Travesuras del Bosque
.
.
Oneshot
.
Érase una vez, en un extraño y muy peculiar pueblo, en donde el "Hoo ~ Hoo" del suave chuchear de los búhos al anochecer, hacen que tu piel se erice y tu andar en la fresca hierba se detenga.
"Hoo ~ Hoo" otra vez y para esta ocasión ya vas acostumbrándote a su peculiar forma de saludarte.
En el reino Eulen es muy común ver búhos, ya que gracias a su abundancia se le dio el misterioso y noble nombre a su pueblo. Son aves muy queridas, pero también muy respetadas, y al poseer un encanto oscuro y solitario, hacen que algunos también les teman.
Desde la ventana una hermosa y muy peculiar joven admiraba como el sol dejaba de iluminar la tierra tan fría y húmeda del bosque travieso.
—No deberías demorarte más mi hermosa niña, no quiero que en tu camino encuentres lobos que deseen acecharte.
El hermoso cabello negro como las plumas de los cuervos, floto tan grácilmente al volverse para ver a la anciana, sus deslumbrantes ojos color ámbar, tan parecidos al color de los lobos, la miraron amablemente, sus labios tan rojos como la sangre se abrieron para dejar salir una dulce y atrayente voz.
—No te preocupes abuela, no le temo a los lobos feroces—la sonrisa audaz de la joven hacía que su abuela recordara a su difunta hija, su nieta era una copia viviente de lo que una vez fue su mayor tesoro.
—Ten mucho cuidado Bella, no debes entretenerte en el bosque travieso, puede ser muy atrayente y maravilloso, pero también muy oscuro y tenebroso, y como cualquier lugar encantado guarda sus misterios.
—Me portaré bien, lo prometo—una media sonrisa acompañó las palabras de la joven, al mismo tiempo que cruzaba sus dedos detrás de su espalda, rompiendo así la promesa a su abuela.
Se colocó la capa roja sobre su cuerpo y tomó la canasta vacía que había llevado a la abuela con unos aperitivos.
—Adiós abuela, espero poder verte pronto.
Y así, la joven salió de la cabaña en medio del bosque para adentrarse a lo profundo y oscuro, donde los búhos acompañaban con su Hoo ~ Hoo en su andar a la chica.
.
.
.
La mañana siguiente ella despertó muy temprano, se vistió humildemente y empezó sus tareas diarias.
—¡Bella! —grito insistentemente una de sus hermanastras.
Ella escuchó, pero no fue motivo para que saliera a su encuentro.
Había muchas cosas que le desagradaba a la joven, y una de ellas era que en su propia casa la trataran como una sirvienta.
Años atrás, su padre había tenido la pérdida de su madre, no había pasado mucho tiempo cuando él volvió a contraer matrimonio con una mujer que cargaba el título de baronesa, gracias a ella, y su noble linaje, se habían convertido en parte de la rama de la realeza; en la cual podían asistir a bailes de gran magnitud entre gente pomposa.
.
Los días pasaban rápidamente como las hojas que se desprenden de los árboles, y hacen su caída hacia el suelo polvoso, Isabella no sentía que hubiera una diferencia entre ellos, solo el triste aburrimiento de perder el tiempo entre deberes y quehaceres.
De repente… un toque en la puerta hace que sus pensamientos se esfumen y la realidad la absorba.
Abriendo la puerta un joven y gallardo caballero vestido con la armadura del reino la saluda cordialmente.
—Buenas días Mi lady.
Ella hizo una pequeña reverencia en saludo y contestó:
—Buenos días caballero, ¿Que lo trae a este humilde hogar?
—Esta noche se hará una fiesta en honor al príncipe Jasper, y por órdenes propias de él, se nos ha encomendado entregar una invitación a todas las jóvenes casaderas del reino.
—¿Todas? —la pregunta dejaba entre ver una pequeña diversión que el caballero notó rápidamente.
—Por supuesto, mi lady, usted siendo la mujer más hermosa que he visto, tendría el honor de asistir, seguro el príncipe no podrá resistirse al verla.
Al sostener en sus manos tal invitación, Bella tuvo la pequeña idea de esconderla de su madrastra y de sus dos hijas, pero luego lo pensó mejor.
—No, si ellas faltarán no sería divertido.
La tarde pasó despacio y como era de esperarse era toda una algarabía la invitación entre sus familiares, las locas hermanas de la joven, hacían y deshacían los vestidos que usarían esa noche.
—¡Rosalie!
—¡Alice!
Gritaban una a otra incesantemente.
—¡Mamá! —gritaron ambas con desesperación.
Bella llevó una de sus manos a su cabeza y sintió el dolor palpitar en sus sienes, esas dos la llevarían a la locura, así que subiendo las escaleras se encerró en su cuarto y poniéndole llave abrió su armario y sacó el vestido que llevaría a la fiesta.
.
.
.
Sentado en el alféizar de la ventana del castillo, se encontraba un apuesto joven, su corto cabello broncíneo era iluminado por los tenues rayos del sol del atardecer, sus ojos eran muy peculiares y diferentes, el color de sus iris era una mezcla de un verde como el musgo que rodea las rocas en el bosque, y de un tono gris claro cómo el cielo en plena tormenta, ambos colores se fusionan y crean algo simplemente inexplicable para los humanos.
El joven se encontraba sumergido en sus pensamientos que eran tranquilos, pero esperaba que el rumbo de ellos cambiará en el mejor momento.
Él extendió la mano y esperó, a los segundos una magnífica ave se depositó en su brazo.
—Calcifer—lo llamó el joven y el búho alzó la vista para mirarlo.
"Hoo ~ Hoo" contestó el búho.
Él acarició su cabeza con suavidad y el animal cerró los ojos con satisfacción ante el pequeño gestó.
—¡Hey Rumpelstinski! — exclamó un joven alto y bien parecido, desde el marco de la puerta de la habitación.
El ave en el brazo del chico se removió inquieta y empezó a batir sus alas para alzar el vuelo.
—¿Qué sucede con ese animal? —preguntó el joven alto y rubio mientras se acercaba.
—No le agradas, Jasper.
—Entonces es mutuo, tampoco me agrada—Jasper expresó de manera altanera—Dentro de una hora empezará el baile, Edward es mejor que te prepares para verte por lo menos presentable, no eres tan apuesto como yo, pero no hay nada que se pueda hacer al respecto— las sonoras carcajadas se escucharon en toda la habitación, pero el joven cobrizo no hizo caso de ellas.
—Si has terminado te puedes marchar, tu presencia no es grata para Calcifer y para mí.
—Eres tan raro Rumpelstinski igual que nuestro difunto abuelo, por algo te pareces tanto a él—escupió con desagrado Jasper.
Al observar a su hermano menor el príncipe Jasper sintió un ferviente odio hacia él, detestaba que Edward fuera el príncipe que más destacaba de los dos; en las luchas con la espada, el joven era más ágil y sabía encontrar la debilidad de su oponente, en los estudios siempre se destacaba por tener habilidades en estrategias para las guerras, y cómo comportarse como un líder, jamás perdía su serenidad ni se amilanaba fácilmente.
Edward era el príncipe ideal para convertirse en rey, y su padre no dudaba en expresarlo cada vez que tenía la oportunidad. A diferencia de él, Jasper Masen era más el príncipe que siempre se encontraba en la sombra, que por la suerte de haber nacido primero heredaría la corona y se convertiría en rey, pero para él eso no era suficiente, ya que su orgullo era fácilmente aplastado al no poder ser mejor que su joven hermano.
—¿Aun sigues aquí?
Sacándolo de sus pensamientos Jasper volvió nuevamente a la realidad al escuchar la voz y al verlo frunció el ceño.
—Callate Rumpelstinski—dijo y se marchó furioso.
.
Al cruzar el umbral de su puerta, Edward sintió que su espacio brevemente invadido volvió nuevamente a la serenidad que tanto le gustaba.
—Rumpelstinski —los labios del joven pronunciaron el insultante apodo que su hermano le había puesto desde que eran unos niños.
Ese era el nombre del abuelo materno de Edward, la primera vez que lo conoció tenía seis años, era pequeño pero muy ingenioso, siempre hacía bromas, y trataba que la mamá del chico se sintiera bien cuando la veía triste.
Algunos decían que solía ser vengativo y malvado, pero era algo que Edward no estaba realmente seguro.
A Jasper jamás le agradó el abuelo del chico, ni su madre, porque en realidad siempre había odiado que su padre se volviera a casar y que tuviera otro hijo que no fuera de su verdadera madre.
"Hoo ~ Hoo" el ulular de los búhos se hacía presente con más fuerza al llegar la noche, el bosque travieso era el nido de todas ellas, y también el lugar que alberga muchos misterios que él deseaba poder descubrir.
.
.
.
Después de subir a su potro y cabalgar durante media hora hacia el castillo que se encontraba en la cima de Eulen, Isabella por fin llega. Desmonta el caballo y se asegura de amarrarlo en uno de los árboles que colindan con el principio del bosque. No desea que nadie se entere de su inhóspita llegada, no necesita que curiosos se pregunten porque una joven dama llega de la manera más ruda a un baile, no es propio de la nobleza comportarse así.
Al unirse a un grupo de damas que acaba de llegar, la joven se esconde tras su capa roja, evitando que alguien pueda ver su rostro.
—¡Estoy emocionada por bailar con el príncipe Jasper!
—Yo deseo que mi belleza logre cautivar y así convertirme en su reina.
Las mujeres parlotean alegremente mientras avanzan en la entrada del castillo, cuando la joven se va acercando al interior, los murmullos crecen y su corazón late con fuerza.
Por unos breves segundos logra ver a su madrastra y sus dos hijas llenas de alegría por estar ahí, si ellas supieran que también se encuentra en el lugar, la mandarían a latigar sin piedad, su madrastra Ravenna la odiaba tanto que si aún la mantenía viva era por puro masoquismo, la mujer deseaba su belleza más que cualquier otra cosa, y según sospechaba la joven, su vulgar madrastra deseaba arrebatársela, pero aún no había encontrado la manera de hacerlo y por ello no podía darse el lujo de matarla.
.
Camina a un lado de las personas, algunas la veían, pero no ponían mucha importancia en su andar y en mezclarse con ellos, su capa roja era un fuerte contraste con vestidos de colores sobrios y pasteles. Cuando llegó a un punto en el cual tendría la mejor vista y así podría observar a todos, se detuvo y sus ojos ambarinos miraron con diversión a los invitados, su intención no era llamar la atención esa noche, sólo disfrutar un poco antes de marcharse.
.
.
Edward había hecho su presencia junto a su hermano, las mujeres mostraban un placer al contemplarlo y no dejaban de halagarlo por todo. Las fiestas eran la diversión de los nobles, más no de su persona.
Al caminar por los alrededores del salón, de repente se encontró con una extraña invitada. Su capa roja la envolvía como intentado protegerla de la visión de los demás. Él se acercó poco a poco sin intentar espantarla y cuando estuvo a pocos pasos de ella, bajó suavemente lo que ocultaba su cabeza y al descubierto dejó un espectacular rostro.
Al girar la joven con sorpresa, lo dejó completamente maravillado, sus facciones delicadas, su piel blanca como la nieve, sus labios rojos como la sangre, y su cabello negro azabache eran un increíble contraste con su vestido rojo de encajes negros.
Pero sus ojos mostraban una mirada dulce que perturbaba sus sentidos, el color ámbar de sus iris lo atraían como un imán que necesitaba hundirse en ellos.
No había palabra para describirla, porque todas quedaban cortas ante la joven.
—¿Edward, no escuchas que te llamó desde hace varios minutos?
La voz aguda de su hermano quebró la magia del momento, abrió paso a la rabia que jamás había habitado en su corazón, porque solo era cuestión de tiempo que él también se percatara de ella.
Al momento en que Jasper vio lo que su joven hermano observaba quedó paralizado de la misma manera.
—¿Nos conocemos —preguntó acercándose.
—¿Que? —exclamó sorprendido Edward.
—No—dijo ella.
—Entonces permítame que lo hagamos ahora, ¿Bailaría conmigo?
La joven no podía resistir la diversión en ver a esos dos chicos tratando de llamar su atención, era tan interesante la actitud de ambos.
—Sería una descortesía de mi parte el rechazarlo milord.
Ella tomó la mano que le extendía y camino junto a él frente al joven cobrizo que solo se limitó a observar como Jasper se la llevaba. Él apretó los puños y su tranquila serenidad cambió drásticamente a una muy fría y malvada.
Los pensamientos del joven eran un completo desastre en ese momento, la ira nunca ha sido la mejor consejera, y peor en la mente de alguien que en su momento heredó la oscuridad de su antepasado.
Por su lado, Jasper tan audaz como un ave rapaz tomó la delicada mano de la chica y se alejó con ella hasta llevarla en medio del salón donde bailaron al compás de la música.
—¡oh!
—¿Quién es ella?
—Se ve tan hermosa.
Los murmullos se elevaron al igual que los jóvenes mientras bailaban.
Cada una de las habladurías enorgullecen el ego de los hombres y el rubio príncipe no era la excepción, tan imponente y siempre acostumbrado a obtener todo de maneras que incluían las manipulaciones, chantajes y amenazas, esta hermosa joven no sería la diferencia, porque no permitiría que Edward llegase a tenerla.
.
.
Paso tras paso los alejaba de los demás, Isabella podía adivinar las intenciones del príncipe, pero sin interrumpirlo sólo dejó que él la guiará. Cuando llegaron a una terraza el joven se detuvo para admirar a su deslumbrante acompañante.
— Jamás había encontrado una dama más hermosa que usted mi lady— halagos, él creía que así ella se rendiría a sus pies, pero Isabella lo que más le gustaba era jugar.
—Eso es porque en todo este tiempo me he encontrado escondida, milord.
—¿Debajo de las rocas quizás? —dijo Jasper con incredulidad.
Una pequeña sonrisa surcó los labios de ella.
—Siempre tan ingenioso, milord.
—¿Me concedería el honor de conocer su nombre, mi lady?
Ella bajando su mirada y tomando el extremo del vestido hizo una reverencia y con una elegancia digna de una princesa contestó:
—Isabella Swan, milord.
—Isabella, esta noche me fue celebrado un baile para encontrar a mi futura esposa, y creo que puedo dar las gracias a mi padre, ya que por fin la he encontrado.
Las mejillas de la joven se tiñeron de un rosa sutil al sentirse halagada con tales palabras proviniendo de un príncipe.
—Usted es muy adulador milord—las palabras salieron tan naturales que parecían la inocencia más difícil de querer corromper.
Él se arrodilló y tomó sus manos entre las suyas al mismo momento que preguntaba:
—Mi joven y hermosa dama, ¿me concedería el honor de convertirse en mi esposa?
Un simple acepto, resolvería su vida y su desgracia de familia que instantáneamente recordó, pero al llevar su mirada a lo lejos pudo ver desde la oscuridad como alguien escuchaba todo sin querer ser visto, ese alguien cautivaba sus sentidos y la hacía querer descubrir más de él.
No se habían presentado, pero había escuchado su nombre, y eso le bastó para sentir que su cuerpo vibraba ante ese joven escondido, mirándola, observándola, y eso la ¿excitaba? Sí probablemente era la mejor manera de describirlo.
Al instante, sintió como la mirada que se escondía la intimidaba, él debía saber el efecto que estaba causándole porque dio un paso al frente, de repente la imagen del príncipe Jasper volvió a estar en la visión de la joven, que por un momento lo había olvidado.
Cuando sus labios se abrieron para responder, las doce campanadas le dieron el aviso que debía salir rápidamente de allí.
—Mi tiempo se ha terminado milord, espero verlo en alguna otra ocasión—Isabella manifestó intentando soltar sus manos del joven.
—¿Porque tienes que marcharte? No puedo permitirlo, anunciare que he elegido a mi esposa y te necesito conmigo—Jasper rogó pero fue inútil, ella soltó sus manos de las del príncipe y corrió dejando todo atrás, escuchó al joven gritar su nombre detrás de ella, pero no se detuvo, no podría hacerlo.
Más allá de ese castillo y de ese pueblo, había seres que reclamaban su sangre, no había sido su elección, sino más bien un castigo que provenía desde la antigüedad de su bisabuela.
.
.
La joven bajó los escalones a toda prisa al mismo tiempo que lo hacían los dos jóvenes que se negaban a simplemente verla desaparecer.
Soltó el caballo cuando llegó y con rapidez lo monto para luego ponerlo en marcha.
.
Ambos príncipes montaron un caballo cada uno, y salieron en busca de ella, pero sus distancias eran demasiado largas para poder darse cuenta que los dos estaban viajando a la misma dirección.
.
La joven se adentró al sendero que llevaba al interior del bosque, cabalgó unos minutos más hasta llegar a un caminito estrecho, en donde el corcel ya no podría avanzar.
Al bajar sintió la humedad de la hierba mojar su vestido y su capa, pero eso no impediría que siguiera su camino.
"Hoo ~ Hoo, escuchó el ulular de los búhos al ver su llegada, ese era el aviso para todos los que habitaban el bosque, de que un visitante entraba en el misterioso lugar.
Cuando era una niña solían asustarla esos ruidos, solía pedirle a su madre que se marcharan de allí, pero ella jamás escuchaba sus ruegos.
A medida que avanzaba, pudo oír las estridentes risas de jóvenes que erizaban los vellos de la piel de cualquier persona que los escuchara, algunos decían que solo era el eco que quedaba guardado en el silencio del bosque, otros creían que verdaderamente se trataba de brujas que habían habitado dichoso lugar.
En ese momento recordó la historia que su madre solía contarle, mientras se adentraba a la cerrada noche.
Bienvenido a las profundidades de este espeso bosque
Eres un visitante inusual, y por ello he de decir que...
Lo siento, pero desde este punto en adelante,
Tienes que seguir la etiqueta del bosque.
La neblina empezó a espesar y hacer que la visión fuera casi imposible de distinguir, pero como cada noche que ella había visitado el bosque a esa misma hora, sabía que pronto se despejaría y la dejaría entrar para así aceptar su presencia como parte de ellos.
Hoo~ Hoo el búho informa
Hoo~ Hoo que ha llegado un nuevo visitante…
Es el sutil presentimiento de que algo va a comenzar
Al sentir que se encontraba cerca, desprendió la capa que cubría su cuerpo y con gracia dejó que está cayera al suelo.
.
.
Jasper entró al bosque con su ímpetu e impaciencia, jamás había sentido ninguna simpatía por ese inhóspito lugar, siempre lo había detestado por los miles de leyendas que se cernía sobre él.
Lo odiaba, más que a su hermano.
Con desprecio alejo las ramas de los árboles para seguir avanzando, pero estas cada vez se volvían más y más insistentes a intervenir en su camino.
—¡Maldición! —grito airado al sentir como una de las ramas rompía su camisa y creaba una rasgadura.
.
Al lado opuesto y alejado de Jasper, se encontraba el joven Edward caminando despacio entre la oscuridad y la espesa niebla, no veía nada pero confiaba en que por alguna razón inexplicable ese camino lo llevaría hasta ella.
Paso a paso siguió, y el ulular de los búhos no fue un motivo de miedo sino más bien de tranquilidad, estaba acostumbrado a ese sonido, al tener a Calcifer con él cada día.
Su madre siempre solía decir que cada bosque tenía su propio pasado, y él creía muy fervientemente en ello.
Al tropezar con algo, bajo su mirada y se dio cuenta que era la capa roja que la chica llevaba sobre su cuerpo, con entusiasmo se dio cuenta que iba por el camino correcto, avanzó con más prisa por querer verla.
.
.
.
Los zapatos de Isabella quedaron en algún lugar de su camino, y ahora las ramas de los árboles caían a su encuentro para rasgar sus ropas, poco a poco y paso a paso, caían trozos en la hierba.
Cuando finalmente llegó al inmenso lago que escondía el bosque, su hermoso vestido rojo de encajes estaba hecho un desastre; soltando los amarres para despojarse totalmente de su ropa y así quedar desnuda frente a los grandes árboles de abetos y las flores que desprendían su olor como recibiéndola.
Búhos volaron a su alrededor, las largas y filosas garras propinaron varios ataques certeros provocando heridas intensas en su delicada piel, la sangre empezaba a brotar manchando su color blanco como la nieve, siempre había creído que era demasiado pálida, pero en ese momento cada parte de su cuerpo tomaba una tonalidad carmesí.
Los árboles bajaron sus ramas y con firmeza se unieron al ataque de los búhos y rasguñaron su piel provocando dolor, ese bosque poseía vida, de eso no quedaba duda, y podían ser muy severos al castigar a los que lo ofenden y maldicen.
¿Sentía dolor? Por supuesto que sí, ¿loco? Sí pensó la joven al recordar cómo su madre la sacaba cada noche para hacer el mismo proceso, el consuelo para Isabella llegaba de la breve explicación que todas las mujeres en su familia debía pasar por ello, y que como consecuencia también su madre lo había hecho, cuando ella murió, su padre continuó la tradición que ella no lograba entender con claridad, así duro durante unos años, hasta que a la edad de catorce años se negó a hacerlo y en vez de ello se quedó en su habitación, su padre rogó porque lo acompañara.
—Bella cariño, sé que es muy difícil por lo que pasas, y no imaginó el dolor que sientes…—él cayó con pena y dolor en su corazón —y no sabes cuánto daría por librarte de la maldición, pero lastimosamente no se encuentra en mis manos.
—Por favor, mi niña...—suplicó una última vez antes de marcharse.
El castigo que le habían dado por su desobediencia había sido la muerte repentina de su padre, y el hecho de dejarla solo con la única persona que le quedaba en este mundo, su querida y muy apreciada abuela.
Con esos recuerdos la joven avanzó y cuando sus pies tocaron finalmente la fría agua, un temblor derribó la fortaleza, y seguridad en su alma.
Pero no importó, porque su decisión era más firme que cualquier miedo, así que se sumergió hasta lo más profundo haciendo que su cuerpo se paralizará por las heridas y la pérdida de sangre. Isabella sintió como el calor corporal desapareció y abrió paso al frío y la desesperación.
Las veces anteriores no habían sido tan difíciles como esta ocasión, algo impedía que pudiera mover su cuerpo. El aire de sus pulmones deseaba salir, ya no podía seguir reteniéndolo
Ella entró en pánico, movió sus brazos insistentemente "¿Será que este es mi cruel destino?" el pensamiento cruzó su mente y no pudo evitar sentir tristeza, nunca imaginó que a sus dieciséis años moriría y al fin se reuniría con sus padres.
Cuando sus ojos se cerraron, una mano toma la de ella y con fuerza jaló hacia la superficie.
¿Quién es el que osa salvarme?
.
.
El joven tomó la mano de la chica y la jaló con fuerza hasta tomarla en brazos y llegar a la orilla. Al ponerla sobre la hierba comprueba si aún respira y para su suerte puede sentir como su corazón aún late. Hace unas compresiones en su pecho desnudo, para luego tomar su barbilla y poner sus labios en los de ella y dejar que el aire del chico inunda los pulmones de Isabella.
Cuando por fin ella reacciona, sus ojos se abren, y al ver el rostro del joven y su intensa mirada grisácea, una sonrisa escapa de sus labios.
—Eres tú —dice al mismo tiempo que se levanta un poco y pone sus manos en el rostro de él y acercando sus labios lo besa.
—Por un momento creí que sería muy tarde...—la palabra del príncipe la tomó por sorpresa, pero luego suaviza su expresión.
—Creo que el bosque te ha elegido, no eres un visitante invitado, pero te ha permitido presenciar mi ritual.
—¿Ritual? —él preguntó sin comprender las palabras de ella.
Ella pone su dedo índice en sus labios al mismo tiempo que vuelve a tomarlo con los suyos para un beso más profundo.
—Eso no importa esta noche, lo único que quiero es que tú seas mío.
—Pero está herida...—el príncipe intentó persuadir, pero ella sonrió divertida.
—Entonces ayúdame a sellarlas para que sanen más rápido.
—¿Cómo? —preguntó él.
—Lame cada una de ellas—Isabella tomó su rostro y lo acercó a una de las heridas que se encontraba en su pecho izquierdo.
Él bajó hasta donde ella señalaba y sacando su lengua lamió lentamente la herida de la cual brotó pequeñas gotas de sangre. El sabor salado y metálico inundó su paladar, pero no lo detuvo, ella observaba con placer; era un momento tan puramente erótico.
En el contorno de sus pechos iban poco a poco desapareciendo las heridas y dando paso a un hormigueo que serpenteaba tan hábilmente en todo su cuerpo.
La dulce esencia de sus labios lo maravillaron, el roce de sus manos sobre su piel, ella era curiosa, pero a la vez ingenua, todas sus actitudes llamaban a atesorar, no solo por lo hermosa que era.
.
Ella tocaba, saboreaba, jugaba a excitarlo, eso la complacía, él era un sin fin de emociones.
.
La gloriosa punta de los senos que se elevaron orgullosamente para ser devorados por la boca del joven, disfrutaron la sensación, su lengua dibujó un intenso camino, pasando por su estómago y deteniéndose en su vientre, estando allí, la joven lo observó con inquietud.
—Isabella— exclamaron los labios de él con placer.
Ella sonrió y extendió su mano para rozar la punta de sus dedos en el rostro de él mientras la miraba.
Bajando su cabeza y mirando lo que había escondido entre medio de sus piernas, él se lamió los labios como un lobo sediento, ella desprendía un intenso y exquisito olor que moría de ganas de poder probarlo.
Al probar sus pliegues la sintió estremecerse bajo sus manos, él siguió disfrutando, dando pequeños mordiscos provocando los suaves gemidos de ella.
Cuando por fin lamió sus jugos frutos del clímax que le propinó sus intensas caricias, el príncipe volvió nuevamente al rostro de Isabella y la besó fervientemente, al mismo tiempo que se posicionó en medio de sus piernas.
Los ambarinos ojos observaron los intensos ojos verdes grisáceos, y mientras cada uno sostenía su mirada, él entró lo más profundo de su interior, el pequeño dolor que invadió el cuerpo de la chica rápidamente fue alejado por las suaves arremetidas del joven.
Sus manos hábilmente encontraban su erguido pezón y retorcía con sutileza entre sus dedos, haciendo que la espalda de ella se alzará con premura por sentir nuevamente el éxtasis de su amante en cada acometida, por llegar al final de esa forma más gloriosa de unir sus cuerpos.
.
.
La noche había sido la peor de su vida, Jasper se sentía cansado y furioso, por más que había buscado no podía encontrarla.
Al detenerse logró visualizar una sombra a lo lejos, él creyó que era ella y rápidamente corrió, pero al estar cerca, a unos cuantos centímetros, se desilusionó al encontrarse a una anciana de ojos ambarinos.
—¿Qué es lo que buscas con tanto ahínco, joven? —preguntó la anciana con tono curioso.
—A mi futura esposa.
—¿Y quién podría ser la joven que ha cautivado tu corazón? —ella volvió a insistir.
—Isabella Swan— contestó él sin perder el tiempo en misterios.
Los ojos de la anciana brillaron como los lobos cuando empiezan su cacería de noche, en donde ni la oscuridad oculta su más profundo deseo malvado.
—¿Te gustaría saber dónde está? — inquirió la mujer mirándolo con perspicacia, como si dentro de ella tramara algo.
—Sí—contestó él confundido.
—Muy bien, entonces escucha con cuidado, los susurros del bosque te dirán su paradero, pero aquí mismo te advierto que no debes entrometerte sin importar lo que veas.
—¿El bosque? —cuestionó el joven incrédulo.
—¿Acaso no crees en él? —preguntó la anciana—Cuidado...porque tus palabras pueden ser las últimas en salir de tu boca.
La anciana lo miró por última vez y se retiró por su propio camino dejándolo sólo.
—Anciana loca— dijo Jasper en voz baja.
Pero nada perdía con intentar escuchar, y tal como le había dicho la anciana, lo hizo, cayó sus pensamientos, y solo escuchó su respiración y sus latidos.
De repente creyó escuchar algo…él frunció el ceño confundido, pero lo siguió.
Esta vez era más fuerte, ¿Se estaba acercando?
—¡Ah!
Lo último lo oyó mientras las ramas de los árboles se abrían a su paso, cuando estuvo cerca y podía ver lo que había frente a él se sorprendió.
Todo lo que había escuchado antes, eran los jadeos y gemidos que Isabella daba con cada embestida que el hermano menor le hacía.
Jasper observó detenidamente
Sintió cómo su cuerpo se encendía, pero no de placer, sino de rabia.
La joven se encontraba desnuda encima de su hermano mientras se movía, lo empalaba de manera obscena, sin pena ni vergüenza, porque no había nada más que ellos allí, y ese maldito bosque que ya odiaba, pero que ahora aborrecía.
Su pequeño hermano la cambiaba de posición a su antojo, y ella con gusto lo recibía.
—¡Maldita zorra! —exclamó tratando de gritar y sorprenderlos, pero sus palabras habían sido ahogadas por los susurros de las hojas al ser movidas por el viento.
Con ira Jasper empujó la rama que había bajado para quitarle la visión de la pareja, pero cuando esta regresó lo hizo con fuerza empujándolo a él al suelo.
—¡Mierda!
Intentó levantarse, pero unas hiedras encontraron sus pies y se enredaron en él, subiendo poco a poco, Jasper cogió con sus manos la espada que siempre llevaba a un costado y con ella rompió la enredadera que lo aprisionaba.
—¡Suéltame asquerosa planta! —grito iracundo.
Más hiedras cubrieron el camino y subieron por sus pies cubriendo sus piernas, presionando con tal fuerza que la sangre no lograba seguir circulando en esa parte de su cuerpo, algo que hizo que sus piernas se helaran y posteriormente se arrodillara, haciendo que cayera al suelo humillantemente.
—¿Qué es esto? — preguntó el joven a la nada.
los susurros del bosque te dirán su paradero, pero aquí mismo te advierto que no debes entrometerte sin importar lo que veas.
Las palabras de la anciana se repitieron una y otra vez en su cabeza.
La espada se clavó en el suelo y con ella intentó sostenerse.
"Hoo ~Hoo"
Los búhos pululaban a su alrededor.
" Auuu~auuu"
De repente escuchó el sonido de unos lobos aullar, Jasper Masen observó sus alrededores sin poder moverse, poco a poco el terror lo invadió y el miedo tomó paso en su valentía y su orgullo.
Los lobos se aproximaron, lo vieron arrodillado y se relamieron sus hocicos como saboreando la presa antes de probarla. Al llegar a unos centímetros lo olieron.
Este será mi maldito final pensó el joven con miedo.
Y sí probablemente esté sería su final o ¿no?
Extrañamente tal vez su suerte cambiará, y el príncipe Jasper podría sobrevivir.
Las hiedras lo soltaron y los lobos fueron sorprendidos por el ataque rapaz de un búho que los desafiaba. La pequeña distracción le dio la oportunidad para salir de ese desenlace tan trágico, pero cuando por fin había logrado escapar o inútilmente correr, un gruñido frente a él heló su cuerpo, haciendo que este se paralizará.
¿Cruel destino?
La risa histérica del joven inundó el bosque, al mismo tiempo que un dolor cruzó su brazo izquierdo, sintió los filosos colmillos penetrar su piel para luego sentir el desgarre de su otro brazo.
Sus extremidades fueron quebradas y cortadas por los lobos, que gustosamente quitaban parte por parte, luego las masticaban para relativamente volver a cortar más.
La sangre llenaba la hierba y el olor a metal y óxido se expandió alrededor.
¿No lo devoraron de una sola vez?
No.
¿No le propinaron la muerte instantánea?
No.
Lo hirieron lentamente, como un asesino que disfruta de su caza y de ver sufrir a su víctima.
.
.
.
Cerca del lago, los dos jóvenes se encontraban abrazados.
—Edward
La joven lo llamó y él se volvió a verla. Ella elevó su mano para tocar su rostro al mismo tiempo que pronunciaba las palabras dulcemente:
—Eres mi inusual visitante, no invitado a las travesuras del bosque Eulen.
Nadie sobrevive si no ha sido invitado.
Esas últimas palabras sólo quedaron en un efímero pensamiento en la mente de la joven.
.
.
La repentina brisa de los árboles traía un escalofriante canto sin rima, del cual todos los animales que allí habitaban prestaban mucha atención:
Laau~laau lo que quieras ver
Laau ~lauu depende de ti
Lo siento, pero tu aquí eres un visitante no invitado
Hoo ~Hoo el búho informa
Un presentimiento de que algo va a comenzar
.
.
.
Al sentir que alguien se aproxima, los lobos llenos de sangre en sus hocicos se levantan y alejan con miedo.
La mirada ambarina observa al joven que aún sigue latiendo su corazón, a pesar de que ya no posee sus dos brazos, su pierna derecha y solo la mitad de la izquierda.
Su cabeza y tronco del cuerpo aún siguen allí.
—Aún te aferras a la vida— dice con ironía la ya conocida voz para el joven— Eso es impresionante ¿no crees pequeño Calcifer?
Su consciencia lo traiciona o eso es lo que piensa, porque duda que aun siga con vida.
El pequeño búho aún joven, mira el cuerpo fijamente y solo dice:
"Hoo~ Hoo"
—Creo que le daremos una oportunidad…
.
.
.
Hola, ¿que les ha parecido? me gustaría saber su opinión.
Y posiblemente profundice un poco más en la historia, gracias por leerme y darme una oportunidad.
Bye bye
