Tercera parte. Negación
No había escuchado la voz de Patrick pidiéndole un momento. No recordaba el momento en que se había vuelto a vestir. No se daba cuenta de hacia donde se movían sus pies tan rápido como eran capaces. No veía a nadie, apenas era consciente de los edificios. No se daba cuenta de que a punto había estado de ser atropellado por varios coches en su huida hacia la nada.
Jeremy se detuvo finalmente. La boca le sabía a sangre por la carrera en solitario que había protagonizado. Se apoyó en un muro, intentando recuperar la respiración. Control… inspira… control… espira… control… Varias repeticiones tardó en conseguir reponerse. Miró alrededor. Algún transeúnte se le quedaba mirando, pero no le importaba porque no les conocía.
Se fijó en el reloj. Con la tontería se había pasado una hora corriendo… y en sus andares había dado toda una vuelta y había regresado cerca de la Academia Kadic. Bueno. Tanto mejor. Al fin y al cabo dentro de un rato sería la hora de cenar. Pero debía esquivar a su primo. No podía verle, no en ese momento. Y tenía que saber qué pasaba con Odd y Aelita. No le importaba en ese momento si habían ido para tener sexo, eran libres de hacerlo si querían. Si, por el contrario, se iban de la lengua sobre su situación…
—¿Y dices que Patrick no cena con nosotros? —preguntó Ulrich.
Jeremy había dudado en el momento de sentarse en la mesa con sus amigos. Odd parecía tratar la situación con normalidad, mientras que Aelita procuraba no mirarle mucho. Ulrich, que había tenido bronca con Yumi, no se fijó en aquellos detalles, bastante tenía con lo suyo. Pero le sorprendía no ver al otro Belpois sentado con ellos en la mesa. Es más, ni siquiera le veía por el comedor.
—No, dijo que iba a cenar fuera —mintió Jeremy. No había hablado con Patrick. Le corría más prisa garantizar el silencio de sus amigos, pero tampoco tenía muy claro cómo sacar el tema sin delatarse.
Miró a Odd, pero este estaba concentrado, para variar, en su plato de albóndigas. Probablemente ese día sería difícil hablar con él. Pero tenía un alivio: nadie le había señalado. Por el momento, su secreto estaba a salvo.
—¿Vas a pasarte toda la noche ignorándome? —preguntó Patrick.
Cuando Jeremy volvió de cenar, este ya estaba en la habitación, pero no le dirigió la palabra. Como si su primo se tratara de un fantasma, empezó a cambiarse de ropa con la intención de leer un rato en el ebook antes de irse a dormir. Pero sería difícil si Patrick no hacía más que hablarle.
—Oye, tenemos que hablar sobre lo que ha pasado hoy… Tus amigos nos han visto, y no sé si podrán mantener el secreto… —dijo el castaño, con cierto tono de preocupación.
—Nada.
—¿"Nada" qué?
—Hoy no ha pasado nada —dijo Jeremy, fríamente—. Y mis amigos sabrán no decir nada sobre algo que no ha ocurrido.
Patrick miró a Jeremy como si acabase de recibir una bofetada. Se rindió. Decididamente, no era el día para hablar con él. Aquella maldita aparición repentina les había jodido de verdad.
Era de nuevo de día. Jeremy se había despertado un poco antes que Patrick. Había decidido minimizar el tiempo que pasara con él. Que no les vieran mucho juntos, evitar cualquier tipo de asociación por parte de los demás. Claro que, de haberse fijado alguien en él, se daría cuenta del detalle de que de pronto ya no era uña y carne con él. Pero estaba demasiado asustado como para pensar racionalmente.
Con esos pensamientos en la cabeza entró en las duchas. Pensó que, con un poco de suerte, estaría solo. Pero su gozo, en un pozo. Algunos compañeros estaban allí. Ulrich, William, Nicholas y… Odd. Mierda. Pensó en darse la vuelta. Su amigo podría pensar raro de él ahora que sabía… Pero ya era tarde.
—Vamos, Jeremy, que hay que ir a desayunar —bromeó Ulrich—. ¿Llegó muy tarde tu primo anoche?
—No… No, Jim no tuvo que regañarle… —respondió Jeremy.
Empezó a quitarse la ropa. En cualquier momento empezarían los gritos y el escándalo.
"Míralos… Pondrían el grito en el cielo si supieran que me gustan los tíos", pensó Jeremy mientras salía de la ducha. Muchos compañeros habían ido a darse el baño matinal, y deambulaba, como era habitual, con la toalla tapándoles las vergüenzas, y los menos pudorosos, desnudos. Lo gracioso era que era una imagen tan típica para Jeremy que no sintió excitación en ningún momento. "Porque ninguno de ellos te hace tilín", le dijo su puñetero cerebro, "es tu primo el que te hace tolón y lo sabes".
—¡Cállate! —gritó en voz alta.
—Eh, cálmate, si no me quieres prestar el champú no pasa nada —dijo Odd.
Jeremy intentó volver a concentrarse en dónde estaba. Vale, el vestuario. Y de fondo, sí que había escuchado una voz hablando con él, pero estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para darse cuenta.
—Oh… perdona, Odd, estaba en mi mundo… ten —le dijo, tendiéndole la botella.
—Gracias —respondió este.
Agradeció enormemente que su amigo no le tratase de modo distinto en aquel momento. "Tan pillado estás por Patrick que ni te has fijado en que tu amigo estaba desnuda. Estás enamorado".
—Estoy jodido —sentenció en voz alta antes de empezar a vestirse.
Justo cuando él salía, se cruzó con su primo. Evitó a todas luces su mirada y se fue para el comedor.
—No soy un idiota. Algo te pasa con los demás —susurró Ulrich mientras estaban en clase de Ciencias.
Y el hecho de que Jeremy no se sentara con Patrick (que al final se había sentado al lado de Sissi, y esta parecía hacerle ojitos), que tampoco se hubiera sentado con Aelita (la había esquivado, temeroso de su posible reacción) ni con Odd (que había ocupado la silla al lado de Aelita) le había resultado llamativo al alemán.
—No me pasa nada con ellos, simplemente me quiero concentrar en clase —respondió el rubio, tajante—. "El principio de la entropía…" —murmuró mientras tomaba notas en el cuaderno.
—¡Au!
—¿Jeremy? ¿Ocurre algo? —preguntó la profesora de Historia. Alguien le había tirado una bola de papel contra la nuca.
—¿Eh? No, un pequeño tirón de gemelo —mintió este, y fingiendo que se agachaba para tratarse la lesión, recogió el papel del suelo y lo desenvolvió.
"Háblame".
—Ni hablar —dijo rasgando la hoja en varios trozos.
—No vas a poder esquivarme eternamente —dijo Patrick. Jeremy se había excusado ante su grupo de amigos para irse, alegando que quería repasar los temas de Literatura. Por supuesto, no lo necesitaba. Sin estudiar podía sacar un nueve. El estudio solo le garantizaba la nota máxima.
Y por supuesto, Patrick no sería un genio brillante pero tampoco era idiota. Ni siquiera había perdido el tiempo en ir al dormitorio o a la biblioteca a buscar a su primo.. Eran destinos demasiado obvios. Directamente atravesó el bosquecillo para encontrarle en el sitio menos probable donde podría estar. The Hermitage. El lugar donde les habían pillado. Patrick ignoraba la existencia de la fábrica abandonada, pero sus amigos no, y por eso también había descartado aquel destino.
—¿Que no? Ponme a prueba —dijo Jeremy.
—Oye, ¿se puede saber qué te ocurre? Han pasado más de veinticuatro horas desde que nos pillaron tus amigos. Nadie sabe nada, la gente te sigue tratando de forma normal. El único que no lo hace eres tú. Te alejas de la gente.
—¿Y qué?
—Que me preocupo por ti. No quiero que te aísles…
—Pues ¡deja de preocuparte por mi! —gritó Jeremy—. ¡Estaba muy bien en Kadic hasta que decidiste quedarte! —empezó a descargar toda su ira irracional—. ¡Todo ha sido por tu culpa!
—No me digas eso… —pidió Patrick. Las palabras de su primo eran como puñales directos a su corazón—. Estábamos muy bien… Yo te quiero.
—¡Pues yo a ti no! —escupió el rubio y se marchó de allí.
El día siguiente todo pareció volver a la normalidad para Jeremy. La noche anterior Patrick se había acostado sin esperarle. Y por la mañana, se había ido a ducharse mucho antes que él. Jeremy quedó con sus amigos, y pese a que Aelita aún no le hablaba con normalidad, Odd y Ulrich sí lo hacían.
"Aún tienes pendiente hablar con ellos", se recordó mentalmente, pero bueno. Por lo menos se había quitado de encima aquel problema. Una relación que iba en contra de todo lo que estaba bien. Sabía que su primo no andaba lejos, al fin y al cabo, iban a las mismas clases. Pero al menos en aquella ocasión parecía dejarles solos.
—Ya casi me había acostumbrado a ver a Patrick con nosotros —comentó Odd—. Pero está visto que las viejas costumbres no fallan.
—¿Lo dices porque te recuerda a ti? —bromeó Ulrich.
Jeremy se giró para fijarse a qué se refería su amigo. Y sintió una punzada en el corazón al ver a Patrick tonteando con un corro de cinco chicas simultáneamente. "Pero no puedes sentirte así, ¿verdad? Es incorrecto. Deja que él se vaya con quien quiera". Exacto.
—Que le aproveche. Nosotros tenemos clase de Arte —les recordó Jeremy. No importaba si a su primo se le pasaba la hora.
—Os veo luego —dijo Yumi—. Por cierto, Ulrich…
El alemán se giró para mirarla, y para sorpresa general, se llevó un besito en la mejilla antes de que la chica saliera corriendo muerta de la vergüenza. Todos se quedaron sorprendidos. Ulrich estaba rojo. Y Jeremy sintió otra punzada de envidia. "Ese podrías ser tú con Patrick", le dijo la parte más incisiva de su mente. "Que te calles", se respondió, afortunadamente, en voz alta.
—Y mañana tenéis el examen —dijo la señora Hertz mientras los alumnos recogían los libros—. No os olvidéis. Espero buenos resultados. El suspenso podría suponer repetir toda la asignatura para algunos —añadió lanzando una mirada inquisitiva a Odd.
Antes de que Jeremy y los demás salieran de allí, Sissi salía del aula con Patrick, y el brazo del chico por encima de su hombro. Parecía encantada de la vida por aquel trato, mientras que Brynja salió tras ellos. Si se sentía desplazada, a Jeremy no le interesaba. Solo sabía lo mucho que le recomían los celos por ver a su primo con otra persona. Se intentaba recordar a si mismo que los celos eran una reacción ilógica, pero no por ello podía evitar sentirlo.
—Oye, Jeremy, ¿me ayudas esta tarde con el examen? —pidió de pronto Odd.
—¿Tú estudiando? ¿No vas a hacer chuletas? —preguntó el aludido.
—Últimamente Jim hace de segurata antes de entrar en el aula. Mejor si intento sacar un cinco por lo menos.
"Menuda aspiración", pensó Jeremy.
—Y entonces, si hacemos caso a la fórmula, la masa… —decía Jeremy— es igual a no me estás escuchando, ¿para qué hacemos esto?
Odd se había pasado las últimas explicaciones de Jeremy en Twitter, poniendo mensajes con los hashtag #MalditosExamenes y #MeAburreLaFísica. Aceptando su culpa, Odd se guardó de nuevo el teléfono en el bolsillo. Miró a Jeremy, esperando a que continuase la clase.
—Como te decía, la masa…
—¿Qué os pasa a Patrick y a ti?
Jeremy se quedó con la palabra sin terminar, paralizado. No sabía qué responder, ni se esperaba semejante pregunta tan repentina. Tenía que pensar rápido. El problema es que no se le ocurría nada. Y con lo que Odd había visto, tampoco valía la pena mentirle. Aunque no le apeteciera contar la verdad.
—No nos pasa nada —dijo finalmente.
Odd se levantó y cerró la puerta del dormitorio con pestillo. Mucha confianza, puesto que era la habitación de Jeremy.
—A ver —empezó el rubio bajando la voz—. Tú y tu primo os llevábais muy bien. Y nos alegramos por ello. Y de pronto, cuando voy con Aelita a The Hermitage, os encontramos en la cama de Franz Hopper, desnudos, y él a punto de hacerte una… ya sabes —si hubiera dicho la palabra "mamada" en voz alta a Jeremy le habría dado un síncope. Continuó antes de ser interrumpido—. Y de pronto, dejáis de hablaros y mantenéis distancia en público, y él se va a liarse con más chicas. No lo entiendo.
—¿Y a qué fuiste a The Hermitage con Aelita? —preguntó Jeremy.
—A echar un polvo —respondió Odd—. No puedes enfadarte con ello, tú le dejaste claro que no querías nada con ella. Y por lo que vi, ya tenías a alguien contigo.
—No tenía a nadie —dijo Jeremy—. Aquello… fue una locura. Los primos no se enamoran ni se acuestan entre ellos.
—Ya, bueno, las normas sociales nos dicen eso —comentó Odd. A Jeremy le recoro a las palabras que había dicho Patrick y le dolió—. Pero incluso si, aceptamos eso, no deberías dejar de lado a tu primo.
—Tal vez tengas razón. Pero necesito poner distancia primero para asegurarme de que no volverá a ocurrir. Eso está mal —dijo Jeremy.
—Si tú lo dices… en fin, colega. ¿Seguimos estudiando?
—Sí… y gracias.
—¿Gracias?
—Por… por no tratarme diferente sabiendo que me gustan los hombres —dijo, bajando aún más el tono de voz.
—Somos amigos. Y no creas que tengo esos prejuicios —respondió Odd.
—Te vi desnudo en los vestuarios.
—Pues como siempre.
Jeremy sonrió. Daba gusto tener amigos así. Aún debía hablar con Aelita, por supuesto. Pero si Odd se lo había tomado así era un alivio. De pronto oyeron un grito desde la calle. De multitud. Se asomaron a la ventana. Incluso en la lejanía, podían identificar perfectamente a Patrick enrollándose con Sissi en medio del patio, con un corrillo de gente alrededor, anonadados por la escena.
La oscuridad reinaba en el dormitorio de Jeremy y Patrick. Pero Patrick roncaba profundamente, mientras Jeremy no era capaz de dormir. Otra noche más en vela. Se giró para intentar dormir de costado. Mala idea. De ese lado veía a Patrick. Media vuelta. La pared. Mucho mejor. Cerró los ojos.
Sentía unas manos acariciando sus mejillas. No tenía las gafas puestas, y no reconocía dónde estaban, pero veía con total claridad a Patrick encima de él. Le dio un beso. Sin poder moverse, Patrick le estimuló hasta que puso situarse sobre él, suavemente, y apoyado sobre su torso empezaba a subir…. Y bajar… y subir… y sus brazos se enredaban alrededor de su cuello.
—Te amo —susurró Patrick en su oído—. Te amo, Jeremy…
—Patrick… yo no…
—Te amo…
—Patrick…
—Te amo…
—Yo… también te amo… —reconoció finalmente Jeremy, momentos antes de que se dinamitara su orgasmo.
Jeremy se despertó. Había sido uno de esos sueños tan vivídos que tenía él. Joder, otra vez no… una rápida comprobación le bastó para saber que el orgasmo había sido real. Mierda. ¿Por qué se torturaba de aquella manera? Lo que pasaba con Patrick estaba mal, no podía sentirse atraído por él.
—Señora Hertz… he terminado… —dijo Jeremy.
La profesora le miró como si hubiera visto un fantasma. Cierto era que su mejor alumno había aparecido por clase con ojeras. Pero apenas habían pasado veinte minutos desde el inicio del examen. Por la complejidad del mismo, la mayoría de los alumnos tardarían una hora y media… y Jeremy y Aelita, por lo menos, cuarenta minutos.
—¿Estás seguro?
—Sí… Lo siento, no me veo capaz de más…
Arrastrando los pies, Jeremy le dio la hoja a la profesora y salió del aula, ante la mirada de sorpresa de todo el aula. Y más sorpresa se llevó la profesora, cuando echando un vistazo rápido al examen del chico, se dio cuenta de que apenas alcanzaba para puntuar con un suficiente.
Jeremy estaba sentado en uno de los retretes. Era el mejor momento para estar ahí. Aún quedaba un largo rato hasta que la gente saliera de clase. Y por lo general, salvo excepciones contadas, no podían ir a los baños durante las clases. Por norma tendría que ir a la biblioteca, pero ahí no podría desahogarse a gusto. Había tenido el tiempo justo para sentarse sobre la taza y empezar a llorar.
Estuvo como cinco minutos lagrimeando. Se lo pedía el cuerpo. Siempre se había creído muy inteligente. Pero en ese momento tenía una confusión en la cabeza totalmente impropia para él. ¿Por qué seguía pensando en Patrick después de haberle dicho que aquello era imposible? No podía haberse pillado tanto, no en tan poco tiempo.
De pronto contuvo la respiración. Se había abierto la puerta de los baños. No podían pillarle. Por suerte él tenía el pestillo puesto, por si acaso alguien abría la puerta. Aguantó. Y de pronto, alguien golpeó la mesa.
—Jeremy. Sé que estás ahí. Abre, por favor.
Era la voz de Ulrich. ¿Cómo lo había sabido? Jeremy abrió la puerta.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó entrando en el pequeño habitáculo y volviendo a echar el pestillo.
—No entiendo qué me pasa… Lo que hice con Patrick no está bien, no lo está, pero le echo de menos…
Sollozando, Jeremy se había confesado ante Ulrich. Este había escuchado todo lo que su amigo le había contado. Muy sorprendido, pero no dijo nada. Obviamente él ya lo había pasado lo bastante mal. Aceptó que le pusiera perdida la camiseta con las lágrimas y la mucosa y luego le tendió un poco de papel para sonarse en condiciones.
—Bueno, no soy el mejor consejero amoroso que te puedes buscar, Jeremy, pero… tú le quieres, ¿no?
—No… Sí… No debo quererle, pero le quiero —sollozó—. Y si alguien se entera, yo me puedo morir…
—No, no tienes que morirte. ¿Quienes lo sabemos? Aelita —eso le recordó que no había hablado con ella—, Odd y yo. ¿Crees que alguno de nosotros se va a ir de la lengua? ¿Que te provocaríamos ese mal?
—Aelita se marchó con una cara de horror… si hubiera visto un cadáver se habría asustado menos… —comentó Jeremy.
—Vale. Puede que encontrarte con él, haciendo "eso" no se lo esperase. Pero a día de hoy no se ha ido de la lengua. No va a traicionar así tu confianza. Lo sabes, ¿verdad?
—Joder… ¿y qué hago con Patrick?
—Dile lo que sientes. Tal vez podáis arreglarlo todavía.
Jeremy no lo tenía claro. Lo peor era que sonaba la alarma de su reloj. En apenas cinco minutos los demás alumnos tomarían el cuarto de baño al abordaje. Debían irse de allí, rápido.
Parecía que el resto del día sería tranquilo para Jeremy. Tendría que hablar con la señora Hertz. Tal vez alguna recuperación o un trabajo adicional para subir nota. Pensó en ir a la biblioteca. Por probabilidad, Aelita iría allí a estudiar o repasar durante una hora. Optó por irse a un rincón apartado a esperar. Mejor si no le veía nada más entrar o podría huir.
Y esa noche hablaría de corazón con Patrick. Lo suyo no estaba bien. Eso era un hecho. Pero si ambos se sentían así, aún podrían hacer algo. O tal vez no. Se dio media vuelta y salió corriendo de allí, antes incluso de que la bibliotecaria le pudiera llamar la atención.
Era de noche en el dormitorio de Ulrich y Odd. Jeremy se había ido a pasar la noche con ellos. Lo que había visto en la biblioteca era demasiado para él. Le dolía en el corazón ver a Patrick tonteando con chicas. Verle besar a Sissi le había dolido aún más. Pero el verle besándose con William en el rincón más apartado de la biblioteca le había devastado. Sus amigos no habían podido hacer gran cosa para consolarle.
Habían terminado las clases por fin. Por lo que sus amigos habían oído, Patrick iría después de comer al dormitorio. Fue el momento en que Jeremy aprovecharía para ir a hablar con él. Caminó por el pasillo, con cierta tensión. Pensó en entrar sin llamar. Al fin y al cabo, era su habitación. Pero mejor si le avisaba de que iba a entrar.
Para su sorpresa, la puerta no estaba cerrada del todo. Podría escuchar a Patrick hablando solo. O más bien, por teléfono.
—Hola, mamá… Sí, bueno… bien, sí, con Jeremy… me va… La verdad, creo que me precipité diciendo que quería estudiar aquí… ¿En la Academia que hay cerca de casa siguen teniendo plazas? Pues creo que podrías pedir que me reserven una… Iré gestionando el traslado.
Continuará...
Y otro capítulo más del Rey del Drama B-) Sí, he hecho sufrir mucho a Jeremy en esta historia, y encima ese pequeño mazazo al final... Pero bueno, el que quiera leer historias de amor bonitas y felices, que se busque otro ficker, que yo no soy de esos xD
iNATHivo0722: ¡Gracias! Y sí... Joder era lo que les apetecía, pero se llevaron una sorpresa los dos xD ¡Nos leemos!
Muy pronto llegará la conclusión de esta historia ;) Lemmon rules!
