Capítulo 5:
Hogar, dulce hogar
Ottery St. Catchpole no parecía ser muy grande, desde ahí podía ver casi todo el pueblo costero y tras de él, unas verdes colinas se extendían por el horizonte. Se fijó en el mercado que había en el muelle, admirando lo bonito que era. Cada puesto comerciante tenía lonas de distinto color para sus toldos* creando un paisaje pintoresco —no era como Gryffindor, donde todo era rojo— y había una aglomeración de gente exagerada para lo pequeño que era el lugar.
Su cuerpo estaba tenso y su corazón latía acelerado mientras caminaba entre el gentío, como si estuviera preparado para el momento en el que tuviera que echar a correr. Pisar tierra firme le desestabilizó un poco, acostumbrado ya a los vaivenes del barco. Se mantuvo cerca del capitán inconscientemente, y cuando se percató de ello, se sintió un poco ridículo aunque no se apartó de él. Prefería ser ridículo que estar muerto. Fue relajándose poco a poco al apreciar que la gente le miraba con curiosidad y algo de asombro pero nadie intentaba acercase a él.
Se detuvo frente a un puesto de telas cuando el capitán lo hizo. Una mujer mayor, con el cabello oscuro y rizado atado en un moño les saludo con una sonrisa amable.
—Capitán Potter, que agradable es verle de nuevo. Parece que fue hace años la última vez que pisó por aquí.
—Hacía tiempo que no veníamos a casa —coincidió el—. Marietta, ¿tienes tela suficiente para una vela?
Ella sonrió cómplice.
—Siempre guardo tela para usted, capitán.
Draco miró la interacción de manera divertida. Su atención fue captada por un trozo de seda gris a su izquierda. Le encantaba la seda, lo suave, brillante y fresca que era, por eso su madre le había comprado sábanas de seda como regalo de cumpleaños. Su sonrisa se apagó al recordar que seguramente su casa ya no existía.
—¿Vamos?
Se giró hacia Potter, quien cargaba con un enorme rollo de tela sobre su hombros. Asintió con la cabeza y se dispuso a reanudar su marcha. Era cierto que los Weasley eran conocidos allí, porque se dio cuenta de que todo el mundo les saludaba mientras andaban. Estaba tan distraído mirando el gentío, que ni si quiera se había fijado en que habían atravesado el pueblo y habían llegado a las colinas. El panorama frente a él era maravilloso. Había un gran prado verde con hierba alta que danzaba con el viento creando reflejos dorados por el sol, unos cuantos árboles que parecían enormes y un millón de flores silvestres de todos los colores. Ni si quiera Wiltshire era así de fantástico.
—¿Dónde está vuestra casa? —le preguntó a uno de los gemelos, al ver que no parecía haber ninguna morada cerca de allí.
—Un poco lejos —dijo uno.
—Un poco —secundó el otro con una sonrisa traviesa.
Debería haberse imaginado que un poco lejos iba a ser muy lejos porque horas después se encontraba fatigado, con los músculos de las piernas quemándole y el sudor cayendo por su espalda. No sabía cómo Potter se las arreglaba para estar tan entero con la lona a cuestas.
—¿Falta mucho?
—Nada, unos metros —respondieron Fred y George.
—¡Eso dijisteis hace cinco quilómetros!
Los chicos no parecían alterados por su grito, porque le miraron con burla.
—Pero esta vez es de verdad —replicaron, fingidamente ofendidos.
Si no fuera por lo cansado que estaba, y porque lo que decían era realmente verdad, les hubiera pegado. El alivio recorrió su cuerpo cuando llegaron al hogar de los Weasley.
—¡Mamá! —chilló Ginny desde lejos.
Una mujer igual de pelirroja que ella salió de la casa, miró a los recién llegados y se llevó las manos a la boca.
—¡Mis niños! —sollozó, abrazándolos.
—Mamá Molly —dijo Blaise, añadiéndose al gesto sin que nadie lo invitase.
La mujer rió y abrazó al moreno, cosa que luego repitió con Potter. Draco se removió incómodo cuando ella le miró expresión maternal.
—¿Y tú quien eres, jovencito?
—Draco.
—Qué nombre tan bonito —le dijo, para luego achucharle entre sus brazos—. Bueno, todo tú eres precioso.
—Gracias, señora Weasley.
—Nada de eso, llámame Molly —replicó con un ademán de mano—. Pasad, ya casi es la hora de la comida, vuestro padre ha salido de viaje y Charlie no tardará en llegar así que podéis ir a ducharos y luego bajar a comer.
La casa de los Weasley tenía nombre propio: La Madriguera. Draco admiró todo a su alrededor con ojos curiosos. Era una casa alta, casi destartalada, con el suelo de madera y las paredes pintadas de azul cielo. Había unas escaleras que crujían bajo los pies, las puertas chirriaban y se notaba que los muebles habían tenido mejor vida en algún otro momento. Siempre había pensado que su casa era demasiado grande para tres personas, y La Madriguera parecía demasiado pequeña para una familia tan numerosa. Aún así era acogedora, olía a comida recién hecha y estaba limpia y ordenada. Draco pensó que era un buen hogar para cualquier persona.
Accediendo a las órdenes de Molly, todos fueron a darse un buen baño y bajaron a comer. El estómago del rubio rugió cuando vio el estofado encima de la mesa y un pastel que podría haber alimentado a todo el pueblo. Se sentó en la mesa al lado de Ginny, mientras que Blaise estaba frente a él, sentado al lado de Ron y a la derecha de este se encontraban los gemelos. Por lo que sabía, Bill, el hijo mayor de los Weasley vivía con su mujer en la ciudad, mientras que Percy estaba en Slytherin.
Potter entró en el comedor con el cabello húmedo y vestido otra vez de rojo y negro. Draco lo admiró durante un momento, percibiendo lo ceñida que era su camisa, antes de fijar su atención en el plato de comida que Molly acababa de servirle. Su pulso temblaba cuando alzó la mano para coger su cubierto. Se maldijo interiormente. Tenía que dejar de mirarle de esa manera.
—Voy un momento al mercado —anunció el moreno.
—No, no —negó la mujer—. Primero tienes que comer.
—Tengo cosas que hacer. Además...
Su excusa se vio interrumpida cuando Molly se dio la vuelta con el ceño fruncido, mientras le apuntaba con una cuchara de palo.
—Harry James Potter, este no es tu barco así que si te digo que tienes que comer, te sientas y comes.
—¡Sí, señora! —exclamaron Fred y George, ganándose un par de golpes.
Para su total asombro, Potter resopló pero se sentó a su lado y aceptó el plato de comida que le daban. Intentó sofocar una carcajada, mientras decidía que Molly Weasley era su nuevo modelo a seguir.
—¿Qué te hace tanta gracia?
Negó con la cabeza, evitando mirar al moreno porque entonces sí se iba a reír abiertamente.
—Es agradable ver cómo alguien te da de tu propia medicina.
—Disfrútalo mientras puedas —farfulló el otro.
—Lo haré, Harry James Potter —se burló.
—0—
La copiosa comida le había dejado adormilado. Potter, Ginny y los gemelos habían ido otra vez al mercado a comprar cosas que necesitaban, Molly había negado su ayuda para limpiar los platos, así que reprimió todo su sueño y se dirigió al jardín con Blaise y Ron para cortar y arreglar la lona que había traído el capitán para que pudiese utilizar correctamente como una vela.
—¿Por qué no estás ayudando? —le dijo Molly a su hijo, quien estaba sentado en el césped sin hacer nada.
—Soy muy torpe con esas cosas.
—Eres muy torpe en todo —se quejó su madre—. Ni si quiera eres capaz de traer una nuera a casa...
—Nuera no, pero si quieres yo puedo ser tu yerno —intervino Blaise con una sonrisa pícara.
—¡Eso sería maravilloso! Estoy segura de que serías un gran yerno. Es una pena que Harry ya no lo sea, aunque no lo queremos menos por eso. Él es de la familia.
Draco frunció el ceño ante esa afirmación.
—¿Pero qué dices, mamá? —farfulló Ron—. Creo que ya ha llegado Charlie, ¿por qué no vas a recibirle?
Molly puso los ojos en blanco, y les regaló una sonrisa cómplice antes de entrar en casa. Ron fulminó a con la mirada a Blaise en cuanto la mujer desapareció.
—No me mires así, yo solo estaba dando una fácil solución a un problema.
El pelirrojo murmuró algo por lo bajo, seguramente algún insulto, y se marchó a paso firme, cerrando la puerta de un sonoro portazo. Draco y Blaise se miraron, antes de soltar una estruendosa carcajada.
—No sabía que Ron pudiera sonrojarse —rió el rubio.
—Son pocas las veces que ocurre eso.
Rieron durante unos segundos más, hasta que se quedaron en un cómodo silencio. Miró el trozo de tela entre sus manos, y soltó un pequeño suspiro antes de hablar.
—¿Molly fue la suegra de Potter?
No hubo una respuesta inmediata, así que levantó la mirada para encontrar con una expresión indefinible en el rostro de Zabini. Parecía divertido, perspicaz y cauto al mismo tiempo.
—¿Por qué lo quieres saber?
—Por curiosidad.
Y porque la sensación que en ese momento le estaba revolviendo el estómago no debía ser buena.
—Tuvo una relación con Ginny.
Sus cejas se alzaron para perderse en su flequillo por lo sorprendido que estaba. Realmente no había pensado en cuál de los hermanos podría haber sido su pareja, pero si lo pensaba bien, no le sorprendía la respuesta. Ginny era bonita, fuerte y con carácter. No se amedrentaba por nada y siempre estaba dispuesta a tomar la delantera en cualquier situación. Y si hacía algo de memoria, podía recordar haber visto a Potter hablar amistosamente con la pelirroja.
Tal vez la comida le había sentado mal, porque notaba como un sabor amargo le subía por la garganta.
—Ya —respondió secamente.
—El capitán se crió aquí, desde que era pequeño los Weasley han sido su segunda familia. Creo que Ginny tenía unos dieciséis o diecisiete años cuando empezaron una relación. No duraron mucho.
—¿Por qué rompieron?
—No lo sé.
Draco lo analizó. Sabía que Blaise le mentía, y en realidad sí sabía porque habían terminado su relación, lo no entendía era porqué no se lo quería decir. Abrió la boca para replicar cuando una presencia los interrumpió.
—Charlie —saludó el moreno, poniéndose en pie. Draco lo imitó por educación.
Charlie era hombre igual de alto que Ron, con el cabello distintivo de los Weasley y los ojos de un azul cielo.
—No lo pude creer cuando me dijeron que el Fénix estaba aquí. Luego vi a Fred y George están haciendo malabares en la plaza del pueblo y lo confirmé —contestó jovial, para luego tender una mano hacia él—. Charlie Weasley.
—Draco.
El chico le sonrió amistosamente, no parecía tan bullicioso como los gemelos, pero si era más amigable que Ron. No pasó por alto que el pelirrojo le observó más tiempo del necesario, aunque Draco ya estaba acostumbrado a esos escrutinios.
—Supongo que serás la nueva incorporación en la tripulación, ¿no?
—Se podría decir que sí —respondió de manera cordial, no queriendo ahondar en el tema.
—¿Cómo te ha ido en el trabajo? —preguntó Blaise, como si hubiese notado su incomodidad y quisiera desviar el tema.
—Bien, he conseguido terminar por fin la falcata* en la que estoy trabajando.
—¿Eres herrero? —cuestionó el rubio con curiosidad.
—Sí. No uno de los mejores, pero me defiendo bien.
—Se está haciendo el modesto —contradijo Zabini—, es un gran herrero. Oh, y aquí Draco se maneja muy bien con las espadas, así que ya tenéis algo en común.
No supo porqué pero la mirada brillante de Charlie le hizo avergonzarse.
—Tengo algunos ejemplares espadas hechas por mi, puedo enseñártelas y así me dices qué te parecen. Si quieres, claro.
Estaba a punto de negarse, cuando reflexionó en lo descortés que sería eso. Su familia le había abierto las puertas de su casa, no podía hacerles un feo. Su madre no estaría orgullosa si le viera haciendo tal cosa.
—Claro —murmuró, encogiéndose de hombro de manera incómoda.
Subieron por la escalera y recorrieron un largo pasillo hasta llegar a una habitación que supuso que era la de Charlie. Había esperado ver un dos o tres espadas, pero por el contrario el pelirrojo tenía una gran colección de armas colgadas en una de las paredes. Draco se acercó, reconociendo los diferentes tipos de espadas que tenía, un par de floretes*, y lo que le llamó la atención: un alfanje*.
—Puedes cogerlo si quieres.
El rubio sonrió como agradecimiento, y descolgó el arma. El puñal era sorprendentemente ligero, su hoja era ancha, y tenía unas bonitas inscripciones en forma de espiral grabada en ella. La balanceó suavemente de un lado a otro, maravillándose en lo bien que se blandía.
—Es genial —alabó.
—Lo genial es que alguien sepa apreciarla.
Charlie lo miraba encantado, con un brillo maravillado en sus ojos azules. Draco se irritaba cuando lo observaban así, como si no le viera a él, sino a todo lo que podían conseguir a través de él. Veían al áureo y no a Draco.
Hizo ademán de dejar el alfanje en su sitio, cuando el pelirrojo negó con la cabeza, acercándose a él.
—Puedes quedártelo si quieres.
—No puedo aceptarlo —contestó inmediatamente.
—Insisto. No veo que vayas armado, y estoy seguro de que haría una mejor función contigo que aquí colgada.
Observó el arma, admitiendo mentalmente que en realidad sería maravilloso poder quedársela.
—No creo que el capitán me deje tenerla.
—Bueno... Harry no está aquí.
—Aún así, no puedo aceptarla —insistió, dejando el puñal en sus sitio—. Además, tampoco me hace falta.
Charlie le contempló pensativo, como si estuviera reflexionando sus palabras. Luego sonrió astuto.
—Supongo que tú capitán te cuidará bien —la manera en la que lo dijo hizo que su pulso se acelerase, como si fuera algo deshonesto—. No le culpo, yo también lo haría.
Por un momento se le paso por la mente proferir los muchos argumentos que tenía para dejarle bien claro que él no necesitaba la ayuda de nadie, que se podía cuidar muy bien solo, y que podía meterse su opinión por donde había salido, pero decidió respirar hondo y armarse de paciencia.
—Será mejor que vuela con Blaise para ayudarle con la vela —contestó ásperamente.
No esperó respuesta, simplemente se dio la vuelta y se encaminó hacia fuera.
—Draco —escuchó que le llamaban. Al girarse se encontró con Molly—. ¿Has hablado con Harry?
Sacudió con la cabeza, sin entender a que se refería.
—No —respondió, perdido—. ¿Debería?
—Llegó hace poco y te estaba buscando. Le dije que estabas arriba.
—No lo he visto —afirmó, aunque su mente estaba más concentrada en pensar si Potter había escuchado su conversación con Charlie. Extinguió la idea de inmediato. ¿Qué le importaba, de todas formas?
—¿Dónde se habrá metido este chico? —cuestionó la mujer.
—Está en el jardín —intervino Ginny.
—Iré a hablar con él —dijo, evitando mirar a la chica. Aún no se podía creer que hubiera tenido una relación con Potter.
Salió al jardín, encontrándose con Blaise que estaba terminando de arreglar la vela junto con Fred y George. Vislumbró al capitán sentado en la sombra de un árbol, con un aire reflexivo a su alrededor.
—¿Me buscabas? —cuestionó cuando llegó a su altura. Tardó un par de segundos en responder.
—Sí, pero no era importante.
Su entrecejo se arrugó.
—Da igual, puedes decírmelo ahora.
Se sentó a su lado, con una mirada curiosa. No pensaba marcharse de ahí hasta saber porqué Harry parecía tan serio. El moreno se giró para mirarle con calma, como la primera vez que le vio.
—Nunca te pregunté a dónde ibas.
Parpadeó perdido, sin saber que contestar. Estaba empezando a pensar que a Potter le gustaba confundirle. Un día era un capitán autoritario, después era compresivo, molesto, sarcástico y ahora... ¿Qué?
—¿Y eso a que viene?
—Sí bien es cierto que no te secuestré, tampoco te di la posibilidad de irte.
Ladeó la cabeza, mirando el césped verde del suelo. Le recordó a los ojos de Harry.
—¿Te están entrando remordimientos? —preguntó, divertido. El moreno rodó los ojos.
—Solo estaba pensando que tal vez tenías un lugar al cual ir.
—Ese sitio era Gryffindor, pero quedó demostrado que no podía estar allí.
Potter asintió, pensativo. El rubio lo observó, deseando saber qué se le estaba pasando por la cabeza en ese momento.
—Podrías quedarte aquí —sugirió—. No correrías peligro en este pueblo. Y a Molly no le sería ningún problema acogerte durante un tiempo.
—No podría abusar de su hospitalidad.
—A ella no le importaría —insistió—. Y a Charlie tampoco —añadió ariscamente.
Draco aspiró aire con fuerza, confirmando que Potter sí había escuchado su conversación. No sabía si sentirse complacido porque se hubiera molestado o dolido porque le estaba invitando amablemente a irse de su barco.
—¿Ya quieres deshacerte de mi? —preguntó, con voz más baja e insegura de lo que le gustaría.
—¿Y dejar de discutir contigo? —bromeó. El rubio alzó la mirada, para encontrarse con los ojos burlones y sinceros del capitán—. Echaría de menos que alguien me llevase la contraria.
Soltó una carcajada nerviosa. Su interior se agitó, sintiéndose entre halagado y emocionado. La preocupación le atacó un segundo después, preguntándose cuánto tiempo iba a poder disimular lo que Harry le hacía sentir.
*Toldo: Cubierta de lona u otro tejido resistente que se extiende en algunos sitios para dar sombra.
*Falcata: La falcata es una espada de filo curvado originaria de la Iberia prerromana.
*Florete: El florete es una de las tres armas de la esgrima. Es una espada de acero al carbono, larga y flexible.
*Alfanje: Arma blanca corta, ancha y curvada.
Hoooooooooooola
Tengo un pequeño problema. No sé si dije (creo que sí) que este fanfic tendría unos 16 capítulos. Bien, se me ha ido la pinza porque el capítulo que va después del siguiente capítulo no me gustó, y ya lo tenía escrito pero lo borré, luego lo recuperé, lo reescribí y lo aparqué, y ahora he añadido dos o tres capítulos más para que esa parte pueda cuadrarme, porque el capítulo en sí me gusta, solo que creo que no lo he escrito en el momento indicado. Así que el problema que tengo es que ahora mismo solo tengo escrito el capítulo de la semana que viene y ya, con lo cual o me doy prisa o voy a llegar a un domingo sin nada escrito.
Mi vida es terrible jajaja
Pero voy a esforzarme.
¡Espero que os esté gustando!
