Cuarta parte. Aceptación
Jeremy se quedó helado. No, Patrick no podía irse. Mantuvo la oreja puesta.
—Supongo que para la semana que viene… sí, ya sé que os mareo mucho con este tema… No, no creo que Jeremy se anime a venir conmigo… Sí, todo bien… Os quiero, un beso a papá.
Apenas colgó Jeremy abrió la puerta de sopetón. Patrick le miró, no muy sorprendido.
—Hola.
—Patrick…
—Has ganado. Me voy.
—No… espera, tenemos que hablar de…
—Ah, ¿ahora el señor quiere hablar? Pues lo siento, pero este idiota no quiere.
Intentó irse, pero Jeremy le retuvo. Le dio un abrazo. No podía ser muy tarde para arreglarlo, no. Pero la fría voz de Patrick le acojonó.
—Suéltame.
—Patrick…
—Suéltame. Por favor.
Finalmente el rubio le soltó. Patrick se marchó sin girarse a mirarle. Definitivamente, había metido la pata hasta el fondo.
—¡Jeremy, Jeremy! —llamó alguien.
El rubio se dio la vuelta. No tenía ganas ni de hablar con nadie. Pero bueno. Intentó disimular un poco. Milly y Tamiya se acercaron a él. Sería amable, o lo intentaría al menos.
—¿Unas palabras para el periódico? —preguntó la pelirroja, y sin darle tiempo a responder, continuó—. Te han visto con las chicas más guapas de la academia pero muy poco rato. ¿Vas a ir en serio con alguna?
Joder con la preguntita.
—Lo siento, Milly, pero solo son amigas —respondió el rubio—. Y no está bien preguntar por esas cosas.
—¡Pero si te han visto…!
Pero Jeremy no quería continuar la conversación por lo que se dio la vuelta sin añadir otra palabra. Si esas dos supieran la realidad… "Si todo el mundo supiera la realidad, más me valdría encontrar una plaza para estudiar en otro país", pensó para sus adentros.
Jeremy estaba tirado en el suelo. Saliendo a caminar había terminado tropezando. No había nadie alrededor que le pudiera ayudar. Intentó gritar, pero ninguna voz emanaba de su garganta. Quería pedir ayuda, pero nadie le socorría. Se encontraba solo en aquel momento. No tenía a nadie. Ni Odd, ni Ulrich, ni Yumi, ni Aelita, ni Patrick…
—Patrick… —susurró al ver aparecer a su primo—. Ayudame… Por favor…
El castaño le tendió la mano para ayudarle a levantarse. Pero antes de apenas rozar su mano, empezó a alejarse más y más hasta que se perdió de vista.
Jeremy abrió los ojos en su cama, empapado de sudor por la pesadilla.
Patrick despertó atrapado en sus sábanas. No recordaba haberse tapado tanto. Abrió los ojos extrañado. Y lo entendió en seguida. Jeremy estaba sentado en su cama, mirándole en completo silencio.
—¿Qué quieres?
—Quiero que no me odies —dijo Jeremy, con la voz tomada.
—… No te odio. Pero tú has querido un tiempo para pensar. Yo también necesito ese tiempo.
—Pero… has dicho que vas a irte.
—Creo que va a ser lo mejor para los dos, de momento —en ese momento sonó el despertador—. Tenemos que ir a clase.
Jeremy se había sentado al lado de Aelita en clase de ciencias. Tenía que hablar con su amiga en algún momento. Llevaba demasiado tiempo posponiéndolo. Pero no sabía qué reacción iba a tener ella. De modo que en un folio, como si fueran sus apuntes, escribió una nota en la parte superior a bolígrafo rojo. Disimuladamente, lo tendió a la pelirrosa. Ella lo tomó y garabateó una respuesta que le volvió a tender.
Jeremy: Tenemos que hablar.
Aelita: ¿Cuándo?
Jeremy: ¿Hoy, después de clases?
Aelita: Vale. Te espero en mi habitación.
Jeremy llevaba cinco minutos frente la puerta de la pelirrosa. Tenía el impulso de llamar a la puerta, pero le asustaba. La chica había estado seria durante toda la clase. Y lo que era peor. ¿Y si Patrick se había fijado y se pensaba que podía haber algo entre ellos dos? ¿Y si aparecía de pronto y montaba una escena? Pero antes de poder pensar en ello, la puerta se abrió de pronto.
—Llevo cinco minutos viendo la sombra de tus pies —fue el saludo de la chica—. ¿Piensas entrar o no?
—Sí, yo… Perdona.
Jeremy entró en el dormitorio sintiendo el peso del mundo sobre los hombros. La chica tenía una actitud bastante fría con él. Tal vez no hubiera sido buena idea ir a hablar con ella. Pero debía hacerlo. Por todo lo que había pasado, y por lo que había visto.
Intentó abrir la boca, pero en ese momento la chica se abalanzó a por él.
—Siento mucho cómo me lo tomé.
Los dos estaban abrazados, de pie en la habitación. No había ningún tipo de tensión entre ellos. Solo una especie de liberación por poder hablar por fin.
—Fue un… shock verte ahí con Patrick… Pero no debí haber salido corriendo de aquella forma…
—Bueno. Supongo que habría estado bien contártelo…
—Yo no te conté lo de Odd —le recordó la chica.
—Ya… supongo que podríamos haber sido más sinceros…
Aelita le dio un beso en la mejilla. Había tiempo que sabía que lo suyo no tenía ningún futuro. Pero estaba bien poder ser amigos así.
—Yo tengo la culpa. Si no hubiera huido… —dijo Aelita.
—No… lo mío con Patrick no se sostendría… Por mucho que… por mucho que le quiera —reconoció Jeremy—. Dos primos, ya ves tú.
—Pero si tú le quieres, y él a ti también… ¿dónde estaría el problema? —preguntó la pelirrosa.
—Tu reacción cuando nos viste. Y eso que nos conoces. ¿Cómo se lo tomarían los demás?
—… ¿Y acaso importa lo que los demás piensen? —preguntó Aelita—. Es decir… es vuestra relación, no la de nadie más.
—No es lo que los demás piensen. Patrick… estoy seguro de que todo esto ha sido temporal también para él.
—De eso nada.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque ya he hablado con él.
Era de noche cuando Aelita fue despertada. Una serie de golpeteos sobre su puerta la habían despertado, a pesar de que no eran especialmente fuertes. Intentó despejarse antes de abrir la puerta. Debía ser algo grave.
Y ver a Patrick, en la puerta de su dormitorio, como si se le hubiera muerto la abuela hacía diez minutos, confirmó sus sospechas.
—¿Qué quieres? —preguntó.
—Hablar. Sobre lo que viste en The Hermitage—dijo Patrick.
—¿Te refieres a lo de verte con Jeremy, desnudos en la cama teniendo sexo? Algo me suena —respondió la chica, demasiado privada de sueño como para andarse con sutilezas.
—Exacto. Necesito que sepas… que no es lo que parece.
—Oh, venga ya —gruñó Aelita. Se rascó los ojos y bebió un trago de agua. Se sentó en la cama. Patrick se paseaba por el dormitorio—. ¿En serio no se te ha ocurrido nada mejor?
—No es una broma. Lo que nos viste hacer… fue sexo, pero no lo fue… Estábamos haciendo el amor.
—Ay, Dios…
—Estoy enamorado de él, Aelita. Y sé que él siente lo mismo.
Aelita no dijo nada por unos momentos. Debía asimilar aquella información. Patrick la miraba totalmente serio. No podía estar bromeando.
—Jeremy no me ha hablado desde que saliste corriendo —le dijo Patrick—. Y eso me está destrozando. Necesito saber que… que estamos a salvo. Que no te vas a ir de la lengua, ni…
—¡¿Perdona?! —soltó ella escandalizada—. ¿Por qué clase de basura me tomas? ¡Jeremy es mi mejor amigo! ¿Crees que le iba a hundir la vida contando por ahí lo que he visto? Joder…
Patrick se sentó a su lado. La miraba con arrepentimiento.
—Lo siento… Es que… tu distancia con él…
—Me está costando un poco asimilarlo —reconoció Aelita—. Es decir. No es con un chico cualquiera. Sois familia. Hablaré con él.
—Gracias.
—¿Y que es eso de que no te habla?
—He sido un completo gilipollas —sollozó Jeremy. Había escuchado lo que Aelita le había contado. Patrick había querido arreglar las cosas, pero su paranoia le había costado muy cara. Aelita le acariciaba los cabellos, sin lograr consolarle.
—No es tarde —dijo Aelita—. Sabes que te quiere. Sabes lo que has hecho mal. Aún puedes arreglarlo.
—¿Tú crees?
—Tienes que intentarlo. Si no, sí que vas a pasarlo muy mal.
Mientras sollozaba, se quedó dormido. Aelita sonrió y le tendió sobre la cama.
—Tienes mi apoyo, amigo —susurró y le dio un beso en la mejilla.
Patrick volvió al dormitorio por la noche. Jeremy estaba de pie en medio del cuarto, esperándole. Antes de que su primo pudiera hacer nada, el rubio sacó un pañuelo blanco del bolsillo.
—¿Qué haces?
—Bandera blanca —respondió Jeremy—. ¿Podemos hablar?
—… Está bien, supongo.
Se sentaron cada uno en una cama. Frente a frente. Patrick parecía esperando que Jeremy empezase, pero este no sabía cómo iniciar la conversación. Le costaba sostener la mirada de su primo. Pero debía hacerlo.
—Siento muchísimo haber sido un imbécil. Tienes todo el derecho del mundo a no dirigirme la palabra. No he sabido gestionar la situación. Y lo he pagado con la persona que menos lo merecía. Tú estabas conmigo, y no supe verlo. Por favor… perdóname…
No respondió de inmediato. En sus adentros, pensaba sobre aquellas palabras y todo lo que había vivido con Jeremy. No podían seguir mucho tiempo en esa situación. Era asqueroso, y además empezaba a influir en su salud. Llevaba noches sin dormir del tirón. Se levantó y se sentó al lado de Jeremy.
—Acepto tus disculpas. Yo tampoco he sabido muy bien como llevar esto. Y no debí pagarte con la misma moneda.
—Me lo merecía…
—No. Sigue sin estar bien.
Jeremy se abrazó a su primo. Su olor… tan familiar… tan provocativo…
—¿Qué pasa entonces? ¿Con nosotros?
—Creo que lo mejor es que volvamos a ser primos y nada más —respondió Patrick—. Puede que esto no haya sido una buena idea…
El primer impulso de Jeremy fue preguntarle "¿Para que te puedas seguir enrollando con quien te de la gana?", pero se contuvo a tiempo.
—Además, me queda apenas una semana en Kadic.
—Pero… si estamos bien, ¿por qué no te quedas?
—Por si se vuelve a estropear. Podemos quedar, si te apetece. Pero lo mejor es que tomemos un poco de distancia. ¿Lo entiendes?
Jeremy lo entendía. Pero no lo compartía.
Esa noche Jeremy sintió algo raro en el dormitorio. Sin las gafas no era capaz de distinguir nada. De pronto una sombra surgió de entre sus sábanas. Sintió miedo. Pero pronto reconoció la figura.
—Quiero mi beso de buenas noches —reclamó Patrick y le besó.
Antes de darse cuenta, Jeremy estaba sin ropa, disfrutando de los labios y las manos de Patrick por todo su torso. Le gustaba. Suspiró. No decían nada. Sobraban las palabras. La lengua de Patrick era suave y sabía cómo tratarlo. Jeremy no entendía lo que estaba pasando. Pero no iba a preguntar. Se limitó a cerrar los ojos y disfrutar mientras su primo le arrancaba la ropa…
Abrió los ojos de pronto. Se encontraba desnudo, dentro de su cama. Indudablemente, había tenido un orgasmo. Pero al ponerse las gafas, Patrick estaba profundamente dormido. ¿Había sido un sueño o había sucedido realmente?
Durante el desayuno, la situación parecía haber regresado a la normalidad. El grupo desayunó fuera de tensiones. Eso era importante para Jeremy. Sonrió. Aunque no podía ser feliz del todo si su relación con Patrick no permitía expresar el amor que sentía por él. Se tensó de pronto. Sissi se acercaba, e iba directamente a por Patrick.
—Hola, guapetón —saludó—. ¿Te vienes esta tarde al cine?
—Encantado —respondió este.
—Genial. Jeremy… Brynja quiere que te pregunte si te apuntas —dijo en tono cansino.
—Oh… No, gracias, no me apetece mucho —dijo el rubio.
—Pues nada. Nos vemos a las siete.
—¿Por qué te has negado? El otro día ella parecía que te gustaba bastante —comentó Yumi. Ella aún no sabía lo que ocurría realmente.
—Sí, bueno. Es que no hay nada que me apetezca ver —respondió Jeremy—. Además esta tarde quiero avanzar con el proyecto de Ciencias.
—¿Ese que tenemos que entregar dentro de dos meses? —preguntó Ulrich.
—¿Quién puede esperar?
—Te traeré unas palomitas, primo —dijo Patrick—. Y de momento, creo que tenemos que ir a clase. Qué pereza.
Jeremy había salido a pasear por el bosquecillo. Tras varios intentos, lo único que había conseguido con el trabajo de Ciencias había sido diseñar una portada, y pre-maquetar el estilo de los títulos, los párrafos, y los pies de página. Su cabeza seguía pensando en Patrick. Se preguntó si en ese momento estaría besándose con Sissi. Con la tonta e indigna Sissi.
"O aún peor. ¿Y si se está besando con las dos a la vez?", pensó.
Sin darse cuenta estaba al lado de The Hermitage. Lo supo cuando unos gritos le hicieron mirar hacia el origen. De una de las ventanas podía oír una voz. ¿Aelita? Sí, era ella… Y no estaba gritando precisamente. Sonrió. Que lo disfrutara. Ojalá Odd fuera mejor con ella de lo que él se había portado con Patrick.
—Hola, Jeremy. ¿A dónde vas?
Se había cruzado con Yumi y Ulrich. Se habían soltado de la mano al verle, pero al rubio no se le había escapado el gesto.
—Estaba dando una vuelta. ¿Y vosotros?
—Pues… también —respondió Yumi, algo incómoda.
—Ya veo… Pero en The Hermitage ya están Odd y Aelita, deberíais is a la fábrica —comentó el chico.
Allí les dejó, muertos de la vergüenza. Pero él estaba peor. Muerto de envidia. Ojalá pudiera estar en actitud cariñosa con Patrick.
—¿Qué tal ha ido el cine? —preguntó Jeremy a su primo, intentando no aparentar tanto interés como el que tenía.
—No ha estado mal. La película pasable, pero las palomitas han salido muy buenas —bromeó Patrick mientras se cambiaba y se enfundaba en el pijama.
—¿Y qué tal con Sissi y Brynja?
—Al final Brynja no vino. Creo que si no ibas tú no le interesaba. Es más, no entiendo por qué no has querido venir.
—Porque estaba pensando en ti.
Patrick se dio la vuelta, mirando a su primo. No podía ser aquello.
—Jeremy, ya dijimos que…
—Sé lo que dijiste. Pero no por ello va a ser más sencillo —dijo el rubio—. Te quiero.
—Oye…
Pero Jeremy no oía. Se lanzó a por Patrick y le atrapó con los brazos. Besó sus labios, liberando las ganas que sentía desde hacía tanto tiempo. Este intentó resistirse. Pero a pesar de sus esfuerzos, sus labios acudían a la llamada de los de Jeremy. Debía decirle que no. Que obviamente aquello no podía funcionar. Pero se hacía daño cada vez que lo pensaba. Se soltó por fin, solo para tomar la iniciativa en lugar de Jeremy.
—¿Te parece bien entonces que vayamos poco a poco?
—Claro que si, mi amor. Es lo más sensato.
Se habían metido en la cama de Patrick para dormir. No se habían quitado la ropa. Simplemente se habían conseguido sincerar por fin sobre lo que realmente sentían. Se amaban. Y Jeremy no quería simplemente dejarse llevar por echar un polvo. Patrick coincidía con él. Tal vez habían ido demasiado rápidos en su primer intento. El rubio pensó en acomodarse encima de Patrick, pero este fue más rápido. Apoyó la cabeza sobre el pecho de Jeremy. Se estaba cómodo.
—Se me hace raro que duermas así —dijo el rubio.
—Me apetecía probar. Se está muy bien aquí.
Sus manos se encontraron. Sus dedos se enredaron entre si. Jeremy acarició los cabellos de Patrick y no tardaron mucho en quedarse dormidos.
—Buenos días, mi amor.
Patrick se había despertado en primer lugar, y se había acomodado encima de su primo. Como este no se despertaba, pensó en la mejor forma de hacerlo, por lo que posó sus labios sobre los de él y le besó con ternura. Esto no tardó mucho en despertar a Jeremy, que sonrió.
—Me encanta despertarme así por las mañanas —sonrió el rubio y envolvió a su primo con los brazos—. Te quiero.
—Dilo otra vez —pidió Patrick.
—Te quiero —le susurró al oído.
Patrick sintió un impulso animal. Podían ignorar las clases, quedarse en la cama, dar rienda suelta a su amor. Pero no. Despacio. Irían despacio.
—Yo también te quiero —dijo él, y acarició con el pulgar los labios de Jeremy—, pero ahora tenemos que levantarnos.
Y por primera vez en mucho tiempo, a Jeremy no le apetecía tanto ponerse en pie lara ir a clase de ciencias.
—Buenos días —saludó Yumi, acercándose a su grupo, que estaban reunidos en la máquina de café. Al llegar, le dio un beso a Ulrich en los labios—. ¿Qué tal estáis? —preguntó.
—Mejor que nunca —dijo Jeremy.
Miró a su alrededor. No había curiosos alrededor. Y tomó la mano de Patrick. Le dio un ligero apretón, y este se lo devolvió. Se sonrieron. Aelita parecía feliz por verles. Por fin se habían acabado los problemas para ellos. Les dio un abrazo. Pero la japonesa aún no conocía la historia, y por su mirada, ambos primos sabían que debían contárselo.
—Si os queréis, os queréis —dijo Yumi, tras escuchar lo que le contaron—. Espero que podáis ser felices.
—Creo que todos lo estamos siendo —comentó Odd, pasando los brazos por encima de la pelirrosa y dándole un beso—. Pero si en cinco minutos no estamos en clase con la Hertz, nuestra felicidad se puede estropear.
—Es verdad. Os veo después de clase —dijo Yumi.
—¡Hasta luego!
—Ulrich… ¿no olvidas algo? —preguntó la japonesa, colorada.
El alemán le dio un beso tierno antes de despedirse.
—Tus amigos me dan envidia —dijo Patrick.
—¿Por lo mismo que a mi?
Se habían alejado lo más posible de la academia. Allí, donde nadie les conocía, no eran más que un par de novios que caminaban de la mano por la calle, por encima del tabú que significaba su parentesco. Claro que siempre había riesgo de que algún conocido les viera, pero era más improbable.
—Seguro que sí. Ellos pueden salir con sus parejas libremente. Nosotros, en cambio, nos tenemos que ocultar, como si hiciéramos algo malo.
—Lo sé. Pero aunque ahora sea difícil… no tiene por qué serlo siempre, ¿no? —preguntó Jeremy—. Lo nuestro es algo muy bonito. No quiero dejarlo por culpa de la gente.
—Yo tampoco. Y si el mundo no quiere aceptarlo, que le jodan —dijo Patrick. Besó nuevamente a Jeremy. En medio del paseo. Era liberador poder hacerlo. Bastante tenían con no poder manifestarlo delante de todos—. Aunque les agradezco mucho que lo hayan aceptado tan bien. Tienes mucha suerte de tenerlos.
—Tengo suerte por tenerlos a ellos y por tenerte a ti —dijo Jeremy.
—¿Te vas a poner meloso? Porque no puedes ganarme a eso —bromeó Patrick.
—¡Mentiroso! ¡Eres un mentiroso de mierda!
—¡Jeremy, escúchame!
El rubio estaba fuera de si. Durante su cita se había enterado de algo que no le había gustado nada. Había huido y se había terminado refugiando en The Hermitage, por si a Patrick le daba por buscarle ahí. Pero para su sorpresa, el castaño apareció poco después que él.
—¡No te quiero escuchar! ¡Pensaba que me amabas!
—¡Y te amo! —declaró Patrick—. Solo quiero que me escuches, por favor.
—¡No! ¡Lo he pasado muy mal con esto! ¡Y cuando… cuando por fin podemos ser felices, me entero de que aún así te vas a ir!
—Yo en ningún momento te dije que me fuera a quedar —dijo Patrick, suavizando el tono de voz—. Los dos hemos sufrido mucho. Y creo que lo mejor sería que, al menos este curso, no estudiemos juntos.
—No lo entiendo… ¡no lo entiendo! —protestó Jeremy—. ¡Tanto que hemos pasado para romper ahora!
—¿Quién ha dicho que haya que romper?
—¡Vas a irte!
—Y ¿no podemos ser novios en la distancia? —preguntó Patrick.
—Prometo serte fiel todo el tiempo. Tanto cuando podamos quedar para vernos como en las temporadas en que solo pueda echarte de menos. Quiero seguir contigo, Jeremy. Eres la persona más importante para mi.
—Yo también te prometo serte fiel. Confío en lo que me dices, y voy a esperar cada ocasión en la que pueda volver a estar contigo. Te quiero, Patrick.
—Yo os declaro novios comprometidos —dijo Aelita—. Podéis besaros.
A Jeremy le había costado encajar saber que a Patrick le quedaban apenas tres días en Kadic. Por ello había hablado con sus amigos, sin saber qué hacer. Y a la pelirrosa se le había ocurrido aquella idea. Oficiar una especie de unión entre ellos, prometiéndose que se mantendrían fieles a pesar de la distancia.
Cuando los labios de Jeremy y Patrick se encontraron, sus amigos aplaudieron. Había sido una ceremonia bonita. Y minimalista. El salón de The Hermitage decorado con velas. Suficiente para ellos. Y tras la ceremonia, un pequeño baile. Un portátil era todo lo que necesitaban para amenizarlo. Y unas bolsas con bocadillos a modo de convite. Jeremy y Patrick eran felices. Serían duras las semanas sin verse, pero estaban dispuestos a intentarlo.
—Lo de hoy ha sido maravilloso.
Todos habían vuelto a la academia antes de que les echaran la bronca por estar fuera demasiado tiempo. Patrick se acercó a él por la espalda y le abrazó. Jeremy se dio la vuelta y se besaron. Su primo se tensó ligeramente. Habían sido demasiadas emociones aquel día.
—¿Qué te pasa? —preguntó.
—Estaba pensando… en lo que te dije de ir despacio.
—Hhm.
—Hoy… esto sería como… nuestra noche de bodas —rió Patrick—. Creo que sería una tontería… no dejarnos llevar un poco… si te apetece.
—Lo estoy deseando —susurró Jeremy.
La luz de la luna llena inundaba la habitación. La puerta estaba bien cerrada. Era su sancta sanctorum. De pie, apoyado en el armario, Jeremy suspiraba por sentir la lengua de Patrick dándole placer. Era lento, suave. Sabía cómo hacerlo. Jugueteó con su glande. La ropa había desaparecido hacía mucho rato, y él mismo se estimulaba suavemente mientras disfrutaba del sabor de su primo. Los ruidos que hacía eran música para sus oídos.
Se preparó. Sabía cómo se comportaba su cuerpo y lo que venía a continuación. Le acarició suavemente bajo la base del pene, sin detenerse un momento. Le encantaba el cuerpo de su primo y el juego de luces oscuras le excitaba aún más. Finalmente paró, cuando el rubio estaba completamente satisfecho.
Patrick estaba con las piernas alzadas, permitiendo a Jeremy ahondar en su interior. Había ido muy lentamente, permitiendo que su cuerpo se acostumbrara a su erección. Poco a poco se había abierto paso, y ahora se movía con cada acometida que el rubio le daba. Jadeó, momento que aprovechó Jeremy para profanar su boca e invadirla con su lengua. Las dos húmedas se enredaron y bailaron al compás mientras manifestaban su amor.
El castaño se sorprendió al verse con las muñecas sujetas por Jeremy. Pero se dejó hacer, sumiso. No tenía miedo de él. Quería que sus cuerpos se dejaran llevar, y lo estaban consiguiendo de maravilla. De pronto sintió el imperioso deseo de acabar. Y sabía que no era el único. La expresión en el rostro de Jeremy era muy delatora, por lo que relajó su cuerpo y lo disfrutó hasta el momento de máximo placer.
Tumbado en la cama, Patrick disfrutaba del calor de los labios de Jeremy. Justo después de culminar la vez anterior se había acomodado entre sus piernas, las cuales se había echado sobre los hombros. Empezó a probar cada parte de Patrick que tenía acceso, dándole un placentero masaje con la boca en los testículos antes de atacar su longitud, que no había sido capaz de reposar en ningún momento.
Sabía que no tardaría mucho en acabar. De aquel modo era imposible aguantar mucho rato. Las manos de Jeremy empezaron a acariciarlo, aumentando la excitación del momento. Era afortunado por tener a alguien como él a su lado. Jeremy le dio un beso en la punta y en ese momento…
Jeremy no sabía cuánto rato había pasado. Solo era consciente de Patrick abrazándole por la espalda, sus fuertes brazos atando su sensible cuerpo, su pecho emanando el calor que sentía en la espalda, su erección llevándole a la cima del placer con cada acometida. Aquella posición era su debilidad, como Patrick bien sabía, y se dejaba hacer por el tremendo placer al que era sometido.
El único inconveniente de esa pose era que besarse estaba más complicado, por lo que giró hacia atrás la cabeza con cuidado, reclamando la boca de Patrick. Este consiguió alcanzarlo, y sus labios se fundieron mientras el ritmo aumentaba, agotados por aquella noche pero deseosos de no quedarse con ganas de ese orgasmo que se acercaba.
—No sé si dormir o levantarnos para ducharnos —bromeó Patrick.
Sus cuerpos eran incapaces de mantener más tiempo la agonía del coito. Eran casi las cuatro de la madrugada, y agotados se habían escurrido entre las sábanas. Jeremy se acomodó sobre el torso de su primo, y lo acarició con la punta del índice.
—Deberíamos descansar. Tenemos que aprovechar cada momento que nos queda juntos.
—Lo haremos. Descansa, mi amor.
—Te amo.
—Y yo a ti.
Jeremy y Patrick se habían prometido no llorar. Los padres del castaño habían ido a la hora acordada a recoger a su hijo. Este había hecho la maleta aquel día, con ayuda de su primo. Se echaban miradas furtivas. Ninguno quería decirlo. Y tampoco tenían por qué. Ambos lo sabían perfectamente.
—Bueno, hijo. ¿Seguro que no te quedas? —preguntó el padre de Patrick.
—Seguro. Me ha encantado estar contigo, Jeremy —dijo este, y le tendió la mano.
El impulso de Jeremy fue enviarlo todo a la mierda y besarle delante del corrillo de alumnos curiosos que se había formado. Pero habían acordado que no, al menos en aquella ocasión. Se estrecharon la mano y se dieron un abrazo antes de que Patrick montase en el coche. Jeremy se quedó mirando hasta el momento en que el coche se perdió de vista.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó Aelita. En el fondo, sentía que la situación no era justa después de lo que sus amigos habían pasado.
—Lo estoy —aseguró Jeremy. Sabía que, aunque fuera a tantos kilómetros de distancia, Patrick estaría allí. Amándole como él le amaba.
Notó algo en el bolsillo. Sacó el teléfono. Patrick se había hecho una foto enviándole un beso. "Ya te echo de menos".
FIN
Bueno, bueno, bueno. Y con esto acaba la historia.
En primer lugar, porque en mi cabeza siempre pensé en este fanfic como un acto de cuatro partes. Tampoco tenía mucha más idea de cómo continuarlo. Y en segundo lugar, porque al final solo había dos opciones: o terminaban juntos o no. Y me apeteció hacerles felices, pero con una pequeña "traba" más para su historia. En una relación como la de ellos, la distancia puede ser el menor de sus problemas :( Al menos podrán ser felices :)
iNATHivo0722: A mi también me dio pena al escribirlo :(
Pues este ha sido el final de "No es un camino de rosas", pero yo sigo escribiendo ;) Tengo aún algunos lemmon en el tintero y los capítulos finales de "La villa" pendientes ;) así que hasta la próxima. Lemmon rules!
