Personajes: Yamato y Jun

Género: Isekai

Palabras: atractivo y soledad

Autora: BluesHead-GreenEyes

Summary: ¿Qué pensarías si te dijeran que, con un programa de alteración neuronal, las secuelas de traumas desaparecieran? Y no, no de manera evolutiva. Casi inmediata. Personas con sucesos traumáticos a consecuencia de violencia, pérdidas, exposición a algo que marcó sus vidas de una manera impensable. Pues de eso se trata Other Life.

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PROYECTO: OTHERLIFE

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¿Qué pensarías si te dijeran que puedes remover memorias frustrantes o traumáticas? Creíble, claro; cuántas prácticas de hipnosis garantizan borrar recuerdos traumáticos de manera evolutiva.

Cambiemos la pregunta.

¿Qué pensarías si te dijeran que, con un programa de programación neurolingüística, las secuelas de traumas desaparecieran? Y no, no de manera evolutiva. Casi inmediata. Personas con sucesos traumáticos a consecuencia de violencia, pérdidas, exposición a algo que marcó sus vidas de una manera impensable.

Esas personas llevan consigo un sinfín de secuelas que se presentan desde cosas pequeñas, tics nerviosos, insomnios, pesadillas, hasta aspectos más notorios: temblores, ataques de pánico, autolesiones y la lista continúa.

¿Entiendes la diferencia?

Pues de eso se trata Other Life.

Lo hicieron ingresar a una habitación completamente blanca, paredes, piso, cielorraso, una pequeña televisión, una cama de una plaza con sábanas y almohadas del mismo color. Todo era de un blanco que comenzaba a incomodarlo. Él también vestía de la misma manera: unos pantalones holgados blancos de lienzo, una camisa suelta y un par de zapatillas del mismo tono. Se miró los zapatos cerrados y no se contuvo el suspiro. Odiaba el blanco.

─Bien, señor Ishida. ─La única puerta que contaba el cuarto se abrió oyendo la voz de una mujer. Él se volteó a mirarla y era la misma que le había hecho una pequeña entrevista antes de que él aceptara participar de todo aquello. Era una mujer alta, delgada, cabello rojizo e inexpresivo semblante, salvo sonrisas corteses dedicados por educación─. ¿Se siente cómodo?

Ella no lo miraba cuando le hablaba, tenía los ojos puestos en la carpeta que traía en sus manos, levantaba hoja por hoja para darle una lectura rápida con, de seguro, su historial.

─Sí, me dieron ropa cómoda ─dijo distraídamente, seguía observando el cuarto excesivamente blanco.

─Perfecto, acuéstese en la cama, por favor. ─Ella dejó la carpeta en una de las mesas que tenía cerca de la cama, había una consola blanca con un casco encima con unas doce botellas diminutas cargadas con un líquido azul. Lucían espesas─. Daremos inicio al procedimiento de inserción.

─¿Me repite cómo será el procedimiento? ─preguntó mientras se dirigía a la cama.

La mujer lo miró entonces y con un gesto con su mano, le volvió a insistir que se posicionara en la cama. Él no tuvo más remedio que hacerlo, se sentó sobre el fino colchón blanco y, finalmente, se acostó en él. Sus pies terminaron fuera del límite de la cama, siempre había tenido una aberración por subir los pies con calzados en la cama. Costumbres de infancia.

─Las pruebas que realizó durante la primera y segunda entrevista, nos ha determinado cuáles son las fortalezas de su persona, de su mente. ¿Lo recuerda? ─Él asintió─. Bien, ha ingresado al programa Other Life de forma voluntaria para erradicar traumas de su vida que repercuten en ella. Lo que sucederá a continuación ─la mujer se dirigió a la consola donde descansaba el casco y los frascos de vidrio. Tomó el casco y lo sostuvo delante suyo para que él pueda verlo, era igual de blanco y desprendía unos cables que iban dirigidos a la consola a su lado─, le colocaré este casco y uno de los sueros que ve aquí. ─Señaló los frascos azules─. Es parte del protocolo Other Life.

─Me introducirá en una realidad alternativa, ¿no?

─No es una realidad alternativa ─le ayudó a colocarle el casco─, es otra vida. Lo que produce el casco es reprogramar las visiones que tiene, utilizar los recuerdos que posee, alterarlos con otros y lograr erradicarlos de tu sistema.

─¿Y el suero…? ─La pregunta quedó en el aire. El casco se lo colocó con cuidado y entonces ella tomó uno de los frascos para acercárselo a él.

─Molestará un poco, pero apenas sus globos oculares absorban el suero, tu subconsciente será transportado.

Él asintió finalmente y ella abrió el frasco diminuto sin esfuerzo alguno. La vio acercárselo a sus ojos y trató de no cerrarlos ante la idea de que aquello dolería. No lo hizo, el líquido era un poco espeso pero, así como se lo había explicado la mujer, apenas tocó sus ojos, él ya no se encontraba en la habitación blanca.

Una fresca brisa acarició su rostro. La sensación áspera bajo sus dedos y el aroma salado del mar comenzaron a arrebatarle de la inconsciencia. Abrió los ojos de a poco, acostumbrándose a la luz que colmaba todo. El sonido de olas rompiéndose a la lejanía, aves sobrevolando, el viento meciéndose entre hojas. De a poco, fue siendo consciente de lo que lo rodeaba. Se sentó sobre la arena que lo recibió, observó el mar a unos metros de él. Volteó a mirar a su alrededor, había un conjunto de árboles que lo respaldaban, parecía una isla, no veía más que mar rodeándolo y la soledad abrazándolo.

─¿Dónde estoy? ─Fue una pregunta hacia sí mismo, sin dejar de observar a su alrededor.

¿Por qué el proyecto Other Life lo llevaba a una playa paradisíaca siendo que su principal objetivo era eliminar traumas? ¿Pensaban erradicar traumas enviándole a la playa? Ridículo.

Siguió observando el mar, su fuerza, el viento que revolvía sus rubias hebras. Cerró los ojos un momento, aspiró profundo y permaneció un momento así, quieto. Tras unos segundos, soltó el aire de sus pulmones. Recordó las citas con su psiquiatra, recordó los ejercicios que hacía con éste para recuperar un poco el control sobre sí.

Allí, en esa playa sin nombre, siendo una ilusión provocada por un instrumento de programación neurolingüística, encontraba más serenidad que en todas las sesiones con su psiquiatra. Finalmente, formar parte del proyecto Other Life no fue una mala idea.

Sus pensamientos de calma y tranquilidad fueron interrumpidos cuando el sonido de una voz a la lejanía, llamó su atención. Volteó la mirada hacia lo que tenía a sus espaldas, la voz se oía a un grito, parecía buscar ayuda. Su cuerpo dejó la comodidad de la arena para ponerse de pie y comenzar a caminar hacia donde la selva se encontraba. ¿Debía ingresar a aquel sitio desconocido siguiendo sólo una voz?

Su cuerpo no tuvo demasiadas dudas al respecto.

La luz que emitía los artefactos fluorescentes en la sala le generaba cierta incomodidad. Era una pequeña sala que contaba un escritorio y dos asientos. Él se ubicaba en uno y el otro estaba vacío. Sus pies no dejaban de moverse, intentando encontrar una mejor posición, algo más cómoda, pero sólo conseguía aumentar su inquietud.

La puerta de la pequeña habitación se abrió y una mujer de traje gris, cabello rojizo al punto de ser borgoña, lo saludó con una sonrisa formal, puro protocolo. Él asintió sencillamente. Cerró la puerta detrás de ella, y se dirigió hacia el asiento que estaba del otro lado del escritorio que los separaba. Había una carpeta blanca descansando sobre el mueble.

─Señor Ishida, me llamo Himekawa Maki. Me alegra que haya aceptado venir a la entrevista. ─Fueron sus primeras palabras cuando se hubo sentado frente a él. Juntó sus manos, entrelazó sus dedos y nuevamente, portó una sonrisa de utilería─. Bien, demos inicio a las preguntas para determinar si será un buen voluntario para nuestro proyecto.

─Disculpe ─la mujer levantó sus ojos hacia él, dejando la carpeta nuevamente en el escritorio─, me han informado que el proyecto aún está en fase experimental.

La mujer asintió.

─¿Qué garantías existe para mí? Estoy siendo empleado como conejillo de indias. ─Estaba inquieto. Ella lo sabía.

─Tiene toda garantía de seguridad, señor Ishida. Usted rellenó el formulario de inscripción movido por la idea de que sus traumas serían removidos por medio de nuestro proyecto experimental de programación neurolingüística. ─Él asintió─. Pues bien, eso es lo que haremos.

─¿En qué consiste?

─Usted será llevado a la sala en donde se le administrará un suero especial, se le colocará el casco que nos permite trabajar directamente con sus recuerdos traumáticos, anularlos y proyectar otros recuerdos en su lugar. ─El hombre sentado frente a ella asintió a su explicación y ella regresó su atención a la carpeta bajo su poder─. Bien, continuemos con algunas preguntas para confirmar algunas cosas.

Él asintió nuevamente. Seguía inquieto aunque la idea de perder esos recuerdos que estancaron su vida, parecía un precio justo dispuesto a pagar.

─Su nombre es Yamato Ishida. ─Él asintió─. Tiene treinta años y trabajaba como ingeniero electromecánico. ─Volvió a asentir─. Cuando la marina necesitó soldados, se unió a sus filas a la edad de veinticinco años. Su hermano también debió prestar servicio, ¿es así? ─Otro asentimiento─. Lleva casado desde los veinte años con la señora Mimi Ishida y decidió unirse a este programa porque los traumas acarreados en sus días de servicio dificultan el desarrollo de su vida cotidiana.

─Así es. ─Guardó un momento de silencio, ordenando sus pensamientos.

─El psiquiatra no sirvió de mucho. ─Él negó─. ¿Probó con los grupos de ayuda de soldados retirados? ─Asintió─. Tampoco ayudó mucho.

─Dejé de ir el día que supe que uno de ellos se suicidó unos días antes.

La mujer tomó una pluma y fue anotando algunas cosas en las hojas de su expediente. Él no se molestó en mirar. Necesitaba ayuda.

─¿Qué puede decirme sobre las secuelas que experimenta?

Yamato miró a la mujer a los ojos. Ella ya no le dedicaba sonrisas obligadas, sencillamente lo observaba con detenimiento. Estaban solos en un cuarto donde él estaba firmando un contrato en donde aceptaba todo lo que le sucediese, con tal de erradicar las memorias dolorosas que acarreaba.

Abrió la boca para hablar.

Volvió a abrir los ojos. La brisa siguió acariciando su rostro y la salinidad se inmiscuía en sus labios. El sol siguió deslumbrando su vista, entrecerró sus ojos intentando adaptarse al brillo. Sentía la arena bajo las yemas de sus dedos. Estaba confundido.

Hizo apoyo en sus manos y comenzó a enderezarse sobre el suelo. Miró a su alrededor y seguía observando la calma de la playa que lo recibió la primera vez que despertó después de entregarse al suero. El sonido del mar ya no era tan relajante como la primera vez, le generaba más curiosidad que otra sensación. Volteó a sus lados, la vegetación seguía a sus espaldas pero ya no escuchó ningún grito.

─Entre todos los sitios que pudieron haber recreado en mi mente… ─El hombre sentado en la arena escuchó la voz de una mujer y buscó la fuente. Ella estaba de pie a un lado suyo, tenía el cabello corto, las puntas mirando el cielo, la tez tan bronceada como el sol y una sonrisa en los labios a cada palabra pronunciada. Vestía el mismo uniforme que le hicieron entrega a él─. Eligieron el que más amo. ─Ella volteó a mirarlo con una sonrisa radiante, tenía ojos oscuros como la noche y el cabello erizado de un rojo vivo─. Por tu expresión parece que no eres de los que aman la playa.

─¿Quién…?

─Soy Jun Motomiya. ─Extendió su mano a él. Dudó en tomarla, sus ojos cargados de escrutinio se debatían entre la mujer de la cabellera alborotada y su mano extendida. Ella movió sus dedos para llamar su atención así que, finalmente, él tomó su mano. No esperó que lo jalara para ponerlo de pie pero trastabilló un poco antes de enderezarse sobre la arena─. Supongo que eres mi compañero. ¿Cómo te llamas? ¿Eres rubio natural o te tiñes?

¿Por qué hablaba demasiado? Era una ametralladora de palabras y él aún no entendía muy bien qué hacía en esa playa, como para intentar responder el interrogatorio de la mujer frente a él.

─Yamato Ishida ─respondió sencillamente. Estudió un momento a la mujer, se soltó de ella─. Eres una voluntaria para el proyecto, ¿no?

─Sí. Se buscaba dos voluntarios para el proyecto, ya sabes, en caso que alguno de los dos colapse, tener un repuesto. ─Sus palabras sonaban tranquilas a diferencia de lo que realmente quería decir.

Yamato frunció su ceño al estudiar sus palabras. Ella notó su confusión.

─¿No te lo habían dicho? ─Ella echó a reír y eso sólo causó que se sintiera aún más incómodo con ella─. Bueno, piensa en lo positivo de todo esto. ─Él siguió en silencio─. De alguna u otra manera, te librarás de tus traumas. De igual forma, si colapsas, lo harás mirando este paisaje. ─Ambos voltearon la vista hacia el mar. La brisa los acarició.

Comenzó a entender que quizá ella tenía razón; sin embargo, la idea de no despertar más comenzaba a perturbarle. Volteó sobre sus pies, volvió a mirar la vegetación que rodeaba la isla. Cuando intentó adentrarse a ella, volvió a despertar en la playa como la primera vez. ¿Era algo normal?

─Jun ─llamó él y ella lo miró curiosa─. ¿Hace cuánto estás aquí?

─¿En la realidad de la playa?

─¿Hay otras más? ─Ella lo miró como si fuese un idiota. Comenzaba a odiarla.

─Por supuesto, hay varias. ─Comenzó a contar con sus dedos mientras comentaba para sí misma la cantidad de realidades existentes─. Creo que son como doce realidades. Cada una con un núcleo que te vincula con tu Yo dormido.

─¿Núcleo?

─Sí, el sitio donde todo vuelve a empezar. ─Señaló entonces la vegetación que tenían a sus espaldas─. No puedes ingresar allí, si lo haces, regresas al inicio de esta realidad.

─¿Qué significa esto? ¿Es un maldito juego? ─Ella negó.

─Existen doce niveles que el cerebro necesita llegar hasta liberar finalmente un trauma del sistema.

─¿Por cuántos niveles has pasado? ─Comenzaba a darse cuenta que él ingresó a ciegas a un proyecto del cual podría morir viviendo una realidad ficticia. Firmó un contrato de ese calibre con puras mentiras o verdades a medias.

─Dos hasta ahora. Desperté en una realidad con nieve, en una cabaña donde necesitaba encontrar la salida sin tener que salir por la puerta principal, o regresaba al inicio del sueño.

─¿Ésta es tu segunda realidad? ─Jun asintió─. ¿Qué sucederá cuando completes las doce realidades?

─Si logras completarlo todo, supongo que eliminas todos los traumas que llevas contigo.

─¿Supones?

─Eso o colapsas y repites cada realidad por siempre.

Él la miró serio y ella no parecía inmutarse en absoluto.

─¿Cómo es que sabes todo esto con sólo haber estado en dos realidades? ─Estaba nervioso. Su acompañante no le ayudaba demasiado.

─Conseguí dar con algunas informaciones mientras investigaba el proyecto. No hay demasiado por rescatar de fuentes legales, moví algunos contactos y di con un poco de información. ─Jun se sentó en la arena, flexionó sus piernas y se abrazó a ellas mientras contemplaba la playa─. En verdad podría acostumbrarme a esto.

─No entiendo algo, Jun. ─Ella lo miró como una niña traviesa─. ¿Cómo te dejaron participar de un proyecto cuya información conseguiste de forma ilegal? ¿Cómo, sabiendo que puedes morir, te incluiste en este proyecto?

Ella volvió su vista al frente y dejó salir un suspiro.

─Había oído un poco sobre el proyecto Other Life, la capacidad de borrar memorias traumáticas a partir de la inserción a una realidad alternativa que configuraba tu cerebro era tentadora. Demasiado tentadora, demasiado perfecta. ─La brisa revolvía sus cabellos, ella cerró los ojos un momento aspirando profundamente el aroma a sal que traía el viento─. He arruinado tantas cosas en mi vida a consecuencia de mis traumas. Me alejé de mucha gente evitando lastimarlos. No tenía mucho por perder. Cuando supe de este proyecto, indagué más hasta hallar algunas cosas, entre ellas, la posibilidad de morir aquí. No era algo que me atemorizara, sólo quiero paz.

─¿No planeas continuar por los otros niveles? ─preguntó Yamato. Ella lo pensó un momento o al menos fingió que lo hacía.

─Por ahora, me gusta estar aquí. Quizá, me mueva cuando me aburra y vaya a buscar algún campo de girasoles donde tirarme a dormir.

La mujer que tenía por compañera no tenía una justificación errónea de su inclusión al proyecto. De hecho, aceptar ser parte de algo que te elimine recuerdos horrendos de tu sistema, no tendría por qué tener una justificación errónea. Todos queremos librarnos de algunos infiernos. La veía sentada en la arena, mirando el horizonte como si fuese para lo único que ella existe. Quizá sea cierto o quizá él tenga más motivos para salir de allí.

Sin embargo, esos motivos lucían lejanos. Se sentó a su lado, con un metro de distancia suya. La miró un momento y luego la imitó, dirigió su atención al horizonte y entonces, volvió a escuchar la voz de Jun.

─¿Qué te hizo aceptar formar parte de Other Life?

Sostenía el papel entre sus dedos, lo sostenía con demasiada fuerza pero seguía sintiendo que no era lo suficiente. Sus ojos azules releyeron todo lo que tenía escrito el papel al menos unas tres veces, se había empecinado centrarse en ciertas palabras claves para él, las que él necesitaba para finalmente aceptar que quizá era lo que necesitaba.

Erradicar traumas vividos.

Programación neurolingüística.

Eliminar secuelas post-trauma.

Eran algunas de las palabras que le supieron necesarias para tomar el bolígrafo que yacía sobre la mesa frente a él. Era de noche, un otoño lluvioso, eran las tres de la madrugada y él seguía sentado en la sala de su departamento con la luz del velador encendido, tenía el papel entre sus manos y lo sostenía con fuerza. Repitió el proceso de lectura pero ya con el bolígrafo en su zurda.

Lo sabía, necesitaba incursionar en el programa Other Life. Quizá sea la única solución que necesitaba antes de acabar como su compañero del grupo de soldados retirados. Una sensación de pesar se asomó sobre sus hombros. Odiaba pensar en que terminaría adornando el baño de su casa con sus propios sesos. No, no podía hacerle eso a Mimi. Ella estaba tan mal como él por culpa de los demonios que lo atormentaban.

Escuchó unos pasos acercándose. Dejó el bolígrafo sobre la mesa como si fuese un niño atrapado en plena travesura. La luz de la sala se encendió y él vio a Mimi con su camisón rosa y un rostro cargado de ensoñación.

─¿Sigues con eso, Yamato? ─preguntó. Sonaba a reclamo.

─No tengo alternativa ─dijo sin ganas de iniciar otra discusión.

Ella dejó salir un suspiro, se recogió el cabello castaño y se hizo un moño con tanta facilidad. Le gustaba ver su cabello entre sus manos, le gustaba ver el modo en que ella le daba la forma que quisiera. Ella era fácil de comprender, no tenía tantos demonios como él, no tenía demasiada ciencia entre sus dedos o en la manera que tenía para recogerse el pelo.

Caminó hacia él y se sentó a su lado, le quitó el papel de las manos y luego lo miró a los ojos. Esos ojos caramelo mirándolo fueron suficientes para él que apartara la vista.

─No fue tu culpa. ─Yamato estaba cansado de escuchar esa frase─. No tienes que hacer esto. Podemos cambiar de psiquiatra o…

─Sabes mejor que yo que no sirvió de nada ─él la interrumpió. Había reclamo en su voz esta vez.

─¿Sabes a qué te estás ateniendo? ─dijo levantando la hoja frente a él─. Es ser voluntario a algo que podría empeorarte. ¿Tienes alguna garantía de que esto podría funcionar?

─No ─respondió él y la miró a los ojos entonces─. Pero estoy cansado de cerrar los ojos y revivirlo todo de nuevo. Para ti es sencillo decir que no fue mi culpa, pero, ¿quién es el que tiene que lidiar con las pesadillas? ¿No eras tú quien quería que busque ayuda? ¿No eras tú quien quería volver a tener un esposo normal?

─¡Yo nunca te dije que no fueras normal! ─gritó.

Volvieron a discutir. Ella lloró desconsolada en el sofá abrazándose a sí misma. Él se sostuvo la cabeza entre las manos, llorando en silencio. Otra noche donde los dos se sentían tan lejanos estando tan cerca. Estaba harto de sentirse tan impotente. Estaba harto de sentirse tan miserable.

Había perdido a su hermano a consecuencia de una mala exploración de un sitio que, creyó, estaba libre de explosivos. Era una misión sencilla en un territorio abandonado por el enemigo, su escuadrón se encargaba del relevamiento del territorio en busca de indicios de la tropa enemiga. Él debía haber hecho una exploración mucho más honda de lo que sucedía allí, pero no lo hizo, no como creyó haberlo hecho. Su hermano y su pelotón avanzaron para continuar la búsqueda en el siguiente tramo.

Nunca olvidaría la última imagen de su hermano antes de terminar asesinado por explosiones bien escondidas entre los escombros que contaba el territorio. Nunca olvidaría el ver a su hermano un momento y al siguiente, la explosión que se lo llevó a él y a otros soldados más que cumplían una labor confiando ciegamente en la capacidad de detección del pelotón que, supuestamente, los respaldaba.

No, esas sensaciones nunca saldrían de su interior.

Jun Motomiya lo escuchó en silencio, quizá por primera vez desde que la conoció, ella guardó un silencio sepulcral hasta que él hubo acabado su relato con lujo de detalles. Ella seguía sentada en la arena, las piernas flexionadas y ella abrazándolas. Sus ojos oscuros lo observaban y él no se molestó en devolverle la mirada. Cuando finalizó su relato, ella siguió en silencio hasta unos minutos después.

─Supongo que el que hayas aceptado ser parte de este proyecto, significa que estabas al borde del colapso como yo ─dijo con simpleza. Él la miró entonces y ella le ofreció una pequeña sonrisa compasiva.

─¿Qué te hizo aceptar formar parte del proyecto? ─inquirió.

Ella volvió su atención al horizonte, seguía observando a la lejanía, parecía amar verdaderamente el paisaje. Entonces, sin decir nada, se levantó del suelo y volvió a tenderle su mano como hace un rato atrás. Él no ocultó su curiosidad.

─¿Por qué no avanzamos al siguiente nivel? ─Yamato quiso protestar ante el cambio de tema repentino, pero ella se adelantó─. No quiero embarrar este paisaje con mi historia.

No tuvo motivos para decirle lo contrario. Tomó su mano y se puso de pie. Ambos caminaron en silencio hacia la puerta que daba al siguiente sitio.

Y así fueron, avanzaron al nivel tres, cuatro, el quinto permanecieron un poco más al tratarse de un bosque tranquilo, el sexto era una montaña nevada, fue el que menos tiempo llevó decidir su ida. Cuando llegaron al décimo, un jardín vasto con árboles frutales y animales silvestres recorriendo como si ellos realmente no fuesen amenaza para ellos, siendo francos, no lo eran.

Jun trepó un árbol de duraznos casi con facilidad, la chica era alta, de extremidades largas y delgadas, tenía fuerza en los brazos, lo supo por el modo en que se columpiaba de una de las frondosas ramas que la ayudaron a seguir subiendo. Ella le fue lanzando algunos duraznos que él cogía con facilidad y los limpiaba con su playera blanca. Cuando ella consideró que eran suficientes, ambos se sentaron bajo el árbol a degustar las frutas que ella recogió. Él le dijo que debía bajar las siguientes frutas, a lo que ella respondió con una risa contagiosa.

─Mejor guarda energía en caso que necesitemos cazar algo ─dijo ella, dando un gran mordisco a la jugosa fruta─. Quizá el siguiente sea un río y tengas que luchar contra un oso para pescar algo.

Ella tenía ocurrencias graciosas, él comenzaba a disfrutar de su compañía.

─Aún no me has dicho qué te llevó a aceptar estar aquí. ─Sus palabras salieron distraídamente, él le quitaba la semilla a su durazno mientras hablaba.

Todos sus conocidos estaban presente. Todos portando ropas negras, cabizbajos, sollozos en silencio, susurros. El incienso inundó la pequeña sala blanca en donde rendían el último adiós a Takeru Takaishi, con la bandera japonesa doblada bajo la fotografía de un risueño muchacho de tan sólo veintitrés años. Tenía rubios cabellos cortos, solía usar gorros horrendos (para él), escuchaba música pop de los 90' y le gustaba escribir poemas, lo sabía, solía leer a los soldados por las noches de guardia que compartían tragos entre ellos, algunos ebrios lloraban amores perdidos o alejados, Takaishi siempre tuvo el don de la palabra, decía que era lo que las mujeres encontraban más atractivo en él, tenía una facilidad para expresar sus emociones, sus dolores, sus vivencias y, lo mejor de todo, sabía cómo entender al otro.

En esos momentos, esas cosas parecían tan lejanas, con su fotografía reposando fría junto a sus cenizas, ya nada parecía importar.

Sintió la mano de su madre tomando la suya. Yamato, con los ojos rojizos, miró a su madre y ésta, con su velo negro y un pañuelo blanco conteniendo los sollozos, lo miró y en ese mar azul que traía por ojos, el corazón de Yamato se rompió.

Cuando era niño, sus padres se divorciaron. Takeru fue con su madre, eran inseparables. Nunca olvidaría las palabras que desató su progenitora cuando supo que el pequeño Takeru se afiliaría al ejército con él. Ella siempre lo culpó por ser una mala influencia para su hermano menor, siempre llevó ese remordimiento con él cuando veía a su hermano menor entrenar. A diferencia de él, Takeru no era una persona que nació para portar armas; él portaba plumas con las que escribía maravillas. Yamato era más tosco, su fuerte eran los números, no las artes o letras, pero compartían la fascinación por la música. Quizá aquel era su punto de encuentro.

Pero ya no estaba allí. Su madre lo culpaba por ello, no hacía falta ahondar en sus ojos llorosos para entender el mensaje.

Llegaron al nivel décimo segundo, el último de todos. Era un campo de girasoles. Un radiante día los encontró a ambos entre altas flores amarillas que buscaban al sol. Buscaban luz. Jun corría entre flores, gritaba como una niña, daba vueltas y bailaba. Era un alma libre. Ella le había dicho que esperaba encontrar algo así, bendita suerte el tener como último destino final, el campo de girasoles que ella buscaba.

Él se mantenía tieso, tocaba con la punta de sus dedos los tallos y algunos pétalos, le fascinaba el modo en que cada una buscaba llegar al sol. Él levantó la mirada al cielo y halló el radiante sol, cerró un poco los ojos, pero no quería dejar de mirar al cielo.

─Podría acostumbrarme a estar aquí ─susurró él.

Nunca fue muy diurno. Le gustaba la noche, la oscuridad, el silencio. Allí tenía todo lo contrario, había luz, ruido y vida. Su alma parecía descansar, parecía tranquila. Cerró los ojos entonces, dejó el calor cubriera su rostro. Dejó que cada tramo de piel fuese purificada por el sol.

De pronto, el pesar de sus recuerdos fueron haciéndose cada vez más pequeños, cada vez menos dolorosos. Él tenía en su mente otras cosas, el calor lo abrazaba y él se dejaba sentir.

Entonces, ya no escuchó la voz de Jun, ya no escuchó el sonido que provocaba su cuerpo contra las flores, ni el sonido de sus pies al danzar. Abrió los ojos y estaba solo, Jun había desaparecido.

─¿Jun? ─llamó curioso al principio. Llamó un par de veces, pero ya no la oía─. Esto no es divertido. ¿Dónde estás?

Silencio.

El viento comenzó a mecer las flores y sus rubios cabellos. Comenzaba a preocuparse. Fue avanzando, apartaba algunas flores para caminar entre ellas, pero no había noticias de Jun. La llamó varias veces, se rebuscó hasta por debajo de las piedras. Ella se había ido.

Abrió los ojos entonces y ya no tenía el cielo por encima suyo, ya no había un sol que quemara su rostro ni girasoles que rozaran su piel. En lugar de eso, tenía una habitación completamente blanca, luces fluorescentes encandilando su vista, el frío del cuarto blanco abrazándolo y un casco en su cabeza.

─Señor Ishida ─escuchó no lejos suyo. Él buscó con los ojos la fuente de la voz, era la mujer de traje con una carpeta en su poder─. ¿Cómo se siente?

─Bien… Un poco atontado.

─Es normal, el suero sigue en su sistema aunque ya no lo inducirá al Other Life ─respondió la mujer con esa sonrisa por educación que le fue dando desde que la conoció─. Puede sentarse, le pasaré una botella de agua. Necesita hidratarse para hacer pasar los efectos del suero.

Aceptó la botella que le tendió y bebió en sorbos grandes. La veía escribiendo en su carpeta.

─¿Puede decirme qué sensaciones experimentó en su viaje a Other Life? ─preguntó la mujer de traje.

─Intriga, inquietud… Sorpresa y calma. ─La mujer asentía a medida que lo escuchaba y escribía.

─¿Ha pensado en las memorias dolorosas durante su proceso? ─Él asintió─. ¿Cómo se siente ahora?

─No… ─Yamato se extrañó al darse cuenta que ya no recordaba algunas cosas de sus memorias, ya no sentía aflicción y el recuerdo de su hermano era borroso. ¿Tenía un hermano? Recordaba su rostro vagamente, recordaba ver a alguien escribiendo en una libreta vieja cerca suyo, algunos recuerdos iban y venía. Su cabeza le daba vueltas─. Sólo recuerdos borrosos. ¿Es normal sentir que la cabeza va a explotar?

─Recuerde que este proyecto tiene como finalidad el remover recuerdos dolorosos. Es una alteración en su sistema, es normal que sienta dolores, pero deberían de pasar en unas horas. Si sigue sintiéndose mal, por favor, no dude en llamarme. ─Le tendió una tarjeta, era una personal. Él aceptó─. Bien, ha logrado completar los niveles y el proyecto en usted, ha sido un éxito. Unas enfermeras vendrán para asistirle si necesita algo más, cuando termine, lo llevarán a mi oficina para concretar el pago correspondiente y firmar los últimos documentos relacionados a los resultados.

Él asintió. La mujer se despidió con un cabeceo pero, antes de marcharse, Yamato volvió a hablar.

─¿Puedo preguntarle algo? ─Ella asintió─. ¿Qué sucedió con la otra voluntaria? Jun Motomiya.

Yamato encontró sorpresa en la expresión de la mujer, era la primera vez que veía una expresión que no sea esa sonrisa por obligación que le dio todo ese tiempo. Enseguida, la mujer volvió a su inexpresivo semblante y esa sonrisa vacía.

─Creo que no lo estoy entendiendo, señor Ishida ─dijo y eso lo extrañó aún más─. Usted fue el único voluntario aceptado para participar del proyecto.

─Pero… Ella dijo que se requerían dos, en caso que uno colapse, tener a otro de respaldo. ─La mujer seguía impasible delante suyo.

─Quizá fue alguna ilusión provocada por su cerebro cuando ingresó a Other Life. A veces, no sólo se generan paisajes ─respondió sencillamente ella y, sin esperar otra palabra por parte de Yamato, dejó la sala.

La mujer, tras cerrar la puerta detrás suyo, tomó su móvil y comenzó a caminar por el pasillo mientras buscaba un contacto en específico. Cuando el nombre Gennai figuró en pantalla, ella marcó el contacto.

¿Qué sucede? ─preguntó la voz de un hombre tras la línea.

─Ella sigue en el sistema.


BlueHead-GreenEyes: Como punto de partida de inspiración para la creación de éste fic, me basé un poco en la película Otherlife (2017), pero sólo como inspiración, la idea en general es creación mía.