Advertencia: Rating M por escenas explícitas
Personajes: Yamato y Sora
Género: Rating M
Palabras: ciruela y rascacielos
Autor: Yehoshuaagnusxochimej28 / Yax
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Luna sangrienta
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El mareo ya había cesado, el frío de la noche que entraba por la ventana rota ayudó a poner los pies en la tierra. Lo primero que pudo visualizar fue la mesa de delante. En medio, había un pequeño recipiente repleto de ciruelas. No se lo pensó dos veces, tomó una y le dio un pequeño mordisco saboreándola lentamente.
La adrenalina comenzaba poco a poco a disminuir. Fue cuando notó el desolador panorama que se presentaba ante sus ojos. A pocos metros, estaba una pequeña pila de cadáveres con alguna mutilación, otros más se hallaban alrededor de todo el cuarto. Algunas partes habían quedado regadas por todo el lugar: dedos, brazos, manos, incluso entrañas era lo que se podía observar. El olor nauseabundo era algo a lo que ya estaba acostumbrada.
Un quejido llamó su atención. Vio un cuerpo en el suelo tratando de obtener una de las armas que tenía al alcance.
—¡Uh! Con que aún sigue con vida un hijo de puta.
Se acercó lentamente, empuñó su arma favorita, una catana.
—¡Vas a pagar esto, perra!
Lo que siguió fue el sonido de un pequeño corte. La cabeza del ahora occiso había sido separada del resto de su cuerpo. Tomó una bola de boliche y golpeó la cabeza con ella; sus sesos quedaron regados por el piso.
Caminó hacia la ventana rota y miró hacia abajo; el vidrio prácticamente había desaparecido e incluso un cuerpo entero podía caerse por ahí sin problema. Le sorprendía lo alto que estaban, en el piso 60. Sería una gran caída. Puso atención en la otra persona viva de la habitación, estaba limpiando sus armas. En su hombro había una herida de la cual brotaba sangre y era evidente por el pequeño charco que manchó su ropa.
—¡Mierda, Yamato! ¡¿Cómo puedes ser tan pendejo?!
—¡Cálmate! —exclamó un poco exacerbado. Respiro un momento y prosiguió—: es solo un rozón.
—Déjame ver eso.
Inmediatamente, le quitó el sacó y empezó a desabrochar la camisa, pero fue interrumpida por el mismo Yamato.
—Yo lo hago.
Terminó la labor y se acomodó en la cama. Sora vio la herida y, en efecto, solo era un rozón. Eso le permitió ver el resto del cuerpo de Yamato y sobre todo los moretones que se habían formado después del encarnizado combate. Mientras las examinaba, tocó una costilla y sintió cómo se quejó del dolor, al parecer era tanto que no podía disfrazarlo.
—¿Cuánto te van a pagar? —le preguntó para hacerlo olvidarse de su dolor.
—Bastante.
—¿No crees que te van a rebajar algo porque terminé ayudándote?
—Estorbando, será. —Sora decidió hacer contacto en la costilla y eso lo hizo soltar un quejido—. ¡Desgraciada…! —fue lo que alcanzó a murmurar. Mejor decidió responder a la pregunta—. Puede… ¿Y a ti cómo te va a ir?
—Similar. Nunca pensé que nuestros respectivos patrones tuvieran asuntos con estos bastardos.
—Eran unos estafadores novatos e idiotas.
—Debían estar bien conectados para que estuvieran en un lugar como ese.
—Discrepo. Eran unos idiotas que gastaban el dinero a lo pendejo. —Yamato pudo observar que Sora también tenía algunas heridas—. ¿Te duelen?
Entendió inmediatamente la pregunta.
—No mucho, me descuidé un poco, por eso pudieron tocarme. —Mientras seguía limpiando la herida, pudo notar algo en la espalda que llamó su atención—. Bonito tatuaje.
Era la imagen de un lobo, el animal favorito de Yamato: Él no respondió, fijó su mirada en la catana.
—Estupenda espada. ¿Puedo? —Solo asintió con un pequeño movimiento, mientras ella proseguía a masajearlo. Inspeccionó el filo de la espada y esgrimió unos pequeños movimientos. Dejó de hacer eso y cuestionó— ¿Cómo celebras en una ocasión como esta?
—¿Tú celebras?
—En nuestra profesión, la posibilidad de morir está latente en todo momento. Celebro la oportunidad de vivir una vez más.
—¿La oportunidad de desaparecer a otra persona?
—Algún día alguien va a venir por nosotros, lo mejor es disfrutar el momento.
—¿Ansías la muerte desde lo que le paso a…?
Yamato puso su mano en el cuello de Sora y empezó a hacer un poco de presión. Esa había sido una pregunta muy personal; no contestó nada, se relajó y soltó a su acompañante quien no se disgustó por la agresión.
—Creo que me extralimité.
—Si no celebras, ¿qué haces después de hacer esto? —prefirió cambiar el tema.
—Bebo hasta el cansancio. ¿Tú?
—Lo mismo —mintió a medias. Prefería perderse en las profundidades del alcohol y en medio de las piernas de una hermosa mujer.
Sora echó un vistazo y vio que en una mesita había una botella de güisqui.
—¿Qué te parece si brindamos?
Se sirvieron en un trago y lo ingirieron de un golpe. No sabían si era la emoción del momento, el resto de adrenalina que aún les quedaba o el alcohol que acaban de ingerir, pero los dos se fundieron en un beso completamente pasional.
Yamato arrinconó a Sora en un muro, y comenzó a bajar de sus labios al cuello mientras ella se quitaba su camisa. En ese momento, Yamato bajó hasta su pecho y con un poco de desesperación buscó quitarle el brasier. Al conseguirlo, succionó sus duros pezones, pasando de uno a otro.
Sora lo tomó bruscamente e intercambiaron posición. Golpeó la espalda de Yamato en la pared y él se quejó de su costilla. Se maldijo por eso y se enfocó en quitarle el cinturón y continuar con los pantalones.
—Tendré que compensarte de una forma —expresó mientras se hincaba.
Tomó su miembro endurecido y lo saboreó lentamente con su lengua. Yamato solo disfrutaba la compensación, pequeños gemidos respaldaban ese hecho, y lo mejor era que cumplía su cometido porque había dejado de percibir el dolor de la costilla.
La levantó, volvió a ponerla contra la pared, le bajó las bragas y se dispuso a devolverle el mismo favor mientras apoyaba sus muslos sobre sus hombros. Sora solo podía tomar a su amante de la nuca, jalar sus cabellos y empujar su rostro más dentro de su ser.
—Vamos, hazlo rápido. Ya estoy lista.
Yamato se incorporó, se acomodó y preparó su falo para la estocada.
—Si te gustan las espadas, a ver qué te parece la mía.
En ese momento, la penetró y comenzaron a moverse al ritmo del deseo entonado por sus constantes jadeos. Él empujaba con fuerza y ella rasgaba su espalda y al lobo pintado en ella. Luego, lo tumbó a la cama y se acomodó para montarlo como buena amazona. Terminaron con una expresión de gozo en sus rostros. Se recostaron uno junto al otro y tomaron un respiro.
Los dos se levantaron rápidamente y comenzaron a vestirse. Era obvio que necesitaban sacar cierta presión y eso era lo único que había sucedido; ambos eran conscientes. Lo cierto es que tenían que limpiar el lugar y quemarlo era la opción; habían dejado suficiente evidencia de su presencia.
Yamato vertió la gasolina que había conseguido y Sora preparó el explosivo, dándoles el suficiente tiempo de salir de ahí.
A dos cuadras de distancia, observaron cómo la planta más alta del edificio ardía en llamas.
—¿Lo habías hecho en el último piso de un rascacielos? —preguntó Sora.
—No.
Lo cierto es que en ese momento habían experimentado el más alto nivel de placer, literal y metafóricamente, de sus vidas; en la cima de un rascacielos ardiendo.
