Primera parte. Descubrimiento.

Jeremy Belpois tenía un número finito de amigos. Aelita, Odd, Yumi y Ulrich. Un número con el que se sentía cómodo y había aprendido a desarrollar una buena amistad con ellos. Todo estaba bien en su mundo. Iba con ellos a clase, jugaban a la consola, iban al cine. Una bonita relación con ellos. Y bueno, Aelita era su punto débil, la personita por la que al pensar su corazón latía más intensamente. Pero era demasiado tímido como para decírselo.

Y sin embargo ahora ese corazón latía por otro motivo. Uno más doloroso y que le daba maś miedo. Su primo Patrick iba a quedarse a estudiar en Kadic. Y no solo a estudiar. Sus padres también vivían lejos, lo que implicaba ingresarle como alumno residente. Y ahora Jeremy no entendía la notificación oficial que le habían hecho desde la Oficina de Administración de la Academia.

"Con el ingreso del señor Belpois, Patrick hemos tenido a bien considerar que al ser familiar suyo lo más cómodo para su estancia será que sea su nuevo compañero de habitación", un cordial saludo y todas esas memeces.

—¿Por qué dan por sentado que por ser mi familia nos llevaremos bien? —reflexionó en voz alta. Cierto era que la última vez que se habían visto su relación había mejorado sensiblemente, pero eso no significaba que le apeteciera verle a cada rato del día. En clase. A la hora de comer. Después de clase. Los fines de semana. Por Feynman, qué pesadilla podía ser aquello.


Llegó el día que Patrick se mudaba a Kadic. En la puerta esperaban Odd, Aelita, Yumi, Ulrich… y por supuesto, Jeremy, que no entendía por qué sus amigos habían preparado una pancarta de bienvenida para su primo.

—Y tampoco entiendo qué hago yo aquí —rezongó mientras esperaban la llegada del coche.

—Por última vez, viene tu primo y es una buena persona, así que te quedas —le regañó Aelita. Estaba un poco cansada de la actitud de su amigo. Bueno, amigo… ese tonto que parecía no querer nada con ella.

—La otra vez que vino no hizo falta tanta fanfarria.

—La otra vez no le conocíamos. Cállate y sonríe —le dijo Odd—. Por ahí llega, ¿no?

Un coche aminoraba la marcha. Cuando finalmente se detuvo, un joven de chaqueta de cuero y pelo engominado en punta bajó del coche. Se giró y sonrió al grupo. Patrick Belpois había llegado. Jeremy sintió que la mano de alguno de sus amigos le empujaba hacia adelante y conteniendo un gruñido se acercó a ayudar a su primo con las maletas.

Sus tíos bajaron también del coche, de dieron los besos y los abrazos de rigor, cómo estás, cuidáos el uno al otro, sed buenos, no os metáis en líos, os queremos mucho, hijo, que se te de bien en esta nueva etapa. Finalmente los adultos se marcharon y Patrick metió los pies en el recinto de la escuela.


—Creo que tu primo y sus amigos te pueden explicar las reglas. No hacen más que saltárselas —decía Jim mientras acompañaba a Patrick y Jeremy al dormitorio. Abrió la puerta.

Jeremy suspiró al ver su dormitorio cambiado. Estaba acostumbrado a todo el espacio para él, y ahora su cama y su armario estaban agolpados contra una pared (se había quedado con esa en la que estaba su poster de Einstein) y ahora al otro lado otra cama y otro armario reposaban esperando a su nuevo ocupante. Por lo menos su antiguo ordenador ya no ocupaba toda la mesa al fondo, había optado por guardarlo y únicamente usar su portátil para estudiar.

—Esto va a ser genial —dijo Patrick—. Espero que no te moleste tenerme por aquí.

—¿Por qué iba a hacerlo? —preguntó el rubio, sin lograr disimular el tono de voz.

—Escucha, sé lo que te preocupa —comentó el castaño mientras abría las maletas—. No tengo interés en robarte a tus amigos —dijo, citando la frase de su primo. Abrió el armario y empezó a meter la ropa—. Parecen majos, pero sé que sería raro tenerme todo el día con vosotros, no sufras por eso.

—¿Te vas a buscar un grupo?

—Sí. Y tías —rió Patrick—. Me interesan mucho las tías. Y es más, te puedo presentar a algunas si quieres.

—No me tomes el pelo.

—No te lo tomo. Ote, tu problema es que no sabes venderte con ellas. Pero con mi ayuda vas a ser todo un ligón.

—Las tías me consideran poco menos que un bicho raro. Bueno, casi todos lo hacen.

—Por eso no me apetece quitarte a tu grupo. Simplemente les conoceré y espero que no me eches de la mesa si no me apetece comer solo, ¿vale?

—Tranquilo, no lo haré. No es plan de que nos llevemos mal —aceptó Jeremy. Sabía que su primo no era tan malo como lo solía pintar (lo cual la preocupaba bastante).

—Bueno, creo que esto ya está —dijo Patrick mientras revisaba su ropa. En el sistema de organización de Jeremy no tenía cabida tener los pantalones en el suelo del armario al lado de los zapatos pero al fin y al cabo estaban bien doblados. Y en el cajón de la ropa interior había metido todo razonablemente ordenado—. Aquí había piscina, ¿verdad? —preguntó mientras doblaba sus bañadores y los echaba al armario.

—Sí, pero sólo hay uso libre los sábados y los domingos.

—Pues hoy no me apetece, pero mañana podríamos ir. Seguro que tus compañeras agradecen ver a dos tíos buenos como nosotros exhibiendo cuerpo —bromeó—. Tengo que ir al Edificio de Administración, ¿vienes?

—Vamos —dijo Jeremy mientras enviaba un mensaje a sus amigos para que se reunieran allí con ellos. Debía empezar a compartir con Patrick al menos un poco. Y la verdad, si realmente pensaba ayudar a hacerle algo más popular, se lo debía agradecer. Sin dar la espalda a su grupo, por supuesto.


—Y por eso me eligieron doble de Daniel Radcliffe para las escenas peligrosas —dijo Patrick.

—Eso que dices es mentira.

—Puede ser, ¿pero a que hubiera dado el pego?

Priscilla Blaisse y Caroline Savorani se rieron por la ocurrencia de Patrick. Como había dicho el día anterior, él y Jeremy habían ido a pasar un rato en la piscina. Aquello era nuevo para Jeremy, no solía pisar aquel recinto más allá de las horas de la clase de gimnasia. Le había costado convencer al rubio, pero los demás le habían dicho que no pasaba nada. Además, aprovecharían para ir al cine a ver una de esas películas que a Jeremy no le gustaban mientras pasaba la tarde con él.

Lo que Jeremy no se había imaginado era que su primo tendría el valor de ir a ligar directamente con unas alumnas un año mayores que ellos. Pero Patrick parecía en su salsa con ellas. Y lo que era más extraño para Jeremy… Priscila parecía tener algún interés en él. Diablos, eso no esa posible.

—Bueno, mi primo y yo vamos a hacer unos largos —anunció de pronto Patrick.

—Oh, ¿ya nos dejáis? —preguntó Caroline, parecía algo decepcionada. Jeremy procuró no ruborizarse cuando Priscilla le miró apenada. Al parecer el chiste de Galileo y el Papa le había hecho gracia.

—Sí, tenemos que entrenarnos, estas figuras no se consiguen por arte de magia —bromeó Patrick—. Vamos, primo.

—¿En serio nos vamos? Se lo estaban pasado bien. Creo —dijo Jeremy, sin entender, cuando ya se habían alejado bastante.

—Sí. Lo mejor es que tengan ganas de más, si las agobias en seguida, huyen —explicó Patrick—. Pero lo mejor será que no mintamos. ¿Una carrera?

—¿Estás de broma? Sabes que no se me dan bien los deportes.

—Por eso, voy a ayudarte. Vamos, de un salto a la piscina y a nadar. Una, dos…


Era lunes por la mañana y después del descanso del fin de semana, la clase de Jeremy tenía clase de Ciencias con la señora Hertz. Fueron los primeros en llegar, por la costumbre del rubio de no llegar tarde a clase. Aunque a Patrick aquello no le gustaba, no le iba a llevar la contraria a su primo y menos delante de Odd, Ulrich y Aelita. Cuando llegó la profesora y entraron los últimos rezagados (una tal Sissi de la que no había escuchado más que cosas negativas), le tocó soportar "el momento".

—Bueno, alumnos, antes de empezar hoy, demos la bienvenida a vuestro nuevo compañero. Patrick Belpois. Patrick, ¿quieres levantarte y presentarte? —ofreció la profesora.

"Preferiría no hacerlo", pensó él, pero se puso de pie y se giró para hablar a la clase. Joder, ese no era su fuerte, él era de distancias cortas y el tú a tú, no dar discursos a un grupo de gente. Pero había que intentarlo.

—Hola. Me llamo Patrick, y bueno, por el apellido supondréis que soy familiar de Jeremy. Es mi primo…

Tras soltar las frases estrella de estar en esta gran academia, espero que todos seamos amigos, etecé, etecé, volvió a sentarse y permitir que la Hertz empezara con su perorata acerca del momento angular. Siéndole complicado entender la mayoría de las palabras, pensó en copiar los apuntes de Jeremy. Pero casi era peor, ya que este añadía detalles que conocía y la profesora pasaba por alto. "Desventajas de tener un primo cerebrito", pensó. La clase se le iba a hacer muy larga. El único punto positivo de la clase fue que una tal Sorya Abulabbas, que también se había sentado en la primera fila, parecía mirarle con interés.


—¡Basta! —protestó.

—¡Patrick!

Jeremy había empezado a explicar la lección a su primo. Pero se habían tenido que ir de la biblioteca porque ya había protestado una vez. Y ahora estaban sentados en el dormitorio mientras el rubio había todo lo que podía para hacerse entender. Pero Jeremy empezaba a conocer el punto en común que había entre su primo y el amigo Odd: lo rápido que se sentían agobiados por el estudio y preferían distraerse haciendo aviones de papel.

—Escucha. Te agradezco el esfuerzo —dijo Patrick. "No te enfades con él", se recordó—. Pero por favor, dejémoslo por hoy. Está claro que tú al menos te lo sabes, ¿no te basta con eso?

—Pero si me has pedido tú que te ayude…

—Lo sé, y no debería. No te preocupes, que yo me ocuparé de estudiar por mi cuenta —dijo mientras se levantaba.

—Bueno, ¿nos ponemos el pijama y a dormir?

—O nos podemos quedar en ropa interior y ver una película. ¿No tienes ninguna en el portátil? —preguntó.

—Descargarse peliculas es ilegal.

—Ya. ¿Tienes alguna?

Precisamente hacía unos días se había descargado la de Van Helsing, de modo que se acomodaron sobre la cama de Patrick y con el portátil sobre las piernas empezaron a ver la película. El castaño disfrutó de toda la película, pero cuando terminó, se dio cuenta de que Jeremy se había quedado dormido. Con cuidado dejó el portátil en el suelo. Pensó en irse a la otra cama a dormir, pero se arriesgaba a que su primo de despertase, así que se acomodó y se echó a dormir.


—Hermoso día para dibujar al aire libre —comentó el profesor Chardin mientras escoltaba al grupo al bosquecillo que había al lado de la academia.

—No sé si esto nos servirá de algo, pero está bien salir del edificio en horas de clase —comentó Odd, iba en grupo con Ulrich, Aelita, Patrick y Jeremy. Se movieron libremente hasta encontrar un buen sitio desde el cual pintar. Por precaución, Jeremy les condujo a un camino alejado de The Hermitage.

—Creo que aquí estará bien —comentó Patrick—. ¿Os parece?

—Vamos —dijo Aelita. Tomó de la mano a Jeremy y se sentaron en el suelo, espalda contra espalda, y empezaron a dibujar.

—Venga, campeón, estos árboles no se van a dibujar solos —dijo Odd a Patrick.

—Ostras, mirad —dijo Ulrich—. Un rosal. ¿Deberíamos avisar a esos dos? —preguntó en referencia a Jeremy y Aelita.

—Que se fastidien, por las prisas. ¿Empezamos?

Se sentaron en el suelo y empezaron a dibujar. Patrick buscó un ángulo bueno para hacer el dibujo. Por fin lo encontró, justo lo que quería ver. Se aseguró de tener el lápiz afilado y empezó a dibujar. Le gustaba. Pero mejor si hacía otro dibujo para enseñarle al profesor.


Era jueves a la hora de comer. Jeremy estaba comiendo con Ulrich, Odd y Aelita.

—¿Sabéis qué tienen en común Bon Jovi y los geólogos? ¡El rock-an' roll! —contó Odd. Aelita fue la única que se rió un poco.

—Madre mía, Odd… tienes un sentido del humor terrible —comentó Jeremy.

—Prefiero pensar que tenéis un sentido del humor pésimo.

—Ostras. Ahí viene Patrick —dijo Ulrich.

El castaño se acercaba a ellos con la bandeja entre las manos y cara de pocos amigos. La puso sobre la mesa con evidente gesto de fastidio, y les miró con cierto enfado.

—¿Qué pasa? —preguntó Jeremy—. ¿No te ha salido bien la cita con Lola Kieffer?

—¿Por qué no me dijisteis que era un año menor que nosotros?

—Uy, perdone usted, abuelo —bromeó Odd—. No sabía que eso era un impedimento para ti.

—Lo es. Me gustan de mi edad o ya mayores, pero no puedo con alguien más joven que yo.

A Ulrich no se le escapó que Lola Kieffer lanzaba una mirada asesina a la mesa. Obviamente no le había sentido muy bien el plantón del chico. Tal vez había pecado de falta de tacto. Pero bueno, no era asunto suyo, bastante tenía con no saber gestionar su situación con Yumi.

—Me debéis un cine para compensar —dijo.

—Estoy sin blanca —respondió Odd.

—Y yo —añadió Aelita.

—Mis viejos no me han dado pasta este mes —comentó Ulrich.

—¿Jeremy?

—De acuerdo. ¿Cuál te apetece ver?


Mientras Jeremy compraba las entradas, Patrick iba adquiriendo un par de menús de palomitas y refrescos para disfrutarlos con la película. Cuando el rubio se acercó a él ya con las entradas, se quedó perplejo.

—Te has pasado. ¿El XXL? ¿En serio?

—Salía mejor de precio —respondió Patrick mientras cargaba con su menú—. Vamos allá.

Entraron en la sala con cierta dificultad. "Esto me va a costar treinta largos en la piscina el sábado", pensó Jeremy, que solía pillar el menú pequeño. Se abstraía con la película y se le olvidaba con frecuencia que tenía el refrigerio. Llegaron a sus asientos. No había mucha gente. Una fila de asientos llena debajo de ellos por lo que debían ser unos universitarios, y en una de las esquinas superiores, una pareja acaramelada.

Apenas se apagaron las luces, Jeremy empezó a escuchar algo de fondo. ¿Cómo se estarían besando esos dos para escucharlos incluso con la banda sonora a todo trapo?

¿Por qué pagarán para meterse en un cine y no ver la película? —preguntó a su primo.

Supongo que porque no pueden ir a un hotel… ¡hostia, no mires!

Patrick había girado un poco el cuello y ahora Jeremy imitaba a su primo. Rápidamente volvió a girar la cabeza, ella estaba sentada encima de su novio y por sus movimientos no estaban únicamente besándose. A Jeremy aquello le mató de vergüenza, pero su primo estaba más tranquilo.

¿No vas a querer más palomitas? —preguntó Patrick. Apenas llevaban la mitad de la película.

Estoy lleno. Si las quieres…

Patrick estiró la mano y se quedó con el bol de palomitas del rubio. Unas pocas palomitas cayeron sobre el regazo de Jeremy, pero el castaño las pescó y se las comió igual. Jeremy siguió atento a la película. Se fijó en que los ojos de Patrick se movían bastante. Tal vez estaba pendiente de la pareja que estaba echando un polvo. Tal vez le hubiera gustado más llevarse a alguna de sus amigas.


—¡Sois geniales!

Jeremy no se lo creía. Ese sábado estaba comiendo en la mesa con Anaïs Fiquet (la chica más atractiva de Kadic) y Maïtena Lecuyer (la segunda chica más atractiva de Kadic), en compañía de su primo. Este le estaba lanzando fichas con todo el descaro a Maïtena, lo que permitía al rubio conocer a Anaïs. La verdad, era guapísima, y al parecer más profunda de lo que parecía a primera vista.

—Solo digo que es un derecho fundamental que no debería ser privado a nadie —terminó de explicar.

—Estoy totalmente de acuerdo —dijo Jeremy—. Participo en un foro de debate en línea. ¿Quieres apuntarte?

—Ah, no, me da mucha pereza hablar con un puñado de gente que no conozco —declinó la chica—. Yo te podría hacer un hueco en un grupo de debate real, nos reunimos cada dos domingos por la mañana en la Biblioteca Mazarino.

—Me encantaría.

—Pues dame tu móvil.

El rubio se lo dio y Anaïs empezó a enredarlo.

—¿Qué haces?

—Te he apuntado mi número —respondió ella, y llamó. Sonó su propio teléfono—. Ya te tengo fichado.

Jeremy no sabía si realmente la chica podía tener algún interés en él, pero definitivamente se lo había pasado en grande aquel día.


—No puedo seguir con esto —dijo Aelita.

—¿Con qué?

Jeremy había acudido al cuarto de la pelirrosa. Y no entendía la conversación.

—Escucha, me parece genial que conozcas a otras personas, pero… me ha dolido verte hoy con Anaïs.

—Pero… Anaïs es solo una amiga…

—Bueno, igual no te has fijado en cómo te miraba. Pero yo sí. Y también en cómo la mirabas tú…

La pelirrosa tenía una voz sombría, no le gustaba lo que estaba diciendo pero debía desahogarse.

—Entre tú y yo siempre ha habido dudas… y ahora que te veo más suelto con otras chicas tengo claro que no podríamos funcionar…

—Aelita, yo…

—Sigo siendo tu amiga, Jeremy. Pero nada más.


—Lo siento mucho, primo.

El rubio había regresado al dormitorio, y le había contado a Patrick lo que había ocurrido en la conversación con Aelita. El castaño se sentía culpable, ya que la idea de comer con aquellas dos bellezas había sido de él. No pensaba en que metería a Jeremy en un lío semejante. Claro que nunca había tenido clara del todo el tipo de relación entre él y Aelita. Y ahora estaba ahí, tumbado en la cama asimilando lo ocurrido.

—No ha sido tu culpa… he sido un idiota, debí haberlo sabido —gruñó Jeremy mientras se tapaba la cara con las manos. Idiota, idiota… he sido un idiota con ella, todo este tiempo…

—Escucha, si te sirve de consuelo, si no tenías clara la situación con ella, lo que has visto hoy solo ha ocurrido antes de tiempo.

—Oye…

—Escucha, ya te lo he mostrado estos días. En cuanto te meto con un grupo de chicas te sueltas con alguna de ellas, sabes hacerlo, podrías tener a la chica que quisieras. Siempre que tenga algo dentro de la cabeza, claro, pero lo haces bien. Si no puede ser con Aelita, ¿qué tiene Anaïs de malo?

—¿Que no es Aelita?

—A veces eres imposible.

Jeremy suspiró. Estaba un poco alterado todavía. Patrick, sintiéndose aún culpable por lo ocurrido, se echó con él en la cama. Su primo necesitaba un abrazo, por mucho que evitara habitualmente el contacto humano. Se lo dio igualmente, y fue un alivio comprobar que no lo rehusaba. Sin darse cuenta, ambos se quedaron ahí dormidos.


—Gracias por lo de anoche, por cierto.

Jeremy había evitado el tema durante todo el domingo. Haber despertado esa mañana entre los brazos de Patrick había sido extraño, pero el gesto le había conmovido. Tal vez no estuviera tan mal que su primo estuviera allí con él. Tal vez necesitaba estar más cerca de él para cuando tuviera problemas de amoríos.

—No hay de qué. Yo también te doy las gracias.

—¿Por qué?

—Por dejarme dormir en tu cama, creo que es más cómoda que la mía —rió.

—Está más castigada más bien —le corrigió Jeremy—. Tu colchón apenas está usado.

—Y se nota. Vale que los colchones duros sean mejores para dormir, pero no por ello me gusta más.

—¿Vas a dormir?

—Querría darme una ducha primero. ¿Te apuntas? —preguntó Patrick.

—Bueno —dijo Jeremy, mirando el reloj—. Vamos, tenemos media hora antes de que prohíban el paso al vestuario.


—Qué bien sienta la ducha por la noche —pensó Jeremy en voz alta mientras se enjabonaba el pelo.

—Oh-oh…

—¿Qué pasa?

—Me he dejado el gel. ¿Tienes?

—Claro que tengo.

Y en ese momento se abrió la cortina de la ducha. Patrick apareció desnudo, con el cuerpo empapado y restos de jabón por el pelo.

—¡Oye!

—No te escandalices tanto, que somos familia —dijo este—. ¿El gel?

—Toma —Jeremy se agachó a por la botella.

—¡Culito!

—Idiota —gruñó tendiéndole el bote. Qué humor más infantil.


—Joder, qué frío hace hoy —protestó Jeremy metiéndose en la cama.

—Creo que no es para tanto —dijo Patrick casi en un susurro. Ya se había acomodado entre las sábanas y no sentía el frío.

—Tus sábanas son más cálidas que estas.

—Pues ven aquí a dormir. Pero date prisa.

—¿Qué dices?

—Uy, perdone, señor hetero —bromeó Patrick—. Anoche no te molestó tanto que durmiéramos juntos.

—Ya… perdona…

Jeremy fue a la cama de su primo. Mucho mejor. Había sido un idiota poniendo esas sábanas con el tiempo traicionero de aquellos días. Cerró los ojos y procuró dormir.

Por la mañana abrió los ojos. ¿Qué le había pasado? Se había dormido sobre el pecho de Patrick…. y su baba había empapado el pecho del pijama de este.


—Esta noche no… no me quiero meter en un lío… pronto, te lo prometo… adiós, guapa.

Patrick colgó el teléfono. Era consciente de que había pedido un aplazamiento a Maïtena Lecuyer. Pero no importaba. Estaba esperando algo esa noche. Jeremy por fin apareció. Se habían evitado un poco durante el día. El amanecer, con el rubio acurrucado contra él, había sido un poco embarazoso para ambos.

—Hola, Patrick —saludó Jeremy, dejando la mochila.

—¿Podemos hablar?

—Prefiero que no…

—Vamos, primo. Anoche te invité a dormir en mi cama, y al despertar, bueno… no me esperaba verte así.

—Estaba tan cansado que me quedé roque —dijo Jeremy, quitándole importancia.

—¿Te gustan los chicos?

La pregunta cayó como un yunque sobre la cabeza del rubio. ¿Qué le había preguntado Patrick?

—¿Te has vuelto tonto?

—Es una pregunta seria. No quiero juzgarte, primo…

—Entonces no sé por qué me preguntas.

—Porque no sé si a mi me gustan.

Otro yunque golpeó la cabeza de Jeremy.

—¿A ti los chicos? Claro, como Maïtena o Sorya o Caroline… Unos tíos de pelo en pecho —bromeó.

—Lo sé, le tiro ficha a toda tía buena que me encuentro —admitió Patrick—. Pero lo de esta mañana no me fue incómodo. Dormir abrazándote no me fue incómodo. Estar contigo me gusta mucho —reconoció—. Y no sé por qué.

—Será que estamos mejorando nuestra relación…

—Quiero hacer un experimento. Que nos besemos, aquí y ahora. Para salir de dudas.

"Definitivamente mi primo se ha vuelto loco".

—¿Tienes miedo de que te guste y por eso no aceptas?

Patrick había escogido las palabras exactas que estimularon a Jeremy. Pero antes de hacerlo, se aseguró de echar bien el cerrojo (algo prohibido por las normas). Luego fue a la ventana y corrió las cortinas. Incluso le tentaba apagar la luz, pero eso sería excesivo. Patrick le propuso hacerlo de pie, y Jeremy accedió.

—¿Cuento a la de tres? —preguntó el rubio.

Pero sin responder, Patrick plantó sus labios con los de Jeremy.


—¿Qué te ha parecido? —preguntó Patrick en un susurro.

El beso se había estirado más de lo que habían previsto. Apenas habían juntado los labios al principio, sin moverlos si quiera, pero el castaño se había acercado a él un poco más, rodeado su cintura, aproximándolo a él, y Jeremy se había dejado llevar. Y finalmente se habían separado.

—Ha… estado bien, creo —dijo Jeremy—. La técnica ha sido muy buena…

—Déjate de técnica. ¿Te ha gustado?

—No lo sé…

—Pues a mi sí.


¿Cómo había acabado así? Lo último que recordaba era sentir por segunda vez los labios de Patrick contra los suyos. Podía notar su respiración, cuerpo contra cuerpo, su primo sujetándole con fuerza. Y ahora se veía tumbado sobre su propia cama, con Patrick tendido sobre él, quitándole la camiseta. Sentía calor, pero no porque hubieran arreglado la calefacción. Era un tipo de calor diferente que no había sentido antes. Debía detenerle, debía.

Pero la ropa empezaba a evaporarse. Ambos estaban completamente desnudos sobre el colchón. Podía sentir la sangre acumulándose en su cabeza. ¿Por qué? Debían detenerse en ese momento. No era correcto. Pero ni Jeremy detenía a Patrick ni este parecía tener la intención de detenerse.

—Esto también me gusta —susurró Patrick mientras tomaba el pene de Jeremy con la mano y lo estimulaba suavemente. Jeremy gimió y su primo aprovechó para volver a besarlo—. Déjate llevar, primo…

—S-Sí… —aceptó él, demasiado excitado como para detenerse—. Patrick, yo…

—No digas nada…


El calor de los labios de Patrick estimulaban la erección de Jeremy. Este apretaba las sábanas. Lo más importante era no gemir demasiado alto, pero era imposible porque se sentía en el cielo. Su primo parecía saber la forma exacta de darle placer, combinando el juego de su lengua con una perfecta presión entregada por sus manos.

La respiración de Jeremy se agitaba cada vez más, iba a llegar al final del camino. Debía detenerlo, eso era demasiado. Pero antes de poder actuar su cuerpo estalló en el delicioso final.


Las inspiraciones y expiraciones de Jeremy volvía a estar agitada. Al principio había sentido un dolor inimaginable. Pero Patrick había sabido ser lento, y estimularle lo suficiente para que se sintiera bien. Cuando se vio con las piernas alzadas y sintió el pene de su primo en su entrada le había dado miedo, pero ahora sentía que Patrick era maravilloso. El castaño le penetraba despacio, sin prisa. Sus cuerpos parecían entenderse a la perfección.

—Pa-Patrick —gimió Jeremy

—Dime…

—Te… te… quiero… —volvió a gemir mientras sentía a su primo haciéndole el amor.

—Y yo a ti —respondió este.

Se besaron nuevamente. El ritmo creció. Jeremy le rodeó con los brazos, extasiado por las sensaciones nuevas que estaba conociendo esa noche. Se sintió derrotado en el momento en que Patrick eyaculó, y en ese momento se sintió acabar por segunda vez en aquella noche.


El reloj marcaba las cinco de la mañana, supo Jeremy, al abrir momentáneamente los ojos antes de volver a cerrarlos. Sin ser consciente de que volvía a dormir sobre el pecho de Patrick. Sin ser consciente de lo que había pasado había unas horas. Sin ser consciente de que ahora todo iba a ser diferente.

Continuará...


¡Hola a todo el mundo!

Hace ya tiempo me pidieron una historia entre estos dos. Tenía que darle muchas vueltas puesto que ya había escrito un lemmon sobre ellos, pero mi mayor uso del personaje de Patrick fue durante "Code: Z". Al final terminé dando forma a la historia y este es el resultado de la primera parte. Es la primera vez que pruebo a escribir a base de "cortes" marcados. Espero que os haya gustado, especialmente a la persona que me lo pidió ;)

Pronto, habrá continuación de este y de "Code Lemon: La villa", además de otros one-shots de los que escribo. Nos leemos por estos lares. Lemmon rules!