos, y mientras intentaba quitármela, sentí que me empujaba con fuerza, caí, y entonces sentí a Sigel relinchar.

— ¡No te dejaré escapar con mi caballo! — de inmediato me puse de pie, abrí los ojos, aunque veía algo borroso, noté su silueta cogiendo algo de la montura, y entonces…desapareció, como si se la hubiera llevado el viento.

— ¡Mime! ¿Estás bien? —. Syd había salido de su aturdimiento — Debemos capturarla ¿Hacia dónde escapó? —.

— No lo sé, tomó su morral de la montura de Sigel, y entonces desapareció—. Contesté revisando mi caballo.

— ¿Desapareció? Eso es imposible, inspeccionemos los alrededores, no puede haber ido muy lejos, tiene un brazo herido— insistió Syd empezando a remover todo a su paso.

— Un brazo, pero no las piernas— dije en voz alta mientras descubrí sus pisadas en la nieve. No sabía cómo hizo para que su cuerpo se esfumara, pero sus huellas quedaron marcadas mientras escapaba— Apresurémonos Syd, o la tormenta borrará la única pista que nos permitirá encontrarla—.

Dejamos nuestros caballos refugiados bajo el abeto, y nos lanzamos a la cacería de la fugitiva. No nos esperábamos que fuera tan rápida corriendo, menos estando débil y herida, pero la nieve que caía intensamente era un serio problema, porque borraba su rastro.

— ¡No puedo creer que una simple muchacha haya podido tomarnos por sorpresa, a nosotros, dioses guerreros! — refunfuñaba Syd bastante molesto avanzando junto a mí, encendiendo su cosmos para no congelarse, ya que, por ayudarla, ambos nos quedamos sin nuestras capas.

— ¿Simple? ¿De qué estás hablando? ¿Acaso Siegfried no te leyó mi reporte? — le pregunté con algo de sorpresa ante sus palabras.

— Dijo que habías capturado una mujer extranjera que podía ser espía — contestó cubriendo su rostro con sus brazos, para que la nieve no lastimara sus ojos, ya que el viento estaba en nuestra contra, y nos golpeaba con fuerza, dificultando nuestro avance.

— Pues, sea espía o no, mató a dos lobos de Fenrir con un látigo, y peleó contra Ging ella sola, con un brazo herido— suspiré recordando el día que la capturé, mientras cubría mis ojos con un brazo y con el otro, sostenía mi lira — también me tendió una emboscada dentro de mi propia cabaña, y se atrevió a pelear cuerpo a cuerpo conmigo, si eso no te convence de que su apariencia engaña, pues recuerda que se bebió todo tu vodka, y pudo escaparse de ti—.

Esto último lo dije a propósito, para molestar a Syd, y al parecer tuve éxito, porque el maldijo y luego se quedó en silencio por mucho tiempo, mientras intentábamos seguir sus pisadas, ya casi borrosas. Caminamos por horas, pero, siempre que creímos que la habíamos perdido, aparecían marcas entre la nieve. Eso era buena señal, significaba que avanzaba tan lento como nosotros, debido en parte, a la debilidad de su cuerpo por no haberse alimentado bien por mucho tiempo, y porque no conocía el territorio que estaba pisando, a diferencia de nosotros.

Avanzamos muchos kilómetros, pero apenas se detuvo la tormenta de nuevo, y todo volvió a la calma, Syd y yo nos hallamos parados en el claro de un bosque, sin las huellas de la fugitiva.

— Debió trepar a los árboles— le dije a mi compañero, y este me miró incrédulo.

— ¿Con un brazo herido? Creo que la sobrevaloras demasiado—.

— Es ambidiestra, y lleva un látigo entre sus cosas, también una daga, será mejor que tengas cuidado, no es tan fuerte como nosotros, pero sabe usar muy bien el ambiente a su alrededor— Al parecer Siegfried no le dio la información detallada que le envié sobre la extranjera a Syd, así que, el único que podía capturarla era yo, había también un detalle que mi compañero ignoraba por completo, algo que omití en los mensajes que le envié a mi general, el olor floral de su cabello.

Era especial, intenso, pero parecía que solo yo podía percibirlo, quizás porque pasé más tiempo junto a ella, aunque también porque dentro de mis compañeros de armas, siempre he sido el más perceptivo y sensible, supongo que es porque soy el único artista del grupo. Fue precisamente ese aroma el que me sirvió para seguirla, cuando sus pisadas apenas se distinguían entre la nieve.

Y en ese momento, podía sentirlo a través de los árboles. Pensé que podía estar escondida entre ellos, y le hice gestos a Syd para que me siguiera en silencio, él accedió, nos introdujimos con cautela, evitando al máximo hacer cualquier ruido que pudiera alertarla de nuestra presencia, hasta que repentinamente, perdí su aroma, porque otro más fuerte empezó a flotar en el aire.

— ¿Qué sucede Mime? — murmuró Syd acercándose a mí.

— Huele a humo, algo se está quemando— dije poniéndome completamente en estado de alerta. Seguimos avanzando entre los árboles de forma sigilosa, hasta que un grito estridente, en un idioma extranjero que no conocíamos, pero que a mí me resultaba familiar, junto a la voz de quién provenía, nos hizo movernos más deprisa.

Al salir del bosque, contemplamos una imagen desoladora. Una aldea entera quemándose ante nuestros ojos, una pira de aldeanos ardía al centro, todos estaban muertos, y delante de la pira, estaba ella, empuñando su látigo para hacerle frente a un grotesco hombre de rostro deforme, tres metros de estatura, con una tosca armadura, un garrote lleno de púas, y un escudo de madera. Esa horrible criatura, era uno de nuestros enemigos, responsable quizás de la destrucción de las otras aldeas. Eso era un Jotun.

Continuará…


Notas finales del capítulo.

* Esta historia es una adaptación muy libre de la mitología nórdica, al igual que las de Saint Seiya y las de Marvel, así que no le he puesto mucho rigor histórico y mitológico a los detalles de lo que estoy escribiendo, estoy más centrada en la historia de Mime y June.

* Völva: sacerdotisa, profetisa y mujer sabia de la mitología escandinava.

* Jotun: raza de gigantes con fuerza sobrehumana de la mitología escandinava.

* Respecto a Midgard, Asgard y el Valhalla. En la mitología nórdica, Midgard corresponde al reino de los hombres creados por los dioses, Asgard es el mundo de los Aesir gobernados por el dios Odín y su esposa Frigg, y Valhalla, es un salón ubicado en la ciudad de Asgard (eso dice Wikipedia jajaja), explico esto porque en Saint Seiya nos lo explican de forma muy diferente, Asgard es un reino, sí, pero en él viven humanos no dioses, aunque esto no quita que los dioses estén representados por humanos como en el caso de Hilda, para no confundir los nombres, decidí que el reino se llamaría Asgard, como en el Saint Seiya clásico, el palacio Valhalla se mantiene como palacio, ahí es desde donde gobierna Odín a través de su representante Hilda, y Midgar, es el pueblo a los pies del palacio Valhalla, y la capital del reino de Asgard.

* Fe de erratas del capítulo anterior: primero porque después que lo subí me di cuenta que mi seudónimo estaba mal escrito, segundo, usé lira y arpa varias veces, refiriéndome al mismo objeto, en español latino, Mime le llama a su instrumento arpa, y aunque tiene forma de arpa en miniatura, técnicamente es una lira, para no tener más confusiones, lo dejé en Lira, y punto, y tercero, en las notas finales escribí "llebo" en lugar de "llevo" …qué vergüenza, y qué despistada, estaba segura que lo había escrito bien y cuando publiqué me di cuenta de mi terrible error ortográfico, mis hater son felices xD pero créanme, estoy totalmente al tanto de eso.

* Por último, no olviden que esto es un universo alterno, y que este ship no es de mi invención.

Nos leemos en el próximo capítulo, ya saben, siempre se agradecen reviews ;)