Personajes: Yamato y Michael

Género: Escolar

Palabras: explosión y azul

Autora: Midnighttreasure

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El desteñido que amargó mi vida

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La explosión retumbó en los pasillos como si de una bomba se tratase. La gente chilló y los profesores ordenaron a todo el alumnado que se agrupasen en el patio de la escuela. Resultó que simplemente alguien había mezclado componentes químicos que no debía y había sido más un susto que algo grave.

Las preguntas sobre quién fue la persona que era tan torpe como para mezcla base con ácido corrieron como pólvoras, hasta finalmente dar con el culpable: Yamato Ishida. Y a partir de ahí todo fue un caos. Los chicos del instituto se reían por lo negado del rubio para la química mientras que las chicas, sobretodo las flanes de KoD, lideradas por Jun, decían que era imposible que su perfecto ídolo fallase en algo así, que había sido error de otra persona cercana pero él era demasiado bueno para echar culpa a otro.

Sus amigos todavía se reían horas después, tomando unos refrescos en un bar al salir de clase. Yamato refunfuñaba, sonrojado por la vergüenza de un escandaloso Taichi riéndose acompañado por Daisuke y su querido hermano mofándose de él.

—¡Otra vez! —pidió Motomiya por enésima vez—. Cuenta otra vez cómo pasó.

—¡Explotó! —se carcajeó el otro castaño—. Y Yama se quedó ahí, sosteniendo el bote, con cara de tonto y la cara negra. ¡Sus ojos parecían de sapo!

—¡Hubiese pagado por verlo! —se lamentó Takeru.

—Yo lo vi en primera fila y fue divertidísimo —celebró Taichi—. Aunque después saltó la alarma antiincendios y toda la gracia se fue.

—¡Aunque también fue divertido ver a todos corriendo como locos mientras los profesores trataban de poner calma! —rio Daisuke.

Los tres siguieron riendo, con el resto de acompañantes soltando risitas bajas para no calentar la ira del rubio que en ese momento solamente agarraba con fuerza su cola y bebía un trago para poder bajar su ridículo. Estaba tenso, lo sentía él y lo sentían todos, pero aquellos tres parecían ser ajenos, o al menos les daba igual todo. Los nudillos de Yamato estaban blancos alrededor de su vaso cuando una pequeña mano se apoyó en su antebrazo; él frunció el ceño y miró a esa persona, encontrándose con unos ojos miel que sonreían dulcemente. Yamato no supo si eso iba a ser mejor o peor.

—No te preocupes, Yama, todos podemos tener fallos. ¡Yo una vez incluso tiré a mi profesor a la piscina cuando pasé por al lado y me tropecé! —habló, intentando animarle—. De todas formas, es raro. Me has ayudado con química este año así que me sorprende que cometieses un fallo tan básico. ¿Pasó algo en ese momento?

El rubio se envaró de golpe, apretando la mandíbula más si cabía. Mimi notó el cambio pero se mantuvo en silencio a la espera de que el chico fuese el que se pronunciase.

—No ha sido nada —aseguró entre dientes él—. Simplemente me he... distraído.

La chica notó que no iba a conseguir ninguna explicación más y simplemente asintió, dándole un último apretón y alejando su mano. Yamato soltó el aire despacio y disimuladamente. No le había mentido al final... porque sí era cierto que había estado distraído. Distraído justamente por culpa de esa castaña que le hacía parecer bobo tantas veces.

Pero no había sido Mimi la que lo había distraído, no al menos directamente. Había sido el maldito de Michael. Aquel rubio estadounidense estirado, con el uniforme tan perfecto, tan peinado, tan perfumado siempre... y siempre tan cerca de Mimi. Lo odiaba. ¡Cuánto lo odiaba! Odiaba todo de él, y el imbécil del americano no dejaba de aparecer en todos lados. ¿Era casualidad que fuese cuando estaba con la castaña? No lo creía.

Michael había llegado a mediados de curso a Japón. Habían trasladado a su padre a una sucursal del país nipón y se habían tenido que mudar incluso cuando el instituto estaba empezado. Mimi lo había introducido al grupo un sábado en el que los había citado alegando que tenía una sorpresa para todos. La sorpresa, obviamente, había sido una presencia extra.

Al principio a Yamato le había dado un poco igual el rubio desteñido. Todos lo habían saludado efusivamente, sobretodo Taichi, que lo había acogido como uno más desde el primer momento con un ímpetu muy de acuerdo a su forma de ser; Michael casi se había caído cuando le dio un par de buenos golpes en la espalda que lo hicieron tambalearse. Él le había saludado con un corto apretón de manos y un asentimiento; le daba exactamente igual que el americano viniese a su grupo. O eso pensaba, porque no había pasado más de media hora cuando se dio cuenta de que definitivamente no le hacía gracia la nueva incorporación.

Michael estuvo al lado de la castaña en todo momento, y eso hizo que el rubio tuviese el ceño fruncido toda esa tarde. Incluso trató de aprovechar momentos para separarlos, pero no hubo manera. Parecían dos personas siamesas, aunque Yamato pensaba más en el americano como un chicle que no podía despegar de su castaña. Tuvo la esperanza de que no encajase en ese grupo, pero esa misma tarde, de camino a su casa, solo, habiendo visto a una feliz Mimi yéndose del brazo del desteñido, supo que no sería así.

Resultó que Michael tenía la misma edad que Yamato, y casualmente terminó estando en la misma clase del instituto. El rubio gruñó cuando apareció por la puerta y el profesor lo presentó como el nuevo alumno trasladado desde Estados Unidos. El japonés maldijo entre dientes al ver al otro chico saludándolo muy animado, porque se lo estaba previendo. No, pensó en ese momento, que no lo diga... Pero sí, el profesor le preguntó al americano de qué conocía a Ishida y tuvo la cara de decir que eran amigos. ¡Amigos! ¡Como si Yamato fuese a aceptar eso! Pero claro, justamente ese año a Taichi y a Sora les había tocado en la clase B, por lo que en la A solamente estaba él de su grupo de amigos.

El profesor le dijo al americano que se sentase con el rubio, y Michael lo hizo, sonriente, saludando efusivamente. Para colmo el profesor le pidió que le enseñase al nuevo el instituto y lo acogiese, lo que hizo que Michael aplaudiese, contento, y él bufase.

Y ahí siguió su calvario, con el americano pegado a él todo el día. Con los profesores recordándole que le ayudase a meterse en la cultura nipona y poniéndolos en todos los trabajo grupales juntos. Y encima con todo el grupo de sus amigos encantados con la nueva incorporación.

Ahora, mientras todos seguían hablando de su torpeza en química y en que, mira que eran exagerados, casi quema el instituto, no podía evitar pensar en todas las razones por las que odiaba al americano.

Recordaba perfectamente los momentos en los que le molestaba. Como cuando él conseguía sentarse al lado de Mimi y, ¡oh, sorpresa! Aparecía Michael y le pedía, por favor, que le dejase sentarse entre ellos, porque tenía siempre algo que decir o hacer o hablar, ¡él qué sabía! Y encima el descarado después le hablaba a él como si fuese lo más normal del mundo. ¡Como si no lo hubiera hecho a posta para separarlos! Se hacía el majo, haciéndole preguntas, ofreciéndole bebida, ¡incluyéndolo en las conversaciones! Mientras que el japonés no podía decir nada sin delatarse porque Michael simplemente era amable, y aunque Yamato estaba deseando quitarle la mano de la pierna de Mimi cuando éste se apoyaba al reírse, no estaba haciendo nada malo. No oficialmente, aunque para Yamato era odioso.

Tampoco podía olvidar que tenía a todos sus amigos ganados. Vale, que él era bastante emo y que no era el alma de las fiestas muchas veces. ¡Pero eso no le daba derecho a meterse en sus relaciones! Taichi incluso le había llamado para jugar a fútbol sin siquiera avisarle a él. Vale, cierto era que él tenía ensayo con su banda aquel día. Pero, ¿cuándo había frenado eso a su mejor amigo de insistir e incluso aparecer en el ensayo para decirle que fuese con él? ¡Nunca! Porque el castaño era eso, su mejor amigo. Suyo, no de Michael. Y en la última temporada le daba la impresión de que estaba mucho más con el americano que con él. Y no le gustaba ni un pelo.

¡Incluso su hermano estaba unido al rubio desteñido! Y todo desde que le ayudó a declararse a Hikari. ¡Él qué sabía de eso! Estaba muy ocupado para darse cuenta de que Takeru estaba enamorado de la Yagami y que quería pedirle salir. Si se lo hubiese dicho, hubiera intentado ayudarle. Vale, que Yamato no era la persona más adecuada para dar consejos de amor, y más viendo su estado con Mimi, ¡pero debería haber sido al primero que acudiese! En vez de eso, por alguna razón que aún no entendía, había ido a hablar con Michael y éste había conseguido que una nueva pareja naciese en su grupo de amigos.

Y por si fuera poco, hasta su banda había caído bajo el hechizo del deslavado. Porque Yamato había sufrido que la chica que amaba estuviese con el idiota, que su mejor amigo lo abandonase por él, que su hermano lo prefiriese, ¡pero nunca lo hubiese imaginado de KoD! Es decir... ¡eran ellos juntos desde hacía muchos años! Siempre. Cada uno en lo suyo, y desde luego él de cantante. ¡Malditos infieles! Porque recordaba perfectamente el día que llegó media hora tarde al ensayo, porque su profesor le había llamado para hablar de un trabajo de clase. Había entrado al local pidiendo perdón para encontrarse con algo que nunca hubiese esperado. Porque se había encontrado a su banda ya ensayando, y no solamente la música, sino que alguien estaba cantando su canción. ¡Esa canción que había escrito con mucho trabajo y que, para colmo, trataba de su amor por Mimi! Y, adivinad quién era el que osaba cantarla, ¡sí, exacto! ¡El maldito de Michael! ¿Cómo se atrevía? Vale, era cierto que las últimas semanas había estado más disperso y que se había llegado tarde unos cuantos días, uno incluso se le olvidó y no fue, ¡pero eso no le daba derecho a cantar su canción con su grupo!

¡Mierda! Estaba en todos lados y todo el mundo lo adoraba. Y encima solamente él parecía verlo. Nadie más veía los fallos en el chaval, como si fuese perfecto. Solamente él veía que quería suplantarle. Que quería parecerse a él y robarle el puesto. ¡Mierda! Hasta él mismo estaba harto de verlo y al mismo tiempo que ese maldito "vale,..." le viniese a la cabeza, como si su propio cerebro quisiera hacerle ver que Michael no era tan malo, que tenía cosas buenas, que era buena persona realmente, que era tan perfecto como todo el mundo parecía ver. ¡Y una mierda!

¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! ¡Lo odia...!

—¡Yama! —la voz de Mimi le sacó de sus pensamientos homicidas y le devolvió a la realidad.

—¿Eh? —balbuceó, tratando de ubicarse—. ¿Qué? ¿Qué pasa?

—Estamos hablando de cambiar de bar —le explicó la castaña pacientemente—. Michael habló el otro día de una heladería nueva especializada en sabores de mochi. ¡Quiero probarlo!

—Michael, Michael, Michael... —gruñó en voz baja—. Siempre es Michael.

—¡Venga, Yama! —se rio Mimi—. ¡No puedes ponerte así!

—Claro que sí —murmuró—. Siempre él, yo creo que ya es normal que me ponga así.

—¡No seas tan malo, Yama! —la chica le dio un golpecito en el brazo—. No puedes ponerte así cada vez que le gustes a alguien. ¡Es natural! A todos nos pasa.

—A todos nos pasa... —El rubio se quedó congelado de repente—. ¿Qué? Perdón, ¿qué has dicho? ¿Gustar?

—Ya sabemos que te pones un poco insoportable cuando le gustas a alguien; lo vemos cada vez que Jun se te declara. —Yamato se tensó ante la mención de la loca de Motomiya—. Pero Michael nunca te ha acosado.

—¿Qué? ¿Acosar? ¿Gustar? —farfulló él—. No entiendo. ¿Quieres decir que le gusto a Micahel? ¿Yo?

—Claro —afirmó Mimi—. ¿No te habías percatado?

—Pero... pero... —casi tartamudeó él, incrédulo—. Michel... él es... él es...

—¿Te refieres a si es gay? Claro. ¿No lo sabías? —La castaña soltó una carcajada—. Lo es, y me dijo hace tiempo que le gustabas. Fue un poco triste al principio porque ambos estamos enamorados de la misma persona, pero somos adultos y hemos decidido que será que gane el mejor de los dos.

Yamato negó con la cabeza, incapaz de decir nada. Todavía con la nueva información en su mente, y sin darse real cuenta de lo que Mimi acababa de revelarle, solo pudo fijarse en que eso cambiaba mucho las cosas. En ese momento entendió la razón por la que Michael se acercaba tanto a él. Por qué siempre le hablaba. Por qué intentaba entrar a su mundo. Por qué se ponía entre Mimi y él.

En ese momento vio a Michael llegar del baño y acercase a ellos y se envaró. Porque, sí, Mimi estaba en lo correcto y cada vez que alguien se le declaraba o se insinuaba él se ponía tenso. Quizá porque no sabía cómo reaccionar, o porque tenía claro que el amor de su vida era Mimi, pero no quería que nadie se le acercase. Nadie que no fuera ella, claro.

—Buenos, entonces... ¿vamos a IceMochi? —preguntó, alegre el americano.

—¡Sí! —todos corearon, queriendo probar los deliciosos helados.

Todos se levantaron, dispuesto a seguirle hasta el manjar de los dioses que había prometido. Yamato se quedó quieto en su sitio, aún shockeado, intentando asimilar la nueva información que le acababan de dar. La mano de Mimi en el brazo, de nuevo, fue lo que le sacó de su conmoción.

—Vamos, Yama —le dijo, sonriente—. ¡Estoy deseando comer un helado!

Entonces se inclinó sobre él y le dio un beso en la mejilla, muy cerca de los labios. El rubio se sonrojó tanto que pareció que incluso las raíces del pelo se le ponían rojas. La castaña rio, encantada con lo que conseguía, y le guiñó un ojo de manera coqueta. Acto seguido se levantó y dando saltitos se enganchó al brazo de Michael parloteando sin parar sobre los sabores de helado que quería probar.

Entonces el rubio vio que Michael se le quedaba mirando y que le sonreía. Una sonrisa rara, no de felicidad, sino coqueta, guiñándole un ojo en el proceso. Y Yamato se hubiese vuelto a sonrojar si no fuese porque, sin dejar de mirarle, se soltó suavemente del abrazo de Mimi. En vez de eso, y antes de que la chica dijese nada, le sonrió y pasó una mano por la cintura femenina, volviendo a observar al japonés rubio y sonriendo de forma maliciosa.

Y Yamato se tensó de nuevo, y esa vez no por sentirse "acosado", sino retado. Porque no sabía si Michael era gay, como Mimi había asegurado, o en realidad era bisexual y lo estaba retando. Recordó vagamente una noche que entre copas habían hablado de la posibilidad de hacer tríos y Michael había asegurado que a él le encantaría. Todos habían reído, mofándose de que el americano no podría con dos mujeres. Y recordó claramente cómo en ese momento había mirado a Mimi, que estaba bailando alegremente, y después a Yamato, guiñándole un ojo. Y si bien en su día pensó que se estaba burlando de él, en ese momento cayó en la verdad. Y se dio cuenta de que ya le daba igual si Michael quería tener algo con él, porque aún así seguía siendo su rival en el amor por Mimi.

Minutos después, cuando volvía a estar sentado con Michael entre Mimi y él, y con el americano lamiendo el helado mientras lo miraba a los ojos pero sin dejar de acariciar la mano de la castaña, volvió a gruñir, frustrado. Y el azul de sus ojos se oscureció, al ver a la chica sonriéndole. Y se dio cuenta de que iba a luchar por el amor de esa chica. Y le daba igual que el americano fuese tras él, porque se lo estaba pasando realmente bien provocándolo.

Así que bufó internamente, porque no podía evitarlo.

¡Cómo odiaba al desteñido de Michael!


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Midnighttreasure: Le di muchas vueltas a lo que iba a ser este fic y ni sé lo que tardé en encontrar una idea. Sé que muchos podían esperar romance entre Michael y Yamato peeeero no lo veo, y si no lo veo no puedo escribir algo que no suene forzado y poco orgánico. Así que esto ha salido. Espero que la historia se haya centrado en ellos dos, porque era mi idea y me costó mucho no ir al Mimato.

HikariCaelum: Mid me ha dicho que me ponga agradecimiento a mí misma en las notas por el título, así que: ¡gracias yo!