Personajes: Yamato y Iori
Género: Hurt-Comfort
Palabras: luna y ciruela
Autor: Yehoshuaagnusxochimej28 / Yax
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Para ti
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La luna llena alumbraba en lo alto del cielo despejado, que permitía apreciarla de la mejor manera. Eso le trajo cierto aire de nostalgia; durante mucho tiempo fue uno de sus pasatiempos favoritos cuando le tocaba montar guardia en esas locas "vacaciones" en el verano del 99.
Lo siguiente que invadió su mente fue que esos recuerdos a veces llegan en el momento menos oportuno. Su lento caminar proyectaba la tranquilidad que su alma y semblante debían tener, no por él, sino por la situación y la persona en quien debía pensar.
No hace mucho había sufrido una pérdida; la naturaleza tiene su ciclo y, aunque uno sea consiente de eso, nunca se está preparado realmente. El alumbrado público le permitía ver la mayor cantidad de área posible pero había zonas que eran dominadas por la oscuridad de la noche.
Dio vuelta en un callejón y, casi en el fondo, acurrucado al lado de una pared, estaba la persona a la que había ido a buscar. Decidió no mencionar palabra alguna. Se acercó, aunque guardando una distancia apropiada, se colocó en el muro opuesto, recargó su espalda y cruzó los brazos.
Había llegado ahí por petición de su hermano menor; estaba en camino a Tokio y le encargó mucho a su amigo. Era difícil saber si su presencia ya había sido apreciada, y no quería provocarlo intencionalmente; sabía que necesitaba un tiempo a solas. Él solo estaba vigilante, solo quería estar; muchas veces con eso es suficiente.
—Gracias por venir —pronunció por primera vez Iori.
—No tienes que agradecer —fue lo que se limitó a contestar.
Lo siguiente que observó fue a su joven amigo ponerse de pie, frotar su antebrazo a su rostro, limpiar las lágrimas traicioneras que lo adornaban y calmar su respiración. Ni un quejido, lamento o gemido se logró escuchar, si es que su boca llegó a soltar alguno.
Iori se comenzó a acercar y ver el azul profundo de los ojos de su acompañante. No se expresaron palabra alguna, solo emprendieron el paso y regresaron al hospital.
—¿Sufrió? —preguntó Yamato para empezar a hacer consciencia en la mente de Iori.
—Por fortuna, no. Se fue en paz, su rostro estaba calmado, aunque… —Hizo una pausa involuntaria y sintió que su alma estaba volviendo a sangrar, que la herida recién abierta seguía drenándolo y que le nublaban la visión—. Al abrazarlo, su cuerpo ya estaba frío.
No respondió. Cuando su padre murió no tuvo que pasar por esa situación porque no se encontraba en la ciudad, fue su madre la que lo vivió.
—Quiero preguntarte algo, Yamato. —El aludido detuvo su andar, aunque no cambió de posición y con las manos dentro del pantalón y la mirada fija, esperó la pregunta—. ¿Ya superaste la muerte de tu papá?
Cerró los ojos, meditó un momento y se dispuso a contestar.
—Te voy a decir algo que escuché en el funeral. Es algo que nunca vas a terminar de superar. Lo vas a extrañar siempre, pensando en lo que no le dijiste, en las cosas que quedaron pendientes entre ustedes. Siempre te va a hacer falta. El dolor es más llevadero con el tiempo, pero nunca llegas a subsanarlo del todo. Lo mejor que puedes hacer es recordar los buenos momentos, pocos o muchos, no importa; los malos también tienen su encanto si aprendiste algo de ellos. Solo, nunca olvides. Recuerda todo lo que tu abuelo te enseñó y con eso honrarás su memoria.
Por un momento, Iori encontró un poco de calma en su alma, aunque era consciente de que eso iba a ser pasajero. Por su parte, Yamato se sentía un poco más tranquilo al ver al muchacho reaccionar de esa forma; se lo había prometido a Takeru. Seguía sin creer lo que le había dicho por teléfono, que él era la persona adecuada para acompañarlo en esos momentos.
Pensaba que no era así, pero eso no impediría esforzase en ayudarlo, de eso no le quedaba la mejor duda. Solo esperaba que su estrategia de dejar llorar a la gente siguiera siendo efectiva y no tener que improvisar.
—¿Quiere uno? —preguntó Iori y lo sacó de sus pensamientos por un momento, sorprendiéndolo.
Vio que le extendía una bolsa de papel con algo dentro.
—¿Qué es?
—Son ciruelas. A mi abuelo le gustaban. Se las compré por si lograba salir del coma. Creo que sería un desperdicio tirarlas.
Sin pensarlo dos veces metió su mano y tomó una. La miró detenidamente, apuntó con ella al rostro de Iori y dijo:
—Por el señor Chikara Hida.
—Por mi abuelo.
—¿Vamos al hospital o quieres que te acompañe a casa?
—Vamos a casa. Quiero ver a mi mamá y preparar todo para el funeral.
Emprendieron camino y, en el trayecto, Iori recordó el hombre que más que abuelo fue un padre. Si bien había sufrido su pérdida a temprana edad, lo de su abuelo era distinto por el tiempo que convivieron. Lo que sí sabía, y era más consciente ahora que hace años, en parte gracias a su amigo, era que los iba a seguir extrañando hasta el último día de su vida. Mientras tanto iba rumbo a casa, acompañado de Yamato, brindado con ciruela por él, por ellos.
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Yehoshuaagnusxochimej28: Esto te lo dedico a ti.
