Capítulo 2:
Recuerdos dolorosos
Había descubierto que Blaise tenía razón, y la cocina era el lugar más agradable. Era tranquilo, no solía tener mucho ajetreo de gente y Neville, quien se dedicaba a cocinar, era una la mejor compañía que había encontrado. El chico era paciente y siempre estaba dispuesto a escuchar a Draco cuando se dedicaba a despotricar del mundo, lo cual pasaba muy a menudo.
Apenas habían pasado unos días, pero el rubio se había acostumbrado más rápido de lo que creía a estar allí, a escuchar a Ginny contándole anécdotas de sus hermanos, al fanatismo de Colin por Potter, al humor sarcástico de Blaise e incluso al silencio de Theo —ese último era el que mejor le caía, después de Neville—, incluso a la presencia del capitán.
A lo que no se había acostumbrado era a dormir en el suelo de la bodega. Era horrible. Era frío, incómodo y había un olor a humedad que le estaba volviendo loco. Cuando había intentado quejarse a Blaise, este le había dicho que su capitán creía que era mortalmente peligroso, y era mejor tenerle vigilado mientras los demás dormían.
Draco había pensado entonces que Potter era un exagerado y lo único que quería era hacerle la vida imposible.
—Creo que esta es la última ración —dijo con voz cansada, mientras servía el último plato de comida.
—Sal a fuera, aquí dentro hace mucho calor —sonrió Neville—. Yo terminaré de limpiar.
No iba a negarlo, lo único malo que tenía la cocina es que hacía un calor de los mil demonios.
Cogió un trozo de pan y algo de queso, y salió a la cubierta a que el viento refrescase su rostro. Se sentó en el suelo, viendo cómo algunos terminaban de comer mientras que los gemelos Weasley se posicionaban en el centro del barco.
—¿Sabes lo que creo, Fred?
—¿Qué crees, George?
—Que yo soy mucho mejor jefe de velas que tú.
Fred se llevó una mano al pecho teatralmente.
—¡Qué ofensa hacia mi persona! —exclamó, exageradamente indignado—. Demuéstralo si tienes valor.
Ambos sacaron sus espadas a la vez y se pusieron una frente al otro en posición de duelo.
Draco observó la escena con incredulidad, aunque los demás parecían bastante más acostumbrados a ese tipo de espectáculos, ya que la tripulación se aglomeró a su alrededor para vitorearlos e incluso algunos se habían animado a apostar por el ganador.
Se relajó cuando dedujo que esa actitud era normal en ellos. No había convivido mucho con los gemelos, pero por lo que le había contado Ginny parecían ser bastante... peculiares. Bufó una pequeña risa cuando Fred sobrevoló su cabeza enganchado en una cuerda para luego aterrizar en la cubierta con una pose melodramática.
Sacó un cuchillo de su bota y un pequeño trozo de madera y empezó a tallarlo. Era lo que había hecho durante las últimas horas, desde que Ginny le había quitado el vendaje del brazo. Ya no le dolía, pero aún podía ver marcas amarillentas en su piel.
—¿De dónde has sacado eso?
Elevó la vista, encontrándose con el rostro sereno de Potter. Se sorprendió al ver que se había recortado la barba, haciendo visible sus pómulos altos y su mandíbula marcada. No se había equivocado al asumir que debía tener más o menos su edad.
—¿La madera? —preguntó inocentemente. Sabía que no se refería a eso, pero la hacía gracia tomarle el pelo al otro—. De la bodega.
Esa vez parecía de mejor humor que el otro día, porque Potter esbozó una pequeña sonrisa, como si realmente le hiciese gracia su respuesta.
—Deberías aprender a controlar tu lengua, o algún de estos encontrarás un problema.
Rodó los ojos, soltando un suspiro.
—Mi vida ya es un problema desde que nací —replicó—. Y es un cuchillo para pelar patatas, ni si quiera está bien afilado —añadió con sinceridad—. Además, no es como si fuese un criminal, ¿sabes?
—Claro que no —el sarcasmo era evidente en la voz del moreno.
—Solo me defiendo cuando me atacan.
Fijó sus ojos en Smith mientras decía eso. El chico estaba en la otra parte de la cubierta, mirándole con vehemencia. Intentó no estremecerse, aunque debía admitir que conseguía ponerle los pelos de punta.
—Nadie va a hacerte nada aquí dentro.
Había una férrea convicción en las palabras del capitán. Draco no pudo negarlo. Quitando a Smith, el resto de marineros habían sido francamente agradables con él y se había encontrado más cómodo de lo que creía con ellos.
En el fondo, tenía que darle la razón.
—Gracias por salvarme la vida y dejar que me quede aquí —murmuró. Eso pareció captar la atención de Potter, porque desvío sus ojos hacia él. Hubo un asentimiento por parte del otro y luego se instó un silencio que a Draco se le hizo bochornoso. Frente a ellos, George acababa de desarmar a Fred—. Son buenos —comentó, señalando hacia los gemelos.
—Lo suficiente.
Su boca se curvó en una pequeña sonrisa ante la vanidad del moreno.
—Por supuesto que el capitán es el mejor, ¿no?
—¿Lo dudas, acaso?
—Apuesto lo que quieras a que podría desarmarte.
—¿De verdad vas a apostar con un pirata? —se burló el moreno. Había un brillo juguetón en su mirada— ¿Qué quieres, de todas formas?
—Un camarote con un camastro o algo para dormir que sea mejor que el suelo de la bodega —demandó. Potter lo escrutó con paciencia—. No voy a matarte mientras duermes, te doy mi palabra.
Aunque a veces las ganas de ahorcarlo no le faltaban.
—Bien.
—¿Bien? —repitió, incrédulo.
—Sí, levantante.
Draco obedeció asombrado, guardándose el cuchillo y el pequeño trozo de madera en las botas, y se dirigió hacia el centro que minutos antes habían ocupado los gemelos.
—Pero... ¿tú qué vas a apostar? —interrogó receloso—, porque si va a ser algo costoso, tal vez me sale a cuenta seguir durmiendo en la bodega.
Potter soltó una carcajada, limpia y vívida. Por un momento se quedó absorto con el sonido, con la manera en la que su rostro se contorsionaba y su pecho se sacudía.
Mordió su labio inferior y desvío su mirada hacia el suelo. De repente se sentía... ahogado.
—Pensaré qué quiero cuando te gane —respondió con calma—. Escoge la espada que quieras.
Draco miró a su alrededor, y estuvo a punto de pedirle a Blaise que le dejase su arma, cuando una idea malévola se le pasó por la mente.
—¿La que quiera? —repitió cándidamente—, ¿como la tuya, por ejemplo?
El moreno le observó como si ya se esperase esa respuesta, y lo único que hizo fue desenvainar el arma y tendérsela con una sonrisa pretenciosa.
Draco empuñó la espada, percibiendo que pesaba más de lo que aparentaba. Entrecerró los ojos cuando un rayo de sol se reflejó en la hoja larga y afilada. En la empuñadura de plata había forjado un maravilloso león que reconoció porque era el mismo que había en el escudo de los estandartes de Gryffindor. Era preciosa.
—Ron —llamó el capitán, tendiendo una mano. El pelirrojo se acercó a él, cediéndole su espada.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto?
Draco por un momento pensó que hablaba con Potter, hasta que se dio cuenta de que en realidad se estaba dirigiendo hacia él.
—Por supuesto que sí —espetó orgullosamente.
¿Qué se pensaba Weasley, que no podía ganarle?
—Di que sí, Draco —gritó Neville—. Yo apostaré por ti.
Sus hombros se tensaron y una mirada determinada se formó en su rostro, mientras todos a su alrededor empezaban a animarles.
Se colocó en posición de defensa porque presentía que Potter daría el primer golpe, y no se equivocó. Percibió rápidamente que el moreno era rápido, capaz y, para su mala suerte, muy hábil. Unos pocos minutos después se encontraba sudando, esquivando y bloqueando los ataques del otro. Hincó la rodilla en el suelo, apoyando su mano izquierda para no perder el equilibrio cuando recibió un arremetida especialmente feroz. No se dejó amedrentar, y contraatacó desde el suelo astutamente. Se asustó momentáneamente cuando su espada rasgó la camisa de Potter.
—Eso lo has hecho con mala fe —se quejó el capitán, aunque su tono era distendido.
Sonrió auténticamente divertido por primera vez —porque sí, había intentado desquitarse un poco—, una sonrisa sincera que el otro contempló durante más segundos de los necesarios y que dio la oportunidad para que Draco efectuase unas complejas fintas a su alrededor y se diese cuenta de que Potter dejaba desprotegido más habitualmente su lado izquierdo que el derecho.
—¿Has visto como se mueve? —escuchó que alguien preguntaba detrás suyo— Parece que esté bailando.
No era mentira. Había practicado su destreza con la espada desde que era pequeño, sabía hacer hasta los movimientos más impensables, había sido entrenado para las situaciones más complicadas y siempre había salido victorioso.
Tal vez fue el exceso de confianza lo que le hizo centrarse demasiado en el flanco izquierdo del moreno y no centrarse en bloquear bien los golpes, porque Potter se precipitó hacia él. Intentó impedirlo, pero el choque con su espada había sido tan fuerte que su arma salió disparada, cayendo al suelo y dejándole con las manos vacías.
Había perdido.
No se lo podía creer.
Jadeó buscando aire, mientras contemplaba a Potter recogiendo su espada del suelo entre vítores y aplausos. Una mano golpeó su espalda con suavidad, al girarse se encontró con la mirada alentadora de Theo.
—Buen duelo.
Rodó los ojos, exhalando con fuerza. Nunca se le había dado bien asimilar la derrota. Se dio la vuelta, importándole muy poco que hubiera perdido una apuesta y se dirigió hacia la bodega. Allí se limpió el sudor con una cubeta de agua y un trapo limpio y se tumbó en el suelo.
No supo cuánto tiempo estuvo ahí tirado, disfrutando del silencio y del vaivén que había en el navío a causa del oleaje, pero había sido el tiempo suficiente para que su cuerpo se resistiese de estar en esa posición.
Fue entonces cuando el ruido de unas botas bajando las escaleras perturbó su tranquilidad. Sabía que eran muy firmes para ser de Neville, demasiado pesadas para ser de Ginny, y bastante pausadas para tratarse de Blaise.
Por eso no le sorprendió que fuese Potter quien apareciese por allí.
Se irguió para sentarse, notando que el moreno se había cambiado su camisa rota por una parecida en color azul oscuro, con un fajín y un pantalón blanco.
—Ha sido un buen duelo —comentó a modo de saludo— ¿Quién te ha enseñado esos movimientos?
—¿Qué importa?
—Importa porque he ganado una apuesta y quiero que me contestes —demandó. No había ni un ápice de inseguridad en su tono, y eso casi le hizo estremecer.
—¿Eso es lo que vas a pedir?
—¿Cuántas preguntas vas a hacer antes de contestarme?
Draco llenó sus pulmones de aire y luego exhaló con lentitud.
—¿Cómo sabes que alguien me los enseñó? Pude haberlos aprendido solo.
No esperó que respondiese a su pregunta, pero para su sorpresa Potter avanzó hasta sentarse a su lado.
—Porque solo alguien de la realeza o su caballería hace esas florituras y esos desplazamientos elegantes. Solo hay que ver cómo sujetas la espada para saber que no te has criado en la calle.
No supo si era por el ejercicio físico o por el giro inesperado que había dado su vida, pero de repente se sintió agotado por todo y lo ultimo que quería era discutir.
—Fue mi padrino —respondió.
—¿Tu padrino?
—Severus Snape.
—¿De Slytherin?
—¿Lo conoces? —cuestionó con curiosidad.
—He oído hablar de él.
Hubo un silencio apacible, y el rubio supo cuál sería la siguiente pregunta.
—No soy de la realeza —contestó sin que se lo preguntase.
—Pero Snape pertenece a la guardia real.
—¿Crees que alguien como yo podría ocupar tal cargo? Habrás oído lo que paso con los Lovegood —explicó para luego añadir:— Mi padre y él eran amigos de la infancia.
Los recuerdos bombardearon su mente; los veranos calurosos de Wiltshire, el campo sembrado, el olor a polvo de la biblioteca de su casa, los tarareos lejanos de su madre mientras cocinaba, las lecciones de su padre, los entrenamientos con Severus,...
—¿Dónde están tus padres? —preguntó Potter con tanta suavidad, que por un momento se preguntó si realmente era él.
Elevó la mirada al techo, notando como un nudo empezaba a formarse en su garganta.
—Están muertos.
—¿Ellos eran...?
—Como yo —completó en un susurro.
Supuso que la conversación había terminado ahí, porque el moreno no respondió. Tragó saliva con dificultad, intentando que su respiración pareciese estable para que el otro no se diera cuenta de las tremendas ganas que tenia de echarse llorar.
—Yo no conocí a mis padres, murieron cuando tenía un año. Me creí con mis tíos y mi primo.
Lo miró sorprendido por un instante, sin saber que decir. Ni si quiera podía creer que estuvieran teniendo esa charla, pero Potter parecía increíblemente comprensivo.
Recordó entonces la historia que le había contado Neville, de cómo Harry Potter le había ayudado cuando su padre había fallecido y su madre había perdido la cabeza. O cómo había acogido a Colin cuando lo vio durmiendo en la calle, a punto de morir de frío.
—¿Cómo superaste la pérdida de tus padres?
—Simplemente aprendí a vivir así. Pero es más difícil sobreponerse a algo que has perdido, que añorar algo que nunca has tenido. Al fin y al cabo, yo no sé lo que es tener padres, tú sí.
—Ya —susurró con voz agrietada.
—Siento lo de tus padres —expresó el moreno, poniéndose en pie—. Vamos, compartirás camarote con Ginny, si te parece bien.
Asintió dócilmente, dejándose guiar hasta el pasillo de las habitaciones.
—Gracias —dijo, una vez que llegaron.
—¿Dos agradecimientos en un día? —replicó Potter, en su habitual tono sardónico. Casi le hizo sonreír—, voy a empezar a pensar que estás enfermo.
—Disfrútalo, porque no creo que se vuelva a repetir.
El otro se carcajeó, negando con la cabeza, antes de girarse y desaparecer por el pasillo.
Tal vez había juzgado mal a Potter después de todo.
¡He vueeeeeelto!
Sí, como veis voy a empezar ya a actualizar esta historia. No la tengo terminada, pero me he dado cuenta de que como tengo mucho margen para escribirla porque no es una historia que vaya actualizando según la marcha, me lo tomo con demasiada calma y al final no la voy a terminar nunca. Así que la voy a empezar a actualizar semanalmente cada domingo, para así ponerme algo de presión, y acelerar un poco los capítulos.
¡Espero que os guste!
