Personajes: Yamato y Maki
Género: Hilo rojo del destino
Palabras: mar y éxtasis
Autora: Key Kirishima
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Amor Relativo
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"La relatividad está relacionada con la posición en que se encuentre la persona"
Primera posición: Colegas
Maki Himekawa
«No se puede atravesar el mar simplemente mirando el agua»
Nunca había sido un hombre impulsivo, Yamato Ishida se caracterizaba por ser una persona muy reservada y meticulosa, pero había alguien que rompía un poco aquellas cualidades de él.
Era la mujer más atrevida e imprudente que había conocido, lo peor no era solo eso, también la encontraba bastante atractiva y ni hablar de su personalidad, que aunque algunas veces él considerara que abusaba del humor negro, al final le encontraba algo de gracia.
Habían pasado cuatro meses desde que él había ingresado al departamento de física, aún era un novato en el lugar, pero sus superiores lo habían tratado con amabilidad y apoyado en su proyecto.
Después de todo era un recién graduado y fue gracias a su tesis de "El mundo digital y el espacio" que le ofrecieron una beca en la Agencia Japonesa de Exploración Espacial, si todo marchaba bien podría llevar su proyecto a gran escala en Estados Unidos, porque aunque su país tenía un muy buen manejo de la tecnología, no negaría que en temas del espacio, la experiencia era algo que debía tomar en cuenta.
—Soy Himekawa, Maki Himekawa —se presentó la fémina hacia él extendiendo su mano.
Lo sé, casi se le escapa decir al joven rubio, desde que llegó obtuvo, por pura casualidad, el dato de su nombre. —Y desde hoy seré tu compañera de departamento, aunque no estaré todo el tiempo —dijo a modo de disculpas.
Una lástima, pensó Yamato.
—Es un gusto —alcanzó a decir, pasando su mano por su bata antes de brindarle la mano a la chica que se estaba presentando, no quería que notara su sudoración excesiva—. Soy Yamato Ishida y bueno, solo tengo cuatro meses aquí —manifestó con modestia.
Aquel gesto le pareció algo lindo a la castaña.
—¡¿Pero qué dices, Ishida?! —le sorprendió uno de sus superiores rodeando su brazo sobre su hombro con demasiada efusividad—. ¡No seas modesto, hombre! —dijo entre broma y seriedad, para seguidamente mirar a Maki—. No le creas, este tipo es un genio. Tengo un buen presentimiento —argumentó de manera seria.
Yamato prefirió no decir nada y dejar que la recién llegada fuera formado su propia opinión de él.
Solo esperaba que no pensara que era un engreído.
«Es importante adquirir el conocimiento de diferentes pensamientos, opiniones y puntos de vista. Si lo haces desde uno solo, te vuelves rígido y tedioso. Si entiendes al resto, serás alguien completo»
Aquellas palabras eran las que su amigo de la infancia le había dicho alguna vez y no pensó que las volvería a escuchar a estas alturas de la vida, quizás aquel pensamiento es el que le valió para convertirse en diplomático entre ambos mundos, definitivamente era un sabio consejo.
Y el motivo por el cual lo estaba recordando se debía al enfrentamiento que tuvo con uno de los líderes de grupo, el cual había señalado a cada parte de su presentación detalles que ni siquiera a él se le hubieran ocurrido.
Aunque esta vez la voz de quien las escuchó no era de su viejo amigo, sino de Maki.
Una vergüenza más, pensó para sí mismo.
—Lamento que hayas tenido que ver esa presentación —ofreció y por alguna razón sentía que debía disculparse—, sé que no viniste aquí para ver presentaciones mediocres.
Yamato no lo notó, pero aquellas palabras hicieron que Himekawa lo viera con dolor.
—No has hecho nada malo, Yamato —le comentó sentándose a su lado y antes de que el rubio se levantara para alejarse, tomó su mano—. Tu presentación no tiene errores —le dijo con voz fuerte—, fue la manera en que aquel idiota expresó sus ideas lo que te hace verlo así —declaró con firmeza—. No dejes que esto te hunda —añadió para luego retirarse—. Sé que eres lo suficientemente listo para evitar que esto vuelva a ocurrir.
Segunda posición: Transición al cuadrado
Yamato Ishida
«Creo que las personas pueden cambiar su vida si se lo proponen. Creo en las segundas oportunidades»
Antes de retirarse Maki Himekawa le había brindado aquellas palabras.
Nunca estuvo tan agradecido de haber fallado.
La siguiente reunión con los jefes de departamentos era en dos meses y de aquello dependería una buena recomendación para su aplicación a la NASA. Esta vez no habría errores.
Yamato se encargó de prever cualquiera pregunta que le pudieran hacer, investigar cada punto que iba a presentar, traer los experimentos más reciente a relucir, no lo agarrarían con la guardia baja otra vez.
No frente a ella.
«Muchas cosas que parecen amenazantes en la oscuridad, se vuelven agradables cuando las iluminamos»
Su superior lo felicitó por su buen desempeño tanto en la presentación como a lo largo de su estadía en la agencia, una buena recomendación era la menor de las recompensas que había recibido aquel día, pues gracias a las palabras de aliento que obtuvo, fue capaz de buscar a la doctora Maki y confesarle sus sentimientos.
—Lo siento, yo… debo retirarme —dijo intentando parecer agotado por el trabajo y su mentor entendió que ya había pasado por mucho—. Quisiera descansar un poco —comentó con la mirada baja, no quería parecer altanero.
El superior le sonrío.
—Está bien, creo que ha sido mucho por hoy. —Sonrió amablemente mientras se retiraba al salón de conferencias para integrarse con sus colegas, pero antes de abrir la puerta se giró para decirle—. La doctora Himekawa debería estar por irse en unos diez minutos.
Aquellas palabras alarmaron a Yamato, más que por el hecho que su jefe directo supiera de su interés amoroso. Maki podría irse en cualquier momento y ese era su último día.
Si no era hoy, podría no verla jamás.
Corrió a lo largo del pasillo en dirección a su oficina, el tiempo apremiaba y el elevador no era la mejor opción, fue por las escaleras de emergencia y subió tres pisos en tiempo récord, para cuando llegó, afortunadamente la encontró.
—¿Qué sucede, Yamato? —le preguntó preocupada—. Estás totalmente agitado. ¡Tranquilízate! —le suplicó con preocupación.
Con grandes bocanadas de aire Yamato pudo regular su respiración, sólo por fuera, porque su corazón iba a salir de su pecho en cualquier momento, por los nervios.
—Doctora… No, Maki —los nervios lo estaban atacando—, yo… no sé cómo decirlo, nunca he intentado confesarme antes, pero… —Respiró profundo para calmarse antes de proseguir—. Me gusta, Doctora Maki, y no en el sentido de una hermana o amiga, me gusta como interés amoroso yo… quisiera saber si soy correspondido o no —finalizó con rubor en sus mejillas, el silencio de la castaña le hizo creer que no había más que decir así que dio media vuelta y casi que corría, de no ser porque alguien lo tomó por la bata.
—Yo… no tenía ni idea —le dijo avergonzada—, lamento mucho si alguna vez fui grosera contigo, a mí… me gustas, Yamato —confesó—, pero nunca lo vi como algo más que un cariño entre colegas, claro que me gusta pasar el tiempo contigo, claro que me gusta reír contigo, pero no sé si yo… —No sabía qué más decir, Yamato no sabía si su corazón estaba siendo aplastado o restaurado, cada palabra hacía un remolino en su interior.
Ante su silencio, la tomó de las manos y las miró a los ojos.
—¿Quisieras intentarlo conmigo? —preguntó y el abrazó que recibió, acompañado de lágrimas, respondieron por ella.
Era un sí.
«Tu vida está donde quiera que estés, te guste o no»
Por alguna razón su hermano había dejado la televisión encendida en aquel programa de cocina y la presentadora había dicho aquella frase, solo había escuchado su voz, pero estaba totalmente llena de verdad a su parecer.
Seguramente su hermanito quería recrear alguna receta, es bien sabido entre ellos que las dotes culinarias no los heredó Takeru, aunque para su consuelo, Yamato siempre alegaba que se debía a que se las tenía que arreglar para darle de comer.
Quizás por eso se sintiera responsable de que no estuviese alimentándose debidamente ya que estaba tan lejos de su país natal.
—¡Ya regresé,hermano! —le gritó desde la pantalla dando un giro en su silla antes de alinearse frente al computador—. ¡Mira! —Un libro era lo que sus manos estaban sosteniendo, la sonrisa del menor era imborrable—. Debería estar llegándote en unas semanas, el correo internacional es algo de pura suerte.
—Lo esperaré con ansias —confesó con orgullo—. Felicidades —añadió intentando sonreír.
—Hermano —le regañó su hermano menor—, no me felicites con esa cara —reclamó con enojo—. Mi primer libro no merece ser tratado de esa forma, dime, ¿sucedió algo con la doctora? —Su hermano nunca la llamó por su nombre, a ya casi un año y medio de lo que consideraban relación, aún no se acostumbraba, pero ese año y medio llegó a su fin la tarde anterior, cuando Maki Himekawa había terminado con él.
No podía odiarla, las razones eran totalmente válidas, en parte fue su culpa por no aportar mucho a la relación, dejándola meses sin saber cómo se encontraba, hablando del trabajo cada vez que se conectaban, aunque no podía echarse la culpa por completo, solo trataba del trabajo porque ella sacaba el tema, parecía que nada más le importaba, los temas personales no eran algo que salieran a flote en sus pocas conversaciones.
Creía que se debía al hecho de que ahora tenía un cargo distinto y había más peso sobre sus hombros, pero aun así, no era motivo para aquel cambio de actitud.
O quizás siempre fue así, pero él no lo notó.
—La veías con ojos de amor —le dijo su hermano, como si fuera un experto en el tema. Yamato no pudo evitar rodas los ojos.
—Eres insoportable —le dijo al menor.
—Y aun así me quieres, hermanito —le dijo enviándole un beso a través del monitor—, pero hablando en serio. ¿Qué sucedió? ¿Tan mal te trató que ahora andas de ese humor?
—No, la verdad fue muy sincera conmigo —comentó el mayor.
—Entonces tu mal humor es algo típico de ti —bromeó Takeru, recibiendo una mirada de reproche por parte de Yamato—. ¡Está bien, está bien! Lo siento —añadió levantando las manos en señal de rendición—, no me burlaré más continúa.
Yamato lo miró con los ojos entrecerrados demostrando desconfianza, pero en estos momentos necesitaba hablar con alguien.
—No hubo peleas, ni reclamos, me dijo que la razón principal era porque la oportunidad que fue tomada ya había hablado, no funcionamos como pareja, más bien como amigos.
—¿Y qué le dijiste?
—Que tenía razón.
Hubo un repentino silencio por varios minutos.
—¿Y por qué te afecta tanto? —cuestionó Takeru intentando imaginar el verdadero problema de la situación, la mente de Yamato Ishida, puede que sea un genio, pero en cosas del amor es muy lento.
—Porque hasta que ella lo dijo no tenía idea de que estaba soportando tanto —confesó— y me pregunto qué tanto tuvo ella que aguantar para llegar a su límite.
—No lo veas así. —Takeru tenía un modo muy distinto de ver la vida, no por nada se le hacía fácil la escritura de diversas historias, su perspectiva de la vida siempre tenía un lado en el que no siempre se considera lo llamado "sentido común"—. Piensa en lo que ella te dijo, no terminaron mal, es más que obvio que quiere seguir siendo tu amiga y una verdadera amiga no lastimaría a sus amigos. —Cuando Takeru Takaishi se ponía en modo sabio, a Yamato le aterraba.
Porque solía tener razón.
—Creo que fue mejor que terminaran, ambos están de acuerdo en que no eran el uno para el otro —agregó esperando la reacción de su hermano.
"¿Por qué sacrificar el buen final de la amistad que tuvieron por pensamientos tontos acerca de cosas que nunca sucedieron?", pensó Yamato.
«Lo más importante es siempre creer en uno mismo, pero una pequeña ayuda de los demás es una gran bendición»
Nuevamente aquella voz sonó en el fondo de la habitación donde se encontraba el Takaishi.
—¡Por un demonio, Takeru! ¿Quién está diciendo todas esas cosas?! —ni siquiera él mismo sabía por qué preguntaba con tanto enojo.
Quizás porque estaba escuchando palabras que necesitaba.
—¡Oh! Eso —exclamó el rubio menor sin darle importancia la humor de su hermano—, es un programa de cocina, acaba de terminar, lo vi porque estaba en la guía semanal, pero al parecer cambiaron de presentadora —explicó buscando en internet el nombre de la presentadora— ¡Aquí está! —celebró su hallazgo—. Mimi Tashikawa —informó.
Aunque ni siquiera la imaginación de Takeru pudo prever lo que sucedería.
«El destino es algo extraño, nunca se sabe cómo van a resultar las cosas: pero si mantienes tu mente y corazón abiertos, te prometo que encontrarás tu propio destino algún día»
Tercera posición: Amigos
Era increíble que la volviera a encontrar, aquella vieja amistad que creyó no volvería a ver jamás.
Bueno, al menos ahora le puede llamar amistad.
Para la época en que Yamato conoció a Maki, ella era una doctora invitada en la agencia donde él se encontraba realizando un internado, el cual había inaugurado para la investigación de los compañeros Digimon y su interacción en el espacio, ella —como antigua niña elegida— y ahora investigadora del gobierno de Japón, aportaba con su presencia e información recopilada a la causa.
Nunca imaginó que una visita a su antigua universidad, en Tokio, le permitiría disfrutar de tan alegre compañía, solo que esta vez no era como estudiante, sino como profesor, o al menos alguien con el suficiente conocimiento y la docencia para impartir una clase.
—De todas las personas que pensé en encontrar, eras la última a la que esperaba ver —comentó Maki mientras caminaba al lado de Yamato—. Han sido muchos años. —Sonrió con una expresión de nostalgia.
Yamato estaba de acuerdo con ella, el tiempo había pasado lento, pero fue vital para que él se recuperara, específicamente, para que su corazón aclarara sus sentimientos.
Y es que Maki había sido el interés amoroso de Yamato en sus años como interno, sin embargo, tras haberlo intentado, ambos se percataron de que su relación no podía ser más que de amigos.
Unos muy buenos amigos.
—No creí que llegara el día en que viera al tímido y reservado Ishida dando una conferencia —dijo la castaña—, es increíble ver cuánto has cambiado.
Yamato sonrió, debía admitir que había cambiado, para bien.
—La verdad es que no quería aceptar la invitación —confesó abriendo la puerta de la sala de profesores y haciéndose a un lado para que su acompañante pasara primero.
—Gracias —susurró ella adentrándose al salón—. ¿Por qué no querrías hablar de algo que te gusta? O mejor dicho, que te apasiona —indagó mientras tomaba asiento en la silla que Yamato le había sacado.
—La verdad es que nunca me ha gustado hacer apariciones públicas, pero Mimi dijo… —Cerrando la boca por instinto y casi salpicando el café que estaba preparando.
¿Por qué estaba nervioso?
Pero cuando dirigió su mirada a Himekawa, ella le respondió con una sonrisa.
Definitivamente, todo había quedado en el pasado.
—Te dije que cuando nos volviéramos a ver esperaba que hubieses encontrado a tu complemento —añadió con voz dulce, mientras recibía el café hecho por el rubio —. Veo que ha sido así.
Yamato se ruborizó.
—Mimi llegó a mi vida de una manera muy especial —comentó mientras sonreía ante el recuerdo.
Si por especial se refería a que le gritaran pervertido en plena calle por ayudar a evitar un robo, sí, fue muy especial.
—Al final fuimos detenidos por alterar el orden público, de no haber sido por mi hermano habríamos pasado la noche en prisión —soltó sintiendo un alivio, que hasta el día de hoy, lo relajaba. No quería tener un expediente delictivo ni nada parecido.
—Parece que ha traído algo de alegría a tu vida —comentó Maki, soplando su taza de café.
Una vez más, sus mejillas se tornaron rojas.
—Y eso confirma que no es lo único que te ha traído —dijo con una sonrisa—, no sabes cuánto me alegra que encontraras el otro lado de tu hilo rojo.
—Pensé que habías dejado de creer en esas cosas —le dijo él mirando su taza de café.
—No lo he hecho y parece que tú finalmente me das la razón —respondió con aires de victoria—. Estábamos destinados a alguien más —mostró en ese instante el anillo que decoraba su dedo—. Me caso en un mes —informó alegre—. Apreciaría mucho que pudieras asistir a mi boda, quería invitarte personalmente, pero no podía comunicarme contigo. —El Ishida soltó una risa, siempre intentando competir, típico de Himekawa.
—Sí —carraspeó antes de volver a hablar—, eso es una larga historia, pero básicamente por seguridad tuve que cambiar mis dispositivos y cerrar varias cuentas, no puedo decir más.
—No es necesario —comentó ella con una cara que Yamato no supo interpretar.
Sabía que ahora la veía como era en realidad, sin los famosos "ojos de amor"
—Puedo arreglar mi agenda y pedirle a Mimi que haga espacio en la suya, le encantará conocerte —añadió cambiando retomando el tema y terminando su café.
—¿Le hablaste de mí? —preguntó curiosa la castaña.
—Por supuesto —respondió—, hablamos mucho de todo un poco y ese fue el resultad o—añadió recordando la ocasión en que Mimi lo esperaba para hablar en el apartamento—. Creo que quería asegurarse de que realmente estaba tomando la decisión correcta, antes de pedirme matrimonio —se había levantado para servirse otra taza de café, estaba seguro que de verdad era un adicto, y cuando giró para preguntarle a Maki si quería un poco, la encontró con la boca abierta.
—¿Qué te sucede? —preguntó extrañado ante el rostro que estaba presenciando.
—¿Te pidió matrimonio? —casi que gritó por la impresión, afortunadamente solo había un profesor en la sala y parecía muy distraído con la videollamada que estaba teniendo en su laptop.
—¿P-por qué gritas? —la regañó Yamato mirando a todas partes verificando que nadie se haya alterado por el grito repentino—. ¿Qué tiene eso de malo? —le preguntó con cierta molestia en sus palabras.
—Nada —contestó—, no tiene nada de malo, es algo inusual, pero no tiene nada de malo.
—No te culpo por tu reacción, a mí también me tomó por sorpresa, pero aquello sólo me confirmaba que Mimi era diferente.
—¡Sí que lo es! —concordó Maki con emoción—. Pero, ¿por qué no llevas tu anillo?
—Ah —exclamó sin preocupación—. La asesora de publicidad casi se desmaya cuando se enteró que era casado, dice que si queremos recibir donaciones, no debo mostrarlo en público —se lamentó, no era algo con lo que estuviese de acuerdo, pero si ayudaba a la investigación, quizás podría hacerlo.
—¿Estás seguro? Creo que Mimi podría molestarse.
—Para nada, hablamos de esto y aunque le pareció extraño, lo comprendió. Ella me pidió el mismo favor para su programa de cocina, de igual forma ya tenemos pensado presentarnos en su programa de cocina para hacer el anuncio —informó con tranquilidad.
—Bueno, si tú lo dices.
«El destino es algo extraño, nunca se sabe cómo van a resultar las cosas, pero si mantienes tu mente y corazón abiertos, te prometo que encontrarás tu propio destino algún día»
—Y con ustedes, el Doctor Yamato Ishida —los aplausos no se hicieron esperar, la mayoría del público estaba formado por féminas, ya sea que fueran estudiantes, profesoras o posibles donantes a su investigación.
Nada podía salir mal.
Su esposa lo estaba viendo en vivo desde Francia, ya que no pudo acompañarlo en aquel momento, sentía el amor y la confianza que los había consumido desde que comenzaron su relación.
Su amiga, aquella que había tenido un gran impacto en su vida estaba con él luego de siete años, estaba presentando el proyecto de su vida.
Yamato Ishida sentía el éxtasis del momento. Nada se le comparaba a lo que sentía en aquel momento.
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Notas: Recientemente terminé de ver "La leyenda de Aang" por lo que las frases del tío Iroh se me hicieron muy lindas para incluir.
He revisado varias veces, pero aún así puede que algo esté mal escrito, lo lamento por eso. Por otra parte, sé que el final puede no ser el esperado, pero yo solo seguí mi corazón de escritora \OwO/. Espero hayas disfrutado de la lectura, y el posible cambio de narración a medio escrito, lo siento. También por el posible OC que cometí con Maki y Mimi, lecturas recientes me han hecho fluctuar mucho en cómo representar a esta última en un fic.
Y finalmente ¡Gracias por leer!
