Segunda parte. Enamoramiento.
Por la mañana Jeremy se despertó de un sobresalto. Había tenido un sueño muy extraño y muy vivido. Por alguna razón, Patrick le había besado. Luego se habían quitado la ropa. No entendía por qué recordaba así de bien la sensación de la lengua de su primo jugando con su pene, o el momento en que este le había penetrado, o los dos orgasmos que había tenido.
Cuando se dio cuenta de que su cabeza reposaba sobre el hombro de Patrick empezó a pensar que tal vez no había sido un sueño. Había hecho el amor con su primo, pero no entendía el por qué. Y en ese momento, el castaño abrió los ojos. Incomprensiblemente, sonrió.
—Patrick…
—Buenos días, primo —saludó este.
—¿Cómo… cómo que buenos días? ¿Tu sabes lo que pasó anoche? —preguntó el rubio, confundido.
—Claro que lo sé… y me acuerdo muy bien —respondió, ampliando su sonrisa—. ¿Te gustó?
Jeremy se incorporó en el acto. Patrick no podía hablar en serio. Es más, el punto de la conversación no podía ser siquiera si le había gustado. "Pero te gustó", dijo su traicionero cerebro, "y lo sabes".
—Esto no va de si me gustó o no… esto va de que ¡somos primos! —bajó la voz, alarmado por si alguien le escuchaba—. Y los primos no tienen sexo entre ellos.
—Solo porque socialmente está mal visto —comentó Patrick, como quien afirma que el vino complementa la dieta mediterránea—. Además, no has dicho nada sobre el hecho de que los dos seamos chicos…
—No… no tengo nada en contra —dijo Jeremy, sin atreverse a mirarlo. ¿Cómo se les había podido ir tanto la cabeza?—. Pero somos familia, no debemos hacer esas cosas. El incesto está mal.
—De acuerdo. Nos dejamos llevar. Lo pasamos bien. Y no tiene que repetirse, ¿verdad?
—… Supongo.
—Pues entonces no le des más vueltas —dijo Patrick—. Pero ahora, date la vuelta, por favor.
—¿Pero no habías dicho que no se iba a repetir lo de anoche?
Jeremy se resistía a ponerse como Patrick le indicaba. Era una posición incluso más obscena que la de anoche. No se habían vestido, y su primo le instaba a ponerse apoyando las manos y las rodillas en el colchón. Maldito… sabía que no era buena idea que se quedara a Kadic a estudiar, y menos aún convivir con él.
—No es lo que te piensas, idiota —dijo Patrick, sin alterar el tono de voz—. Anoche yo te… lo hice. Sólo quiero asegurarme de que no te he hecho daño.
—… ¿Me lo prometes? —preguntó Jeremy. En ese momento no se fiaba mucho de su primo.
—De verdad. ¿Por qué clase de monstruo me tomas?
"Por uno que se acuesta con su propio primo", pensó mientras accedía finalmente a que Patrick le inspeccionase. Una sensación familiar y un calor extraño recorrió su cuerpo cuando el castaño, con todo el cuidado que podía, deslizaba un dedo en su interior. Muy despacio, sin ánimo de excitarlo… Y en ese caso, ¿cómo era posible que su pene empezase a endurecerse? "Se va a reír de ti, has dicho que no y ahora te está gustando", pensó, pero su primo no hizo ningún comentario.
—Vale, estás de maravilla —comentó Patrick mientras se limpiaba—. ¿Una ducha antes de ir a clase? He preparado una sorpresa para ti.
Jeremy asintió. De pronto, todo había terminado, y su pene volvía a estar relajado. Intentó acallar esa puñetera voz interior.
—¿Qué tal habéis dormido? —preguntó Odd durante el desayuno—. ¿Habéis discutido?
La pregunta venía a caso pues al sentarse Patrick, Jeremy se había sentado en el extremo completamente opuesto, en diagonal, cuando normalmente se situaba enfrente. Aeliya miró inquisitiva a Jeremy.
—¡No! —respondió Jeremy—. Es que… esa silla estaba sucia…
Su argumento pareció quedar invalidado al llegar Yumi a la mesa y sentarse en el asiento que había dejado vacío. A ninguno de los presentes se le escapó que se lanzaba una fugaz sonrisa hacia Ulrich, y este la devolvía. Qué bonito.
—¡Hola, compañera! —saludó Odd—. ¿Dispuesta a darlo todo en el nuevo día?
—Te veo muy animado —comentó la japonesa, sorprendida.
—Sí, ¿verdad? Es que ayer estuve en The Hermitage con Sam… —contó—. Y no voy a entrar en detalles pero… ¡estuvimos a punto de hacerlo!
En aquel momento, Patrick y Jeremy se atragantaron con el tazón de cereales. Aelita le dio unos golpes en la espalda al rubio mientras Odd intentaba reponer a Patrick.
—Joder, tío. Esa reacción me la podía esperar de Jeremy, pero pensaba que tú lo asumirías mejor. Si eres más ligón que yo —bromeó.
Jeremy lanzó una mirada a su primo, pero este no se la devolvió. Desde luego, la frase de Odd, aunque involuntaria, no había podido ser en el peor momento. Y por supuesto, una vez que se repusieron, el chico continuó contando la historia de por qué al final no había podido tener sexo con Sam.
—No… no sabía que hubieras vuelto.
Patrick había informado al grupo de que él y Jeremy iban a tomar un café rápido entre clase y clase. Lo que Jeremy no se esperaba era con quién iban a tomarlo. Y ahí estaban, de pronto, charlando con Sissi Delmas y Brynja Heringsdötir. La hija del director era atractiva, y tenía asumido que era la más guapa, pero Brynja eclipsaba a toda chica que estuviera a su lado. De origen islandés, aquella rubia despertaba fantasías de más de un chico.
—He decidido dar una oportunidad a este sitio… estaré todo el trimestre como estudiante de intercambio. Lo raro es que no notaras que había venido —dijo ella, irradiando perfección.
Lo cierto era que Jeremy se había fijado, pero muy de pasada. No solía "apuntar tan alto" con las mujeres, como decía Ulrich, de modo que su presencia en la academia no le había alterado lo más mínimo. Ese más bien era Patrick, que… por algún motivo le robó un beso a Sissi. Y a ella no preció importarle.
—¿Nos… veremos luego? —preguntó la chica. Parecía estar en un hechizo.
—Claro que sí —dijo Patrick—. Y ahora vámonos, tenemos clase de Ciencias.
—Yo tengo Historia —respondió Brynja—. Hasta luego.
Y le dio un beso a Jeremy en la mejilla que se la hizo arder.
—¿Te puedo preguntar algo? —dijo Jeremy. Habían ido al cine finalmente con Sissi y Brynja. Su primo se había ido a un rincón de la sala a darse el lote con la morena. Y Brynja, menos pudorosa, se había enrollado con el rubio en sus asientos de en medio de la sala.
—Claro. Aunque me sorprende. Normalmente te pregunto yo. De mates, química y eso.
—Por favor, no empieces con los chistes malos, para eso tenemos a Odd. Mi pregunta es… ¿por qué cuando quedamos con chicas… y siendo todas deslumbrantes… me dejas a mi con la más guapa? No es que Sissi sea fea, pero…
—Me dijiste que "No apuntabas alto". Y eso que tu amiga Aelita es un bombón —dijo Patrick, con todo el descaro. Aquello molestó un poco a Jeremy—. Pues te he mostrado que puedes apuntar tan alto como quieras. ¿Lo has pasado bien con la rubia despampanante?
—… De maravilla —respondió Jeremy.
—Entonces perfecto. Vamos a dormir, y…
¡Bip bip! Jeremy había recibido un mensaje.
—Siento si el otro día fui un poco borde —dijo Aelita. Le había pedido a Jeremy verse rápidamente—. Me había dolido verte con otras… y hoy te he visto con Brynja.
—Aelita…
—No quiero que me lo expliques. De verdad. Solo quiero saber si… si aún somos amigos.
—Si tu quieres…
—Claro que quiero —Aelita se incorporó y le dio un abrazo—. Si ella te hace feliz, me alegro.
Pero Jeremy no estaba seguro de si Aelita era sincera… y menos aún de si podía ser feliz con Brynja. Algo le decía que aquello no sería duradero. El récord de chicos en un solo día para la rubia era muy alto.
Eran apenas las dos de la mañana. Aún quedaba un rato largo para despertarse. Y sin embargo, Jeremy esa noche tenía el sueño ligero. Le tentó despertar a Patrick, pero este estaba dormido. Mejor no hacer ruido. Pensó en ir al servicio, pero igual la puerta sonaba muy fuerte, como todo sonido en medio de la noche.
Se modo que se ocultó bien entre las sábanas, se bajó el pantalón y empezó a darse placer. La imagen de su amiga se dibujó en su mente. La veía vestida, con su faldita, a través de la cual podía acceder a su…
—Aelita…—gimió—. Aelita… Aelita… —siguió durante un rato pensando en ella mientras se tocaba.
Pero de pronto la imagen cambió. Intentó volver a controlar su mente… Y ahora veía a Brynja encima de él. Su mano cambió de ritmo, era una imagen buenísima. Estaba en traje de baño pero incluso con esa prenda podía…
—Brynja… Brynja… me gustas —expresó en sus susurros.
Pero la imagen de Brynja desapareció, sin darse cuenta y fue sustituida por otra más vivida. Su primo Patrick. ¿Por qué en ese momento? ¿Por qué tan cerca del clímax? Intentó que su mente volviera a moverse… Aelita… pero no era capaz de recordar su imagen… Sin embargo el cuerpo desnudo de su primo parecía tan real… cabalgaba encima de él a un ritmo lento…
Y en su cabeza, Patrick cambiaba la posición y suavemente volvía a penetrarle, y eso excitó aún más a Jeremy. Era imposible detenerse… aceptó aquella imagen en su cabeza y su orgasmo se desató de forma natural. Jadeó por lo que había hecho, sentía el cuerpo caliente aquella noche.
—Patrick… —dijo y en ese momento se quedó dormido.
Jeremy, Patrick y los demás se habían ido aquella tarde a jugar a unos recreativos. Habían puesto un billar y Odd se moría de ganas por probarlo. Llegaron y tuvieron que esperar como veinte minutos a que la mesa quedara libre para ellos. Pero finalmente tuvieron su oportunidad. Jeremy sostuvo el taco, pero no pillaba el tranquillo para sujetarlo bien.
—Me voy a romper los dedos —comentó mientras intentaba golpear la bola blanca.
—Deja, mira —dijo una voz, y de pronto se vio atrapado entre dos brazos. Una mano se posaba sobre la suya y la otra tiraba suavemente del taco—, los dedos tienes que ponerlos así…
—Oye, que corra un poco el aire, ¿no? —bromeó Odd.
Patrick practicamente se había echado por completo rodeando con los brazos a Jeremy. Cuando se dio cuenta se apartó en el acto, algo azorado. A los demás les sorprendió aquella actitud tan cercana, pero no comentaron nada.
—¡Se puede saber qué pasa contigo! —preguntó Jeremy. Estaba muy enfadado con Patrick.
—¿Qué he hecho?
—¡Lo del billar!
—¡Ah! ¿Lo de enseñarte a jugar? Has ganado. Deberías estar contento —respondió Patrick, quitándole importancia.
—¡No te hagas el tonto conmigo! ¿Cómo se te ocurre acercarte a mi y ayudarme como si… como si fuera una chica? —se sentía ultrajado por una parte. Y por otra, sentía miedo. El verse en aquella actitud con Patrick en público… Todos podrían sospechar.
—Así que ¿eso es lo que te ha molestado?
—¡Pues claro!
—De acuerdo.
Y en ese momento, Patrick se abalanzó a por Jeremy y le plantó un beso en los labios. Este se resistió y le apartó de él. No, no podía tolerar que Patrick le besara… "Siempre… no puedes dejar que él siempre te bese a ti", le dijo la voz puñetera en su cabeza. Miró a Patrick, que había caído sobre la cama. Y se lanzó a por él, derribándole sobre el colchón y besándole. Tardó unos minutos en darse cuenta de lo que hacía.
Se detuvo en el acto y apartó sus labios de los de Patrick. Pero este no parecía enfadado. Sonreía.
—Sabía que me deseabas —comentó Patrick mientras disfrutaba de las manos de Jeremy por todo su cuerpo.
—No seas tan arrogante —respondió este, y le robó otro beso—. ¿Cómo ibas a saberlo?
—Te escuché anoche. Mientras te tocabas —comentó pícaro su primo—. Que no te de vergüenza… Yo también lo hice pensando en ti.
—Eres un guarro.
—Dijo el chico que me estaba arrancando los pantalones.
Jeremy había terminado de desnudar a Patrick, y ahora se quitaba su propia ropa. No sabía qué le pasaba, pero estaba fuera de si.
—Joder, Jeremy… me gusta mucho —susurró Patrick.
Intentaba no gemir muy alto, pues podrían ser descubiertos, pero lamentablemente para él, su primo le estaba dando mucho placer. Para tener tan poca experiencia en el sexo, era maravilloso. La lengua de Jeremy se movía lenta pero segura, sabía aplicar la presión correcta de labios, y acompañaba todo aquello con unas caricias por su cuerpo que le volvía loco. Ostras. No podía acabar tan rápido… ¿verdad?
Fuera de la lógica de su mente, el fuego interno de Jeremy había salido a flote. Dilataba a Patrick con cuidado, siguiendo las indicaciones que este le daba. Sus dedos, que al principio se habían topado con cierta resistencia, se deslizaban ahora suavemente dentro y fuera de su primo. No se le había escapado la erección que este tenía. Así que también le gustaba así… Sonrió malévolamente y le introdujo el pene con suavidad.
—¡Je…! —gimió Patrick cuando la hombría de Jeremy se abrió paso en él y este le había callado con un beso. No podían dejarse oír. No esa noche. No algo que pudiera romper la armonía del momento. Suavemente el rubio empezó sus acometidas, despacio, permitiendo que ambos se amoldasen al cuerpo del otro.
Nuevamente se topó con cierta resistencia de Patrick, la cual se fue suavizando poco a poco cada vez que se deslizaba dentro de él. Las piernas de su primo le abrazaron por la cadera, aferrándose a él e impidiéndole dar marcha atrás. Se besaron mientras se acariciaban mutuamente los cuerpos, el castaño completamente sometido a los designios de su primo. Cuando necesitaron aire, Patrick aprovechó para mordisquearle el lóbulo de la oreja a Jeremy, quien sentía derretirse. Unos momentos más, y en ese momento, los dos llegaron al éxtasis.
—Para habérmelo hecho así de bien, se me hace raro que te eches a dormir sobre mi —bromeó Patrick. Después del orgasmo, el rubio se había apoyado sobre él, acurrucado para dormir. Ante el comentario, Jeremy intentó levantarse y volver a su cama, ofendido, pero Patrick le sujetó por la cintura—. ¡No, no, no, no! ¡Perdón! No quería ofenderte. Me gusta que durmamos así…
—Ya te dije antes que…
—Lo sé, lo sé, perdona. Claro que no pretendo tratarte como a una chica —susurró Patrick mientras Jeremy recuperaba su posición. Le gustaba sentir una mano sobre su pecho—. Quería tratarte como… a mi novio.
—… ¿Qué has dicho?
—Te quiero, Jeremy. Desde hace mucho tiempo. Y no como normalmente se quieren los primos. Creo que fue hace mucho tiempo la primera vez que lo pensé. Claro que yo no lo entendía. Pero ahora que estamos aquí los dos, juntos todo el rato… volví a pensarlo y a fijarme en tí.
—Patrick…
—Me hace muy feliz que hayamos podido… manifestar lo que hemos hecho. Pero tengo que saberlo. ¿Tú que sientes por mi?
—No sé, Patrick… Lo de Aelita lo tengo muy reciente y… pese a lo que sientes por mi, me has empujado a los brazos de otras chicas… y aún así contigo me siento muy bien.
—¿Tal vez es un poco prematuro decirte… "novio"?
—No he dicho que sea prematuro. Pero somos primos… si queremos intentarlo hay que llevarlo con discreción. Mis amigos no pueden saber nada de esto…
—¿Significa eso que quieres que lo intentemos?
Amanecía en la academia Kadic y Patrick despiertó a Jeremy con un suave beso en los labios. Y recorriendo su cuerpo con suaves cariciar. Al despertar, este sonríe. Se siente feliz. Pero deben vestirse e ir a desayunar antes de clase.
—¡Y entonces…! Hey, si son los Belpois —saludó Odd—. ¿Os juntáis con la plebe? Pensaba que hoy estaríais con Miss Mundo y Miss Universo —bromeó.
—Patrick y yo hemos hecho un acuerdo y no vamos a ir a tontear con más chicas por ahí. No quiero contagiarme de tu mala fama —respondió Jeremy en su tono erudito.
Hubo una carcajada general. El grupo parecía volver a ser el que era, con la incorporación de Patrick.
Las clases de la señora Hertz eran burridas para la mayor parte de alumnos de Kadic. Las claras excepciones eran Jeremy y Aelita… bueno, y Hervé, que seguían con atención absoluta las explicaciones de la profesora. Y eso que la mujer se salía con frecuencia del programa establecido para enseñar cosas más interesantes. Pero ni por esas conseguía llamar la atención del grupo.
—… Y así, con los cálculos de un ordenador cuántico… —narraba ella.
Jeremy sonrió. Tenía uno de esos a su disposición si lo quería. Pero claro… ahora estaba saliendo con Patrick. Supuso que en algún momento le tendría que contar aquella historia tan verídica como poco creíble.
Le miró de reojo. Patrick se dio cuenta de su mirada, y rápidamente con el lapicero dibujó un corazón en la esquina de su cuaderno. Sintió que se ruborizaba ligeramente y procuró volver a atender la clase. Qué tonto era. No podían arriesgarse a que nadie los pillara. No en ese momento.
—Perdona por provocarte…
—Eres malo…
Había terminado la clase. Tenían cinco minutos para ir a la siguiente. De modo que habían atravesado los pasillos rápidamente y aprovechaban un pequeño margen de tiempo para darse unos besos dentro del baño.
—Menudo sitio hemos elegido… —pensó Jeremy mientras Patrick le besuqueaba el cuello.
—Es discreto, no podíamos ir a la habitación… —respondió el otro—. Me tienes loco, primo…
No podían seguir hablando. Estiraron el beso hasta que sonó una alarma en el reloj de Jeremy. El tiempo justo para ir a clase.
—¿Qué tal se ha dado el día? —preguntó Yumi cuando se sentaron los seis a la hora de comer.
—Pues aburrido —respondió Odd.
—No valoras los profesores que tenemos. Son de lo mejor del país —dijo Jeremy mientras se sentaba con su bandeja.
—O que te pone la Hertz… con lo que te gustan a ti las intelectuales —bromeó el rubio.
Y mientras este terminaba de contar la anécdota de estar con Sam en The Hermitage, Jeremy lanzó una mirada inquisitiva a Patrick. Pero no dejó de poner el oído, y se le ocurrió una idea bastante interesante.
—Gracias por venir —dijo Aelita.
—Cuéntame —respondió Jeremy. De pronto, su amiga no le parecía más que… Su amiga. El nerviosismo que solía tener cuando estaba con ella a solas parecía haberse desvanecido. "El embrujo de Patrick", pensó.
—Quería hacerte una pregunta. Sobre lo que has comentado esta mañana en la mesa.
—¿Sobre qué? —Jeremy ya no recordaba.
—Lo de que Patrick y tú no vais a ver a más chicas…
—Ah, eso. Pensé que sería lo mejor. Lo de ser un picaflor no va conmigo. Aunque las chicas eran majas… pero os tengo a vosotros.
—Es que he pensado… sobre lo de ser tu amiga…
Aelita posó las manos sobre los hombros de Jeremy. Sentía de pronto que se aproximaba a él. Demasiado. Cerrando los ojos, y a punto de atacar con sus labios.
—Aelita me ha besado.
Jeremy había hablado cuando él y Patrick se habían metido en el dormitorio aquella noche. Había decidido hablar directamente, sin evasivas. Patrick debía saber cualquier cosa que hubiera ocurrido. Y más en ese punto en que estaban empezando apenas. No podía permitir que un beso que él no había dado fuera una piedra en el zapato. Y mejor si se lo contaba él que si se enteraba por un tercero.
—¿Y cómo ha sido?
—¿Qué? Pues… dijo que se alegraba porque ya no fuera a ir de "picaflor" por ahí contigo, y me besó…
—¿Y has sentido algo?
—La verdad, sí...Me ha dado pena —confesó Jeremy. Es decir, hace unos días si lo hubiera hecho, yo hubiera sido el tío más feliz del mundo.
—¿Y ahora?
—Ahora —dijo el rubio tomándole de la mano— ya soy el tío más feliz del mundo. Porque te tengo a ti.
—Ven aquí, bobo —dijo Patrick y rodaron por el colchón. Jeremy sujetó a tiempo a Patrick, pues tampoco había mucho espacio para rodar. Se besaron sabiendo que aquella noche también se acostarían tarde.
Las clases al día siguiente se hicieron cortas para Jeremy. Estaba aprendiendo un montón. Para Patrick se le hicieron una eternidad, ya que solo pensaba en que desperdiciaba todo ese tiempo para estar a solas con su primo. De hecho empezaban a adoptar la palabra "primo" como sinónimo de "mi amor", ya que decir esas dos palabras en público podría ser muy raro.
Y deciendo al deseo de su primo optaron por irse por la tarde al bosquecillo. Allí pudieron pasear por fin de la mano, apoyar la cabeza en el hombro del otro. Gestos que normalmente no podían hacer en público, pero que ahora les hacían sentir más libres.
Esa noche se limitaron a dormir en un abrazo. Ninguno de los dos pretendía basar la relación únicamente en el sexo.
Jeremy sentía un poco de nervios aquel día. Patrick y él habían vuelto a ir al centro comercial, para ir al cine. Los dos solos. Sin amigos. Y, en público, de la mano.
—Te suda muchísimo —comentó Patrick mientras subían por la escalera automática.
—Creo que esto es una locura… si alguien nos reconoce…
—Hay mucha gente como para que nos reconozcan. Y tengo muchas ganas de esto.
Le dio un beso que provocó que el rubio se derritiera. Estaba en una nube. En un espacio de desconocidos no eran más que otra pareja manifestando el amor que se tenían.
—¿Más tranquilo ahora, mi amor? —le susurró al oído—. Aquí lo raro sería que te llamase primo.
—Tienes razón… mi amor. Y sí. Más tranquilo.
Terminaron de subir abrazados y luego caminaron hacia el cine.
—No me creo que este sitio esté disponible para nosotros…
Jeremy, en un rapto de locura, se había ido con Patrick al bosquecillo. Por una ruta muy concreta. Unos muros apenas protegían la antigua construcción de The Hermitage. Patrick solo lo conocía de oídas, el "picadero" de Odd cuando quedaba con Samantha. Ahora sabía que era una ubicación cercana, y que tenían disponible para ellos aquella tarde de sábado. Jeremy había verificado varias veces que Odd no se acercaría por allí con Samantha. Así que podían estar solos.
—Arriba hay habitaciones —comentó el rubio—. Y estamos lejos de la academia.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que podemos gritar tanto como queramos.
Dos cuerpos desnudos se habían echado sobre la cama. Jeremy no tenía intención de mancillar el dormitorio de la infancia de Aelita. Pero por supuesto, estaba la antigua cama de Hopper. Se había sorprendido de lo cómoda que era. Y un reguero de ropa, todas las prendas que se habían quitado el uno al otro mientras se besaban, recorría la ruta entre aquel colchón y la puerta del dormitorio.
—Jeremy… te quiero —expresó Patrick en voz alta, disfrutando de los besitos que le daba este por el torso. Se preguntó donde había tomado las ideas su primo. Le recorría la espalda, y le daba suaves mordiscos en los pezones. Le encantaba, y más cuando añadió el uso de sus manos para estimularle la erección. Maravilloso.
—Voy a jugar contigo, Patrick… —anunció Jeremy, que siguió masturbándole con cuidado mientras su otra mano empezaba a dilatar a su primo.
—No quiero que juegues… hazlo en serio —pidió Patrick, y suspiró en el momento en que se unieron sus cuerpos.
—Patrick… esto se siente… demasiado bien…
Jeremy sentía derretirse. Se había puesto en cuatro sobre el colchón, ofreciéndose por completo a Patrick, y este había respetado haciéndolo con todo el cariño que podía. Se había asegurado de que su primo estuviera bien antes de penetrarle. Ahora apoyaba su pecho contra la espalda de Jeremy, tenía sus manos entrelazadas con las de él, y le devóraba el lóbulo de la oreja porque sabía lo mucho que le gustaba.
—¿De verdad, mi amor? —preguntó Patrick—. ¿Quieres que siga?
—Síh… aaah… síh… aaaah… sigueh… sigueh… —suplicó el rubio.
Ambos sonreían. Pese haber eyaculado, no era tarde. Y estaban solos, tenían toda la tarde para seguir jugando. Jeremy se estaba recuperando en el colchón, tumbado bocarriba, y Patrick vio su oportunidad. Empezó a lamer a Jeremy por la pierna, suavemente, y empezó a escalar hasta que llegó al punto inferior a la cintura.
—Alguien está contento por verme por aquí —comentó al darse cuenta de la erección que tenía su primo.
Le dio un suave beso en la punta para hacerle desear más.
Y en ese momento se oyó un grito.
Los dos se giraron para mirar la puerta.
Odd y Aelita estaban allí, mirando la escena absortos.
Antes de que el miedo se apoderase de todo el cuerpo de Jeremy, Aelita había salido corriendo y Odd tras ella.
¡Hola a todos! Si alguien pensaba que este fanfic iba a ser un romance sencillo, en la cual ambos podrían disfrutar de su amor sin problemas... ¡JA! Eso es que no me conoce XD Echa un vistazo a mi perfil para más historias complicadas ;)
iNATHivo0722: ¡Muchas gracias! Es lo malo de los personajes menores, son difíciles de recordar ;) Y por supuesto, nos le-emons ;)
Espero que os esté gustando la historia. Pronto, más fanfics. Lemmon rules!
