Personajes: Yamato y Hiroaki

Género: Thriller

Palabras: noche y silencio

Autora: Domidomo S

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Silencio

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Todo estaba negro, era como si la noche se lo hubiese tragado de lleno. Ni una luz, ni rastro de alguna estrella, pero sí muchos ruidos, voces de las que no lograba distinguir ninguna. De pronto recuperó movilidad y sintió el regusto metálico en la boca. ¿Qué había pasado?

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—Esta mañana despertaste antes, Yamato.

Había dicho Hiroaki después de haber cruzado el umbral del apartamento que compartía con su hijo. Era cierto, Yamato tendría ensayo con su banda más temprano de lo usual y aparte eran vacaciones de verano. Esa mañana particularmente el rubio había notado que su padre se notaba más ojeroso de lo usual, él casi podía jurar que se encontraba nervioso por alguna razón.

—¿Está todo bien, papá?

Hiroaki respondió sin mucho entusiasmo que tenía mucho trabajo acumulado en la televisora, pero no más. Yamato lo dejó pasar por esa vez.

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—Tienes que traer lo que he pedido mañana a primera hora en el lugar acordado, Hiroaki, o tu hijo sufrirá las consecuencias.

—Ni siquiera entiendo lo que pueden querer de nosotros. —Su voz se escuchaba entrecortada. Tenía miedo y eso lo hacía titubear.

—Eso no te importa, sólo trae lo que pedimos.

En un intento desesperado para comprobar si no estaba siendo víctima de alguna broma macabra les dijo a sus interlocutores que ellos quizá no tenían manera de descubrirlo, que quizá sólo estaban jugando con él y que podía ser que no se prestara a esos juegos. Claramente sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando le hablaron de los cabellos rubios de su hijo, de sus horarios de ensayo, del color de la playera que llevaba puesta el día de hoy. Así que sólo respondió que haría lo que le pidieran.

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Yamato había escuchado la voz de su padre un poco rota, sentía que había algo de él que pedía auxilio, sin embargo, no sabía identificar dónde estaba esa parte o para qué en específico era que pedía el auxilio.

—Sabes que puedes confiarme lo que sea, ¿verdad, papá?

Por respuesta sólo obtuvo un suspiro. Yamato supo en ese instante que quizá, por más que buscara no iba obtener una respuesta clara por parte de su padre. A veces odiaba que las cosas entre ambos fuesen de esa manera, que todo se tratara de interpretar silencios y suspiros así como ausencias y desapariciones.

Se sintió derrotado. Pero sabía que no iba a poder hacer algo más de no ser que su padre decidiera decirle por lo que estaba atravesando.

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Plic, plac, ploc. Era el repiqueteo que las gotas de sangre hacía al caer. El único ruido que podía escucharse en aquella sala en la que se encontraban en ese momento. Yamato no podía siquiera creer lo que estaba pasando.

Había recibido una llamada más que extraña de su padre, le había dicho que lo perdonara por los silencios y que esperaba que pudiese vivir su vida plenamente y disfrutar de todo lo que le rodeaba, le había pedido que dejara de ser igual que él, callando sentimientos y pensamientos, que la verdad era que eso sólo haría de él alguien solitario. Yamato supo que todo iba a terminar en ese instante aunque no supiera qué, pero todo estaba por llegar a su fin.

—¿Dónde estás? —preguntó sonando más desesperado de lo que creía.

—Rumbo a casa de tu abuela —había dicho Hiroaki tratando de parecer calmado.

—Te alcanzo ahora.

—¡No! No vengas, ya les daré yo lo que quieren.

Todo sonaba demasiado absurdo, demasiado lejano. Apenas colgaron, Yamato decidió que tenía que alcanzarlo. Sólo tomó una chaqueta y tomó rumbo.

Cuando atravesó el umbral de la casa de su abuela sintió el ambiente demasiado tenso, sentía incluso que le hacía falta la respiración. La ausencia de sonidos era lo que más le molestaba. Y de repente, al llegar a la sala la visión de las gotas repiqueteando contra el piso y la mano que asomaba ligeramente desde el respaldo de un sillón lo dejaron en shock. Caminó a paso firme y lento hacia el protagonista de dicha escena y lo que encontró lo hizo sobresaltarse aún más. El cuerpo correspondía a un hombre al que jamás había visto en su vida, tenía un corte lineal en su cuello, "seguro es la yugular" llegó a pensar, la sangre escurría a través de su pecho y brazo derecho y simplemente hacía plic, plac, ploc sobre el piso.

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El sonido de las sirenas repiqueteaba en su embotada cabeza. Perdió la noción del tiempo después de haberse encontrado el cuerpo de un desconocido en casa de su abuela, que no recordaba haber sentido un golpe, pero ahora se encontraba en el piso y todo se encontraba oscuro, más oscuro que la noche como si ésta se lo hubiese tragado de lleno, probó el regusto metálico en su boca y de repente sólo lo inundó el sonido de las sirenas. Acto seguido su padre estaba siendo esposado y a él le estaban preguntando si sabía algo de lo que había pasado ahí. Nada. No pudo responder nada. Los policías le dijeron que tenía que declarar y lo ayudaron a incorporarse, todo le dolía.

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Resultaba que a su padre lo había contactado el hombre que vio muerto tras el sillón, resultaba que estaba buscando algo así como un reloj, uno importante, porque aparentemente tenía una habilidad de transportarlo a otro lado. Al menos esa era la declaración que había presentado Hiroaki. Yamato podía ver a su padre a través del cristal, miró sus ojos y algo dentro de sí mismo se revolvió; podía jurar que aquella mirada no era la de su padre, tenía algo diferente, alguna oscuridad que parecía que le ensombrecía todo su ser. No dijo nada de nueva cuenta.

Aparentemente el señor se había quitado la vida por cuenta propia frente a los ojos de Hiroaki, luego Yamato había aparecido. De acuerdo a la versión del mayor de los Ishida, él se había conmocionado y tuvo que salir de esa escena e intentar calmarse, al final llamó a la policía. Era un misterio el cómo Yamato había terminado en el suelo, no tenía señal alguna de golpes o algo por lo que él decidió omitir lo del regusto a sangre en la boca.

Al final, tanto a él como a su padre los dejaron salir, ambos inocentes. La historia era poco clara pero resultaba que todo coincidía, bien pudo haber sido cualquier loco que se le había ocurrido atosigar a Hiroaki para después quitarse la vida, punto.

Yamato llevaba en su cabeza la mirada de su padre, necesitaba descubrir qué era eso que estaba diferente.

Al llegar a su departamento el rubio le preguntó a su padre qué era lo que había pasado, éste dijo que no era importante puesto que ya todo había terminado. En la cena, Yamato decidió mirarlo a los ojos, lo que se encontró no le había gustado nada, la mirada de su padre coincidía ahora con la que había podido ver en el hombre que estaba en el sillón desangrándose, desconcertado miró entonces a una de las muñecas de su padre y observó una pieza metálica, un reloj aparentemente.

—Ya todo se acabó, Yamato.

Y entonces él se quedó sin palabras. Silencio. Eso fue lo que predominó a partir de entonces.