Vaya, unas piernas como esas merecían el frenazo que se había visto obligado a dar. Sin duda que lo merecían. No se acababa de acostumbrar a esto de los coches. Aunque, definitivamente, ese Masseratti le encantaba. ¡Un momento! no puede ser ¿sabelotodo Granger? ¿en Madrid? ¡¿Qué?!. Draco Malfoy tenía, definitivamente, un mal día.

La chica terminó de cruzar el paso de cebra, ajena por completo al mago rubio que la miraba, anonadado, desde el coche. Tenía prisa, sus amigas no le iban a perdonar que llegase tarde otra vez, y aparecerse en medio de una reunión muggle tampoco le parecía una buena idea. Necesitaba un taxi, y lo necesitaba con urgencia.

Tras la guerra, Draco Malfoy había decidido poner tierra de por medio, y alejarse cuanto le fuese posible de los malos recuerdos y las miradas acusadoras. ¡Si ellos supieran!, pero ellos pensaban que había sido un seguidor más de Voldemort, y que así siguiera siendo. Ahora vivía en Madrid; una ciudad cosmopolita, con clase y donde, además, tenía importantes negocios heredados de Lucius. Pero, sobre todo, una ciudad donde era uno más. Donde nadie se asustaba al verlo.

Pero hoy era un mal día. Su secretaria había decidido despedirse - ¡se iba a casar! ¡a quien se le ocurre! - no encontraba a nadie para sustituirla, y, para colmo de males, su madre pretendía llevarse a una de las chicas Greengrass de vacaciones a Madrid durante el próximo mes. No, definitivamente, cruzarse con una escultural Granger, enfundada en un ajustado vestido beige por Madrid, era lo último que necesitaba ese día. Draco aceleró el coche. Necesitaba adrenalina, o acabaría matando a alguien.

Hermione se giró, al escuchar el acelerón del coche que salía, haciendo rechinar los neumáticos contra el asfalto. Sacudió la cabeza pensando en la cantidad de atropellos que se evitarían si la gente condujese con más cabeza y apuró el paso. Definitivamente, iba a llegar tarde. Le encantaba su trabajo en la nueva ciudad a la que el Ministerio la había destinado. El puesto de enlace diplomático en Madrid para los próximos 5 años había sido el premio al arduo trabajo desempeñado restableciendo las relaciones internacionales de Inglaterra tras la guerra. Sí, sin duda lo merecía. ¡Y el clima era fantástico! ir en manga corta en mayo era una novedad, sin duda alguna. Solo llevaba 5 meses en la ciudad y ya había forjado un gran vínculo con las chicas del edificio muggle en el que vivía. Harry y Ron venían a menudo de visita, decían que les gustaba mucho España, pero, a Ron le gustaban más las españolas que España. Por fin divisó el cartel del restaurante en el que iban a empezar la noche. Hoy celebraban el primer viernes pre-boda ¡sólo faltaba un mes para la boda! Julia estaba radiante, y Andrés, su prometido había propuesto celebrar cuatro cenas pre-boda para ir calentando motores y que los amigos de ambos se conociesen. Hermione sospechaba que había gato encerrado. Entró corriendo al reservado. Todos se habían sentado ya.

- Chicos, ¡les presento a Hermione Granger! ¡al fin!. - Hermione enfocó con la mirada a su amiga. Adoraba a Julia, se alegraba enormemente de que fuese a casarse con alguien como Andrés, hacían una pareja preciosa. Pero al ver la mesa llena de amigos de Andrés, tuvo que auto-recordarse que no podía desaparecerse sin más delante de 28 muggles. Gracias al cielo Marga le había guardado un sitio entre las chicas.

- Hola. - Sonriendo, más para ella que para la gente que la rodeaba, se sentó al lado de Marga. "nota mental: los próximos tres viernes voy a estar de viaje". La cena transcurrió animadamente, las pullas entre las nueve chicas del grupo, y la enorme pandilla de Andrés se sucedieron una tras otra, el ambiente era distendido y decidieron continuar la fiesta en alguna de las discotecas de moda.

En realidad se lo estaba pasando muy bien, y no parecía haber ninguna segunda intención tras la cena, cosa de la que se alegraba enormemente. Lo último que necesitaba para complicar su ya de por sí apretada agenda era un pretendiente.

- Hermione! - era Andrés - ¿Qué tal te lo estás pasando?¿has conocido ya a Luis? - OH VAYA, aquí asoma la patita el gato encerrado. - No sé de cual de tus cincuenta y siete amigos me hablas, Andrés - intentó escabullirse Hermione con una sonrisa huidiza. Pero Andrés ya la había agarrado de la mano y la arrastraba a través de la discoteca.

Era guapo, eso no se le podía negar. Alto, ojos verdes, hombros anchos y pelo y barba oscura. Andrés estaba muy emocionado haciendo las presentaciones. Realmente le caía muy bien el prometido de su amiga, pero le iba a salir cara esta encerrona. Luis era broker, y según Andrés se había hecho de oro con la pasada crisis. - Encantado, ¿Hermione? es un nombre peculiar - dijo a la vez que se inclinaba y le daba dos besos, agarrándola de la cintura para hacerlo. Hermione no terminaba de acostumbrarse a la efusividad española. - Igualmente - dijo sucintamente.

Estuvieron charlando un rato, y se intercambiaron los números de teléfono - el smartphone era de los mejores inventos de los muggles en toda la historia - Luis era muy agradable, y parecía muy interesado en salir a cenar con ella. Estuvieron bailando un buen rato, ese hombre era un bailarín increíble, cosa que se agradecía, porque ella no era una especialmente buena.

Finalmente, el cansancio hizo mella en Hermione, y decidió que necesitaba irse a casa. Luis se ofreció a acompañarla al taxi con una sonrisa deslumbrante - La heroína del mundo mágico ahora necesita un escolta. Definitivamente, si Harry o Ron se enteraban de esto le tomarían el pelo hasta que peinase canas - Hermione se dejó guiar por su mano, que la sacó de la atestada discoteca sin mayor dificultad. Mientras se acercaban a la puerta, la chica pensaba que salir a cenar con él, después de todo, no era tan mala idea. Se giró para decirle adiós con la mano a Julia cuando, entre la multitud, unos cuantos metros a la izquierda de su amiga, vio de una cabellera tan rubia que parecía casi blanca. Aunque Malfoy era más bajo, y mucho más delgado que las anchas espaldas que observaba, no pudo evitar acordarse de su némesis estudiantil. Esperaba que estuviera bien, nadie sabía qué había sido de él después de la guerra.

Malfoy sintió que una mirada quemaba su espalda, y se giró pensando para sus adentros que tenía que dejar de ser tan paranoico. La guerra había terminado, y ni Voldemort ni su tía Bella estaban ahí para molestarlo. Cuál fue su sorpresa cuando se encontró con la mirada de Hermione Granger clavada en él desde la otra punta de la discoteca. Iba acompañada por un hombre alto, que la agarraba familiarmente de la cintura, y no pudo más que apreciar el gran cambio que había sufrido la sabelotodo en los últimos años. Llevaba el pelo suelto en ondas que caían hasta su cintura y un maquillaje suave, donde resaltaban sus labios, brillantes por algún tipo de pócima muggle. Iba enfundada en el vestido que le había visto puesto esta tarde. - ¡Por Merlín! ¡se la había cruzado dos veces en el mismo día! - . Alcanzó a ver su cara de sorpresa mientras era arrastrada fuera por el que parecía su novio. -Sí, Granger, sigo vivo - Pensó, antes de darse la vuelta y prestar atención a la morena que lo acompañaba ese día.

Hermione estaba en shock - ¿acababa de ver a Malfoy? - si no fuera por esos inconfundibles ojos grises y el pelo platinado jamás lo habría reconocido. Se había convertido en un hombre atractivo en esos años, pensó, viendo lo bien que ceñía su cuerpo el traje negro que llevaba puesto, y el nuevo corte de pelo, mucho más favorecedor. Se metió en el taxi con la cabeza embotada, se despidió de Luis, que le dijo que la iría a buscar el martes a las 7 para cenar, y sólo cuando por fin se recostó en el asiento se dio cuenta de que acababa de concertar una cita sin darse cuenta, con alguien a quien acababa de conocer - ¡¿qué te pasa Hermione?! - Necesitaba meterse en cama, y olvidarse de ese día.

A la mañana siguiente, Hermione tenía demasiadas notificaciones por leer. Julia estaba exultante de alegría de que hubiese aceptado cenar con Luis. Luis le daba los buenos días y le preguntaba si había descansado bien. El grupo "Hipogrifos cabreados" - Habian vuelto a cambiarle el nombre, santa paciencia… - acumulaba sesenta mensajes sin leer - bueno, en realidad eran todos audios; Harry y Ron odiaban usar el teclado de sus smartphones - donde sus dos amigos debatían sobre la derrota de los Chudley Canons del día anterior. En mala hora les había regalado móviles a esos dos. Se levantó de la cama y abrió las cortinas, dejando que la luz iluminase el precioso loft que había alquilado. Había decidido decorar su casa en tonos crema y blanco, y estaba enamorada del resultado. El sofá de ante blanco era, probablemente, una mala idea conociendo a Harry y Ron, pero nada que la magia no pudiese limpiar. Se hizo el desayuno y salió a correr, como cada domingo.

La cabeza iba a estallarle, - ¡Kennel! - su elfo se materializó en la alfombra. - Tráeme una poción para la resaca, por favor - Kennel desapareció un momento y volvió a aparecer con la pócima, que su amo ingirió de un trago. - Gracias, prepárame la bañera. - Kennel era su único vínculo con el mundo mágico en España. Adoraba a ese pequeño elfo, que le acompañaba desde que era un niño. Se alegraba infinitamente de que hubiese decidido quedarse con él tras darle la libertad cuando decidió abandonar Inglaterra.

Los recuerdos indeseados se agolparon en su cabeza. La sensación de paz tras la caída de Voldemort, el desprecio de su padre, que le consideraba un traidor a la sangre. Su muerte en Azkaban… Su madre había sido declarada inocente. Y Draco había sido considerado una víctima. Dos inefables habían visionado sus recuerdo, y se habían empleado a fondo en una serie de interrogatorios que duraron días. Le habían administrado Veritaserum, y le habían sometido a hechizos tan potentes que habían hecho que perdiese parte de los recuerdos de esa etapa tan oscura de su vida - cosa que agradecía - antes de declararle inocente.

Tiempo después, los inefables se dieron cuenta de lo innecesaria que había sido su dedicación para hallar la verdad en la mente de un adolescente traumatizado. Su marca había desaparecido por completo al morir el señor oscuro. Y, tras interrogar a gran parte de los seguidores de Voldemort, se dieron cuenta de que sólo los mortífagos leales a su amo la habían conservado, en un fenómeno mágico inexplicable por el momento. Ni su madre ni él la tenían.

Draco sólo quería olvidar, y restablecer la solidez del imperio Malfoy. Ya no era un niño deseoso de impresionar a papá. Ahora tenía criterio propio, y se había dado cuenta de que vivía mucho más tranquilo dejando al margen los estigmas de sangre.

Por su parte Narcissa, aunque deprimida por la muerte de su amado esposo, se sentía liberada, y se había entregado con entusiasmo a la tarea de buscarle esposa a su único hijo. ¡Y ni en otro dichoso país lograba librarse de su madre y sus ansias de ser abuela!. Necesitaba un plan (un MUY MUY buen plan) para estar en casa lo menos posible el mes que viene, y librarse de aguantar a su madre y a Astoria o Daphne, no sabía cual de las dos venía - no sería capaz de traerse a las dos ¿no?- sus ojos se abrieron con terror, y decidió meterse en la bañera humeante y dejar de pensar en la medida de lo posible. El agua le relajaba enormemente. Si contaba el tiempo que pasaba haciendo largos en la piscina del jardín, y el tiempo que pasaba en la bañera mirando a la nada, sin duda estaba haciendo méritos para desarrollar tentáculos como el calamar gigante. Sí, el agua era su segundo hábitat preferido, pensó, relamiéndose al recordar lo bien que se lo había pasado con aquella morena la otra noche.

No se iba a arreglar. No señor. Solo era una cena de amigos, se convenció Hermione, a las seis y media de la tarde del martes. Sólo era una cena de dos amigos que se estaban conociendo. El teléfono sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Era Julia.

HERMIONE GRANGER, ¡espero que lleves puesto el vestido que acordamos y te hayas maquillado!.

Julia, sólo es una cena de amigos.

¡JA! ¿no me digas que ahora se llaman así? VISTETE. - Hermione decidió hacerle caso, aunque a regañadientes.

La cena había ido muy bien. Luis era encantador; todo un caballero. - Pensó Hermione mientras entraba a trabajar al día siguiente. - Igual debería empezar a tomarse en serio todo este asunto. Llegó a su despacho a las ocho en punto, como siempre, con el café en la mano, dejó el maletín en el diván dispuesto a tal fin y decidió darse prisa en tramitar los expedientes de exportación de oro mágico. No quería que se retrasasen las entregas.

El jueves y el viernes volaron en un suspiro. Y ella se encontraba, otra vez el viernes por la noche, corriendo por Madrid para llegar al restaurante. - ¿en serio era tan difícil poner la cena en el mismo restaurante de la otra vez? - .

Draco decidió que no podía ignorar la invitación a la boda de Julia. Realmente había sido una secretaria maravillosa, y, en esos tres años se había convertido mas en una amiga que en una simple trabajadora. Al fin y al cabo, ella era la primera que sabía cuando su jefe se olvidaba del cumpleaños de alguna de sus "amigas especiales", cuando no quería recibir visitas, cuando necesitaba un café. Y también cuando necesitaba que le pateasen el culo para llevar a cabo sus tareas y no ralentizar el funcionamiento del Holding empresarial que poseía. Dios, la iba a echar de menos.

Aparcó en las afueras del restaurante, ella había insistido en que se lo pasaría bien en las cenas pre-boda. Él no lo tenía tan claro. Aunque quería conservar a esa vivaz mujer en su círculo de amistades, por lo que, al menos, tenía que hacer acto de presencia en una de esas dichosas cenas.

—Disclaimer: todo lo que reconozcais pertenece a JK Rowling, a quien deberíamos adorar como a una diosa por darnos la maravilla que es esta saga

Primer capítulo de mi bebé, espero que os guste!, prometo actualizar más o menos cada 15 días como mínimo, y cuando tenga tiempo y tantas ganas de escribir como ahora, seguramente más seguido. También prometo terminar el FIC, me duele mucho los fics que no se terminan y no voy a haceros eso

Quiero dedicar el capítulo a todas las que me habeis respondido al comentario en el grupo de FB "yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y mortíferos" gracias gracias y gracias!

Espero que os guste, es un capítulo muy introductorio, pero sentía la necesidad de darle una base sólida a los personajes.

Os leo!