Cuatro Estaciones Contigo

por LovelyFlower


Notas de la autora: Hola de nuevo! Estoy aprovechando de escribir lo que mas pueda, lo que aguante la inspiración. Creo que para esta historia serán 7 capítulos y el último ya lo tengo escrito. Seguimos en invierno y seguimos con el Kenyako. Gracias por pasarse por aquí y perdonen las faltas de ortografía u otros horrores que puedan encontrar.


Invierno - Febrero

Habían pasado demasiadas cosas en poco tiempo: su mejor amigo se había ido a Estados Unidos, tenía "algo" con la persona que podía decir era su segunda mejor amistad (justo después de Daisuke) y hace sólo un par de horas le notificaban que había sido aceptado en la Academia Nacional de Policía.

Estaba feliz, pero (maldita palabra, siempre arruinándolo todo) aquello significaba pasar tres meses en Kyoto, como parte del pre entrenamiento policial. Si le iba bien, a partir de julio comenzaría con los seis meses regulares preparación en la academia en Tokyo y a partir del siguiente enero ya podría comenzar como pasante en alguna de las áreas especializadas. Si destacaba durante la preparación, podría escoger su próxima destinación.

Tres meses, tal vez no era tanto. Pero si lo era para él que, justo un par de semanas atrás, le había prometido a Miyako no dejarla. Maldito destino, siempre haciéndole todo mas difícil.

Pensaba en eso cuando sintió unas manos cubriéndole los ojos. El inconfundible olor a lavanda le confirmó que Miyako había llegado.

—Perdón por el retraso, Ken-kun. Momoe llegó tarde a relevarme en la tienda—

Llevaba unas botas rojas, en contraste con las medias verdes y vestido a cuadros. El abrigo, un poco mas corto que el vestido en tono claro, contrastaba con el morado de su cabello y el rojo en sus labios. Ken tuvo la tentación de besarla, como solía hacer desde la nochebuena, pero se contuvo. Había mucha gente a su alrededor. Recordó con vergüenza la reacción de sus amigos al descubrirlos en el balcón.

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Click

Fue el sonido de la cámara de Hikari junto al resplandor del flash que los sacó de su burbuja de romance y los volvió a la realidad.

—Te dije que era buena idea lo del muérdago, Sora-chan —añadió la nuevamente castaña Mimi Tachikawa, señalando el ramillete verde que colgaba justo sobre Ichijiouji e Inoue. Ambos miraron hacia arriba y sonrieron, sin confesar que nunca lo habían notado.

—Ken, pensé que tardarías más en reemplazarme. Aún me queda un mes en Japón —reclamó Motomiya, con ambas manos en la cintura, fingiendo un puchero.

El peliazul se sonrojó a rabiar, el comentario de Daisuke dejaba espacio para muchas interpretaciones. Prefirió salir del dilema con gracia.

—Lo siento, Dai, sabes que no te quiero de esa forma —y a modo de confirmación, y con confianza nacida desde algún lugar muy recóndito de su corazón, abrazó a Inoue por la cintura.

Todos soltaron una carcajada, había sido una reacción y comentario extraño viniendo de Ken. De un tiempo a esta parte había cambiado, todos lo notaban... bueno, puede que no Daisuke. No era misterio que solía ser Miyako quien lograba hacerlo bajar sus barreras. Bien por ellos, si era así. El amor debe sacar lo mejor de las personas, justo como sucedía con ambos.

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La tomó de la mano y la guió hasta una banca. No hacía tanto frío como en días anteriores. Intentó buscar las palabras correctas para decirle que no podría cumplir su promesa, por tres meses, pero el resto del tiempo seria fiel a su palabra.

—Miyako... tengo algo que contarte —sintió los ojos dorados clavados en él, que no pudo hacer mas que mirar el piso, que aún tenía rastros de nieve de la última tormenta—Me han aceptado en la Academia Nacional. Voy a ser policía—

La sonrisa de ella lo noqueó —Ken-kun, es maravilloso —señaló Inoue mientras lo abrazaba sin vergüenza alguna. Al sentir a Ken tensarse siguió hablando —Es maravilloso, ¿o no?—

—Debo irme a Kyoto por tres meses —soltó sin ceremonia —Perdón por no cumplir con mi promesa—

La sonrisa de ella menguó un poco, mientras lo liberaba del abrazo, pero de todas formas le sonrió —Ya veo... ¿eso es lo que me querías contar?—

Él asintió. Sus profundos ojos azules reflejaban tristeza. —Miyako, lo siento. De verdad, no esperaba tener que marcharme, quisiera no hacerlo. No ahora, por lo menos. No quiero dejarte—

Inoue permaneció en silencio unos momentos, el nerviosismo se apoderó de Ken. Esperaba reclamos, llanto e incluso hasta pensó que podría recibir una cachetada, tal como cuando niños. Ver a la de lentes tan silente era peor que cualquiera de las reacciones anteriores.

—¿Cuándo te vas? —preguntó mirándolo a los ojos. Ken sintió una leve presión en el pecho.

—Debo estar en Kyoto a fin de mes —señaló. Según sus cálculos, eso les daba al menos dos semanas completas para estar juntos.

—Pues... ya sabes que no me gustan las despedidas. De hecho, creo que es mejor que me vaya. Supongo que tendrás muchas cosas que hacer de todas formas. No quiero ser una molestia —rápidamente, Miyako se puso de pie y se alejó un poco de la banca. Se volteó a observar a Ichijouji, con un gesto extraño en la mirada —Gracias por contármelo, Ken. Estoy muy feliz por ti, espero podamos vernos a tu regreso—

Y dicho esto se alejó a paso rápido, dejando al peliazul confundido.

¿Así seria todo? ¿Como si las semanas desde nochebuena no significaran nada?

No iba a dejar que todo terminara así. Se apresuró a seguirla, dándole alcance a unos metros, justo bajo un farol. La jaló de un brazo y la atrajo hacia su cuerpo, solo para darse cuenta de que ella lloraba desconsoladamente.

Habló pausadamente, pese a que sentía el pulso rebotarle en la sien —¿Molestia? ¿De verdad crees que eso eres? Eres... tan ingenua a veces, Miyako—ella no respondió —No dejaré que esto nos afecte. No me voy para siempre, volveré—

—Ken... —ella lo observó seriamente, tratando de controlar el temblor en su voz —No tienes que preocuparte por mi, no tienes ninguna obligación conmigo, ni me debes explicaciones—

Se sorprendió, pero Miyako tenia razón. La frase lo había abofeteado, metafóricamente hablando.

Para él todo había cambiado desde aquella noche, ¿pero acaso se lo había dicho? En su corazón, ese momento había marcado un antes y un después en su relación con ella. La quería en su vida, y no solo como una amiga o una simple conocida mas. La quería a ella, y todo lo suyo. Sus defectos y virtudes, alegrías y tristezas, con inocencia y con deseo. Desde esa noche, vislumbraba un futuro, un nostros que se negaba a perder. Estaba harto de perder.

—Te quiero, Miyako, tal vez no he sido lo suficientemente claro al respecto —confesó en un susurro, sonrojado —Lo que esta pasando entre nosotros... no quiero arruinarlo. Te quiero, en serio, y quiero que me esperes. Sé que será difícil mantener un noviazgo a distancia, pero quiero intentarlo. Sé que vale la pena... ¿me darás esta oportunidad?—

—¿Noviazgo? —los ojos de ella se abrieron notoriamente ante la palabra —Ken-kun... tu... —

En ese momento lo entendió todo. Sin importar la vergüenza y las miradas curiosas, le tomo las manos y se arrodilló frente a ella antes seguir hablando. —Sé que no es la petición más romántica que podría hacer, ¿pero quieres ser mi novia? Se que debí habértelo pedido esa noche, en navidad, pero creo que aún tengo problemas con estas cosas. Todo ha pasado tan rápido... tuve miedo de que tal vez ni quisieras estar conmigo—

—Si quiero— se apresuró ella a contestar, con una amplia sonrisa, mientras le hacia un gesto a Ken para que se levantase. Le apretó las manos, pudo sentir su calidez —Claro que quiero, Ken, es que todo me pareció tan irreal. No quise ilusionarme sin saber que significaba esto para ti—

—Te quiero en mi vida, Miyako, estoy seguro de eso desde el primer momento. Todo lo que haga de ahora en adelante, será para poder estar a tu lado y ser felices. Tres meses, y volveré—

La ilusión de ese momento, en el cual no tuvieran que separarse más, sosegó su intranquilo corazón. Se abrazaron bajo la luz, mientras algunas gotas de lluvia caían, haciendo que los transeúntes corrieran a buscar refugio. No les importó.


Próximo capítulo: Primavera - Abril

¡Nos leemos!