Cuatro Estaciones Contigo
Por Lovely Flower
Notas de autora: Sigo viva, aprovechando la inspiración. Quería dar las gracias a SkuAg por sus reviews. Me alegra poder ayudar en tu necesidad de Kenyako, espero alguien mas se motive a escribir, ya que también me falta mi dosis de ellos (aun tengo la ilusión de ver algo en TRI). No les quito mas tiempo... ahí les va el capítulo.
Advertencia: lemon... creo. No estoy segura.
Primavera - Abril
Un mes. Un mes completo sin ver a Ken, pensó triste Miyako al ver su calendario que corría por la segunda semana de abril. Desde la partida del peliazul, hace unas seis semanas, su comunicación había sido mayoritariamente vía correo electrónico y mensajes, ocasionalmente video llamadas. Lo extrañaba, demasiado. Su sonrisa tímida y sus besos febriles se habían vueltos casi tan necesarios como respirar.
Tal vez fue por eso que decidió gastar parte de los ahorros que había juntado con su trabajo part time en comprar un boleto ida y vuelta en el shinkansen(*) hasta Kyoto para ese mismo fin de semana. El lunes siguiente comenzaba nuevamente sus clases en la Todai y el fin de semana siguiente comenzaba la Golden Week(**), lo que le haría aun más difícil salir de Tokyo.
Partió a primera hora del día sábado, por lo que llego a Kyoto a eso de las 10:00 AM. Se dirigió a una plaza cercana al lugar donde sabía su novio se estaba hospedando e inicio una video llamada. Él no tardo en contestar.
—Hola Ken-kun— saludó alegremente, lanzandole un beso a la camara frontal de su teléfono.
—Miyako, ¿despierta tan temprano en sábado? Eso es raro—contestó él despreocupado, con el tiempo hasta había aprendido a bromear de vez en cuando. Ella infló los cachetes en señal de molestia, causando que Ichijouji riera suavemente —Es broma, me alegra que hayas llamado. Te extraño—
—Yo también —respondió ella rápidamente —Y si estoy despierta, es porque hoy el día está muy lindo para pasear... mira—
Cambió a cámara trasera en su celular para mostrarle el paisaje a su novio. A Ken le pareció extraño, pero cuando logró identificar el lugar se sorprendió.
—¿Miyako? ¿Estás... Es broma? —ella volvió a colocar la cámara frontal y su sonrisa traviesa confirmo las sospechas del peliazul —Espera un segundo—
Lo siguiente que pudo haber escuchar fue ruido de llaves, otros objetos moverse y pasos apresurados justo antes de oír una puerta cerrarse. No lograba distinguir nada con la cámara (de seguro Ken había tomado el celular y guardado en el bolsillo). A los segundos escuchó a alguien gritar su nombre a lo lejos.
—¿Miyako?—
En ese momento cortó la llamada y vió a joven acercarse corriendo hasta ella. En tanto la tuvo cerca la alzó en sus brazos, estrechándola con fuerza.
—Pero… ¿Que estás haciendo acá? No me avisaste que vendrías—
Le acarició el rostro. Pese a los años, Ken seguía teniendo un rostro aniñado y una mirada que transmitía ternura—Quería darte una sorpresa, supongo. Si te molesta puedo regresar a Tokyo.—
—¡Por supuesto que no! —se apresuró a contestar, mientras la dejaba nuevamente en el suelo —Solo no me lo esperaba. Estoy feliz.—
La lavanda sonrió y lo besó. —Tenía que verte, tres meses es demasiado tiempo—
En ese momento, Inoue observó con detenimiento a su novio: lo percibió mas delgado, aunque le pareció notar su espalda levemente mas ancha. De seguro era efecto de las seis semanas de entrenamiento que llevaba.
Sin inocencia, pensó en que nunca había visto a Ken desnudo, lo mas cercano a eso había sido verlo en bañador el verano anterior, cuando aun eran solo amigos. Sintió curiosidad de verlo, aunque sabía que probablemente no era el momento ni las circunstancias. Sus pensamientos la hicieron sonrojarse, a lo que Ichijouji sonrió divertido.
—¿Qué estas pensando?—el sonrojo de ella aumentó —Vaya, creo que si me extrañabas—
Le dio un golpe suave en el brazo fingiendo molestia. Él le siguió el juego fingiendo estar adolorido. Daisuke les habría dicho que verlos tan empalagados daba nauseas. Se tomaron de la mano, antes de emprender una caminata sin rumbo, contándose todo aquello que no habían dicho en semanas.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La noche cayó más rápido de lo esperado. Volvieron a la plaza en donde se encontraron, sus rostros denotaban cansancio.
—Miyako... esto es un poco incomodo, no puedo llevarte a los dormitorios de la academia. Supongo no pensaste en eso, ¿o sí? —ella negó con la cabeza—Tendremos que buscar un... un hotel. Me alojaré contigo, no quiero que te quedes sola en cualquier parte—
La perspectiva de pasar la noche solo con Miyako lo azoraba y maravillaba a la vez. Era hombre y Miyako era una mujer hermosa (Daisuke le habría rebatido este punto claramente), en el tiempo que llevaban juntos aún no pasaban la barrera de los besos y caricias, querían tomarlo con calma. Pero la distancia solo había acrecentado el deseo de ir más allá. Al menos para él, que hasta ese momento desconocía los pensamientos que asaltaron a su novia en tanto lo vio por la mañana.
Ambos estaban sonrojados. —Gracias Ken-kun, la verdad es que no quería quedarme sola esta noche. Tengo el boleto de vuelta para mañana por la tarde, quería aprovechar al máximo la vista—
Él asintió, entendía perfectamente. También quería aprovechar el tiempo con ella. Abrazarla, besarla, sentirla como lo hacía antes de dejar Tokyo atrás. Pero sería distinto, porque esta vez no tendrían la vigilancia de ningún adulto, serían solo él y ella. Y no estaba seguro de poder resistirlo.
Ken la tomó de la mano y caminaron, buscando encontrar algún lugar que se ajustara al escaso presupuesto y que no tuvieran reparos en aceptarlos a altas horas de la noche. Un love hotel (***) era la mejor opción, pero el solo hecho de pensar en llevar a Miyako allí hacía que se le apretara el estómago. No quería que sintiera que estaba obligada a tener sexo con él.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—Habitación 203, ahí tienen la llave. El check out es a las 11:00 am. Que disfruten su estadía—
La mujer de la recepción del hotel, en un perfectamente mecanizado discurso, soltó con suavidad sin ninguna expresión en el rostro. Habían encontrado un hotel de una cadena internacional a un precio bastante razonable, por lo que tomaron la habitación doble sin dudar. Ichijouji tomó la llave con la mejillas teñidas de rosa, en la otra mano sostenía el bolso de Inoue, quien lo siguió levemente nerviosa hasta la segunda planta. La habitación daba a una calle poco transitada, algo de luz externa se colaba por las persianas. Fue Miyako quien encendió la luz, y solo entonces notaron la cama matrimonial, los veladores a los costados y una pequeña mesa junto a la ventana. El sonrojo volvió a atacarlos.
Ken se apresuró a acomodar las cosas sobre la pequeña mesa. La lavanda se apresuró a sacar algunas cosas del bolso y encerrarse en el baño. A los pocos minutos salió, ya envainada en una camisa de dormir de algodón en tono verdoso, sin mangas, que le llegaba un poco mas arriba de la rodilla. Caminó hasta la cama y se tendió sobre ella, del lado derecho. Ken la imitó, ambos estaban agotados. Habían aprovechado de recorrer la ciudad, ya que Miyako solo había ido una vez, por un viaje escolar.
—¿Lo recuerdas, verdad?— murmuró la lavanda con la vista en el techo, mientras la invadían los recuerdos —Llegaste con Stigmon aquella vez y me entregaste a Poromon—recordó con una sonrisa, volteó el rostro para ver a su novio —Fuiste algo así como mi héroe aquel día—
Estaban tendidos en la cama, lado a lado sin tocarse. Ichijouji no la miró, tenía los ojos cerrados aunque seguía despierto.
—¿Ken?—
—Dime—
—¿Podemos al menos abrazarnos? No vine hasta acá para que estés tan lejos—
Se sintió un estúpido. La miró con expresión culpable —Lo siento, Miya, pero es difícil estar tan cerca de ti... de esta forma. No quiero faltarte el respeto—
Ella se acurrucó en su pecho, podía entenderlo perfectamente porque ella misma se sentía igual. —Lo entiendo, Ken-kun, pero deberías preguntarme si creo que me estás faltando el respeto. No lo haces, de hecho, a veces me gustaría que lo hicieras—
Sus ojos azules se abrieron en la sorpresa y se sonrojó profusamente. Le acarició el rostro y dejó de apartar la mirada. Murmuró el nombre de ella con suavidad, preso de la alegría y temor. El mensaje era claro: ella le estaba dando el pase para dar un paso más en su relación.
—¿Estás segura de querer esto, Miyako? —preguntó mientras la abrazaba y la acomodaba sobre él —No es necesario que hagamos esto, no lo habíamos hablado y puedo esperar—
Ella se separó levemente, quedando acomodaba a horcajadas sobre él—Ken, sé que no habíamos hablado esto, tampoco vine con la intensión de que sucediera algo más entre nosotros. Pero también sé que el resto de tu cuerpo no opina lo mismo —añadió, mientras señalaba el notorio bulto en la entrepierna del hombre. Si era posible, Ken se sonrojó aún más.
—No me puedes culpar por eso, eres hermosa—fue el turno de ella de sonrojarse —Entonces... deberíamos... hacerlo... -
Ella asintió. Lo había decidido en la mañana: quería estar con Ken, necesitaba estar con él de esa forma. Lo amaba, sabía que él la amaba... Sería un consuelo para poder soportar estar lejos de él hasta Julio. Con lentitud, dejó que los tirantes de la camisa de dormir se deslizaran por sus hombros, dejando al descubierto sus pechos. Ken se sentó en la cama, aún con ella sobre él y la besó. Suave al principio, pero pronto el deseo hizo que la caricia se profundizara, llevó sus manos a los pechos de ella, queriendo grabar en su mente cada detalle de su primera vez. Desde que la conoció, Miyako formaba parte de sus recuerdos más preciados. Este sería uno más, uno que quería atesorar de manera especial. Las manos de ella se deslizaron desde su cintura hasta su pecho, ayudándolo a deshacerse de la polera. El sonrojo en ambos era evidente.
Siguieron un ir y venir de caricias, hasta que Ichijouji alzó a su novia por la cintura y la acomodó de espaldas en la cama. Empezaba a desesperarse. De un movimiento sacó la camisa de dormir que no hacía más que estorbar y la lanzó sin destino. Solo una prenda separaba a la lavanda de la desnudez total.
—¿Totalmente segura? —la miró, Miyako percibió en los ojos azules de Ken un brillo que no había visto hasta ese día —Si no paramos ahora, no aguantaré—
—Si, Ken, estoy segura—
No hubieron mas dudas. Le quitó con suavidad la pantaleta y el mismo se encargó de deshacerse de las últimas prendas que tenía puestas. Se acomodó entre las piernas de la pelimorada y entró en ella con suavidad. Soltó un gemido extraño, embriagado por esas sensaciones totalmente nuevas. La vio con los ojos cerrados, con un gesto de dolor en el rostro. Antes de que él pudiera argumentar algo ella habló.
—Estoy bien, no entres en pánico—
Nunca supo si se lo decía a él o a ella misma. La besó en los labios mientras comenzaba a moverse con lentitud, dándole tiempo a acostumbrase a tenerlo en su interior. Cuando ella dejó escapar un gemido, recién dio rienda suelta a sus instintos y comenzó a moverse con más velocidad.
No supo cuánto tiempo paso, hasta que se encontraron tendidos lado a lado en la cama, desnudos, manos entrelazadas y respiración aún agitada. Una sonrisa de satisfacción adornaba los rostros de ambos.
—¿Estás bien? —le preguntó Ken en un murmullo. Ella asintió y se volvió a acurrucar en el pecho masculino. Él le acaricio los lacios cabellos morados y le besó la frente, perlada en sudor —Te amo, Miyako. Recuérdelo siempre, aunque no esté cerca. Faltan solo unos meses y volveré. Y no nos volveremos a separar, te lo juro—
—No es necesario que me jures nada, Ken. Te creo. Sé que estaremos juntos—
Se durmieron abrazados, con la certeza de que su destino ya estaba escrito. Estarían juntos, serían una familia.
(*) Shinkansen: tren rápido (bala). Entre Tokyo y Kyoto son entr horas.
(**) Golden Week: Semana comprendida entre los ultimos días de abril y primeros días de mayo, en que confluyen varios feriados y celebraciones por lo que los japoneses suelen vacacionar en esa fecha.
(***) Love Hotel: No se como explicar esto, en mi país se le conocen como Moteles, que son habitaciones que se alquilan por horas usadas, mayoritariamente, para tener sexo.
Eso fue, gracias por leerme.
Próximo capítulo: Invierno - Junio
